Soluciones institucionales en la provisión de bienes públicos y en la resolución de externalidades

Con los alumnos de OMMA Madrid, en la material Economía e Instituciones, vemos la provisión voluntaria de bienes públicos, del capítulo “Soluciones Institucionales”:

En cuanto a la provisión de bienes públicos, la respuesta casi inmediata es que deben ser provistos por el Estado, ya que el mercado sería incapaz de hacerlo. El caso típico, presentado por distintos economistas, es el de un faro, en relación con el cual la imposibilidad de excluir a quien no pague, una vez que la luz es emitida, daría como resultado una conducta de free rider, que trataría  de evitar el pago, dado que es imposible evitar que vea la señal de todas formas. El ejemplo aparece en John Stuart Mill, Henry Sidgwick y Alfred C. Pigou, con ese mismo argumento de la “no exclusión”, y reaparece en Paul Samuelson con otro adicional, según el cual no tendría sentido excluir a los que no pagan, ya que no hay congestionamiento en el servicio; es decir, no hay ningún costo extra, si un barco más observa la señal del faro para guiarse. En este caso no solamente sería improbable que el sector privado proveyera los faros, sino que, de poder hacerlo, no sería conveniente, ya que cada barco desincentivado para navegar por dichas aguas debido al pago del peaje por los servicios del faro, representaría una pérdida económica social

Conocida es la respuesta de Coase (1974) a este ejemplo, después de estudiar la historia de los faros en Inglaterra y demostrando que durante varios siglos fueron financiados y administrados por los dueños de barcos y emprendedores privados. Durante varios siglos, en Gran Bretaña, los faros fueron construidos y mantenidos por Trinity House (Inglaterra y Gales), los Comisionados de Faros del Norte (Escocia) y los Comisionados de Faros en Irlanda, cuyo presupuesto provenía del Fondo General de Faros, formado a su vez por los cargos que pagaban los armadores de buques. Esto en cuanto se refiere a los faros que ayudaban a la navegación general, ya que los faros de tipo “local” eran financiados por los puertos, que recuperaban los gastos en que incurrían mediante los cargos que hacían a quienes los utilizaban.

Había pocos faros antes del siglo XVII. Trinity House era una institución que evolucionó desde un gremio de navegantes en la Edad Media, que en 1566 obtuvo el derecho a proveer y regular las ayudas a la navegación, que incluyen, además de los faros, boyas, balizas y otras marcas.

Coase (p. 360) sostiene que “a comienzos del siglo diecisiete, Trinity House estableció faros en Caister y Lowestoft. Pero no fue sino hasta fines de ese siglo que construyó otro. Entretanto la construcción de faros había sido realizada por individuos particulares. De 1610 a 1675 Trinity House no construyó ningún faro nuevo. Por lo menos diez fueron construidos por individuos particulares”. Trinity House se oponía a estas iniciativas privadas, pero los particulares evitaban el incumplimiento del control de tal organización obteniendo una patente de la Corona, que les permitía construir el faro y cobrar el peaje a los barcos que supuestamente se beneficiaban del mismo.

La intervención de la “Corona” y el cobro de un “peaje” parece indicar la participación estatal, por más que el faro fuera construido por algún particular. Es decir: se necesitaría el poder estatal para tener la posibilidad de cobrar peajes, en forma coercitiva, a los barcos que transitaran por tal ruta marítima. Pero no era este el caso. Coase subraya que el particular presentaba una petición de los armadores y operadores de buques sobre la necesidad del faro, el beneficio que obtendrían con él y su voluntad para pagar el peaje, por lo que se trataba de una operación voluntaria y el Estado participaba simplemente porque se había adueñado de la autoridad para erigirlos, ya que el acuerdo entre armadores y operadores y el particular se podría haber realizado de todas formas, sin seguir obligatoriamente ese camino, pues los primeros aceptaban voluntariamente el pago y no actuaban como free riders.

He aquí un tema importante, ya que, según la teoría de los bienes públicos de Mill/Sigdwick/Pigou/Samuelson, todos buscarían su beneficio inmediato, consistente en no tener que pagar dicho peaje, sabiendo que, una vez que el faro estuviera allí, no podrían excluirlos de su uso, y que, actuando todos de esa forma, el cobro del peaje y la provisión privada serían imposibles. Sin embargo, esto no ocurría; evidentemente había otros elementos que llevaban a una conducta diferente, entre los cuales podemos destacar dos: un sentido de cooperación entre los armadores, aunque fueran competidores entre sí, o que no se le diera importancia al hecho de que algunos pasarían por allí y recibirían el servicio gratuitamente.

Buscando algún ejemplo más cercano en el tiempo y el espacio, ya vimos que los residentes de Buenos Aires no tienen que ir más lejos del río junto al que se asienta su ciudad. Allí, en el canal por el que el río Luján desemboca en el Río de la Plata, hay una serie de boyas con la inscripción “UNEN” y una numeración. Esta sigla significa “Unión Nacional de Entidades Náuticas”, que reúne a los distintos clubes náuticos privados. La provisión de esta señalización proviene de aportes voluntarios privados, que realizan estos clubes, y en definitiva de las cuotas sociales que pagan sus socios. No parece que estos actúen como free riders e incluso, si algún barco pasa por allí y no pertenece a ninguno de esos clubes, ello no constituye impedimento para que los demás se organicen, y provean y mantengan este sistema de señales. Y no solo eso: los mismos clubes tienen en sus entradas sobre la costa balizas rojas y verdes, con el obvio fin de ayudar a sus socios en la maniobra de entrada y salida, pero brindando también un servicio gratuito a quienes pasan por allí. Nuevamente, la existencia de estos free riders no frena o limita la provisión de tales servicios.

¿Habría más señales de ese tipo, si pudiera cobrar a esos free riders? Depende de con qué se lo compare: si es con una supuesta condición ideal, parecería que sí, y en tal caso esa comparación daría como resultado una “falla” del mercado, pero Coase y Demsetz (en Cowen, pp. 107-120) denominan a esto “el enfoque Nirvana”: es decir, algo así como comparar las imperfecciones de este mundo con el ideal del Paraíso, dado que lo que corresponde es comparar arreglos institucionales alternativos; en este caso, esta provisión voluntaria privada, con una posible provisión estatal. En el caso de las boyas UNEN mencionadas, su misma existencia es una demostración del “fracaso de la provisión estatal”, ya que los clubes lo han hecho ante la inacción pública al respecto.

Comenta Coase una historia de notable espíritu emprendedor, relacionada con el famoso faro de Eddystone, erigido en un peñasco, a veinte kilómetros de Plymouth. El Almirantazgo británico recibió un pedido para construir un faro y Trinity House consideró que era imposible; pero en 1692 el emprendedor Walter Whitfield hizo un acuerdo con Trinity House, por el que se comprometía a construirlo y a compartir las ganancias. Nunca llegó a construirlo, pero sus derechos fueron transferidos a Henry Winstanley, que negoció un acuerdo mejor: recibiría todas las ganancias durante los primeros cinco años y luego los repartiría en partes iguales con Trinity House, durante otros cincuenta años. Construyó primero una torre y luego la reemplazó por otra, cuya conclusión tuvo lugar en 1699, pero una gran tormenta lo destruyó en 1703, cobrándose la vida de Winstanley y de algunos de sus trabajadores. Dice Coase (p. 364): “Si la construcción de faros hubiera quedado solamente en manos de hombres motivados por el interés público, Eddystone hubiera permanecido sin faro por largo tiempo. Pero la perspectiva de ganancias privadas asomó nuevamente su horrible cara”.

Otros dos emprendedores, Lovett y Rudyerd, decidieron construirlo de nuevo, y el acuerdo se pactó en mejores términos: una concesión por noventa y nueve años, con una renta anual de cien libras y el cien por cien de las ganancias para los constructores. El nuevo faro se completó en 1709 y operó hasta 1755, cuando fue destruido por un incendio. La concesión, que tenía todavía unos cincuenta años por delante, había pasado a otras manos y los nuevos propietarios decidieron construirlo nuevamente, para lo que contrataron al mejor ingeniero de esos tiempos, John Smeaton, que completó una nueva estructura de piedra en 1759, que se mantuvo operando hasta 1882, cuando fue reemplazado por una estructura nueva, elaborada por Trinity House.

Según Coase, un informe del Comité de faros de 1834 reporta la existencia de cuarenta y dos faros en manos de Trinity House, tres concesionados por ella a individuos, siete concesionados por la Corona a individuos particulares, cuatro en manos de propietarios según distintos permisos, un total de cincuenta y seis, de los cuales catorce estaban en manos privadas, amparados por distintos acuerdos de propiedad. Trinity House, recelosa de la competencia, y argumentando que bajo su égida los peajes serían más bajos, terminó consiguiendo el monopolio de los faros y todos quedaron bajo su órbita.

En una respuesta directa a Mill, Sidgwick, Pigou y Samuelson, Coase concluye: “… los economistas no deberían utilizar los faros como un ejemplo de servicio que puede ser provisto solamente por el Estado. Pero en este trabajo no se intenta resolver la cuestión de cómo debería organizarse y financiarse el servicio de faros. Eso deberá esperar estudios más detallados. Entretanto, los economistas que deseen señalar un servicio como mejor provisto por el Estado, deberían utilizar un ejemplo que tenga más fundamento” .

5 pensamientos en “Soluciones institucionales en la provisión de bienes públicos y en la resolución de externalidades

  1. RESUMEN: El capítulo versa sobre soluciones alternativas a las fallas de mercado y a las fallas políticas.
    Se habla sobre la apertura para la competencia que es una acción que puede mejorar claramente las imperfecciones de un mercado haciéndolo funcionar mejor. No obstante el equilibrio es delicado, porque puede generar otros conflictos.
    Se explica el teorema de Coase según el cuál el derecho de propiedad, aunque es muy importante, no determina el uso de un recurso sino quién paga a quién, es decir, que para reducir adecuadamente las externalidades además de tener bien definidos los derechos de propiedad hay que permitir a las partes resolver sus problemas mediante la negociación. Se ilustran varios ejemplos, tomando como referencia barrios informales, las soluciones informales llevadas a cabo y la resolución de sus disputas, para demostrar la importancia de la negociación en la resolución de estas externalidades.
    Se habla de los bienes públicos, algunos de ellos llamados así sin cumplir las condiciones técnicas de los mismos (no exclusión y no rivalidad), explicando que hay un sesgo por haber nacido en un sistema donde siempre han sido provistos por el Estado y no se ha pensado en alternativas más modernas. Se ponen ejemplos históricos del mercado proveyendo caminos y puentes. También se habla de la posibilidad de que auténticos bienes públicos sean provistos por el mercado, se recuerda el famoso caso del faro de Coase (1974) y algún otro como el de las boyas del río Luján en su desembocadura… ligando estas posibilidades al papel del emprendedor del que nunca se acuerdan los estudiosos de la economía. Se explican como los bienes públicos pueden ser provistos en forma voluntaria cuando se ligan a la producción de un bien privado (televisiones públicas y publicidad) o a través de acciones comunitarias.
    Se explican las posibles soluciones a los problemas de información asimétrica, donde contra la propuesta de algunos autores que proponen soluciones de políticas públicas (controles de calidad y seguridad…) porque el mercado actual es muy impersonal (dado su volumen y extensión) y se evita que se pueda engañar al consumidor, se recuerda que la reputación sigue más viva que nunca y es condición necesaria para la supervivencia del agente. Se ponen muchos ejemplos.
    En relación a la dependencia de eventos pasados que terminarían encerrando al mercado en soluciones no óptimas, se recuerda que es necesario tener en cuenta las externalidades de red, dado que permiten aumentar el valor del bien o servicio y existen alternativas para las otras opciones. Se ponen varios ejemplos , el Esperanto, VHS vs Beta, DOS vs Macintosh…
    Sea la provisión de bienes y servicios estatal o de mercado, ambas necesitan de una buena base de instituciones jurídicas y servicios gubernamentales para poder ser implementadas. Son imprescindibles las buenas instituciones. Esto permitirá tanto las soluciones provistas voluntariamente como otras soluciones más formales (Gobernabilidad).El conjunto de soluciones voluntarias y políticas públicas determina la “calidad institucional” de nuestros países y si esta es óptima permite la acumulación de riqueza en una sociedad.
    PUNTOS DE CONOCIMIENTO NUEVOS
    El teorema de Coase
    Proveer un bien público atándolo a un bien privado
    El concepto externalidades de red.
    PREGUNTAS AL AUTOR
    ¿Considera el autor que no deben existir controles de calidad y seguridad en productos y servicios? En una sociedad tan globalizada no es posible que la reputación no sea suficiente, o que tarde demasiado tiempo en surgir efecto dicha reputación con el correspondiente daño sobre el consumidor.
    ¿Cree el autor que las soluciones voluntarias podrían descargar al Estado de cualquier provisión de bienes y servicios? ¿Hay algún bien o servicio público que no puede ser provisto a través de soluciones voluntarias?
    Más que ir a una teoría de extremos, ¿No debería ser el ideal buscar un punto de equilibrio entre el foro y el bazar?. No dejar desatendida una parte de la población y dejarlos expuestos a la única posibilidad de la caridad ajena. ¿No puede estar esta caridad dentro del propio estado?

  2. RESUMEN
    A lo largo del capítulo se plantean distintas alternativas de solución a los problemas de los fallos de mercado y del estado. Asume la imperfección de ambos métodos de satisfacción de necesidad y relata una serie de ejemplos con los que explica las posibles soluciones voluntarias para los fallos de mercado como la disminución o eliminación de barreras a la competencia y la asignación de derechos de propiedad claros para disminuir los costes de transacción y facilitar la negociación en casos de externalidades negativas, Hace referencia a la provisión por el mercado de determinados bienes catalogados como públicos y por tanto necesariamente provistos por el estado como los faros estudiados por Coase o vías de comunicación como caminos y rutas. La reputación como recurso para superar la información asimétrica y las externalidades en red para los problemas de dependencia del camino.
    Para el ámbito político despliega una serie de propuestas que definen la buena gobernabilidad y la calidad institucional que también se hacen necesarias, aunque en menor grado, para el marco de mercado.
    IDEAS
    No conocía el Teorema de Coase
    PREGUNTAS
    ¿Por qué se prefiere al mercado, por eficiencia o por voluntariedad? Si el estado fuese en alguna provisión más eficiente relegaríamos a un segundo plano a la libertad.

  3. RESUMEN DE LOS TEXTOS
    El capítulo 7 el autor plantea soluciones alternativas a la provisión de bienes públicos y externalidades, a través de instituciones de calidad, que brindan soluciones voluntarias a las las fallas del mercado y estructuras de gobernabilidad que resuelven, o al menos reducen, las fallas de la política, que inevitablemente existen debido a que el mundo no es “perfecto”.
    Una institución sería la libre competencia, el autor propone la apertura de la competencia a través de la reducción de barreras de entrada a nuevos competidores, permitiendo a los consumidores elegir entre más opciones (soberanía del consumidor).
    En cuanto a las externalidades, el autor cita el Teorema de Coase, quien critica la solución propuesta por Pigou, a saber, que la única solución a las externalidades es subsidio a las positivas e impuestos a las negativas. Coase responde diciendo que si hay derechos de propiedad claramente definidos, y bajos costos de transacción, las partes involucradas van a solucionar los problemas de externalidades, sin importar a quien se asigne el derecho, el recurso va a ser utilizado de la forma más eficiente. El autor cita como ejemplo el caso de Sturged v. Bridgman del panadero y el médico. Si bien las soluciones planteadas son voluntarias, es necesario el buen funcionamiento del mecanismo judicial y legislativo en la definición de esos derechos. Sin embargo, diversos estudios de campo han demostrado que aún en lugares donde rige la informalidad, es decir, donde dichos mecanismos no funcionan o directamente no existen, los conflictos de externalidades suelen resolverse de forma voluntaria (Hidding Ohlson y Krause2010).
    Respecto a los bienes públicos, hay una “creencia” generalizada de que deben ser provistos por el estado. Un caso típico es el de los faros, ya que sería imposible evitar a los free riders y eso desinsentivaría la provisión privada. Sin embargo, Coase demostró que durante varios siglos, los faros en Gran Bretaña fueron provistos por privados.
    Otros problemas a los que suelen plantearse soluciones a través del estado, son los causados por la información asimétrica, para lo cual se proponen regulaciones, licencias, certificaciones, etc. Sin embargo, el mercado soluciona esto por ejemplo por medio de la reputación, la trayectoria, los resultados, el reconocimiento de pares, colegas, clientes, etc.
    TEMAS NOVEDOSOS O IMPORTANTES
    – El Teorema de Coase
    – La capacidad natural del mercado de encontrar soluciones sin que sea necesario un “solucionador” Ej: Faros.
    TRES PREGUNTAS AL AUTOR
    – Para reducir los costos de asimetría de la información, es crítica la posición sobre por ejemplo licencias y certificaciones impuestas por el Estado. Sin embargo, el mercado también hace uso de esas herramientas (Ej: el CFA). ¿Considera que es una mala solución por ser determinada por el Estado o por el instrumento en sí mismo?
    – Siendo que en general, las soluciones del mercado a los problemas de la sociedad son mejores que las que provee el Estado, ¿Cree que el mercado podría proveer mejor soluciones en materia de justicia, seguridad y defensa?
    – En cuanto a las externalidades “negativas”, se me vino a la mente el caso de la “pastera” Botnia y la disputa Argentina-Uruguay. ¿Sabe como se resolvió el conflicto en La Haya?

  4. Resumen:
    En el capítulo denominado Soluciones Institucionales se analizan otras formas diferentes a las tradicionales para resolver las fallas de mercado y fallas políticas como lo son las externalidades. En este capítulo se revisa la teoría de Coase, que critica la forma de pensar de Pigou. Este último decía que las únicas alternativas para solucionar las fallas de mercado, era poner un costo a las externalidades negativas y subsidios a las externalidades positivas. De esta manera, Coase propone reformular este pensamiento expresando que otra forma de reducir las fallas del mercado y sus cotos, es un arreglo mutuo entre las partes para interiorizar los efectos. Asimismo, Coase responde diciendo que, si hay derechos de propiedad claramente definidos, y bajos costos de transacción, las partes involucradas van a solucionar los problemas de externalidades, sin importar a quien se asigne el derecho, el recurso va a ser utilizado de la forma más eficiente.

    Temas interesantes:
    Teorema de Coase
    Los derechos que aplican los informales
    Provisión voluntaria de bienes públicos

    Preguntas:
    En el ejemplo del panadero y doctor, vemos esos distintos escenarios, ¿Y si ninguno de los dos quiere ceder ni internalizar las externalidades y ambos tienen derecho de propiedad?
    ¿Los anarcocapitalistas cómo conciben la solución para las fallas de mercado?
    ¿Cuáles son las consecuencias no previstas en la economía, de las propuestas de Pigou (poner un precio a las externalidades negativas y un subsidio a las externalidades positivas?

  5. Resumen

    La lectura trata sobre el concepto de instituciones como solución a los problemas generados por las fallas de mercado y de la política. De este modo, el autor distingue entre instituciones “voluntarias” surgidas de forma espontánea por la libre voluntad de los individuos e instituciones fruto de la “gobernabilidad” siendo éstas últimas relativas a las formas de gobierno. Así, se trata a continuación el teorema de Coase, la problemática de los bienes públicos y su posible provisión por parte del mercado así como los problemas de información asimética.

    Puntos importantes

    El teorema de Coase y su importancia en la defensa de los derechos de propiedad como solución a las externalidades

    Que los bienes que cumplen con la definición clásica de bien público pueden seguir siendo suministrados de forma eficiente por el mercado (ej: televisión)

    El concepto de economías de redes

    Preguntas al autor

    Siguiendo a Coase y su teorema: ¿existe alguna forma de definir los derechos de propiedad y permitir la negociación entre ellos sin la presencia del Estado?

    ¿Es realista que el Estado pretenda solucionar los problemas de asimetría de la información mediante licencias o certificaciones cuando se ve lastrados por los enormes problemas de cálculo económico y de conocimiento? ¿No provee mejores soluciones el mercado con conceptos como la imagen de marca, la reputación, etc?

    ¿Existe algún bien que siempre se haya suministrado de forma pública históricamente? El concepto de bien público me parece creado como una justificación para la intervención del Estado más que un análisis económico riguroso.

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