Invasión a Ucrania: las empresas privadas responden en forma eficiente y solidaria

Hay quienes rechazan todo lo que venga del sector “privado” por, supuestamente, estar inspirado en el lucro. Muchos de ellos, por supuesto, se enriquecen en la política. Pero vayamos al caso de nuestros días: Ucrania. Las empresas privadas están proporcionando todo tipo de ayudas en forma sencilla, rápida y donde hace falta, es decir, con la eficiencia del sector privado. Fiona Harrigan escribe “Companies and Private Citizens Are Stepping Up To Help Ukrainians”, para Reason:

“En respuesta a la invasión rusa de Ucrania, que ya ha expulsado a 1,7 millones de ucranianos de su país, las empresas y los particulares se están movilizando para brindar asistencia humanitaria urgente. Sus esfuerzos son un recordatorio de que las personas y las empresas son clave para los esfuerzos de socorro, especialmente durante las crisis que exigen respuestas rápidas y localizadas.

Las empresas están ayudando a reforzar los esfuerzos de evacuación en la frontera con Ucrania y más allá. Uber está «brindando viajes gratuitos ilimitados entre la frontera ucraniana y las ciudades polacas para apoyar a los refugiados y sus familias», anunció la compañía en un comunicado la semana pasada. La aerolínea húngara Wizz Air ofrece a los refugiados ucranianos 100.000 asientos gratuitos a bordo de vuelos que parten de Polonia, Eslovaquia, Hungría y Rumania, y ofrecerá «tarifas de rescate» a los ucranianos atrapados en otros lugares.

Las empresas grandes y pequeñas también están dando un paso al frente para albergar a los ucranianos que han huido. Airbnb anunció la semana pasada que «ofrecería alojamiento gratuito a corto plazo a hasta 100.000 refugiados que huyen de Ucrania». Una declaración oficial de la compañía señaló que Airbnb también «trabajará en estrecha colaboración con los gobiernos para apoyar mejor las necesidades específicas de cada país, incluso proporcionando estadías más largas». La agencia de marketing Stay the Night ha lanzado una base de datos a través de la cual los hoteles y albergues pueden anunciar los alojamientos disponibles para los refugiados. Los hoteles de los países vecinos están abriendo sus puertas a miles de ucranianos que huyen.

Para aquellos que todavía están en Ucrania, las empresas internacionales esperan proporcionar bienes importantes que ahora son difíciles de conseguir. La empresa de cosméticos L’Oreal dice que entregará 300.000 productos de higiene a Ucrania en las próximas semanas. El fabricante de medicamentos Eli Lilly enviará más de $ 9 millones en insulina y suministros de COVID-19 a Ucrania, mientras que General Electric proporcionará equipos médicos críticos por valor de $ 4 millones. Ryanair, una aerolínea económica irlandesa, está llenando aviones a Polonia con suministros médicos.”

El artículo completo en: https://reason.com/2022/03/07/companies-and-private-citizens-are-stepping-up-to-help-ukrainians/

Bryan Caplan sobre cómo ayudar a los pobres, o tal vez cómo dejar de perjudicarlos

Podrás estar de acuerdo con sus opiniones o no, pero no podemos negar que Bryan Caplan tiene ideas y enfoques originales. El autor de “El mito del votante racional”, tiene ahora su propio blog y allí vas a encontrar buenas ideas. En uno de sus primeros posts considera este tema tan común de cómo ayudar a los pobres y he aquí su visión en “Helping the Poor, the Great Distraction”:

 

“¿Cómo podemos ayudar a los pobres?” Es una de las preguntas más populares en política, economía, filantropía, religión y más. La principal respuesta de los economistas ha sido durante mucho tiempo: «Crecimiento económico». La principal respuesta de los no economistas ha sido durante mucho tiempo, «Redistribución». Pero digo que casi todas las perspectivas pierden una visión crítica. A saber: Los gobiernos de todo el mundo imponen numerosas políticas que dañan activamente a los pobres. Todo el debate sobre “ayudar a los pobres” crea la ilusión de que la única razón de su sufrimiento es el mero descuido, a pesar de que el abuso absoluto es rampante.

Ayer hice una referencia a un trabajo sobre el “altruismo ineficiente”. Aquí Caplan comenta también el rechazo al altruismo “eficiente”:

“¿Por qué mi perspectiva sobre la pobreza es tan impopular? La respuesta obvia es que el altruismo efectivo suele ser impopular. Los corazones blandos y las cabezas blandas van de la mano. La mayoría de las personas son altruistas ineficaces instintivos. Quieren resolver la pobreza con sacrificio y sin matemáticas.

Pero ¿qué pasa con los activistas y los políticos? Pasan mucho tiempo pensando en la pobreza, y tampoco están de acuerdo conmigo. Si bien podría estar equivocado, culpo a su hambre de poder. Activistas y políticos quieren liderar una cruzada interminable contra la pobreza, y la autoayuda acorta la cruzada. Como he explicado antes:

Supongamos que tiene mucha hambre de poder. ¿Quieres que la gente piense que es capaz de solucionar sus propios problemas? Por supuesto que no. Si las personas pueden ayudarse a sí mismas haciendo un buen trabajo, aprendiendo nuevas habilidades, haciendo amigos y manteniendo los ojos bien abiertos, ¿para qué lo necesitan? Por el contrario, si la gente cree que la acción colectiva es el camino a seguir, la colectividad claramente necesitará líderes. ¿Y quién ocupará estos puestos de liderazgo? Los activistas socialistas, naturalmente.”

El blog es: https://betonit.blog/

 

Altruismo ineficiente: no parece ser muy efectivo, ni tampoco muy altruista

Aunque el “altruismo” suele ser apreciado y destacado por muchos (salvo los randianos, por supuesto), no parece ser “efectivo” y tampoco muy altruista. En un artículo publicado en Current Opinion in Psychology; Volume 44, April 2022, Pages 130-134, titulado “Psychological barriers to effective altruism: An evolutionary perspective”, los autores Bastian Jaeger y Markvan Vugt del Department of Experimental and Applied Psychology, Vrije Universiteit Amsterdam, the Netherlands, presentan una interpretación del tema (https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2021.09.008 )  :

“Las personas suelen participar (o al menos profesan participar) en actos altruistas para beneficiar a los demás. Sin embargo, rutinariamente no logran maximizar cuánto bien se logra con su dinero y tiempo donados. Un creciente cuerpo de investigación ha descubierto varios factores psicológicos que pueden explicar por qué el altruismo de las personas tiende a ser ineficaz. Estos estudios previos se han centrado principalmente en explicaciones próximas (por ejemplo, emociones, preferencias, creencias laicas). Aquí, adoptamos una perspectiva evolutiva y destacamos cómo tres motivos fundamentales (parroquialismo, estatus y conformidad) pueden explicar muchas fallas aparentemente dispares para hacer el bien de manera efectiva. Nuestro enfoque describe las explicaciones finales para el altruismo ineficaz e ilustramos cómo se pueden aprovechar los motivos fundamentales para promover donaciones más efectivas.”

“El altruismo ha sido definido como “comportamiento voluntario e intencional que resulta en beneficios para otro” ([1], p. 92). Sin embargo, los actos altruistas difieren sustancialmente en cuánto benefician a los demás (un punto destacado por el movimiento Altruismo Efectivo [2,3]). Por ejemplo, proporcionar un perro guía a una persona ciega en los Estados Unidos cuesta alrededor de $ 40,000 [4]. Donar dinero a esta causa puede parecer admirable, pero la misma cantidad de dinero podría usarse para curar aproximadamente dos mil casos de tracoma, una infección bacteriana del ojo que puede provocar ceguera permanente [4]. Las organizaciones benéficas difieren sustancialmente en su efectividad (por ejemplo, la cantidad de vidas salvadas o enfermedades curadas por dólar donado) y la donación a las causas más efectivas puede influir dramáticamente en cuánto mejora el bienestar de los demás.”

Los tres motivos enunciados en el artículo son: parroquialismo (la gente prefiere donar a su grupo cercano, dice el artículo “hay preocupación por ‘nosotros’, no por ‘ellos’); estatus (donar genera algo que es muy útil para progresar en la sociedad0, y conformidad (hacer lo que los otros hacen).

Böhm-Bawerk y una, o varias, contradicciones no resueltas del sistema económico marxista

Con los alumnos de la materia Escuela Austriaca, de UCEMA, vemos partes de un ensayo de Eugen von Boehm-Bawerk, con el título: “Una Contradicción no Resuelta en el Sistema Económico Marxista”. El título lo dice todo. En este trabajo muestra de una vez y para siempre la inconsistencia de la teoría del valor-trabajo.

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“Como autor, Marx fue un hombre de envidiable ventura. Su obra no se puede clasificar entre los libros fáciles de leer o de comprender. La mayoría de los libros de este tipo –aun aquellos con una dialéctica más asequible y una ilación matemática más liviana— habrían encontrado completamente obstaculizado el camino hacia la popularidad. Pero, contrariamente, Marx se ha transformado en el apóstol de un amplio círculo de lectores, incluyendo a aquellos que, por norma, no leen libros difíciles. Más aún, la fuerza y la claridad de su razonamiento no eran tales como para convencer a nadie. Al revés, hombres calificados como los pensadores más serios y valiosos de nuestra ciencia, por ejemplo Karl Knies, han afirmado, desde un comienzo, mediante argumentos imposibles de pasar por alto, que la enseñanza de Marx estaba repleta, de principio a fin, de toda clase de contradicciones, tanto de lógica como de hechos. Podría fácilmente haber sucedido que la obra de Marx no hubiera encontrado partidarios ni entre el público común —que no podía entender su difícil dialéctica— ni entre los especialistas, que sí la comprendían, pero captaban demasiado bien sus limitaciones. Sin embargo, en la práctica, ha sucedido lo contrario.

Tampoco ha sido perjudicial para su influencia el hecho de que la obra de Marx haya permanecido como una estructura incompleta durante su vida. Generalmente, y con razón, desconfiamos de los primeros volúmenes, no proyectados a nuevos sistemas. Los principios universales pueden describirse seductoramente en las «Secciones Generales» de un libro, pero sólo se pueden corroborar si realmente poseen la fuerza de convicción que les atribuye su creador cuando, en la elaboración del sistema, se confrontan con todos los hechos minuciosamente. En la historia de la ciencia, muchas veces se ha dado el caso de que un primer volumen, promisorio y respetable, no ha sido continuado en un segundo volumen simplemente porque, bajo el propio análisis investigador del autor, los nuevos principios no soportan la prueba de las situaciones concretas. Pero la obra de Karl Marx no ha sufrido estos contratiempos. La gran masa de sus seguidores, basándose en la fuerza de su primer libro, tenía una fe ciega en sus obras aún no escritas.

Esta confianza, por una parte, fue sometida a una severa e inusual comprobación. Marx había expresado, en su primer libro, que todo el valor de las mercancías se basaba en el trabajo involucrado en ellas y que en virtud de esta «ley del valor» deberían intercambiarse en proporción a la cantidad de trabajo en ellas invertido; que, además, la rentabilidad o plusvalía ganada por el capitalista era el fruto de la explotación del trabajador; que, sin embargo, el monto de la plusvalía no estaba en proporción al monto total del capital invertido por el capitalista, sino sólo al monto de la parte «variable» —esto es, a aquella parte del capital pagado en sueldos y salarios—, mientras que el «capital constante», el capital empleado en la adquisición de los medios de producción, no aumentaba la plusvalía. En la vida diaria, sin embargo, la rentabilidad del capital está en proporción al capital total invertido; y, principalmente por esto, las mercancías no se intercambian de hecho en proporción a la cantidad de trabajo invertido en ellas. En este punto, por lo tanto, había una contradicción entre teoría y práctica que escasamente admitía una explicación satisfactoria. Pero esta contradicción manifiesta tampoco escapó al análisis de Marx. Con respecto a ella, el autor dice: «Esta ley (esta ley, a saber, establece que la plusvalía está en proporción sólo con la parte variable del capital) contradice claramente toda la experiencia prima facie». Pero al mismo tiempo declara que la contradicción es sólo aparente y su solución requiere juntar muchos cabos sueltos, postergándose para los siguientes volúmenes de su obra. La crítica especializada pensó que podía anticiparse con relativa certeza que Marx nunca cumpliría su compromiso, ya que, como era difícil probarla, la contradicción era insoluble.

Sus argumentos, sin embargo, no produjeron ninguna impresión en el conjunto de sus seguidores. Su simple promesa excedía todas las refutaciones lógicas.

Juan de Mariana sobre el abuso de los impuestos y la moneda por los «soberanos»

  • Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico de la UBA Económicas vemos a Juan de Mariana sobre la moneda, “Tratado y discurso sobre la moneda de vellón (1609)”. Algunos párrafos sobre el poder de cobrar impuestos y el envilecimiento de la moneda:

Juan de Mariana

“Digo pues que es doctrina muy llana, saludable y cierta que no se pueden poner nuevos pechos (impuestos) sin la voluntad de los que representan el pueblo. Esto se prueba por lo que acabamos de decir, que si el rey no es señor do los bienes particulares, no los podrá tomar todos ni parte de ellos sino por voluntad de cuyos son. Item, si, como dicen los juristas, ninguna cosa puede el rey en perjuicio del pueblo sin su beneplácito, ni les podrá tomar parte de sus bienes sin él, como se hace por via de los pechos. Demás que ni el oficio de capitán general ni de gobernador le da esta autoridad, sino que pues de la república tiene aquellos cargos, como al principio señaló el costeamiento y rentas que le parecieron bastantes para ejercellos; así, si quiere que se las aumenten, será necesario que haga recurso al que se las dio al principio.

“El rey no puede bajar la moneda de peso ó de ley sin la voluntad del pueblo Dos cosas son aquí ciertas: la primera, que el rey puede mudar la moneda cuanto á la forma y cuños, con tal que no la empeore de como antes corria, y asi entiendo yo la opinión de los juristas que dice puede el príncipe mudar la moneda. Las casas de la moneda son del rey, y en ellas tiene libre administración, y en el capítulo Regalía, entre los otros provechos del rey, se cuenta la moneda; por lo cual, como sea sin daño de sus vasallos, podrá dar la traza que por bien tuviere. La segunda, que si aprieta alguna necesidad como de guerra ó cerco, la podrá por su voluntad abajar con dos condiciones; la una que sea por poco tiempo, cuanto durare el aprieto; la segunda, que pasado el tal aprieto, restituya los daños á los interesados. Hallábase el emperador Federico sobre Faenza un invierno; alargóse mucho el cerco, faltóle el dinero para pagar y socorrer la gente, mandó labrar moneda de cuero, de una parte su rostro, y por revés las águilas del imperio; valia cada una un escudo de oro. Claro está que para hacerlo no pudo juntar ni juntó la dieta del imperio, sino por su voluntad se ejecutó; y él cumplió enteramente, que trocó á su tiempo todas aquellas monedas en otras de oro. En Francia se sabe hubo tiempo en que se labró moneda de cuero con un clavito de plata en medio; y aun el año de 1571, en un cerco que se tuvo sobre León de Holanda, se labró moneda de papel. Refiérelo Budellio en el lib. I De Monet., cap. 1º, núm. 34. Todo esto es de Colenucio en el lib. IV de la Historia de Napóles. La dificultad es si sin estas modificaciones podrá el príncipe socorrerse con abajar las monedas, ó si será necesario que el pueblo venga en ello. Digo que la opinión común y cierta de juristas con Ostiense, en el título De censib. ex quibus, Inocencio y Panormitano, sobre el cap. 4º De jur. jur., es que para hacerlo es forzosa la aprobación de los interesados. Esto se deduce de lo ya dicho, porque si el príncipe no es señor, sino administrador de los bienes de particulares, ni por este camino ni por otro les podrá tomar parte de sus haciendas, como se hace todas las veces que se baja la moneda, pues les dan por mas lo que vale menos; y si el príncipe no puede echar pechos contra la voluntad de sus vasallos ni hacer estanques de las mercadurías, tampoco podrá hacerlo por este camino, porque todo es uno y todo es quitar á los del pueblo sus bienes por mas que se les disfrace con dar mas valor legal al metal de lo que vale en sí mismo, que son todas invenciones aparentes y doradas, pero que todas van á un mismo paradero, como se verá mas claro adelante. Y es cierto que como á un cuerpo no le pueden sacar sangre, sea á pausas, sea como quisieren, sin que se enflaquezca ó reciba daño, asi el príncipe, por mas que se desvele, no puede sacar hacienda ni interés sin daño de sus vasallos, que donde uno gana, como citan de Platón, forzosamente otro pierde.

Alberdi sobre la propiedad privada y el contenido económico de las libertades civiles

Con los alumnos de la UBA Derecho vemos a Juan Bautista Alberdi en Sistema Económico y Rentístico sobre el papel del derecho de propiedad, consagrado en el artículo 17:

«La propiedad, como garantía de derecho público, tiene dos aspectos: uno jurídico y moral, otro económico y material puramente. Considerada como principio general de la riqueza y como un hecho meramente económico, la Constitución argentina la consagra por su artículo 17 en los términos más ventajosos para la riqueza nacional. He aquí su texto: – La propiedad es inviolable, ningún habitante de la Confederación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que expresa el art. 4. Ningún servicio personal es exigible, sino en virtud de ley y de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo, de su obra, invento o descubrimiento por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.

La economía política más adelantada y perfeccionada no podría exigir garantías más completas en favor de la propiedad, como principio elemental de riqueza.

Se ha visto que la riqueza, o bien sea la producción, tiene tres instrumentos o agentes que la dan a luz: el trabajo, el capital y la tierra. Comprometed, arrebatad la propiedad, es decir, el derecho exclusivo que cada hombre tiene de usar y disponer ampliamente de su trabajo, de su capital y de sus tierras para producir lo conveniente a sus necesidades o goces, y con ello no hacéis más que arrebatar a la producción sus instrumentos, es decir, paralizarla en sus funciones fecundas, hacer imposible la riqueza. Tal es la trascendencia económica de todo ataque a la propiedad, al trabajo, al capital y a la tierra, para quien conoce el juego o mecanismo del derecho de propiedad en la generación de la riqueza general. La propiedad es el móvil y estímulo de la producción, el aliciente del trabajo, y un término remuneratorio de los afanes de la industria. La propiedad no tiene valor ni atractivo, no es riqueza propiamente cuando no es inviolable por la ley y en el hecho.

Pero no bastaba reconocer la propiedad como derecho inviolable. Ella puede ser respetada en su principio, y desconocida y atacada en lo que tiene de más precioso, -en el uso y disponibilidad de sus ventajas. Los tiranos más de una vez han empleado esta distinción sofística para embargar la propiedad, que no se atrevían a desconocer. El socialismo hipócrita y tímido, que no ha osado desconocer el derecho de propiedad, ha empleado el mismo sofisma, atacando el uso y disponibilidad de la propiedad en nombre de la organización del trabajo. Teniendo esto en mira y que la propiedad sin el uso ilimitado es un derecho nominal, la Constitución argentina ha consagrado por su artículo 14 el derecho amplísimo de usar y disponer de su propiedad, con lo cual ha echado un cerrojo de fierro a los avances del socialismo.»

Escolásticos y mercantilistas: aportes originales y errores que llevaron a su decadencia

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico de la UBA (Económicas) vemos a los Escolásticos y autores de la Escuela de Salamanca y sus aportes a la teoría económica, generalmente poco o nada considerados en los textos de historia del pensamiento, como si todo hubiera comenzado con los mercantilistas y los fisiócratas. Leemos el artículo de Raymond de Roover, Economía Escolástica. El texto es discutido por algunos amigos expertos en estos autores, pero es un buen resumen de los aportes y los problemas de esta escuela, aunque increíblemente no hace mención a Juan de Mariana, al que veremos en forma separada. Dice de Roover:

“Al igual que los autores de la antigüedad, los escolásticos medievales no consideraban a la economía política como disciplina independiente, sino que como un apéndice de la ética y las leyes.

Esta situación persistía aún en el siglo dieciocho cuando Adam Smith tomó a su cargo la cátedra de Filosofía Moral en Glasgow College. Los cursos de su predecesor, Francis Hutcheson (1694-1746), y su contemporáneo en Edimburgo, Adam Ferguson (1723-1816), están a disposición en imprenta. Según estas fuentes, los temas de un curso en Filosofía moral en el siglo dieciocho y en la Escocia presbiteriana aún correspondían, en gran medida, a la descripción de las materias tratadas en el siglo trece por Tomás de Aquino en sus comentarios a la ética de Aristóteles. Economía, en el sentido moderno, ocupaba una posición muy subordinada y todavía se consideraba un asunto ético y legal que implicaba la aplicación de la ley natural a los contratos civiles.

En lo que realmente estaban interesados los doctores medievales era determinar las reglas de justicia que dirigen las relaciones sociales. Según Tomás de Aquino, ellos distinguían dos tipos de justicia: justicia distributiva, la que regulaba la distribución de la riqueza y el ingreso, de acuerdo a la posición del individuo en la sociedad, y justicia conmutativa, que se aplicaba a los acuerdos recíprocos entre individuos, esto es, al intercambio de bienes y servicios6. En otras palabras, los asuntos económicos concernían a la justicia, no a la caridad, como puede ser fácilmente comprobado al repasar el índice de la Summa Theologica de Santo Tomás de Aquino.

Al tratar asuntos de justicia, inevitablemente los doctores se encontraron con asuntos económicos y estaban forzados a tomarlos en consideración. Al principio su investigación estaba limitada al precio justo y la usura, pero luego se ramificó para incluir un montón de otras cuestiones, incluyendo el salario justo, el envilecimiento de la moneda (inflación), la justicia del sistema impositivo, las deudas públicas, el monopolio, el cambio internacional, sociedades y todos los contratos que podían implicar cualquier mácula de usura.

La mentalidad medieval era legalista y, bajo la influencia del Derecho Romano, se le daba mucha importancia a los contratos. El principal problema era siempre determinar si un contrato era lícito o no. Este énfasis tendió a limitar el ámbito de la economía al estudio de la naturaleza legal de los contratos y sus implicaciones éticas, tendencia que se reflejaba incluso en el título v organización de los tratados escolásticos. Uno puede estar seguro de encontrar discusiones sobre materias económicas —junto con otros tópicos, por supuesto— en cualquier tratado de teología moral que lleve como título De contractibus (Sobre los contratos) o De justicia et jure (Sobre la justicia y la ley).

Casi invariablemente los asuntos económicos se mencionaban en guías para confesores, aunque la exposición, en trabajos de este tipo, probablemente es menos sistemática y analítica y más casuística. De hecho, la palabra «casuística» deriva de la preocupación sobre casos de conciencia que tenían los últimos escritores escolásticos.”

Carl Menger comienza la «revolución marginalista» presentando una teoría subjetiva del valor

Así comenzó la “revolución marginalista” en la economía. Con los alumnos de la materia Escuela Austriaca, de UCEMA, vemos el libro de Carl Menger, Principios de Economía Política. Dice el autor en su capítulo III:

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“El valor de los bienes se fundamenta en la relación de los bienes con nuestras necesidades, no en los bienes mismos. Según varíen las circunstancias, puede modificarse también, aparecer o desaparecer el valor. Para los habitantes de un oasis, que disponen de un manantial que cubre completamente sus necesidades de agua, una cantidad de la misma no tiene ningún valor a pie de manantial.

Pero si, a consecuencia de un terremoto, el manantial disminuye de pronto su caudal, hasta el punto de que ya no pueden satisfacerse plenamente las necesidades de los habitantes del oasis y la satisfacción de una necesidad concreta depende de la disposición sobre una determinada cantidad, esta última adquiriría inmediatamente valor para cada uno de los habitantes. Ahora bien, este valor desaparecería apenas se restableciera la antigua situación y la fuente volviera a manar la misma cantidad que antes. Lo mismo ocurriría en el caso de que el número de habitantes del oasis se multiplican de tal forma que ya la cantidad de agua no bastara para satisfacer la necesidad de todos ellos. Este cambio, debido a la multiplicación del número de consumidores, podría incluso producirse con una cierta regularidad, por ejemplo, cuando numerosas caravanas hacen su acampada en este lugar.

Así pues, el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia. Y así, es completamente erróneo llamar “valor” a un bien que tiene valor para los sujetos económicos, o hablar, como hacen los economistas políticos, de “valores”, como si se tratara de cosas reales e independientes, objetivando así el concepto. Lo único objetivo son las cosas o, respectivamente, las cantidades de cosas, y su valor es algo esencialmente distinto de ellas, es un juicio que se forman los hombres sobre la significación que tiene la posesión de las mismas para la conservación de su vida o, respectivamente, de su bienestar.

La objetivación del valor de los bienes, que es por su propia naturaleza totalmente subjetivo, ha contribuido en gran manera a crear mucha confusión en torno a los fundamentos de nuestra ciencia.”

Y luego ya se encarga de demoler la teoría del “valor trabajo”:

El valor que un bien tiene para un sujeto económico es igual a la significación de aquella necesidad para cuya satisfacción el individuo depende de la disposición del bien en cuestión. La cantidad de trabajo o de otros bienes de orden superior utilizados para la producción del bien cuyo valor analizamos no tiene ninguna conexión directa y necesaria con la magnitud de este valor. Un bien no económico, por ejemplo, una cantidad de madera en un gran bosque, no encierra ningún valor para los hombres por el hecho de que se hayan empleado en ella grandes cantidades de trabajo o de otros bienes económicos. Respecto del valor de un diamante, es indiferente que haya sido descubierto por puro azar o que se hayan empleado mil días de duros trabajos en un pozo diamantífero. Y así, en la vida práctica, nadie se pregunta por la historia del origen de un bien; para valorarlo sólo se tiene en cuenta el servicio que puede prestar o al que habría que renunciar caso de no tenerlo. Y así, no pocas veces, bienes en los que se ha empleado mucho trabajo no tienen ningún valor y otros en los que no se ha empleado ninguno lo tienen muy grande. Puede ocurrir también que tengan un mismo valor unos bienes para los que se ha requerido mucho esfuerzo y otros en los que el esfuerzo ha sido pequeño o nulo. Por consiguiente, las cantidades de trabajo o de otros medios de producción empleados para conseguir un bien no pueden ser el elemento decisivo para calcular su valor. Es indudable que la comparación del valor del producto con el valor de los medios de producción empleados para conseguirlo nos enseña si y hasta qué punto fue razonable es decir, económica, la producción del mismo. Con todo, esto sólo sirve para juzgar una actividad humana perteneciente al pasado. Pero respecto del valor mismo del producto, las cantidades de bienes empleados en conseguirlo no tienen ninguna influencia determinante ni necesaria ni inmediata.”

Contradicen al Papa Francisco: las políticas sociales anulan la confianza interpersonal y la religiosidad

En un paper que es parte de los Working Papers de la Utrecht School of Economics, Y. Grift, Annette van der Berg y Tina Dulam exploran un tema interesante, más aun si está relacionado con América Latina. Se titula “Economic hardship, institutions and subjective well-being in Latin America”, y plantea un análisis sobre la relación entre el bienestar subjetivo y los problemas económicos, pero lo interesante es que muestra que el Estado benefactor desplaza otras instituciones que ayudan a la gente en momentos de necesidad, tales como la confianza en los demás, la religiosidad. Esto plantean:

“Usamos la ola 2016-17 de la encuesta del Barómetro de las Américas de LAPOP para investigar la relación entre las dificultades económicas y el bienestar subjetivo (BS) para América Latina. Además, analizamos si el efecto negativo de las dificultades económicas en SWB puede mitigarse con recursos inmateriales en lugar de recursos materiales. De manera análoga a Reeskens y Vandecasteele (2017) con respecto a Europa, comparamos el impacto de la confianza social, la religiosidad y la confianza en la política de las instituciones con el impacto de los gastos del estado de bienestar en América Latina. Nuestros resultados también muestran que las dificultades económicas tienen un efecto negativo en el bienestar subjetivo. A diferencia de los hallazgos para Europa, el efecto negativo de las dificultades económicas puede fortalecerse o atenuarse según el grado de religiosidad y confiabilidad de la comunidad. No se encontró el efecto moderador de la confianza en la política. Con respecto a la influencia moderadora del gasto del estado de bienestar, nuestros hallazgos están parcialmente en línea con los resultados para Europa. En Europa, un estado de bienestar social más grande suprime las instituciones informales, los contactos sociales y la confianza en la política, mientras que en América Latina un estado de bienestar social más grande anula la confianza interpersonal (como representante de los contactos sociales) y la religiosidad. Por lo tanto, también encontramos evidencia para la hipótesis del desplazamiento, a saber, que en estados de bienestar más generosos uno depende menos de sus recursos inmateriales para encontrar la felicidad.”

 

https://econpapers.repec.org/scripts/redir.pf?u=https%3A%2F%2Fdspace.library.uu.nl%2Fbitstream%2Fhandle%2F1874%2F415232%2FREBO_USE_WP_21_06.pdf;h=repec:use:tkiwps:2106

Irresponsabilidad Social Empresaria: como decía Lenin, van a fabricar la soga con la que serán ahorcados

William Malcolmson comenta en Quillette un tema de no creer. Las empresas comenzaron hace un tiempo a promover acciones de lo que se ha llamado “Responsabilidad Social Empresaria”, la cual no está mal si significa que la empresa es un buen “ciudadano” y responde a lo que demandan sus clientes en cuanto a su comportamiento social. Pero ahora hay presión para que vayan mucho más allá y se vuelvan “activistas” de ciertas causas…. Ridículo. Así lo comenta el autor en un artículo titulado The Problem with the Diversity Dividend: https://quillette.com/2022/03/02/the-problem-with-the-diversity-dividend/

“La última década ha visto la metástasis de la Responsabilidad Social Corporativa en lo que se conoce, irónicamente, como “capitalismo despertado”, una nueva visión de las empresas como agentes de un cambio social radical. La cara exterior de este cambio ha sido un torrente de anuncios y productos mezclados con mensajes políticos. Ben and Jerry’s, por ejemplo, comercializó helado anti-Trump, y Marks and Spencer agregó guacamole a sus sándwiches BLT para conmemorar el Orgullo LGBT en 2019.

Varios comentaristas de la izquierda, como Owen Jones, Arwa Mahdawi y Helen Lewis, han desestimado tales gestos como un «lavado del despertar» superficial. Sin embargo, los líderes más importantes de la comunidad empresarial ahora respaldan una visión del capitalismo de las partes interesadas en la que los directores de una empresa deben promover su propia concepción nebulosa del bien público antes de considerar los intereses de los accionistas.

Figuras como el presidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, Larry Fink de BlackRock o Marty Lipton, socio fundador del bufete de abogados más rentable de Wall Street, han asumido el papel de criptopolítico, sin la responsabilidad de un verdadero servidor público. Los gestores de activos como Fink, a quien se le confían 10 billones de dólares en participaciones, están dispuestos a utilizar su influencia en el mercado para obligar a las empresas más pequeñas a ajustarse a su visión de justicia social negándose a invertir en ellas o a prestar servicios financieros.”Irres