La reducción de la pobreza a través de la creación del empleos: el capitalismo ha dado resultados nunca vistos

La generación de empleos

 

En relación al primero, pocas cosas son tan eficientes para combatir la pobreza como la existencia de oportunidades de empleo. Cuando Adam Smith publicaba el ahora famoso libro “Investigación sobre la Naturaleza y Causa de la Riqueza de las Naciones” en 1776, no solamente estaba realizando un aporte esencial a la “Economía Política”, como se denominara a partir de entonces a la ciencia económica, sino también a la comprensión de un fenómeno que era incipiente y se aceleraría mucho con posterioridad y hasta el presente. Este fenómeno es el de un crecimiento económico y de la calidad de vida sin precedentes, nunca antes visto en la historia de la humanidad y de una magnitud tal que no puedo sino asombrar[1]. Veamos esto en forma gráfica:

Esta tendencia se mantiene y hasta parece acelerarse[2].         Pese a la evidencia clara de esos datos suele argumentarse que al mismo tiempo han aumentado las diferencias sociales. Los datos muestran, sin embargo, que la bonanza económica también ha favorecido a los más pobres: en un reciente informe[3] de la revista The Economist se señala que “por primera vez, más de la mitad del mundo es clase media, gracias al rápido crecimiento económico de los países emergentes”. El total de población en ese rango de ingreso era de 1.428,1 millones de personas en 1990 y alcanzó los 2.644,3 millones en 2005. Más de mil doscientos millones de personas traspasaron esa línea de pobreza, un resultado que ningún programa de ayuda estatal ha podido ni remotamente alcanzar. De ese total, 632 millones corresponden a China. India, siguiendo un proceso similar aunque menos intenso, contribuyó con 117 millones de personas.

El proceso capitalista de ahorro/inversión/generación de empleo ha permitido aliviar la pobreza como ningún programa gubernamental que jamás haya existido en la historia de este planeta. Es más, mayor ha sido la generación de empleos cuanto menos trabas se han puesto para su contratación, o cuanto más se han removido éstas, cuanto mayor ha sido la libertad.

[1] Comenta Michael Shermer: “Se estima que el ingreso anual por persona de u$s 100 había subido hasta u$s 150 por persona en el año 1000 AC – el final de la edad de Bronce y el reinado del Rey David- y no superó los u$s 200 anuales por persona hasta después de 1750 y el comienzo de la Revolución Industrial. En otras palabras, tomó 97.000 años pasar de 100 a 150 dólares por año, y luego 2.750 años pasar a 200 dólares anuales por persona, y finalmente 250 años para llegar al nivel actual de u$s 6.600 anuales por persona. Si comprimimos esos 100.000 años en uno, entonces los 250 años de relativa prosperidad representan menos de un día. Si lo condensamos en un día, la era de la revolución industrial y los mercados serían sólo 3,6 minutos. (Shermer, 2008).

[2] Comenta Matt Ridley (2010, p. 14): “Desde 1800 la población del planeta se ha multiplicado por seis, la expectativa de vida promedio se ha más que duplicado y el ingreso real ha crecido más de nueve veces. Tomando una perspectiva más corta, en 2005, comparado con 1955, la persona promedio en el Planeta Tierra ganaba casi tres veces más (ajustado por inflación), comía un tercio más de calorías en alimentos, enterraba a sólo un tercio de sus hijos y podía esperar vivir un tercio más de su vida. Era menos probable que  muriera como resultado de guerras, asesinatos, partos, accidentes, tornados, inundaciones, hambrunas, tos convulsa, tuberculosis, malaria, difteria, tifus, fiebre tifoidea, sarampión, viruela, escorbuto o polio. Era menos probable que tuviera, a determinada edad, cáncer, angina de pecho o infarto. Era más probable que fuera alfabetizada y hubiera terminado la escuela. Era más probable que tuviera teléfono, inodoro, heladera y una bicicleta. Todo esto en medio siglo durante el cual la población mundial se ha más que duplicado por lo que, lejos de haber sido racionados por el crecimiento poblacional, los bienes y servicios disponibles para las personas de este mundo  han crecido. Es, bajo cualquier estándar, un asombroso logro humano”.

[3] The Economist, “Burgeoning Bourgeoisie: A special report on the new middle classes in emerging markets”, February 14th, 2009.

Innovación social en tiempos de estatismo: generación de empleos y emprendimientos, ayuda mutua y beneficencia

Soluciones voluntarias

El papel dominante del estado en esta materia se ha trasladado también al área de la discusión académica y a la de elaboración de políticas públicas donde el sólo planteamiento del problema genera una inmediata búsqueda de las acciones que el estado debería desarrollar para resolver el problema. La creatividad e inventiva llegan hasta allí, pero se mueven en un círculo cerrado, limitado por los escasos recursos disponibles. Más dinero para la educación, más dinero para la salud, más dinero para viviendas no es fácil de encontrar y, cuando se consigue, no llega adónde se lo necesita.

La situación es tal que pocos se animan a preguntarse qué es lo que la libertad y el mercado puede hacer al respecto o, en términos más correctos, qué papel puede cumplir la colaboración voluntaria en materia de ayuda hacia los que necesitan.  Tal vez sea interesante, antes de responder a esas preguntas, conocer lo que hicieron los argentinos en otros momentos de su historia, cuando, precisamente, el estado no estaba allí para “resolver” estos problemas.

Lo que la libertad y el mercado pueden hacer para resolver los problemas relacionados con la pobreza puede clasificarse en tres elementos:

  1. Tal vez lo más importante, por supuesto, es generar riqueza, de tal forma que el número de pobres se reduzca. Por cierto que algunos critican a la economía de mercado por la actual cantidad de pobres, como si fueran estos causados por ella. Dos cosas pueden decirse al respecto: en primer lugar, el porcentaje de pobres en el mundo a comienzos del capitalismo y la revolución industrial era del 80%, hoy es menos del 20% y, en segundo, si bien el número total de pobres es grande, el crecimiento económico ha permitido sostener a un número total de habitantes en este planeta como nunca hubiera en toda su historia. Una economía primitiva o cerrada genera un mayor número de pobres y un menor número total de habitantes que ésta puede sostener.
  2. En segundo lugar, las acciones que los mismos individuos pueden realizar para ayudarse a sí mismos, a sus familias, a sus vecinos, a sus grupos de afinidad, cualquiera que sean éstos, sabiendo que serán ayudados a su vez en caso de necesidad propia. Esto es lo que se ha llamado socorro o ayuda mutua.
  3. Por último, las acciones que los individuos pueden realizar para ayudar a otros sin esperar en este caso un tratamiento recíproco en caso de necesidad, lo que denominamos beneficencia.

 

Veremos ejemplos de la historia argentina en los tres casos, aunque otros similares se pueden encontrar en muchos países, en particular latinoamericanos y consideraremos sus posibles equivalentes moderno .

El futuro de la innovación social tal vez haya que buscarlo en las iniciativas del pasado: voluntarias y creativas

Hablar de innovación es hablar del futuro. Son nuevas ideas, emprendimientos, iniciativas. Parece extraño plantear que se pueden encontrar ideas innovadoras en el pasado. Sin embargo, las hubo, y muy importantes, y también se olvidaron. En su momento fueron reemplazadas por otras ideas y propuestas que se consideraban innovadoras, muchas de las cuales fracasaron o están en crisis. La innovación no siempre es un camino hacia adelante e incluso cuando lo es, es conveniente mirar hacia atrás para no repetir errores o, como en el caso que ahora se presenta, para desenterrar ideas que fueron exitosas.

El Estado y el mercado son dos caminos alternativos por los que los individuos buscan satisfacer sus necesidades; cuánto de uno y cuánto de otro y qué tareas caen de uno u otro lado varía según cada sociedad y ha cambiado en el trascurso de la historia. Para separar a uno y otro tomaremos la definición clásica de la filosofía política: el Estado, según Max Weber, es el monopolio de la coerción en un determinado territorio[1].

Esta definición, separa entonces a las acciones compulsivas por un lado, y a las voluntarias por otro. Estas últimas pueden ser tanto con o sin fines de lucro. No se necesita separar a este último como un “tercer” sector, ya que quienes participan en él también buscan un lucro, aunque no es material sino espiritual, tan sólo el gozo de hacer algo por los demás. Entonces, tenemos de un lado las políticas públicas a cargo de los estados y por otro las acciones voluntarias.

Dado el énfasis general en las primeras, buscaremos aquí destacar el papel que cumplen las segundas, y lo haremos en base a un caso histórico, aunque el mismo proceso se viviera en muchos otros países. Tomaremos a la Argentina previa al Estado Benefactor, el que encarna la idea de buscar una solución a la pobreza por el camino de la política. Buscaremos mostrar las alternativas entonces existentes y cómo la llegada de éste no cubre un vacío sino desplaza soluciones que existían ya y funcionaban exitosamente.

[1] “…debemos decir, sin embargo, que un estado es una comunidad humana que (exitosamente) reclama el monopolio del uso legítimo de la fuerza física en un cierto territorio”; (Weber, 1919).

Artículo en el Cronista: ¿Por qué apoyamos la redistribución de ingresos, …. pero no toda?

Artículo en el Cronista:

https://www.cronista.com/columnistas/Por-que-apoyamos-la-redistribucion-de-ingresos…-pero-no-toda-20171220-0040.html

En períodos electorales, los políticos multiplican sus propuestas para redistribuir ingresos, ofreciendo subsidios por aquí y por allá. Siendo emprendedores de su especialidad, si lo hacen es porque suponen que eso vende. Y, ¿Por qué vende?

En primer lugar, todos tenemos un sentimiento de simpatía (que hoy llamaríamos empatía) respecto a los demás, comenzando con las personas más cercanas y disminuyendo a medida que nos alejamos del entorno personal. Esto lo señaló nada menos que Adam Smith en su otro gran libro, Teoría de los Sentimientos Morales.

Sin embargo, en esa época, no existía el Estado benefactor. Eso no quiere decir que la gente no se preocupara por los demás, sólo que lo hacía directamente o a través de la iglesia.

Las ideologías del siglo XIX introdujeron la idea de que esto era ahora responsabilidad del Estado y la gente dejó la tarea en manos de los políticos, con la inocente creencia que éstos iban a redistribuir solamente de ricos a pobres.

Y una vez que le dieron el poder de redistribuir éstos lo usaron para hacerlo en toda dirección posible, quedándose en muchos casos con el vuelto. El Estado benefactor se convirtió en una piñata sobre la cual todos nos zambullimos y con la que pretendemos vivir de los demás, o al menos cumplir con esa sensación de que estamos ayudando a quienes lo necesitan.

Pero la gente no apoya todo tipo de redistribución. Por ejemplo, repudia la redistribución de bolsos hacia los conventos, y también la que termina generando grupos empresarios de amigos del poder. Tampoco apoya planes sociales politizados o incluso aquellos que no generan ninguna responsabilidad a cambio, ya sea de trabajo o capacitación para el empleo.

Hasta ahora nada que no sea evidente a primera vista. Pero he aquí que parece que estas conductas tienen una raíz mucho más profunda.

Un grupo de científicos, y entre ellos un par de argentinos, expertos en el nuevo y prometedor campo de la psicología evolutiva plantean una respuesta. Los argentinos son Daniel Sznycer, de la Universidad de California Santa Bárbara y la Universidad de Arizona, y María Florencia López Seal, de la Universidad Nacional de Córdoba. Investigan y escriben con los padres fundadores de esta nueva disciplina, Leda Cosmides y John Tooby, creadores del Center for Evolutionary Psychology.

Según ellos el apoyo a la redistribución se basa en emociones, en particular la compasión, la envidia y el interés propio, no por alguna convicción general de justicia social. Esas emociones son el resultado de largos procesos evolutivos durante los miles de años que fuimos cazadores-recolectores.

El crecimiento de la psicología evolutiva se ha basado en presentar crecientes evidencias de que el cerebro o mente humana contiene una cantidad de programas neuro-computacionales que fueron construidos por la selección natural porque resolvían problemas de adaptación al mundo ancestral.

En ese entorno se desarrollaron dos conductas con respecto a la distribución de bienes y servicios y sus correspondientes emociones para guiarlas. Los cazadores-recolectores compartían riesgos en actividades sujetas al azar (por ejemplo, la caza de algunos animales grandes) pero estaban menos dispuestos a compartir resultados de actividades más regulares que dependieran del esfuerzo personal (caza de animales menores y más abundantes o recolección de frutos más comunes). Aun hoy, entonces, el apoyo o rechazo por la redistribución se explicaría por estas emociones al considerar, por ejemplo, si los beneficiarios no han tenido suerte en conseguir empleo o su situación se debe a la falta de esfuerzo personal. Apoyarían la primera y rechazarían la segunda.

En los últimos años parece que tuvimos políticos que se guiaban por las emociones…, por sus emociones, las que les generaban ver sus cajas fuertes llenas.

 

En épocas de monedas privadas virtuales, Hayek comenta cómo manejaría una si fuera un banquero suizo emitiendo

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. ¿De dónde salió eso? El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

En esta oportunidad, comenta cómo podría ser la introducción de nuevas monedas privadas:

“PUESTA EN CIRCULACIÓN DE DINERO FIDUCIARIO PRIVADO

Supondré, durante el resto de la discusión, que sería posible crear distintas instituciones en diversas partes del mundo con libertad de competir en la emisión de billetes e igualmente en la administración de cuentas corrientes denominadas en la unidad emitida por ellas. Llamaré a estas instituciones simplemente «bancos» o «bancos emisores» cuando sea necesario distinguirlos de otros bancos que prefieren no emitir moneda. Supondré también que el nombre o la denominación que el banco elija para su emisión será protegida, como cualquier marca comercial, del uso indebido y que tendrán la misma protección contra la falsificación que cualquier otro documento. Estos bancos competirían entre sí para que el público utilice su moneda intentando hacer que su uso sea lo más fácil posible.

El «ducado» privado suizo

Puesto que los lectores se preguntarán cómo pueden esas emisiones llegar a ser aceptadas como dinero, la mejor forma de comenzar la explicación es probablemente describir cómo actuaría, digamos, yo, si estuviera al frente de uno de los más importantes bancos suizos. Suponiendo que fuera legalmente posible (lo que no he examinado), anunciaría la emisión de certificados o billetes sin interés y mi disposición para abrir cuentas corrientes a nombre de clientes en términos de una unidad con un nombre comercial registrado, por ejemplo, «ducados». La única obligación legal que yo asumiría sería la de convertir estos billetes en depósitos a la vista, a opción del tenedor, por 5 francos suizos, o 5 marcos alemanes, o 2 dólares por «ducado». Este valor de conversión sería solamente un mínimo por Puesta en circulación de dinero fiduciario privado debajo del cual no podría descender el valor de mi unidad, ya que al mismo tiempo anunciaría mi intención de regular la cantidad de «ducados» para mantener su poder adquisitivo (en términos de una cesta de bienes perfectamente definida) lo más constante posible.

Explicaría también al público que era consciente de que solamente podría esperar mantener los «ducados» en circulación si cumplía las expectativas de que su valor real se mantendría aproximadamente constante. Por otra parte, afirmaría mi intención de declarar periódicamente el bien con relación al cual pretendía mantener constante el valor del «ducado», aunque me reservaría el derecho de alterar la composición del bien patrón, según me lo indicaran los dictámenes de la experiencia y de las preferencias del público.

Sin embargo, sería preciso, evidentemente, aunque pueda parecer innecesario o indeseable, que el banco emisor se comprometiera legalmente a mantener el valor de su unidad; que dicha entidad especificara en sus contratos de préstamo que cualquier crédito podría ser reintegrado tanto en la cifra nominal de su propia moneda como por cantidades correspondientes de cualquier otra moneda suficiente, ya fuere la una o las otras, para comprar en el mercado el bien equivalente que, en el momento de efectuarse el préstamo, se había utilizado como patrón. Dado que el banco tendría que emitir su moneda fundamentalmente a través del crédito, los futuros prestatarios podrían desanimarse por la posibilidad formal de que el banco incrementara de forma arbitraria el valor de su moneda y habría que garantizarles contra esta posible contingencia.

Estos billetes o certificados y sus respectivos créditos contables quedarían a disposición del público mediante préstamos a plazo corto o mediante venta por otras monedas. Gracias a la opción ofrecida, las unidades se venderían desde el principio con prima por encima del valor de cualquiera de las monedas en las que fueran convertibles. La prima aumentaría en la medida en que las monedas gubernamentales continuaran depreciándose (y la existencia de una alternativa estable seguramente aceleraría el proceso), la demanda de moneda estable aumentaría rápidamente y pronto surgirían empresas competidoras para ofrecer unidades similares con distinto nombre.

La venta (en ventanilla o por subasta) sería inicialmente la forma principal de emisión de la nueva moneda. Después de la formación de un mercado regular, el «ducado» se emitiría normalmente sólo en el curso de operaciones bancarias, esto es, por préstamos a corto plazo.”

Entrevista sobre la economía, las instituciones, calidad institucional, el liberalismo y la Escuela Austriaca

Fue hace tiempo pero recién la encuentro. Entrevista y comentarios en una página de un joven economista peruano:

Entrevista con Martin Krause

Martín Krause es Académico Asociado del Cato Institute y profesor de Economía de la Universidad de Buenos Aires. Tiene publicados varios libros: El cuento de la economíaEn defensa de los más necesitados, Proyectos por una sociedad abierta en conjunto con Alberto Benegas Lynch (h), yDemocracia directa en conjunto con Margarita Molteni; capítulos de libros y numerosos artículos en revistas académicas y en periódicos de toda América. En 1998 resultó electo por concurso Profesor Titular de Economía de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Se ha desempeñado como Rector en ESEADE. Es profesor titular visitante de Proceso Económico y de Economía Austriaca I en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Obtuvo su doctorado en Administración de la Universidad Católica de La Plata. Krause ha estado dedicado principalmente a las tareas académicas y de consultoría en el ámbito de la economía. Ha participado como conferencista en seminarios y reuniones, y como observador en distintos procesos electorales en todo el mundo. Además, ha recibido varios premios y becas, entre los que se destacan el Premio de la Academia de Ciencias de Buenos Aires (Derecho y Economía) en 2007, la Eisenhower Exchange Fellowship en 1993 y el Freedom Project de la John Templeton Foundation en 1999 y 2000.
NF: Doctor Krause ¿Qué es la economía para usted? ¿Por qué es tan importante?

MK: Es el análisis de la forma en que las personas actúan, cooperando y compitiendo, para satisfacer sus necesidades tomando en consideración las necesidades de los demás. Estudiamos esa interacción y las normas que mejor la permiten.

NF: En la última década ha llegado a Perú, con mucha fuerza, el tema del Análisis Económico del Derecho ¿Por qué cree usted que es importante el análisis económico de las instituciones?

MK: Porque se ha vuelto a descubrir la importancia de las reglas de juego que permiten esa mayor coordinación de las acciones entre todos, como un elemento central para explicar el progreso de distintas sociedades.

NF: Usted ha venido y viene haciendo un índice de calidad institucional a nivel mundial ¿Qué mide este índice y cuáles son sus principales determinantes de una buena institución?

MK: Parte de la base de que todos tenemos dos caminos para satisfacer nuestras necesidades, los mercados y la política. En todas las sociedades encontramos uno u otro camino, en distintas proporciones por supuesto. Estas también cambian con el tiempo, de pronto más de un lado que del otro, o al revés. Pero para que uno u otro funcionen mejor necesitan buenas normas, calidad institucional. Entonces, una buena institución es la que favorece esa coordinación, que favorece el mejor funcionamiento de los mercados o de la política.

NF: Doctor, con respecto a la teoría de juegos y su papel en la instituciones : ¿Considera usted que las instituciones sociales son el resultado de conductas regulares no planificadas por los individuos para hacer frente a los problemas, es decir, resultado de los juegos no cooperativos de carácter repetido y de duración indefinida que lograron ocasionar la cooperación? (Si la respuesta es positiva, por favor, responda está siguiente pregunta: ¿Ha sido posible determinar si son o no eficientes?

MK: Es un proceso largo y complejo. Es correcto, las instituciones evolucionan como resultado de juegos repetidos, pero tanto cooperativos como no cooperativos. De tanto en tanto, también se produce un período de formalización, que parece generar ese marco institucional, aunque más no sea recoger principios evolucionados en el pasado. Por ejemplo, cuando se codifica el Derecho Romano, o cuando se aprueba la Constitución de los Estados Unidos, parecen actos racionales determinados, pero tienen también un alto componente de tradición evolutiva.

NF: Pasando a otro tema, Doctor ¿Cómo empezó su viaje a través del liberalismo y la escuela austriaca?

MK: Aprendí marxismo y estructuralismo en la Universidad, pero luego me topé con Adam Smith, con el libro no con comentarios sobre él, con La Riqueza de las Naciones. Y viajé, y pude encontrar un mundo desarrollado en base a otros principios. Empecé a buscarlos en la actualidad. Primero accedí a los autores del ordoliberalismo alemán: Ludwig Erhard, Walter Eucken, de allí llegué a los austriacos.

NF: ¿Qué ventajas tiene el liberalismo como pensamiento político y la Escuela Austriaca como pensamiento económico con respecto al resto de pensamientos y escuelas?

MK: Da prioridad al valor de la libertad y, por ende, respeta las preferencias individuales que son necesariamente diferentes. No busca imponerle nada a nadie, simplemente pretende que cada uno pueda decidir ante las alternativas y oportunidades que se le presentan. En cuanto a la EA entiendo que presenta un conjunto de teorías que recoge la tradición clásica escocesa y permite comprender mejor las acciones humanas y sus consecuencias. No ve a la economía como el análisis de la asignación de factores, sino como el de las acciones de personas de carne y hueso, con sus limitaciones y sesgos.

NF: Muchas personas desconocen de esta escuela y hasta piensan que solo son modas ¿Cuáles son los principales aportes a la teoría económica que tiene esta escuela?

MK: Los enumero según fueron realizados históricamente por sus autores: el carácter subjetivo del valor, el carácter subjetivo de los costos y el costo de oportunidad, el valor derivado de los factores de producción, el origen de la moneda y las instituciones, el ciclo económico causado por la manipulación de la moneda, la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, el problema del conocimiento disperso y su transmisión por el sistema de precios, el carácter evolutivo de las instituciones, y otros.

NF: Mises, en su libre “Socialismo” explico porque este pensamiento es imposible. ¿Podría explicarnos la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo?

MK: El cálculo económico se puede hacer con precios, que permiten calcular resultados y determinar pérdidas o ganancias. Los precios son el resultado de intercambios, y estos intercambios son transmisiones de derechos de propiedad. Como la esencia del socialismo es negar la propiedad, no habrá precios como tales sino números creados por los planificadores, y no se podrá determinar si la producción agrega valor o lo destruye.

NF: ¿Por qué cree usted que en América Latina las economías aún no se han liberado más? ¿Cuál cree usted que es el gran obstáculo que debe de pasar por encima América Latina para abrir sus mercados?

MK: Difícil, saber esto, tal vez porque tememos competir y tenemos miedo de abrirnos al mundo. Puede ser el resultado de una herencia cultural o de haber asumido ideas y teorías incompatibles con la apertura, sobre todo durante el siglo XX.

NF: Si el liberalismo trata sobre acciones voluntarias y en el socialismo todo es forzado ¿Por qué es que el Socialismo se lleva todas las palmas de benevolencia y de solidaridad de los ciudadanos y no se los lleva el liberalismo? ¿Cuál cree que es la causa principal?

MK: La “mano visible” del Estado es fácil de ver, la “mano invisible” del mercado no se ve a primera vista.

Argentina es un país con (al menos) dos monedas: peso y dólar. Hayek sobre las experiencias de monedas paralelas

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. ¿De dónde salió eso? El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

“LA LIMITADA EXPERIENCIA SOBRE MONEDAS PARALELAS Y DE COMERCIO

Mientras las monedas de metales preciosos eran el único tipo de dinero factible y generalmente aceptado y todos los sustitutos convertibles en ellas (el cobre había sido reducido relativamente pronto al papel de calderilla), los únicos tipos de moneda que coexistían fueron las de oro y plata.

La multiplicidad de monedas con las que tenían que tratar los viejos cambistas se reducían, en último término, a estas dos clases, y su valor respectivo dentro de cada grupo se determinaba por su contenido de metal (que sólo los expertos y no el hombre de la calle podían determinar). La mayoría de los príncipes intentaron establecer un tipo de cambio legal y fijo entre las monedas de oro y plata, creando así lo que se ha venido en denominar «bimetalismo». Pero, a pesar de las tempranas sugerencias de que la razón de cambio se fijara mediante un tratado internacional, los gobiernos establecieron diferentes tipos de cambio oro/plata, y cada país tendía a perder las monedas del metal allí subvaloradas, a la vista del tipo de cambio que prevalecía en otros países. El sistema se describió por ello más correctamente como de «patrón alternativo» en vez de bimetálico, en el que el valor de la moneda dependía del metal que en aquel momento estaba siendo sobrevalorado. Poco antes de que se abandonara por completo, en la segunda mitad del siglo XIX, se hizo un último esfuerzo para establecer internacionalmente un tipo de cambio uniforme de 15 1/2 entre el oro y la plata. El intento podía haber tenido éxito mientras no hubiera grandes cambios en la producción. Como, de las existencias totales de dichos metales, una proporción muy grande se dedicaba al uso monetario, había sido posible que esa paridad del 15 1/2 se mantuviera, con la entrada en el tráfico monetario o salida de él de los metales monetarios.

Monedas paralelas

En algunos países, sin embargo, el oro y la plata habían coexistido durante largos períodos y su valor relativo había fluctuado según las condiciones cambiantes. Esta situación prevaleció, por ejemplo, en Inglaterra, de 1663 a 1695, cuando, finalmente, decretando un tipo de cambio entre las monedas de oro y plata que sobrevaloraba el oro, Inglaterra, sin darse cuenta, estableció un patrón oro. La circulación simultánea de monedas de ambos metales sin un tipo de cambio fijo fue denominado posteriormente por un estudioso de Hanover, donde existió este sistema hasta 1857, «de monedas paralelas» (Parallelwahrung), al objeto de distinguirlo del bimetalismo.

Es ésta la única manera en que las monedas paralelas se han utilizado de forma generalizada; pero esta manera fue singularmente inconveniente por una razón especial. Dado que en la mayoría de los casos el oro era al peso más de 15 veces más valioso que la plata, se utilizaba el primero para las unidades mayores y la plata para las pequeñas (y el cobre para las inferiores). Pero como las distintas monedas tenían valores variables, las unidades inferiores no eran fracciones constantes de las superiores. En otras palabras, las monedas de oro y plata formaban parte de diferentes sistemas, sin que pudiera obtenerse moneda fraccionaria de uno u otro. Ello hacía problemático el cambio de unidades mayores o menores y nadie podía, incluso en su propio interés, atenerse a una sola unidad de medida.

A excepción de algunos casos en el Lejano Oriente, en tiempos recientes, no parece haber muchos ejemplos de circulación concurrente de monedas, además de que el recuerdo de la circulación paralela del oro y la plata le ha dado mala reputación al sistema. Sigue siendo interesante porque es el único momento histórico en el que surgieron los problemas que generalmente plantea la concurrencia de monedas. Y no es el menos importante el que la «cantidad» de moneda de un país o territorio no tiene ningún sentido en tal sistema, dado que sólo podemos sumar las cantidades de las distintas monedas en circulación una vez que sabemos el valor relativo de las diferentes unidades.”

Ahora que pasaron las elecciones y las propagandas. Artículo en El Cronista:¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?

Artículo (anterior a las elecciones) en El Cronista: https://www.cronista.com/columnistas/Los-votantes-somos-estupidos-o-idiotas-20171016-0041.html

¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?

Martín Krause Profesor de Economía, Universidad de Buenos Aires
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¿Los votantes somos estúpidos o idiotas?

Los mensajes de la política no apelan a la razón, sino a los sentimientos. Ningún político se para frente a una cámara o un micrófono y se pone a explicar su plataforma, en buena medida porque sabe que cambiamos de canal o de radio inmediatamente.

En épocas de campaña esto no mejora mucho, los candidatos evitan participar en debates, y no quieren decir mucho. Las consignas apelan a aspiraciones muy generales relacionadas, por ejemplo, con el cambio o con el futuro o a catástrofes más imprecisas aún, como la del terrible ajuste, cuando con sólo mirar superficialmente las cuentas fiscales cuesta encontrarlo. La racionalidad escasea.

Una de las propagandas (que el Estado nos hace escuchar aunque no nos interesen), presenta personas que van eligiendo entre distintas cosas para luego proponer la elección del candidato. Entre otras opciones tenemos: ¿más derechos o menos derechos?

Obvio, ¿quién estaría dispuesto a proponer menos? Y no hay ninguna referencia sobre qué estamos hablando. ¿Más derechos, pero cuáles? La apuesta es que muy pocos oyentes se harán esa pregunta. Pero hagámoslo por un momento. ¿Qué otros derechos quisiéramos tener?

Veamos el caso por el lado del absurdo. El artista pop Andy Warhol propuso una vez que todos deberíamos tener 15 minutos de fama. Tomemos esta propuesta como un derecho a la fama que, en mi caso, se cumpliría con menos minutos, pero con la posibilidad de cantar Gimme Shelter con los Rolling Stones en un concierto (por las dudas junto a Mike para no hacer papelones).

Pero un derecho, para ser tal, tiene que poder ser general, es decir, aplicarse a todos. Esto sería imposible en este caso ya que requeriría que estuviéramos los 40 millones de argentinos en el escenario (y no habría entonces nadie en la audiencia) o que los Stones nos invitaran de a uno en 40 millones de conciertos.

Las preferencias, sin embargo, son diferentes y algunos desearían jugar en la Bombonera, bailar con Tinelli, ganar el premio Nobel por unos minutos o hacer un gol con la Selección (y sólo Messi los hace). No hace falta explicar lo difícil o costoso que resulta cumplir estos derechos. Vivimos bajo la ilusión que este costo lo pagan otros y a veces es así, aunque tarde o temprano nos cae la cuenta de una forma u otra.

En otro de estos mensajes, el candidato propone un derecho específico, reducir la jornada laboral, pero manteniendo el mismo sueldo. No dice cuánto pero ya antes se ha propuesto que se reduzca de 8 a 6 horas. ¿Y por qué no a dos? El absurdo sería evidente, pero el principio es el mismo para seis o para dos. Es otra forma de aumentar el costo laboral. Una lección básica de economía muestra que si un precio aumenta se reduce la cantidad demandada. En este caso, si aumenta de esta forma se reduce la cantidad, más desempleo.

La propuesta, además, es que este mayor costo se cubra con las ganancias de las empresas. ¿Conocen acaso quienes proponen esto que las empresas no pueden hacer ajuste por inflación y que les cae una de las presiones impositivas más altas del planeta, más alta que la que se paga en Suecia? ¿Qué tasa de ganancias aceptarían quienes proponen esto? ¿Consideran alguna como razonable o, como parece, no aceptarían ninguna? En verdad, más que preocuparnos por las ganancias deberíamos hacerlo por las pérdidas, pero éstas nadie propone alentarlas ni tampoco castigarlas, suelen ser el resultado común de las políticas públicas que muchos candidatos proponen.

Otros desde la izquierda presentan sus propagandas con muñequitos de Playmobil, creados y fabricados por una empresa alemana que sería un ejemplo de lo que Marx llamaba capitalismo renano.

Todo se reduce a pares de opciones: ¿violentos o agresivos?, ¿corruptos o ladrones?, ¿inútiles o ineficientes? ¿soberbios o arrogantes? Nunca la tuvimos más fácil.

Entrevista en el diario La Prensa. Comentarios sobre el anarquismo, Borges, Marx y el ministerio de Economía

Entrevista en el diario La Prensa, de Buenos Aires: http://www.laprensa.com.ar/458302-Leo-teorias-sobre-si-pueden-existir-sociedades-sin-Estado.note.aspx

NUESTROS ECONOMISTAS, EN LA INTIMIDAD. Martín Krause aboga por un aparato público reducido. Vuelve siempre a las obras de Jorge Luis Borges. No pudo terminar «El Capital», de Marx. El rugby, una pasión.

Hayek sobre la diferencia entre leyes y mandatos: las leyes son reglas generales sobre lo que no se puede hacer

Con los alumnos de la UFM vemos ahora a uno de los principales economistas austriacos internarse en el mundo de las ciencias políticas y jurídicas. Así, leemos el Capítulo X del libro “Los Fundamentos de la Libertad”, que se titula “Las Leyes, los Mandatos y el Orden Social”, que es presentado de esta forma:

Hayek

“Uno de los mayores juristas del siglo pasado definió así la concepción básica de la ley de la libertad: «Es la regla en cuya virtud se fija la frontera invisible dentro de la cual el ser y la actividad de cada individuo tienen una segura y libre esfera». Con el discurrir del tiempo, dicho concepto de ley, que constituyó la base de la libertad, se ha perdido en gran medida. Principal objetivo de este capítulo será recuperar y hacer más preciso el concepto jurídico sobre el que se constituyó el ideal de libertad bajo el derecho haciendo posible hablar de este último como «ciencia de la Iibertad».

La vida de los hombres en sociedad, o incluso la de los animales gregarios, se hace posible porque los individuos actúan de acuerdo con ciertas normas. Con el despliegue de la inteligencia, las indicadas normas tienden a desarrollarse y, partiendo de hábitos inconscientes, llegan a ser declaraciones explícitas y coherentes a la vez que más abstractas y generales. Nuestra familiaridad con las instituciones jurídicas nos impide ver cuán sutil y compleja es la idea de delimitar las esferas individuales mediante reglas abstractas. Si esta idea hubiese sido fruto deliberado de la mente humana, merecería alinearse entre las más grandes invenciones de los hombres. Ahora bien, el proceso en cuestión es, sin duda alguna, resultado tan poco atribuible a cualquier mente humana como la invención del lenguaje, del dinero o de la mayoría de las prácticas y convenciones en que descansa la vida social.

Incluso en el mundo animal existe una cierta delimitación de las esferas individuales mediante reglas. Un cierto grado de orden que impide las riñas demasiado frecuentes o la interferencia en la búsqueda de alimentos, etc., surge a menudo del hecho de que el ser en cuestión, a medida que se aleja de su cubil, tiene menos tendencia a luchar. En consecuencia, cuando dos fieras se encuentran en alguna zona intermedia, una de ellas, normalmente, se retira sin que realmente trate de demostrar su fortaleza, y de esta forma la esfera que corresponde a cada bestia no se determina por la demarcación de un límite concreto, sino por la observancia de una regla, desconocida como tal regla por el animal, pero a la que se ajusta en el momento de la acción. El ejemplo demuestra cuán a menudo tales hábitos inconscientes envuelven cierta abstracción: la generalización de que la distinción del lugar donde el animal habita determinará la respuesta de dicho animal en su encuentro con otro. Si tratáramos de definir algunos de los más reales hábitos sociales que hacen posible la vida de los animales gregarios, tendríamos que exponer muchos de ellos mediante reglas abstractas.

El que tales reglas abstractas sean observadas regularmente en la acción no significa que los individuos las conozcan en el sentido de que puedan comunicadas. La abstracción tiene lugar siempre que un individuo responde de la misma manera a circunstancias que tienen solamente algunos rasgos en común. Los hombres, generalmente, actúan de acuerdo con normas abstractas en el sentido expuesto, mucho antes de que puedan formularlas. Incluso cuando los humanos han adquirido el poder de la abstracción consciente, su pensamiento y su actuación están guiados probablemente por muchas reglas abstractas que obedecen sin ser capaces de formularlas. El hecho de que una regla determinada sea obedecida generalmente a la hora de actuar, no significa que haya de ser descubierta y formulada mediante palabras.”