Cuando puede terminar electa una candidata que presenta mayor nivel de rechazo que de aprobación

Siguiendo con el tema de los sistemas electorales y las preferencias de los votantes que comentara en el post de ayer, ahora, de la misma serie de papers, tenemos al siguiente:

Ahmad Awde, Mostapha Diss, Eric Kamwa, Julien yves Rolland, Abdelmonaim Tlidi. “Social unacceptability for simple voting procedures”. 2022. ￿hal-03614587￿

El trabajo analiza la posibilidad de que termine siendo electo una candidata que no es aceptada socialmente. (para cumplir con lo políticamente correcto, muchos autores ahora prefieren escribir los papers directamente usando sustantivos femeninos pero, claro, no siempre son esas buenas noticias, ahora le toca a la «candidata» ser socialmente rechazada). Esto tiene que ver con algo que normalmente vemos en los resultados de las encuestas que se publican en los diarios respecto al grado de aprobación o rechazo que generan los potenciales candidatos y considera la cuestión de que sea electo una candidata con mayor nivel de rechazo que de aprobación. Su resumen:

“Se dice que una candidata es socialmente aceptable si la cantidad de votantes que la ubican entre la mitad más preferida de los candidatos es al menos tan grande como la cantidad de votantes que la ubican entre la mitad menos preferida (Mahajne y Volij, 2018). Para cada perfil de votante, siempre existe al menos un candidato socialmente aceptable. Este candidato puede no ser elegido por algunas reglas de votación conocidas, lo que incluso puede conducir en algunos casos a la elección de un candidato socialmente inaceptable, siendo este último un candidato tal que el número de votantes que lo ubican entre los de la mitad más preferida de los candidatos es estrictamente menor que el número de votantes que la clasifican entre la mitad menos preferida. En este trabajo, nuestra contribución es doble. Primero, dado que la existencia de un candidato socialmente inaceptable no siempre está garantizada, determinamos las probabilidades de la existencia de dicho candidato. Luego, evaluamos con qué frecuencia la regla de Pluralidad, la regla de Pluralidad Negativa, la regla de Borda y sus versiones de dos vueltas pueden elegir a un candidato socialmente inaceptable. Realizamos nuestros cálculos bajo la Cultura Imparcial y la Cultura Anónima Imparcial.”

Aprendiendo de las derrotas: la caída del exitoso Partido Liberal de Australia

Como siempre, Quillette trae artículos bien interesantes. En esta oportunidad quiero señalar uno de Adrian Nguyen donde se analiza el resultado de las reciente elecciones australianas y la derrota del Partido Liberal, un partido moderado de centro derecha, pero que ha gobernado ese país por casi 50 años en las últimas décadas, y llevado a Australia a ser unos de los países de mejor calidad institucional y mayor nivel de vida.

El artículo se titula: “The Twilight of the Australian Liberal Party: What should a centre-right party represent in the 21st century?”: https://quillette.com/2022/05/30/the-twilight-of-the-australian-liberal-party/

“Antes de ser elegido primer ministro en 1996, John Howard dijo durante una entrevista con Four Corners que quería ver a Australia como “un país cómodo y relajado”. Al expresar esa visión, se refería a la creciente posición de Australia en la región de Asia y el Pacífico, además de ser una antigua colonia británica ligada por la cultura a la anglosfera. Pero, más importante, también se refirió a que el ciudadano australiano está en una posición única para no sentirse culpable por su historia y mirar hacia el futuro. La frase “cómodo y relajado” era lo suficientemente ambigua para los detractores de Howard, quienes creían que reflejaba su conservadurismo social. Lo interpretaron como una evasión activa de confrontar la reconciliación con los pueblos indígenas de Australia y como un impulso para que los australianos se vuelvan perezosos e ignorantes. Sin embargo, Howard gobernó durante 11 años gracias a una relación renovada con los votantes suburbanos y un superávit presupuestario de mil millones de dólares.

Si la palabra «relajado» jugó un papel importante en los 11 años de gobierno de Howard, entonces «cómodo» explicaría por qué los liberales sufrieron una derrota masiva en las elecciones federales de este año. El 21 de mayo de 2022, los liberales, liderados por Scott Morrison, fueron derrotados por el Partido Laborista Australiano, liderado por Anthony Albanese, quien proviene del flanco izquierdo del partido. Albanese es solo el cuarto líder en la historia del laborismo en ser elegido primer ministro desde que se formó el Partido Liberal en 1944. En coalición con los nacionales rurales, los liberales han dominado el período de posguerra de Australia durante un total acumulado de 50 años, lo que los convierte en uno de los partidos políticos de centro-derecha más exitosos del mundo occidental. Agregando a ese notable récord, hasta las elecciones del pasado fin de semana, los liberales estuvieron en el poder durante nueve años ininterrumpidos. Pero durante el período de poder del Partido Liberal y a través de su puerta giratoria de líderes, Australia estaba lejos de ser “cómoda” y estaba perdiendo la paciencia con las contradicciones e inseguridades del partido.”

¿La austeridad fiscal genera un mal resultado electoral? Subiendo impuestos -7%; bajando el gasto no

Alberto Alesina, profesor de Harvard, falleció en 2020. Dejó contribuciones en muchas áreas distintas. Curiosamente, el FMI publica ahora un paper que escribiera junto a otros autores: ALBERTO F. ALESINA, Harvard University – Department of Economics, Centre for Economic Policy Research (CEPR), National Bureau of Economic Research (NBER); GABRIELE CIMINELLI, Asia School of Business in collaboration with MIT Sloan; DAVIDE FURCERI, International Monetary Fund (IMF) y GIORGIO SAPONARO, Harvard University. El paper se titula “Austerity and Elections”, y sus conclusiones son importantes para todos nuestros países que necesitan con urgencia una reforma fiscal que incluya la reducción del gasto.

Alesina, Alberto F. and Ciminelli, Gabriele and Furceri, Davide and saponaro, giorgio, Austerity and Elections (April 1, 2021). IMF Working Paper No. 2021/121, Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=4026297 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.4026297

“La sabiduría convencional sostiene que los votantes castigan a los gobiernos que implementan la austeridad fiscal. Sin embargo, la mayoría de los estudios empíricos, que se basan en medidas de austeridad anuales ex post, no encuentran evidencia que las respalde. Este documento revisa el tema utilizando medidas ex ante de austeridad fiscal basadas en la acción y en tiempo real, así como una nueva base de datos de cambios en la proporción de votos de los partidos en el poder. El análisis enfatiza la importancia del ‘cómo’, ya sea que la austeridad se lleve a cabo mediante aumentos de impuestos o recortes de gastos, y el ‘quién’, ya sea que la lleven a cabo gobiernos de izquierda o de derecha. Nuestro principal hallazgo es que la austeridad basada en impuestos conlleva grandes costos electorales, mientras que el efecto de las consolidaciones basadas en el gasto depende de la inclinación política del gobierno. Un paquete de austeridad por valor del 1% del PIB, llevado a cabo principalmente a través de aumentos de impuestos, reduce la participación de votos del partido del líder en aproximadamente un 7%. Por el contrario, la austeridad basada en el gasto es perjudicial para los gobiernos de izquierda pero beneficiosa para los gobiernos de derecha. También encontramos que el costo electoral de la austeridad, especialmente los aumentos de impuestos, puede contenerse si se implementa durante buenos tiempos económicos.”

El viejo truco de hacer obras viales antes de las elecciones…., o simplemente anunciarlas

  • El viejo truco de hacer obras viales antes de las elecciones 

No habrá país en donde no podamos reconocer esto: se acercan los elecciones y se multiplican las obras viales locales, o tal vez los carteles que anuncian esas obras. Massimiliano  Ferraresi,  European  Commission,  Joint  Research Centre  (JRC),  Ispra Leonzio  Rizzo,  Università  di  Ferrara  e  Institut  d’Economia  Barcelona  y Riccardo  Secomandi,  Università  di  Ferrara, analizan esto en un paper publicado por la Societá Italiana de Economía Púbblica, cuyo título es “Electoral Incentives, Investments in Roads and Safety in Local Roads: http://d.repec.org/n?u=RePEc:ipu:wpaper:107&r=&r=cdm  

“Es ampliamente reconocido que los políticos asignan deliberadamente bienes y servicios justo antes de las elecciones, y podría decirse que las inversiones en carreteras se encuentran entre las infraestructuras más visibles para influir en los votantes. Utilizando un conjunto de datos completo sobre municipios italianos durante el período 2010-2015, probamos si las inversiones en carreteras y servicios de transporte se ven afectadas por manipulaciones políticas cercanas a las elecciones utilizando como variables independientes las variables ficticias anuales. Aprovechamos el tiempo escalonado de las elecciones locales para mostrar, de hecho, que el gasto de inversión en carreteras y transporte en el año anterior a las elecciones es un 30% más alto que en el año electoral. Análisis posteriores sugieren que nuestros resultados son más marcados (i) en ciudades guiadas por un alcalde que puede postularse para la reelección y (ii) en municipios con una menor proporción de votantes educados. …No detectamos ninguna relación entre el aumento de las inversiones en servicios viales inducido por el ciclo político y la necesidad local de seguridad vial, ya que la probabilidad de tener un accidente en las carreteras locales se mantuvo sin cambios. En conjunto, estos hallazgos sugieren que los políticos manipulan el presupuesto solo con fines reelectorales. Por lo tanto, se necesita una regla que vincule los gastos visibles, como los de servicios viales, del año anterior a la elección, o que permita que los gastos visibles no excedan los del año anterior dentro del mandato del alcalde. Dichas reglas permitirían evitar o al menos reducir el gasto ineficiente estimado al programar adecuadamente la inversión de acuerdo a las necesidades reales y no a la conveniencia electoral.” 

¿»Superpronósticos» para las elecciones al Congreso de EE.UU. y las presidenciales en Colombia y Brasil?

Pronósticos para las elecciones 2022 en la región 

Hay varios modelos distintos para realizar pronósticos acerca de futuras consultas electorales. El primero es conocer la opinión de algún experto; una segunda es estudiar las encuestas; luego el desarrollo de mercados predictivos, donde los participantes apuestan por un cierto resultado. Ahora aparece el que denominan “superpronosticadores», donde primero se detectan aquellos que hayan realizado los pronósticos más acertados y luego se promedian sus opiniones. Éste es el método utilizado por Good Judgement, quienes muestran estos resultados (hasta el momento, por supuesto). Está propulsado por Adam Grant, profesor de la Wharton School en la Universidad de Pennsylvania, la revista The Economist, y el Mack Institute de esa misma Universidad.  

  1. ¿Qué partido controlará la Cámara de Representantes luego de las elecciones de este año en Estados Unidos? Republicanos 
  1. ¿Qué partido controlará el Senado luego de esas elecciones? Republicanos 
  1. ¿Quién ganará las elecciones presidenciales en Colombia? Gustavo Petro 
  1. ¿Quién ganará las elecciones presidenciales en Brasil? Lula da Silva 

¿Qué es superforecasting? https://www.bbc.com/news/uk-politics-51545541  

Esas y otros pronósticos de los “superpronosticadores” se pueden ver aquí: https://www.gjopen.com/questions/  

La victoria de Bolsonaro en Brasil y las verdades o mentiras en la política. ¿Es mejor que los candidatos nos digan la verdad?

Artículo publicado hoy en el diario La Tercera, de Chile: https://www.latercera.com/opinion/noticia/bolsonaro-mentiras-verdades-politicas/390975/

Bolsonaro: mentiras y verdades políticas

  MIE 7 NOV 2018 |  09:15 AM
LOS MOMENTOS EN LOS QUE LLEGARON AL PODER BOLSONARO Y CHÁVEZ SON SEMEJANTES. GETTY IMAGES

En 1976 tuvo lugar un debate entre dos grandes escritores, Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato. Cuando surgió el tema de la política y los políticos, Borges dijo: “creo que ningún político puede ser una persona totalmente sincera. Un político está buscando siempre electores y dice lo que esperan que diga. En el caso de un discurso político, los que opinan son los oyentes, más que el orador. El orador es una especie de espejo o eco de lo que los demás piensan. Si no es así, fracasa” (Diálogos Borges-Sábato, compaginados por Orlando Barone, Buenos Aires; Emecé, 1976; p. 75).

La elección de Jair Bolsonaro en Brasil plantea este tema, pero desde una perspectiva diferente. El mundo “políticamente correcto” se ha escandalizado por sus declaraciones, pero, tal vez, aun estando en desacuerdo con algunas de ellas o repudiando otras, deberíamos aceptar que le hace bien a la democracia que un candidato diga lo que piensa, que no mienta.

Porque termina habiendo un cierto sesgo en las evaluaciones. Resulta que Bolsonaro es condenado por ser honesto y otros son alabados aunque nos hayan mentido. Me refiero sobre todo a algunos líderes progresistas. ¿Qué es mejor, que Fidel Castro no dijera que iba a terminar imponiendo un régimen comunista, o que Hugo Chávez se manifestara un demócrata para hacer luego todo lo contrario? ¿No son mucho peores estas mentiras? Y digo peores, no por el contenido de las mismas, sino porque nos toman como estúpidos, y tal vez lo somos. Y tampoco es algo solamente de la izquierda: Carlos Menem fue presidente en Argentina, o Fujimori en Perú en los 90, sin haber dicho una palabra de lo que luego iban a hacer.

La honestidad parece mejor, de nuevo, al margen de su contenido, porque al menos podemos decir que los votantes sabían lo que estaban votando; el mandato del gobernante es más legítimo. En todo caso, el problema son los votantes. ¿Por qué no se arma el mismo revuelo con López Obrador en México, de quien poco sabemos qué es lo que realmente quiere hacer y si va a mantener todas las opiniones que tuvo en el pasado?

Por otra parte, en el caso de Bolsonaro, sería bueno que en algunos casos sus declaraciones terminen siendo efectivamente mentiras, que no cumpla con su palabra, no tanto en el campo de las reformas económicas sino en el respeto de los derechos individuales.

En definitiva, en un caso como en el otro, tanto el daño de algunas verdades como el de todas las mentiras, será mayor o menor según existan instituciones que limiten el poder de los gobernantes para hacer daño, incluso cuando nos dicen que buscan nuestra felicidad.

Primera vuelta de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile: análisis de Libertad y Desarrollo

Análisis de Libertad y Desarrollo:

 Tras las elecciones del 19 de noviembre se ha producido un reordenamiento político. A pesar de la clara mayoría de Sebastián Piñera, quien llega con la primera opción de triunfo a la segunda vuelta, los resultados muestran que se abre un cuadro de una elección competitiva, donde el desafío de movilización y diversificación de las bases de apoyo será trascendental en el resultado.

 En el terreno parlamentario, no caben dos lecturas en relación al positivo resultado de Chile Vamos, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. No obstante, preocupa la fragmentación de la izquierda en la medida que desplaza el eje programático ordenador hacia posiciones más próximas a las de una izquierda maximalista.

 En este nuevo escenario, parece importante indagar en las causas de la mayor polarización y del impulso de renovación que se observa a la luz de una lectura de los resultados, teniendo en cuenta los efectos en la gobernabilidad que producirán en el mediano y largo plazo estas nuevas dinámicas y la forma de comprensión de lo político.

“Los resultados de las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales celebradas el pasado domingo arrojaron sorpresas, pero también ratificaron ciertas tendencias previas. A nivel presidencial, Sebastián Piñera obtuvo una clara primera mayoría, con el 36,64% de las preferencias, no obstante obtener una votación por debajo de la expectativas generadas por los sondeos de opinión pública en la antesala de la elección.

Pero el resultado es alentador en la medida que Piñera logra imponerse en todas las regiones del territorio nacional y en el 88% de las 345 comunas. Con una distancia respecto de su más cercano contendor, Alejandro Guillier, de 14 puntos porcentuales. Por su parte, las elecciones reflejan de manera consistente una clara derrota de la Nueva Mayoría, quien de la mano de Alejandro Guillier pierde un 50% de la votación obtenida por Michelle Bachelet en la primera vuelta de 2013 y experimenta el mayor retroceso en el ámbito parlamentario desde 1989 a la fecha, pasando desde un 55,80% a un 36,10% de la representación de la Cámara de Diputados y de un 55,3% a un 46,5% de los escaños en el caso del Senado.

Pero la gran novedad de la elección ha sido la irrupción del Frente Amplio, que de la mano de la votación de un 20,27% de Beatriz Sánchez logró también proyectar una relevante bancada parlamentaria con 20 diputados y 1 senador, capitalizando directamente el retroceso electoral del oficialismo.

Así las cosas el panorama político se re baraja con posterioridad a los comicios de primera vuelta. El principal hito de la elección del 19 de noviembre es haber dado forma a una segunda vuelta competitiva, que demandará tanto un esfuerzo adicional de movilización como de diversificación de apoyos para que la centro derecha vuelva al gobierno. Mientras en el plano legislativo, la mayor fragmentación de la izquierda y el peso específico del Frente Amplio dentro de esa correlación de fuerzas orientará el eje ideológico del parlamento hacia posiciones más radicales, con repercusiones para la futura gobernabilidad que ofrezca la administración entrante.”

Hayek sobre el liberalismo y la democracia, y una cita de David Hume sobre la importancia de la opinión pública

Con los alumnos de la UFM vemos principios de filosofía política siguiendo la filosofía de Hayek en su libro “Los fundamentos de la libertad”. Respecto a la democracia y el gobierno mayoritario:

“El egoísmo, desde luego, influye de modo señalado sobre el actuar de los hombres; ahora bien, es la opinión pública la que determina las manifestaciones de tal egoísmo y, en general, todos los negocios humanos.

DAVID HUME

El gobierno mayoritario

La igualdad ante la ley conduce a la exigencia de que todos los hombres tengan también la misma participación en la confección de las leyes. Aunque en este punto concuerden el liberalismo tradicional y el movimiento democrático, sus principales intereses son diferentes. El liberalismo (en el sentido que tuvo la palabra en la Europa del siglo XIX, al que nos adherimos en este capítulo) se preocupa principalmente de la limitación del poder coactivo de todos los gobiernos, sean democráticos o no, mientras el demócrata dogmático sólo reconoce un límite al gobierno: la opinión mayoritaria. La diferencia entre los dos ideales aparece más claramente si consideramos sus oponentes. A la democracia se opone el gobierno autoritario; al liberalismo se opone el totalitarismo. Ninguno de los dos sistemas excluye necesariamente al opuesto. Una democracia puede muy bien esgrimir poderes totalitarios, y es concebible que un gobierno autoritario actúe sobre la base de principios liberales.

La palabra democracia, al igual que la mayoría de los términos utilizados en nuestro campo de estudio, se usa en un sentido más amplio y vago; pero si se emplea estrictamente para describir un método de gobierno, a saber, el de la regla de la mayoría, hace clara referencia a problema distinto del liberalismo. El liberalismo es una doctrina sobre lo que debiera ser la ley; la democracia, una doctrina sobre la manera de determinar lo que será la ley.

El liberalismo considera conveniente que tan sólo sea ley aquello que acepta la mayoría, pero no cree en la necesaria bondad de todo lo por ella sancionado. Ciertamente, su objetivo consiste en persuadir a la mayoría para que observe ciertos principios. Acepta la regla de la mayoría como un método de decisión, pero no como una autoridad en orden a lo que la decisión debiera ser. Para el demócrata doctrinario, el hecho de que la mayoría quiera algo es razón suficiente para considerarlo bueno, pues, en su opinión, la voluntad de la mayoría determina no sólo lo que es ley, sino lo que es buena ley.

Existe un extenso acuerdo acerca de la anterior diferencia entre el ideal democrático y el ideal liberal. Sin embargo, también hay cierto sector que utiliza la palabra «libertad» en sentido de libertad política, lo que le conduce a identificar liberalismo con democracia.

El concepto de libertad para quienes así opinan en modo alguno puede predeterminar cuál debe ser la actuación de la democracia; por el solo hecho de ser democrática, cualquier institución, por definición, deviene liberal. Parece que tal actitud no pasa de ser un mero juego de palabras. El liberalismo constituye una de las doctrinas referentes al análisis de cuáles sean los objetivos y esfera de acción de los gobernantes, fines y ámbitos entre lo que elegirá la democracia; en cambio, esta última, por ser un método, no indica nada acerca de los objetivos de quienes encarnan el poder público. Aun cuando en la actualidad se utiliza muy a menudo el término «democrático» para describir pretensiones políticas específicas que circunstancialmente son populares y en especial ciertas apetencias igualitarias, no existe necesariamente relación entre democracia y la forma de utilizar los poderes de la mayoría. Para determinar lo que queremos que acepten los otros precisamos de un criterio distinto del de la común opinión de la mayoría, factor irrelevante en el proceso mediante el cual la opinión se forma. La democracia, ciertamente, no da respuesta al interrogante de cómo debería votar un hombre o qué es lo deseable, a menos que demos por sentado, como lo hacen muchos de los demócratas, que la posición social de una persona le enseña a reconocer invariablemente sus verdaderos intereses, y que, por lo tanto, el voto de la mayoría expresa siempre los mejores intereses de tal mayoría.

En tiempos de definición de candidatos en primarias, Gordon Tullock sobre la matemática de los sistemas electorales

En estos momentos de definiciones de alianzas y candidatos, con los alumnos de la materia Public Choice vemos a Gordon Tullock sobre sistemas electorales y escrutinios de elecciones:

Tullock

“La democracia ha tenido un serio problema desde hace ya un largo período. Un poco antes de la Revolución Francesa, Condorcet, un matemático distinguido y miembro de la Academia Francesa, descubrió un problema matemático en el proceso de votación. Al comienzo de la década de 1950, Keneth Arrow, quien luego se convirtió en Premio Nobel, en parte por este trabajo, formuló una demostración general en orden a que todos los procesos de votación están sujetos a este muy severo problema.

El Imperio Romano fue en general un gobierno muy exitoso, pero tenía lo que hoy consideraríamos una forma muy grotesca para tomar ciertas decisiones importantes. Mataban un buey, observaban detenidamente su hígado y de acuerdo a esta inspección cuidadosa decidían lo que pensaban que los dioses querían que ellos hicieran. Hoy diríamos que no estaban recibiendo orientación de parte de los dioses; pueden haber sido engañados por sus sacerdotes, lo que tal vez ocurrió aun con la mejor de las intenciones. Por otra parte, pueden haber estado recibiendo una serie de resultados al azar.

Las matemáticas, según pronto les explicaré brevemente, plantean la posibilidad real de que el acto de votar, que es la base de toda estructura democrática, sea de la misma índole, ya que no es algo producido por la voluntad del pueblo o que sume las preferencias, sino que es simplemente un generador de sucesos al azar. No estoy diciendo que podamos demostrar que es así, sino que en este momento no hay forma de probar lo contrario; por cierto, el trabajo matemático realizado indica que es así.

Habiendo presentado esta demostración como una especie de advertencia a todos ustedes en contra de poner atención al resto de mi charla, procederé ahora a hablar acerca de problemas prácticos al diseñar una Constitución. Si todos ustedes, una vez escuchada la demostración, se paran y se van, no estaré en posición de reclamar.

Cuadro 1

Votante 1: A B C

Votante 2: B C A

Votante 3: C A B

Déjenme comenzar con el Cuadro 1: tenemos un cuerpo de votantes compuesto por 3 personas que son el señor 1, el señor 2 y el señor 3, y ellos están escogiendo entre las alternativas A, B y C, y cada uno de ellos tiene el orden de preferencia que he mostrado, o sea, el señor 1 prefiere a A sobre B y a B sobre C. Preguntémonos qué pasaría si votaran sobre el asunto. El procedimiento habitual en la mayoría de las legislaturas, cuando hay más de dos alternativas, es agruparlas de a pares. Por ejemplo, pongamos a A contra B y luego a la alternativa ganadora contra C. Al observar este caso, vemos que el señor 1 votaría por A, el señor 2 votaría por B y el señor 3 votaría por A, resultando en que A tiene más votos que B. A continuación se toma el ganador en contra de la alternativa C; en este caso, el señor 1 votará por A, el señor 2 por C y el señor 3 por C; por lo tanto, C le gana a A. Esta es la forma en que característicamente se detiene el proceso en las legislaturas comunes.

Pero supongamos que somos escépticos y en vez de decir que como C gana a A y A gana a B, C le debe ganar a B. Al observar cuidadosamente vemos que el señor 1 votaría por B, el señor 2 votaría por B y el señor 3 votaría por C. En otras palabras, no hay una sola proposición que pueda ganar si las consideramos todas, ya que una de estas tres proposiciones será derrotada por una de las otras. Esto se llama un ciclo de votación.

Cuando se tiene dicho tipo de ordenamiento de las preferencias estamos ante la desafortunada circunstancia de que el resultado queda completamente determinado por el orden de la votación. Desgraciadamente, cualquiera sea el orden por el cual se sometan a votación, el asunto no mejora nada, ya que dicha votación sólo reproduce el mismo problema.

Así no hay salida. Parecería, sin embargo, que estoy recurriendo a mucha simetría en este diagrama, ejemplificando una situación muy improbable. La razón por la que apelo a esta simetría es porque tengo sólo 3 votantes, ya que si se tiene un número grande de votantes no es necesaria tanta simetría. Por ejemplo, si se supone que hay 100 votantes como el señor 1 y 100 votantes como el señor 2, ocurrirá el mismo fenómeno.

Las investigaciones de carácter matemático acerca de la frecuencia de los ciclos en el mundo real han resultado ser extremadamente difíciles. Yo comencé con eso, programando un computador; generé una gran cantidad de individuos en la memoria del equipo, les di órdenes de preferencia, los hice votar y conté los ciclos. Ese método se ha repetido después en una forma mucho más complicada y sofisticada y se han desarrollado numerosas técnicas matemáticas, todas las cuales inducen a creer que los ciclos son en realidad muy comunes. Sin embargo, debo decir que realmente no lo sabemos.”

Bruno Leoni: en la política hay ganadores y perdedores; el mercado es diferente, pueden ganar todos

Con los alumnos de la materia Public Choice, analizamos las similitudes y las diferencias entre las decisiones que tomamos en el mercado y en la política. Si bien, los autores fundacionales de esta escuela enfatizaron la existencia de “intercambios” tanto en un caso como en el otro, también comprendieron sus diferencias. Éstas las señala aquí Bruno Leoni, en un artículo titulado “El Proceso Electoral y el Proceso de Mercado”, (Libertas 27, Octubre 1997) publicado originalmente en Il Político, vol. XXV, N° 4 (1960). Reproducido como apéndice en Freedorn and The Law, Liberty Fund Inc., Indianapolis 1991:

“Si bien pueden existir muchas similitudes entre los votantes y los operadores de mercado, las acciones de ambos distan mucho de ser semejantes. Los votantes no parecen tener normas de procedimiento que les permitan actuar con la flexibilidad, independencia, coherencia y eficiencia que demuestran los operadores del mercado, que hacen elecciones individuales. Por cierto, en ambos casos las acciones que se llevan a cabo son individuales, pero se impone la conclusión de que el voto es un tipo de acción individual que, casi de modo inevitable, sufre cierto grado de distorsión al ser ejercida.

Elecciones

La legislación, considerada como resultado de la decisión colectiva de un grupo -sea la de todos los ciudadanos, como en las democracias directas de la antigüedad, o la de algunas pequeñas unidades democráticas en la edad media o en los tiempos modernos-, parece ser un proceso de creación de leyes que casi no puede ser identificado con el proceso de mercado. Únicamente los votantes que pertenecen a las mayorías triunfadoras (si, por ejemplo, se vota por la regla de la mayoría) son comparables a los operadores del mercado.

En cuanto a aquellos que integran las minorías perdedoras, ni siquiera pueden compararse con los que operan en el mercado en pequeña escala, porque debido a la divisibilidad de los bienes (que constituye el caso más frecuente) éstos al menos pueden encontrar algo que elegir y obtenerlo, siempre que paguen el precio correspondiente. La legislación es el resultado de una decisión de todo o nada. O se gana, y entonces se consigue exactamente lo que se desea, o se pierde y no se consigue nada en absoluto. Lo que es aun peor, se obtiene algo que no se quiere y se paga por ello lo mismo que si se lo hubiera deseado. En este sentido, los que ganan y los que pierden en una votación son como los vencedores y los vencidos en un campo de batalla. En efecto, la votación es más bien el símbolo de un combate que la reproducción de una operación de mercado.

Bien mirado, no hay nada de «racional» en el acto de votar que pueda compararse con la racionalidad imperante en el mercado. Obviamente, la votación puede estar precedida por argumentaciones y negociaciones, y en este sentido sería tan racional como una operación en el mercado; pero cuando llega el momento de emitir el voto, ya no se puede argumentar o negociar más. El individuo se encuentra en otro plano. Las boletas se acumulan como si se acumularan piedras o conchillas, lo que implica que uno no gana porque tenga más razón que otros, sino sólo porque cuenta con más boletas. En esta operación no se tienen socios ni interlocutores, sólo aliados o enemigos. Por supuesto que la acción de un individuo puede ser considerada tan racional como las de sus aliados y las de sus enemigos, pero el resultado final no es algo que pueda explicarse sencillamente como un escrutinio o una combinación de sus razones y las de aquellos que votaron en su contra. Este aspecto de la votación se refleja naturalmente en el lenguaje que emplean los políticos: éstos hablan de muy buena gana de campañas que se deben emprender, de batallas que es preciso ganar, de enemigos contra los cuales hay que luchar.

Ése no es el lenguaje del mercado, y la razón es obvia: en el mercado la oferta y la demanda no sólo son compatibles sino complementarias; en la arena política, a la que pertenece la legislación, la elección de los ganadores por un lado y la de los perdedores por otro no son complementarias, ni siquiera compatibles. Es sorprendente comprobar cómo los teóricos y el ciudadano común pasan por alto esta consideración tan simple -más bien diría tan evidente- sobre la naturaleza de las decisiones grupales (y en particular sobre la votación, que es el procedimiento usual para tomarlas).