Cedice reedita en formato digital y gratuito, tres obras del intelectual que pronosticó el futuro de Venezuela

Nueva reedición de la obra de Carlos Rangel, disponible para descarga

Cedice Libertad reedita, en formato digital, tres obras del intelectual y periodista Carlos Rangel: Del buen salvaje al buen revolucionario, El tercermundismo y el compendio de artículos de prensa Marx y los socialismos reales.

Periodista, intelectual y hombre de televisión, Carlos Rangel es recordado por haber pronosticado entre los años setenta y ochenta las consecuencias de que Venezuela siguiera el rumbo del estatismo y el colectivismo. Gracias a hitos como la nacionalización del petróleo, Rangel defendió la importancia de abrazar las ideas de la libre empresa y el Estado limitado, por considerar que lo contrario llevaría a la miseria y la crisis económica, predicciones lamentablemente cumplidas en estos tiempos.

En su esfuerzo por masificar la obra de Rangel y las Ideas de la Libertad, y gacias a la generosidad de la familia del autor que cedió los derechos para la difusión de este material, la edición digital de estos tres libros estará disponible para el público interesado. Quienes deseen recibirlo, deberán llenar el formulario disponible en este enlace:

DESCUBRA LA COLECCIÓN
Biblioteca Carlos Rangel
Del buen salvaje al buen revolucionario

Desmonta el mito victimista latinoamericano según el cual factores externos (desde la Conquista en adelante) han impedido el desarrollo y la riqueza de la región. En este libro, Rangel advierte que este pensamiento es el que ha degenerado en populismos y caudillismos.

El tercermundismo

Profundiza estas ideas, al plantearse reflexiones sobre el origen y la naturaleza del subdesarrollo. El autor indica, a su juicio, que están directamente relacionadas con la apología al socialismo y la crítica al capitalismo. No solo como modelo económico, sino incluso civilizatorio.

Marx y los socialismos reales

Publicado de manera póstuma tras la prematura y lamentable muerte de este lúcido intelectual. En este volumen se incluyen artículos de prensa, ensayos y conferencias girando siempre en torno a los peligros que denunciaba.

Dos debates para no perderse sobre la EA, el marxismo y la teoría del valor: Cachanosky, Astarita, Zanotti

En el año 2014 se llevó a cabo un muy interesante debate sobre la teoría del valor, la economía marxista y la escuela austriaca, realizado por nuestro amigo y profesor Juan Carlos Cachanosty, y Rolando Astarita, profesor en Económicas de la Universidad de Buenos Aires.

El debate es muy aleccionador y puede verse acá: https://www.youtube.com/watch?v=pMDCT_sqkJg

Ahora, gracias a la iniciativa de Facundo Guadagno Balmaceda, Licenciado en Antropología Social y Cultural. Magíster en Antropología Social. Doctorando en Ciencias Políticas, se realizó otro debate, también con Rolando Astarita pero, como ya no tenemos a nuestro gran Cacha, estuvo del otro lado su gran amigo Gabriel Zanotti.

El debate es muy interesante. Y lo es ver a ambos, ya que uno pone más énfasis en la teoría económica y Gabriel, como no podía ser de otra forma, en cuestiones epistemológicas que son sumamente importantes. Por ejemplo, los austriacos hablan de la subjetividad del valor, ¿qué es la subjetividad? Zanotti lo trata haciendo referencia a filósofos y epistemólogos que no son economistas «austriacos» pero que entiende brindan la base para comprender la cuestión.

Imperdible:

https://www.academia.edu/video/l8V6Nj

El socialismo ha fracasado en cada ocasión que tuvo: ¿por qué hay todavía quienes lo buscan?

Cuando los alumnos de las materias sobre historia del pensamiento leen a Marx, Lenin o Trotsky, se preguntan en todos los casos, porqué es que estas ideas siguen teniendo atractivo para algunos. En una interesante entrevista, Marian Tupy trata el tema con Kristian Niemetz, donde abordan todos los aspectos de la historia del socialismo, su implementación y su fracaso. https://www.humanprogress.org/dr-kristian-niemietz-the-human-progress-podcast-ep-26-transcript/

Entre otras muchas cosas que comentan:

“Entonces, ¿cuál fue el período de comprensión de que el socialismo no iba a ser la ola del futuro?

Kristian Niemietz: Desafortunadamente, nunca hubo una comprensión generalizada de eso. Hubo una comprensión en algún momento de la guerra fría de que el socialismo del Bloque del Este no era el camino a seguir. Pero para entonces, los socialistas occidentales ya se habían distanciado con bastante éxito de eso, pero en los años 60, el socialismo soviético del bloque oriental ya estaba muy en sí mismo, había pasado de moda. Ese fue el apogeo del tercermundismo donde idealizaron los regímenes en China, Vietnam y Cuba, en lugar de decir que la Unión Soviética es la estrella de carga del futuro. Cuándo exactamente había sucedido eso. Y sí… no sé, difiere un poco de un lugar a otro. Había… En los años 50, creo que todavía había economistas occidentales que pensaban que la economía soviética… De hecho, le estaba yendo muy bien, se estaba poniendo al día con Occidente, y eventualmente se pondrían al día por completo. De alguna manera había pasado de moda porque la gente se había dado cuenta de que era malo en otros aspectos. Y por la represión y todo eso. Pero creo que la economía como tal todavía tenía una reputación bastante alta… Una reputación bastante buena.

Kristian Niemietz: Lo que debe haber cambiado es que dondequiera que haya una economía como esa, la gente huía, ese era el gran problema. Entonces, el mundo de Berlín no se trataba solo de… No es que todos disfrutaran de la mayor libertad que tenía en Alemania Occidental, aunque eso fue un factor. Pero hubo gente que escapó hasta 1961, muchos de ellos, me imagino que eran bastante apolíticos. No necesariamente les importaba mucho si podían leer docenas de periódicos o si solo podían consumir información controlada por el estado, pero era más, claramente tenían un nivel de vida materialmente más alto en Occidente. Y no quiero descartar que no hay absolutamente nada de malo en valorar un mejor nivel de vida.”

Böhm-Bawerk y una, o varias, contradicciones no resueltas del sistema económico marxista

Con los alumnos de la materia Escuela Austriaca, de UCEMA, vemos partes de un ensayo de Eugen von Boehm-Bawerk, con el título: “Una Contradicción no Resuelta en el Sistema Económico Marxista”. El título lo dice todo. En este trabajo muestra de una vez y para siempre la inconsistencia de la teoría del valor-trabajo.

marx-bio

“Como autor, Marx fue un hombre de envidiable ventura. Su obra no se puede clasificar entre los libros fáciles de leer o de comprender. La mayoría de los libros de este tipo –aun aquellos con una dialéctica más asequible y una ilación matemática más liviana— habrían encontrado completamente obstaculizado el camino hacia la popularidad. Pero, contrariamente, Marx se ha transformado en el apóstol de un amplio círculo de lectores, incluyendo a aquellos que, por norma, no leen libros difíciles. Más aún, la fuerza y la claridad de su razonamiento no eran tales como para convencer a nadie. Al revés, hombres calificados como los pensadores más serios y valiosos de nuestra ciencia, por ejemplo Karl Knies, han afirmado, desde un comienzo, mediante argumentos imposibles de pasar por alto, que la enseñanza de Marx estaba repleta, de principio a fin, de toda clase de contradicciones, tanto de lógica como de hechos. Podría fácilmente haber sucedido que la obra de Marx no hubiera encontrado partidarios ni entre el público común —que no podía entender su difícil dialéctica— ni entre los especialistas, que sí la comprendían, pero captaban demasiado bien sus limitaciones. Sin embargo, en la práctica, ha sucedido lo contrario.

Tampoco ha sido perjudicial para su influencia el hecho de que la obra de Marx haya permanecido como una estructura incompleta durante su vida. Generalmente, y con razón, desconfiamos de los primeros volúmenes, no proyectados a nuevos sistemas. Los principios universales pueden describirse seductoramente en las «Secciones Generales» de un libro, pero sólo se pueden corroborar si realmente poseen la fuerza de convicción que les atribuye su creador cuando, en la elaboración del sistema, se confrontan con todos los hechos minuciosamente. En la historia de la ciencia, muchas veces se ha dado el caso de que un primer volumen, promisorio y respetable, no ha sido continuado en un segundo volumen simplemente porque, bajo el propio análisis investigador del autor, los nuevos principios no soportan la prueba de las situaciones concretas. Pero la obra de Karl Marx no ha sufrido estos contratiempos. La gran masa de sus seguidores, basándose en la fuerza de su primer libro, tenía una fe ciega en sus obras aún no escritas.

Esta confianza, por una parte, fue sometida a una severa e inusual comprobación. Marx había expresado, en su primer libro, que todo el valor de las mercancías se basaba en el trabajo involucrado en ellas y que en virtud de esta «ley del valor» deberían intercambiarse en proporción a la cantidad de trabajo en ellas invertido; que, además, la rentabilidad o plusvalía ganada por el capitalista era el fruto de la explotación del trabajador; que, sin embargo, el monto de la plusvalía no estaba en proporción al monto total del capital invertido por el capitalista, sino sólo al monto de la parte «variable» —esto es, a aquella parte del capital pagado en sueldos y salarios—, mientras que el «capital constante», el capital empleado en la adquisición de los medios de producción, no aumentaba la plusvalía. En la vida diaria, sin embargo, la rentabilidad del capital está en proporción al capital total invertido; y, principalmente por esto, las mercancías no se intercambian de hecho en proporción a la cantidad de trabajo invertido en ellas. En este punto, por lo tanto, había una contradicción entre teoría y práctica que escasamente admitía una explicación satisfactoria. Pero esta contradicción manifiesta tampoco escapó al análisis de Marx. Con respecto a ella, el autor dice: «Esta ley (esta ley, a saber, establece que la plusvalía está en proporción sólo con la parte variable del capital) contradice claramente toda la experiencia prima facie». Pero al mismo tiempo declara que la contradicción es sólo aparente y su solución requiere juntar muchos cabos sueltos, postergándose para los siguientes volúmenes de su obra. La crítica especializada pensó que podía anticiparse con relativa certeza que Marx nunca cumpliría su compromiso, ya que, como era difícil probarla, la contradicción era insoluble.

Sus argumentos, sin embargo, no produjeron ninguna impresión en el conjunto de sus seguidores. Su simple promesa excedía todas las refutaciones lógicas.

Muchos se preguntan porqué siguen vigentes ciertas teorías marxistas: Böhm-Bawerk lo explicaba hace mucho tiempo

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II, de Económicas, UBA, vemos partes de un ensayo de Eugen von Boehm-Bawerk, con el título: “Una Contradicción no Resuelta en el Sistema Económico Marxista”. El título lo dice todo. En este trabajo muestra de una vez y para siempre la inconsistencia de la teoría del valor-trabajo.

marx-bio

“Como autor, Marx fue un hombre de envidiable ventura. Su obra no se puede clasificar entre los libros fáciles de leer o de comprender. La mayoría de los libros de este tipo –aun aquellos con una dialéctica más asequible y una ilación matemática más liviana— habrían encontrado completamente obstaculizado el camino hacia la popularidad. Pero, contrariamente, Marx se ha transformado en el apóstol de un amplio círculo de lectores, incluyendo a aquellos que, por norma, no leen libros difíciles. Más aún, la fuerza y la claridad de su razonamiento no eran tales como para convencer a nadie. Al revés, hombres calificados como los pensadores más serios y valiosos de nuestra ciencia, por ejemplo Karl Knies, han afirmado, desde un comienzo, mediante argumentos imposibles de pasar por alto, que la enseñanza de Marx estaba repleta, de principio a fin, de toda clase de contradicciones, tanto de lógica como de hechos. Podría fácilmente haber sucedido que la obra de Marx no hubiera encontrado partidarios ni entre el público común —que no podía entender su difícil dialéctica— ni entre los especialistas, que sí la comprendían, pero captaban demasiado bien sus limitaciones. Sin embargo, en la práctica, ha sucedido lo contrario.

Tampoco ha sido perjudicial para su influencia el hecho de que la obra de Marx haya permanecido como una estructura incompleta durante su vida. Generalmente, y con razón, desconfiamos de los primeros volúmenes, no proyectados a nuevos sistemas. Los principios universales pueden describirse seductoramente en las «Secciones Generales» de un libro, pero sólo se pueden corroborar si realmente poseen la fuerza de convicción que les atribuye su creador cuando, en la elaboración del sistema, se confrontan con todos los hechos minuciosamente. En la historia de la ciencia, muchas veces se ha dado el caso de que un primer volumen, promisorio y respetable, no ha sido continuado en un segundo volumen simplemente porque, bajo el propio análisis investigador del autor, los nuevos principios no soportan la prueba de las situaciones concretas. Pero la obra de Karl Marx no ha sufrido estos contratiempos. La gran masa de sus seguidores, basándose en la fuerza de su primer libro, tenía una fe ciega en sus obras aún no escritas.

Esta confianza, por una parte, fue sometida a una severa e inusual comprobación. Marx había expresado, en su primer libro, que todo el valor de las mercancías se basaba en el trabajo involucrado en ellas y que en virtud de esta «ley del valor» deberían intercambiarse en proporción a la cantidad de trabajo en ellas invertido; que, además, la rentabilidad o plusvalía ganada por el capitalista era el fruto de la explotación del trabajador; que, sin embargo, el monto de la plusvalía no estaba en proporción al monto total del capital invertido por el capitalista, sino sólo al monto de la parte «variable» —esto es, a aquella parte del capital pagado en sueldos y salarios—, mientras que el «capital constante», el capital empleado en la adquisición de los medios de producción, no aumentaba la plusvalía. En la vida diaria, sin embargo, la rentabilidad del capital está en proporción al capital total invertido; y, principalmente por esto, las mercancías no se intercambian de hecho en proporción a la cantidad de trabajo invertido en ellas. En este punto, por lo tanto, había una contradicción entre teoría y práctica que escasamente admitía una explicación satisfactoria. Pero esta contradicción manifiesta tampoco escapó al análisis de Marx. Con respecto a ella, el autor dice: «Esta ley (esta ley, a saber, establece que la plusvalía está en proporción sólo con la parte variable del capital) contradice claramente toda la experiencia prima facie». Pero al mismo tiempo declara que la contradicción es sólo aparente y su solución requiere juntar muchos cabos sueltos, postergándose para los siguientes volúmenes de su obra. La crítica especializada pensó que podía anticiparse con relativa certeza que Marx nunca cumpliría su compromiso, ya que, como era difícil probarla, la contradicción era insoluble.

Sus argumentos, sin embargo, no produjeron ninguna impresión en el conjunto de sus seguidores. Su simple promesa excedía todas las refutaciones lógicas.