¿Qué explica la mayor o menor informalidad en las economías? ¿No es acaso el mayor nivel de impuestos y de regulaciones?

Los niveles de informalidad económica varían, por supuesto, según cada país. ¿Cómo se explican estas diferencias? Hay distintas teorías, como lo analiza un artículo titulado ”Explaining cross-country variations in the prevalence of informal sector competitors: lessons from the World Bank Enterprise Survey, de Colin C. Williams & Abbi M. Kedir, Universidad de Sheffield, UK.

Una que parece obvia, los autores la descartan: aquella que dice que cuando más intervención estatal hay, más economía informal encontraremos. Parece obvio, pero ellos se inclinan por otra, que plantea que se debe a que las regulaciones no coinciden con las normas y costumbres sociales no escritas. Tal vez sea así, sobre todo teniendo en cuenta cómo se mide, porque la hipótesis de la intervención estatal mide el gasto público y el nivel de impuestos y eso por cierto que genera informalidad, pero tal vez genera más aún al caudal de normas regulatorias que no aparecen medidas como porcentaje del PIB. En fin, acá el resumen del trabajo:

“Para avanzar en la comprensión del espíritu empresarial del sector informal, el objetivo de este el documento es evaluar y explicar las variaciones entre países en la prevalencia de la informalidad competidores del sector. Para hacerlo, se informan los datos de la Encuesta de Empresas del Banco Mundial (WBES) de 142 países. Esto revela que el 27% de las empresas formales ven la competencia del sector informal como una limitación importante en sus operaciones, aunque esto varía del 72% de empresas formales en Chad a ninguna empresa formal en El Salvador.

Para explicar estos países variaciones, se evalúan cuatro teorías competidoras que ven de manera diversa la informalidad. El emprendimiento y la empresa del sector prevalecerán cuando exista: economía subdesarrollada (teoría de la modernización); altos impuestos y sobreinterferencia estatal (teoría neoliberal); muy poca intervención estatal (teoría de la economía política) o una asimetría entre las leyes y regulaciones de las instituciones formales y las no escritas socialmente compartidas reglas de las instituciones informales (teoría institucional).

Un análisis de regresión probit multinivel confirma la modernización y las teorías institucionales, pero no las políticas neoliberales y políticas teorías Más allá del subdesarrollo económico, por lo tanto, no es demasiado o muy poco intervención estatal que está asociada con la prevalencia de la competencia del sector informal pero más bien, si las leyes y regulaciones desarrolladas por los gobiernos están en simetría con Las normas, valores y creencias de los emprendedores. El documento concluye discutiendo el implicaciones teóricas y políticas de estos hallazgos.”

¿Qué explica el crecimiento del Estado durante el siglo XX? ¿La democracia, las ideas, el lobby? ¿La tecnología?

¿Por qué ha crecido tanto el tamaño del Estado a partir del siglo XX? Antes, no había estados que absorbieran más de 10 puntos del PIB. Sin embargo, hoy, en los países más ricos ese porcentaje está por arriba del 25% y en algunos casos hasta del 40%. ¿A qué se debe ese cambio?

Hace muchos años ya tuve la oportunidad de visitar a Gordon Tullock, y cuando salió este tema me dio un artículo de su autoría, que luego tradujimos y publicamos en la revista Libertas: https://www.eseade.edu.ar/wp-content/uploads/2016/08/Tullock-Gordon.pdf

La discusión acerca de las causas de ese crecimiento sigue abierta. Unos años después, Tyler Cowen, profesor de George Mason University, presenta un paper en una reunión de la Mont Pelerin Society, sobre ese mismo tema y agrega una hipótesis más: la tecnología. http://www.bcaplan.com/Cowentech.pdf

Básicamente, el punto es que de la misma forma en que la tecnología del transporte, las comunicaciones y otras, facilitaron el crecimiento del tamaño de las empresas, también lo hicieron con el tamaño del estado.

Yo suelo ser optimista respecto al impacto de la tecnología en la libertad pero habrá que tener en cuenta estos argumentos. Así dice Cowen:

“A menudo escucho argumentar que las nuevas tecnologías traerán mayores posibilidades para la libertad. Por ejemplo, ciberespacio, tecnologías para el anonimato en línea y genética, algún día, la ingeniería podrían desfavorecer al gran gobierno (Friedman 2008). Habiendo dicho esto, las tecnologías futuras y sus efectos han sido notoriamente difíciles de predecir en el pasado. Por lo tanto, debemos ser cautelosos al sacar conclusiones aquí.

Otros sostienen que una mayor competencia entre los gobiernos ha traído una mayor libertad para el mundo, o traerá mayor libertad en el futuro (McKenzie y Lee 1991). Escuchamos cómo los movimientos de capital más libres imponen disciplina a los gobiernos y los obligan a instituir mejores políticas. A medida que los recursos se vuelven más móviles con el tiempo, podríamos esperar que tales restricciones produzcan más libertad a largo plazo.

Tales hipótesis, sin embargo, no encuentran apoyo en los datos. La evidencia muestra que las pequeñas economías abiertas tienden a ser más intervencionistas que más libres (Rodrik 1998). Cuanto más abierta es la economía, más riesgos enfrentan las personas por las perturbaciones de mercados mundiales más grandes. Estos ciudadanos tienden a favorecer una mayor intervención del gobierno, no menos, para protegerse contra esos riesgos. A medida que avanza la historia, vemos más ejemplos anecdóticos para apoyar este resultado estadístico general. Los mercados globales han castigado a muchos países más pobres, como Argentina o Indonesia, por sus malas políticas intervencionistas. A menudo, el resultado final es más intervención del gobierno, no menos.

Canadá es una economía más «abierta» que Estados Unidos, pero típicamente tiene una mayor ntervención gubernamental y mayores niveles de gasto público. En los países nórdicos las economías son muy abiertas y tienen mucho gasto público, aunque también tienen una mano reguladora relativamente ligera.

Más tecnología no necesita deshacer la politización de las sociedades. Las tecnologías futuras pueden aumentar o disminuir el papel del gobierno en la sociedad, pero si la historia muestra lo que pasa es que no debemos descuidar la tecnología para entender el cambio de un viejo equilibrio político a uno nuevo.”

Ingreso restringido, discriminación y privilegios en las universidades de países socialistas.

Todos los socialistas o progresistas promueven la idea del ingreso irrestricto a la universidad pública, en particular en Argentina, pero en los países socialistas eso es algo impensado. Los movimientos estudiantiles demandan más fechas de exámenes, más facilidades para aprobar las materias, la idea de algún tipo de exigencia en cuanto al desempeño del alumno parece ser una política ‘restrictiva’ y ‘discriminatoria’. Pero nada de eso parece haber ocurrido en los paraísos socialistas que son su modelo. En el libro de Jung Chang “Cisnes Salvajes”, que cuenta la tremenda historia de tres generaciones de mujeres chinas en el siglo XX, comienza su capítulo 13:

Cuando en 1958 mi madre me llevó por primera vez a la escuela primaria, yo llevaba mi nueva chaqueta de cordón rosa, unos pantalones de franela verde y un enorme lazo rosa en el pelo. Entramos directamente al despacho de la directora, quien nos esperaba en compañía de la supervisora académica y de una de las profesoras. Todos sonreían y se dirigían a mi madre respetuosamente llamándola directora Xia y tratándola como a un personaje. Poco después, me enteré de que aquella escuela pertenecía a su departamento.

Aquella entrevista especial se debió a que yo contaba seis años de edad, cuando normalmente sólo aceptaban niños a partir de los siete debido a la escasez de plazas escolares. Sin embargo, ni siquiera mi padre tuvo entonces inconveniente en saltarse las normas, ya que tanto él como mi madre querían que empezara a ir al colegio a una edad temprana. Mi fluida declamación de poemas clásicos y mi hermosa caligrafía convencieron a los profesores de que me hallaba lo suficientemente avanzada. Tras convencer de ello a la directora y a sus colegas con la prueba de ingreso habitual, se me aceptó como caso especial, ante lo cual mis padres se mostraron tremendamente orgullosos de mí. Aquella misma escuela había rechazado ya a muchos de los hijos de sus colegas.

Se trataba de una escuela a la que todo el mundo quería enviar a sus hijos debido a que estaba considerada la mejor de Chengdu, así como la principal escuela «clave» de toda la provincia. El ingreso en las escuelas y universidades clave resultaba sumamente difícil. Dependía tan sólo de los méritos de cada uno, y no se concedía prioridad a los hijos de las familias de funcionarios.

Cada vez que me presentaban a una nueva maestra, siempre era como «la hija del director Chang y de la directora Xia». Mi madre solía acudir a la escuela en su bicicleta como parte de su trabajo para comprobar el modo en que era gestionada. Un día, comenzó de pronto a hacer frío y me trajo una chaqueta verde de abrigo con cordones bordada en su parte delantera. La propia directora vino al aula para entregármela, y yo me sentí terriblemente avergonzada de las miradas de todos mis compañeros. Al igual que la mayoría de los niños, lo único que quería era ser una más de mi grupo y que me aceptaran como tal.

Teníamos exámenes todas las semanas, y los resultados eran exhibidos en el tablón de anuncios. El primer puesto siempre me correspondía a mí, lo que disgustaba a las que me seguían. En ocasiones, descargaban su amargura llamándome «tesorito de mil piezas de oro» (qian-jin-xiao-jie) o haciendo cosas como meterme sapos en el cajón o atarme las trenzas al respaldo del asiento. Decían que no mostraba espíritu colectivo y que despreciaba a los demás. Yo, sin embargo, sabía que lo único que ocurría era que me gustaba hacer mi propia vida.”

La tarjeta alimentaria argentina, ¿será como el carnet de la Patria en Venezuela o el sistema de crédito en China?

El tema de la tarjeta alimentaria que implementará el gobierno de Alberto Fernández me hace acordar al “carnet de la patria” en Venezuela. Ahora, un artículo de Antony Sammeroff en el Mises Wire analiza el tema de la renta básica universal, que tienen algunos puntos en común: https://mises.org/es/wire/la-renta-b%C3%A1sica-universal-un-sue%C3%B1o-hecho-realidad-para-los-d%C3%A9spotas

Y cuando trata el tema del “sistema de Crédito” en China, comenta:

“En China la gente puede tener su puntuación de crédito social anulada por comprar demasiados videojuegos. En el marco de la RBU, es lógico que haya quejas de que algunas personas se aprovechan del sistema pero no contribuyen, y que eso es malo tanto para ellas como para la sociedad. Por lo tanto, parecerá sensato ahorrar dinero, y animar a la gente a que adopte mejores hábitos, descontando su renta básica universal si pasan demasiado tiempo jugando en el ordenador, o haciendo clic en los medios sociales. Es probable que el gobierno tenga muchas ideas brillantes sobre el tipo de actividades que deberían realizar en su lugar. Es posible que pronto también quieran recompensar a las personas por su buen comportamiento, como contribuir a la caridad o al voluntariado. Pero, ¿cuánto tiempo puede permanecer imparcial un sistema así? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que la gente empiece a crear causas malignas para lavar y aprovechar el dinero gratuito del gobierno? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que el gobierno empiece a seleccionar qué causas son dignas y cuáles no? El gobierno que recompensa actividades específicas con fondos públicos suplanta el sistema de mercado con una «soborno» en la que la gente puede subir la escalera no proporcionando directamente bienes y servicios por los que otros están dispuestos a pagar, sino averiguando qué es lo que el gobierno aprueba y recogiendo puntos de «brownie». Si el espionaje a los vecinos y la denuncia de su llamado comportamiento antisocial califica, entonces el gobierno habrá encontrado un papel para la nueva clase de aduladores – la idea se vuelve más aterradora. No sería la primera vez que los gobiernos piden a sus ciudadanos que delaten a su vecino.

En China la gente puede tener su puntuación de crédito social anulada por publicar noticias falsas en línea. Podemos, por supuesto, preguntar, ¿falsificar según quién? Después de todo, el gobierno chino sostiene que la masacre de la Plaza de Tienanmen de 1989 fue una «noticia falsa» que Occidente se propuso para socavar el régimen. Más cerca de casa, los principales medios de comunicación fueron totalmente cómplices en la venta de la guerra de Irak al público, pero dudo mucho que veamos a la gente sancionada por publicar noticias de las principales fuentes como la BBC o la MSNBC. Nuestros líderes están por encima de la falsificación de nuestros registros históricos y de enviar incidentes embarazosos por el agujero de la memoria para su eliminación permanente. Los cordones de la renta básica universal también representan una grave amenaza para la libertad de expresión. Cualquiera que haya seguido las «guerras del despertar» en Twitter y otras plataformas de medios sociales habrá oído hablar de personas que reciben prohibiciones de por vida para twittear cosas como «Los hombres nunca son mujeres». Ahora bien, ya sea que usted crea que tal mensaje es transfóbico o no, usted puede al menos creer que alguien tiene el derecho de tuitearlo, y ser debidamente educado en cuanto a los errores de su acción por parte de otros usuarios. La renta básica universal podría convertirse fácilmente en la nueva arma que se esgrima contra aquellos que tienen opiniones impopulares o aquellos que simplemente ya no son políticamente correctos. Se utilizará primero para atacar a grupos impopulares como racistas, misóginos, homofóbicos y fanáticos. No mucha gente vendrá en su defensa cuando pierdan su ingreso básico por propagar el odio. Pero un día usted mismo puede tener una opinión impopular que es relativamente benigna. Tal vez usted dirá que la gente no debería tener sus ingresos básicos reducidos sólo porque dicen cosas impopulares en Internet. No sólo será abofeteado con una prohibición de Twitter, sino que potencialmente perderá 1000 dólares al mes.”

Tarjetas preocupantes……

Sobre cómo se mantienen los regímenes represivos tal como Cuba o Venezuela: lo que aprendieron de la KGB

Para salir un poco de los temas económicos o de ciencias sociales, un paper que trata el funcionamiento de la red de informantes que creara el que ha sido, tal vez, el Estado represor más importante de la historia. Me refiero a la KGB y la URSS.

Tal vez hayan visto la serie de Netflix “The Americans”, que describe este proceso. Si no lo han hecho, es recomendable. En cuanto a la importancia de este trabajo para los temas actuales, tal vez sirvan para entender mejor cómo se sostiene el régimen cubano, y también lo que debe estar pasando al respecto en Venezuela, ya que estas técnicas han sido aprendidas y copiadas.

El paper es de Mark Harrison, del Departamento de Economía de la Universidad de Warwick y se titula: Contracting for Counterintelligence: the KGB and Soviet Informers of the 1960s and 1970s: https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3381522

La referencia completa es: Harrison, Mark, Contracting for Counterintelligence: the KGB and Soviet Informers of the 1960s and 1970s (May 1, 2019). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=3381522 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.3381522

Esto dice su resumen:

“La red de informantes era parte del capital humano del Estado policial de los comunistas, que tenía la propiedad de disolver el capital social independiente de ciudadanos comunes. ¿Cómo se construyó y cuál fue el papel de los informadores en el proceso? Algunos documentos de los archivos de la policía de seguridad soviética nos permite ver buenas prácticas como las vio la KGB.

Muestran algunas de las rutas por las cuales los informadores llamaron la atención de la KGB, sus variadas motivaciones y sus habilidades sociales y psicológicas, fortalezas y debilidades. El eje del proceso fue un contrato para Servicios de contrainteligencia. El contrato en sí fue en parte escrito, en parte verbal o implícito, y muy incompleto. Antes del contrato, se necesitaba un proceso de debida diligencia para identificar posibles reclutas. Después del contrato, para convertir a un recluta en un informador productivo involucrado un nuevo período de capacitación y monitoreo, que a menudo se extiende a la renegociación y nuevas inversiones de ambas partes en las capacidades del informante y la relación de confianza con el manejador. La confianza y el engaño eran dos lados de la moneda del informante.”

Y en el texto:

“En cuanto al efecto general de este secreto a voces en la sociedad, porque los informadores encubiertos eran conocidos por hacer amigos sin otro propósito que traicionarlos, y nadie sabía quiénes eran los informadores, el resultado era erosionar la confianza en los desconocidos.

La disminución de la confianza en la sociedad no es solo una hipótesis. Lichter Löffler y Siegloch (2018) han investigado los correlatos actuales de variación histórica en la densidad de informadores de la Stasi (policía de seguridad) a través de las fronteras del condado en la República Democrática Alemana. Ellos encuentran que una mayor penetración de la sociedad por los informadores bajo el dominio comunista es vinculado causalmente a niveles más bajos de confianza interpersonal e institucional hoy, así como a los peores resultados económicos que el más amplio estudio (encuestada por Alesina y Giuliano 2015) predice que seguiría del capital social reducido.

La atmósfera de sospecha generalizada evidentemente fue beneficiosa para la seguridad del régimen. Una persona que no simpatizaba con los soviéticos, pero temía compartir esos pensamientos internos con alguien que pudiera resultó ser un informador, también era menos probable que compartiera esos pensamientos con otros que podrían haberse inclinado a unirse a ellos sin autorización acción colectiva contra el régimen. El efecto debe haber sido reducir la probabilidad de serios desafíos para el orden político soviético.

Los soviéticos eliminaron los fines de semana, prohibieron Semana Santa y reemplazaron Navidad por una fiesta de invierno socialista

Ryan MacMaken comenta cómo los soviéticos reemplazaron la Navidad por una fiesta de invierno socialista: https://mises.org/es/power-market/c%C3%B3mo-los-sovi%C3%A9ticos-reemplazaron-la-navidad-por-un-festivo-de-invierno-socialista

Los revolucionarios de izquierda tienen desde hace mucho tiempo el hábito de reelaborar el calendario para que sea más fácil forzar a la población a adoptar nuevos hábitos y nuevas formas de vida que se adapten mejor a los propios revolucionarios.

Los revolucionarios franceses abolieron el calendario habitual, sustituyéndolo por un sistema de diez días semanales con tres semanas al mes. Todos los meses fueron renombrados. Las fiestas y días festivos cristianos fueron reemplazados por conmemoraciones de plantas como nabos y coliflor.

Los comunistas soviéticos intentaron reformas importantes en el calendario ellos mismos. Entre ellas estaba la abolición de la semana tradicional con sus domingos libres y ciclos predecibles de siete días.

[RELACIONADOS: «Cuando los comunistas abolieron el fin de semana» por Ryan McMaken]

Ese experimento finalmente fracasó, pero los soviéticos lograron erradicar muchas fiestas tradicionales cristianas en un país que había estado influenciado durante siglos por la adhesión popular a la religión cristiana ortodoxa oriental.

Una vez que los comunistas tomaron el control del estado ruso, el calendario habitual de fiestas religiosas fue naturalmente abolido. La Pascua estaba prohibida, y durante los años en los que los fines de semana se eliminaban, la Pascua era especialmente difícil de celebrar, incluso en privado.

Pero quizás la fiesta religiosa más difícil de suprimir fue la Navidad, y mucho de esto se evidencia en el hecho de que la Navidad no fue abolida sino reemplazada por una versión secular con rituales similares.

Emily Tamkin escribe en Foreign Policy:

Inicialmente, los soviéticos intentaron reemplazar la Navidad con un día festivo más apropiado relacionado con el komsomol (liga comunista juvenil), pero, sorprendentemente, esto no fue así. Y para 1928 habían prohibido completamente la Navidad, y el 25 de diciembre era un día de trabajo normal.

Luego, en 1935, Josef Stalin decidió, entre la gran hambruna y el Gran Terror, devolver un árbol de celebración a los niños soviéticos. Pero los líderes soviéticos no vincularon el árbol a las celebraciones religiosas de Navidad, sino a un año nuevo secular, que, por muy orientado hacia el futuro, encajaba perfectamente con la ideología soviética.

Ded Moroz (figura de Papá Noel) fue traído de vuelta. Encontró a una doncella de cuentos populares para que le proporcionara a su encantadora asistente, Snegurochka. La estrella azul de siete puntas que se sentaba sobre los árboles imperiales fue reemplazada por una estrella roja de cinco puntas, como la de la insignia soviética. Se convirtió en un día festivo cívico y festivo, que fue ritualmente enfatizado por el tictac del reloj, el champán, el himno de la Unión Soviética, el intercambio de regalos y las grandes fiestas.

En el contexto de estas celebraciones, la palabra «Navidad» fue sustituida por «invierno». Según un informe del Congreso de 1965,

La lucha contra la religión cristiana, considerada como un remanente del pasado burgués, es uno de los aspectos principales de la lucha por moldear al nuevo «hombre comunista». … el Árbol de Navidad ha sido oficialmente abolido, Papá Noel se ha convertido en Papá Frost, el Árbol de Navidad se ha convertido en el Árbol de Invierno, la Fiesta de Navidad la Fiesta de Invierno. Las ceremonias de bautizo y confirmación se sustituyen por ceremonias con nombres civiles, hasta ahora sin mucho éxito.

Es quizás significativo que Stalin encontrara que el aspecto de Papá Noel de la Navidad merecía ser preservado, y Stalin aparentemente calculó que una figura paterna con regalos podría ser útil después de todo.

Según un artículo de 1949 en The Virginia Advocate,

en reuniones de niños en la temporada navideña…. conferencias del abuelo Frost sobre el buen comportamiento comunista. Acostumbra a terminar su charla con la pregunta «¿a quién debemos todas las cosas buenas de nuestra sociedad socialista? A lo cual, se dice, los niños corean la respuesta: «Stalin»».

Todas y cada una de las experiencias socialistas han fracasado. ¿Qué más se puede decir? ¿Porqué esta vez será diferente?

Kristian Niemetz es autor del libro Socialism, recientemente publicado por el Institute of Economic Affairs de Londres. Aquí en una nota, presenta su principal argumento:

Primero, por mucho que los autores insistan en que los ejemplos anteriores de socialismo no eran «realmente» socialistas, ninguno de ellos puede decirnos qué harían exactamente de otra manera. En lugar de proporcionar al menos un bosquejo de cómo «su» versión del socialismo funcionaría en la práctica, los autores escapan a la abstracción y hablan de aspiraciones nobles en lugar de características institucionales tangibles. «Trazar nuevos destinos para la humanidad» y «democratizar la economía» son buenas frases de moda, pero ¿qué significa esto, en la práctica? ¿Cómo manejaría «la gente» conjuntamente «su» economía? ¿Nos reuniríamos todos en Hyde Park y debatiríamos cuántos cepillos de dientes y cuántos destornilladores deberíamos producir? ¿Cómo decidiríamos quién recibe qué? ¿Cómo decidiríamos quién hace qué? ¿Qué pasa si resulta que en realidad no estamos de acuerdo? Estos no son algunos detalles técnicos triviales que podemos dejar hasta después de la revolución. Estas son las preguntas más básicas y fundamentales que un proponente de cualquier sistema económico debe poder responder. Han pasado casi tres décadas desde la caída del Muro de Berlín: tiempo suficiente, uno debería pensar, para que los socialistas «modernos» propongan algunas ideas para un tipo diferente de socialismo. Sin embargo, aquí estamos. Después de todos esos años, todavía no se han movido más allá de la etapa de la palabra de moda. En segundo lugar, los autores no parecen darse cuenta de que no hay nada remotamente nuevo sobre las elevadas aspiraciones de las que hablan y las frases de moda que usan. Darle al pueblo un control democrático sobre la vida económica siempre ha sido la aspiración y la promesa del socialismo. No es que esto nunca se le haya ocurrido a las personas que participaron en proyectos socialistas anteriores. Por el contrario: esa fue siempre la idea. Nunca hubo un momento en que los socialistas comenzaron con la intención expresa de crear sociedades estratificadas dirigidas por una élite tecnocrática. El socialismo siempre resultó de esa manera, pero no porque tenía la intención de ser así. Los socialistas contemporáneos no abordan por completo las deficiencias del socialismo en la esfera económica. Los socialistas generalmente reaccionan con verdadera irritación cuando un oponente político menciona un proyecto socialista anterior y fallido. No pueden ver esto como algo más que un hombre de paja, y un tiro barato. Como resultado, se niegan a abordar la pregunta de por qué esos intentos han resultado ser como lo hicieron. Según los socialistas contemporáneos, los líderes socialistas anteriores simplemente no lo intentaron realmente, y eso es todo lo que hay que saber. Están equivocados.

Piketty dice aportar un nuevo socialismo participativo. No es nuevo, ni es participativo, pero sí es socialismo

Paco Capella tuvo la paciencia de leer el último libro de Piketty, Capital e Ideología. (1248 páginas!).

Aquí concluye su crítica:

Frente a la posible pendiente resbaladiza que permitiría la redistribución de la riqueza al no tener límite y no saber dónde parar, Piketty asegura que “la historia muestra que, por medio de la deliberación democrática, se pueden encontrar límites a lo que es una propiedad privada razonable y lo que es una propiedad privada excesiva.” Es tan ingenuo que cree que en las democracias se delibera y se razona, y reconoce que democráticamente es posible confiscar tanta riqueza como la mayoría desee: la propiedad ya no es una protección del individuo y su libertad contra las agresiones ajenas sino el dominio exiguo sobre lo que la mayoría tenga a bien conceder al individuo minoritario.

Piketty propone un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los más ricos: “El objetivo es hacer circular la propiedad, permitir que todo el mundo acceda a ella.” Que todo el mundo acceda a propiedad que han producido legítimamente otros, es decir que el parasitismo sea legal.

El impuesto sobre la propiedad permitiría financiar una herencia para todos de 120.000 euros a los 25 años.

Aparte de que los números quizás no salgan tan bonitos, se estaría diciendo a los jóvenes que tienen derecho a la riqueza por la cara, a cambio de nada, sin necesidad de producir ni aportar nada valioso a cambio.

Ahora la mitad de la población no posee patrimonio. Aunque uno tenga un buen diploma y un buen salario, puede que una parte importante del salario sirva para pagar toda la vida un alquiler a hijos de propietarios y carezca de medios para crear su propia empresa.

Los números redondos como “la mitad de la población” suelen tener trampa. A Piketty le parece mal que un padre deje un patrimonio a sus hijos en forma de propiedad inmobiliaria que les permita obtener rentas del alquiler. Los pobrecitos inquilinos, a pesar de tener “un buen diploma y un buen salario”, están pagando toda la vida un alquiler en lugar de comprar su propia vivienda como si estuvieran en las garras del malvado arrendador. Y además no tienen medios para crear su propia empresa, como si todo el mundo tuviera que tener su propia empresa y como si los mercados de capitales estuvieran cerrados a las buenas ideas.

Quiero una sociedad en la que todo el mundo pueda tener algunos centenares de miles de euros, y en la que algunos que crean empresas y tienen éxito tengan unos millones de euros, quizá a veces unas decenas de millones de euros. Pero, francamente, tener varios centenares o miles de millones no creo que contribuya al interés general.

Y yo quiero felicidad, amor y salud para todos y la paz en el mundo. También quiero que la gente tenga riqueza, pero tengo ciertos escrúpulos morales que me prohíben quitársela por la fuerza a unos para dársela a otros y que así la distribución sea más conforme a mis preferencias subjetivas.

Piketty es tan generoso que permite que los empresarios de éxito tengan incluso decenas de millones de euros: otros serían mucho más cicateros y querrían quitarles más o todo. Se saca los números del sombrero mágico, y le sale que cientos o millones de euros ya no contribuye a un indefinido interés general. Olvida mencionar el interés de todos aquellos que hicieron negocios o intercambiaron con estos millonarios, como clientes, trabajadores o proveedores, y se beneficiaron por ello.

Afirma que las liberalizaciones y reducciones de impuestos de la época de Reagan en los años ochenta han incrementado el número de milmillonarios pero han reducido el crecimiento y no han incrementado los salarios. Esto es esencialmente falso, y además es absurdo criticar a los milmillonarios ya que el mero hecho de serlo suele mostrar que ellos sí que han contribuido al crecimiento generando enormes cantidades de riqueza.

… la verdadera razón fue que se estancó la inversión en educación. El resultado es que hoy muchas personas van a la universidad sin los medios que necesitarían. La lección es que lo que llevará al crecimiento en el siglo XXI es, ante todo, la educación.

Obviamente no conoce la crítica contra el exceso de educación de Bryan Caplan (The Case Against Education) y no sabe cómo se (mal)gastan recursos en señalización social. No distingue la inversión privada de la pública, probablemente porque no quiere que la gente decida individualmente cuánto invertir en educación sino subsidiarla o dirigirla desde el poder central del Estado.

Respecto a la arbitrariedad del impuesto a la riqueza del 90%, Piketty nos informa, por si no nos habíamos dado cuenta, de que “Un 90% a quien tenga 1.000 millones de euros significa que le quedarán 100 millones de euros. Con 100 millones todavía uno puede tener un cierto número de proyectos en la vida.” Tal vez se cree muy gracioso después de haber propuesto la confiscación de 900 millones de euros: calderilla que la pierdes y no duele. También con 10 millones de euros uno puede tener un cierto número de proyectos en la vida, incluso con 1 millón solo. Piketty es generoso y deja a los milmillonarios que se queden un 10%. No explica a partir de qué nivel de riqueza se aplicaría este impuesto, qué pasaría con el efecto frontera (quedarse en el límite), cuándo se ejecutaría el impuesto, ni otros enojosos detalles seguramente sin importancia.

El objetivo es regresar a un nivel de concentración de la fortuna que era más o menos el de los años sesenta, setenta u ochenta en Estados Unidos y en Europa. Mi enfoque es empírico. Lo que queremos evitar es la sedimentación. Mark Zuckerberg tuvo una buena idea a los 25 años. Pero, ¿esto justifica que a los 50 o 70 años continúe decidiéndolo todo sobre una red social mundial?

Para un progresista resulta misterioso este regreso al pasado idílico en lugar de mirar hacia el futuro. No explica qué es eso de la sedimentación que quiere evitar. Sobre Mark Zuckerberg, olvida que Facebook tiene muchos más accionistas que son los que lo nombran para que dirija la empresa, quizás porque lo hace bien para obtener beneficios. Que la red social sea mundial no significa que pertenezca al mundo y que por eso pueda confiscarse la riqueza de su creador.

Si no se para el aumento de las desigualdades Piketty advierte de “una explosión de la Unión Europea, otros Brexit. O bien una toma del control por parte de movimientos xenófobos”. Según él hay que “regular el capitalismo, hacer pagar impuestos a los más ricos y tener una economía más justa”. Olvida que el capitalismo ya tiene reglas (la inviolabilidad de la propiedad, la libertad contractual y las normas generadas en los pactos contractuales), que los ricos ya pagan grandes cantidades de impuestos, y que conviene aclarar qué entiende uno por justicia si va a jugar a hacer juicios morales que van mucho más allá de su (in)competencia como economista. También asegura que “nos desatamos golpeando a los pobres de origen extranjero”, sin plantearse que es la anquilosada y empobrecedora socialdemocracia, con su constante redistribución coactiva de riqueza y la lucha por la misma, la que genera resentimientos contra los de fuera.

Piketty reconoce que es propietario (quiere decir muy rico) y lamenta que su presidente Macron “decidió exonerarme del impuesto sobre la fortuna”. Seguramente no lo hizo por él personalmente, y si Piketty quería pagarlo, como mendazmente dice, las haciendas estatales suelen aceptar todo tipo de regalos voluntarios en favor del tesoro público: como este regalo no ha sido recibido, muestra con su acción su preferencia revelada de quedarse con su fortuna. Lo que seguramente quiere no es pagarlo solamente él sino que tengan que hacerlo todos los que tienen tanto como él o más, que es muy distinto.

Cuando uno escribe un libro como El capital en el siglo XXI, del que se venden 2,5 millones de ejemplares, no significa que sea mil veces mejor que aquellos de los que se venden 2.500 ejemplares. En parte es la suerte. Y me beneficié de las ideas de colegas y del sistema educativo francés. Es una ilustración perfecta de que las rentas y la propiedad siempre tienen orígenes sociales. No lo inventamos todo nosotros solos. Desde el momento en que uno obtiene altos ingresos, se ha beneficiado de muchas otras personas. Mi experiencia ha confirmado mis convicciones.

Efectivamente Piketty no es mil veces mejor, y ha tenido mucha suerte de ponerse de moda como el economista de izquierdas del momento. Sobre que se benefició del trabajo de otros, olvida mencionar que ese trabajo ya fue pagado en su momento, que no se hizo gratis, y que las ideas son de consumo no rival. La riqueza tiene origen social en el sentido de que a menudo se consigue o se produce en equipo o mediante intercambios con otros, pero esos otros ya han sido compensados y no tienen derecho a estar reclamando más pagos de forma perpetua.

Piketty a menudo tiene una visión estática de la distribución de la riqueza para reconfigurarla a su gusto de forma más uniforme, y cuando añade un componente dinámico solo es para mirar de forma equivocada hacia atrás (todo lo hemos hecho entre todos), y olvida mirar al futuro y preguntarse qué pasará con los grandes creadores de riqueza si saben que les van a expropiar el 90% de la misma: no sabe, no contesta.

En este extracto de su libro resume sus análisis y propuestas:

… estoy convencido de que es posible superar el capitalismo y la propiedad privada y construir una sociedad justa basada en el socialismo participativo y en el federalismo social. Esto pasa principalmente por desarrollar un régimen de propiedad social y temporal que repose, por una parte, en la limitación y la distribución (entre accionistas y asalariados) de los derechos de voto y de poder en las empresas y, por otra parte, en una fiscalidad fuertemente progresiva sobre la propiedad, en una dotación universal de capital y en la circulación permanente de la riqueza. También pasa por la fiscalidad progresiva sobre la renta y por un sistema de regulación colectiva de las emisiones de carbono que contribuya a la financiación de los seguros sociales y de una renta básica, así como por la transición ecológica y un sistema educativo verdaderamente igualitario.

Quiere entrometerse en la dirección de las empresas dando derechos de voto a los trabajadores sin que estos tengan que aportar capital ni asumir los riesgos de los accionistas, y obviando la posibilidad de que los trabajadores cobren parte de su salario en acciones, o simplemente las compren con su propio dinero si así lo desean.

La fiscalidad sobre la propiedad y la renta no solo deben ser progresivas sino fuertemente progresivas, o sea machacar a impuestos a los más ricos en renta y riqueza. No importa si eso desincentiva la producción de riqueza y el ahorro hasta que no quede renta y riqueza que gravar.

Dar capital a todo el mundo suena muy bonito si se olvida que este se ha expropiado a unos para dárselo a otros, y que los receptores quizás no sean especialmente hábiles en el uso del mismo: algunos quizás lo usen productivamente mientras que muchos otros lo invertirán mal o simplemente lo consumirán.

El Estado debe disponer de recursos para seguros sociales y renta básica: nada de plantearse que los individuos podrían resolver sus propios problemas mediante asociaciones libres no parasitarias de la riqueza ajena.

El sistema educativo debe ser verdaderamente igualitario: nadie podrá ofrecer servicios de mejor calidad, y los progenitores no podrán dar mejores oportunidades a sus hijos.

La superación del capitalismo y la propiedad privada también pasa por organizar la mundialización de otra manera, con tratados de cooperación al desarrollo que giren en torno a objetivos cuantificados de justicia social, fiscal y climática, cuyo cumplimiento condicione el mantenimiento de los intercambios comerciales y de los flujos financieros. Una redefinición del marco legal como ésta exige la retirada de un cierto número de tratados en vigor, en particular los acuerdos de libre circulación de capitales puestos en marcha desde los años 1980-1990 y su sustitución por nuevas reglas basadas en la transparencia financiera, la cooperación fiscal y la democracia transnacional.

Para destrozar con éxito el capitalismo y la propiedad privada es necesario un gobierno mundial o un sistema de acuerdos de boicoteo contra quienes quieran mantener sociedades y mercados libres. El capital no debe poder moverse libremente para así poder confiscarlo más fácilmente.

Algunas de estas conclusiones pueden parecer radicales. En realidad, son una continuación del movimiento hacia el socialismo democrático que se inició a finales del siglo XIX y que ha supuesto una profunda transformación del sistema legal, social y fiscal. La fuerte reducción de las desigualdades observada a mediados del siglo XX fue posible gracias a la construcción de un Estado social basado en una relativa igualdad educativa y en un cierto número de innovaciones radicales, como la cogestión germánica y nórdica o la progresividad fiscal a la anglosajona. La revolución conservadora de la década de 1980 y la caída del comunismo interrumpieron este movimiento y contribuyeron a que el mundo entrase, a partir de los años 1980-1990, en un periodo de fe indefinida en la autorregulación de los mercados y casi de sacralización de la propiedad.

El socialismo democrático es bueno, justo y necesario: es la expresión del progreso natural, solo interrumpido por la revolución conservadora (junto con la incómoda caída del comunismo), que no tiene un pensamiento económico y social profundo sino solo “fe” y “sacralización”.

Piketty llega a afirmar que “la toma de conciencia de las limitaciones del capitalismo mundial desregulado se ha acelerado tras la crisis financiera de 2008.” Al parecer vivimos en un capitalismo puro sin interferencia estatal, o en la ley de la jungla sin ningún tipo de normas. Asegura que “el riesgo de una nueva oleada de competencia exacerbada y dumping fiscal y social es desgraciadamente real”: no está claro si acepta la competencia que no sea exacerbada; sí lo está que cree que los gobiernos que reducen impuestos y eliminan regulaciones están haciendo trampas.

 

Alberdi sobre el problema principal que todavía sigue arruinando a la Argentina: cómo debería manejarse el Tesoro

Con los alumnos de la UBA Derecho continuamos viendo a Juan Bautista Alberdi, quien ahora trata cómo se debería manejar el Tesoro Público:

Alberdi 2

“El poder de crear, de manejar y de invertir el Tesoro público, es el resumen de todos los poderes, la función más ardua de la soberanía nacional. En la formación del Tesoro puede ser saqueado el país, desconocida la propiedad privada y hollada la seguridad personal; en la elección y cantidad de los gastos puede ser dilapidada la riqueza pública, embrutecido, oprimido, degradado el país.

¿Cómo evitar que el gobierno incurra en tales excesos al ejercer la soberanía del país delegada para crear el Tesoro y aplicarlo? ¿Hay garantías aplicables al remedio de esos abusos? ¿Cómo conseguir que los principios económicos y rentísticos de la Constitución prevalezcan en las leyes y en los actos del gobierno, encargado de hacer cumplir la Constitución? – La Inglaterra ha encontrado ese secreto a costa de muchos siglos de experiencias dolorosas, y lo ha enseñado al mundo parlamentario: consiste en dividir el poder rentístico en dos poderes accesorios e independientes, a saber, el poder de crear los recursos y votar los gastos públicos, y el poder de recaudar, administrar y emplear esos recursos en los gastos designados, ¿por quién? – Al poder legislativo, órgano más íntimo del país, es delegado el ejercicio de la primera atribución. y al ejecutivo el de la segunda por ser el Tesoro el principal medio de acción y de ejecución.. Tal es la teoría del gobierno parlamentario de Inglaterra, de que ha sido expresión práctica la Constitución argentina, a imitación de todas las conocidas en ambos mundos de medio siglo a esta parte.

Toda la libertad del país depende de la verdad en esa división del poder.

Ella constituye la principal y más importante tradición de la revolución de Mayo contra el gobierno de España.

En el acta del 25 de Mayo de 1810, inaugural del nuevo régimen, se previno que la. nueva junta, depositaria del Poder ejecutivo, no podría imponer contribuciones ni gravámenes al pueblo o sus vecinos sin previa consulta o conformidad del Cabildo, eco inmediato de la ciudad. (Artículo 9 dé dicha acta).

Los Estados Unidos de Norte-América debieron a su madre patria el legado de esa tradición de progreso y libertad. En la Gran Bretaña fué siempre de la Cámara de los comunes el privilegio de iniciar las contribuciones, por el principio de que procediendo del pueblo toda contribución, es justo que el pueblo sea quien se la imponga. Eso fuera cierto, decía Blackstone, si sólo el pueblo pagase contribuciones, y no la nobleza propietaria, que en realidad las soporta al igual del resto del país. La verdadera razón de ese privilegio de los representantes del pueblo inglés (Cámara de los comunes) residía en el peligro de promediarlo con la Cámara de los lores, elegida por el rey, a cuya influencia se la presumía sujeta por este motivo.

Sin que en América existieran esas causas, los Estados Unidos reservaron esa prerrogativa a la Cámara de diputados, presumida siempre más cercana del pueblo por el origen de su elección directa, que no el Senado elegido por las legislaturas de Estado. El hecho es que la Constitución argentina ha seguido el mismo ejemplo en ese punto.

Al Congreso pertenece. según su artículo 4, el poder de imponer contribuciones, y de decretar empréstitos y operaciones de crédito para atender a los gastos ordinarios y extraordinarios de la Nación.”

Alberdi sobre los impuestos, y cuando las contribuciones «exorbitantes» atacan la libertad de industria y comercio

Con los alumnos de la UBA Derecho vemos Sistema Económico y Rentístico de Juan Bautista Alberdi, sobre los impuestos, y las “contribuciones exorbitantes”:

“Por la contribución exorbitante atacáis la libertad de industria y de comercio, creando prohibiciones y exclusiones, que son equivalentes del impuesto excesivo; atacáis la propiedad de todo género, llevando la contribución más allá de los límites de la renta; atacáis la seguridad, por la persecución de los efugios naturales de defensa apellidados fraude, que son hijos naturales del rigor fiscal; atacáis la igualdad, disminuyendo las entradas y goces del pobre. Tales son los resultados del impuesto exorbitante: todos contrarios a las miras generosas de la Constitución, expresadas en su preámbulo.

Por la contribución desproporcionada atacáis la igualdad civil, dada como base del impuesto por los art. 4 y 16 de la Constitución.

Por el impuesto mal colocado, matáis tal vez un germen de riqueza nacional.

Por el impuesto mal recaudado, eleváis la contribución de que forma un gasto adicional; atacáis la seguridad, formáis enemigos al gobierno, a la Constitución y al país, alejando las poblaciones asustadas de un fisco armado en nombre de la República de todas las herramientas de la inquisición.

Las contribuciones opuestas a los fines y garantías de la Constitución son contrarias precisamente al aumento del Tesoro nacional, que según ella tiene su gran surtidero en la libertad y en el bienestar general. – Por esta regla, jamás desmentida, bajar la contribución, es aumentar el Tesoro nacional: regla que no produce tal efecto en el instante, pero que jamás deja de producirlo a su tiempo, como el trigo no produce al otro día que se siembra, pero rara vez deja de producir al cabo de cierto tiempo.

¿No puede darse a la contribución un asiento tal, que le permita servir los destinos que le asigna la Constitución sin salir de ellos? ¿Dónde colocar el impuesto para que no dañe al bienestar general tan protegido por la Constitución? ¿La ciencia lo conoce? – Sí. – La contribución, como gasto público de cada particular, debe salir de donde salen sus demás gastos privados: de la renta, de la utilidad de sus fondos, no de los fondos que la producen porque así disminuís los fondos originarios de la renta, empobrecéis a los particulares, cuya riqueza, colectiva forma la riqueza de la Nación, de la cual es parásita la del fisco. El que gasta de su principal para vivir, camina a la pobreza: es preciso vivir de las ganancias; y para tener ganancias, es preciso hacer trabajar los fondos que las producen. El Estado está comprendido en esta ley natural de la riqueza: debe subsistir de la renta colectiva de los particulares que le forman, no de sus fondos. He ahí el asiento de toda contribución juiciosa: de toda contribución que sirva para enriquecer la Nación y no para empobrecerla.

Salir de ahí, echar mano de los fondos productivos, exigir capitales, tierras, servicios por vía de contribución, es entrar en una crisis de destrucción, que sólo un extremo puede legitimar, a saber: – la necesidad de no sucumbir: antes de tener fortuna, es preciso tener existencia. La fortuna se hace; lo que no se hace dos veces es la patria.

Procediendo la contribución de una parte de la renta o utilidad privada de los habitantes del país, importa conocer los parajes en que la renta existe, para exigirle pago de su deuda al gasto público.

La renta, como la riqueza de que es vástago frutal, debe su creación a uno de estos tres agentes o fuerzas productoras:

La tierra,

El trabajo,

El capital.

Estos tres instrumentos de renta, obren juntos o separados, siempre proceden de alguno de los tres modos siguientes para producir su utilidad imponible:

La agricultura,

El comercio,

Las fábricas.

De aquí tantos asientos para la contribución como el número y la forma de las rentas o utilidades de los particulares contribuyentes.

Luego la contribución es imponible:

En la renta de la tierra, que es el alquiler;

En la renta del trabajo, que es el salario;

En la renta del capital, que es el interés.

Luego la Constitución debe buscar esas rentas en los’ tres campos de su elaboración, que son la agricultura, el comercio, la industria fabril.”