El fin de la pobreza estaría a la vista, pero no en todo lados

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Ver que se extiende la pobreza en nuestro país es triste, y lo es más aún si vemos que es el camino inverso a lo que ocurre en el resto del planeta. Así es, en el mundo la pobreza no deja de caer y perfectamente podemos suponer que será eliminada en un futuro no tan lejano. Esto es lo que plantea Max Roser, quien ha desarrollado uno de los sitios más completos y útiles para encontrar todo tipo de datos, tanto sea de Covid como de lo que a uno se le ocurra. La página, bien conocida, se llama Our World in Data.  

Ahora Roser llega con un análisis sobre la pobreza global y con un mensaje, en definitiva, optimista. Desde la llegada del capitalismo y la Revolución Industrial la pobreza no ha cesado de caer y estamos cerca de eliminar la “extrema pobreza», aquella que se mide por un ingreso menor a 1,90 dólares por día. Roser toma como ejemplo el tan considerado caso de Suecia, y como casi toda su información se basa en gráficos de muy buen diseño, tomemos los que presenta en un artículo titulado The history of the end of poverty has just begun: https://ourworldindata.org/history-of-poverty-has-just-begun  

Esto es Suecia en 1820:  (ver gráfico en el link)

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La mayoría se encontraba en lo que hoy llamaríamos extrema pobreza. Un siglo después la situación había mejorado bastante:  (ver gráfico en el link)

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Hoy Suecia no solamente ha eliminado la extrema pobreza, sino que define como pobre a quien no alcance a un ingreso de 30 dólares por día: (ver gráfico en el link)

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Con muy buen criterio, Roser atribuye el éxito al crecimiento económico de Suecia durante ese período, un caso similar a otros países hoy ricos, y un camino que pueden seguir todos los que promuevan, o al menos no impidan, el progreso económico. Ahora bien, si trasladamos ese umbral de la pobreza a nivel global, la mayoría de la población es pobre. Pese a su notable crecimiento, casi todos los indios y los chinos aún lo son:  (ver gráfico en el link)

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Pero su mensaje es positivo, esos países están siguiendo ese camino de crecimiento y si los otros lo han logrado estos también lo podrán hacer. Los verdaderos logros del capitalismo global pueden verse en la caída de todos los indicadores de pobreza:  (ver gráfico en el link)

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Si esa tendencia continúa, la pobreza desaparecerá. ¿Qué es necesario para que ello ocurra? Roser señala dos requisitos: el primero es mayor crecimiento económico, la economía global debería multiplicarse por cinco. Parece utópico, pero es lo que ha ocurrido en las últimas cinco décadas. El segundo, curiosamente, es la reducción de las desigualdades. Raro argumento: ¿cuál es la relación entre uno y otro? ¿por qué la reducción de la desigualdad va a reducir la pobreza?  

Lamentablemente, nada al respecto se menciona allí. Todo proceso de progreso, como lo ha documentado el premio Nobel Angus Deaton, genera primero un aumento de la desigualdad, que posteriormente se reduce. Y no debería preocuparnos, nuestra atención ha de estar con los que están más abajo, y preguntarnos si están mejorando o no. No importa si un par de startups han generado algunos nuevos billonarios, lo importante es si los de abajo están mejorando sus oportunidades y, en este caso, sus ingresos. Eso es lo que viene ocurriendo y lo que puede seguir en ese camino.  

Por otra parte, la redistribución puede ser hacia abajo, como parece ser en nuestro país. Cada nuevo gobierno busca más redistribución y cada vez hay más pobres. Igualamos para abajo. Pero eso sí, estamos obsesionados con aquellos a los que les va bien, como si fueran la causa del aumento de la pobreza de los demás. El fin de la pobreza comenzará a recorrerse cuando dejemos de odiar a la riqueza.  

Suecia, modelo de Estado Benefactor, pero, ¿cuál?, ha cambiado mucho desde los 90s

En el debate sobre la “justicia social”, muchos tienen como ejemplo a los países nórdicos y, en especial, a Suecia. Sin embargo, tienen en mente una Suecia que no existe ya, que cambió mucho a partir de los años 90. Así lo explica Mauricio Rojas, profesor adjunto de Historia en la Universidad de Lund, quien fuera parlamentario por el Partido Liberal de Suecia desde 2002 hasta 2008 (dado el nombre poco sueco, Mauricio es de origen chileno, lo cual muestra también el grado de apertura mental que tiene ese país), en una publicación del Instituto Cato: http://www.elcato.org/crisis-europea-y-el-modelo-del-estado-de-bienestar-lecciones-de-un-modelo-evitar

“Suecia experimentó, a partir de los años 60, un crecimiento sin precedentes de su sector público. En apenas dos décadas, entre 1960 y 1980, el gasto público se duplicó, pasando del 30% del PIB al 60%. A su vez, el empleo público casi se triplicó y la carga tributaria pasó del 28 al 46% del PIB. El impuesto marginal para las rentas más altas llegó en 1979 al 87%, para estabilizarse en los años 80 en torno al 85%. Al mismo tiempo, aumentaban los subsidios de todo tipo, llegándose a situaciones donde trabajar podía implicar un detrimento económico. Este desarrollo tuvo una serie de consecuencias inevitables, particularmente manifestadas en un fuerte deterioro del incentivo a trabajar y al emprendimiento. Sin embargo, lo más sensible de este desarrollo fue la vulnerabilidad creciente de un sistema fiscal que hacía promesas cada vez más generosas a su población basado en aquello que en sueco se llama glädjekalkyl, es decir, “cálculos alegres”, basados en la premisa de que los buenos tiempos y el pleno empleo durarían eternamente. Esto creó una dinámica populista, donde gobernantes y gobernados se dejaban llevar por el sendero de las promesas fáciles, creando una ilusión de seguridad frente a la indefensión o la falta de trabajo que solo podía ser mantenida mientras las situaciones de indefensión o carencia laboral fuesen excepcionales.”

“En Suecia la ilusión populista se quebró dramáticamente a comienzos de los 90, cuando el pleno empleo, que había durado casi cinco décadas, se transformó en un alto nivel de desempleo. Este cambio fue producto, como acostumbra a ser en estos casos, de una recesión internacional que puso en evidencia las debilidades acumuladas de las viejas industrias suecas de exportación ante la presencia de nuevos competidores. Esto desencadenó un brusco aumento de la cesantía — que pasó del 2 al 12% en tres años— que llevó el gasto público a sobrepasar el 70% del PIB en 1973 mientras la recaudación fiscal caía. Ello puso en evidencia el bluff del Estado de bienestar: sus promesas de seguridad frente a eventuales situaciones de carencia o indefensión no pudieron cumplirse justamente cuando más se necesitaban. La seguridad prometida se esfumó cuando el exceso de gasto dio origen a un insostenible déficit fiscal que llegó a superar el 10% del PIB conduciendo a la caída estrepitosa del viejo y tan afamado “modelo sueco”.

A partir de entonces se abre un notable proceso de reducción del tamaño del Estado, desregulación, cooperación público-privada y privatización que ha transformado a Suecia en la economía de la UE-15 que mejor ha resistido a los problemas actuales. Así, el país que encabezó la marcha hacia la debacle del Estado de bienestar tradicional encabeza hoy el camino hacia su modernización, disminuyendo su tamaño y con ello su vulnerabilidad, rompiendo los monopolios públicos a través de la libertad de empresa y de elección ciudadana, limitando y condicionando los subsidios de todo tipo, y tratando de restablecer, mediante rebajas tributarias, los incentivos al trabajo y al emprendimiento.

Crisis de alguna manera parecidas, si bien menos severas, a la de Suecia afectaron a Alemania, Dinamarca, Finlandia u Holanda, obligando a estos países a moderar y hacer algo más dinámicos sus grandes Estados así como a alivianar su carga regulatoria (especialmente en lo referente al mercado de trabajo) y tributaria. No fueron en sí mismas reformas de suficiente calado como para poder revertir las tendencias al estancamiento anteriormente señaladas, pero les han permitido a estas sociedades enfrentar la actual situación de crisis en condiciones mucho mejores que las del sur de Europa.”

 

Suecia después del «modelo sueco», y la gran reforma menos conocida del mundo

Los alumnos leyeron el excelente trabajo de Mauricio Rojas “Suecia después del Modelo Sueco”, un trabajo muy importante para comprender la real característica de ese ‘modelo’ que atrae la aprobación y simpatía de muchos.

Mauricio Rojas

Pocos saben que, como describe Rojas, quien no solamente vivió allí por mucho tiempo sino que llegó a ser miembro electo del Parlamento Sueco, ese modelo sufrió profundos cambios. El artículo recomendado: http://www.hacer.org/pdf/Suecia.pdf

Pero aquí voy a agregar tan solo algunos comentarios que publicara la revista The Economist en Febrero de 2013, un informe especial sobre los “países nórdicos”. Algunos temas que allí aparecen:

  • Suecia ha reducido su gasto público desde un 67% del PIB en 1993 a 49% hoy (todavía alto pero son 18 puntos!)
  • La tasa marginal del impuesto a las ganancias cayó 27 puntos desde 1983 a 57%
  • La tasa de ganancias corporativas (a las empresas) es del 22% (en Argentina es 35%)
  • Su deuda pública se ha reducido de 70% del PIB en 1993 a 37% en 2010
  • El presupuesto pasó de un déficit del 11% a un superávit del 0,3% en el mismo período
  • Su economía es muy abierta el comercio internacional
  • Ha introducido un programa de vouchers para la educación, los suecos pueden ahora elegir escuelas privadas.
  • También hay vouchers para la salud
  • Suecia ocupa el puesto 20 en el índice de Libertad Económica de Heritage y el puesto 27 en el de Fraser.
  • Algunas empresas suecas son de primer nivel mundial: Sandvik, Atlas Copco, IKEA, H&M

 

Es cierto que Suecia tiene un extendido estado benefactor pero está lejos de lo que la creencia popular entiende. Ese “modelo sueco” quebró a principios de los años 90, y no en forma diferente a las grandes crisis fiscales latinoamericanas. Hoy es algo diferente.