El Ipod y la fragmentación global de la producción. ¿Cuál es un producto “nacional”?

Vemos el trabajo de Daniel Ikenson, “Ya no se trata de Ellos contra Nosotros: Política comercial para el Siglo XXI”, publicado por el Cato Institute. Pone el ejemplo de un Ipod para mostrar el proceso de “fragmentación global de la producción” y porqué resulta prácticamente inútil decir que un producto es “made in…..” ¿Dónde?

Ipod

“La evolución de la producción centralizada bajo un solo techo hacia la producción disgregada por todo el globo ha sido impulsada por los cambios revolucionarios en información, comunicaciones y tecnologías de transporte, así como también por cambios políticos fundamentales y la persistente liberalización del comercio, la inversión y los regímenes regulatorios alrededor del mundo.”

Esta tendencia no puede ser más visible que en la producción del iPod, que nos proporciona el modelo por excelencia de producción transnacional en el siglo XXI. Según la inscripción en la parte inferior, todo iPod está “Diseñado por Apple en California; Ensamblado en China.” El proceso entre el diseño y la venta final de un iPod supone la colaboración y cooperación dentro de una cadena de producción que está esparcida en varios países, aportando trabajo y actividad económica en cada uno.

Un estudio de la Universidad de California-Irvine en el 2007 buscó determinar “quien capta más del valor agregado en un sistema global de innovación” separando los componentes de un iPod de Apple y determinando las empresas y países involucrados en la manufactura de una unidad en China. Los autores encontraron que los componentes fueron producidos en los Estados Unidos, Japón, Singapur, Taiwán, Corea y China por compañías con sedes en EEUU, Japón, Taiwán y Corea. El coste total de producir un iPod (componentes más mano de obra), fue estimado alrededor de $144. La mayoría de las ganancias de los componentes usados recaen en empresas japonesas, quienes son los que producen las partes más importantes y caras. Dos productores americanos de estos componentes y un pequeño grupo de otros países obtienen cuotas pequeñas del valor total. Pero la mayoría de la ganancia del valor total se lo lleva Apple ya que el precio de mercado de un iPod es de $299 y el coste de producción es $144 (en el tiempo que se hizo el estudio). Una parte de los $155 del margen va hacia compensar a los distribuidores, vendedores minoristas, y mercadeo, y el resto se lo distribuyen los accionistas de Apple o es dedicado a la investigación y desarrollo, lo que sostiene puestos de ingeniería y diseño de alto valor añadido.

A pesar de los cambios dramáticos en la realidad comercial, políticos por todo el mundo todavía adoptan una visión anacrónica y mercantilista de un juego de suma cero, en el cual el beneficio de uno es una pérdida para el otro, entre “nuestros” productores y los “suyos”. La idea de que estamos “ganando en comercio” cuando nuestros productores venden más de sus productos nunca ha estado correcta, pero en estos tiempos es aún más falsa dada la evolución de los negocios mundiales y los modelos actuales del comercio.”

Luego Ikenson se pregunta: ¿sirven las estadísticas de comercio internacional? ¿A qué deberíamos llamar un producto “nacional” en estas circunstancias? Lo mismo que sucede con el Ipad puede aplicarse a los autos que se fabrican en Argentina y tantos otros productos.

Concluye el autor:

La segunda mitad del siglo XX, y más precisamente el último quinto, se puede definir como un periodo de erosión de barreras. La reducción en barreras comerciales y de inversión que empezó  justo después de la Segunda Guerra Mundial y continuó por la difusión de esas prácticas liberales hacia otros países, seguido por la apertura de China hacia el Occidente, el colapso del Muro de Berlín (y con éste la desaparición del resto de la credibilidad del comunismo), y la subsiguiente apertura de la India y otros países en desarrollo sumaron a hacer el mundo un lugar mucho más amplio. Esta expansión fue más visible todavía por los cambios revolucionarios en el transporte y las comunicaciones. El nuevo tamaño de los mercados significó un incremento en consumidores y oportunidades enormes para las economías de escala.