¿Cómo se hace una revolución “teórica” en la economía? Carl Menger y la teoría subjetiva del valor

Así comenzó la “revolución marginalista” en la economía. Con los alumnos de la UBA Económicas vemos el libro de Carl Menger, Principios de Economía Política. Dice el autor en su capítulo III:

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“El valor de los bienes se fundamenta en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos. Según varíen las circunstancias, puede modificarse también, aparecer o desaparecer el valor. Para los habitantes de un oasis, que disponen de un manantial que cubre completamente sus necesidades de agua, una cantidad de la misma no tiene ningún valor a pie de manantial.

Pero si, a consecuencia de un terremoto, el manantial disminuye de pronto su caudal, hasta el punto de que ya no pueden satisfacerse plenamente las necesidades de los habitantes del oasis y la satisfacción de una necesidad concreta depende de la disposición sobre una determinada cantidad, esta última adquiriría inmediatamente valor para cada uno de los habitantes. Ahora bien, este valor desaparecería apenas se restableciera la antigua situación y la fuente volviera a manar la misma cantidad que antes. Lo mismo ocurriría en el caso de que el número de habitantes del oasis se multiplican de tal forma que ya la cantidad de agua no bastara para satisfacer la necesidad de todos ellos. Este cambio, debido a la multiplicación del número de consumidores, podría incluso producirse con una cierta regularidad, por ejemplo, cuando numerosas caravanas hacen su acampada en este lugar.

Así pues, el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia. Y así, es completamente erróneo llamar “valor” a un bien que tiene valor para los sujetos económicos, o hablar, como hacen los economistas políticos, de “valores”, como si se tratara de cosas reales e independientes, objetivando así el concepto. Lo único objetivo son las cosas o, respectivamente, las cantidades de cosas, y su valor es algo esencialmente distinto de ellas, es un juicio que se forman los hombres sobre la significación que tiene la posesión de las mismas para la conservación de su vida o, respectivamente, de su bienestar.

La objetivación del valor de los bienes, que es por su propia naturaleza totalmente subjetivo, ha contribuido en gran manera a crear mucha confusión en torno a los fundamentos de nuestra ciencia.”

Y luego ya se encarga de demoler la teoría del “valor trabajo”:

El valor que un bien tiene para un sujeto económico es igual a la significación de aquella necesidad para cuya satisfacción el individuo depende de la disposición del bien en cuestión. La cantidad de trabajo o de otros bienes de orden superior utilizados para la producción del bien cuyo valor analizamos no tiene ninguna conexión directa y necesaria con la magnitud de este valor. Un bien no económico, por ejemplo, una cantidad de madera en un gran bosque, no encierra ningún valor para los hombres por el hecho de que se hayan empleado en ella grandes cantidades de trabajo o de otros bienes económicos. Respecto del valor de un diamante, es indiferente que haya sido descubierto por puro azar o que se hayan empleado mil días de duros trabajos en un pozo diamantífero. Y así, en la vida práctica, nadie se pregunta por la historia del origen de un bien; para valorarlo sólo se tiene en cuenta el servicio que puede prestar o al que habría que renunciar caso de no tenerlo. Y así, no pocas veces, bienes en los que se ha empleado mucho trabajo no tienen ningún valor y otros en los que no se ha empleado ninguno lo tienen muy grande. Puede ocurrir también que tengan un mismo valor unos bienes para los que se ha requerido mucho esfuerzo y otros en los que el esfuerzo ha sido pequeño o nulo. Por consiguiente, las cantidades de trabajo o de otros medios de producción empleados para conseguir un bien no pueden ser el elemento decisivo para calcular su valor. Es indudable que la comparación del valor del producto con el valor de los medios de producción empleados para conseguirlo nos enseña si y hasta qué punto fue razonable es decir, económica, la producción del mismo. Con todo, esto sólo sirve para juzgar una actividad humana perteneciente al pasado. Pero respecto del valor mismo del producto, las cantidades de bienes empleados en conseguirlo no tienen ninguna influencia determinante ni necesaria ni inmediata.”

Hayek introduce a Carl Menger, quien aportó mucho más que la teoría de la utilidad marginal y precios

Con los alumnos de la UBA Económicas vemos a Carl Menger, su libro Principios de Economía Política. Comenzamos con la Introducción, escrita por F. A. von Hayek, quien dice, entre otras cosas:

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“El hecho de que William Stanley Jevons, Carl Menger y Léon Walras descubrieran casi al mismo tiempo y cada uno por su lado el principio de la utilidad límite es tan conocido que no  es necesario insistir en ello. Hoy se admite, en general, y con buenas razones, que el año 1871, en el que se publicaron la Theory of Political Economy de Jevons y los Principios de Menger, es el punto de partida de una nueva época en el desarrollo de la política económica. Jevons había expuesto ya sus ideas fundamentales nueve años antes, en un artículo (publicado en 1866) que apenas llamó la atención. Walras no inició la publicación de sus teorías hasta 1874. En todo caso, está bastante bien comprobada a mutua independencia de los trabajos de los tres fundadores.

Aunque sus propósitos centrales —es decir, aquella parte de sus sistemas a que mayor importancia dieron sus contemporáneos— son los mismos, el carácter general y el telón de fondo de sus trabajos son tan esencialmente diferentes que se plantea de forma inevitable la pregunta de cómo es posible que por caminos tan distintos se llegara a resultados tan parecidos.

Para comprender el transfondo intelectual de la obra de Carl Menger conviene hacer algunas observaciones sobre la situación general de la economía política en aquella época. Si bien es cierto que el cuarto de siglo que media entre la aparición de los Principles de J. St. Mill (1848) y el nacimiento de la nueva escuela fue, bajo muchos aspectos, testigo del gran triunfo de la política económica clásica en el ámbito práctico, sus fundamentos, y más en concreto su teoría del valor, fueron cada vez más discutidos. Tal vez la exposición sistemática de los Principles del propio J. St. Mill contribuyó en parte, a pesar o a causa de su autocomplaciente satisfacción por el alto grado de perfección alcanzado por la teoría del valor, a una con su posterior refutación de otros puntos importantes de esta teoría, a poner al descubierto las lagunas del sistema clásico. Fuera como fuere lo cierto es que en la mayoría de los países se multiplicaron los ataques críticos y los esfuerzos por conseguir nuevos puntos de vista.

Pero en ninguna parte se registró tan rápido y tan total ocaso de la escuela clásica de la economía política como en Alemania. Bajo los ataques de la escuela histórica, no sólo se abandonaron enteramente las teorías clásicas — que, por lo demás, nunca habían tenido profundas raíces en esta parte del mundo—, sino que toda tentativa de análisis teórico era saludada con profunda desconfianza. Esto era en parte el resultado de una serie de reflexiones metodológicas. Pero era, sobre todo, el producto de la acentuada animosidad con que el impulso reformista de los nuevos grupos, que se autodenominaban orgullosamente “escuela ética”, se oponía a las consecuencias prácticas de la escuela clásica inglesa. En Inglaterra se estancó el progreso de la teoría económica. Mientras tanto, había surgido en Alemania una segunda generación de economistas políticos históricos, que nunca había llegado a familiarizarse con el único sistema teórico bien estructurado y desarrollado y que había aprendido, además, a considerar inútiles, si no abiertamente perjudiciales, todo tipo de especulaciones teóricas.”

Mises explica cómo era la teoría del valor de los clásicos y cómo la superaron Menger, Jevons y Walras

Con los alumnos de OMMA Madrid vemos cómo Mises explica la utilidad marginal en su libro “Acción Humana”, Cap VII:

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“Veamos cuál era el pensamiento económico prevaleciente en los albores de la elaboración de la moderna teoría del valor por Carl Menger, William Stanley Jevons y León Walras. Quienquiera construir una teoría elemental del valor y los precios debe comenzar considerando la utilidad. En verdad, nada es más plausible que asumir que las cosas son valoradas según su utilidad. Pero, entonces, surge una dificultad, que presentó a los viejos economistas un problema que no pudieron resolver. Ellos observaron que aquellas cosas cuya ‘utilidad’ es mayor son menos valoradas que otras cosas de menor utilidad. El hierro es menos apreciado que el oro. Este hecho parece incompatible con una teoría del valor y los precios basada en el concepto de utilidad y valor de uso. Los economistas creyeron que tenían que abandonar dicha teoría y trataron de explicar el fenómeno del valor y los intercambios de mercado por medio de otras teorías.

Solo después pudieron los economistas descubrir que la paradoja aparente era resultado de una errónea formulación del problema en cuestión. Las valoraciones y las elecciones que resultan en tasas de intercambio en el mercado no deciden entre oro y hierro. El hombre actuante no se encuentra en una posición en la que debe elegir entre todo el oro y todo el hierro. Elige en un momento y lugar definido y bajo condiciones definidas entre una cantidad estrictamente limitada de oro y una cantidad estrictamente limitada de hierro. Su decisión de elección entre 100 onzas de oro y 100 toneladas de hierro no depende en absoluto de la decisión que tomaría si se encontrara en la muy improbable situación de elegir entre todo el oro y todo el hierro. Lo que solo cuenta para su elección real es si bajo las condiciones existentes, la satisfacción directa e indirecta que le podrían brindar 100 onzas de oro es mayor o menor que la satisfacción directa e indirecta que podría derivar de las 100 toneladas de hierro. No expresa un juicio académico o filosófico en relación el valor ‘absoluto’ del oro y del hierro; no determinar si el oro es más importante que el hierro para la humanidad; no argumenta como un autor de libros sobre la filosofía de la historia o los principios de la ética. Simplemente elige entre dos satisfacciones, cuando no puede tenerlas a ambas.”

“El juicio de valor se refiere solamente a la oferta de la que se ocupa un acto concreto de elección. Una oferta es, por definición, siempre compuesta de partes homogéneas, cada una de las cuales es capaz de rendir los mismos servicios que cualquier otra parte, y puede ser sustituida por ella. Por lo tanto, resulta inmaterial para el acto de elección elegir qué parte en particular forma parte de su objetivo. Todas las partes –unidades- de un stock disponible se consideran igualmente útiles y valorables si surgiera el problema de entregar una de ellas. Si la oferta se redujera por la pérdida de una unidad, el hombre actuante debe decidir de nuevo cómo utilizar las distintas unidades que quedan. Es obvio que ese menor stock no puede brindar los mismos servicios que el stock mayor. Aquel empleo de las distintas unidades que bajo esta nueva circunstancia ya no puede obtenerse, fue, en la visión del hombre actuante, el empleo menos urgente entre todos aquellos que podría haber asignado a las distintas unidades con el stock mayor. La satisfacción que derivaba del uso de una unidad en su empleo era la menor de las satisfacciones que las unidades del stock mayor le habían dado. Es solamente sobre el valor de esta satisfacción marginal que tiene que decidir si surge la necesidad de renunciar a una unidad del stock total. Enfrentado con el problema del valor asignado a una unidad de una oferta homogénea, el hombre decide sobre la base del valor del uso o empleo menos importante de toda la oferta; decide en base a la utilidad marginal.”

“Si el hombre se enfrenta a la alternativa de renunciar a una unidad de su oferta de a, o una unidad de su oferta de b, no compara el valor total de su stock total de a con el valor total de su stock de b. Compara las valoraciones marginales de a y de b. Aunque pueda valorar la oferta total de a, más alto que la oferta total de b, el valor marginal de b puede ser mayor que el valor marginal de a.”

Mises explica cómo valoramos, la utilidad marginal, y un dilema que los clásicos no pudieron resolver

Con los alumnos de OMMA Madrid vemos cómo Mises explica la utilidad marginal en su libro “Acción Humana”, Cap VII:

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“Veamos cuál era el pensamiento económico prevaleciente en los albores de la elaboración de la moderna teoría del valor por Carl Menger, William Stanley Jevons y León Walras. Quienquiera construir una teoría elemental del valor y los precios debe comenzar considerando la utilidad. En verdad, nada es más plausible que asumir que las cosas son valoradas según su utilidad. Pero, entonces, surge una dificultad, que presentí a los viejos economistas un problema que no pudieron resolver. Ellos observaron que aquellas cosas cuya ‘utilidad’ es mayor son menos valoradas que otras cosas de menor utilidad. El hierro es menos apreciado que el oro. Este hecho parece incompatible con una teoría del valor y los precios basada en el concepto de utilidad y valor de uso. Los economistas creyeron que tenían que abandonar dicha teoría y trataron de explicar el fenómeno del valor y los intercambios de mercado por medio de otras teorías.

Solo después pudieron los economistas descubrir que la paradoja aparente era resultado de una errónea formulación del problema en cuestión. Las valoraciones y las elecciones que resultan en tasas de intercambio en el mercado no deciden entre oro y hierro. El hombre actuante no se encuentra en una posición en la que debe elegir entre todo el oro y todo el hierro. Elige en un momento y lugar definido y bajo condiciones definidas entre una cantidad estrictamente limitada de oro y una cantidad estrictamente limitada de hierro. Su decisión de elección entre 100 onzas de oro y 100 toneladas de hierro no depende en absoluto de la decisión que tomaría si se encontrara en la muy improbable situación de elegir entre todo el oro y todo el hierro. Lo que solo cuenta para su elección real es si bajo las condiciones existentes, la satisfacción directa e indirecta que le podrían brindar 100 onzas de oro es mayor o menor que la satisfacción directa e indirecta que podría derivar de las 100 toneladas de hierro. No expresa un juicio académico o filosófico en relación el valor ‘absoluto’ del oro y del hierro; no determinar si el oro es más importante que el hierro para la humanidad; no argumenta como un autor de libros sobre la filosofía de la historia o los principios de la ética. Simplemente elige entre dos satisfacciones, cuando no puede tenerlas a ambas.”

“El juicio de valor se refiere solamente a la oferta de la que se ocupa un acto concreto de elección. Una oferta es, por definición, siempre compuesta de partes homogéneas, cada una de las cuales es capaz de rendir los mismos servicios que cualquier otra parte, y puede ser sustituida por ella. Por lo tanto, resulta inmaterial para el acto de elección elegir qué parte en particular forma parte de su objetivo. Todas las partes –unidades- de un stock disponible se consideran igualmente útiles y valorables si surgiera el problema de entregar una de ellas. Si la oferta se redujera por la pérdida de una unidad, el hombre actuante debe decidir de nuevo cómo utilizar las distintas unidades que quedan. Es obvio que ese menor stock no puede brindar los mismos servicios que el stock mayor. Aquel empleo de las distintas unidades que bajo esta nueva circunstancia ya no puede obtenerse, fue, en la visión del hombre actuante, el empleo menos urgente entre todos aquellos que podría haber asignado a las distintas unidades con el stock mayor. La satisfacción que derivaba del uso de una unidad en su empleo era la menor de las satisfacciones que las unidades del stock mayor le habían dado. Es solamente sobre el valor de esta satisfacción marginal que tiene que decidir si surge la necesidad de renunciar a una unidad del stock total. Enfrentado con el problema del valor asignado a una unidad de una oferta homogénea, el hombre decide sobre la base del valor del uso o empleo menos importante de toda la oferta; decide en base a la utilidad marginal.”

“Si el hombre se enfrenta a la alternativa de renunciar a una unidad de su oferta de a, o una unidad de su oferta de b, no compara el valor total de su stock total de a con el valor total de su stock de b. Compara las valoraciones marginales de a y de b. Aunque pueda valorar la oferta total de a, más alto que la oferta total de b, el valor marginal de b puede ser mayor que el valor marginal de a.”

Mises explica el concepto de “marginal”, clave para entender cómo actuamos, elegimos y valoramos

Con los alumnos de OMMA Madrid vemos cómo Mises explica la utilidad marginal en su libro “Acción Humana”, Cap VII:

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“Veamos cuál era el pensamiento económico prevaleciente en los albores de la elaboración de la moderna teoría del valor por Carl Menger, William Stanley Jevons y León Walras. Quienquiera construir una teoría elemental del valor y los precios debe comenzar considerando la utilidad. En verdad, nada es más plausible que asumir que las cosas son valoradas según su utilidad. Pero, entonces, surge una dificultad, que presentí a los viejos economistas un problema que no pudieron resolver. Ellos observaron que aquellas cosas cuya ‘utilidad’ es mayor son menos valoradas que otras cosas de menor utilidad. El hierro es menos apreciado que el oro. Este hecho parece incompatible con una teoría del valor y los precios basada en el concepto de utilidad y valor de uso. Los economistas creyeron que tenían que abandonar dicha teoría y trataron de explicar el fenómeno del valor y los intercambios de mercado por medio de otras teorías.

Solo después pudieron los economistas descubrir que la paradoja aparente era resultado de una errónea formulación del problema en cuestión. Las valoraciones y las elecciones que resultan en tasas de intercambio en el mercado no deciden entre oro y hierro. El hombre actuante no se encuentra en una posición en la que debe elegir entre todo el oro y todo el hierro. Elige en un momento y lugar definido y bajo condiciones definidas entre una cantidad estrictamente limitada de oro y una cantidad estrictamente limitada de hierro. Su decisión de elección entre 100 onzas de oro y 100 toneladas de hierro no depende en absoluto de la decisión que tomaría si se encontrara en la muy improbable situación de elegir entre todo el oro y todo el hierro. Lo que solo cuenta para su elección real es si bajo las condiciones existentes, la satisfacción directa e indirecta que le podrían brindar 100 onzas de oro es mayor o menor que la satisfacción directa e indirecta que podría derivar de las 100 toneladas de hierro. No expresa un juicio académico o filosófico en relación el valor ‘absoluto’ del oro y del hierro; no determinar si el oro es más importante que el hierro para la humanidad; no argumenta como un autor de libros sobre la filosofía de la historia o los principios de la ética. Simplemente elige entre dos satisfacciones, cuando no puede tenerlas a ambas.”

“El juicio de valor se refiere solamente a la oferta de la que se ocupa un acto concreto de elección. Una oferta es, por definición, siempre compuesta de partes homogéneas, cada una de las cuales es capaz de rendir los mismos servicios que cualquier otra parte, y puede ser sustituida por ella. Por lo tanto, resulta inmaterial para el acto de elección elegir qué parte en particular forma parte de su objetivo. Todas las partes –unidades- de un stock disponible se consideran igualmente útiles y valorables si surgiera el problema de entregar una de ellas. Si la oferta se redujera por la pérdida de una unidad, el hombre actuante debe decidir de nuevo cómo utilizar las distintas unidades que quedan. Es obvio que ese menor stock no puede brindar los mismos servicios que el stock mayor. Aquel empleo de las distintas unidades que bajo esta nueva circunstancia ya no puede obtenerse, fue, en la visión del hombre actuante, el empleo menos urgente entre todos aquellos que podría haber asignado a las distintas unidades con el stock mayor. La satisfacción que derivaba del uso de una unidad en su empleo era la menor de las satisfacciones que las unidades del stock mayor le habían dado. Es solamente sobre el valor de esta satisfacción marginal que tiene que decidir si surge la necesidad de renunciar a una unidad del stock total. Enfrentado con el problema del valor asignado a una unidad de una oferta homogénea, el hombre decide sobre la base del valor del uso o empleo menos importante de toda la oferta; decide en base a la utilidad marginal.”

“Si el hombre se enfrenta a la alternativa de renunciar a una unidad de su oferta de a, o una unidad de su oferta de b, no compara el valor total de su stock total de a con el valor total de su stock de b. Compara las valoraciones marginales de a y de b. Aunque pueda valorar la oferta total de a, más alto que la oferta total de b, el valor marginal de b puede ser mayor que el valor marginal de a.”

Preguntas sobre la acción humana, la subjetividad del valor y la utilidad marginal (V)

Los alumnos de Microeconomía en Madrid leen partes de “La Acción Humana” de Ludwig von Mises y plantean preguntas al autor que trataré de contestar aunque no lo sea:

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¿Actúa el hombre únicamente guiado por la escasez? ¿Acaso no es posible sustituir un estado de cosas poco satisfactorio por otro más satisfactorio, al margen de que exista escasez o no?

Si no hubiera escasez no tendría que actuar, ya “estaría” en ese otro estado más satisfactorio, o su tránsito sería automático.

¿Sería acertado decir que con el transcurso del tiempo van desapareciendo los bienes libres y que en el futuro todos los bienes serán económicos?

Con algunos puede suceder eso. Por ejemplo, puede comenzar a escasear el aire limpio, y llegar entonces a tener un valor. Pero también pueden surgir otros bienes libres. Por ejemplo, en el lenguaje surgen palabras nuevas que todos usamos gratuitamente.

¿Si el valor depende del sujeto, como se sabe en la práctica cual es el valor que debería tener un bien?

No se sabe. Lo que existirá es un precio, como fruto de las distintas valoraciones individuales.

Otras obras suyas (libros, artículos, conferencias) ¿me ayudarían a entender su punto de vista sobre las materias tratadas en La Acción Humana?

Recomiendo las lecturas sugeridas en el programa, los libros de Menger y Böhm-Bawerk.

De todos los conceptos expuestos ¿cuáles cree que permanecen vigentes a día de hoy?

En general todos ellos, son la base de la economía. El tema es que son tan fundamentales que muchos textos de economía los pasan por alto y comienzan desde la formación de los precios. Pero lo que Mises muestra es que hay cantidad de temas “filosóficos” en el análisis de estos fundamentos. Y cuando no se forma una base bien sólida, luego hay problemas para acertar el camino correcto más adelante.

El mundo evidentemente ha cambiado desde la redacción y publicación de este texto. ¿Hablaría el autor en estos momentos de cosas superfluas, en abundancia?

El mundo ha cambiado pero las leyes económicas son las mismas, en el Imperio Romano y en Corea del Norte.

Según von Mises, el valor de los bienes de primer orden determina el valor de los órdenes de mayor orden, pero ¿es esto realmente así? Es decir, si una autoridad de manera arbitraria fija el valor de un bien eso afecta a todos los otros bienes con los que se relaciona, ¿no? ¿Hay alguna situación que en la que el autor vería adecuada esa arbitrariedad?

El autor no vería adecuada esa arbitrariedad, por supuesto. Es porque valoramos fumar que tiene valor la planta de tabaco. Si mañana dejáramos de fumar y la planta no tuviera otro uso, se convertiría en una maleza. Y las máquinas para cosechar tabaco, si no pueden convertirse para otro cultivo, también perderían su valor. ¿Y el trabajo? El trabajo es un servicio que se utiliza en la producción de todo producto. El trabajo en el tabaco perdería valor, pero no en todos los otros usos del tabaco. El trabajador del tabaco usaría su trabajo, por ejemplo, en la cosecha de otro producto.

¿Por qué cree Ud. que el término praxeología tiene un uso tan restringido?

Porque no “prendió” entre los economistas y en las ciencias sociales.

¿Qué consejo nos daría para surcar el mar de temas tan complejos como: fines, medios, valor, necesidades, intercambio, acciones, bienes, servicios, órdenes, ganancia, pérdida, etc.?

Leer y pensar. Preguntar. Conversar con profesores y otros alumnos. Y volver a leer.

¿Cómo puedo aplicar la Ley de Utilidad Marginal en el día a día? – algunos ejemplos por favor.!

¿Valoraste la clase? ¿Valorarías igual que la repita? ¿Y que la dicte por tercera vez? ¿Cuarta?

Te tomas un café por la mañana. Es una gran satisfacción. ¿Otro? ¿Un tercero?

La utilidad marginal está detrás de todas tus acciones diarias.

Parece que en el artículo toda acción está basada en la utilización de unos medios para la consecución de un objetivo , la aplicación de la lógica al extremo, sin embargo hay muchas decisiones que se toma por intuición, capricho o sin lógica alguna, como responde el autor a tales cuestiones?

Mises no dice que todas nuestras acciones sean “razonadas” y “meditadas”. Como sea que lleguemos a ellas, las realizamos porque por alguna razón (tal vez por intuición o capricho), creemos que es el objetivo a alcanzar.

¿Porque la praxeologia rechaza el estudio de la ciencia?

No rechaza la ciencia como tal sino que se trata de utilizar otras ciencias para comprender las consecuencias de la acción humana. Tal vez la química nos pueda explicar por qué nuestro cerebro elige ciertos fines, pero es la praxeología la que nos explicará las consecuencias de nuestro accionar.

Teniendo en cuenta los resultados de estudios de la acción humana, ¿Podrías establecer unas pautas éticamente correctas de comportamiento?

Voy a arriesgar ciertas conclusiones “éticas” del análisis de la acción humana.

Si las valoraciones son individuales, y subjetivas. No hay un estándar objetivo de valor. Entonces se desprendería de eso una presunción en favor de la libertad, de forma tal que cada persona pueda buscar alcanzar los fines que “subjetivamente” desea alcanzar y no los que los demás queramos imponerle. ¿Y hasta dónde llega esa libertad? En una isla solitaria llega hasta los límites que impone la naturaleza: no puedo volar o saltar de una isla a otra. En una sociedad, además de los límites naturales existen límites sociales: mi libertad tiene que compatibilizarse con las mismas libertades de los demás.

Teniendo en cuenta los resultados de estudios de la acción humana, ¿Son previsibles dichas acciones en el futuro?

Podemos predecir que las personas perseguirán los fines que estimen más valiosos, pero será muy difícil predecir cuáles estos van a ser. Quienes lo hacen mejor…., son los emprendedores, que luego son recompensados con el éxito.

Preguntas sobre la acción humana, la subjetividad del valor y la utilidad marginal (IV)

Los alumnos de Microeconomía en Madrid leen partes de “La Acción Humana” de Ludwig von Mises y plantean preguntas al autor que trataré de contestar aunque no lo sea:

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¿Por qué incide tanto en el concepto de subjetividad?

Porque es un hecho real que no tenemos todos las mismas valoraciones, y que incluso nuestras valoraciones cambian con el tiempo o con el momento. Ahora tengo hambre, y tú estás aburrido. Como algo y el hambre se me va, pero entonces estoy aburrido como tú. Pero tú ahora estás viendo Real Madrid-Barca y tu preocupación ya no es el aburrimiento sino el resultado….

¿Hay fines dentro de fines?

Si los hay, son medios, aunque en otras circunstancias hayan sido fines. Es decir, no hay medios y fines “objetivos”, todo depende de la valoración que les doy en el momento.

¿Qué ocurre cuando los hombres actuamos movidos por el puro altruismo? ¿También valen todos estos planteamientos para las acciones de altruismo? ¿Piensa el autor que el altruismo es también ambición e interés propio? ¿Los planteamientos de Mises quieren decir que el hombre es egoísta por naturaleza?

Correcto. Desde esta perspectiva, el ser humano persigue su interés personal, tanto sea Mises como la Madre Teresa. En este sentido, ambos son “egoístas”, aunque aquí la definición no sirve para el contexto ético. En tal sentido, decimos que la Madre Teresa es altruista porque “su interés personal” es servir a los demás; y un egoísta sería quien sólo busca servirse a sí mismo.

¿Quiere decir todo esto que el hombre vive de forma continua en una permanente insatisfacción?

Porque nuestras necesidades parecen ilimitadas. Tenemos como una vocación de progreso. Obtuvimos algo, pero sabemos que se puede mejorar. Tenemos la vacuna contra la polio. ¿Queremos una vacuna contra el cáncer? Ahora que resolvimos el primer problema nos queda el siguiente, y tal vez esto no acabe nunca. Pero esa vocación es la que explica el progreso de la humanidad.

Normalmente no paramos de actuar hasta el día de nuestra muerte… Esta insatisfacción ¿nos hace infelices por naturaleza? O ¿es precisamente al revés?, ¿es la acción continua y la búsqueda y puesta en marcha de proyectos, con el fin de satisfacer nuestras necesidades, que requieren acción continua es lo que nos hace encontrar un sentido a la vida?

Esto ya es de sicología, pero bien interesante. ¿Qué puedo decir? Veo gente que es feliz produciendo, trabajando, y que eso incluso los mantiene vivos. ¿Necesita Mick Jagger seguir haciendo conciertos por todo el mundo? Otros, tal vez, odian producir y trabajar, pero en todo caso tienen otros fines, otras necesidades: quisieran estar todo el día sentados debajo de una palmera. Pero, en tal caso, tienen que resolver esa necesidad.

¿Por qué no se estudia economía en la universidades desde la óptica de la acción humana y que tendría que cambiar para que así fuera?

Se estudia también la acción humana pero desde una perspectiva diferente. La del individuo maximizador de utilidad, en particular monetaria, con otros modelos que, desde nuestra perspectiva, no son lo suficientemente completos para describir la acción humana y sus consecuencias. Se termina dándole más importancia al modelo matemático en sí que a las acciones de personas con conocimiento limitado.

¿Por qué no ha cuajado el concepto de praxeología?

En fin, los economistas han preferido continuar con “economía” y luego se han desarrollado áreas como el “análisis económico del derecho” (law & economics), el “análisis económico de la política” (public choice) o el “análisis económico de la conducta” (behavioral economics) que, en verdad, serían parte del contenido de la praxeología.

El valor que le damos a un bien ¿no depende también de la escasez del mismo, en vez de nuestra necesidades?

Por supuesto, la ley de utilidad marginal se basa tanto en la utilidad como en la escasez.

¿En todos los casos la utilidad marginal es la que determina el valor de los bienes económicos?

Correcto

¿Cómo puede medir el actor los distintos grados de escasez de los bienes económicos?

A través de los precios. Un precio más alto le indica un mayor grado de escasez.

¿Cuál sería la utilidad marginal del tiempo para el actor?

Cuando Bill Gates decide dejar Microsoft para dedicarse a una fundación que combate la malaria en África está mostrando en acción la utilidad marginal del tiempo. Su tiempo es escaso, y lo que le va quedando vale más, y es una escasez irremediable. Tiene que decidir si se queda y gana unos millones de dólares más o si hace otra cosa que le retribuya más, tiene que “economizar” su tiempo.

¿Por qué afirma que la ley de utilidad marginal no guarda relación con la psicología?

Porque explica la acción humana al margen de porqué la gente persigue ciertos fines y no otros. Es decir, sea la razón que sea por la que perseguimos ciertos fines, lo cierto es que asignaremos medios escasos a los fines más valorados.

¿Cómo es posible que los economistas clásicos no intentarán resolver la paradoja del valor no solo desde el concepto de la utilidad, sino también manejando el concepto de disponibilidad/escasez?

Todos lo intentaron. Los clásicos incluso creyeron que la habían resuelto al explicar el valor por el costo de producción o el trabajo. Pero luego, había cosas que esta teoría no lograba explicar, se hacía evidente la necesidad de otra teoría.

 

Respuesta al comentario sobre utilidad marginal decreciente

Lo pongo como nueva entrada, por alguna razón no puedo ponerlo como comentario de respuesta al de Raúl Torres:

Gracias por el comentario Raúl. Fijate que estos casos los trata Murray Rothbard en su libro “Man, Economy and State”.
En cuanto a los primeros ejemplos, es como dices, los bienes no son sustitutos perfectos, un adorno es distinto a otro pese a que ambos sean de oro. Lo que está valorando en ese caso es el “adorno”, es decir, la forma en la que el metal fue tratado, o tal vez quién se lo regaló, o cuando lo compró, dónde, etc.
El Don Juan no valora las mujeres sino la estadística. 101 no es lo mismo que 100, es un bien distinto y que tiene una valoración superior.
La ley sigue vigente.
Saludos

Preguntas sobre la acción humana, la subjetividad del valor y la utilidad marginal (III)

Los alumnos de Microeconomía en Madrid leen partes de “La Acción Humana” de Ludwig von Mises y plantean preguntas al autor que trataré de contestar aunque no lo sea:

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¿Por qué al oro, por ejemplo, se les da tanto valor cuando no satisface ninguna necesidad, no aumenta el bienestar del actor, ni suprime incomodidad alguna? ¿Valoramos al oro porque sabemos que otros lo valoran a su vez?

Exacto, lo valoramos como un medio de intercambio, porque sabemos que será generalmente aceptado por los demás, lo cual lo convierte en un gran medio de intercambio, que nos da un muy importante servicio. Es decir, satisface la necesidad de contar con un medio de intercambio eficiente.

¿Aumenta el valor marginal de un determinado bien o medio a medida que baja su stock? Me parece que la teoría de la utilidad marginal gira en torno a la escasez o la abundancia, ¿es cierto esto?

Correcto. Veamos el ejemplo del agua desde el lado del oferente. Tengo ocho vasos de agua. Si voy a entregar uno, habrá un potencial uso de ese vaso que estaré sacrificando. La utilidad del siguiente vaso que pueda entregar ya es mayor, está destinado a satisfacer una necesidad más importante. Entonces: aumenta la escasez, aumenta la utilidad de las unidades que me quedan; se reduce la escasez, baja la utilidad de las unidades que ahora tengo.

¿Pudiera ser que el medio a veces suponga más satisfacción que el fin, pasando en ese caso el medio a ser un fin y el fin una excusa?

Claro, un medio puede pasar a ser un fin. Leo libros de economía porque quiero aprender esta disciplina. El libro es un medio, el fin es aprender economía. Pero, tal vez, en algún punto, simplemente disfruto leyendo libros de economía. Esto se ha convertido en un fin para mí.

¿Puede la praxeología asumir una conducta considerada como corrupta desde el punto de vista ético como idónea si con ello se logra el fin perseguido?

Nuevamente, la ética es otra área. Podemos en ella debatir acerca de los fines apropiados o no. De hecho, nos pasamos buena parte del tiempo opinando si las acciones de otros fueron “buenas” o “malas” y allí estamos en el campo de la ética. En el de la economía, simplemente consideraremos las consecuencias de esas acciones.

Desde el punto de vista de la acción ¿Qué considera el autor como realidad objetiva? ¿Toda acción objetiva, al ser asumida por el individuo deja de ser objetiva y se transforma en subjetiva? ¿Es objetiva hasta que es objeto de observación por el individuo?

La realidad es “objetiva” para el que actúa (hay otra discusión filosófica acerca de la realidad y los sentidos, por ejemplo, como en la película Matrix). La realidad objetiva es que siento hambre, y valoro “subjetivamente” que una tortilla es la mejor forma de aplacarla. En este sentido, “objetivo” es lo que el individuo entiende como necesidad. Alguien puede decir: “necesito un coche”. Otro puede decirle…, pero ya tienes dos. “Objetivamente, no te hace falta”. Pero lo que es “objetivo” para nosotros es que esa persona entiende que esa necesidad existe.

¿Por qué es impensable una ley de utilidad creciente?

Es “ilógica” en este sentido. Estoy en el desierto y llego al oasis. Me ofrecen un vaso de agua: si lo uso para calmar mi sed es que esa era la necesidad más valorada. ¿Y qué pasa si lo uso para regar las plantas? Pues, por definición, ésa era la necesidad más valorada: tenía un solo vaso y lo destiné a ese fin. Pero, en realidad, valoraba más calmar su sed, alguien podría decir. Pues no, en tal caso se lo hubiera bebido. Y el segundo uso por definición es menos valorado, de otra forma hubiera usado el primer vaso con ese destino.

¿Por qué se confunden la utilidad marginal y la ley de Weber-Fechner quienes sólo ponderan los medios idóneos para alcanzar cierta satisfacción?

Es que esa ley establecía una relación proporcional entre “medios y fines”, que Mises niega en el caso de la utilidad marginal con ese ejemplo sobre el aumento de la temperatura.

¿Por qué la utilidad total y valor total carece de sentido, existen mercados totales? ¿Podrían ser estos de bienes únicos (ejemplo obra Miguel Ángel?

Porque como la utilidad no puede medirse, es “ordinal” no “cardinal”, entonces no puede sumarse para el conjunto del mercado. Veremos el ejemplo de Miguel Ángel cuando veamos el concepto de “bienes sustitutos”. Una obra de Miguel Ángel es una pieza única, y podemos pensar en un mercado donde hay un solo bien ofrecido y muchos demandantes. Eso es correcto. En algún punto también hay “sustitutos”. ¿A qué precio estarías dispuesto a cambiar La Gioconda por el Guernica por ejemplo?

¿Diferencias entre praxeología y economía? (concepto para mi muy parecido)

Praxeología sería la ciencia de la acción humana, economía aquella parte que analiza las acciones en un entorno de escasez donde surgen los intercambios y el mercado.

¿Los bienes libres, tienen valor económico, o por su abundancia son gratuitos (ej: aire)?.

Como no son escasos no tienen valor económico.

Tanto el costo como el valor, es muy subjetivo y diferente a cada individuo, con lo cual, ¿cómo podemos definir adecuadamente cada valor a una población?

No podemos, pero el precio, que resulta de la interacción de las valoraciones de demandantes y oferentes, nos da una idea de las valoraciones de unos y otros.

¿Quién le influyó anteriormente para llegar a estas conclusiones?

Menger y Böhm-Bawerk y von Wieser. Ellos fueron sus maestros y quienes desarrollaron la teoría de la utilidad marginal

 

Preguntas sobre la acción humana, la subjetividad del valor y la utilidad marginal (II)

Los alumnos de Microeconomía en Madrid leen partes de “La Acción Humana” de Ludwig von Mises y plantean preguntas al autor que trataré de contestar aunque no lo sea:

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Aunque la economía no estudie las motivaciones de la acción humana en cuanto a medios y fines, ¿cuál es en su opinión el principal atributo psicológico de las personas que influye en su comportamiento económico?

La economía clásica ha señalado que es la búsqueda del interés personal.

Similarmente, si la economía no enjuicia la acción humana sino que la toma tal cual es, ¿cuáles son las principales relaciones entre la economía y el derecho? ¿Cuál de estas especialidades influye más sobre la otra?

El derecho es la disciplina que estudia el conjunto de normas dentro de las cuales actúa el ser humano en sociedad. Es decir, quiere pasar de una situación menos deseable a otra más deseable, pero lo hace dentro de ciertas normas sociales. No aparece todavía en Mises porque está analizando la acción humana aislada, como si fuera Robinson Crusoe sólo en la isla. Pero luego hay que pasar a estudiar la acción en sociedad, que implica intercambios según ciertas normas, principalmente la del derecho de propiedad.

¿Existen los medios y los fines colectivos (o sociales) o simplemente los individuales? ¿Por qué?

Uno puede hablar de la “misión de la empresa”, por ejemplo, como un fin “colectivo” pero también saben que una empresa se esfuerza para que sus miembros adopten ese fin como un fin propio, individual. Solamente será un verdadero fin colectivo si forma parte del fin de los individuos que componen la organización. Como saben, éste es un gran tema en las empresas: uno o unos “individuos” definen una misión pero luego tienen que lograr que los otros “individuos” la hagan propia.

La acción está dirigida a un fin, y la acción es siempre individual, aunque esté coordinada con otros. No hay acción colectiva sin acción individual de los miembros de ese colectivo.

¿Existe alguna excepción en la que los bienes de orden superior determinen el valor de los bienes de orden inferior?

No parece. Puede ser que un bien de orden superior sea muy escaso y que esto parezca determinar el precio, pero siempre las valoraciones de los consumidores tienen que ser suficientemente altas como para pagarlo. Y son éstas, entonces, las que en definitiva le dan el valor.

¿Cómo es posible que el mercado sea capaz de coordinarse de manera que el distinto valor de los infinitos bienes de primer orden determine a donde se deben destinar los bienes de orden superior?

Es lo que explica “Yo, lápiz”. La famosa “mano invisible”, el sistema de precios, que va generando información e incentivos para actuar y para coordinar las acciones de todos de la mejor forma posible. En definitiva, explicar eso es todo el contenido de esta materia.

¿No cabría esperar alguna irracionalidad en la acción humana a la hora de utilizar los medios disponibles para lograr sus fines?

Por supuesto, depende de la definición de racionalidad. Aquel que sale a bailar una danza para que llueva es “racional” en el sentido que actúa de forma tal que vincula un fin determinado (lluvia) con un medio (danza). Pero nosotros, mirando de afuera, sabemos que está equivocado en relación a ese vínculo entre medio y fin. Todo el avance de la humanidad ha sido, precisamente, discutir esa relación entre medio y fin. Actuamos “racionalmente” pero muchas veces equivocamos la relación entre medio y fin.

¿A qué se refiere con la cantidad y calidad y su relación indirecta con la acción?

Hay una relación directa entre un medio y un fin, indirecta entre las cantidades y calidades de los medios y los fines. El texto dice: “Cantidad y calidad son categorías del mundo exterior. Sólo indirectamente adquieren importancia y significado para la acción”. Quiere decir que “cantidad y calidad” existen allí afuera, pero que son importantes en tanto y en cuanto nuestra subjetividad las valora.

¿ Es obligatorio resolver de forma afirmativa para obtener la plena satisfacción aunque ello suponga ir en contra de normas ética catalogadas de correctas?

No claro, la ética es importante, pero es parte de otra disciplina. Mises afirma que el ser humano actúa para alcanzar cierto fin, pero puede ser cualquier fin. La Madre Teresa también actuaba para alcanzar ciertos fines, aunque fuera el bienestar de otros lo que le daba “utilidad”.

Se menciona la diferenciación entre utilidad marginal y la ley de Weber-Fechner y que esta viene dada por la ponderación de medios para alcanzar la satisfacción en vez de la propia satisfacción ¿Pudiera ser que se encuentren en esos medios la satisfacción actuando como un fin en sí mismo?

Un medio puede convertirse en un fin. Trabajo porque quiero obtener ciertos bienes y servicios, pero también puede ser que me guste trabajar. En cuanto a la ley Weber-Fechner, vale aclarar que se trata de otro Weber, ya que Mises luego comenta a Max Weber. Esto dice Wikipedia:

“La ley psicofísica de Weber-Fechner establece una relación cuantitativa entre la magnitud de un estímulo físico y cómo éste es percibido. Fue propuesta en primer lugar por Ernst Heinrich Weber (1795-1878), y elaborada hasta su forma actual por Gustav Theodor Fechner (1801-1887). Ernst Heinrich Weber estableció su ley de la sensación (o Ley de Weber) en la que formulaba la relación matemática que existía entre la intensidad de un estímulo y la sensación producida por éste. Estos y otros descubrimientos llevaron a la convicción de que todos los actos humanos se podían explicar mediante principios físico-químicos, lo que permitió considerar a la psicología, y más particularmente a la psicofísica, como probables ciencias incipientes. La ley de Weber-Fechner puede también enunciarse así: Si un estímulo crece en progresión geométrica, la percepción evolucionará en progresión aritmética.”