Primer paso: eliminar el cepo cambiario. Segundo: ¿eliminar la ‘política cambiaria’? ¿Y la ‘monetaria’?

La eliminación del cepo cambiario permite ahora el funcionamiento del mercado en ese ámbito. Aunque resulta osado decirlo, podría ser el primer paso para eliminar la “política cambiaria” primero y la «monetaria» después. Al fin y al cabo, nunca se han obtenido Buenos resultados de mezclar la «política» con el dinero. Esto comenta Hayek al respecto en su libro “Desnacionalización del dinero”:

“Deberíamos haber aprendido que la política monetaria es, probablemente, más que el remedio, la causa de las depresiones, ya que es mucho más fácil, cediendo a las demandas de dinero barato, provocar los errores de la producción que hacen inevitable una posterior reacción que ayudar a la economía a desembarazarse de las consecuencias de un superdesarrollo en una dirección particular. La pasada inestabilidad de la economía de mercado es consecuencia de no haber sometido al proceso de mercado el dinero, que constituye el más importante regulador del mecanismo del mercado.

Hayek

Una única institución estatal monopolista no puede poseer la información que gobierna la oferta de dinero ni tampoco, aunque supiera cómo debía actuar en interés general, estaría en situación de hacerlo. De hecho, si, como creo, la principal ventaja del orden de mercado es que los precios suministran a los individuos la información necesaria, únicamente la constante observación del curso que siguen los precios de determinados bienes puede ofrecer información sobre la dirección en que se debe gastar más o menos dinero. El dinero no es un instrumento de política con el que se pueda conseguir determinados resultados previsibles mediante un control de su cantidad. Pero habría de formar parte del mecanismo auto-dirigido que induce a los individuos a ajustar sus actividades a circunstancias que sólo pueden conocer a través de las señales abstractas de los precios. Debería ser una conexión útil en el proceso que comunica los efectos de acontecimientos que nadie conoce en su totalidad e indispensable para mantener un orden en el que se combinan los planes de las personas que participan en dicho proceso.

El gobierno no puede actuar en interés general

Incluso si suponemos que el gobierno sabe cómo manejar el dinero en interés general, es altamente improbable que consiga alcanzar su objetivo. Como el profesor Eckstein —impulsado por su experiencia como consejero de varios gobierno— expuso en el artículo citado anteriormente: «Los gobiernos no pueden cumplir las reglas, aunque adoptaran la filosofía de ofrecer un marco estable».

Cuando se concede a un gobierno el poder de favorecer a determinados grupos o sectores de la población, los mecanismos del gobierno mayoritario le fuerzan a utilizar tal poder al objeto de obtener el respaldo del número suficiente para alcanzar la mayoría.

La tentación constante de solucionar la insatisfacción local o sectorial manipulando la cantidad de dinero, de forma que se pueda gastar más en servicios para aquellos que piden ayuda, será frecuentemente irresistible. Tal gasto no es un remedio adecuado y necesariamente trastorna el correcto funcionamiento del mercado.

En una situación de emergencia real, como la guerra, los gobiernos pueden imponer a la gente  bonos u otros pedazos de papel para pagos inevitables que no se pueden extraer de los ingresos del momento. Los préstamos obligatorios y similares serían mucho más compatibles con el necesario reajuste rápido de la industria a las circunstancias radicalmente distintas que una inflación que suspende el funcionamiento efectivo del mecanismo de los precios.

Desaparición de los problemas de la balanza de pagos

Con la desaparición de las distintas monedas territoriales se suprimirían también los llamados «problemas de balanza de pagos» que, se cree, causan intensas dificultades a las políticas monetarias actuales.

Necesariamente, habría continuas redistribuciones de las cantidades de moneda relativas y absolutas en las distintas regiones a medida que éstas se enriquecieran y empobrecieran relativamente. Pero ello no crearía más dificultades que las que causa el mismo proceso hoy en día en los grandes pises. La gente que se enriqueciera tendría más dinero y la que se empobreciera, menos. No existirían ya las especiales dificultades que causa el hecho de que, según el orden existente, la reducción del circulante determinado de un país requiere una contracción de toda la superestructura de crédito erigida sobre él.

De manera similar, desaparecerían también las más estrechas relaciones de la estructura de precios predominante en un país en relación con la de los países vecinos y con ello la ilusión estadística del movimiento relativo de niveles de precios nacionales determinados.

De hecho, se descubriría que «los problemas de balanza de pagos» son un efecto bastante innecesario de la existencia de monedas específicamente nacionales, que es la causa de la indeseable mayor coherencia interna de los precios nacionales que de los internacionales.

Desde el punto de vista de un orden económico internacional deseable, los «problemas de balanza de pagos» son un falso problema del que nadie se debe preocupar, excepto el monopolista de la emisión de moneda en un territorio determinado. Y una ventaja no menor de la desaparición de las distintas monedas nacionales sería que podríamos volver a los felices días de la inocencia estadística en los que nadie podía saber cuál era la balanza de pagos de su país o región y, por tanto, nadie se ocupaba o preocupaba de ella.”

Cómo siquiera explicar que hubo impuestos (retenciones) a las exportaciones por más de diez años

Del libro «El Foro y el Bazar»:

Los gobiernos obtienen un beneficio político de corto plazo con el incremento de los ingresos fiscales que pueden redistribuir a través de todo tipo de subsidios. También tienen el apoyo de los industriales locales y sus organizaciones junto a los poderosos sindicatos industriales. En este último caso una devaluación, al incrementar los precios de los productos locales, impacta directamente en el poder adquisitivo de los salarios, reduciéndolo. Por lo tanto, un impuesto sobre las exportaciones crea un precio local menor para algunos alimentos y un salario real mayor (aunque la soja no es parte del consumo local).

Estos grupos están activos en forma permanente, mientras que los productores agrícolas sólo esporádicamente.[1] Un razonamiento similar utiliza Pedro Isern (2007), argumentando que pese a que los sectores más productivos tienen menores incentivos para desarrollar un lobby eficiente que los sectores menos productivos, la brecha entre la eficiente productividad del sector agrícola y su pobre fuerza política es, en este caso, inusual[2].

Esta puja distributiva toma la forma de un “ciclo populista” que comienza con una política expansionista de “dinero fácil para todos”, generando crecimiento a expensas de las perspectivas a largo plazo de la economía, usualmente no fácilmente visibles, con desequilibrios crecientes (déficits fiscales y de balanza de pagos, fuertes incrementos en costos y demanda, etc.) y creciente inflación. Luego de unos años la economía entra en crisis y requiere medidas severas de estabilización (devaluación, caída de los salarios reales).

Isern introduce cuatro condiciones para explicar el “ciclo populista” de largo plazo en Argentina: una inusualmente alta productividad del sector agrícola que le permite producir y exportar aún con tales impuestos, controles al tipo de cambio y proteccionismo agrícola y subsidios en la mayoría de los países desarrollados; una inusualmente baja capacidad de organización política debido a la dispersión geográfica y la misma productividad que mantiene rentables a las operaciones aún con esas cargas; la elevada organización política del sector urbano-industrial, concentrado en las grandes ciudades (particularmente la capital y el centro de las decisiones, Buenos Aires) y la baja productividad de este sector, siempre requiriendo protección y subsidios y necesitando un sector productivo (el campo) de donde extraer rentas.

No obstante, los cálculos políticos salieron mal, y el gobierno perdió el control del Congreso luego de las elecciones legislativas de Junio de 2009. Como mostró la rebelión fiscal de 2008, los productores agrícolas no eran tan pocos ni estaban tan aislados. Los fideicomisos y los “pools” de siembra mencionados antes comenzaron a unir poblaciones locales en apoyo de la producción: ahora el dentista local o el abogado de una ciudad pequeña de la Pampa tenía sus ahorros invertidos en un fideicomiso produciendo soja; el vendedor local de tractores está directamente ligado a la prosperidad agrícola, los jóvenes graduados se involucran en genética y reproducción animal, un nuevo espíritu emprendedor se expandía por toda la región.

En 2010 un 50/60% de toda la producción agrícola no la realizan los dueños mismos de la tierra sino los fideicomisos y pooles de siembra. Esto significa que el número de personas vinculadas a ella a través de inversiones de capital es mucho mayor que en el pasado, como la extensión de la propiedad accionaria en el capitalismo anglosajón. Un gran número de gente, la mayoría en pueblos y ciudades de la Pampa, son ahora “accionistas” del campo. Son el típico inversor de capital, asumiendo el riesgo no solamente de las condiciones meteorológicas y del mercado sino también el de las políticas públicas. La inversión individual en estos fondos creció  de 320 millones de pesos en 2004/5 a 950 millones en 2008/09 (aunque cayó a $630 en 2009/10). [3]

[1] Adolfo Sturzenegger (2007), considerando los intereses divergentes como parte de un “mercado político” explica: “…se asume que cada lado de ese mercado tiene grados diferentes de acción colectiva. Mientras el lado pro-retenciones se mantiene siempre activo en su acción colectiva, el otro lado sólo se activa fuertemente cuando la rrh [renta real por hectárea] efectiva se ubica por debajo de un nivel que se considera insostenible, por ejemplo, esa rrh o margen bruto, no alcanza para pagar los servicios del financiamiento que se estuviera utilizando, o no alcanza para un nivel de retiros por parte de los propietarios agrícolas aceptable. Cuando, por el contrario, el nivel de la rrh está claramente por encima de aquel nivel insostenible, este lado está de hecho inactivo. En realidad en todo momento parece ejercer acción colectiva en defensa de los intereses del grupo pero la misma es sólo simbólica y figurativa (protestas anuales en la Sociedad Rural, asiduas declaraciones de insatisfacción por parte de todo dirigente rural) que difícilmente alcance para modificar los niveles de discriminación. Por el contrario, cuando no se alcanza la rrh sostenible, el grupo masiva y vigorosamente se activa y, en general, se logra reducir el nivel de discriminación. Estos grandes cambios en los niveles de acción colectiva de grupos de presión integrados por enorme cantidad de miembros y dispersos en el territorio, está bien comprobado en la literatura, Olson (1971), Findlay y Wellisz (1982)”. (p.19)

[2] “La puja distributiva en la Argentina contemporánea ha sido un juego de suma cero. Pero lo que resulta analíticamente relevante de este juego de suma cero no es su existencia (como cuestión de política económica) sino su perdurabilidad en el tiempo. La cuestión es por qué el ‘ciclo populista’ que originó la puja distributiva no puede ser neutralizado luego de las sucesivas crisis que ocasionara” (Isern, 2007).

[3] Bertello, Fernando, “Cayó 30% el aporte de inversores externos al campo”, La Nación, 7/12/09.

Ahora que se van las retenciones, Amilcare Pulviani (1854-1907) ayuda a explicar porqué existían

Las “retenciones”, para los lectores de otros países que desconocen a qué se refiere esa palabra, son impuestos a ciertas exportaciones, que se aplican sobre el precio FOB de un producto en el momento en que se exporta. En Argentina, hay una serie de ‘retenciones’, aplicadas principalmente a productos de origen agropecuario y otros, a distintas tasas, siendo la más alta, la del 35% a las exportaciones de soja. Ahora, ésta será reducida al 30% y todas las demás eliminadas.

Poco hay que explicar a los lectores el daño que ha ocasionado este impuesto a la producción. Pero veamos aquí alguna explicación acerca de porqué suelen aplicarse impuestos como éste, o similares. Para ello recurriremos a un clásico italiano, pero muy poco conocido: Amilcare Puviani (1854-1907). Si alguien lo conoce es por la teoría de la “ilusión fiscal”, que dice que cuando los impuestos no son totalmente transparentes o no están claramente a la vista de los contribuyentes, el costo del gobierno es menos evidente para ellos y los lleva a demandar más gasto. Puviani se planteó la pregunta: ‘¿si un gobierno quisiera esquilmar al máximo a su población, qué haría? Y presentó once estrategias, casi todas aplicadas por nuestros gobiernos, pero veamos de qué forma se relacionan algunas de ellas con las retenciones:

1.       Mejor impuestos indirectos que directos, así el impuesto está escondido en el precio de los productos: y la retención es más que escondida para el consumidor común, mucho más que el IVA. Quienes imponen las retenciones argumentan que contribuyen a reducir el precio interno del bien exportado (ya que el comprador local compite con el comprador extranjero, y solamente debe ofrecer al productor local el precio internacional menos el impuesto). Pero la retención reduce la oferta y, con el tiempo, eleva los  precios. El consumidor no nota ese supuesto efecto ‘reducción’ y en un contexto inflacionario no puede saber si el precio aumentó menos gracias a la existencia de ese impuesto. Tampoco puede evaluar cuánto más termina pagando por una oferta más reducida.

2.       Impuestos que explotan el conflicto social ya que se aplican a grupos con poco peso político: y en el caso argentino, el gobierno tuvo una visión ‘antigua’ de la producción agropecuaria. Este fue el gran error político del gobierno saliente. Pensó que aplicaba un impuesto a los “ricos” hacendados y estancieros y no se dio cuenta que el campo moderno involucra a toda una cadena de producción de la cual participan cientos de miles de personas, grandes y pequeños. No es de extrañar que perdiera la elección principalmente en toda la zona central agropecuaria.  

3.       Impuestos ‘temporales’: que nunca se reducen luego que la crisis pasó. Típicamente, en este caso, las retenciones se impusieron como resultado de la gran crisis y devaluación del 2002, pero se mantuvieron desde entonces pese a que esa crisis había quedado atrás. Curiosamente, ahora que no pagarán retenciones, los productores deberán pagar Ganancias, otro impuesto ‘temporal’, creado en la crisis de los años 1930.

4.       Amenaza de colapso social e imposibilidad de prestar servicios públicos si el impuesto se reduce: era el argumento por el cual se mantuvieron las retenciones en un contexto en que el gasto público no dejaba de crecer.

5.       Recaudación en pequeños pagos, no, por ejemplo, un pago total anual: y en el caso de las retenciones el productor ni siquiera tiene que hacer la gestión de pagarlo, ya que está deducido del precio que recibe del exportador. Estos son los que pagan al exportar, pero son bien pocos, y es muy fácil controlarlos.

Las otras estrategias comentadas por Pulviani son bien conocidas: financiar el gasto con emisión y la consiguiente inflación, endeudamiento que se paga con impuestos futuros; alta complejidad del presupuesto, cosa que nadie entienda mucho en qué se está gastando; uso de categorías de gasto muy generales, como ‘educación’ o ‘seguridad’, donde no puede verse con precisión en qué se gasta específicamente.

Contratos futuros para comprar dólares. Dos posiciones libertarias: cumplir la ley o repudio a la deuda

El nuevo gobierno argentino se enfrenta a un problema, generado arteramente por el gobierno anterior. Éste, para disimular la escasez de reservas en el Banco Central como resultado del llamado ‘cepo cambiario’, vendió contratos futuros para la compra de dólares a un precio que, tanto los que vendían como los que compraban, sabían que iba a estar muy alejado de la realidad al momento en que deban hacerse efectivos.

Para nuestros lectores de otros países no hace falta entrar en detalles, pero digamos que el Banco Central vendía dólares futuros a 10 pesos cuando todo el mundo sabía que una devaluación era inevitable y que a su vencimiento el dólar se podría cotizar en alrededor de 15 pesos. Es decir, comprar a 10 y en unos meses luego poder vender a 15. Esta operación se hizo a la vista de todos e incluso cumpliendo requisitos contractuales legales. No obstante, el nuevo ministro de Economía, y otros, presentaron una demanda judicial contra el entonces presidente del Banco Central acusándolo de estar vendiendo dólares a un precio incluso más bajo al que se compraban futuros en Nueva York.

Esta demanda está en curso y el nuevo ministro se enfrenta con el problema de qué hacer, dado que los dólares que se vendieron en principio no existen, es decir, el Banco Central no tiene cómo pagarlos.

Seguramente tiene varias opciones por delante, que estarán siendo estudiadas en estos días, pero a los libertarios nos plantea un dilema que quisiera presentar aquí, enfrentando dos posiciones respecto a la actitud que debe tener el estado en sus contratos.

Primera posición: el respeto del derecho de propiedad y el cumplimiento de los contratos es una ley básica y fundamental de toda sociedad liberal. Es más, la función del estado es, precisamente, verificar el cumplimiento de estas leyes, y no podría, entonces, él mismo violarlas. Esta visión, se basa en una famosa frase de David Hume acerca de los principios básicos de una sociedad abierta:

“Where possession has no stability, there must be perpetual war. Where property is not transferred by consent, there can be no commerce. Where promises are not observed, there can be no leagues nor alliance.”

Segunda posición: puede verse en esta cita de Murray Rothbard: “… la transacción de la deuda pública es muy distinta de la de la deuda privada. En lugar de un acreedor con una baja preferencia temporal intercambiando dinero por un pagaré de un deudor con alta preferencia temporal, el gobierno recibe ahora dinero de los acreedores, sabiendo ambas partes que el dinero que se devuelva no vendrá de los bolsillos de políticos y burócratas, sino de las carteras saqueadas de los contribuyentes indefensos, los súbditos del estado. El gobierno obtiene el dinero por coacción fiscal y los acreedores públicos, lejos de ser inocentes, saben muy bien que sus ingresos vendrán de esta lamentable coacción.”

Rothbard propone repudiar la deuda:

“Aparte del argumento de la moralidad o santidad del contrato contra el repudio que ya hemos explicado, el argumento económico habitual es que ese repudio es desastroso porque quién en su sano juicio volvería a prestar a un gobierno repudiante. Pero el contraargumento eficaz se ha considerado raras veces: ¿por qué debería inyectarse más capital privado en las ratoneras del gobierno? Es precisamente la eliminación de futuros créditos públicos lo que constituye uno de los principales argumentos para el repudio, pues significa secar beneficiosamente un canal de destrucción inútil de los ahorros de la gente. Lo que queremos son ahorros abundantes e inversión en empresas privadas y un gobierno delgado austero, de bajo presupuesto, mínimo. El pueblo y la economía solo pueden hacerse grandes y poderosos cuando el gobierno es frugal y enclenque.”

“Pero si este plan se considera demasiado draconiano, ¿por qué no tratar al gobierno federal como se trata a cualquier bancarrota privada (olvidando el Capítulo 11)? El gobierno es una organización, así que ¿por qué no liquidar los activos de la organización y pagar a los acreedores (los tenedores de bonos públicos) una porción a prorrata de dichos activos? La solución no costaría nada al contribuyente y asimismo le libraría de 200.000 millones de dólares en pagos anuales de intereses. Se obligaría al gobierno de Estados Unidos a regurgitar estos activos, venderlos en subasta y pagar a los acreedores de acuerdo con ello.

Qué activos del gobierno? Hay una gran cantidad de activos, de la Tennessee Valley Authority a los parques nacionales a distintas estructuras como Correos. Las enormes oficinas de la CIA en Langley, Virginia, deberían generar un buen lugar para edificar chalets para todos los trabajadores dentro de la circunvalación. Tal vez podríamos echar a las naciones Unidas de las Estados Unidos, reclamar los terrenos y edificios y venderlos para casas de lujo para las celebridades del East End. Otro descubrimiento de este proceso sería una privatización masiva del terreno socializado en el Oeste de Estados Unidos y también del resto del país. La combinación de repudio y privatización llegaría reducir la carga fiscal, estableciendo una sensatez fiscal y desocializando Estados Unidos.”

En fin, ¿qué opinan los lectores?

Generaron dudas sobre el cumplimiento de los contratos en dólares: Hayek sobre el «curso legal»

 En Argentina se ha modificado el Código Civil y se han introducido serias dudas respecto al cumplimiento de los contratos en otras monedas. Aunque cierta jurisprudencia afirma ya que prevalece la voluntad de las partes, es decir, lo especificado en el contrato, está por verse: http://www.lanacion.com.ar/1824427-nuevo-codigo-civil-y-comercial-la-camara-civil-confirmo-que-un-contrato-en-dolares-debe-pagarse-en-esa-moneda

Al respecto, en su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema del curso legal de la moneda como parte de su análisis de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

Hayek4

Preferencia por el dinero privado

Desde luego, puede haber y ha habido dinero muy sólido sin que los poderes públicos intervinieran para nada, pero raras veces se ha permitido que funcionara durante un período largo de tiempo.

Ahora bien, conviene aprender la lección contenida en un informe sobre China escrito por un autor holandés hace cien años. En él se señala que el papel moneda corriente entonces en aquella parte del mundo «es generalmente aceptado como dinero porque carece de curso legal y el Estado no se ocupa de él». Debemos a la intervención pública el que dentro de determinados territorios nacionales sólo se acepte un tipo de moneda. Pero es una cuestión sin decidir la de si esto es deseable o si la gente no podría conseguir un tipo de dinero de mucho mejor calidad si comprendiera las ventajas de prescindir de toda la confusión que genera la cuestión del curso legal. Además, un «medio legal de pago» (gesetzliches Zahlungsmittel) no necesita ser específicamente designado por una ley. Basta con que la ley permita al juez decidir con qué clase de moneda se puede pagar una determinada deuda.

La mencionada práctica fue claramente expuesta hace ochenta años por el distinguido defensor de la política económica liberal, abogado, estadista y alto funcionario, Lord Farrer. En un ensayo escrito en 1895 afirmaba que si las naciones «consideran como de curso legal solamente la unidad de cuenta cuando la deuda está expresada en esa unidad de cuenta en el contrato, no hay necesidad ni lugar para que opere una ley de curso legal. El Derecho mercantil es suficiente y no se requiere otra ley que atribuya funciones específicas a determinadas monedas. Hemos adoptado el soberano de oro como nuestra unidad o medida del valor. Si prometo pagar 100 soberanos, no es necesaria una ley especial sobre moneda de curso legal que señale que estoy obligado a pagar los 100 soberanos, y que si se me requiere el pago no puedo eximirme de la obligación pagando con algo distinto.» Después de examinar las aplicaciones típicas del concepto de curso legal, concluye que «observando los casos anteriores de uso o abuso de la ley de curso legal, vemos que tienen algo en común: en todos ellos la ley permite al deudor pagar y exige que el acreedor reciba algo diferente de lo contemplado en el contrato». De hecho, es una institución forzosa y antinatural que un poder arbitrario impone a los tratos entre los hombres. Añade unas líneas más abajo que «cualquier ley de curso legal es por naturaleza sospechosa».

Desigualdad en el mundo: en muchos países los pobres de hoy son mucho más ricos que sus padres

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”,: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point  , se pregunta si la desigualdad es mala:

“En 2003, los economistas Donald Boudreaux y Mark Perry señalaron que ‘según la Oficina de Análisis Económico, el gasto familiar en cuestiones básicas de la vida moderna –alimentos, automóviles, vestimenta y calzado, muebles y equipos, y vivienda y servicios- ha caído desde el 53% del ingreso disponible en 1950 a 44% en 1970 y a 32% hoy.

El economista Steven Horwitz resume los datos sobre las horas de trabajo requeridas para comprar una TV color o un auto, y destaca que ‘estos datos no capturan… el cambio en la calidad… La TV en tenía a lo sumo 23 pulgadas, con pobre resolución, probablemente sin control remoto, débil sonido, y generalmente muy distinto a su sucesor del 2013. Alcanzar las 100.000 millas en un auto de los años 1970s era una causa de celebración. No alcanzarlas hoy sería una causa para pensar que se ha comprado un mal auto.”. Observa que ‘considerando distintos datos sobre consumo, de los informes de la Oficina del Censo, respecto a lo que poseen los pobres en sus casas con el tiempo requerido para comprar una variedad de bienes de consumo, deja en claro que los norteamericanos viven hoy mejor que nunca antes. De hecho,  los norteamericanos pobres viven hoy mejor, según estas comparaciones, de lo que vivían sus contrapartes de la clase media en los años 1970s.”

El politólogo e intelectual público Robert Reich sostiene que, no obstante, debemos estar alarmados por la desigualdad más que dedicando todas nuestras energías a mejorar la condición absoluta de los pobres: “Una mayor desigualdad siempre daña la movilidad ascendente”, dice. Horwitz resume los resultados de un estudio de Julia Isaacs sobre le movilidad individual desde 1969 a 2005: “82% de los niños del 20% más pobre tenían ingresos reales más altos en el año 2000 de los que sus padres tenían en 1969. El ingreso real medio de los niños pobres de 1969 era el doble del de sus padres.” No hay dudas que los hijos y nietos de los refugiados por la sequía de los años 1930s, por ejemplo, están mucho mejor que sus padres y abuelos. John Steinbeck lo relató en Las uvas de la ira, sus momentos más terribles. Pocos años después, los de Oklahoma encontraron empleos en las industrias bélicas, y muchos de sus hijos fueron luego a la universidad. Algunos incluso llegaron a ser profesores universitarios que piensan que los pobres son cada vez más pobres.”

Nicolás Maduro reivindica la palabra ‘burgués’: otro éxito en su larga carrera de aciertos

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha cometido tantos errores que le han costado el resultado electoral por todos conocido. Pero ahora estaría a punto de realizar un aporte positivo: reivindicar la palabra ‘burgués’. Refiriéndose al nuevo presidente argentino Mauricio Macri, ha dicho “Macri es un burgués de la elite y todo el Gobierno que nombró es la crema de la elite. Creo que le va a ir muy mal, señor Macri”.

No me quiero referir aquí a Macri o a su crítico que sabrá de éxitos como para pronosticar fracasos sino a la palabra burgués.

El Diccionario de la Real Academia presenta seis definiciones:

1. adj. Natural o habitante de un burgo medieval. U. t. c. s.

2. adj. Perteneciente o relativo al burgo medieval o a los burgueses.

3. adj. Perteneciente o relativo al burgués (‖ ciudadano de la clase media).

4. adj. despect. Vulgar, mediocre. U. t. c. s.

5. m. y f. Ciudadano de la clase media acomodada.

6. m. y f. despect. Persona de mentalidad conservadora que tiende a la estabilidad económica y social.

Quisiera descartar las tres últimas, ya que una es un trato despectivo para el cual no veo justificación alguna cuando vemos algo de las tres primeras, y las dos últimas porque se alejan de su significado original.

Maduro habla despectivamente del burgués, pero tan solo leyendo Wikipedia deberíamos tener algo más de respeto porque es el origen de todos los valores de democracia y libertad que tanto él, como otros de sus amigos, dicen que valoran. Dice así sobre la “burguesía”:

“El término se usó inicialmente para identificar a la clase social compuesta por los habitantes de los «burgos» (las partes nuevas que surgían en las ciudades bajomedievales de Europa occidental), caracterizados por no ser señores feudales ni siervos y no pertenecer ni a los estamentos privilegiados (nobleza y clero) ni al campesinado. Sus funciones socioeconómicas eran las de mercaderes, artesanos o ejercientes de las denominadas profesiones liberales. La ausencia de sujeción a la jurisdicción feudal era la clave: se decía que «el aire de la ciudad hace libre» (Stadtluft macht frei). Algunos burgueses llegaron a ejercer el poder local en las ciudades a través de un patriciado urbano en el que se mezclaban con la nobleza; lo que en las ciudades-estado italianas (Venecia, Florencia, Génova, Pisa, Siena) implicaba en la práctica el ejercicio de un poder cuasi-soberano (algo menos evidente en las ciudades imperiales libres alemanas), mientras que en las monarquías autoritarias en formación (Francia, Inglaterra, reinos cristianos de la Península Ibérica) significaba la representación estamental del denominado Tercer Estado, pueblo llano o común. Destacadas familias de origen burgués se terminaron ennobleciendo (Borghese, Médici, Fugger).”

Ser burgués no es una definición negativa, no ser señor feudal o siervo; en toda clasificación se puede señalar que algún elemento de una clase no lo es de otras; sino que es una definición positiva referida a quienes han logrado ser libres. Como resultado de esa libertad se pudieron dedicar al comercio u otras profesiones. Su esencia es la libertad: no tienen privilegios, recuperaron sus derechos naturales. Luego, además, lucharon para extenderlos a todos, incluyendo a los siervos, y enfrentando a los señores feudales crearon el origen de los modernos parlamentos. Como dice Wikipedia, eran el Tercer Estado, el pueblo llano o común.

Así que Macri debería agradecer a Maduro por ese epíteto: qué mejor que a alguien le digan ‘hombre libre del pueblo común”.

McCloskey a Pikkety: la desigualdad no es mala y la pobreza está cayendo en el mundo, del 26% al 5%

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”,: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point , se pregunta si la desigualdad es mala:

“El problema central con el libro, sin embargo, no es ético. Piketty no reflexiona sobre porqué la desigualdad en sí misma sería mala. Por cierto, es irritante que una mujer super-rica compre un reloj de 40.000 dólares. La compra puede ser éticamente cuestionable. Debería estar donando su ingreso en exceso de un cierto amplio nivel, digamos, de tener dos autos, no veinte; dos casas, no siete; un yatch, no cinco; brindándolo a entidades de caridad. Andrew Carnegie enunció en 1889 el principio que ‘un hombre que muere rico, muere desgraciado’. Carnegie donó toda su fortuna. (Bueno, la donó tras su muerte, luego de haber disfrutado un castillo en su nativa Escocia y algunas otras amenidades).

Pero el hecho que mucha gente rica actúe hoy de forma desgraciada no implica automáticamente que el gobierno tenga que intervenir para frenarlos. La gente actúa en forma desgraciada en todo tipo de formas. Si nuestros gobernantes tuvieran asignada la tarea en este mundo imperfecto de mantenernos a todos completamente éticos, pondría todas nuestras vidas bajo su tutela paternal, una pesadilla a la que se acercara Alemania Oriental antes de 1989 o Corea del Norte hoy.

Nótese que en el relato de Piketty el resto de nosotros cae relativamente detrás de los malvados capitalistas. EL foco en la riqueza relativa o el ingreso y el consumo es un serio problema para este libro. La visión apocalíptica de Pikkety nos deja lugar a nosotros para que nos vaya bastante bien –y no apocalípticamente- como lo hemos hecho desde 1800. Lo que le preocupa a Pikkety es que los ricos se puedan estar haciendo algo más ricos, aun cuando los pobres estén mejorando también. Su preocupación se centra en la diferencia, sobre un vago sentimiento de envidia elevado a proposición teórica y ética.

Pero nuestra preocupación real debería estar con elevar a los pobres a una condición de dignidad, nivel en el cual pueden funcionar en una sociedad democrática y desarrollar vidas plenas. No importa éticamente si los pobres tienen el mismo número de brazaletes de diamantes o Porsches que los dueños de los hedge funds. Pero importa si tienen las mismas oportunidades para votar o para aprender a leer o a tener un techo sobre sus cabezas.

Adam Smith describió una vez la idea escocesa de ‘permitir a cada hombre perseguir su propio interés a su manera, bajo el plan liberal de igualdad, libertad y justicia’. Sería bueno, por supuesto, si una sociedad rica y libre siguiendo al liberalismo Smitihiano produjera una igualdad a lo Pikkety. En verdad, en buena medida lo ha hecho, bajo el único éticamente relevante estándar de derechos humanos y necesidades básicas. AL introducir el liberalismo en Hong Kong y en Noruega y Francia, por ejemplo, ha llevado a una asombrosa mejora y a una real igualdad de resultados –los pobres comprando autos y teniendo agua fría y caliente, cosas que no tenían antes ni los ricos, y adquiriendo derechos políticos y dignidad social que eran negadas antes salvo a los ricos.

Los economistas Xavier Sala-i-Martin y Maxim Pinkovsky informaron tras un minucioso estudio de la distribución individual del ingreso –a diferencia de la comparación entre países-, que la pobreza está cayendo. Entre 1970 y 2006, la tasa global de pobreza se ha reducido casi en tres cuartos. El porcentaje de la población mundial viviendo con menos de un dólar por día (en dólares del año 2000, ajustados por poder de compra) fue de 26,8% en 1970 a 5,4% en 2006”.

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue una moda pasajera? Con el tiempo aparecen más errores y críticas

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”, comenta: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point

“La preocupación de Piketty que los ricos sean cada vez más ricos es, en verdad, la última de una larga serie que se remonta a Thomas Malthus, David Ricardo y Karl Marx. Desde que esos geniales fundadores de la economía clásica, el progreso económico ha enriquecido a una gran parte de la humanidad –cuya población es ahora siete veces más que en 1800- y apunta a enriquecer a todo el planeta en los próximos 50 años. Y aun así la izquierda olvida regularmente este fundamental evento desde el invento de la agricultura –el Gran Enriquecimiento de los últimos dos siglos- y sigue preocupándose una y otra vez cada media generación, más o menos.

Todas las preocupaciones, desde Malthus a Piketty, comparten un pesimismo fundamental, ya sea de la imperfección del mercado de capitales o las limitaciones del consumidor individual  o de las Leyes de Movimiento del Sistema Capitalista. Durante esa parte de la buena historia desde 1800 hasta nuestros días, los pesimistas económicos en la izquierda han pronosticado terribles pesadillas. Por cierto, el pesimismo vende. Por razones que nunca he comprendido, a la gente le gusta escuchar que el mundo se va al diablo, y dudan cuando algún optimista idiota interfiere con su placer. Sin embargo, el pesimismo ha sido, consistentemente, una pobre guía para el mundo económico moderno.

Demanda, oferta y destrucción creativa

Los errores técnicos en los argumentos de Piketty son muchos. Cuando se escarba, surgen. El problema fundamental es que Piketty no entiende cómo funcionan los mercados. Al mantener su posición como un hombre de izquierda, tiene una idea vaga y confusa sobre cómo la oferta responde ante precios más altos. Una notable evidencia de su falta de conocimiento se encuentra ya en la página 6.

Comienza con una aparente concesión a sus oponentes neoclásicos: “Por cierto, existe en principio un mecanismo bastante simple que restauraría el equilibrio en el proceso: el mecanismo de la oferta y la demanda. Si la oferta de cualquier bien es insuficiente, y su precio es muy alto, entonces la demanda de ese bien debería reducirse, lo que llevaría a una reducción de su precio.” Las palabras marcadas mezclan claramente un movimiento a lo largo de la curva de demanda con un movimiento de toda la curva, un error de estudiantes de primer año. El análisis correcto es que si el precio es ‘demasiado alto’ no es toda la curva de demanda la que ‘restaura el equilibrio’, sino eventualmente un movimiento hacia afuera de la curva de oferta. La curva de oferta se mueve hacia afuera porque el aroma de ganancias supra-normales induce el ingreso en el mercado.

Piketty no reconoce que cada ola de inventores, emprendedores y aun rutinarios capitalistas ven perder sus recompensas por el ingreso de otros. Veamos la historia de las fortunas en las tiendas por departamentos. El ingreso de estas a fines del siglo XIX, en Le Bon Marché, Marshall Field y Selfridge’s era empresarial. El modelo fue luego copiado en todo el mundo rico. A fines del siglo XX el modelo fue desafiado por una ola de tiendas de descuento, y éstos a su vez por Internet. Lo que sucede es que la ganancia que va a los emprendedores se reduce más o menos rápido por la oferta que se desplaza hacia afuera. La acumulación original se disipa.

EL economista William Nordhaus ha calculado que los inventores y emprendedores obtienen hoy una ganancia de alrededor del 2% del valor social de sus inventos. Si eres Sam Walton, el 2% te da personalmente mucho dinero por introducir los códigos de barras para manejar los stocks en los supermercados. Pero 98% al costo del 2% es, no obstante, un negocio bastante bueno para el resto de nosotros. Las ganancias de las rutas asfaltadas o las ruedas vulcanizadas, de las universidades modernas, del cemento estructural y del avión, han enriquecido a los más pobres entre nosotros.”

Angus Deaton: ¿si un país es más rico su gente no es más feliz? Falso: importan mejoras relativas

En su libro “El Gran Escape”, el último premio Nobel en Economía, Angus Deaton habla sobre la desigualdad y el progreso y presenta un punto bien interesante sobre la relación que existe entre el ingreso per cápita y la felicidad.

Veamos el primer gráfico:

0227080deatonGraph1

Comenta Deaton al respecto:

“Si observamos la esquina de la izquierda y abajo, donde están los países pobres, vemos que la evaluación sobre la calidad de vida crece con el ingreso nacional muy rápidamente. Luego que pasamos China y la India, yendo de la izquierda abajo hacia la derecha arriba, el aumento en la evaluación de vida es menos pronunciado, y una vez que llegamos a Brasil y México los resultados son cercanos a 7 sobre 10, tan solo un punto menos que los países realmente ricos de arriba/derecha. El ingreso es más importante entre los muy pobres que entre los muy ricos. Por cierto, resulta tentador mirar al cuadro y concluir que una vez que el PIB per cápita alcanza unos 10.000 dólares por año, más dinero no mejora la vida de la gente, y muchos así lo han afirmado. Sin embargo, esta afirmación es falsa”.

El argumento de Deaton es que no importa la mejora absoluta sino la porcentual. Pone este ejemplo: uno que gana $200.000 recibe un aumento del 1% ($2.000); esto es más que uno que gana $50.000 y recibe un aumento del 2% ($1.000). Este último va a estimar que obtuvo mejor resultado, y el primero se verá frustrado.

Deaton reconfigura los mismos datos del primer cuadro en niveles que cuadruplican el ingreso; esto es, comenzando con 250 dólares (Zimbabue, Congo, luego 1.000 (Tanzania, Kenia), otro nivel de 4.000 (China e India), 16.000 (México y Brasil) y los países ricos con $64.000. En ese caso la figura es la siguiente:

 22-7-fig1

Lo que dice este gráfico es que diferencias porcentuales iguales en ingresos producen cambios absolutos iguales en la evaluación sobre la calidad de vida. En promedio, si nos movemos de un país a otro cuyo ingreso per cápita es cuatro veces superior, avanzaríamos un punto en calidad de vida.

“El Gráfico 2 es importante porque muestra que centrar nuestra visión en el ingreso es muy engañoso. Los países más ricos tienen mayores niveles de evaluación de vida, aun entre los más ricos del planeta”.