McCloskey a Pikkety: la desigualdad no es mala y la pobreza está cayendo en el mundo, del 26% al 5%

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”,: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point , se pregunta si la desigualdad es mala:

“El problema central con el libro, sin embargo, no es ético. Piketty no reflexiona sobre porqué la desigualdad en sí misma sería mala. Por cierto, es irritante que una mujer super-rica compre un reloj de 40.000 dólares. La compra puede ser éticamente cuestionable. Debería estar donando su ingreso en exceso de un cierto amplio nivel, digamos, de tener dos autos, no veinte; dos casas, no siete; un yatch, no cinco; brindándolo a entidades de caridad. Andrew Carnegie enunció en 1889 el principio que ‘un hombre que muere rico, muere desgraciado’. Carnegie donó toda su fortuna. (Bueno, la donó tras su muerte, luego de haber disfrutado un castillo en su nativa Escocia y algunas otras amenidades).

Pero el hecho que mucha gente rica actúe hoy de forma desgraciada no implica automáticamente que el gobierno tenga que intervenir para frenarlos. La gente actúa en forma desgraciada en todo tipo de formas. Si nuestros gobernantes tuvieran asignada la tarea en este mundo imperfecto de mantenernos a todos completamente éticos, pondría todas nuestras vidas bajo su tutela paternal, una pesadilla a la que se acercara Alemania Oriental antes de 1989 o Corea del Norte hoy.

Nótese que en el relato de Piketty el resto de nosotros cae relativamente detrás de los malvados capitalistas. EL foco en la riqueza relativa o el ingreso y el consumo es un serio problema para este libro. La visión apocalíptica de Pikkety nos deja lugar a nosotros para que nos vaya bastante bien –y no apocalípticamente- como lo hemos hecho desde 1800. Lo que le preocupa a Pikkety es que los ricos se puedan estar haciendo algo más ricos, aun cuando los pobres estén mejorando también. Su preocupación se centra en la diferencia, sobre un vago sentimiento de envidia elevado a proposición teórica y ética.

Pero nuestra preocupación real debería estar con elevar a los pobres a una condición de dignidad, nivel en el cual pueden funcionar en una sociedad democrática y desarrollar vidas plenas. No importa éticamente si los pobres tienen el mismo número de brazaletes de diamantes o Porsches que los dueños de los hedge funds. Pero importa si tienen las mismas oportunidades para votar o para aprender a leer o a tener un techo sobre sus cabezas.

Adam Smith describió una vez la idea escocesa de ‘permitir a cada hombre perseguir su propio interés a su manera, bajo el plan liberal de igualdad, libertad y justicia’. Sería bueno, por supuesto, si una sociedad rica y libre siguiendo al liberalismo Smitihiano produjera una igualdad a lo Pikkety. En verdad, en buena medida lo ha hecho, bajo el único éticamente relevante estándar de derechos humanos y necesidades básicas. AL introducir el liberalismo en Hong Kong y en Noruega y Francia, por ejemplo, ha llevado a una asombrosa mejora y a una real igualdad de resultados –los pobres comprando autos y teniendo agua fría y caliente, cosas que no tenían antes ni los ricos, y adquiriendo derechos políticos y dignidad social que eran negadas antes salvo a los ricos.

Los economistas Xavier Sala-i-Martin y Maxim Pinkovsky informaron tras un minucioso estudio de la distribución individual del ingreso –a diferencia de la comparación entre países-, que la pobreza está cayendo. Entre 1970 y 2006, la tasa global de pobreza se ha reducido casi en tres cuartos. El porcentaje de la población mundial viviendo con menos de un dólar por día (en dólares del año 2000, ajustados por poder de compra) fue de 26,8% en 1970 a 5,4% en 2006”.

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue una moda pasajera? Con el tiempo aparecen más errores y críticas

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”, comenta: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point

“La preocupación de Piketty que los ricos sean cada vez más ricos es, en verdad, la última de una larga serie que se remonta a Thomas Malthus, David Ricardo y Karl Marx. Desde que esos geniales fundadores de la economía clásica, el progreso económico ha enriquecido a una gran parte de la humanidad –cuya población es ahora siete veces más que en 1800- y apunta a enriquecer a todo el planeta en los próximos 50 años. Y aun así la izquierda olvida regularmente este fundamental evento desde el invento de la agricultura –el Gran Enriquecimiento de los últimos dos siglos- y sigue preocupándose una y otra vez cada media generación, más o menos.

Todas las preocupaciones, desde Malthus a Piketty, comparten un pesimismo fundamental, ya sea de la imperfección del mercado de capitales o las limitaciones del consumidor individual  o de las Leyes de Movimiento del Sistema Capitalista. Durante esa parte de la buena historia desde 1800 hasta nuestros días, los pesimistas económicos en la izquierda han pronosticado terribles pesadillas. Por cierto, el pesimismo vende. Por razones que nunca he comprendido, a la gente le gusta escuchar que el mundo se va al diablo, y dudan cuando algún optimista idiota interfiere con su placer. Sin embargo, el pesimismo ha sido, consistentemente, una pobre guía para el mundo económico moderno.

Demanda, oferta y destrucción creativa

Los errores técnicos en los argumentos de Piketty son muchos. Cuando se escarba, surgen. El problema fundamental es que Piketty no entiende cómo funcionan los mercados. Al mantener su posición como un hombre de izquierda, tiene una idea vaga y confusa sobre cómo la oferta responde ante precios más altos. Una notable evidencia de su falta de conocimiento se encuentra ya en la página 6.

Comienza con una aparente concesión a sus oponentes neoclásicos: “Por cierto, existe en principio un mecanismo bastante simple que restauraría el equilibrio en el proceso: el mecanismo de la oferta y la demanda. Si la oferta de cualquier bien es insuficiente, y su precio es muy alto, entonces la demanda de ese bien debería reducirse, lo que llevaría a una reducción de su precio.” Las palabras marcadas mezclan claramente un movimiento a lo largo de la curva de demanda con un movimiento de toda la curva, un error de estudiantes de primer año. El análisis correcto es que si el precio es ‘demasiado alto’ no es toda la curva de demanda la que ‘restaura el equilibrio’, sino eventualmente un movimiento hacia afuera de la curva de oferta. La curva de oferta se mueve hacia afuera porque el aroma de ganancias supra-normales induce el ingreso en el mercado.

Piketty no reconoce que cada ola de inventores, emprendedores y aun rutinarios capitalistas ven perder sus recompensas por el ingreso de otros. Veamos la historia de las fortunas en las tiendas por departamentos. El ingreso de estas a fines del siglo XIX, en Le Bon Marché, Marshall Field y Selfridge’s era empresarial. El modelo fue luego copiado en todo el mundo rico. A fines del siglo XX el modelo fue desafiado por una ola de tiendas de descuento, y éstos a su vez por Internet. Lo que sucede es que la ganancia que va a los emprendedores se reduce más o menos rápido por la oferta que se desplaza hacia afuera. La acumulación original se disipa.

EL economista William Nordhaus ha calculado que los inventores y emprendedores obtienen hoy una ganancia de alrededor del 2% del valor social de sus inventos. Si eres Sam Walton, el 2% te da personalmente mucho dinero por introducir los códigos de barras para manejar los stocks en los supermercados. Pero 98% al costo del 2% es, no obstante, un negocio bastante bueno para el resto de nosotros. Las ganancias de las rutas asfaltadas o las ruedas vulcanizadas, de las universidades modernas, del cemento estructural y del avión, han enriquecido a los más pobres entre nosotros.”