Más sobre la provisión voluntaria y descentralizada de los llamados «bienes públicos»

Este artículo parece y es un poco complicado, pero, sin embargo,  es interesante y trata un tema importante, la posibilidad de provisión voluntaria de los llamados “bienes públicos”, bienes que la teoría predominante sostiene que no pueden proveer voluntariamente en forma efectiva y por ello la necesidad que el Estado lo haga.

Se trata de “Public Goods Provision in Directed Networks: A Kernel Approach” arXiv:2512.23193v1  [econ.TH]  29 Dec 2025: Jingmin Huang, Yang Sun, Fanqi Xu & Wei Zhao; de la School of Economics, Renmin University of China; Department of Economics, Southwestern University of Finance and Economics, China y School of Economics and Management, Tsinghua University, China: https://arxiv.org/pdf/2512.23193

Así comienza:

“Las propiedades de no excluibilidad y no rivalidad de los bienes públicos conducen a fallas del mercado. Para mitigar estas distorsiones (Lindahl, 1958), es esencial comprender los incentivos para la provisión descentralizada de bienes públicos. Cuando las externalidades son locales y fluyen a lo largo de redes geográficas o sociales, el artículo seminal de Bramoull’e y Kranton (2007) analiza cómo la estructura simétrica de la red configura los incentivos de contribución. Sin embargo, los flujos de externalidades son inherentemente asimétricos en muchos entornos. En la difusión de información y conocimiento, el contenido en las redes sociales se propaga unilateralmente de los influenciadores a los seguidores. En las cadenas de suministro, las innovaciones técnicas generalmente se extienden de los fabricantes aguas arriba a los distribuidores aguas abajo, pero no al revés. De manera similar, los flujos físicos, como la reducción de la contaminación fluvial, exhiben una direccionalidad estricta: los esfuerzos aguas arriba benefician a los agentes aguas abajo, mientras que lo inverso no se cumple. Por lo tanto, este artículo investiga cómo las estructuras de externalidades asimétricas, representadas por redes dirigidas, determinan los incentivos para la provisión de bienes públicos.

Este artículo extiende el modelo de Bramoull´e y Kranton (2007) a redes dirigidas. Una red dirigida fija determina el patrón de efectos de derrame entre los jugadores. Cada jugador valora un bien público costoso de producir, y los beneficios no son excluibles a lo largo de las aristas dirigidas: si el jugador j contribuye, todos los jugadores con aristas salientes hacia j reciben el beneficio. Los jugadores deciden simultáneamente si contribuyen o no, anticipando estos efectos de derrame direccionales. Nos centramos en equilibrios especializados donde la población se divide en especialistas que proporcionan el bien público y oportunistas que no contribuyen en nada. Nuestro resultado central establece que los conjuntos de especialistas en equilibrios especializados corresponden precisamente a los núcleos del dígrafo subyacente: conjuntos independientes tales que cada forastero tiene una arista saliente hacia el conjunto.

Esta caracterización, basada en el concepto de núcleo introducido por Von Neumann y Morgenstern (1944) para juegos mayoritarios y teoría de emparejamiento, proporciona un marco unificado para analizar la existencia y la multiplicidad del equilibrio. Aprovechando los resultados establecidos en la teoría del kernel, mostramos la existencia y singularidad del equilibrio especializado en dígrafos acíclicos y demostramos que la existencia se mantiene casi con seguridad en grandes redes aleatorias.”

Un cuestionamiento a la teoría de los bienes «públicos», ¿existen o no existen?

La teoría de los bienes públicos ha sido  presentada como la justificación de la existencia del estado y su provisión de servicios que, dadas las características de estos bienes, el mercado no estaría en condiciones de proveer o no lo haría en forma eficiente. Aquí viene un cuestionamiento a esta teoría, en este artículo: Deegen, Peter. «The Tragedy of Public Goods: Insights from the Theory of Action» Journal des Économistes et des Études Humaines, vol. 31, no. 1, 2025, pp. 41-65. https://doi.org/10.1515/jeeh-2024-0015. Deegen es Chair of Forest Policy and Forest Resource Economics, Faculty of Environmental Sciences, TUD University of Technology Dresden.

Resumen

“Sin duda, todos los términos principales de la teoría de los bienes públicos se fundamentan en las acciones humanas. Por lo tanto, en este artículo se intenta conceptualizar los bienes públicos desde la teoría filosófica de la acción, lo cual puede considerarse un avance de la teoría de la acción de Mises. Descubrimos que ningún componente de la teoría estándar de los bienes públicos se basa completamente en la lógica de la acción humana. En consecuencia, los bienes públicos, tal como se definen en la teoría estándar, no pueden existir en absoluto debido a razones de la teoría de la acción. Esto no significa el fin del consumo colectivo. Más bien, nuestros resultados pueden utilizarse para profundizar en el desarrollo de la teoría de los bienes públicos, que se basa firmemente en la base analítica de la acción humana.”

El origen del estado: la violencia y el robo o el contrato social. Se seguirá discutiendo

El origen del estado: ¿la violencia o el contrato social? Hay nombres de grandes filósofos de un lado y de otro; el tema se seguirá discutiendo mientras el estado exista; y tal vez incluso si deja de existir para saber cómo pudo haber ocurrido. En este capítulo de un libro se trata el asunto. NBER WORKING PAPER SERIES. “HISTORICAL GOVERNMENT: ORIGINS, EVOLUTION AND VARIETIES”, por Leander Heldring, Northwestern University Kellogg School of Management and NBER;  Working Paper 34370 http://www.nber.org/papers/w34370

 

“La vasta literatura puede dividirse en dos grupos principales de teorías (Heldring, 2025). Un grupo importante de teorías considera que los orígenes del Estado son esencialmente cleptocráticos. Inspirándose en Marx y Engels (1967[1848]), se piensa que el Estado es una organización establecida por los poderosos para expropiar a los débiles. Por lo tanto, el Estado está íntimamente conectado con la desigualdad, los impuestos y la represión. Otro grupo considera que el Estado resuelve fundamentalmente problemas (de coordinación) que los individuos no pueden resolver. Este grupo se inspira en Hobbes (1980) y Locke (1982) y es el más cercano a lo que los economistas han identificado como las justificaciones de la intervención gubernamental (Bator, 1958; Baumol, 1965). Los economistas han reunido modelos teóricos y análisis empíricos para fundamentar ambos lados de este argumento. Proporciono una revisión de estas contribuciones. Concluyo que se necesita más trabajo para llegar a un conjunto de evidencia que haga justicia a la riqueza de las formas históricas de gobierno y que necesitamos más pruebas de los mecanismos de formación del Estado.”

¿Es la ciencia un «bien público» que el gobierno debe financiar porque el mercado sería insuficiente?

Muy interesante tema plantea Alex Tabarrok, profesor de George Mason University en su blog Marginal Revolution, ¿es la ciencia un bien público? Ésta sería la base para afirmar que el Estado debe financiarla, pero Tabarrok presenta interesantes argumentos comentando un paper sobre el impacto de esas políticas en la I&D de las empresas. La nota se titula “ Is Science a Public Good?”: https://marginalrevolution.com/marginalrevolution/2024/02/is-science-a-public-good.html

“La ciencia parece un bien público; En teoría, las ideas no son rivales ni excluyentes. Pero cuanto más analizamos cómo se difunden y utilizan las ideas en el mundo, menos parecen bienes públicos. Como me gusta señalar, Thomas Keller escribió un libro de recetas literal para los platos que servía en su mundialmente famoso restaurante French Laundry y, sin embargo, French Laundry no cerró. Las ideas están en la cabeza y si no mueves la cabeza, muchas veces las ideas tampoco se mueven.

En un nuevo documento de trabajo del NBER, The Effect of Public Science on Corporate R&D, de Arora, Belenzon, Cioaca, Sheer & Zhang (Tyler lo mencionó brevemente antes), los autores plantean un punto similar:

…la historia del progreso técnico nos enseña que las ideas abstractas también son difíciles de utilizar. Las ideas deben adaptarse a usos específicos y, con frecuencia, deben incorporarse a personas y artefactos antes de que puedan ser absorbidas por las empresas. Sin embargo, tal encarnación también hace que las ideas sean fuentes menos potentes de rendimientos crecientes, convirtiendo ideas no rivales en insumos rivales, cuyo uso por parte de los rivales es más fácil de restringir. Nuestros hallazgos confirman que las empresas, especialmente aquellas que no están en la frontera tecnológica, parecen carecer de la capacidad de absorción para utilizar ideas suministradas externamente a menos que estén incorporadas en capital humano o invenciones. El límite al crecimiento no es la creación de ideas útiles sino más bien el ritmo al que esas ideas pueden incorporarse en capital humano e invenciones, y luego asignarse a las empresas para convertirlas en innovaciones.

La cuestión de si la ciencia es un bien público no es meramente técnica sino que tiene implicaciones importantes. Si la ciencia es un bien público, es probable que los mercados la produzcan en cantidades insuficientes, lo que hace que los subsidios gubernamentales a las universidades sean cruciales para estimular la I+D y el crecimiento económico. Por el contrario, si las ideas están incorporadas y, por lo tanto, estrechamente vinculadas a su aplicación, la financiación gubernamental para la investigación universitaria podría no sólo no lograr mejorar el crecimiento económico sino que también podría obstaculizarlo. Esto ocurre cuando los subsidios alejan a los científicos de las empresas, donde su conocimiento contribuye directamente al desarrollo de productos, hacia las universidades, donde sus conocimientos corren el riesgo de perderse en la torre de marfil. (Es mucho más probable que enseñar a científicos que luego sigan carreras en el sector privado sea complementario al crecimiento de la productividad que financiar investigaciones que alejen a los científicos del sector privado).”

Un debate sobre los faros que en verdad es un debate acerca del papel del Estado en la sociedad

Con los alumnos de la materia Historia del Pensamiento Econ]omico y Social, vemos a Samuelson y a Coase en un debate central. Es sobre los faros, pero en verdad sobre los bienes públicos y el papel del Estado.

En cuanto a la provisión de bienes públicos, la respuesta casi inmediata es que deben ser provistos por el Estado, ya que el mercado sería incapaz de hacerlo. El caso típico, presentado por distintos economistas, es el de un faro, en relación con el cual la imposibilidad de excluir a quien no pague, una vez que la luz es emitida, daría como resultado una conducta de free rider, que trataría  de evitar el pago, dado que es imposible evitar que vea la señal de todas formas. El ejemplo aparece en John Stuart Mill, Henry Sidgwick y Alfred C. Pigou, con ese mismo argumento de la “no exclusión”, y reaparece en Paul Samuelson con otro adicional, según el cual no tendría sentido excluir a los que no pagan, ya que no hay congestionamiento en el servicio; es decir, no hay ningún costo extra, si un barco más observa la señal del faro para guiarse. En este caso no solamente sería improbable que el sector privado proveyera los faros, sino que, de poder hacerlo, no sería conveniente, ya que cada barco desincentivado para navegar por dichas aguas debido al pago del peaje por los servicios del faro, representaría una pérdida económica social

Conocida es la respuesta de Coase (1974) a este ejemplo, después de estudiar la historia de los faros en Inglaterra y demostrando que durante varios siglos fueron financiados y administrados por los dueños de barcos y emprendedores privados. Durante varios siglos, en Gran Bretaña, los faros fueron construidos y mantenidos por Trinity House (Inglaterra y Gales), los Comisionados de Faros del Norte (Escocia) y los Comisionados de Faros en Irlanda, cuyo presupuesto provenía del Fondo General de Faros, formado a su vez por los cargos que pagaban los armadores de buques. Esto en cuanto se refiere a los faros que ayudaban a la navegación general, ya que los faros de tipo “local” eran financiados por los puertos, que recuperaban los gastos en que incurrían mediante los cargos que hacían a quienes los utilizaban.

 

Casi todos proponen políticas públicas, pero la coerción no resuelve los problemas

Los políticos argentinos entienden que van a resolver los problemas de la sociedad a través de “políticas públicas”, es decir, medidas que toma el Estado; esto es usando la coerción, que es lo que las distingue de las decisiones que se toman en el mercado. Este paper trata de la coerción: Geloso, Vincent, “The Coercion Bias in Economic Measurement” (January 17, 2023). GMU Working Paper in Economics No. 23-02, Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=432732 4 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.4327324

“¿La coerción mejora el bienestar económico? En términos de narrativas estándar en economía normativa, alguien puede responder afirmativamente usando modelos positivos basados ​​en derechos. En esos modelos, los poderes coercitivos del estado se utilizan para extraer ingresos fiscales que financian la producción de bienes y servicios que los mercados no proporcionarían (por ejemplo, bienes públicos como la defensa nacional o el control de inundaciones que no son rivales ni excluibles o la gestión de externalidades). En este caso, tanto la producción medida como el bienestar deberían aumentar. ¿Qué pasa si los gobernantes aplican una coerción extrema esclavizando a su pueblo, introduciendo la servidumbre u otras instituciones coercitivas? Lo que respondo en este capítulo es que la producción medida (es decir, medida por los datos de las cuentas nacionales) exagera el bienestar bajo coerción extrema. Esto crea lo que yo llamo el “sesgo de la coerción”, en honor a Robert Higgs, que frustra el significado de las medidas económicas. Argumento que este sesgo tiene ramificaciones importantes tanto para los debates históricos como para los debates políticos modernos. Ilustro esa importancia al considerar los debates sobre las consecuencias económicas de la esclavitud en los Estados Unidos durante el período anterior a la guerra y los debates sobre el papel de la libertad económica para estimular el crecimiento económico.”

Provisión voluntaria de bienes públicos: los grupos resuelven la falta de cooperación social

Este tema no es sencillo, vamos a darle una introducción. Según la teoría económica neoclásica hay bienes y servicios que, por sus características, el mercado no llegará a brindar y de allí se concluye que el Estado debe hacerlo. Esta es una de las principales explicaciones, desde la economía, de la intervención estatal. A esos se los denomina bienes públicos.

Hay una enorme cantidad de investigación que muestra casos históricos de provisión voluntaria de bienes públicos, es decir, a través de mecanismos de mercado, donde no es necesaria la compulsión estatal. También hay toda un área de investigación en economía experimental que ha mostrado cómo se resuelven problemas de falta de cooperación (usuarios gratuitos). Este trabajo pertenece al segundo grupo, donde los autores muestran cómo los grupos son más eficaces que los individuos para resolver esa falta de cooperación:

Kenju Kamei de Keio University Tokyo y Katy Tabero de Durham University Business School:, Durham: “The Individual-Team Discontinuity Effect on Institutional Choices: Experimental Evidence in Voluntary Public Goods Provision”: https://ies.keio.ac.jp/upload/DP2022-015_EN.pdf

“Este documento demostró, por primera vez, que los equipos pueden ser más capaces que los individuos para formar instituciones eficientes votando y, por lo tanto, superar el parasitismo en grupos de manera más efectiva. En el experimento, las unidades de toma de decisiones, equipos o individuos, tuvieron la oportunidad de votar para construir un esquema de sanción formal o usar un castigo informal en un dilema de bienes públicos. Los resultados mostraron que los equipos lograron niveles sorprendentemente más altos de contribuciones grupales que los individuos en el juego de los bienes públicos. Los fuertes efectos de la toma de decisiones en equipo fueron impulsados ​​por el uso efectivo de las instituciones sancionadoras por parte de los equipos. Cuando se seleccionó el esquema formal, los equipos votaron para promulgar tasas de sanciones disuasorias con mucha más frecuencia que los individuos. La diferencia en la votación es notable: mientras que la mayoría de las personas en los tratamientos individuales votaron por la tasa de sanción cero, los equipos votaron por las tasas de sanción disuasorias más del 50 % de las veces. Cuando se seleccionó el castigo entre pares, los equipos infligieron castigos costosos con más frecuencia a los contribuyentes bajos que a los individuos. Estos resultados son consistentes con 33 la hipótesis de que «la verdad gana». Esta hipótesis explica que los equipos logran mejores elecciones que los individuos a través de la deliberación y el aprendizaje. Si bien los resultados obtenidos del presente experimento son suficientes”

Resolver el cambio climático es un bien público… y la gente está dispuesta a colaborar voluntariamente

El cambio climático es un hecho, un hecho que ha ocurrido siempre. Ahora puede haber algo más por la acción humana. Pero esto se enfrenta a un serio problema teórico para la teoría económica predominante: de ser así, el cambio climático es un “mal” público que requiere para su solución de un “bien público”, pero éstos han de ser provistos por el Estado y el tema es que no hay un Estado global que pueda imponer ciertas normas y límites. Muchas veces he comentado aquí distintos trabajos sobre la provisión “voluntaria” de bienes públicos y esto es lo que también sucede en este caso a través de la capacidad de adaptación de la gente, y como veremos en este artículo, su voluntad de contribuir a esa solución general, sin importar que otros tengan incentivos a ser free riders.

El artículo al que me refiero es “The economic psychology of climate change: An experimental study on risk preferences and cooperation”, por Sven Grüner, Martin Luther University Halle-Wittenberg: https://econpapers.repec.org/scripts/redir.pf?u=https%3A%2F%2Fosf.io%2Fdownload%2F630cea2980b0d841c7fe8f39%2F;h=repec:osf:osfxxx:jq57n

Sus conclusiones:

“Los fenómenos meteorológicos extremos, la escasez de agua y la pérdida de biodiversidad son algunos de los desafíos globales del cambio climático provocado por el hombre. Estimar con precisión las posibles consecuencias y el diseño (política) medidas, es importante comprender cómo se comportan las personas ante tales desafíos. El objetivo de este artículo era examinar la toma de decisiones cuando la gente piensa en las consecuencias futuras del clima cambio. En nuestro estudio principal, reclutamos agricultores para analizar las preferencias de riesgo y su disposición cooperar. Usando un experimento de intervención de información controlada, encontramos que los agricultores aumentan su voluntad de invertir en activos de riesgo, pero su comportamiento de cooperación no se ve afectado en gran medida.

Para decirlo de otra manera, hay alguna evidencia de que las personas se adaptan a los desafíos y que las preferencias de riesgo no son estrictamente exógenas. A diferencia de estudios previos sobre el suministro de información, nuestros resultados sugieren que las emociones no pueden explicar los comportamientos de los sujetos. Argumentamos que recordar Las consecuencias anticipadas del cambio climático pueden reactivar la memoria de las personas de que las acciones son necesarias y, a su vez, superar los comportamientos habituales (es decir, la inercia). Por el contrario, los estudiantes reaccionan muy emocionalmente para recordarles el cambio climático. Sin embargo, esto no implica comportamiento consecuencias en nuestro estudio experimental. La investigación adicional podría abordar la relación entre ciclos de vida emocional y comportamientos del mundo real.

En nuestro estudio, los agricultores fueron reclutados como un grupo de sujetos que es probable que se vean afectados por las consecuencias del cambio climático. Los cambios sociales provocados por el cambio climático son tan perjudiciales que es probable que afecte a muchos grupos ocupacionales. Estudiarlos queda abierto a investigación futura. Es probable que esta sea una vía fructífera porque, dependiendo de sus objetivos concretos ocupación, las personas pueden actuar en un rol específico. También hay que mencionar que nuestro estudio fue realizado en invierno. Esto podría ser relevante para la toma de decisiones. Tal vez, nuestros hallazgos son una subestimación de lo que se habría encontrado en los meses de verano, cuando las consecuencias del cambio climático son mucho más evidentes. Se requieren estudios de replicación sobre esto.”

No existe un «estado» global: la provisión de bienes públicos a ese nivel ha de ser voluntaria

Una teoría profundamente establecida entre la mayoría de economistas y no economistas es que existen ciertos bienes o servicios, cuyas características hace que no los pueda ofrecer el mercado en cantidades suficientes ya que como no se puede excluir a nadie la provisión se ve afectada por el incentivo a ser “free rider” o usuario gratuito de un servicio sin necesidad de pagarlo. En la teoría se llama a estos bienes “públicos”. Por otro lado, muchos economistas han mostrado cómo el mercado se las arregla para proveer bienes públicos en forma voluntaria, comenzando por un ya famoso artículo de Ronald Coase sobre la provisión privada de faros en Inglaterra.

Bien. Al margen de las discusiones históricas, lo cierto es que si se trata de bienes o servicios “globales” nos encontramos que no existe un estado global que pueda proveerlos, hay que descansar inevitablemente en la cooperación voluntaria, al menos de los más de 200 estados que existen en este mundo.

No es la intención del paper que voy a comentar, pero inevitablemente tiene que terminar proponiendo soluciones cooperativas cuando analiza el futuro del Acuerdo de París. El artículo se titula “Short-run and long-run cooperation in the Paris Agreement”, por Gabriela Mundaca de la Universidad de Delaware: http://www.journals.elsevier.com/journal-of-environmental-economics-and-management

El tema aparece ya en el resumen:

“En un modelo de juegos repetidos, determinamos las condiciones bajo las cuales la cooperación para trabajar hacia un bien público es un resultado de equilibrio entre países desarrollados y en desarrollo en un foro internacional como el Acuerdo de París. Encontramos que el monitoreo, la presión de los pares y las recompensas (financiamiento climático) son cruciales y necesarios para lograr el cumplimiento de los acuerdos realizados y así lograr objetivos comunes deseables e intereses compartidos del Acuerdo de París. Si los países y sus gobiernos están menos preocupados por la reputación de sus países y los efectos del cambio climático en el bienestar, la cooperación continua podría volverse más desafiante.”

Más sobre la provisión privada de bienes públicos: es más factible cuando la gente piensa que forja su rumbo

Siempre sigo los trabajos que exploran la provisión privada de bienes públicos, no importa cuál sea su perspectiva, y en general encuentro que terminan señalando la posibilidad de esa provisión. Estas conclusiones tienen un sentido profundo que no todos esos autores plantean o, tal vez, vean. Es que si la cooperación social voluntaria para la provisión de bienes públicos es posible, es otra forma de decir que el libertarianismo no es una utopía.

EN fin, ahora aparece este paper, titulado “Locus of Control and Prosocial Behavior”, NBER Working Paper No. 30359: http://www.nber.org/papers/w30359

Los autores son: Mark A. Andor RWI – Leibniz Institute for Economic Research ; James Cox Department of Economics Andrew Young School of Policy Studies;Andreas Gerster University of Mannheim; Michael Price Department of Economics, Finance, and Legal Studies The University of Alabama;;Stephan Sommer RWI – Leibniz Institute for Economic Research y Lukas Tomberg RWI – Leibniz Institute for Economic Research

“A partir de Andreoni (1989), una rica literatura se ha propuesto develar los motivos de la provisión privada de bienes públicos. Este trabajo se ha centrado en gran medida en dos motivos distintos: la preocupación por los beneficios para uno mismo (altruismo impuro) y la preocupación por los beneficios para los demás (altruismo puro) y el diseño de estrategias empíricas para desentrañar la importancia relativa de cada uno (Ottoni-Wilhelm et al. ., 2017; Hungerman y Ottoni-Wilhelm, 2021).1 En este artículo, exploramos un posible fundamento psicológico de tales motivos: las creencias del lugar de control (LOC). LOC mide el grado en que un individuo cree que los eventos en su vida están determinados por sus propias acciones (Gatz y Karel, 1993; Rotter, 1966). Específicamente, se considera que las personas que creen que tienen control sobre el resultado de los eventos en sus vidas tienen una LOC interna. Por el contrario, se considera que aquellos que creen que la vida está controlada por el azar o el destino tienen un LOC externo.

Incorporamos la noción de LOC en un modelo de provisión de bienes públicos como ponderaciones que el individuo asigna a los retornos de su propia contribución (altruismo impuro) y las ponderaciones otorgadas a las contribuciones agregadas (altruismo puro). Nuestro enfoque formaliza el trabajo de la psicología social argumentando que es más probable que aquellos con una LOC interna ayuden a otros o actúen de manera respetuosa con el medio ambiente porque creen que tales esfuerzos pueden generar cambios (Midlarsky y Midlarsky, 1973; Trevino y Youngblood, 1990; Bierhoff et al. ., 1991; Bierhoff, 2007).2 Al hacerlo, mostramos cómo la provisión de bienes públicos está directamente relacionada con la medida en que las personas creen que tienen control sobre los eventos que dan forma a sus vidas; es más probable que tales individuos crean que los problemas sociales se pueden resolver a través de la acción y que los beneficios subjetivos de actuar de manera prosocial superan los costos de hacerlo.”