Ezequiel Gallo y la tradición liberal argentina: revisando el revisionismo histórico y las ideas conservadoras

En la Universidad Francisco Marroquín, estamos llevando adelante un curso de maestría sobre la evolución de las ideas políticas y económicas en América Latina. Con un ordenamiento cronológico veremos algunas de las principales corrientes que predominaron en la región. No se pueden ver todas, por supuesto. Comenzamos con el impacto de las ideas liberales en el siglo XIX, y el caso argentino, a través de una artículo de Ezequiel Gallo, titulado “Tradición Liberal Argentina”, publicado en la revista chilena Estudios Públicos: https://www.cepchile.cl/tradicion-liberal-argentina/cep/2016-03-03/183405.html

El autor introduce el tema así:

“Desde c. 1880 hasta c. 1914 la economía argentina registró una de las tasas de crecimiento económico más altas del mundo. La expansión económica generó un cambio profundo de la estructura social como consecuencia de la entrada de millones de inmigrantes europeos y de un rápido proceso de movilidad social ascendente. No menos significativos, aunque más lentos, fueron los cambios registrados en la vida político-institucional. El período se inició con un régimen de democracia restringida y concluyó con la sanción de la ley Sáenz Peña (1912), que generó comicios con amplia participación popular que hicieron posible el triunfo electoral del principal partido de la oposición, la Unión Cívica Radical.1

Uno de los factores que posibilitaron el proceso de expansión y modernización socioeconómica fue la sanción previa de un marco legal de clara inspiración liberal. El proceso de renovación jurídica tuvo su inicio con la sanción de la Constitución Nacional (1853), un documento muy influido por la Constitución estadounidense de fines del siglo XVIII. El período de predominio de las ideas liberales se extendió hasta los años veinte de la presente centuria, y dejó huellas visibles en el pensamiento de corrientes ideológicas de signo opuesto. Los escritos económicos de Juan B. Justo, fundador del Partido Socialista, y las declaraciones de los sindicatos anarquistas sobre temas similares son una buena prueba de la afirmación precedente.

La Constitución de 1853 nos remite directamente a los escritos de su principal inspirador, Juan Bautista Alberdi (1810-1884). Este autor fue el expositor más sistemático y original de las ideas liberales clásicas de la Argentina. Su tarea intelectual se vio posiblemente facilitada por su largo alejamiento de los conflictos políticos locales. Su obra más influyente (Las Bases) estuvo claramente inspirada en El Federalista norteamericano, y en su Autobiografía dejó explícitamente sentada su deuda intelectual con autores como Locke, Smith, Bentham, Say, Tocqueville, Constant, Bastiat y otros. Alberdi tuvo una comprensión cabal del principio rector del pensamiento liberal, el del gobierno limitado:

“Si los derechos civiles del hombre pudieran mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque… si nadie atentara contra nuestra vida, persona, libre acción, propiedad, etc., el gobierno… sena inútil…. Luego el Estado… no tiene más objeto final y definitivo que la observación… de las leyes civiles, que son el código de la sociedad y de la civilización misma… “

El socialismo francés: ¿abanderado del liberalismo, los derechos y las libertades individuales?

Hace unas semanas, el presidente de Francia, François Hollande, visitó la Argentina. Fue uno de los primeros en visitar al país luego del cambio de gobierno. Hollande encabeza un gobierno del Partido Socialista. ¿Socialista? El Institut Économique Molinari, comenta el tema y trae una discusión acerca de la tradición liberal francesa, que parecía olvidada hasta ahora:  http://www.institutmolinari.org/radio-la-france-renoue-t-elle-avec,2526.html

Esto comenta:

“La reforma del derecho laboral, la ley Macron, el pacto de responsabilidad. El gobierno acumula reformas liberales. ¿Volver a la tradición francesa?

Si Myriam El Khomri (Ministra de Trabajo, miembro del Consejo Nacional del Partido Socialista) cree que deshacerse tan pronto como se pudiera de su proyecto de ley sobre el trabajo, la presentación del texto por el gabinete se pospone por una quincena. ¿Será esta vez suficiente para dar cierta cohesión dentro de la mayoría de gobierno? Esto es poco probable, ya que la ley que la Ministra de Trabajo representa es, a los ojos de parte de la izquierda, el peor espantapájaro: un arsenal de medidas tanto más liberales que el otro.

El liberalismo sin embargo parece estar en racha últimamente: en el gobierno, primero con Emmanuel Macron (Ministro de Economía, también miembro del Partido Socialista), que se reivindica como un “liberal”. Y más a la derecha, a juzgar por los programas de los candidatos para la próxima primaria: fin de la ISF, la tasa de impuesto único, reforma del estatuto de la función pública, drásticos recortes de gastos…  como un homenaje póstumo a Margaret Thatcher y Ronald Reagan.

Hace tan sólo unos pocos años, sin embargo, pocos fueron los que se aventuraron (políticamente) en el campo del liberalismo económico. Sin embargo, esta forma de pensar no es totalmente ajena a nuestra historia política. Fue incluso un motor en el momento de romper con el antiguo régimen.”

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En una entrevista con Le Parisien, define Macron su visión sobre el papel del Estado:

“El Estado debe establecer un marco para que emerjan los campeones del mañana y creen empleos aquí, en Francia. Debe continuar avanzando en la flexibilización del mercado laboral, en proteger a las personas más que a los empleos. Debe proteger los datos y las libertades individuales. Y sobre todo luchar contra la tendencia francesa de ver a los datos y números como una amenaza.”

Y sobre su posición política:

“La división entre los progresistas y los conservadores no tiene sentido. Pero hay algunos en la izquierda que no son progresistas, y otros en la derecha que quisieran serlo. Mi izquierda, es una izquierda que brinda derechos para la libertad. No es una izquierda que se cierra sobre sí misma. Yo me declaro liberal. Yo reivindico que, históricamente, el liberalismo es un valor de izquierda, de defensa de la igualdad de derechos”.

http://www.leparisien.fr/magazine/grand-angle/emmanuel-macron-le-numerique-est-une-chance-pour-tous-12-11-2015-5269423.php

El derrumbe de la utopía liberal hasta la 2a Guerra Mundial y posterior recuperación

En plena Segunda Guerra Mundial, Mises da una conferencia en el Yale Economic Club (1941), titulada: “Reconstrucción de posguerra”, pese a que aún faltaban varios años para que ésta culminara y todavía no había pasado lo peor.

Sostiene allí que lo que está ocurriendo es un colapso ‘moral’ y material sin precedente que derrumbara la “utopía liberal optimista”.

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Dice Mises: “En la utopía de los viejos liberales, el gobierno solo se ocupa de la protección de la vida, la salud y la propiedad privada contra el uso de la fuerza y el fraude. El estado asegura el funcionamiento suave de la economía de mercado por el peso de su poder coercitivo. Sin embargo, se abstiene de toda interferencia con la libertad de acción de la gente para producir y distribuir en tanto esas acciones no involucren el uso de la fuerza o el fraude contra la vida, la salud o la propiedad de otros. Este simple hecho caracteriza a tal comunidad como una economía de mercado o capitalista.”

“En este mundo capitalista no existen las barreras comerciales ni migratorias. Los bienes y las personas se pueden mover libremente a través de las fronteras. Cualquiera tiene derecho a moverse al lugar donde quiere vivir, trabajar y producir. Las leyes y las autoridades tratan a los ciudadanos y a los extranjeros de la misma forma. Bajo estas condiciones, las fronteras no tienen importancia para el individuo. Es irrelevante para el individuo si el “sereno nocturno” lleva un uniforme azul y blanco o rojo y blanco.”

“Por supuesto, esta utopía liberal nunca se alcanzó por completo. Pero los liberales se convencieron totalmente que las condiciones estaban dirigiéndose en ese camino, que la evolución social y económica necesariamente debía llevar a ello, y que no era posible un retorno al obsoleto sistema de interferencia gubernamental en la vida privada. Sobre esta fe basaron su optimismo en relación a la desaparición de la violencia. La guerra parecía el remanente de un oscuro pasado como la intolerancia religiosa, la superstición, la esclavitud y los gobiernos tiránicos.”

“El optimismo de Bentham, Cobden y Bastiat no estaba justificado. La historia fue por otro camino. Hoy vivimos en un mundo de interferencia gubernamental en los negocios y, en algunos países, socialismo. Por todos lados hay barreras comerciales y migratorias. En política doméstica, los gobiernos están ansiosos de interferir para beneficiar a algunos grupos a expensa de otros. El ‘nacionalismo’ es el rasgo característico de la política exterior moderna.”

“El término es utilizado en forma muy inexacta. Sugiero que se aplique el término ‘nacionalismo económico’ a la política que intenta promover las condiciones de cierto grupo de ciudadanos infligiendo daño a los extranjeros. El nacionalismo es una política de discriminación contra los extranjeros. Los productos extranjeros son excluidos del mercado local y solo ingresan luego de pagar un derecho de importación. El trabajo extranjero es desplazado de la competencia en el mercado laboral local. EL capital extranjero es sujeto a confiscación. Medidas discriminatorias similares se aplican contra ciudadanos que pertenecen a ciertas minorías raciales, lingüísticas o religiosas.”

Por suerte, hubo recuperación después de la guerra, en buena medida gracias a que esas ideas de Mises fueron llevadas adelante por grandes reformadores económicos de posguerra: Ludwig Erhard en Alemania, Jacques Rueff en Francia, Luigi Einaudi en Italia. Pero el ‘estatismo’ que Mises critica sigue vigente en muchos países que se condenan así al atraso.