Para la izquierda el FMI es el diablo; para Mises la idea de Keynes y White ya lo era en 1944

La izquierda ha tomado como un ícono del capitalismo al Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, no conocen la crítica a ese organismo por parte de los economistas austriacos. Ludwig von Mises presenta sus críticas en 1944, parte de una monografía titulada “Una propuesta no inflacionaria para la reconstrucción monetaria de posguerra”:

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“Tanto los planes de Keynes como de White (Harry Dexter, funcionario del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, negociador en la creación del sistema de Bretton Woods y el FMI), prevén el establecimiento de un banco internacional. El plan británico se refiere a una “Unión Internacional de Clearing”; el plan norteamericano de White lo llama “Fondo de Estabilización de las Naciones Unidas y Asociadas”.

“He mencionado antes que un banco internacional no puede brindar ningún servicio a la causa de la estabilización de los tipos de cambio. Los requisitos de la estabilidad de cambios son exclusivamente locales: un presupuesto balanceado sin recurrir a la inflación y la expansión crediticia y, más aun, el abandono de otros intentos de expandir el crédito. Si una nación no cumple con estos requisitos, ninguna operación de un banco internacional prevendrá la caída en el valor de su moneda”. (Y, efectivamente, en los años 1970s, el sistema se desmoronó, el FMI no pudo evitar la desvaluación del dólar respecto al oro).

“Si una nación cree que su deber moral o su interés nacional lo obligan a contribuir con el gasto público de otra nación, debe subsidiarlo abiertamente y no disfrazarlo de ayuda vestida como un préstamo. Ese fue el proceder de Gran Bretaña cuando – en el siglo XVIII y comienzos del XIX- subsidió a sus aliados continentales (en las guerras napoleónicas). Esa es la política de ayuda de Estados Unidos (llamada lend-lease) en la presente emergencia bélica. Este país –cuyos ciudadanos han sido por más de un siglo vituperados como adoradores del ternero de oro, como implacables buscadores del lucro y despiadados egoístas, no solamente sostiene la principal carga material del esfuerzo de guerra sino que ha hecho todos los preparativos para una acción de ayuda de dimensiones sin precedentes. Están listos para alimentar las hambrientas y necesitadas víctimas de los Nazis luego de su liberación en una escala mucho más grande de lo que hicieron durante y después de la Primera Guerra.”

“Pero el dinero y los negocios son otra cosa. La caridad no requiere el establecimiento de un banco. Tampoco lo necesitan la inversión extranjera y los préstamos al extranjero.”

“Lo que el plan británico inadecuadamente llama “unión de clearing” sería, en realidad, un banco con la capacidad de expandir el crédito. El mero establecimiento de cualquiera de estas dos nuevas instituciones consistiría en una enorme adición a los actuales depósitos a la vista. Según el plan británico, cada estado tendría asignada una cuota que le dará derecho a disfrutar las facilidades crediticias de la unión. ¿De dónde provienen esas facilidades crediticias? La respuesta es obvia. Es dinero fiduciario, surgido de la magia de la planificación internacional. Lo que la gente necesita es una mayor oferta de bienes, pero los brujo quieren darle más dinero ficticio.”

“Las notorias tendencias inflacionarias de ambos planes son todavía más manifiestas en la provisión para que el banco propuesto otorgue préstamos a la tasa descontada del 1%. A dicha tasa, la demanda por créditos adicionales sería prácticamente ilimitada.”

“Es innecesario discutir si los esquemas sugeridos podrían tener éxito en estabilizar los tipos de cambio entre los estados miembros. Supongamos, para argumentar, que esto ocurre. Pero no hay dudas que la operación de esta unión o fondo resultará en una inflación mundial sin precedentes. Bajo el patrón oro, el obstáculo más eficaz para la inflación ilimitada era la falta de cooperación entre los bancos centrales de distintos países. Aun cuando todos expandieran el crédito al mismo tiempo, no había unanimidad entre ellos con relación a la tasa de expansión. Cada banco tenía necesidad de restringir su propia sed de expansión porque nunca estaba seguro si los demás harían lo mismo. Un banco central que no liberado de su obligación de redimir su moneda y depósitos tiene que considerar la relación entre sus pasivos y sus reservas. Debe evitar un drenaje de sus reservas. Aun un banco central al que se hubiera otorgado el cuestionable privilegio de suspender la convertibilidad de su moneda era frenado por la falta de cooperación. Si expandía el crédito a más velocidad que esos otros países, elevaría los tipos de cambio.”

“Ningún freno de ese tipo limitará las actividades de un banco mundial como se propone en ambos planes. Estará en posición de continuar con la inflación,”

Finalmente, tal “banco central mundial” no se creó (y este tipo de críticas tuvo su papel), sino una version más acotada para garantizar la estabilidad de los tipos de cambio, FMI, tarea en la cual fracaso a los 25 años de haber sido creado. Y como tanta otra burocracia, cuando se quedó sin ‘misión’, se buscó otra.

Keynes propone reducir los salarios, Mises había criticado eso antes y después de la Teoría General

Ante una situación de recesión económica la respuesta clásica era que los salarios debían reducirse. Ante una menor producción y ventas, cualquier empresa tiene que reducir sus gastos, y tan solo puede hacerlo con alguna de las dos variables centrales en el análisis de los mercados: o ajusta por precios (es decir con salarios más bajos) o ajusta por cantidad (despide personal).

Los sindicatos lograron, a fines del siglo XIX, que los salarios se volvieran rígidos. Incluso esto aparece en la legislación: los salarios no pueden bajar. Pero cualquier economista sabe que si no bajan habrá desempleo, lo que diferencia a unos de otros es admitir esto públicamente o tratar de obtener el mismo resultado pero por un camino menos visible.

Esto es lo que propuso Keynes en su famosa Teoría General. Keynes entendió que lo que habían logrado los sindicatos era una barrera a la reducción de los salarios nominales, pero no podían lograr algo similar con los salarios reales.

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Dice: “en verdad, un movimiento de los empleadores para revisar hacia abajo las negociaciones salariales serán resistidas mucho más tenazmente que una reducción gradual y automática de los salarios reales como resultado de precios crecientes” (Cambridge University Press, p. 264).

Escribe esto en 1936. Pero ya Mises en 1931 (“The Causes of Economic Crisis: An Address”) anticipaba una crítica a esta posición:

“Un solo argumento es nuevo, aunque de todas formas no menos falso. Esto es en relación a que salarios más altos de los que se obtendrían en el mercado no regulado pueden reacomodarse a una relación apropiada más fácilmente a través de la inflación. Este argumento muestra cuán preocupados están nuestros economistas para evitar desagradar a los sindicatos. Aunque no pueden sino reconocer que los salarios están muy altos y deben reducirse, no se atreven a reclamar abiertamente que se reduzcan. En cambio, proponen ser más astutos que los sindicatos de alguna forma. Proponen que los salarios monetarios actuales se mantengan sin cambio en la próxima inflación. En efecto, esto sería equivalente a reducir los salarios reales. Esto asume, por supuesto, que los sindicatos no van a realizar nuevas demandas salariales cuando la economía se recupere y que, en cambio, se mantendrán pasivos mientras los salarios reales se deterioran. Aun si esta totalmente injustificada y optimista expectativa es aceptada como verdad, no se gana nada con ello. Un boom ocasionado por medidas de política bancaria llevará eventualmente a una crisis y una depresión. Por lo tanto, con este método, el problema de la reducción de los salarios no se soluciona, solamente se posterga.”

Y en 1945, en su ensayo “Planning for freedom”, decía Mises:

“Si durante una inflación el crecimiento de los precios de los bienes excede el crecimiento de los salarios nominales, el desempleo va a caer. Pero lo que lo hace caer es precisamente el hecho que los salarios reales están cayendo. Lord Keynes recomendó la expansión crediticia porque creía que los asalariados aceptarían este resultado; creía que “una reducción gradual y automática de los salarios reales como resultado de precios crecientes” no sería fuertemente resistida por los sindicatos como un intento de reducción de los salarios. Es muy poco probable que esto suceda. La opinión pública conoce bien los cambios en el poder adquisitivo y observa con sumo interés los movimientos del índice de precios y el costo de vida. La substancia de todas las discusiones en relación a los salarios son los salarios reales, no los nominales. No hay chances de ser más astutos que los sindicatos con estas maniobras.”

Quienes promueven la inflación juegan con fuego, Keynes y Mises sobre el Tratado de Versailles

Pocas cosas podrán encontrarse en común en la visión de la economía de John Maynard Keynes y Ludwig von Mises, pero no es el caso en cuanto al análisis de la situación europea luego de la Primera Guerra Mundial. Keynes formó parte de la delegación británica en las negociaciones que llevaron al Tratado d Versailles, y criticó la dureza de las condiciones impuestas a Alemania augurando una reacción que luego se podría lamentar, y hubo que lamentar. Lo hizo en su libro “Las consecuencias económicas de la Paz” (1919).

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Tal vez tuvo mucho menos impacto un artículo de Mises publicado, en alemán, en el diario Neue Freie Presse el 28 de Enero de 1920. Se refiere a dos temas: las consecuencias económicas de la emisión monetaria para pagar la deuda impuesta por el Tratado y sus consecuencias políticas.

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“La profunda caída del tipo de cambio del marco (acá le diríamos subida) llama especialmente la atención. Actualmente el marco no está más alto que la corona checa. Las expectativas negativas en los países neutrales en relación al valor del marco pueden atribuirse tanto a temores sobre el futuro inflacionario como al grado en que la inflación ya ha crecido. Por una década y media, la teoría inflacionista se ha esparcido por Alemania. Los escritos de Georg Knapp y Friedrich Bendixen (Keynes cita a Knapp en el Treatise on Money y parece haberlo influenciado; Hayek luego critica este trabajo de JMK) han encontrado entusiastas partidarios, y es razonable decir que sus puntos de vista sobre teoría monetaria predominan hoy, compartidos por todos los principales expertos políticos. Recientemente, Bendixen entusiastamente propuso emitir un billón más de marcos para saldar la deuda. Su propuesta generó poca oposición en Alemania, mientras que fue recibida con fuerte rechazo en otros países. La profunda caída del marco puede atribuirse básicamente al lanzamiento de esta idea.”

“El informe emitido hace dos semanas por la Comisión Monetaria Alemana, que está compuesta principalmente de prominentes empresarios, muestra claramente que las elites alemanas no comprenden claramente que la causa de la depreciación de la moneda se encuentra en la inflación de la oferta monetaria. La comisión propuso medidas administrativas, como la restricción del comercio exterior y un endurecimiento del control de cambios para contrarrestar la depreciación de la moneda. Para los que comprenden la situación real, este informe tuvo un efecto desfavorable tanto en Alemania como en otros países.”

“Si el pueblo alemán no ve otra alternativa que trabajar por décadas como esclavos de Francia, no sorprenderá que el humor que se extiende en un creciente número de gente que promueve el avance del bolchevismo. Una Alemania bolchevique, sin embargo, no solo sería la destrucción de Alemania sino uno de los mayores peligros para el resto de Europa.”

“Inglaterra y Francia van a tener que comprender que los problemas de Europa no pueden resolverse fácilmente como sus representantes lo imaginan cuando negociaron los Tratados de Versailles y Saint-Germain. No se puede destruir a Alemania sin empujar a toda Europa a la ruina con ella. Una revisión de los Tratados de Versailles y Saint Germain parece imperativa, no solo en interés de Alemania sino también en interés del resto de Europa y, en verdad, en el interés de toda la civilización”.

Hay quienes, como Mises, tienen la claridad mental suficiente para anticipar las consecuencias de ciertos actos. Alemania no fue bolchevique, pero algo parecido, fue Nazi, y luego todo terminó en la peor guerra de la historia. La hiperinflación alemana no fue una causa menor para promover el ascenso del nazismo. Quienes promueven la inflación juegan con fuego.