Cap. 1: Individualismo metodológico, subjetividad del valor, órdenes espontáneos o construidos.

Con los alumnos de Omma Madrid, vemos el Capítulo 1 de “El Foro y el Bazar” que introduce, en forma breve, las contribuciones fundamentales de la economía para entender el accionar de las personas en sociedad: individualismo metodológico, subjetividad del valor y órdenes espontáneos. Acá, respecto a este último tema:

Los fenómenos sociales son complejos. Algunos los llaman sistemas, aunque tal vez sea preferible utilizar la palabra orden. Los hay de dos tipos: construidos y espontáneos. Toda sociedad es un orden, ya que, si no lo fuera, la supervivencia sería imposible, pues dependemos de los demás para satisfacer la mayoría de nuestras necesidades. Un orden permite coordinar las acciones de los individuos, cada uno de los cuales persigue intereses propios, y será un orden superior en tanto permita un mayor grado de coordinación de estas acciones.

El orden creado o construido, al que Hayek pone el nombre de taxis (Hayek 2006, p. 60), sería un orden dirigido, como una organización, aunque se debe tener en cuenta que incluso toda organización tienen algún componente de espontaneidad. La empresa creada por un emprendedor puede responder a su diseño inicialmente, pero luego quien la conduce solo en términos generales decide hasta los mínimos aspectos de su conformación. Por otro lado, el orden espontáneo lleva el nombre de cosmos, resultado de la evolución.

Los órdenes construidos son relativamente simples, se limitan a la capacidad de quien los ha creado, son observables a simple vista y persiguen los fines de quien los crea. Los espontáneos, por el contrario, pueden ser mucho más complejos, no se observan fácilmente y tampoco tienen un objetivo en particular, por más que sean útiles. Pensemos en el lenguaje, por ejemplo. Los idiomas que conocemos actualmente son resultado de largos procesos evolutivos, de extrema utilidad para comunicarnos y para coordinar nuestros planes, y al mismo tiempo complejos y sutiles, mucho más que los intentos de idiomas creados como el esperanto. Se van modificando, además, a medida que se utilizan, y a pesar de alguna que otra autoridad que quisiera tener un control mayor, pero termina a la zaga del lenguaje que realmente utiliza la gente. Muchos idiomas no tienen una “academia” —sí el español—, pero de todas formas la evolución de este idioma depende más de las palabras que usa y deja de usar la gente que de las definiciones de la Real Academia de la Lengua. El orden social es extremadamente complejo, porque cada uno de los participantes tiene movimiento propio .

La complejidad de un orden está determinada por la cantidad de elementos que lo componen, las relaciones que estos tienen entre sí, y la regularidad de los mismos. Solamente cuando se trata de pocos elementos, con limitadas relaciones y una alta regularidad, podremos hacer alguna predicción con alguna certeza de que se cumplirá. Cuando los elementos son muchos y la regularidad alta, podremos tener también algún grado de certeza, pero solamente para predecir ciertas tendencias, no un resultado específico. Cuando los elementos son muchos y la regularidad baja, esa capacidad de predicción es prácticamente inexistente. Esas regularidades serán las que estudiaremos aquí.

Los órdenes espontáneos funcionan incluso cuando las reglas que permiten su funcionamiento no son conocidas. El ejemplo más importante de orden espontáneo en economía es la metáfora de Smith sobre la mano invisible, para describir el funcionamiento de los mercados y el sistema de precios. Gran parte de los que participan en los mercados desconocen las conclusiones de la ley de la demanda o la ley de la oferta, de la utilidad marginal, no obstante lo cual participan intensamente en el mercado y mediante el mismo coordinan sus acciones con las de los demás, trátese bien de otros productores o bien de consumidores.

Este gran orden espontáneo que es el mercado desafía con frecuencia la capacidad de comprensión de muchos que presienten alguna “mano visible” dictando los destinos de cierto mercado o de toda una economía. Pero eso no es posible. Sí lo es, sobre todo para el que cuenta con el poder público, distorsionar el funcionamiento del orden espontáneo con normas que traban o impiden su normal desempeño, o lo desvían a un punto distinto de aquel al que los demás hubieran preferido alcanzar.

Hay ciertas normas, resultado de procesos evolutivos, que permiten una mayor y mejor coordinación de las acciones individuales y con las que, por lo tanto, se obtienen mejores resultados en la satisfacción de las necesidades humanas. Permiten acercarse al “equilibrio” como un resultado final en el que todas las acciones han sido coordinadas.

3 pensamientos en “Cap. 1: Individualismo metodológico, subjetividad del valor, órdenes espontáneos o construidos.

  1. Resumen:

    El autor expone la idea de que el libre mercado necesita minimizar los costos de hacer contratos, los cuales requieren de acciones tales como valorar la mercancía, pero también valorar los riesgos y sobretodo, tener claros los derechos de propiedad sobre lo negociado. En un mundo ideal, una tercera parte evaluaría el cumplimiento de los contratos y otorgaría compensaciones a la parte afectada. En el mundo occidental, la evolución del sistema judicial a un sistema relativamente imparcial, ha supuesto un avance importante en esta materia. La ideología es también causa de los costos de establecer contratos, pues está relacionada directamente con la confianza en el sistema. En el mundo actual con cadenas de producción muy largas, es más difícil medir los costos aislados de cada insumo. Para ls prosperidad del país, no sólo es necesaria la privatización, si no también la adopción de estructural informales.
    Temas novedosos:

    La inclusión de la ideología, es decir, de la forma de ver el mundo y de interactuar con él como un factor más del proceso productivo y corresponsable del éxito o fracaso de las instituciones es un tema novedoso en cuanto que se aleja de una perspectiva mecánica de la economía. Es decir, no todo viene dado por las instituciones, sino que hay una dependencia con el sustrato social, que rige cosas inmedibles como códigos de honor o la credibilidad del sistema. Resulta interesante explorar esta opción, pues la ideología está estrechamente relacionada con la cultura, de forma que este argumento daría fuerza a la tesis de las diferencias culturales como origen de las desigualdades entre naciones. La ideología es capaz de moldear nuestras relaciones laborales, un buen ejemplo de ello es Japón, donde su idiosincrasia les obliga a guardar las apariencias hasta extremos de quedarse durmiendo en la oficina.

    Pregunta para el autor:

    ¿Cómo moldea la ideología las relaciones entre el contribuyente y el estado?

  2. Martin Krause nos presenta en la introducción y primer capítulo de su libro “El Foro y El Bazar” los que son los elementos básicos del mercado y nos prepara para el desarrollo posterior de la “Economía Política” y el papel que las políticas de los diferentes gobiernos juegan en nuestra economía.
    Los individuos hoy en día cooperamos en “sociedad” a través de los intercambios pacíficos y libres de todo tipo. Estos intercambios buscan satisfacer los intereses individuales de cada uno, pero para conseguirlo se ha de servir y satisfacer las necesidades de los individuos con los cuales realizamos los intercambios, si no fuese así estos intercambios no se producirían. El profesor Krause nos explica como dichas interacciones sociales son resultado de un proceso evolutivo (economía evolutiva), por medio de cual se han ido desarrollando las normas tanto formales como informales (instituciones) que constituyen las reglas del juego en nuestra interacción social. Instituciones como el derecho de la propiedad, así como hábitos de intercambio, … se remontan hasta los orígenes de la humanidad. Normas que fueron sustituyendo nuestros impulsos instintivos por comportamientos autocontrolados en la medida que los individuos los encontraban más beneficiosos.
    Pero ¿por qué se han extendido el mercado (los intercambios) y aumentado la riqueza general de la humanidad en los últimos siglos? La respuesta está, como Krause indica, en la división del trabajo. Esta división del trabajo, y por tanto especialización, conllevó aumentar la productividad de los que participaban en ella, por lo que los individuos obtienen excedentes individualmente y como colectivo. Pero la división del trabajo requiere inexorablemente del intercambio de dichos excedentes entre los individuos, yo produzco algo (de forma especializada y con alta productividad) y lo intercambiaré con otros individuos que lo demandan y que ha cambio me proveerán de los bienes que yo personalmente deseo. Por lo tanto, el grado de división del trabajo y especialización (y por tanto productividad y riqueza) dependerá de la extensión del mercado, sin el uno el otro no podrá darse.
    Krause se pregunta, una vez descrito el proceso de división del trabajo y de intercambio, como se producen o realizan dichos intercambios. Dicho de otra manera, ¿Cómo se valoran los bienes y servicios que se intercambian en el mercado? La respuesta teórica, que no práctica ya que los intercambios han tenido lugar desde hace milenios, que describe correctamente la formación de dichas valoraciones es la “teoría de la utilidad marginal”. Una combinación de escasez y utilidad es lo que da lugar a la valoración mayor o menor de un determinado bien. Esta teoría resuelve definitivamente la forma en que se valoran los bienes y servicios en el mercado y paradojas como “la paradoja del agua y los diamantes”, pero quizá lo más relevante de ella es el carácter subjetivo del valor. El valor de un bien o servicio depende de la escala de valores de cada individuo, que además permanece en permanente cambio. Este hecho debe ser una referencia que siempre debe estar presente cuando se justifiquen políticas específicas con la justificación del aumentar el bienestar global de la sociedad. ¿Pero como se podrá medir dicho beneficio global si las valoraciones son subjetivas e imposibles de comparar?
    El mercado es descrito por Krause como un orden espontáneo, en contraposición a los órdenes construidos (diseñados y creados por la razón humana con un fin específico). Los órdenes espontáneos son el resultado de procesos evolutivos, de la interacción de los individuos motivados por su interés y voluntad (sin un dictado externo y planificado), dando lugar a lo que se podría llamar un sistema autorregulado y en evolución (el mercado: “división del trabajo, intercambio, creación del dinero, formación de precios”, el idioma, el derecho, las normas morales…). En una sociedad como la actual con un alto grado de globalización, estos ordenes espontáneos son tremendamente complejos, y las interacciones con las normas e instituciones formales son de una gran relevancia.
    Dentro del estudio de la economía y las diferentes ideologías o escuelas que se han desarrollado, han tenido una importancia relevante dos conceptos que Krause explica de forma sencilla, pero creo intuir que cuestionándolos. El concepto de equilibrio económico y de óptimo de Pareto. Las fuerzas de la oferta y la demanda, operando en un mercado libre (competencia), y suponiendo una serie de simplificaciones sobre el propio funcionamiento del mercado nos llevan a la conclusión de que el mercado tenderá a un punto de equilibrio donde la oferta se igualará a la demanda a un precio de mercado de equilibrio. En la búsqueda de una guía para la toma de decisiones, o su justificación, se desarrolló el concepto de óptimo de Pareto. De forma sencilla se puede decir que el óptimo del Pareto será aquel en el cual no se pueden producir más intercambios entre individuos sin que se perjudique en dicho intercambio a alguna de las partes. El punto de equilibrio de mercado mencionado anteriormente resulta ser un óptimo de Pareto, combinación que ha hecho de ambos conceptos piedras base para el desarrollo de ideologías y justificación de decisiones políticas.
    Al final de este primer capítulo, Krause no introduce a otro de los elementos fundamentales para el buen funcionamiento de la economía, estas son unas buenas instituciones. Destaca las siguientes como fundamentales: El derecho a la propiedad privada, la libertad contractual y el cumplimiento de los mercados, un sistema judicial que haga que los puntos anteriores se respeten y sirvan de arbitraje ante disputas, la moneda, los emprendedores, los mercados de capital y la información. Sin entrar a describir la importancia que tiene cada una de estas instituciones hay que destacar dos puntos fundamentales de las mismas:
    – Las instituciones reducen la incertidumbre de los agentes económicos. Si hay algo que es seguro, es que el futuro y los resultados esperados de nuestras acciones son inciertos. A mayor incertidumbre mayor será la dificultad de coordinar las acciones los individuos. Por tanto, una función fundamental de las instituciones es minimizar dicha incertidumbre y favorecer dicha coordinación.
    – El buen o mal funcionamiento de las instituciones condicionará el comportamiento de todos los individuos y por tanto el resultado económico.
    El capítulo termina con otros tres elementos primordiales del mercado, la formación de precios, el cálculo económico y la función empresarial:
    – La formación de precios, como ya describiera Hayek, constituye un sistema de información que aglutina en unas cifras una cantidad de información imposible de adquirir o gestionar por un el ser humando. Este sistema permite orientar y coordinar las acciones de los individuos en el mercado, señalando que bienes y servicios son demandados y cuales no, y por tanto ayudando a coordinar las acciones individuales.
    – El cálculo económico, muy relacionado con el punto anterior. Volvemos a encontrarnos con un sistema que funciona de forma más eficiente des-centralizadamente. Son los propios individuos los que deciden que producir, y el propio mercado irá seleccionando (de forma inexorable) aquellos que hayan acertado y por tanto satisfecho las demandas de otros individuos. Este sistema de cálculo es el opuesto a un sistema de planificación central (estilo comunista), que a parte de impedir la generación de información relevante (precios), impide la retroalimentación de los individuos y ajuste de la oferta (cuantitativamente y cualitativamente)
    – La empresarialidad. Verdadero motor de toda acción humana. Si hay algo seguro es que no sabemos a ciencia cierta cual será el resultado de nuestras acciones ni como evolucionará el entorno social en el que se desarrolla la actividad económica. Los empresarios son los agentes fundamentales que asumen este riesgo asociado a la incertidumbre haciendo sus propuestas de bienes y servicios, que podrán ser acertadas o no y posteriormente recompensadas o corregidas por los individuos. Su búsqueda del beneficio será el motor de la innovación, la inversión en bienes de capital, y si existe competencia en una búsqueda continua de aumento de la productividad y por tanto de aumento de la riqueza. Un funcionamiento institucional correcto es crítico para el desarrollo de esta actividad (unas reglas claras y que favorezcan los comportamientos arriba descritos).

    La intervención por parte de autoridades y gobiernos en los mercados pueden llegar a distorsionar o desincentivar estos pilares del mercado y llevar a comportamientos no deseados o erróneos.

    Puntos de Interés:
    La exposición resumida de los elementos fundamentales que intervienen en el funcionamiento del mercado y su relación directa con las instituciones, así como el aspecto evolutivo de los órdenes espontáneos, que se han generado por los beneficios que reportan a los individuos ayudando (de forma no planificada) a coordinar sus acciones.

    Preguntas:
    – ¿Qué opina del equilibrio de mercado?. Creo que es uno de los conceptos más simplistas y erróneos que se utilizan en economía, por todas las escuelas incluida la Austriaca, y que lleva a ver unas falsas tendencias en el mercado y conclusiones erróneas.
    – Respecto a la teoría de la evolución de las instituciones sociales, ¿hay una teoría que proponga en detalle como se da este proceso evolutivo?

  3. Martin Krause trata en este trabajo introductorio de sentar las bases alrededor de las cuales se levanta todo el edificio de la teoría económica. A continuación me dispongo a resumir, a la luz del texto propuesto, los elementos fundamentales de la ciencia económica vistos desde una óptica austríaca.

    Partiendo del presupuesto irreductible de la acción humana y siguiendo el método axiomático-deductivo, la ciencia económica ha conseguido, ya desde que Carl Menger publicara sus “Principios de Economía política” en 1871, un acercamiento científico al mundo de las ciencias sociales o también llamado ciencias de la acción humana (praxeología, en la terminología misiana).

    A diferencia de la situación que enfrentan las ciencias naturales, en el mundo de las ciencias de la acción humana los científicos sociales no pueden operar con microscopios ni reactivos químicos. El objeto de estudio no son fenómenos empíricos, directamente observables. Es esta una idea que la vieja economía clásica, basada en la teoría del valor-trabajo, jamás llegó a comprender.

    El auténtico centro de atención del científico social no son realidades materiales, sino ideas, las cuales sólo pueden ser atendidas contando con una teoría previa que de cuenta de ellas. De esta manera, todo el edificio de las ciencias sociales se construye alrededor de un punto de partida axiomático, la acción humana, del cual es imposible retrotraerse más allá del mismo, ni referirlo anteriormente a ningún otro, sin caer en contradicciones lógicas insolubles. El sólo hecho de su negación ya estaría implicando actuar.

    Partiendo del mismo, se levanta un andamiaje teórico-conceptual, enhebrando teoremas y leyes cada vez más complejas, acudiendo a la historia para testearlas, pero siempre actuando siguiendo el método lógico-deductivo y siendo capaces de retrotraernos permanentemente a la acción humana como presupuesto irreductible.

    De acuerdo con lo anterior, los diversos elementos de la acción humana (fin, valor, medios, utilidad, coste de oportunidad, tiempo, etc.) son todos de carácter subjetivo y se obtienen por introspección. Es este un punto que opone radicalmente a la Escuela austríaca de otras escuelas, tales como la marxista o la neoclásica. El valor de un fin sólo puede comprenderse mirándolo con los ojos del ser humano que actúa, en sus coordenadas correspondientes de tiempo y lugar en los que desarrolla su acción.

    Alrededor de esta base teórica se desarrollará toda una teoría del valor basada en la utilidad marginal decreciente, capaz de explicar el surgimiento de los precios y cerrar así la llamada “paradoja del agua y los diamantes”, que había sumido a la vieja economía clásica en un callejón sin salida.

    Las conclusiones que se derivan de lo anterior hacen de la Escuela austríaca una tradición fundamentalmente humanista. Alejada del “homo economicus” neoclásico, se trata ahora de desarrollar toda una teoría que dé cabida a los hombres y mujeres de carne y hueso, reales, dotados de una innata creatividad empresarial. Ésta última hace pues que el futuro que enfrentan los seres humanos sea inerradicablemente incierto.

    Sin embargo, hay ciertos elementos que surgen del propio proceso espontáneo de acciones e interacciones sociales, el proceso de mercado, y que contribuyen a desarrollarlo. Tales son las llamadas instituciones sociales, auténticos esquemas de comportamiento pautado que han surgido evolutivamente y de forma espontánea, a través del concurso de una cantidad enorme de seres humanos actuando empresarialmente persiguiendo sus propios fines.

    El lenguaje, el dinero, la moral, el derecho…Las instituciones sociales contribuyen a amortiguar la incertidumbre y aumentar lo que teóricos como Huerta de Soto denominan “eficiencia social”.

    Las principales instituciones, necesarias para impulsar y extender el proceso de cooperación social, son el dinero y el respeto a la función empresarial y los intercambios libres y voluntarios. Tales instituciones son necesarias para conectar el mundo interno, ordinal, de las valoraciones subjetivas, y el mundo externo, cardinal, donde operan los precios y el cálculo económico.

    Toda acción coactiva contra el libre ejercicio de la función empresarial, que la dificulte o bloquee, devendrá en la descoordinación del propio proceso de cooperación social, una ruptura del proceso de “división del conocimiento” y, eventualmente, una amenaza para el progreso y el bienestar social.

    Como hemos visto, la Escuela austríaca es muy crítica con los teóricos de la economía matemática, neoclásica, que no dan cabida en sus modelos al proceso dinámico de creatividad empresarial; precisamente a aquella categoría clave para comprender todo el proceso de mercado. En la realidad, no existe nada que se le parezca a un “estado de equilibrio”, curvas de oferta o demanda, ni óptimos paretianos fantasmales, donde sólo existen seres humanos robotizados en un entorno de información perfecta y conductas maximizadoras. La realidad es más bien la opuesta.

    Dada la innata capacidad creativa de los seres humanos actores, la información jamás está dada, sino que se está creando a cada paso; a cada paso cambia la información acerca de fines, medios, costes, etc. en una atmósfera dinámica, imposible de reflejar matemáticamente. De esta forma, cualquier predicción de carácter cuantitativo se vuelve imposible en economía (o está destinada a servir tan sólo como hipótesis de cálculo económico empresariales, no científicas), puesto que éstas dependen de un conocimiento empresarial que aún no ha sido generado y sólo se generará en el futuro.

    Pregunta para Martin:

    – ¿Qué importancia otorgas a la defensa de las tradiciones teóricas? En mi opinión, es la característica más importante para un alumno que pretende llegar a considerarse economista y donde más hay que insistir. Si algo ha pasado la prueba de los hechos, es la tradición subjetivista que caracteriza a la Escuela austríaca, una auténtica brújula que ayuda a resolver los, aparentemente, problemas concretos más complejos.

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