Crónicas de viaje: Australia

Aunque fue hace un tiempo ya:

VERDADERAMENTE ABAJO

La archirepetida comparación entre Australia y Argentina no tiene ningún sentido. La gran diferencia entre estos dos países es que Australia se originó con una banda de prisioneros y terminó generando un país con gente decente. Argentina, en cambio, comenzó con gente decente y se encuentra con muchos que bien podrían estar presos. Los dos casos son bastante inexplicables. Es más, los 1500 prisioneros que dieron origen a esa colonia, llegaron en 11 barcos en 1787 a un lugar que solamente había visitado el capitán James Cook once años antes. Es decir en momentos que allí llegaban “reos” por acá teníamos gente como Belgrano, Vieytes o Moreno.

En 1849 un australiano llamado Edward Hargraves se fue de Sydney a California tentado por la famosa “fiebre del oro” pero no encontró nada. Sin embargo, volvió y descubrió oro en Australia, y dio inicio a su propia fiebre que en menos de dos años duplicó la población. En esa época Argentina contaba ya con su propia Constitución e iniciaba un camino de unidad y progreso. Australia seguiría recibiendo presos por unos años todavía pero los ingleses se dieron cuenta que más que un castigo ya era un premio, porque los presos deseaban ir, y algunos hasta descubrieron oro, por lo que dejaron de enviarlos en 1868. Las seis colonias que ahora forman sus estados recién se federaron y crearon este nuevo país en 1901 y como Melbourne y Sydney se disputaban la supremacía decidieron resolver el problema de la forma más cara: crearon una nueva ciudad para que fuera la capital, Canberra.

Y se ve que en ese poco tiempo y con tan poco afortunado comienzo han sabido progresar bastante. Ya en 1956 Melbourne fue sede de los Juegos Olímpicos, luego en Sydney en 2000, mientras que los próximos Juegos en Rio de Janeiro serán los primeros en Sudamérica, la única excepción latinoamericana siendo México en 1968.

Bueno, tal vez no es la única diferencia. Parece que las ideas del fascismo y el socialismo que se generaron en Europa tenían poco kilometraje y no pudieron llegar hasta tan lejos, pero sí les alcanzaba para America Latina o África. Este país ha pasado estos experimentos totalitarios del siglo XX sin haber intentado aplicarlos en alguna versión local. No sabemos de “socialismo australiano” o populismo “aussie”. Luego de algún maltrato han sabido reconocer a los pueblos aborígenes pero nadie pretende volver a imponer a todo el país sus normas y costumbres. Está claro que el “rule of law” heredado de Inglaterra funciona mejor, incluso para los pueblos aborígenes.

Sabemos tan poco de lo que pasa en Australia porque en verdad pasa muy poco, además cuando pasa algo el resto del mundo está durmiendo y no se entera.

Pero si miramos algunos datos, no les va nada mal. El PBI per cápita es de 38.633 dólares (Argentina u$s 14.525, según el FMI). Ocupa el octavo lugar en el Índice de Calidad Institucional (Argentina el 120º) y el segundo puesto en el Índice de Desarrollo Humano (Argentina 49º).

No obstante, como nosotros, tienen problemas de seguridad. En su caso, más que nada por los cocodrilos. En Palm Cove, una playa al norte de Cairns, la puerta de entrada para la increíble Gran Barrera de Coral, carteles alertan a los bañeros contra el peligro de cocodrilos y aguas vivas… que matan. En la entrada del Jardín Botánico de Cairns, junto a un arroyo, un cartel advierte sobre la presencia de cocodrilos al descolocado que quiera bañarse. Tal vez con la palabra “Warning” el cartel no tendría impacto suficiente por lo que además dice Achtung!, palabra alemana que si denota la precisión que siempre muestran los germanos, certifica entonces que los cocodrilos son un seguro peligro. Pero a pocos metros del cartel y del río una mesa y bancos invitan a hacer un picnic. Me pregunto, ¿a quién?, ¿a los turistas o a los cocodrilos? Y recuerdo aquella frase de Borges sobre la llegada de Solís al Rio de la Plata, cuando “ayunó Juan Díaz y los indios comieron”…., claro, a Solís. ¿Sera acá que en estas mesas los turistas ayunan…? Pero no, ya dije antes que tienen al problema de seguridad perfectamente controlado.

Con pocos problemas, los australianos tienen mucho tiempo para dedicarse a los deportes, en muchos de los cuales se destacan. Como los norteamericanos, llaman al futbol “soccer”. Al seleccionado nacional le llaman “Socceroos”, conjunción de las palabras fútbol y canguros que traducida no queda muy bien digamos: “futboluros”…

Y tienen su propia versión, el fútbol australiano. Alguna vez lo han pasado los canales de cable en la Argentina pero no ha tenido mucho éxito, ni en Argentina ni en el resto del mundo. Se juega con una pelota ovalada como la de rugby, en una cancha también ovalada y la pelota se patea o se pasapegándole con el puño. Como todo deporte que uno mira sin saber parece poco motivador, pero no es lo que dicen las tribunas, donde no cabe un alfiler. En estos días se jugó la final en Melbourne, entre Collingwood (108) y St. Kilda (52). Y al dÍa siguiente el diario local salió con la tapa “En la cima del mundo!”. Obvio, si no se juega en ninguna otra parte.

Claro, alguno nos podrá decir que los argentinos hacemos lo mismo con el polo, pero que se sepa los príncipes y millonarios de todo el mundo no invitan a los australianos a sus equipos de este deporte. El polo argentino, a diferencia del fútbol australiano, es como la NBA: se juega en muchos lados pero el campeonato local es el mundial.

El país cometió dos errores grandes en el siglo XX. Uno de ellos es Galípoli, esa península turca en los Dardanelos, cuando en la Primera Guerra Mundial mandaron al muere a miles de soldados (aunque los que dirigían eran ingleses y franceses); el otro ocurrió cuando un barco que llevaba turistas a ver los corales se fue y se los olvidó haciendo snorkel, dejándolos solos a más de dos horas de la costa. Recién a los dos días se dieron cuenta que faltaban y nunca se supo nada más de ellos. De todas formas, imaginemos una Argentina con solamente dos errores de ese tipo en todo el siglo: digamos que alguien se olvidó dos turistas en el glaciar Perito Moreno y, bueno, la guerra de Malvinas. Con todo lo trágico que esos eventos han o hubieran sido, en nuestro caso la lista es mucho más larga y parece interminable: golpes militares, hiperinflaciones, desaparecidos, corrupción, repudio de la deuda y de los depósitos bancarios. En fin, agregue los que quiera.

Un país con grandes recursos naturales, esta “sufriendo” los problemas del boom en commodities promovido por las reformas de mercado y el crecimiento de China e India. Con precios altos la tentación de los gobiernos es demasiado fuerte, incluso en Australia. No tienen retenciones, pero han implementado un impuesto extraordinario a las ganancias de las empresas mineras. Uno podría preguntarse: ¿por qué solamente a las mineras? ¿Qué diferencia hay entre las ganancias de la minería y, digamos, el turismo para ver koalas o canguros? Con toda su irracionalidad es incluso un poco mejor que las retenciones ya que para pagar el impuesto hay que tener “ganancias”, mientras que con las retenciones no, las pagan todos incluso si tienen perdidas.

Este es un país raro, ¡quién puede entenderlo! Es una monarquía constitucional y no aportan para la calefacción de la Reina en Westminster, pero su moneda se llama “dólar” y tiene en todas ellas, y en algún billete, la cara de la reina Isabel II de Inglaterra. Imaginemos eso, es como si nosotros la llamáramos “libra” y tuviéramos al rey Juan Carlos. Aunque, pensándolo bien no estaría tan mal: no estaríamos devaluando a nuestros propios próceres y los billetes tal vez podrían incluir esa famosa frase: “por qué no te callas”. Pero que todavía acuñen la cara de la reina inglesa no implica sumisión hacia ese país: si no lo cree mejor no salga a una cancha de rugby con la camiseta de Inglaterra si tiene enfrente a los Wallabies.

El dólar australiano se está revaluando, o sobre todo su homónimo norteamericano está cayendo, pero también lo ha hecho contra el euro. De hecho, hace poco alcanzó su nivel más alto desde que se le permitió flotar hace 28 años. En 2001 cotizaba a 0,47 contra un dólar ahora estaría llegando a la paridad. Pensemos eso: ¡1 a 1 con el dólar! Pensé en advertirlos acerca de la terrible situación que esa paridad podría acarrearles: incautación de los depósitos bancarios, default de la deuda, depresión, huída del gobierno en helicóptero, repudio de los contratos, pero aquí todos piensan al revés que en Argentina. Ven la fortaleza de su moneda como un reflejo de la de su economia, no como una medida artificial de su gobierno.

No obstante, el sector productivo está sintiendo el impacto de la revaluación. Las ganancias de las empresas caen, el turismo sufre, los australianos se van de vacaciones a todo el mundo. La empresa Beacon Marine, que construye espectaculares yates ha reducido el precio de uno de sus modelos de 2,4 millones de dólares a 1,3 millones y aun así el mismo barco se consigue por 800.000 en Estados Unidos mas unos 50.000 para su traslado. Antes tenían un stock disponible para potenciales clientes, ya no más, ahora solamente los construyen a pedido, y estos ya no son muchos.

Los empresarios no piden devaluaciones pero el gobierno no está siendo de mucha ayuda en un momento así. En lugar de aliviar la carga sobre las empresas, impuestos y regulaciones, para que puedan reducir sus costos y enfrentar la competencia externa, ha implementado otro de los tantos “paquetes de reactivación” y elevado los impuestos, aunque la principal reactivación, como en Argentina, viene de China.

Todo lo ecológico es “políticamente correcto”. Los buses muestran carteles de que han sido reformados para ser “amistosos con el medio ambiente”, los hoteles hacen gala de sus políticas para reducir el impacto, incluso en estos días el gobierno dio a conocer un informe que propondría una reducción del 30% en el suministro de agua a los productores agrícolas de la principal zona productiva el que, según la primera opinión expresada por los productores vendría a ser el equivalente de nuestras retenciones en cuanto a la eliminación de la rentabilidad y la desaparición de pequeños productores.

Ellos dicen que están “down, under” pero, si nos vieran, no saben lo que es verdaderamente estar down and under.