Frederic Bastiat y un principio fundamental para los economistas: lo que se ve, y lo que no se ve

Para los alumnos de Económicas, UBA: Frederic Bastiat (1801-1850) fue un gran divulgador y polemista. Sus trabajos, por supuesto, no son ‘académicos’, pero eso no implica que no estén basados en ideas que lo son. Pero he aquí una breve colección de sus artículos con el título de “Lo que se ve y lo que no se ve”: http://www.hacer.org/pdf/seve.pdf

Es particularmente importante para los estudiantes de Economía ya que se trata de aprender las consecuencias de las acciones humanas más allá de sus efectos inmediatos. Por ejemplo, y en relación a lo que analizara Say, esto dice Bastiat en un artículo titulado “El cristal roto”:

“¿Ha sido usted alguna vez testigo de la cólera de un buen burgués Juan Buenhombre, cuando su terrible hijo acaba de romper un cristal de una ventana? Si alguna vez ha asistido a este espectáculo, seguramente habrá podido constatar que todos los asistentes, así fueran éstos treinta, parecen haberse puesto de acuerdo para ofrecer al propietario siempre el mismo consuelo: « La desdicha sirve para algo. Tales accidentes hacen funcionar la industria. Todo el mundo tiene que vivir. ¿Qué sería de los cristaleros, si nunca se rompieran cristales?

Mas, hay en esta fórmula de condolencia toda una teoría, que es bueno sorprender en flagrante delito, en este caso muy simple, dado que es exactamente la misma que, por desgracia, dirige la mayor parte de nuestras instituciones económicas. Suponiendo que haya que gastar seis francos para reparar el destrozo, si se quiere decir que el accidente hace llegar a la industria cristalera, que ayuda a dicha industria en seis francos, estoy de acuerdo, de ninguna manera lo contesto, razonamos justamente. El cristalero vendrá, hará la reparación, cobrará seis francos, se frotará las manos y bendecirá de todo corazón al terrible niño. Esto es lo que se ve.

Pero si, por deducción, se llega a la conclusión, como a menudo ocurre, que es bueno romper cristales, que esto hace circular el dinero, que ayuda a la industria en general, estoy obligado a gritar: ¡Alto ahí! Vuestra teoría se detiene en lo que se ve, no tiene en cuenta lo que no se ve.

No se ve que, puesto que nuestro burgués a gastado seis francos en una cosa, no podrá gastarlos en otra. No se ve que si él no hubiera tenido que reemplazar el cristal, habría reemplazado, por ejemplo, sus gastados zapatos o habría añadido un nuevo libro a su biblioteca. O sea, hubiera hecho de esos seis francos un uso que no efectuará.

Hagamos las cuentas para la industria en general. Estando el cristal roto, la industria cristalera es favorecida con seis francos; esto es lo que se ve. Si el cristal no se hubiera roto, la industria zapatera (o cualquier otra) habría sido favorecida con seis francos. Esto es lo que no se ve.

Y si tomamos en consideración lo que no se ve que es un efecto negativo, tanto como lo que se ve, que es un efecto positivo, se comprende que no hay ningún interés para la industria en general, o para el conjunto del trabajo nacional, en que los cristales se rompan o no.

Hagamos ahora las cuentas de Juan Buenhombre. En la primera hipótesis, la del cristal roto, él gasta seis francos, y disfruta, ni más ni menos que antes, de un cristal. En la segunda, en la que el accidente no llega a producirse, habría gastado seis francos en calzado y disfrutaría de un par de buenos zapatos y un cristal.

O sea, que como Juan Buenhombre forma parte de la sociedad, hay que concluir que, considerada en su conjunto, y hecho todo el balance de sus trabajos y sus disfrutes, la sociedad ha perdido el valor de un cristal roto. Por donde, generalizando, llegamos a esta sorprendente conclusión: « la sociedad pierde el valor de los objetos destruidos inútilmente, » — y a este aforismo que pondrá los pelos de punta a los proteccionistas: «Romper, rasgar, disipar no es promover el trabajo nacional, » o más brevemente: « destrucción no es igual a beneficio. »

¿Qué dirá usted, Moniteur Industriel, que dirán ustedes, seguidores de este buen Sr. De Saint-Chamans, que ha calculado con tantísima precisión lo que la industria ganaría en el incendio de París, por todas las casas que habría que reconstruir? Me molesta haber perturbado sus ingeniosos cálculos, tanto más porque ha introducido el espíritu de éstos en nuestra legislación. Pero le ruego que los empiece de nuevo, esta vez teniendo en cuenta lo que no se ve al lado de lo que se ve. Es preciso que el lector se esfuerce en constatar que no hay solamente dos personajes, sino tres, en el pequeño drama que he puesto a su disposición. Uno, Juan Buenhombre, representa el Consumidor, obligado por el destrozo a un disfrute en lugar de a dos. El otro, en la figura del Cristalero, nos muestra el Productor para el que el accidente beneficia a su industria. El tercero es el zapatero, (o cualquier otro industrial) para el que el trabajo se ve reducido por la misma causa. Es este tercer personaje que se deja siempre en la penumbra y que, personificando lo que no se ve, es un elemento necesario en el problema. Es él quien enseguida nos enseñará que no es menos absurdo el ver un beneficio en una restricción, que no es sino una destrucción parcial. — Vaya también al fondo de todos los argumentos que se hacen en su favor, y no encontrará que otra forma de formular el dicho popular: «¿Que sería de los cristaleros, si nunca se rompieran cristales?”

La vida no es un casino: la diferencia entre riesgo e incertidumbre y el concepto de racionalidad en la Economía Conductual

Buen artículo en el Mises Wire sobre la racionalidad y la economía conductual. El autor: Arkadiusz Sieroń. El texto completo en: https://mises.org/es/wire/la-racionalidad-en-el-mundo-real-no-es-lo-que-los-economistas-piensan-que-es

Así empieza:

“Los economistas conductuales dicen que las personas se comportan irracionalmente porque calculan mal la probabilidad. Pero quizás no es un problema con la gente, sino con el uso de la teoría de la probabilidad en un ambiente no ergódico lleno de incertidumbre?1

Daniel Kahneman, galardonado con el Premio Nobel de Economía, en su libro Pensar rápido, pensar despacio plantea la tesis de que la gente a menudo sobreestima la baja probabilidad. A modo de ejemplo, menciona el riesgo de atentados suicidas con bombas en autobuses en Israel entre 2001 y 2004. Aunque el riesgo de ser víctima de bombarderos por un solo pasajero era pequeño, la gente evitaba los autobuses en la medida de lo posible, lo cual, según Kahneman, era irracional y no era resultado de una preocupación sensata por la supervivencia, sino de la heurística de disponibilidad.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre en los Estados Unidos también se mencionan a menudo en este contexto. Después de los ataques, los estadounidenses prefirieron viajar por tierra durante algún tiempo en lugar de por aire, aunque viajar en automóvil es, estadísticamente, más peligroso. Por lo tanto, esa sustitución es irracional y contribuye a muertes innecesarias como consecuencia del aumento del número de accidentes de tráfico.

Sin embargo, existe un problema con los ejemplos anteriores: el concepto de riesgo no se aplica necesariamente a ellos. Ya en 1921, el economista estadounidense Frank Knight distinguía el riesgo de la incertidumbre. Este primer concepto se aplica a los eventos cuya probabilidad podemos estimar, como un resultado específico de la tirada de dados. Esta última se refiere a actividades cuya probabilidad se desconoce. La incertidumbre se aplica a la gran mayoría de los acontecimientos en el mundo de los negocios y, en general, en la vida cotidiana. Y para los ataques terroristas. ¿Cómo evaluar el peligro del próximo ataque terrorista y determinar el riesgo de viajar en autobús en Israel o en avión en los Estados Unidos en un mundo de nuevas amenazas? ¡No pudieron! Los ataques del 11 de septiembre fueron claramente un acontecimiento habitual, peculiar (y trágico).

La vida no es un casino

Kahneman y otros economistas conductuales confunden el riesgo con la incertidumbre o la probabilidad de la clase con la probabilidad del caso. Pero la probabilidad de la clase no se aplica aquí – volar contra las torres gemelas del World Trade Center fue un evento único. Las estadísticas del pasado no dicen nada sobre las amenazas futuras que sean fundamentalmente inciertas. Después del ataque del 11 de septiembre, los estadounidenses podían asumir razonablemente que su mundo había cambiado y en lugar de insertar nueva información en el viejo algoritmo, simplemente descartaron el algoritmo diciendo que los aviones son más seguros que los automóviles. El mundo en el que los aviones son secuestrados y vuelan a rascacielos es cualitativamente diferente del mundo en el que los aviones no son secuestrados.

El verdadero problema no es que no podamos calcular correctamente la probabilidad de algunos estados del mundo, sino que no sepamos cómo funciona el mundo. La probabilidad se aplica en un casino, pero no en la vida real, donde hay muchas incógnitas desconocidas. Hay diferencias significativas entre un juego de ruleta o el pronóstico del tiempo y el alcance de las nuevas invenciones, la perspectiva de guerra, o la perspectiva de los precios de los activos. Como escribió Keynes en 193 (asombroso, estoy de acuerdo con Keynes), «Sobre estos asuntos no hay ninguna base científica sobre la cual formar cualquier probabilidad calculable. Simplemente no lo sabemos».

La tesis de que la gente sobreestima el riesgo muy bajo de ataques terroristas es, por lo tanto, absurda, porque el concepto de riesgo no se aplica aquí en absoluto, no se puede estimar. Por lo tanto, es difícil afirmar que las personas se comportaron de forma irracional, optando por un medio de transporte que estaba más bajo su control y que minimizaba una amenaza nueva e indefinida, aunque en última instancia pudiera resultar más peligrosa.”

En una discusión entre capitalismo y socialismo, es importante comparar resultados reales en cada caso, y teoría contra teoría

Un interesante post en el blog Bleeding Heart Libertarians, de Matt Wolinsky, plantea la importancia de discutir, realidad contra realidad, y teoría contra teoría, en la discusión entre capitalismo y socialismo. Va entero:

He aquí hay una conversación que puede haber tenido lugar una o dos veces:

Socialista: una sociedad socialista sería más justa y más justa que el capitalismo.

Capitalista: ¿En serio? ¿Qué hay de Venezuela? O Cuba? ¿O Corea del Norte?

Socialista: No, no, esas no son sociedades socialistas reales. El tipo de socialismo que tengo en mente todavía no se ha probado. Pero créeme. Va a ser increíble.

Capitalista: (rueda los ojos)

En conversaciones como esta, el «socialismo» parece funcionar como una especie de tipo ideal, cuya conveniencia no está falsificada (y probablemente infalsificable) por evidencia empírica. Es la falacia de «No hay un verdadero escocés» aplicada a los modelos de economía política.

Pero aquí hay otra conversación que puede haber ocurrido.

Capitalista: el capitalismo destruye los privilegios no ganados y les da a todos una oportunidad justa de éxito económico.

Socialista: ¿En serio? ¿Qué pasa con Solyndra? ¿Qué pasa con TARP? ¿Qué pasa con las licencias ocupacionales, los subsidios agrícolas, los aranceles de importación y los cientos de otros mecanismos legales que apoyan a los productores poderosos en contra de sus rivales más pequeños?

Capitalismo: No, no, ese tipo de políticas son incompatibles con el capitalismo. El hecho de que todas las sociedades capitalistas realmente existentes las tengan para demostrar que lo que tenemos no es realmente el capitalismo. El capitalismo real es el ideal desconocido.

 

¿Es este tipo de argumento más legítimo que el primero? Si vamos a a argumentar en contra del socialismo como un ideal político al señalar el fracaso de sus manifestaciones en el mundo real, ¿no es nuestra defensa del capitalismo como un sujeto ideal la misma respuesta?

Por supuesto, muchos libertarios creen que las fallas del mundo real del socialismo es algo así como un resultado necesario de las instituciones socialistas. El capitalismo de amigos, por otro lado, es una evitable perversión de los principios capitalistas.

Pero ¿y si no es así? ¿Y si el capitalismo de amigos no es un accidente, sino algo más parecido a la tendencia natural de los sistemas capitalistas? Eso es lo que se preguntan Mike Munger y Mario Villarreal-Díaz preguntan, y responden en el afirmativo, en un nuevo artículo en The Independent Review.

Creo que la tesis básica del artículo de Munger y Villarreal-Díaz es correcta, y me interesaría mucho escuchar lo que piensan algunos de mis colegas blogueros y comentaristas. Mis propias reacciones rápidas son que:

  1. Tenemos que comparar los sistemas del mundo real con los sistemas del mundo real, no los sistemas del mundo real con los ideales inalcanzables. La comparación importante es entre el capitalismo del mundo real y el socialismo del mundo real, y en esa medida el capitalismo del mundo real sale bastante bien, incluso si casi siempre involucra algún nivel de clientelismo. Pero, ¿tal vez el reconocimiento de que cualquier sistema capitalista realmente alcanzable involucrará al compinche debería suavizar la resistencia de los libertarios a cualquier desviación del estricto laissez-faire? Después de todo, si sabemos que hay presiones dentro de cualquier sistema capitalista existente que tiende a inclinar el campo de juego en nombre de los ricos y políticamente bien conectados, ¿es realmente defendible oponerse a cualquier forma de red de seguridad social con el argumento de que son incompatibles con un sistema puramente capitalista?
  2. El carácter importa. Parte de la razón por la cual ninguna instanciación de un sistema en el mundo real es estable es que las reglas que constituyen ese sistema siempre deben ser interpretadas y aplicadas por los seres humanos. Si las personas que administran las instituciones son corruptas, también lo serán las instituciones. Pero ni siquiera tenemos que asumir la corrupción para que este argumento funcione. Basta con que la gente ignore las consecuencias a largo plazo de sus acciones, o intente sinceramente producir un resultado más justo en un caso particular al darle el mejor giro posible a una regla, y así sucesivamente. La conclusión es que incluso si el amiguismo está en contra de las «reglas», no lo vamos a terminar hasta que la gente de la sociedad desarrolle y aplique normas sociales sólidas contra los tipos de conductas que lo conducen. Esa es una tarea difícil, que requiere un largo proceso de educación y cambio social. Pero no es, creo, una utópica. Y es mucho más factible que el tipo de transformación radical de la naturaleza humana que Marx imaginó como necesaria para la realización del comunismo pleno.

https://bleedingheartlibertarians.com/?p=12948

Fritz Machlup y la verificación de las teorías en la economía. ¿Puede la econometría establecer relaciones estables de datos?

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), vemos a un autor poco considerado entre los autores austriacos, Fritz Machlup. Aquí de su artículo “El problema de la verificación en Economía”, Revista Libertas 40 (Mayo 2004)

“Cada uno de nosotros ha estado últimamente tan ocupado con el análisis estadístico de curvas de demanda, de funciones de ahorro, consumo e inversión, de elasticidades y propensiones, que una descripción de estas y similares investigaciones no es realmente necesaria. El problema con la verificación de hipótesis empíricas basadas en análisis estadísticos y econométricos es que la sucesión de estimados sobre la base de nuevos datos ha sido siempre seriamente divergente. Por supuesto, esas variaciones en el tiempo entre las relaciones numéricas no son realmente sorprendentes. Pocos de nosotros han esperado que esas relaciones sean constantes o incluso aproximadamente estables. Así, cuando nuevos datos y nuevos cómputos arrojan estimados revisados de parámetros económicos, no existe manera de decir si las hipótesis previas eran incorrectas o si las cosas han cambiado.

El hecho que las relaciones numéricas descriptas por las hipótesis empíricas pueden estar sujetas a cambios impredecibles altera esencialmente su carácter. Las hipótesis que están estrictamente limitadas al tiempo y al espacio no son “generales” sino “especiales,” o también llamadas proposiciones históricas. Si las relaciones medidas o estimadas en nuestra investigación empírica no son universales sino históricas, el problema de la verificación es completamente diferente. Tan diferente que de acuerdo a las intenciones expresadas en la introducción no deberíamos estar interesados en ellas. Pues nuestro propósito fue discutir la verificación de generalizaciones, no de eventos o circunstancias confinadas a particulares tiempos y lugares. Si todas las proposiciones de la economía fuesen de este tipo, el dictado de la vieja escuela histórica, que la economía no puede contar con “leyes generales” o con una “teoría general,” sería plenamente justificado.

Si una hipótesis acerca de una relación numérica entre dos o más variables fue formulada sobre la base de datos estadísticos cubriendo un período particular, y luego es comparada con datos de un período diferente, esa comparación podría contarse como verificación sólo si la hipótesis hubiese sido formulada como una de carácter universal, es decir, si la relación medida o estimada hubiese sido considerada como constante. En la ausencia de tales expectativas, el test por un “acierto” continuo (entre hipótesis y nuevos dato) es simplemente una comparación entre dos situaciones históricas, un intento de encontrar si las particulares relaciones eran estables o cambiantes. Una verificación genuina de hipótesis previamente formuladas acerca de un período dado requiere de una comparación con datos adicionales del mismo período, para así evaluar si las observaciones previas y su descripción numérica fueron o no precisas. En breve, una proposición histórica sólo puede ser verificada por nuevos datos acerca de la situación histórica a la cual refiere. Esto es así también para proposiciones geográficas y comparaciones entre distintas áreas.

Sin embargo, aunque las “estructuras” cambiantes estimadas por la econometría y la estadística no son más que proposiciones históricas, pueden existir límites en sus variaciones. Por ejemplo, seguramente podemos generalizar que la propensión marginal a consumir no puede ser en el largo plazo mayor que la unidad, o que la elasticidad de la demanda para ciertos tipos de exportación de cierto tipo de países no será en el largo plazo menor que la unidad. Proposiciones sobre límites definitivos en la variación de proposiciones especiales o históricas son de nuevo hipótesis generales. Estas no son estrictamente empíricas sino universales, en el sentido de ser deducibles de generalizaciones de alto nivel en el sistema teórico de la economía. Los varios estimados sucesivos de estructuras cambiantes pueden ser considerados como verificaciones de hipótesis generales, de acuerdo a las cuales ciertos parámetros o coeficientes deben estar dentro de ciertos límites. Debido a que estos límites son usualmente bastante amplios, la verificación no será por supuesto de la rigurosa manera en que lo es en las ciencias físicas, con sus constantes numéricas y estrechos márgenes de error.

Pero ni esto ni ninguna otra cosa que se ha dicho en este artículo debería ser interpretado como un intento de desanimar el testeo empírico en economía. Por el contrario, la conciencia de los límites de la verificación debería tanto prevenir de las desilusiones como presentar desafíos al trabajador empírico. Él debe ponerse a la altura de ellos, y proceder con inteligencia y fervor mediante cualquiera de las técnicas que se hallen disponibles.”

La verificación de teorías por medio de la econometría y las estadísticas: Fritz Machlup lo pone en duda

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), vemos a un autor poco considerado entre los autores austriacos, Fritz Machlup. Aquí de su artículo “El problema de la verificación en Economía”, Revista Libertas 40 (Mayo 2004)

“Cada uno de nosotros ha estado últimamente tan ocupado con el análisis estadístico de curvas de demanda, de funciones de ahorro, consumo e inversión, de elasticidades y propensiones, que una descripción de estas y similares investigaciones no es realmente necesaria. El problema con la verificación de hipótesis empíricas basadas en análisis estadísticos y econométricos es que la sucesión de estimados sobre la base de nuevos datos ha sido siempre seriamente divergente. Por supuesto, esas variaciones en el tiempo entre las relaciones numéricas no son realmente sorprendentes. Pocos de nosotros han esperado que esas relaciones sean constantes o incluso aproximadamente estables. Así, cuando nuevos datos y nuevos cómputos arrojan estimados revisados de parámetros económicos, no existe manera de decir si las hipótesis previas eran incorrectas o si las cosas han cambiado.

El hecho que las relaciones numéricas descriptas por las hipótesis empíricas pueden estar sujetas a cambios impredecibles altera esencialmente su carácter. Las hipótesis que están estrictamente limitadas al tiempo y al espacio no son “generales” sino “especiales,” o también llamadas proposiciones históricas. Si las relaciones medidas o estimadas en nuestra investigación empírica no son universales sino históricas, el problema de la verificación es completamente diferente. Tan diferente que de acuerdo a las intenciones expresadas en la introducción no deberíamos estar interesados en ellas. Pues nuestro propósito fue discutir la verificación de generalizaciones, no de eventos o circunstancias confinadas a particulares tiempos y lugares. Si todas las proposiciones de la economía fuesen de este tipo, el dictado de la vieja escuela histórica, que la economía no puede contar con “leyes generales” o con una “teoría general,” sería plenamente justificado.

Si una hipótesis acerca de una relación numérica entre dos o más variables fue formulada sobre la base de datos estadísticos cubriendo un período particular, y luego es comparada con datos de un período diferente, esa comparación podría contarse como verificación sólo si la hipótesis hubiese sido formulada como una de carácter universal, es decir, si la relación medida o estimada hubiese sido considerada como constante. En la ausencia de tales expectativas, el test por un “acierto” continuo (entre hipótesis y nuevos dato) es simplemente una comparación entre dos situaciones históricas, un intento de encontrar si las particulares relaciones eran estables o cambiantes. Una verificación genuina de hipótesis previamente formuladas acerca de un período dado requiere de una comparación con datos adicionales del mismo período, para así evaluar si las observaciones previas y su descripción numérica fueron o no precisas. En breve, una proposición histórica sólo puede ser verificada por nuevos datos acerca de la situación histórica a la cual refiere. Esto es así también para proposiciones geográficas y comparaciones entre distintas áreas.

Sin embargo, aunque las “estructuras” cambiantes estimadas por la econometría y la estadística no son más que proposiciones históricas, pueden existir límites en sus variaciones. Por ejemplo, seguramente podemos generalizar que la propensión marginal a consumir no puede ser en el largo plazo mayor que la unidad, o que la elasticidad de la demanda para ciertos tipos de exportación de cierto tipo de países no será en el largo plazo menor que la unidad. Proposiciones sobre límites definitivos en la variación de proposiciones especiales o históricas son de nuevo hipótesis generales. Estas no son estrictamente empíricas sino universales, en el sentido de ser deducibles de generalizaciones de alto nivel en el sistema teórico de la economía. Los varios estimados sucesivos de estructuras cambiantes pueden ser considerados como verificaciones de hipótesis generales, de acuerdo a las cuales ciertos parámetros o coeficientes deben estar dentro de ciertos límites. Debido a que estos límites son usualmente bastante amplios, la verificación no será por supuesto de la rigurosa manera en que lo es en las ciencias físicas, con sus constantes numéricas y estrechos márgenes de error.

Pero ni esto ni ninguna otra cosa que se ha dicho en este artículo debería ser interpretado como un intento de desanimar el testeo empírico en economía. Por el contrario, la conciencia de los límites de la verificación debería tanto prevenir de las desilusiones como presentar desafíos al trabajador empírico. Él debe ponerse a la altura de ellos, y proceder con inteligencia y fervor mediante cualquiera de las técnicas que se hallen disponibles.”

Para Mankiw todo lo escrito en economía hace más de treinta años es irrelevante. Nosotros, estudiamos su historia

Con los alumnos de la UNLP vemos, en términos generales, los principales hitos y autores en la historia del pensamiento económico, comenzando por una revisión de las contribuciones previas a los clásicos. ¿Es la historia del pensamiento un camino para comenzar a aprender economía o se necesita conocerla para analizar luego su historia? Esto dice Adrián Ravier en la Introducción al libro Lecturas de Historia del Pensamiento Económico, del cual es compilador:

“Existen dos formas de introducir al lector a la disciplina económica. La tradicional es a través de los manuales o tratados de economía. Sistemáticamente el lector estudia qué es la economía, cuál es el método científico a través del cual se contrastan las hipótesis, elementos microeconómicos como un simple intercambio, la determinación del precio, la función empresarial y los procesos de mercado; elementos de finanzas públicas, como la teoría de las fallas de mercado, el teorema de Coase, las fallas del estado y la teoría impositiva; también elementos de teoría monetaria para comprender el origen del dinero y el funcionamiento del sistema bancario y financiero; aspectos macroeconómicos, que trabajan en torno a la teoría del capital, la inflación, el pleno empleo y también los ciclos económicos y la política eco nómica; y finalmente elementos que hacen al comercio internacional, como la división internacional del trabajo, la teoría de ventajas comparativas y la globalización.

Sin embargo, pienso que muchos profesores fallan en concientizar al alumno que el conocimiento moderno de cada uno de estos campos se ha visto desarrollado tras un largo proceso en el que muchas hipótesis han quedado momentáneamente descartadas, para dar lugar a otras nuevas, que hoy parecen superiores en cuanto a la comprensión del mundo.

Karl Popper nos ha enseñado que no es posible en ninguna ciencia la confirmación o refutación definitiva de las hipótesis, y es por eso debemos permanecer humildes ante los frutos de nuestras investigaciones y dejar abierta la puerta para que ciertas hipótesis que parecían refutadas, recuperen valor en un futuro.

Es así que surge este otro modo de introducir al lector a la disciplina.”

Y luego comenta que la actual visión predominante en la enseñanza de la economía no considera que el estudio de su historia y evolución sea importante. Así:

“Quizás sorprenda al lector que la superioridad de este segundo proceder no es compartido por muchos especialistas en el campo. Existen muchos economistas y lo que es más grave, muchos profesores de economía, que han prescindido de la historia del pensamiento económico.

Podemos tomar como ejemplo aquel conocido post en el blog personal del profesor Gregory Mankiw1, autor de «Principles of economics», un manual que lleva vendidas más de un millón de copias en diecisiete lenguas. Mankiw ofrecía una respuesta a un alumno quien le había preguntado cuál era su opinión sobre «La Acción Humana», tratado de economía de Ludwig von Mises, publicado en 1949. Su respuesta fue franca: «no lo he leído». Pero a paso siguiente ofreció una justificación: «En Economía se asume que cualquier cosa escrita hace más de 20 ó 30 años es irrelevante».”

Proceso Económico: buen nombre para una materia, que muestra el carácter dinámico de la economía

La materia Proceso Económico II de la UFM continúa, obviamente, Proceso Económico I en la cual vimos los aspectos básicos de esta ciencia. En una división que ha llegado a predominar diríamos que la primera es Micro y la segunda es Macro, aunque la segunda además de algunos conceptos básicos tiene mucho de Política Económica.

Hablando de eso, es una pena que hayamos dejado de lado el nombre de Economía Política para describir a nuestra disciplina y que le digamos ahora solamente Economía. Porque Economía Política (recordemos cuántos textos clásicos tienen este nombre) reflejaba un espíritu interdisciplinario que la actual visión no tiene, o a dejado en un plano menor.

En cierto sentido, el nombre de “Proceso Económico” es bueno también porque refleja el carácter dinámico de la economía, y que lo que nos interesa no es ya entender un modelo estático de equilibrio final sino el proceso que se desata ante cambios en las preferencias de los consumidores, en las dotaciones de recursos y en las tecnologías.

Ese equilibrio final solamente tiene un mérito teórico si lo utilizamos para entender cómo la realidad no es, ya que resulta imposible llegar a ese punto dadas las limitaciones de conocimiento que imperan en nosotros. Precisamente, los alumnos de la materia también leyeron el artículo de Hayek, El uso del conocimiento en la sociedad.

El carácter evolutivo de la economía se desprende del programa de esta materia en relación al dinero, ya que señala:

“…se estudia el origen del dinero y su evolución a través del tiempo, identificando las desventajas del intercambio directo o trueque y la importancia del intercambio indirecto en una sociedad en donde la división del trabajo es amplia y extendida y de los diferentes medios utilizados para realizar los intercambios. Se definen las características que deben de tener las mercancías para ser utilizadas como medio de intercambio, las funciones del dinero y la importancia que éste ha tenido en la realización de intercambios más ágiles, lo cual ha permitido el progreso.

En la segunda parte se analiza cómo se llega a determinar el precio del dinero, el cual corresponde a su poder adquisitivo, en qué forma la demanda de dinero y la oferta influyen en el cambio del poder adquisitivo, estando representada la demanda por la oferta de bienes y servicios y el atesoramiento y la oferta por la emisión de la banca central y la creación de la banca comercial. Otro punto importante será comprender en qué consiste el dinero fiat y el dinero fiduciario.”

Y en el inevitablemente limitado tratamiento del sistema bancario y financiero, se considera también los principios y las experiencias históricas de la banca libre, algo que ahora nos parece muy extraño. Esto es, el funcionamiento de un sistema bancario sin banca central y sin una agencia que supervise a los bancos comerciales.

También se ve el funcionamiento de la banca central, el intervencionismo, el socialismo, es decir, todo tipo de interferencias en el funcionamiento de los mercados, para terminar con una evaluación ética del sistema económico.

¿Qué es lo que verificamos con estadísticas y econometría? ¿Hipótesis generales o particulares?

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), vemos a un autor poco considerado entre los autores austriacos, Fritz Machlup. Aquí de su artículo “El problema de la verificación en Economía”, Revista Libertas 40 (Mayo 2004)

“Cada uno de nosotros ha estado últimamente tan ocupado con el análisis estadístico de curvas de demanda, de funciones de ahorro, consumo e inversión, de elasticidades y propensiones, que una descripción de estas y similares investigaciones no es realmente necesaria. El problema con la verificación de hipótesis empíricas basadas en análisis estadísticos y econométricos es que la sucesión de estimados sobre la base de nuevos datos ha sido siempre seriamente divergente. Por supuesto, esas variaciones en el tiempo entre las relaciones numéricas no son realmente sorprendentes. Pocos de nosotros han esperado que esas relaciones sean constantes o incluso aproximadamente estables. Así, cuando nuevos datos y nuevos cómputos arrojan estimados revisados de parámetros económicos, no existe manera de decir si las hipótesis previas eran incorrectas o si las cosas han cambiado.

El hecho que las relaciones numéricas descriptas por las hipótesis empíricas pueden estar sujetas a cambios impredecibles altera esencialmente su carácter. Las hipótesis que están estrictamente limitadas al tiempo y al espacio no son “generales” sino “especiales,” o también llamadas proposiciones históricas. Si las relaciones medidas o estimadas en nuestra investigación empírica no son universales sino históricas, el problema de la verificación es completamente diferente. Tan diferente que de acuerdo a las intenciones expresadas en la introducción no deberíamos estar interesados en ellas. Pues nuestro propósito fue discutir la verificación de generalizaciones, no de eventos o circunstancias confinadas a particulares tiempos y lugares. Si todas las proposiciones de la economía fuesen de este tipo, el dictado de la vieja escuela histórica, que la economía no puede contar con “leyes generales” o con una “teoría general,” sería plenamente justificado.

Si una hipótesis acerca de una relación numérica entre dos o más variables fue formulada sobre la base de datos estadísticos cubriendo un período particular, y luego es comparada con datos de un período diferente, esa comparación podría contarse como verificación sólo si la hipótesis hubiese sido formulada como una de carácter universal, es decir, si la relación medida o estimada hubiese sido considerada como constante. En la ausencia de tales expectativas, el test por un “acierto” continuo (entre hipótesis y nuevos dato) es simplemente una comparación entre dos situaciones históricas, un intento de encontrar si las particulares relaciones eran estables o cambiantes. Una verificación genuina de hipótesis previamente formuladas acerca de un período dado requiere de una comparación con datos adicionales del mismo período, para así evaluar si las observaciones previas y su descripción numérica fueron o no precisas. En breve, una proposición histórica sólo puede ser verificada por nuevos datos acerca de la situación histórica a la cual refiere. Esto es así también para proposiciones geográficas y comparaciones entre distintas áreas.

Sin embargo, aunque las “estructuras” cambiantes estimadas por la econometría y la estadística no son más que proposiciones históricas, pueden existir límites en sus variaciones. Por ejemplo, seguramente podemos generalizar que la propensión marginal a consumir no puede ser en el largo plazo mayor que la unidad, o que la elasticidad de la demanda para ciertos tipos de exportación de cierto tipo de países no será en el largo plazo menor que la unidad. Proposiciones sobre límites definitivos en la variación de proposiciones especiales o históricas son de nuevo hipótesis generales. Estas no son estrictamente empíricas sino universales, en el sentido de ser deducibles de generalizaciones de alto nivel en el sistema teórico de la economía. Los varios estimados sucesivos de estructuras cambiantes pueden ser considerados como verificaciones de hipótesis generales, de acuerdo a las cuales ciertos parámetros o coeficientes deben estar dentro de ciertos límites. Debido a que estos límites son usualmente bastante amplios, la verificación no será por supuesto de la rigurosa manera en que lo es en las ciencias físicas, con sus constantes numéricas y estrechos márgenes de error.

Pero ni esto ni ninguna otra cosa que se ha dicho en este artículo debería ser interpretado como un intento de desanimar el testeo empírico en economía. Por el contrario, la conciencia de los límites de la verificación debería tanto prevenir de las desilusiones como presentar desafíos al trabajador empírico. Él debe ponerse a la altura de ellos, y proceder con inteligencia y fervor mediante cualquiera de las técnicas que se hallen disponibles.”

HPE II en la UBA: El significado de la Escuela Austriaca de Economía en la historia de las ideas

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), de Económicas UBA, comenzamos a ver los fundamentos de la escuela, en este caso con un artículo de Ludwig Lachmann, titulado “El significado de la Escuela Austriaca de Economía en la historia de las ideas” Revista Libertas 27 (Octubre 1997)

Austrian-Economists

“El logro específico de la escuela austriaca sólo adquiere transparencia con este trasfondo del pensamiento clásico. Tal vez se lo podría caracterizar así: también aquí nos esforzamos por describir leyes. Pero, sea lo que fuere que Menger haya creído, las leyes de la cataláctica son leyes lógicas, vérités de raison. A partir de la ley de utilidad marginal, se desarrolla gradualmente un cálculo económico, o sea, una “lógica de la elección”. Una cuestión muy importante, que analizaremos más adelante, es de qué manera se relaciona esta lógica con la realidad, de tal modo que nos ayude a interpretar los procesos reales.

Tal vez la expresión más significativa de la importancia de la escuela austriaca en la historia de las ideas sea el enunciado según el cual el hombre se encuentra en el centro de los sucesos económicos como actor. Claro que también para los austriacos las múltiples relaciones económicas cuantitativas ocupan el primer lugar como objeto de conocimiento para la investigación económica, pero su determinación no constituye el objetivo último. El investigador no se detiene aquí, porque esas determinaciones provienen de actos de la mente que deben ser “comprendidos”: es decir, su origen, su significado y sus efectos tienen que ser explicados dentro del marco de nuestra “experiencia común” de la acción humana. Hay aun otra cosa importante para comprender a la escuela austriaca y es que en ella, a diferencia de la escuela clásica, se considera a los hombres como muy distintos. Cada uno tiene necesidades y capacidades diferentes, de las cuales dependen las cantidades y los precios de los bienes vendidos en el mercado. Este hecho es precisamente el que destaca la teoría subjetiva del valor. Cada agente económico imprime su individualidad sobre los sucesos económicos a través de su acción. El hombre como consumidor no puede ser incluido forzadamente dentro de ninguna clase homogénea, y lo mismo puede decirse de su función como productor. El concepto de costos de oportunidad quiebra la homogeneidad de los factores de costos y amplía el área de la subjetividad, que ahora abarca también la teoría de la producción.

Por último, el concepto clásico del valor experimenta un cambio fundamental en las obras de los autores vieneses. Ya no se lo considera como una “sustancia” inherente a los bienes. El concepto central de la escuela austriaca es la evaluación, que es un acto de la mente. Para estos pensadores el valor de un bien consiste en una relación que realiza una mente que evalúa. Puesto que las necesidades son heterogéneas, es muy improbable qué diversos agentes económicos evalúen de manera semejante un mismo bien. Del concepto ricardiano de cuasi-sustancia ha emergido un concepto de relaciones mentales.”

A todos les gusta la Macro, pero sus agregados pueden restar información, no sumarla

Aunque modas tales como la economía de la conducta (Behavioral Economics) pusieron nuevamente el foco de atención en la conducta individual, lo cierto es que la mayoría de los economistas, y los estudiantes de economía, piensan que lo que realmente importa es la macro. Seguramente porque de su discusión se derivan conclusiones de política económica, que forman parte de la discusión sobre la coyuntura. Y, es cierto, todos tenemos interés en la coyuntura ya que nos afecta en forma directa.

Pero la Macroeconomía, o el análisis de “agregados” enfrenta algunos serios problemas que es necesario tener en cuenta. Una vieja discusión al respecto plantea si puede haber una “Macro” que no tenga fundamentos en lo que conocemos de “Micro”. Y en muchos casos es así.

Gary Gales comenta en el Mises Institute sobre otro problema que da título a su artículo: “Cómo la Agregación Económica esconde los problemas del intervencionismo”, http://mises.org/library/how-economic-aggregation-hides-problems-interventionism

Presenta el ejemplo de los “Impuestos Netos”, estadística que muestra los impuestos pagados al gobierno menos los pagos por transferencias que el gobierno realiza, para el sector de familias en su conjunto. “Es una categoría útil para considerar el efecto neto de los programas gubernamentales en el ingreso disponible para todo el sector. Pero distrae la atención sobre la enorme redistribución de ingresos y los importantes efectos en la oferta y los incentivos para producir. Digamos que el gobierno cobra impuestos de un subgrupo de la población por $2 billones, y provee $1 billón en transferencias de programas sociales a otro subgrupo. El efecto neto en el conjunto de las familias es una reducción de un billón. Pero considerar solamente el número neto en el análisis es ignorar aspectos muy importantes”.

Gales sostiene que no se ve el impacto sobre la oferta, ya que se reducen los incentivos de ambas partes, de los que ponen y de los que reciben. De los primeros porque ven castigado su esfuerzo productivo, pero es más importante en el caso de los segundos ya que la recepción de esa ayuda es condicional a seguir siendo pobres.

“Los agregados utilizados en la construcción del PIB tienen severas limitaciones. Descansan en precios pagados para asignar valor a los bienes y servicios intercambiados. Este enfoque de la preferencia revelada tiene sentido para la conducta en el mercado, ya que el valor de cada bien ha de ser superior al precio pagado por cada individuo que hace la compra. Aun así, sin embargo, el exceso de valor sobre el precio que motivó la compra (llamado superávit del consumidor) es ignorado. Pero cuando el gobierno interviene, la precisión se degrada notablemente.”

“Por ejemplo, si el gobierno da a una persona un subsidio del 40% sobre la compra de un bien, todo lo que sabemos es que el valor de cada unidad para el comprador excedió el 60% de su precio. No se sabe si esa compra tuvo un valor superior al precio pagado incluyendo el subsidio. Y en áreas en las que el gobierno produce o usa bienes directamente, como el gasto en defensa, no sabemos casi nada de su valor. Los ciudadanos no pueden rehusar financiar lo que el gobierno decida comprar, bajo pena de prisión, por lo que ninguna transacción voluntaria revela lo que ese gasto vale para los ciudadanos. Y siglos de experiencia sugieren que los bienes y servicios provistos por el gobierno valen, a menudo, mucho menos de lo que cuestan. Pero ese gasto es contado simplemente como de un valor igual a su costo en las cuentas del PIB.”