Matt Ridley sobre la innovación, y cuántas bombitas de luz hacen falta para cambiar el mundo

Matt Ridley, el autor de The Rational Optimist y The Evolution of Everything, entre otros muy Buenos libros, presenta ahora uno publicado por el Institute of Economic Affairs de Londres titulado How Many Lightbulbs does it take to change the World”, sobre la innovación, en el que sostiene la tesis de que la innovación no depende de grandes genios inventores sino de un entorno favorable que las vuelve algo así como evidentes o inevitables. Estos son los principales puntos:

  • La innovación es una fuente muy importante de crecimiento económico. Aumenta la productividad y crea riqueza liberando recursos para ser utilizados para otra actividad y por lo tanto más salida. A pesar de su importancia económica, la innovación aún no se entiende completamente y es difícil de predecir
  • En sociedades premodernas, las instituciones y prácticas funcionaron en contra de la innovación. Su objetivo principal era hacer la vida más predecible y estable y minimizar los efectos del cambio, pero obstaculizaron o dejaron de lado el tipo de innovación sostenida que conduce escapar de la jaula maltusiana.
  • La innovación es el resultado natural e inevitable del comercio e intercambio. Cuando las personas se encuentran, no solo comercian bienes materiales pero también intercambian ideas y conocimientos, que luego se puede combinar en nuevas e inesperadas formas. El encuentro de mentes no es solo una figura de discurso, pero una expresión de cómo surgen nuevas ideas y son probadas colectivamente.
  • La innovación tecnológica es un fenómeno de abajo hacia arriba que surge por ensayo y error entre las ideas de gente común, no un deus ex machina que desciende sobre unas pocas mentes brillantes. Se basa en conocimiento disperso que no está disponible para los planificadores centrales.
  • Elegir ganadores es un error. Intentos del gobierno para defender las nuevas tecnologías tienen un largo historial de fracaso. En lugar de tratar de encontrar una forma mágica de crear innovación, los gobiernos deberían centrarse en eliminar cosas que lo detienen.
  • Las grandes empresas y las burocracias estatales a menudo intentan sofocar la innovación para evitar la competenciay mantener sus posiciones privilegiadas. La propiedad Intelectual, las licencias ocupacionales y el favoritismo del gobierno son formas de mantener alejados a los innovadores.
  • Las patentes y los derechos de autor se han convertido en formas de defender los monopolios contra la disrupción, obstaculizar la innovación que tiene lugar a través de la copia y mejora de la tecnología existente. Han creado una clase de rentistas que ganan riqueza e ingresos no por innovación pero a través del monopolio que ha sido otorgado por el estado. La propiedad intelectual cada vez más socava los derechos de propiedad en mercancías reales limitando el uso que sus propietarios pueden hacer de ellos en todo tipo de formas intrusivas.
  • Si bien es sensato preocuparse por las consecuencias no deseadas de la innovación, el «principio de precaución» es utilizado por los activistas utilizan para prevenir nuevas tecnologías, incluso cuando estas son demostrablemente más seguros y mejores que las tecnologías existentes. Tanto la acción como la inacción crean algún riesgo. Interponerse en el camino de una innovación que podría hacer el bien puede causar un daño real.
  • La regulación de la UE ha obstaculizado la innovación con la introducción de precaución excesiva genera inseguridad jurídica, inconsistencia con otras regulaciones, reglas de tecnología prescriptiva, pesados requisitos de embalajes y altos costos de cumplimiento. PosBrexit, el gobierno del Reino Unido podría decidir adoptar el principio de innovación ’para equilibrar el principio de precaución. En esencia, esto significa repensar las políticas si se encuentra evidencia de que van a impedir la innovación.
  • La armonización de la regulación a través de acuerdos de comercio y por regímenes transnacionales como la UE amenaza con socavar la innovación al sofocar la política de competencia. Los incentivos para que las élites gobernantes verifiquen la innovación es extremadamente poderosa si ya no necesitan temer a la competencia en la forma en que los gobernantes de los estados más pequeños lo hacen. La tendencia actual de crear un orden regulatorio global amenaza con detener la innovación.

Artículo en Clarín, el acuerdo con la UE no era libre comercio, y si Argentina queda sola, debería abrirse

Artículo publicado en Clarín (21/2):

https://www.clarin.com/opinion/-despues-brexit-argxit-_0_YVRgyhkn.html

El presidente Alberto Fernández realizó una serie de visitas en Europa en las que el principal tema económico considerado fue el apoyo de esos países en el proceso de renegociación de la deuda con el FMI. No hubo mención al tema del tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, pero antes del viaje se había dicho que estaría en la agenda, en particular en la reunión entre Fernández y Macron, ya que ambos estarían descontentos con el acuerdo alcanzado el año pasado y favorecerían una renegociación.

La palabra “renegociación” suena a postergación indefinida, ya que, si tomamos en cuenta los 20 años requeridos para llegar al acuerdo y los que tomaría su aprobación por todos los parlamentos de los países firmantes, si además le agregamos una nueva negociación más vale que nos olvidemos del asunto.

Si no avanza una renegociación, Argentina puede quedar aislada, ya que el año pasado se aprobó que los países del Mercosur podrían aprobar el acuerdo bilateralmente, y Brasil Paraguay y Uruguay han manifestado su voluntad de hacerlo. Si eso ocurriera sería como si Argentina se fuera del Mercosur, una especie de Argxit, pero, a diferencia de la salida de Reino Unido de la UE, no por voluntad del que se va, sino porque los que se van son los otros.

Una situación como esa, en la que el Mercosur pasara a ser un adorno para Argentina, no sería para lamentar si el país avanzara en el camino que parece seguir el Reino Unido con Boris Johnson. En una reciente conferencia en Greenwich, Johnson celebró las ideas de Adam Smith, señalando que el país debía ahora abrirse a todo el mundo. Si quedarse sola llevara a la Argentina a una posición similar sería un gran avance, ya que somos uno de los países más cerrados del planeta.

En estos días se ha dado a conocer la primera edición del Índice Internacional sobre Barreras al Comercio, producido por la Property Rights Alliance, que también elabora un índice internacional sobre la protección de los derechos de propiedad.

Este índice evalúa las restricciones al comercio en 86 países, que representan el 83% de la población mundial, el 91% de todos los bienes y servicios intercambiados y el 94% del PBI global. Toma en cuenta las barreras arancelarias, no arancelarias y a los servicios. Tiene un cuarto componente, la “facilitación” del comercio, que incluye aspectos tales como la protección de la propiedad. Argentina se encuentra en el puesto 71° de 86 países. Singapur y Hong Kong ocupan los dos primeros, y Suecia está 5°. Pese a que todos somos parte del Mercosur, Paraguay está 53°, Uruguay 56° y Brasil, peor que nosotros, 77°. Claro que si estos países firman el acuerdo con la UE avanzarán varias posiciones y probablemente nos dejen al final de la lista.

El tratado con la UE no iba a garantizar el libre comercio para los argentinos. Lo importante del tratado eran las limitaciones institucionales que podía introducir. En un país donde los límites al poder son débiles o inexistentes, un acuerdo como éste podía introducir límites a la discriminación económica desde el poder, que no somos capaces de darnos nosotros. Los lobbies dictan la política comercial y muchas de las políticas sectoriales, pero con el tratado esto podría haberse reducido. No va a ser una apertura el comercio internacional, pero sería una excelente forma de empoderar a los argentinos y dejarlos usar su bien ganado dinero en aquello que estimen más conveniente y de poner límites al uso del poder en favor de los privilegiados.

Martín Krause es profesor de la UCEMA.

¿Qué explica la mayor o menor informalidad en las economías? ¿No es acaso el mayor nivel de impuestos y de regulaciones?

Los niveles de informalidad económica varían, por supuesto, según cada país. ¿Cómo se explican estas diferencias? Hay distintas teorías, como lo analiza un artículo titulado ”Explaining cross-country variations in the prevalence of informal sector competitors: lessons from the World Bank Enterprise Survey, de Colin C. Williams & Abbi M. Kedir, Universidad de Sheffield, UK.

Una que parece obvia, los autores la descartan: aquella que dice que cuando más intervención estatal hay, más economía informal encontraremos. Parece obvio, pero ellos se inclinan por otra, que plantea que se debe a que las regulaciones no coinciden con las normas y costumbres sociales no escritas. Tal vez sea así, sobre todo teniendo en cuenta cómo se mide, porque la hipótesis de la intervención estatal mide el gasto público y el nivel de impuestos y eso por cierto que genera informalidad, pero tal vez genera más aún al caudal de normas regulatorias que no aparecen medidas como porcentaje del PIB. En fin, acá el resumen del trabajo:

“Para avanzar en la comprensión del espíritu empresarial del sector informal, el objetivo de este el documento es evaluar y explicar las variaciones entre países en la prevalencia de la informalidad competidores del sector. Para hacerlo, se informan los datos de la Encuesta de Empresas del Banco Mundial (WBES) de 142 países. Esto revela que el 27% de las empresas formales ven la competencia del sector informal como una limitación importante en sus operaciones, aunque esto varía del 72% de empresas formales en Chad a ninguna empresa formal en El Salvador.

Para explicar estos países variaciones, se evalúan cuatro teorías competidoras que ven de manera diversa la informalidad. El emprendimiento y la empresa del sector prevalecerán cuando exista: economía subdesarrollada (teoría de la modernización); altos impuestos y sobreinterferencia estatal (teoría neoliberal); muy poca intervención estatal (teoría de la economía política) o una asimetría entre las leyes y regulaciones de las instituciones formales y las no escritas socialmente compartidas reglas de las instituciones informales (teoría institucional).

Un análisis de regresión probit multinivel confirma la modernización y las teorías institucionales, pero no las políticas neoliberales y políticas teorías Más allá del subdesarrollo económico, por lo tanto, no es demasiado o muy poco intervención estatal que está asociada con la prevalencia de la competencia del sector informal pero más bien, si las leyes y regulaciones desarrolladas por los gobiernos están en simetría con Las normas, valores y creencias de los emprendedores. El documento concluye discutiendo el implicaciones teóricas y políticas de estos hallazgos.”

Biólogos, geólogos y matemáticos sobre el cambio climático y la provisión voluntaria de bienes públicos

Este paper me llamó la atención por dos cosas. Una es por el tema y el enfoque que presenta en relación a cuestiones que son muy calientes hoy en día, precisamente el del calentamiento global entre otros. Y luego como un concepto claramente económico como el de bien público aparece en trabajos de académicos de otras disciplinas. En este caso el paper se titula:

Coalition-structured governance improves cooperation to provide public goods y los autores son Vítor V. Vasconcelos1,2,3*, Phillip M. Hannam4,5*, Simon A. Levin1,6,7, and Jorge M. Pacheco8,2,9

Y éstas son las instituciones a las que pertenecen:

1 Department of Ecology and Evolutionary Biology, Princeton University, Princeton NJ, USA

2 ATP-group, P-2744-016 Porto Salvo, Portugal

3 INESC-ID and Instituto Superior Técnico, Universidade de Lisboa, IST-Taguspark, Porto Salvo, Portugal

4 Science, Technology & Environmental Policy Program, Woodrow Wilson School of Public and International Affairs, Princeton University, Princeton NJ, USA

5 School of Geography, University of Leeds, Leeds, UK

6 Resources for the Future, Washington DC, USA

7 Beijer Institute of Ecological Economics, Stockholm, Sweden

8 Centro de Biologia Molecular e Ambiental, Universidade do Minho, Braga, Portugal

9 Departamento de Matemática e Aplicações, Universidade do Minho, Braga, Portugal

 

No hay nadie de un departamento de Economía. Bueno, muy bien. Nada mejor que la interdisciplinariedad. Éste es el resumen:

“Si bien los beneficios de los bienes comunes y públicos son compartidos, tienden a ser escasos cuando las contribuciones son proporcionadas voluntariamente. La falta de cooperación en la provisión o preservación de estos bienes es fundamental para los desafíos de sostenibilidad, que van desde la pesca local hasta el cambio climático global.

En el mundo real, tales dilemas cooperativos ocurren en múltiples interacciones con intereses estratégicos complejos y frecuentemente sin información completa. Argumentamos que la cooperación voluntaria habilitada a través de múltiples coaliciones (similar a la policéntrica) no solo facilita una mayor generación de bienes públicos no excluibles, sino que también puede permitir la evolución hacia un enfoque de gobernanza más cooperativo, estable e inclusivo.

Al contrario de cualquier estudio previo, mostramos que estos méritos de la gobernanza de múltiples coaliciones son mucho más generales que los ejemplos singulares que se presentan en la literatura, y son robustos en diversas condiciones de exclusibilidad, congelabilidad del bien público no excluible y formas arbitrarias. de la función de retorno a la contribución. Primero confirmamos la intuición de que una coalición única sin cumplimiento y con jugadores que persiguen su propio interés sin conocimiento de los retornos a la contribución es propensa al fracaso cooperativo. A continuación, demostramos que el mismo modelo pesimista pero con una estructura de gobernanza de múltiples coaliciones experimenta una cooperación relativamente mayor al permitir el reconocimiento de ganancias marginales de cooperación en el juego en juego. En ausencia de aplicación, los regímenes de bienes públicos que evolucionan a través de la proliferación de foros cooperativos voluntarios pueden mantener e incrementar la cooperación con más éxito que los regímenes singulares e inclusivos.”

Artículo en La Nación: Economía del conocimiento, otra vez el juego de la perinola. Acá hasta la unanimidad es inestable

¿Cómo podemos esperar que haya inversiones si cada cambio de gobierno (o de ministro) modificamos las reglas de juego? La inversión siempre espera resultados a futuro, que pueden estar más cerca o más lejos. Dado que si hay algo que no conocemos con certeza es el futuro, toda inversión es incierta y todo inversor trata de reducir ese riesgo al mínimo.

Los gustos de los consumidores pueden cambiar (fíjese si hubiera invertido en Blockbuster), las dotaciones de recursos pueden modificarse (el shale oil no era considerado un recurso hace un par de décadas), pueden surgir nuevas tecnologías. Para invertir, además, hace falta una moneda que permita realizar cálculo económico en base a un valor relativamente previsible varios años hacia adelante.

Por último, mínimamente hay que saber cuáles serán los impuestos a pagar, la evolución de los salarios, los costos sobre la mano de obra, el acceso a divisas. Los países que reciben inversiones son aquellos que pueden ofrecer reglas de juego favorables (bajos impuestos y regulaciones) y estables. También recursos, pero la definición de recurso ya no tiene que ver con factores provistos por la naturaleza sino con capacidad, educación, iniciativa, empresarialidad. Por eso son ricos Singapur o Hong Kong, sentados sobre un par de rocas.

Nos hemos cansado de escuchar que Argentina tiene muchos de esos recursos y últimamente también tiene los vinculados con el conocimiento, a punto tal que se espera, o esperaba, que estas industrias alcanzaran a ser la segunda o tercera exportación, detrás de los productos del agro.

Unanimidad y consenso

El año pasado se aprobó una Ley de Economía del Conocimiento, que pasó por el Congreso en forma prácticamente unánime. Supuestamente esto refleja un elevado grado de consenso y sería una señal de estabilidad en las reglas de juego para que los inversores desplieguen todos sus proyectos.

En nuestro caso, sin embargo, eso no es así. Se acaba de suspender la aplicación de la ley hasta que se dicte una nueva reglamentación y ya se anuncian importantes cambios que han de modificar el cálculo económico de los inversores. Esta vez, la “estabilidad” duró unos pocos meses.

¿Cuál es la razón de que incluso normas aprobadas en forma unánime no puedan garantizar estabilidad? La respuesta es que ese consenso era falso, o que se refiere a otra cosa. Ahora el Congreso va a reformar la ley, y probablemente lo haga también con unanimidad. ¿Quién se anima a votar “contra” la tecnología, el progreso, la innovación? Todo eso es “políticamente correcto” en estos tiempos.

Pero es una “unanimidad” que no genera seguridad. Refleja que el único consenso que existe es el que dice: ayer te apoyé cuando beneficiaste a A, B y C; ahora ustedes me apoyan cuando beneficio a X, Y y Z. Algunos quieren bajar a otros de los beneficios recibidos (“entraban hasta cervecerías artesanales”); otros quieren que el tren pare en su estación para subirse a los beneficios (pymes industriales). La calesita volvió a funcionar y la perinola está en juego. El consenso es sobre la calesita.

Gobierno y oposición son responsables, porque disfrazan como “políticas de Estado” la delegación de funciones al ejecutivo, y el acuerdo de que ayer repartí yo, ahora te toca a vos. En el medio de todo eso, la confianza para las inversiones cae, o más bien se acorta a invertir en lo que se espera que dure el presente “consenso”, hasta que llegue el próximo.

Artículo en el diario La Tercera, de Chile, sobre las protestas y la reforma constitucional: ¿Quién los entiende?

Artículo hoy en el diario La Tercera de Santiago de Chile: https://www.latercera.com/opinion/noticia/quien-los-entiende/1009249/

¿QUIÉN LOS ENTIENDE?

Martín Krause

Profesor de Economía, Universidad de Buenos Aires

En breve estaré presentando el Índice de Calidad Institucional 2020, que publican la Fundación Libertad y Progreso de Buenos Aires y la Red Liberal de América Latina (Relial). Desde que lo hacemos, hace unos quince años, Chile ha fluctuado entre 21° y 25° de 190 países, el primero entre los latinoamericanos.

Lo hemos relacionado con todo tipo de variables, encontrando relaciones positivas: crecimiento económico, PIB per cápita, innovación, calidad ambiental, reducción de la pobreza. En todas Chile ha mejorado…, y sin embargo explotó.

Como siempre, ante el primer estallido la izquierda ve su origen en la desigualdad de ingresos. Los datos muestran que se ha reducido. La gente también piensa que ha sido la razón más importante de las manifestaciones, según la Encuesta de Diciembre 2019 del CEP. Sin embargo, en la de Mayo de 2019 del CEP la principal preocupación eran la delincuencia, los asaltos y los robos, con el 51% y la desigualdad fue señalada solamente por el 9%.

Esa encuesta muestra que había una alta preocupación por las pensiones, la salud y la educación y un alto descontento con el gobierno y la dirigencia política, a lo cual se suma una caída estrepitosa de la confianza en las instituciones luego de las protestas. Curiosamente, si bien la gente señala que la causa de las protestas es la desigualdad, cuando se le pregunta, en Diciembre, qué problemas debería solucionar el gobierno, la desigualdad sube solamente del 9 al 18%. ¿?

Trato de entender. ¿Frustraciones? ¿Respecto a qué? Dependerá de las expectativas, que difieren de un país a otro, por eso encontramos masivas protestas en países con la mejor calidad institucional, como en los de la más baja, Bolivia o Venezuela. Y en todos los casos el descontento se dirige hacia gobiernos y políticos. Parece inevitable, han asumido un creciente número de tareas y funciones, han impuesto servicios obligatorios, y ahora la gente los hace responsables de los resultados que se obtienen.

Ellos prometían que en breve Chile ya sería un país desarrollado; que los niveles de vida, la seguridad respecto al futuro y la calidad de los servicios estarían también a esa altura. Parece que no es así. Chile es un país con una de las presiones fiscales más altas de la región, el estado ha crecido mucho en los últimos años, pero la calidad de los servicios no parece ser la de países desarrollados. Otro tanto podría decirse del manejo de la represión de la violencia desatada por los manifestantes. Si lo comparamos con otros de similar posición en el ICI el PIB per cápita en Chile es de u$s 15.923, pero el de Portugal es 23.407; el de España 30.370 y el de Francia 41.463 (2018, Banco Mundial). Es cierto, en 1985 era de u$s 1.444.

La encuesta muestra que la gente está esperanzada con una nueva Constitución (56%) pero el 49% dice que el país necesita un líder fuerte. Los países de alta calidad institucional pueden tener líderes de fuerte “personalidad”, pero de poder limitado por las normas. ¿Qué quieren los chilenos, un líder populista con una constitución que le de poder? Supongo que habrán aprendido algo mirando al otro lado de la Cordillera, tanto en Argentina como en Bolivia.

 

¿Qué explica el crecimiento del Estado durante el siglo XX? ¿La democracia, las ideas, el lobby? ¿La tecnología?

¿Por qué ha crecido tanto el tamaño del Estado a partir del siglo XX? Antes, no había estados que absorbieran más de 10 puntos del PIB. Sin embargo, hoy, en los países más ricos ese porcentaje está por arriba del 25% y en algunos casos hasta del 40%. ¿A qué se debe ese cambio?

Hace muchos años ya tuve la oportunidad de visitar a Gordon Tullock, y cuando salió este tema me dio un artículo de su autoría, que luego tradujimos y publicamos en la revista Libertas: https://www.eseade.edu.ar/wp-content/uploads/2016/08/Tullock-Gordon.pdf

La discusión acerca de las causas de ese crecimiento sigue abierta. Unos años después, Tyler Cowen, profesor de George Mason University, presenta un paper en una reunión de la Mont Pelerin Society, sobre ese mismo tema y agrega una hipótesis más: la tecnología. http://www.bcaplan.com/Cowentech.pdf

Básicamente, el punto es que de la misma forma en que la tecnología del transporte, las comunicaciones y otras, facilitaron el crecimiento del tamaño de las empresas, también lo hicieron con el tamaño del estado.

Yo suelo ser optimista respecto al impacto de la tecnología en la libertad pero habrá que tener en cuenta estos argumentos. Así dice Cowen:

“A menudo escucho argumentar que las nuevas tecnologías traerán mayores posibilidades para la libertad. Por ejemplo, ciberespacio, tecnologías para el anonimato en línea y genética, algún día, la ingeniería podrían desfavorecer al gran gobierno (Friedman 2008). Habiendo dicho esto, las tecnologías futuras y sus efectos han sido notoriamente difíciles de predecir en el pasado. Por lo tanto, debemos ser cautelosos al sacar conclusiones aquí.

Otros sostienen que una mayor competencia entre los gobiernos ha traído una mayor libertad para el mundo, o traerá mayor libertad en el futuro (McKenzie y Lee 1991). Escuchamos cómo los movimientos de capital más libres imponen disciplina a los gobiernos y los obligan a instituir mejores políticas. A medida que los recursos se vuelven más móviles con el tiempo, podríamos esperar que tales restricciones produzcan más libertad a largo plazo.

Tales hipótesis, sin embargo, no encuentran apoyo en los datos. La evidencia muestra que las pequeñas economías abiertas tienden a ser más intervencionistas que más libres (Rodrik 1998). Cuanto más abierta es la economía, más riesgos enfrentan las personas por las perturbaciones de mercados mundiales más grandes. Estos ciudadanos tienden a favorecer una mayor intervención del gobierno, no menos, para protegerse contra esos riesgos. A medida que avanza la historia, vemos más ejemplos anecdóticos para apoyar este resultado estadístico general. Los mercados globales han castigado a muchos países más pobres, como Argentina o Indonesia, por sus malas políticas intervencionistas. A menudo, el resultado final es más intervención del gobierno, no menos.

Canadá es una economía más «abierta» que Estados Unidos, pero típicamente tiene una mayor ntervención gubernamental y mayores niveles de gasto público. En los países nórdicos las economías son muy abiertas y tienen mucho gasto público, aunque también tienen una mano reguladora relativamente ligera.

Más tecnología no necesita deshacer la politización de las sociedades. Las tecnologías futuras pueden aumentar o disminuir el papel del gobierno en la sociedad, pero si la historia muestra lo que pasa es que no debemos descuidar la tecnología para entender el cambio de un viejo equilibrio político a uno nuevo.”

Lejos estamos de discutir esto, pero es importante: la propiedad privada de las frecuencias del espectro electromagnético

Allá por los años 90s escribimos junto a Alberto Benegas Lynch (h) una serie de trabajos sobre políticas públicas, que luego terminaron siendo publicados en la revista Libertas y como libro con el título “Proyectos para una sociedad abierta”: https://www.eseade.edu.ar/wp-content/uploads/2016/08/ABL-Krause-Telecom.pdf

Allí, además de proponer la desregulación y privatización de las telecomunicaciones, proponíamos la asignación de derechos de propiedad privada sobre las frecuencias del espectro electro-magnético, esas por las que recibimos las llamadas en el celular, Internet, radio, etc. Seguíamos allí las ideas de Ronald Coase, desarrollados en un artículo que tuviera alto impacto; The Federal Communications Commission: https://econpapers.repec.org/article/ucpjlawec/doi_3a10.1086_2f674871.htm

Este último campo es ahora de fundamental importancia ante la futura llegada de la tecnología 5G pero, lamentablemente, la visión de los políticos argentinos no ha cambiado para nada. Por ejemplo, así describe esa política el Documento base sobre la identificación de desafíos y necesidades de Espectro Radioeléctrico en Argentina, publicado en realidad durante la administración anterior, pero cuyos conceptos seguramente serán más que reforzados por ésta:

“La gestión eficiente del Espectro Radioeléctrico es esencial para obtener el mayor beneficio social y económico en la explotación de este recurso. Bajo esta premisa, la Secretaría de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones se encuentra diseñando un Plan Plurianual de Atribución de Espectro.

El Espectro Radioeléctrico se define en el Anexo IV del Decreto N° 764 como “el conjunto de las ondas radioeléctricas u ondas hertzianas, sin solución de continuidad, entendiéndose por tales a las ondas electromagnéticas, cuya frecuencia se fija convencionalmente por debajo de 3.000 GHz, que se propagan en el espacio sin guía artificial”.

Por otra parte, el referido Anexo IV del Decreto N° 764 expresa que la naturaleza escasa y limitada del espectro radioeléctrico requiere una administración razonable y transparente que, a efectos de la asignación de sus frecuencias, asegure la igualdad de condiciones de acceso, su uso eficiente y la concurrencia y selección competitiva de prestadores de servicios de radiocomunicaciones y usuarios. En este sentido, destaca que todo procedimiento para su asignación y utilización debe realizarse de manera objetiva, transparente y no discriminatoria.

Según el artículo 26 de la Ley Argentina Digital Nº 27.078, el espectro radioeléctrico es un recurso intangible, finito y de dominio público, cuya administración, gestión y control es responsabilidad indelegable del Estado Nacional.

El artículo 27 de la mencionada ley establece que la administración, gestión y control del espectro se realizará de conformidad con lo que establece esa ley, la reglamentación que en su consecuencia se dicte, las normas internacionales y aquellas dictadas por las conferencias mundiales y regionales en la materia a las que la República Argentina adhiera.”

La propiedad estatal del espectro no solamente da como resultado un sistema más ineficiente, ya que el mercado asignaría en forma inmediata las frecuencias a sus usos más valiosos y tendríamos ya las más modernas tecnologías; es también un peligro desde el punto de vista de la libertad de expresión y de prensa. Si no, véase cómo el régimen chavista destruyó a la prensa independiente, quitando o no renovando esas licencias.

Ahora, seguramente este nuevo gobierno planteará una nueva “política de telecomunicaciones”, pero lo esencial es que no haya “política” en las telecomunicaciones y deberíamos desterrar al Estado de este campo a través de la asignación de derechos de propiedad privada sobre el espectro.

El poder y el control del poder. ¿Los dos son bienes públicos? ¿Si se puede proveer el segundo, porqué no el anarco-capitalismo?

Muy interesante paper de Kenju Kamei (Durham Univresity), Louis Putterman (Brown University, y Jean-Robert Tyran (University of Viena; University of Copenhagen) titulado Civic Engagement as a Second-Order Public Good: The Cooperative Underpinnings of the Accountable State

Kamei, Kenju and Putterman, Louis and Tyran, Jean-Robert, Civic Engagement as a Second-Order Public Good: The Cooperative Underpinnings of the Accountable State (September 2, 2019). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3448470 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3448470

¿Cuál es el planteo principal? Bueno, todos conocemos el argumento básico de la economía neoclásica respecto a la provisión de bienes públicos y, según esa línea de argumentación, la necesidad de que los provea el Estado debido a los incentivos para ser “free rider” (usuario gratuito). La típica presentación del argumento, que ya he criticado aquí muchas veces y en algunos artículos, es:

“La cooperación voluntaria por sí sola no puede proporcionar efectivamente bienes públicos vitales como la ley y el orden, la defensa, el aire limpio y la infraestructura. Los fondos que pueden recaudarse a través de donaciones voluntarias no bastarían para financiar un gobierno efectivo, ya que muchos contribuirían gratuitamente. En cambio, la financiación de los bienes públicos debe recurrir a la coerción, el poder del estado para gravar: el gobierno obliga a sus ciudadanos a pagar impuestos y amenaza con multarlos y castigarlos si no cumplen.

Sin embargo, el poder estatal para imponer impuestos puede usarse no solo para financiar bienes públicos vitales sino también para financiar bienes privados para unos pocos y redistribuirlos a los que están en el poder.

Esto plantea un dilema: el poder del estado es necesario para aumentar el bienestar, pero una vez que se crea el poder, se avecina el peligro de mal uso, corrupción y opresión. Los académicos han reconocido este problema fundamental hace mucho tiempo, y dos soluciones a este dilema se han implementado en los estados modernos para mantener el poder del gobierno bajo control.

El primero se basa en la idea de distribuir el poder, con múltiples instituciones monitoreándose entre sí (el «sistema de controles y equilibrios» en la constitución de los Estados Unidos). El segundo, posiblemente también requerido para asegurar que las ramas gubernamentales en el primer esquema se mantengan enfocadas en su responsabilidad social, se basa en la idea de hacer que el gobierno rinda cuentas a sus ciudadanos, generalmente a través de elecciones democráticas que permitan a los ciudadanos votar a los líderes fuera del poder.”

Es decir, hay un problema de provisión de “bienes públicos”, por lo que estos son provistos por el Estado, lo que crea un bien público de segundo orden, esto es, ¿quién controla al Leviatán?

La respuesta de este muy buen trabajo es que el control cívico de unos pocos es suficiente y puede obtenerse a bajo costo.

Entiendo que hay dos tipos de discusión al respecto. La primera es si esto efectivamente es posible, si no existe un “fracaso de la política” que impide obtener ese resultado, como lo señalan los libros de Pincione & Tesón: Rational Choice and Democratic Deliberation: A Theory of Discourse Failure y el de Bryan Caplan, The Myth of the Rational Voter.

La segunda es que si ese bien público de segundo orden puede ofrecer el control necesario al monopolio del poder, también puede garantizar el control en un marco de jurisdicciones en competencia, o agencias, como queramos llamarlo.

Es decir, se podría aplicar tanto al modelo minarquista como al anarco-capitalista.

Los daños ambientales del socialismo han sido mucho peores que los del capitalismo. Aquí la destrucción de árboles en China

En el libro de Jung Chang, que describe la vida de tres generaciones de mujeres chinas durante el siglo XX la autora cuenta su experiencia en una comuna agrícola y el deterioro ambiental creado por una política anterior, el Gran Salto Adelante, según la cual habían forzado a todos los campesinos a cortar todos los árboles para alimentar hornos que, a su vez, iban a impulsar la producción de acero y hierro. Para ello, también los obligaron a fundir hasta los cubiertos de su casa y todos sus utensilios de cocina.

Así son los efectos de la planificación económica. Esto cuenta

“En las mañanas de invierno aprovechaba el intervalo de dos horas previo al desayunó para trepar por las colinas en busca de leña acompañada por el resto de mujeres consideradas más débiles. En las colinas apenas crecían árboles, e incluso los matorrales eran escasos y aparecían desperdigados. A menudo teníamos que recorrer largos trayectos.

Asiendo las plantas con la mano libre, cortábamos las ramas con una hoz. Los arbustos se hallaban erizados de espinas, varias de las cuales se las arreglaban invariablemente para incrustarse en mi palma y mi muñeca izquierdas.

Al principio, solía emplear largo rato en intentar extraerlas, hasta que por fin me acostumbré a esperar que salieran por sí mismas al ceder la hinchazón que ocasionaban. Recogíamos lo que los campesinos llaman «combustible de plumas», aunque su incineración resultaba prácticamente inútil, ya que ardían instantáneamente.

En cierta ocasión en que mencioné la mala fortuna de no contar con árboles como es debido, las mujeres que estaban conmigo me revelaron que no siempre había sido así. Antes del Gran Salto Adelante, dijeron, aquellas colinas habían estado cubiertas de pinos, eucaliptos y cipreses, pero todos habían sido cortados para alimentar los hornos de patio en los que se producía el acero.

Me lo contaron con tono apacible, sin mostrar amargura alguna, como si no constituyera el origen de su batalla cotidiana en busca de combustible. Parecían considerarlo como una calamidad más que la vida había arrojado sobre ellas.

Yo, sin embargo, me sentí conmocionada al comprobar por primera vez y con mis propios ojos las catastróficas consecuencias del Gran Salto Adelante, episodio que me había sido relatado como un «glorioso éxito».”