La tarjeta alimentaria argentina, ¿será como el carnet de la Patria en Venezuela o el sistema de crédito en China?

El tema de la tarjeta alimentaria que implementará el gobierno de Alberto Fernández me hace acordar al “carnet de la patria” en Venezuela. Ahora, un artículo de Antony Sammeroff en el Mises Wire analiza el tema de la renta básica universal, que tienen algunos puntos en común: https://mises.org/es/wire/la-renta-b%C3%A1sica-universal-un-sue%C3%B1o-hecho-realidad-para-los-d%C3%A9spotas

Y cuando trata el tema del “sistema de Crédito” en China, comenta:

“En China la gente puede tener su puntuación de crédito social anulada por comprar demasiados videojuegos. En el marco de la RBU, es lógico que haya quejas de que algunas personas se aprovechan del sistema pero no contribuyen, y que eso es malo tanto para ellas como para la sociedad. Por lo tanto, parecerá sensato ahorrar dinero, y animar a la gente a que adopte mejores hábitos, descontando su renta básica universal si pasan demasiado tiempo jugando en el ordenador, o haciendo clic en los medios sociales. Es probable que el gobierno tenga muchas ideas brillantes sobre el tipo de actividades que deberían realizar en su lugar. Es posible que pronto también quieran recompensar a las personas por su buen comportamiento, como contribuir a la caridad o al voluntariado. Pero, ¿cuánto tiempo puede permanecer imparcial un sistema así? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que la gente empiece a crear causas malignas para lavar y aprovechar el dinero gratuito del gobierno? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que el gobierno empiece a seleccionar qué causas son dignas y cuáles no? El gobierno que recompensa actividades específicas con fondos públicos suplanta el sistema de mercado con una «soborno» en la que la gente puede subir la escalera no proporcionando directamente bienes y servicios por los que otros están dispuestos a pagar, sino averiguando qué es lo que el gobierno aprueba y recogiendo puntos de «brownie». Si el espionaje a los vecinos y la denuncia de su llamado comportamiento antisocial califica, entonces el gobierno habrá encontrado un papel para la nueva clase de aduladores – la idea se vuelve más aterradora. No sería la primera vez que los gobiernos piden a sus ciudadanos que delaten a su vecino.

En China la gente puede tener su puntuación de crédito social anulada por publicar noticias falsas en línea. Podemos, por supuesto, preguntar, ¿falsificar según quién? Después de todo, el gobierno chino sostiene que la masacre de la Plaza de Tienanmen de 1989 fue una «noticia falsa» que Occidente se propuso para socavar el régimen. Más cerca de casa, los principales medios de comunicación fueron totalmente cómplices en la venta de la guerra de Irak al público, pero dudo mucho que veamos a la gente sancionada por publicar noticias de las principales fuentes como la BBC o la MSNBC. Nuestros líderes están por encima de la falsificación de nuestros registros históricos y de enviar incidentes embarazosos por el agujero de la memoria para su eliminación permanente. Los cordones de la renta básica universal también representan una grave amenaza para la libertad de expresión. Cualquiera que haya seguido las «guerras del despertar» en Twitter y otras plataformas de medios sociales habrá oído hablar de personas que reciben prohibiciones de por vida para twittear cosas como «Los hombres nunca son mujeres». Ahora bien, ya sea que usted crea que tal mensaje es transfóbico o no, usted puede al menos creer que alguien tiene el derecho de tuitearlo, y ser debidamente educado en cuanto a los errores de su acción por parte de otros usuarios. La renta básica universal podría convertirse fácilmente en la nueva arma que se esgrima contra aquellos que tienen opiniones impopulares o aquellos que simplemente ya no son políticamente correctos. Se utilizará primero para atacar a grupos impopulares como racistas, misóginos, homofóbicos y fanáticos. No mucha gente vendrá en su defensa cuando pierdan su ingreso básico por propagar el odio. Pero un día usted mismo puede tener una opinión impopular que es relativamente benigna. Tal vez usted dirá que la gente no debería tener sus ingresos básicos reducidos sólo porque dicen cosas impopulares en Internet. No sólo será abofeteado con una prohibición de Twitter, sino que potencialmente perderá 1000 dólares al mes.”

Tarjetas preocupantes……

El futuro de la innovación social tal vez haya que buscarlo en las iniciativas del pasado: voluntarias y creativas

Hablar de innovación es hablar del futuro. Son nuevas ideas, emprendimientos, iniciativas. Parece extraño plantear que se pueden encontrar ideas innovadoras en el pasado. Sin embargo, las hubo, y muy importantes, y también se olvidaron. En su momento fueron reemplazadas por otras ideas y propuestas que se consideraban innovadoras, muchas de las cuales fracasaron o están en crisis. La innovación no siempre es un camino hacia adelante e incluso cuando lo es, es conveniente mirar hacia atrás para no repetir errores o, como en el caso que ahora se presenta, para desenterrar ideas que fueron exitosas.

El Estado y el mercado son dos caminos alternativos por los que los individuos buscan satisfacer sus necesidades; cuánto de uno y cuánto de otro y qué tareas caen de uno u otro lado varía según cada sociedad y ha cambiado en el trascurso de la historia. Para separar a uno y otro tomaremos la definición clásica de la filosofía política: el Estado, según Max Weber, es el monopolio de la coerción en un determinado territorio[1].

Esta definición, separa entonces a las acciones compulsivas por un lado, y a las voluntarias por otro. Estas últimas pueden ser tanto con o sin fines de lucro. No se necesita separar a este último como un “tercer” sector, ya que quienes participan en él también buscan un lucro, aunque no es material sino espiritual, tan sólo el gozo de hacer algo por los demás. Entonces, tenemos de un lado las políticas públicas a cargo de los estados y por otro las acciones voluntarias.

Dado el énfasis general en las primeras, buscaremos aquí destacar el papel que cumplen las segundas, y lo haremos en base a un caso histórico, aunque el mismo proceso se viviera en muchos otros países. Tomaremos a la Argentina previa al Estado Benefactor, el que encarna la idea de buscar una solución a la pobreza por el camino de la política. Buscaremos mostrar las alternativas entonces existentes y cómo la llegada de éste no cubre un vacío sino desplaza soluciones que existían ya y funcionaban exitosamente.

[1] “…debemos decir, sin embargo, que un estado es una comunidad humana que (exitosamente) reclama el monopolio del uso legítimo de la fuerza física en un cierto territorio”; (Weber, 1919).

Planes sociales y la relación entre los beneficios recibidos y el incentivo para conseguir un trabajo

Un tema que inevitablemente se viene en la Argentina es el de los planes sociales y si estos generan incentivos para buscar trabajo, el verdadero ‘plan’ que permite salir de la pobreza en forma digna. El Cato Institute publicó un análisis sobre este tema, comparando a los Estados Unidos y Europa, por Michael Tanner y Charles Hughes, titulado “The Work versus Welfare Trade-Off: Europe”: http://www.cato.org/publications/policy-analysis/work-versus-welfare-trade-europe

Aquí el resumen de su análisis y conclusiones:

“Si los beneficios sociales se vuelven demasiado generosos, pueden crear un importante incentivo que alienta a los receptores a depender de ellos más que a buscar empleo. En los países de la Unión Europea esos beneficios varían mucho según el país, pero en la mayoría son altos en relación a lo que una persona podría esperar obtener en un empleo con bajo sueldo o de principiante. Por ejemplo, para un padre o madre solo, con dos hijos, en 2013:

  • Los beneficios sociales en nueve países de la UE superaban los 15.000 euros (unos 18.200 dólares por año). En seis países, los beneficios superaban los 20.000 euros. Dinamarca ofrece el paquete más generoso, por un total de 31.709 euros (38.558 dólares en momentos que se publicó el trabajo).
  • En nueve países los beneficios exceden al salario mínimo.
  • Los beneficios en once países superan a la mitad del ingreso neto de alguien que gane el salario promedio en tal país, y en seis países excede el 60% del promedio neto de ingreso salarial
  • En Austria, Croacia y Dinamarca, la tasa impositiva marginal efectiva para quien deja un plan social para ir a un trabajo es casi del 100%, lo que significa que una persona no ganaría prácticamente ningún ingreso adicional por trabajar. En otros 16 países, las personas se encuentran con una tasa impositiva marginal efectiva superior al 50%.
  • Los beneficios en los Estados Unidos son similares a los de los principales estados benefactores. Excluyendo Medicaid, Estados Unidos se ubicaría décimo entre los países de la UE analizados, más generoso que Francia y algo menos que Suecia. Treinta y cinco estados ofrecen un paquete más generoso que el paquete de beneficios medio en los países europeos analizados.

Muchos países europeos han reconocido el problema y han comenzado a reformar sus sistemas  sociales para generar una mejor transición de esos planes a puestos de trabajo. De hecho, los Estados Unidos están quedando atrás de algunos países europeos en relación a estos planes.

Los países que seriamente quieren reducir la dependencia de los planes sociales y recompensar el trabajo deberían considerar fortalecer los requisitos de trabajo, estableciendo un tiempo límite en la participación en los planes, y endurecer los requisitos para calificar. Tal vez más importante, los países deberían examinar los niveles de beneficios disponibles y las tasas impositivas marginales efectivas que sus planes sociales crean, con vistas a reducir los desincentivos y alentar el trabajo.”