Manuel Ayau sobre el intervencionismo, siguiendo a Mises sobre la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo

Con los alumnos de Proceso Económico II de la UFM vemos a su fundador, Manuel Ayau, sobre el intervencionismo:
“¿Debe el hombre estar al servido del Estado, o debe el Estado estar al servido del hombre? Durante la mayor parte del siglo XX, dos sistemas dominantes, el socialismo y el capitalismo, dieron respuestas distintas a esta pregunta, y la mayoría de los pueblos democráticos buscaron un tercer camino, una ruta intermedia entre el socialismo y el capitalismo.

Así cobró nueva vigencia la filosofía mercantilista, que floreció en Europa a partir del siglo XVI, y que asigna al Estado la función de coordinar la actividad económica de la sociedad.

Las concesiones monopolísticas, los impuestos discriminatorios, el fomento a determinadas actividades, la acumulación de reservas monetarias, los controles de precios, salarios e intereses, la reforma agraria y otros mecanismos se han usado, en diferentes épocas y lugares, para encauzar los esfuerzos de los individuos hada los fines predeterminados por el Estado mercantilista.

El credo mercantilista no presupone el sometimiento del individuo al Estado, ni la abolición explícita del derecho de propiedad, pero asigna al Estado la función de dirigir la economía hada los objetivos que el propio Estado identifica con el “bien común”. Invariablemente, el “bien común” implica que unos se enriquecen a expensas de otros.

En la segunda mitad del siglo XX, renombrados especialistas de los países ricos han diseñado docenas de modelos económicos, y los países pobres han servido de laboratorios de experimentación. No podrían esos modelos ensayarse en los países ricos, porque sus leyes garantizan a los ciudadanos ciertos derechos que no pueden ser cercenados en aras de un experimento.

Los países pobres, en cambio, se caracterizan por la fragilidad de sus instituciones. Y como la ayuda extranjera suele estar condicionada a la obediencia de los gobiernos que la reciben, muchas naciones soberanas pero pobres modifican sus Constituciones y sus leyes para acomo-dar los experimentos.

La mejor prueba de que todos los modelos económicos ensayados han fracasado, la encontramos en el corto ciclo de vida de esos modelos. A intervalos de aproxima-damente veinte años, un modelo económico es anunciado con fanfarrea como la panacea de los problemas de los pueblos pobres. La implementación, a menudo apoyada financieramente por la comunidad internacional, tarda entre cinco y diez años.

Cuando aparecen los primeros síntomas de fracaso, los defensores del modelo los atribuyen a circunstancias fortuitas y transitorias. A medida que la secuela de pobreza se agranda, los funcionarios de los organismos internacionales y de los gobiernos nacionales se renuevan. Un buen día, la nueva generación de burócratas decreta que el modelo “se agotó” y que ha llegado el momento de ensayar un nuevo modelo.

Entre 1960 y 1980, las naciones soberanas de América Central, sedientas de ayuda extranjera, sirvieron de laboratorio de experimentación para el modelo de sustitución de importaciones, que dio vida al Mercado Común Centroamericano. Acto seguido nos embarcamos en el modelo de fomento a las exportaciones reforzado, en uno u otro país centroamericano, por otros modelos subalternos o paralelos como la reforma agraria, la microempresa, la reconversión industrial, el fortalecimiento del movimiento sindical, el ecoturismo… todos ellos generosamente financiados desde el extranjero.

La economía de mercado es el sistema de organización social que surge espontáneamente cuando nadie impone por la fuerza un modelo económico.”

Manuel Ayau: cómo se pasa de valoraciones subjetivas a precios, y el papel que cumplen los precios relativos

Los alumnos de la materia Proceso Económico en la UFM, todos médicos y nutricionistas, avanzan en la materia Proceso Económico, y para ello leemos el Manual de Manuel Ayau, fundador de la UFM, donde explica el paso de valoraciones subjetivas a precios, y el papel de los precios relativos:

“La valoración es subjetiva y no cuantificable. Sin embargo, en cualquier tiempo y lugar, hay suficiente coincidencia entre las valoraciones de muchos individuos como para que el mercado pueda establecer una tendencia que refleje la mayoría de ellas. El mercado plasma, en un dato objetivo, una multitud de valoraciones subjetivas. Ese dato objetivo es el precio, resultado de la interacción de muchos vendedores y muchos compradores.

Si no contáramos con precios expresados en unidades monetarias, la determinación del valor de intercambio de varios productos nos obligaría a visualizar mentalmente una columna para cada producto. El dinero, que sirve como denominador común y unidad de medida, permite expresar el valor de intercambio de una multitud de bienes en una sola columna.

  Pan Blusa Libro U$S
Pan 1 0,01 0,1 0,50
Blusa 100 1 10 50
Libro 10 0,1 1 5

 

Las columnas centrales de la Tabla 6.1 establecen el valor de intercambio recíproco de tres productos. La columna de la derecha hace innecesarias las otras tres.

Los precios relativos

En abstracto y en forma aislada, el precio de un objeto no tiene significado alguno. Su significado se deriva de la comparación que hacemos entre ese precio y todos los demás precios. En última instancia, nos interesa comparar precios para asignar eficientemente nuestros recursos, es decir para satisfacer, en la mayor medida posible, nuestro conjunto ilimitado de necesidades y deseos con nuestros limitados recursos.

Supongamos que, con esfuerzo, un individuo podría pagar US$300 mensuales para amortizar una deuda. La Tabla 6.2 contiene los precios de diferentes cosas que desea y el tiempo que tardaría en pagar cada una, si la comprara al crédito:

Opción Precio Deuda
Viaje U$S 2100 7 meses
Computadora U$S 3000 10 meses
Guitarra U$S 2400 8 meses

 

Este rudimentario sistema de precios permite que el individuo compare varias satisfacciones, entre ellas y con el sacrificio que representaría pagar cada una. El sistema de precios, que es el conjunto de los precios vigentes, coloca cada precio en relación con los demás precios.

En el mercado, se intercambian bienes y servidos por bienes y servicios. El dinero es nada más un intermediario. Nuestra capacidad de compra está limitada por nuestros ingresos pasados si pagamos al contado, y por nuestros ingresos futuros si nos endeudamos.

Nuestros ingresos no alcanzan para comprar todo lo que deseamos, y es esta circunstancia la que nos obliga a escoger y a comparar. Los precios relativos son los precios de las diferentes cosas expresados, no en unidades monetarias, sino en unidades dé los demás bienes. Por ejemplo, según los datos de la Tabla 6.2, el precio relativo de la guitarra sería el viaje + un pago mensual adicional. No podríamos establecer objetivamente el precio relativo de la guitarra, si no contáramos con un sistema de precios nominales, es decir, expresados en unidades monetarias.

Manuel “Muso” Ayau ayuda a médicos y nutricionistas a recorrer los primeros metros de la ciencia económica

Los alumnos de “Proceso Económico” son médicos o nutricionistas. Han de caminar por algunas de las más básicas cuestiones económicas. Nadie como “Muso” Ayau para ayudarlos en eso. Aquí explica el notable fenómeno de la cooperación social:

“El alcance de la cooperación social

En un día cualquiera, en la ciudad de Guatemala – capital de un país pequeño y pobre – quien tenga con qué pagar puede comprar un par de zapatos italianos, un repuesto “original” para un automóvil japonés, una botella de vino francés y otra de vino alemán, un florero hindú, una variedad de condimentos chinos, un trozo de salmón chileno, peras y melocotones de California, y mantequilla de Nueva Zelandia. En cierta época, hasta se consiguen tulipanes traídos de Holanda en el avión de KLM.

Si nos detuviéramos a pensar que la producción y el transporte de cada uno de esos productos requirió del esfuerzo coordinado de miles de personas, no podríamos menos que asombrarnos. Esos miles de personas no se conocen entre ellas ni nos conocen a nosotros. No tienen forma de saber qué productos vamos a comprar, cuándo los vamos a comprar y en qué cantidades. Es probable que muchos de ellos ni siquiera sepan en dónde queda Guatemala.

En cada etapa del largo proceso, alguien percibió la oportunidad de obtener una ganancia, y esa percepción bastó para poner en marcha una coordinación compleja.

Puede ser que, en un catálogo de vinos, un importador guatemalteco haya visto el anuncio de un mayorista. La oportunidad de obtener una ganancia lo indujo a invertir en un pedido, y así llegó a Guatemala una pequeña parte del producto de los viñedos de algún valle de Francia. En este caso el importador guatemalteco sería, tan solo, un eslabón en la larga cadena de productores e intermediarios que tomaron parte en el proceso.

En el comercio internacional, fruto de la división internacional del trabajo, encontramos los ejemplos más admirables de cooperación voluntaria y pacífica, entre individuos que no se conocen ni comparten un interés recíproco por la felicidad del otro.

Kirzner, ilustra las funciones de los participantes en el mercado:

Millones de productos fluyen diariamente entre los países y los continentes. Millones de productores e intermediarios comparan diariamente los costos y los ingresos de sus empresas, para expandir las actividades que arrojan ganancias y desfasar las que arrojan pérdidas.

El comercio internacional enlaza a los pueblos en una actividad ordenada, benéfica, eficiente y demasiado compleja como para que alguien pudiera planearla, coordinarla o supervisarla.

Y todo ello se desarrolla a pesar de los obstáculos que todos los gobiernos del planeta imponen a quienes tratan de intercambiar los frutos de su trabajo con alguien que vive más allá de la frontera.”