Alberdi sobre el financiamiento del gasto con deuda y su preocupación por que un gobierno dejara de pagarla

Con los alumnos de la UBA Derecho, vemos a Alberdi en Sistema Económico y Rentístico, tratar el tema del “crédito público”, o sea, de la deuda.

Dice:

“Siendo el crédito del Estado el recurso más positivo de que pueda disponer en esta época anormal y extraordinaria por ser de creación y formación, será preciso que los gobiernos argentinos sean muy ciegos para que desconozcan, que faltar a sus deberes en el pago de los intereses de la deuda, es lo mismo que envenenar el único pan de su alimento, y suicidarse; es algo más desastroso que faltar al honor, es condenarse a la bancarrota y al hambre. El gobierno argentino acaba de dar una prueba de que comprende esta verdad en toda su latitud, cambiando la organización que había ensayado por error para su crédito público, por otra que le restablece a sus bases más normales y más firmes.

La estabilidad y subsistencia de los compromisos de crédito contraído por el gobierno es garantía que acompaña a los del gobierno actual de la Confederación Argentina, por ser constitucional y enteramente legítima su existencia, lo cual hace que sea la Nación misma, más bien que el gobierno, que la sirve de intermedio, quien se obliga por los actos legislativos del Congreso que la representa, y a cuya autoridad ha dejado la facultad de contraer empréstitos de dinero sobre el crédito de la Confederación, por el art. 64,. inciso 3 de su Constitución federal. Y como ese mismo Congreso vota anualmente por ley la forma en que ha de invertir los valores obtenidos a préstamo como todos los que sirven al gasto público, la Constitución, que esto determina, da en ello una nueva garantía a los prestamistas, de que la inversión útil, moderada y tal vez reproductiva de los fondos prestados, se hará de un modo que asegure el pago de su renta y sostenga el valor de sus capitales escritos. De este modo el gobierno constitucional y responsable contribuye, por el hecho mismo de existir, a ensanchar las riquezas del Estado.

En cuanto a la estabilidad del gobierno, es decir, a la paz y al mantenimiento del orden, en que reposa el edificio del crédito y de toda la industria, jamás la Confederación ha tenido garantías comparables a las que hoy aseguran su tranquilidad.

La paz es firme y estable hoy día, porque hay un gobierno nacional que cuide de mantenerla. Ese gobierno ha faltado enteramente por espacio de treinta años, en que las provincias vivieron aisladas unas de otras y destituidas de gobierno interior común. En la ausencia total del gobierno interior, la paz no podía existir por sí sola en las provincias del Plata, como no existiría en los condados de Inglaterra, si faltase el gobierno general del Reino Unido, cuyo principal atributo es sostenerla.

El gobierno será estable porque tiene elementos reales de poder, lo cual no sucedía en el tiempo en que las provincias privadas del comercio directo por la clausura de sus ríos, en vano tenían el derecho abstracto de gobernarse a sí mismas como Nación independiente y soberana; las rentas, en que consiste el poder de hecho, quedaban en manos de la provincia que tenía el privilegio exclusivo de la aduana exterior.

El comercio directo a que deben las provincias el goce de sus medios materiales de gobierno es estable para siempre, porque descansa en la libre navegación de los ríos, en cuyas márgenes están los puertos de las provincias, abiertos a ese comercio directo de la Europa, por tratados internacionales de duración indefinida.”

Nueva deuda: ahora, los que se gastaron todo, muestran ‘responsabilidad fiscal’

El gobierno argentino está por cerrar el mayor y más largo default de la historia, y muchos de quienes multiplicaron el gasto público como nunca se han vuelto ahora los abanderados de la responsabilidad fiscal. Plantean un tema, sin embargo, que es necesario discutir: ¿estaremos, una vez más, abriendo otra puerta para continuar financiando el despilfarro fiscal?

¿Cómo evitar esto? Pues, en definitiva, no hay forma si es que los argentinos siguen demandando servicios públicos suecos pagando impuestos…., argentinos. Pero podría entenderse que la situación coyuntural hace necesario este endeudamiento. Y para que no sea volver a la misma historia de siempre, tal vez esta demanda coyuntural podría estar acompañada de una reforma institucional que comprometa a la política a limitarse en el futuro. Ninguno de estos mecanismos es perfecto, pero aquí va alguno que se trata en el libro:

“6.          Límites al endeudamiento

Pueden ser de dos tipos. Como en el caso del Tratado de Maastricht, se puede establecer un tope al endeudamiento total, en este caso del 60% del PIB. Tendrá que tener, por supuesto, algún mecanismo de control y sanciones por incumplimiento. El otro puede ser como el que existe en Estados Unidos, donde el Congreso establece un límite sobre el monto total de la deuda permitida (esto es una cantidad de dólares, no un porcentaje sobre el PIB), techo que cuando se alcanza no puede ser superado, el gobierno no puede emitir más deuda, a menos que sea modificado por el Congreso.

No obstante, la imagen siguiente es bastante clara respecto a la capacidad de este mecanismo para imponer algún tipo de límite cuando la voluntad política y el control de los votantes no existen (Boaz, 2011):

 boaz-dc-img2015

Otra forma de restringir el endeudamiento se refiere a su proceso de aprobación entre los que se encuentra el que demanda que toda emisión de deuda sea aprobada por los votantes a través de un referendo o por mayorías parlamentarias especiales, hasta llegar hasta la prohibición constitucional absoluta (Kiewiet & Szakaly, 1996). Otra alternativa, aplicada por algunos gobiernos regionales en España es limitar el plazo del endeudamiento de forma tal de permitir solamente el de corto plazo, cuya deuda debe ser cancelada dentro del ejercicio presupuestario. Kiewiet & Szakaly (1996), encuentran que entre los estados en los Estados Unidos, 21 demandan la aprobación por referendo y 12 por mayorías especiales que pueden ser de tres quintos o cuatro quintos de los representantes. . 

No obstante, estos autores encuentran que los gobiernos buscan, y muchas veces encuentran, diversos caminos para eludir esas restricciones, tales como canalizar el endeudamiento por agencias estatales especiales que no están sujetas a ese tipo de control. ¿Sería efectivo un límite a través del voto popular en referendo? Se puede argumentar que los votantes estarían predispuestos a aprobar el endeudamiento porque disfrutarían del gasto ahora y lo terminarían pagando futuros votantes. Sin embargo, la evidencia empírica muestra que no actúan de esa forma y tienden a rechazar el endeudamiento.

Los estados que tienen más de un control muestran menores niveles de endeudamiento siendo el referendo popular por medio del voto el que mayor éxito muestra, junto con la prohibición total.”

La irresponsabilidad fiscal no es monopolio argentino (ufa!): Estados Unidos también es un desastre

Muchos pensamos que nuestros países muestran una mala gestión fiscal, para decirlo en forma algo benigna. Pero otros países no son ningún ejemplo, tal el caso de los Estados Unidos. Michael Tanner, Senior Fellow del Cato Institute, comenta la situación fiscal de ese país (http://www.cato.org/policy-report/mayjune-2015/running-out-other-peoples-money):

“…Si los crecientes déficits fiscales anuales representan la irresponsabilidad fiscal de un año a otro, el total acumulado de tal irresponsabilidad es la deuda pública, que ha llegado ya a casi 18.200 billones de dólares. Pongamos esto en perspectiva: los Los Angeles Dodgers tienen el equipo mejor pagado del baseball. Por 18.200 billones podríamos pagarles a los Dodgers por 65.204 años y todavía nos quedaría dinero para un par de pitchers libres. Y, hablando de Los Angeles, $18.200 billones permitiría comprar todas las propiedades de la ciudad, 38 veces. Si tuviéramos que repagar la deuda pública a un ritmo de un dólar por segundo nos tomaría 576.736 años. La porción de deuda de cada norteamericano es de 56.750 dólares.

El gobierno de Estados Unidos clasifica oficialmente la deuda de dos formas. La primera es ‘en poder del público’, que son los bonos en manos de individuos, empresas, gobiernos extranjeros y otras entidades que no sean el gobierno federal. Al 1 de Abril esta deuda alcanzaba 13.100 billones y representaba 74% del PIB, el porcentaje más alto desde la Segunda Guerra Mundial.

La segunda clasificación es deuda ‘intra-gubernamental’, deudas del gobierno federal consigo mismo, como la del Fondo de la Seguridad Social. Los más de cien fideicomisos y cuentas especiales tienen hoy 5.060 billones de dólares en deuda, cuya porción principal es con la Seguridad Social (2.730 billones) y Medicare (287.000 millones). Si combinamos la deuda en poder del público y la intra-gubernamental llegamos a los 18.200 billones.

Esto es más del 101% del PIB proyectado para fines de este año. Consideremos esto. Debemos actualmente más del valor total de todos los bienes y servicios que se producen en el país en un año. “

Pero esto no incluye la deuda implícita.

“Las obligaciones futuras no financiadas de la Seguridad Social son ahora más de 24.900 billones de dólares. Las de Medicare son más difíciles de determinar, debido a la reciente reforma de la salud. En 2009 se estimaban en 88.900 billones. Desde entonces la inflación en servicios de salud ha sido algo más baja. Los economistas debate la razón de esto y si va a continuar pero ha resultado en una reducción de los pasivos no cubiertos a solo 47.600 billones.

Así, la deuda federal combinada (la que posee el público, la intergubernamental y la implícita) totaliza 90.500 billones de dólares. Eso es plata en serio, incluso en Washington, casi $282.000 por cada habitante en Estados Unidos. Los estudiantes que hoy se gradúan se preocupan por su deuda universitaria. Eso es nada comparado con lo que deben como su parte de la deuda pública.

Más aún, estas proyecciones asumen que las tasas de interés de la deuda pública se mantendrán a los niveles actuales, cercanos al 2%. Aun a este nivel, los intereses de la deuda son cada vez una porción más grande del presupuesto. Este año el gobierno federal pagará 229.000 millones en intereses. Para 2024 con una modesta suba de intereses crecería a 808.000 millones. Y algo después superaría el billón de dólares cada año. Para 2035, los intereses de la deuda competirían con Medicare como el segundo ítem más importante del presupuesto, detrás de la Seguridad Social.

Y las tasas de interés pueden no seguir tan bajas. Se estima que un aumento de un punto porcentual agrega 1.000 billones en intereses en la década siguiente. En las dos décadas pasadas el promedio de tasa de la deuda pública fue de 5,7%. Por lo tanto, si las tasas retornaran a algo similar a esos niveles tradicionales, se agregarían billones de dólares a las obligaciones futuras.”

Contratos futuros para comprar dólares. Dos posiciones libertarias: cumplir la ley o repudio a la deuda

El nuevo gobierno argentino se enfrenta a un problema, generado arteramente por el gobierno anterior. Éste, para disimular la escasez de reservas en el Banco Central como resultado del llamado ‘cepo cambiario’, vendió contratos futuros para la compra de dólares a un precio que, tanto los que vendían como los que compraban, sabían que iba a estar muy alejado de la realidad al momento en que deban hacerse efectivos.

Para nuestros lectores de otros países no hace falta entrar en detalles, pero digamos que el Banco Central vendía dólares futuros a 10 pesos cuando todo el mundo sabía que una devaluación era inevitable y que a su vencimiento el dólar se podría cotizar en alrededor de 15 pesos. Es decir, comprar a 10 y en unos meses luego poder vender a 15. Esta operación se hizo a la vista de todos e incluso cumpliendo requisitos contractuales legales. No obstante, el nuevo ministro de Economía, y otros, presentaron una demanda judicial contra el entonces presidente del Banco Central acusándolo de estar vendiendo dólares a un precio incluso más bajo al que se compraban futuros en Nueva York.

Esta demanda está en curso y el nuevo ministro se enfrenta con el problema de qué hacer, dado que los dólares que se vendieron en principio no existen, es decir, el Banco Central no tiene cómo pagarlos.

Seguramente tiene varias opciones por delante, que estarán siendo estudiadas en estos días, pero a los libertarios nos plantea un dilema que quisiera presentar aquí, enfrentando dos posiciones respecto a la actitud que debe tener el estado en sus contratos.

Primera posición: el respeto del derecho de propiedad y el cumplimiento de los contratos es una ley básica y fundamental de toda sociedad liberal. Es más, la función del estado es, precisamente, verificar el cumplimiento de estas leyes, y no podría, entonces, él mismo violarlas. Esta visión, se basa en una famosa frase de David Hume acerca de los principios básicos de una sociedad abierta:

“Where possession has no stability, there must be perpetual war. Where property is not transferred by consent, there can be no commerce. Where promises are not observed, there can be no leagues nor alliance.”

Segunda posición: puede verse en esta cita de Murray Rothbard: “… la transacción de la deuda pública es muy distinta de la de la deuda privada. En lugar de un acreedor con una baja preferencia temporal intercambiando dinero por un pagaré de un deudor con alta preferencia temporal, el gobierno recibe ahora dinero de los acreedores, sabiendo ambas partes que el dinero que se devuelva no vendrá de los bolsillos de políticos y burócratas, sino de las carteras saqueadas de los contribuyentes indefensos, los súbditos del estado. El gobierno obtiene el dinero por coacción fiscal y los acreedores públicos, lejos de ser inocentes, saben muy bien que sus ingresos vendrán de esta lamentable coacción.”

Rothbard propone repudiar la deuda:

“Aparte del argumento de la moralidad o santidad del contrato contra el repudio que ya hemos explicado, el argumento económico habitual es que ese repudio es desastroso porque quién en su sano juicio volvería a prestar a un gobierno repudiante. Pero el contraargumento eficaz se ha considerado raras veces: ¿por qué debería inyectarse más capital privado en las ratoneras del gobierno? Es precisamente la eliminación de futuros créditos públicos lo que constituye uno de los principales argumentos para el repudio, pues significa secar beneficiosamente un canal de destrucción inútil de los ahorros de la gente. Lo que queremos son ahorros abundantes e inversión en empresas privadas y un gobierno delgado austero, de bajo presupuesto, mínimo. El pueblo y la economía solo pueden hacerse grandes y poderosos cuando el gobierno es frugal y enclenque.”

“Pero si este plan se considera demasiado draconiano, ¿por qué no tratar al gobierno federal como se trata a cualquier bancarrota privada (olvidando el Capítulo 11)? El gobierno es una organización, así que ¿por qué no liquidar los activos de la organización y pagar a los acreedores (los tenedores de bonos públicos) una porción a prorrata de dichos activos? La solución no costaría nada al contribuyente y asimismo le libraría de 200.000 millones de dólares en pagos anuales de intereses. Se obligaría al gobierno de Estados Unidos a regurgitar estos activos, venderlos en subasta y pagar a los acreedores de acuerdo con ello.

Qué activos del gobierno? Hay una gran cantidad de activos, de la Tennessee Valley Authority a los parques nacionales a distintas estructuras como Correos. Las enormes oficinas de la CIA en Langley, Virginia, deberían generar un buen lugar para edificar chalets para todos los trabajadores dentro de la circunvalación. Tal vez podríamos echar a las naciones Unidas de las Estados Unidos, reclamar los terrenos y edificios y venderlos para casas de lujo para las celebridades del East End. Otro descubrimiento de este proceso sería una privatización masiva del terreno socializado en el Oeste de Estados Unidos y también del resto del país. La combinación de repudio y privatización llegaría reducir la carga fiscal, estableciendo una sensatez fiscal y desocializando Estados Unidos.”

En fin, ¿qué opinan los lectores?

Roubini ataca a los “maniáticos” y “radicales” para terminar con la misma receta keynesiana

Parece difícil que economistas con distintas visiones lleguen aunque sea a comprender lo que el otro está diciendo. Bueno, tal vez no es algo solamente de economistas. Tomemos el caso de una reciente columna de Nouriel Roubini, publicada en La Nación con el título de “Una verdad heterodoxa”: http://www.lanacion.com.ar/1766549-una-verdad-heterodoxa

Comienza comentando las políticas monetarias expansivas implementadas por los principales bancos centrales del mundo luego de la crisis de 2008, a las que llama “heterodoxas” (aunque ya decir qué es ‘ortodoxia’ es bastante difícil). Y luego se descarga:

“Un resultado de ese activismo mundial en política monetaria fue una rebelión entre los seudoeconomistas y los incompetentes que hablan de los mercados. Esa diversidad de economistas “austríacos”, monetaristas radicales, maniáticos del oro y fanáticos del bitcoin no ha cesado de repetir que semejante aumento en masa de la liquidez mundial provocaría hiperinflación, desplome del dólar estadounidense, precios por las nubes del oro y desaparición de las monedas fiduciarias a manos de criptomonedas digitales.”

Ya empezamos con una falacia, ya que hablar de “economistas “austríacos”, monetaristas radicales, maniáticos del oro y fanáticos del bitcoin” es difícil ya que eso engloba una enorme variedad de visiones y opiniones que resultan acá englobadas para que sean un blanco fácil. Típico recurso en toda polémica, pero que no se sostiene por mucho tiempo.

Es decir, seguramente algunos economistas que calificarían en esos grupos han hecho ese tipo de predicciones, pero muchos otros no. Roubini parece atribuirles a todos ellos una muy simple teoría cuantitativa del dinero. Como la demanda de dinero (inversa de la velocidad de circulación) es asumida como estable, todo aumento de la cantidad de moneda debería reflejarse en los precios. Como los precios en los países más desarrollados no están subiendo pese a la gran expansión monetaria, esos economistas no entienden nada.

Ya Mises puntualizó la necesidad de superar una versión simplista de la teoría cuantitativa, poniendo énfasis en analizar tanto sea la oferta como la demanda de dinero (es decir, no asumir a esta como fija) y teniendo en cuenta que el principal problema que la emisión monetaria genera no es el aumento generalizado de los precios sino la distorsión de los precios relativos. Es decir, la teoría cuantitativa toma en cuenta el crecimiento de un “índice” pero esto no permite ver los cambios de precios que se producen dentro de él y, esto es bien importante, los que se producen en bienes o activos que no forman parte de esos índices.

“Inflación”, para muchos autores criticados por Roubini, no es tampoco el solo aumento del índice de precios, sino la expansión de la moneda y del crédito más allá de su demanda. Desde esta perspectiva incluso con un índice de cero estos autores podrían hablar de inflación, ya que los precios deberían estar cayendo y no lo hacen, o no tanto, debido a la política monetaria expansiva de la autoridad monetaria.

Ahora bien, si los “catastrofistas” han fracasado como dice Roubini, nada mejor se puede decir de las políticas monetarias expansivas. En sus propias palabras:

“La razón por la que los bancos centrales adoptan políticas monetarias cada vez más heterodoxas es que la recuperación posterior a 2008 fue extraordinariamente anémica. Dichas políticas han sido necesarias para contrarrestar la presión deflacionaria causada por la necesidad de hacer un doloroso desapalancamiento a raíz de las acumulaciones de deuda pública y privada.

En la mayoría de las economías avanzadas existe un desfase muy grande de la producción, pues tanto ésta como la demanda son muy inferiores a su potencial; así, las empresas tienen una capacidad limitada para fijar precios. También los mercados laborales están muy flojos: muchos desempleados intentan conseguir los pocos puestos disponibles.

Además, siguen flojos los mercados inmobiliarios en los que a un auge siguió una quiebra (EE.UU., Reino Unido, España, Irlanda, Islandia y Dubai) y en otros países hay burbujas que representan un riesgo.”

¿Acaso los grupos de economistas a los que critica no alertaron sobre esto? Roubini, además, realiza algunas afirmaciones un tanto osadas. Por ejemplo: “El aumento de la desigualdad de la renta ha exacerbado la escasez de demanda”. ¿Existe una relación lógica y comprobada de desigualdad y escasez de demanda? ¿Acaso no podría aumentar la desigualdad y también la demanda si todos los niveles de ingreso mejoran su situación?

Por último, ¿qué es lo que Roubini propone?

“Tal vez más importante haya sido un profundo desequilibrio con la política fiscal. Para ser eficaz, el estímulo monetario debe ir acompañado de un estímulo fiscal temporal, del que carecen las economías más importantes.

Incluso el FMI ha señalado que parte de la solución para un mundo con demasiada oferta y poca demanda ha de ser una inversión pública en infraestructura. Con unos tipos de interés a largo plazo próximos a cero en la mayoría de las economías avanzadas, resulta justificado el gasto en infraestructuras, pero constricciones políticas lo frenan.”

Otra vez la vieja receta keynesiana, más y más gasto y endeudamiento, solo que esta vez lo está proponiendo a países que han superado ya niveles históricos de endeudamiento. ¿Acaso Roubini plantea que la capacidad de endeudamiento de un gobierno es ilimitada?

 

Grecia: deflación al salir de recesión, pese a tímidas reformas, y cinco grandes mitos sobre su deuda

No es la primera vez que ocurre: un país está quebrado y no tiene otra alternativa que realizar un profundo “ajuste” fiscal, lo hace a medias, comienza a tener una recuperación leve, pero el costo político es alto y termina eligiendo un gobierno que promete más de la misma enfermedad que llevó a estas circunstancias. Más gasto y endeudamiento. “A medias”, significa que se produce el ajuste fiscal inevitable pero no se liberan las fuerzas emprendedoras de la población, el ajuste no viene acompañado de una total desregulación de la economía que facilite salir de la depresión por sus propios medios.

Me refiero a Grecia. La consultora Focus Economics, con sede en Barcelona, emite regularmente un interesante informe con el consenso de opinión de economistas sobre las perspectivas de muchos países, entre ellos todos los de Europa, con el nombre de Focus Economics Consensus Forecast Euro Area.

En el caso de Grecia, el informe también contribuye al debate actual sobre si existe un necesario vínculo entre deflación y depresión. Dice el informe de Febrero sobre Grecia que los precios cayeron en Diciembre un 2,5% anual y que caerían un 1,1% adicional durante 2015. “Pese al riesgo recesivo de la incertidumbre política, sólidas cifras para el segundo y tercer trimestre de 2014 dan señales de una recuperación económica sostenida.” El pronóstico de la consultora fue revisado y ahora sostiene que la economía crecerá entre 1,1% y 3% este año, con un consenso en 1,9%. Para 2016 el panel de expertos espera un crecimiento de 2,5%.

Por otro lado, M. Llamas comenta cinco grandes mitos sobre la deuda pública de Grecia: http://www.libremercado.com/2015-02-05/cinco-grandes-mitos-sobre-la-deuda-publica-de-grecia-1276539873/

Estos son:

  1. Los intereses más bajos de la zona Euro

“…el caso de Grecia es paradigmático, ya que su deuda soportar uno de los tipos de interés medio más bajos de toda Europa, inferior al 2,5% en 2013, a pesar de que el volumen adeudado es ingente. En concreto, Atenas paga menos intereses que el todopoderoso Estado alemán o el muy solvente gobierno finlandés (cerca del 2,5%)”

2. El costo de la deuda, inferior al de Irlanda

Cita a Juan Ramón Rallo: “en 2011 Grecia estaba obligada a pagar unos intereses equivalentes al 7,3% de su PIB, con diferencia la carga más alta de Europa y difícilmente sostenible. Sin embargo, con la reestructuración de su deuda pública orquestada por la troika en 2012, ha conseguido rebajar su losa de intereses al 4% del PIB, que, si bien no es bajo, tampoco resulta inmanejable. De hecho, países como Irlanda, Italia o Portugal, que hasta el momento no han reclamado reestructuraciones en su deuda pública- están soportando ahora mismo costes financieros mayores”.

3. El plazo de devolución más largo de Europa

“La deuda helena disfruta del mayor período de vencimiento de toda el continente, con una media de 16 años, casi tres veces más que España.”

4. Una quita equivalente a cuatro de Alemania

“La primera quita (sumando otras condiciones) ascendió al 75% del valor actual de la deuda helena en manos privadas; pero, si se computa la segunda reestructuración, la reducción aplicada sobre la deuda pública total de Grecia equivaldría al 76% del PIB heleno, casi cuatro veces más que la condonación otorgada a Alemania en 1953.”

5. Es más barato expulsar a Grecia

“En las últimas semanas han surgido numerosas estimaciones acerca de dicho impacto, pero la clave es que resulta dudoso que la expulsión de Grecia sea más lesiva que la concesión de un rescate indiscriminado al país heleno.”

Nos dicen que los bancos centrales ‘moderan’ el ciclo. ¿Y cómo les va con sus pronósticos?

Nos dicen que la función de los bancos centrales es la de moderar los ciclos económicos. Pero la política monetaria tiene sus efectos con un rezago en el tiempo no menor. Esto hace necesario que las autoridades monetarias puedan pronosticar la evolución de la economía y del sistema bancario y financiero con certeza. ¿Y cómo les va con eso?

Kevin Dowd es profesor de finanzas y economía en Durham University, UK, experto en temas monetarios y bancarios. Escribe un paper publicado por Cato Institute con el título “Math Gone Mad: Regulatory Risk Modeling by the Federal Reserve”, donde plantea sus dudas y críticas a la intención de la Fed de establecer un determinado modelo de evaluación de riesgos para los bancos, conocido como “stress test”, en lugar de permitir que exista diversidad entre los bancos. Sostiene Dowd que el peligro, si todos los bancos siguen el mismo modelo, es una crisis sistémica cuando todos cometan el mismo tipo de errores. Por el contrario, la diversidad hará que algunos puedan equivocarse pero otros no. http://www.cato.org/publications/policy-analysis/math-gone-mad

Y, se pregunta, ¿cuál es la experiencia de la Fed en sus pronósticos? Algunas anécdotas:

Transcripción de una entrevista de CNBC el 1 de Julio de 2005 a Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal:

Pregunta: “Dígame señor, ¿cuál es el peor escenario? Tenemos a tantos economistas saliendo al aire diciendo, ‘Oh, esto es una burbuja, y va a explotar, y esto va a ser un problema real para la economía’. Algunos hasta dicen que podría causar una recesión en algún momento. ¿Cuál es el peor escenario si es que realmente viéramos caer los precios de las viviendas substancialmente en todo el país?”

Ben Bernanke: “Bueno, supongo que no compro su premisa. Es una posibilidad muy poco probable. Nunca hemos tenido una caída de los precios de las viviendas en todo el país. Por lo que creo que lo más probable es que los precios se frenen, tal vez estabilicen, se reduzca el consumo un poco. No creo que va a llevar a la economía muy lejos de su camino de pleno empleo, sin embargo.”

Otras predicciones de Bernanke:

Marzo 6, 2007: en una conferencia ante banqueros en Honolulu, con moras en los subprime creciendo, anticipa que los créditos subprime no serán peores que los prime: “El riesgo crediticio asociado con un portafolio de viviendas baratas no necesita ser mayor que cualquier portafolio general…” (estas eran las hipotecas ‘subprime’).

Mayo 17, 2007: en la conferencia anual sobre Estructura Bancaria y Competencia del Chicago Fed anticipó ciertos efectos laterales de los subprime, “…creemos que el efecto de los problemas en el sector subprime sobre el mercado general de viviendas será probablemente limitado, y no esperamos derrames significativos sobre el resto de la economía o el sistema financiero. La gran mayoría de las hipotecas, incluyendo las subprime, continúan funcionando bien.” (no por mucho tiempo más…)

Enero 10, 2008: en respuesta a una pregunta en una conferencia en Washington, si los Estados Unidos ya estaban en recesión, “La Reserva Federal no está pronosticando una recesión…”

Febrero 27, 2008: en testimonio ante el Comité Bancario del Senado, un mes antes de la quiebra de Bear Stearns y siete meses antes de la crisis sistémica: “Espero que habrá algunas quiebras… entre bancos regionales pequeños. Entre los bancos grandes, el capital está bien y no anticipo problemas serios de esa clase entre los bancos grandes, activos internacionalmente, que son una parte sustancial de nuestro sistema bancario”.

Julio 16, 2008: en testimonio ante el Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes dijo: [Fannie Mae y Freddie Mac están]… adecuadamente capitalizadas. No están en peligro de caer…” (entre las dos tenían o garantizaban $5 billones de hipotecas que fueron colocadas en ‘receivership’ dos meses después por temor a su default).

 

El ministro anuncia nuevos bonos para pagar viejos bonos. Mises sobre el corto y el largo plazo

Mises comenta en 1944 sobre la estructura económica de Europa, pero buena parte de las cosas que dice se aplican a la Argentina de hoy (Europe’s Economic Structure, presentado en un almuerzo en New York University).

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“Es un triste hecho que Europa haya perdido las ventajas que 150 años de libertad económica le habían otorgado. Una gran parte del capital acumulado en los años previos ha sido dilapidado. El ahorro y la acumulación de capital deben comenzar de nuevo. La escasez de capital ha necesariamente reducido la productividad marginal del trabajo. Por un período de transición los salarios y los estándares de vida serán necesariamente más bajo de lo que eran en los años previos a la guerra. Ninguna intromisión gubernamental en las relaciones industriales y ninguna presión o compulsión sindical pueden alterar este hecho. Por el contrario, cuanto mayor la interferencia del gobierno o los sindicatos demore la acumulación de nuevo capital, más se atrasará el período de transición y el retorno a la prosperidad. No hay otra receta que no sea ‘Producir más y mejor’, y ahorrar más y más. No se puede evitar las privaciones. Las naciones han de sufrir las deficiencias de sus políticas. Sería un error culpar a los economistas quienes establecen esta verdad con supuesta insensibilidad. Los economistas han hecho todo lo que podían cuando por más de ochenta años han alertado a estas naciones sobre las consecuencias de sus equivocadas políticas.”

“Hay un solo camino para el continuo crecimiento del nivel general de vida: la acumulación progresiva de capital y la mejora de los métodos de producción que este capital hace posible. Sin embargo, antes de la guerra los países de Europa continental se comprometieron con políticas que no solamente frenaban la mayor acumulación de capital sino que resultaban en el consumo y la erosión del capital acumulado. El principal vehículo de esas políticas fue la expansión del crédito. Es cierto que la expansión del crédito crea, al comienzo, un auge. Pero la prosperidad artificial de la orgía del dinero fácil de unos pocos años debe finalmente llevar a la recesión y la depresión. La expansión del crédito es muy popular entre los políticos que no se preocupan del mañana. Pero los hombres de estado conscientes no deben alentar políticas de corto plazo. Solo las de largo plazo son sólidas.”

“Por supuesto, hay seudo-economistas recitando el evangelio de las políticas de corto plazo. ‘En el largo plazo estamos todos muertos’, decía Lord Keynes. Pero todo depende de cuán largo sea el corto plazo. La formulación clásica del principio del corto plazo fue provista por la Marquesa de Pompadour: ‘Después de nosotros, el diluvio’ (Après nous, le déluge). La señora tuvo la suficiente suerte de morir en el corto plazo. Pero su sucesora, Madame Du Barry, superó el corto plazo y fue guillotinada en el largo plazo. Europa ha ingresado ahora en una etapa en la cual está sufriendo las consecuencias de largo plazo de las políticas de corto plazo. Los políticos miopes se golpean la cabeza contra la pared, cuya realidad tozudamente tratan de negar.”

Buchanan y Mises sobre el abandono de la austeridad fiscal antes y después de Keynes

James Buchanan y Richard Wagner escribieron un libro titulado “Democracia en déficit: el legado político de Lord Keynes”, publicado en 1977 y disponible gratuitamente acá: http://oll.libertyfund.org/titles/1097

El argumento central del libro es que el análisis y las propuestas de Keynes terminaron de relajar el espíritu “victoriano” de austeridad en la política fiscal y ya nunca más pudo frenarse el crecimiento del gasto público, los déficits y el endeudamiento si no es por el límite que impone el mismo mercado para financiar ese gasto, o en última instancia el colapso fiscal y monetario.

Era una idea compartida por otros autores, entre ellos Mises, quien escribe en “Restoring Europe’s State Finances”, una conferencia que dictara en 1924, señalando que ese cambio se había producido bastante tiempo antes:

“Hubo un tiempo en el que era sabiduría convencional que los impuestos son un mal a ser evitado en cuanto sea posible y que la única virtud de un ministro de finanzas era su frugalidad. En esos días los representantes del pueblo en el parlamento realizaban grandes esfuerzos para reducir las propuestas presupuestarias para ahorrarle a la población una excesiva carga impositiva. Desgraciadamente, este principio fue abandonado en las décadas previas a la guerra [Primera Guerra Mundial]. Una perniciosa doctrina surgió diciendo que había una diferencia fundamental entre el presupuesto público y el de cualquier familia. En los presupuestos familiares, se creía, los gastos estaban basados en el ingreso, mientras que en el presupuesto público eran los gastos los que determinaban los ingresos. Si bien ningún teórico fiscal se atrevió nunca a proclamar este principio abiertamente y sin reservaciones [Keynes entonces puede haber inaugurado la lista], sin embargo ha servido en general como la base de la discusión académica.”

“El principio fue reforzado por una singular interpretación de que solamente los impuestos indirectos sobre artículos de consumo masivo afectan a amplios sectores de la población, mientras que se creía que los impuestos directos castigaban solo a los ricos y a los propietarios, sin pesar sobre la economía en general.”

“Cuando sea que la discusión giraba sobre un gasto nuevo y popular, los representantes del pueblo se inclinaban a aprobarlo en tanto no fuera pagado por nuevos impuestos indirectos sino solamente por nuevos impuestos directos. Algunos de estos, por ejemplo el impuesto a la herencia o el impuesto a las ganancias de capital, se dirigen a la riqueza en la forma de capital como una fuente de ingresos fiscales. En el caso de impuestos sobre los ingresos y las ganancias, la idea original era que cayera solo sobre el ingreso real. Como resultado de la depreciación monetaria y la consiguiente imposición de ganancias “contables”, aun los impuestos sobre los ingresos y las ganancias se han convertido en impuestos a la riqueza. Una porción del capital existente ha sido consumido en impuestos, convertido en bienes de consumo y gastado. Por su misma naturaleza, la política fiscal ha reducido la riqueza de la economía. Pero tan grandes eran las ilusiones sociales y políticas que eso era considerado un rasgo deseable de la imposición directa que recaía sobre el patrimonio del país. Sentimientos de envidia como éste generaron la creencia que el empobrecimiento de los emprendedores y los dueños del capital era beneficioso para le economía. El hecho que la economía en su conjunto, no solo los dueños del capital, se volvía más pobre era totalmente olvidado.”

“El crédito fácil también cumplió un papel importante en la actitud desarrollada hacia un crecimiento del gasto público. En el pasado, aun los ministros de finanzas de estados grandes y ricos tenían serios problemas para tomar créditos aun modestos, y esos intentos muchas veces fracasaban. Esta situación cambió completamente en las décadas anteriores a la guerra.”

¿El financiamiento con bonos y el litigio de los holdouts pondría un límite al gasto público?

Es difícil tratar el tema de la deuda, default y fondos buitres en forma desapasionada en estos momentos. Veamos si la academia se permite plantear algunos temas que sería difícil plantear aquí.

Buitres

Stephen Kaplan, de George Mason University y Kajj Thomson de Maastricht University escriben un paper titulado: “La Economía Política del Endeudamiento Soberano: explicando las decisiones políticas en países altamente endeudados”: http://www.gwu.edu/~iiep/assets/docs/papers/2014WP/KaplanIIEPWP201410.pdf

Estas son sus conclusiones:

“Cuando los países tienen una débil transparencia institucional y pocos límites efectivos, la teoría de la economía política espera que los políticos usen los déficits fiscales para generar un auge cercano a las elecciones, conocido como el ciclo económico electoral. Pero, ¿por qué podríamos observar austeridad a pesar de su desarrollo institucional? En este trabajo hemos mostrado que la extensión de la globalización tiene profundos efectos en la política local. Cuando los políticos acuden a los descentralizados mercados de bonos (más que a préstamos centralizados de bancos u organismos internacionales), suelen mostrar más disciplina fiscal. Hemos mostrado también que este efecto disciplinante es particularmente fuerte durante períodos electorales.”

Pero, ¿qué dice de Argentina?

“Estos ciclos (de aumento de gasto antes de la elección) pueden ocurrir, como lo muestra la expansión del gasto hacia la elección del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, pero es más probable que aparezcan en países que descansan menos en los mercados globales de capital. Argentina ha estado excluida de estos mercados desde el default de 2002”.

¿Siempre la excepción? Además esa excepción continúa ya que en el peor momento de este conflicto y con crecientes restricciones al acceso a mercados Internacionales de todo tipo, el gasto público alcanza nuevos records.

Por otro lado, el artículo también toca un tema interesante y polémico, con una visión opuesta a lo que suele leerse:

“…será interesante explorar cómo cambios recientes en la arquitectura financiera afectan esta dinámica. Por ejemplo, El Mecanismo de Estabilidad Europeo establecido en 2013, ha buscado aislar a los ciudadanos europeos de la fuga de capitales demandando que todos los nuevos bonos europeos tengan cláusulas de acción colectiva. Estas cláusulas facilitan las negociaciones entre acreedores y deudores permitiendo que una supermayoría obligue a los ‘holdouts’ y, por ende, facilite una restructuración. Hemos sostenido que mayores porcentajes de acreedores en bonos catalizan la salida de acreedores, dificultando la restructuración y haciendo más probable la austeridad.

Sin embargo, si la adopción de cláusulas de acción colectiva ayuda a obtener el consenso de bonistas, estos acreedores se conducirían como prestamistas bancarios centralizados, facilitando las reestructuraciones y haciendo que un default sea menos probable. Los menores costos de financiamiento pueden abrir la puerta a más gasto (¡!) permitiendo a los gobiernos responder más a los votantes locales.

Un tema importante relacionado es cómo los litigios de ‘holdouts’, como se observa en Grecia y Argentina, afectarán futuros intentos y las políticas públicas. Estos, generalmente rechazan negociar y demandan un pago total. Temiendo que una restructuración consensuada creará nuevos precedentes, prefieren sostener la tradición legal de que los gobiernos no pueden renegar de sus contratos con acreedores individuales. Si esa estrategia se hace más común, podrían amenazar las reestructuraciones de deuda diluyendo la coordinación de los acreedores e intensificando su salida.

Bajo estas condiciones, el default es más probable si los gobiernos intentan restructurar sus deudas. Los mayores costos de financiamiento restringen la posibilidad de gasto y reducen la capacidad del gobierno de administrar la economía, frustrando sus intentos de mantener redes de seguridad social durante las crisis financieras.”

El punto es interesante, pero asume gobiernos bondadosos que sólo piensan en gastar en beneficio social y que es precisamente el gasto el que ocasiona la crisis financiera. También podría interpretarse que esos límites también reducen “todo gasto”, sobre todo el gasto ineficiente, inútil, clientelista, dejando menos para gastar pero que los gobiernos podrían dedicar a lo que sea prioritario.