EL NUEVO MUNDO DE LOS CORONA-ZOMBIES: Artículo en Perfil

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EL NUEVO MUNDO DE LOS CORONA-ZOMBIES

Martín Krause

Profesor de Economía, Universidad de Buenos Aires y Consejo Académico, Fundación Libertad y Progreso

En estos tiempos de cuarentena sobra el tiempo para seguir las últimas noticias sobre el avance o no del Covid-19 y para, entre otras cosas, mirar temporadas enteras de series y despejar la mente. También hay algunas que nos plantean temas que, de una u otra forma, podríamos vincular con lo que ocurre, aunque en general plantean distopías mucho más dramáticas que lo que estamos viviendo.

Una de ellas es “The Walking Dead”, la saga sobre zombies, sobre esa epidemia que azotó al mundo convirtiendo a muchos en esos temibles muertos-vivos que transmiten la peste a puro mordiscón. Puede parecer otra creación más destinada a captar nuestra atención a través de violencia y un atrapante guión pero plantea, además, algunos temas más profundos.

En el escenario planteado por la serie un policía de la ciudad de Atlanta se despierta luego de un largo coma y encuentra que la sociedad a colapsado ante la pandemia de los zombies, el estado ha desaparecido y el mundo ha vuelto a un verdadero “estado de naturaleza”, hasta ahora utilizado como una figura ideal por los filósofos políticos clásicos.

En esa situación previa a un supuesto contrato social se plantea la cuestión sobre la naturaleza humana: ¿qué somos, cooperadores o depredadores? Para Thomas Hobbes somos esto último, por eso la necesidad de que, como fruto de ese contrato creemos esa agencia que llamamos estado, con mucho poder para imponer una disciplina y orden necesarios para frenar y castigar esas conductas depredadoras. Para John Locke somos cooperadores, y el contrato social tiene como objetivo proteger esa cooperación natural entre seres humanos.

Para Adam Smith somos esencialmente cooperadores tanto a partir de la “simpatía” que tenemos hacia los demás, que nos lleva a ponernos en su lugar y entender sus circunstancias (en su libro Teoría de los Sentimientos Morales), como también a partir de la búsqueda del interés personal (La Riqueza de las Naciones), que nos lleva a atender las necesidades de otros para poder alcanzar las propias. No somos perfectos, también tenemos algo del instinto depredador.

La economía moderna ha confirmado esto. La economía experimental es un área relativamente joven de esta disciplina que busca comprender los comportamientos humanos en entornos de incentivos controlados creados por el experimentador. Muchas universidades tienen ya centros de experimentación y la producción académica en este ámbito es amplia.

Una de las áreas más activas es la que se relaciona en cierta forma con el fenómeno de la pandemia que estamos viviendo, o más bien de su posible solución. Se trata de los experimentos que analizan la provisión voluntaria de bienes públicos.

Bienes públicos

Será necesario primero aclarar qué significa para la economía un “bien público”. Para el derecho es un bien o servicio que provee el estado, pero para la economía es uno que tiene tales características que no sería provisto voluntariamente, por el mercado, y “debería” entonces ser provisto por el estado. La razón del fracaso de la acción voluntaria seria que por las características del bien no se puede excluir de su uso a quienes no pagan. El típico caso tratado en la teoría económica es el de un faro donde, por un lado, no se puede excluir a un barco que no pague de guiarse por su luz, y al mismo tiempo tampoco sería eficiente ya que la misma luz puede ser vista por todos (no hay “rivalidad en el consumo”, el consumo de uno no reduce el consumo que otro pueda hacer).

En este caso, la pandemia sería un “mal público” y su combate un “bien público” que no podría proveerse voluntariamente, de allí que sean los estados quienes impongan su poder de coerción, que nos “obliguen” a cooperar. Es decir, predomina nuestro instinto no-cooperativo y debemos ser forzados a hacerlo. Hobbes tenía razón.

No obstante, las investigaciones en experimentos sobre la provisión voluntaria de bienes públicos muestran una situación diferente. A través de ciertos mecanismos sociales la cooperación voluntaria no solamente es posible, sino que se sostiene en el tiempo a pesar de la existencia de depredadores. La noticia nos muestra que unos de estos robaron un camión con barbijos, pero no nos muestran que la abrumadora mayoría coopera voluntariamente aislándose durante la cuarentena. Ésta puede haber sido decretada por el gobierno pero su cumplimiento es esencialmente voluntario, el estado no tendría la capacidad de controlar a los más de 40 millones de argentinos para que no tengan contacto entre sí.

Cooperación

La economía experimental ha analizado las conductas ante dilemas de bienes públicos y muestra que, en general, un 55% de nosotros somos cooperadores condicionales, un 10% son altruistas, un 23% son “free riders” no cooperadores y un 12% fluctúa entre estos distintos grupos. El altruista es aquél que coopera siempre, el free rider se aprovecha siempre, y el cooperador condicional es aquél que coopera si el otro o los demás cooperan.

La teoría muestra también que un mundo de altruistas no tendría futuro ya que sería invadido por los depredadores. Uno de cooperadores condicionales se sostiene, porque éstos castigan a los depredadores, ya sea no interactuando con ellos. La sanción “social” al no cooperador es entonces de fundamental importancia para sostener la cooperación.

Pero castigar al no cooperador puede ser costoso. Uno camina por la calle y recrimina a quien no levanta lo que su perro deja y tal vez reciba una mala reacción como respuesta, mejor que lo haga otro. Y si nadie sanciona esas conductas, entonces los no cooperadores persisten.

Las sociedades más prósperas son también aquellas donde la mayor parte de las normas las imponen las mismas personas. Es cuando uno tira un papel en la calle y viene alguien a decirle que eso no se hace, que hay cestos para la basura.

Lo mismo con el aislamiento preventivo ante la pandemia, el control social puede imponer la cooperación, pero si predomina el castigo a los que castigan esto fracasa.

Estamos entonces ante una gran oportunidad para aprender una fundamental lección. Si somos capaces nosotros mismos de imponer los controles necesarios para combatir el corona virus, entonces aprenderemos los beneficios de la cooperación voluntaria y descubriremos cuántos otros “bienes públicos” podemos proveer en forma cooperativa y voluntaria.

Incluso estas soluciones pueden no ser tan draconianas y costosas como las que el estado impone. Con aislar a nuestros mayores, mantener la distancia social y otras medidas podríamos tal vez también mantener en funcionamiento al proceso productivo antes de que llegue el momento en que nos preocupe mucho más la escasez de bienes y servicios que la extensión del virus.

Y cuando esto pase, como pasó la fiebre amarilla en 1871 gracias a la cooperación voluntaria de los vecinos de Buenos Aires, veremos si somos capaces de ser una sociedad de cooperadores condicionales o somos zombies.

Biólogos, geólogos y matemáticos sobre el cambio climático y la provisión voluntaria de bienes públicos

Este paper me llamó la atención por dos cosas. Una es por el tema y el enfoque que presenta en relación a cuestiones que son muy calientes hoy en día, precisamente el del calentamiento global entre otros. Y luego como un concepto claramente económico como el de bien público aparece en trabajos de académicos de otras disciplinas. En este caso el paper se titula:

Coalition-structured governance improves cooperation to provide public goods y los autores son Vítor V. Vasconcelos1,2,3*, Phillip M. Hannam4,5*, Simon A. Levin1,6,7, and Jorge M. Pacheco8,2,9

Y éstas son las instituciones a las que pertenecen:

1 Department of Ecology and Evolutionary Biology, Princeton University, Princeton NJ, USA

2 ATP-group, P-2744-016 Porto Salvo, Portugal

3 INESC-ID and Instituto Superior Técnico, Universidade de Lisboa, IST-Taguspark, Porto Salvo, Portugal

4 Science, Technology & Environmental Policy Program, Woodrow Wilson School of Public and International Affairs, Princeton University, Princeton NJ, USA

5 School of Geography, University of Leeds, Leeds, UK

6 Resources for the Future, Washington DC, USA

7 Beijer Institute of Ecological Economics, Stockholm, Sweden

8 Centro de Biologia Molecular e Ambiental, Universidade do Minho, Braga, Portugal

9 Departamento de Matemática e Aplicações, Universidade do Minho, Braga, Portugal

 

No hay nadie de un departamento de Economía. Bueno, muy bien. Nada mejor que la interdisciplinariedad. Éste es el resumen:

“Si bien los beneficios de los bienes comunes y públicos son compartidos, tienden a ser escasos cuando las contribuciones son proporcionadas voluntariamente. La falta de cooperación en la provisión o preservación de estos bienes es fundamental para los desafíos de sostenibilidad, que van desde la pesca local hasta el cambio climático global.

En el mundo real, tales dilemas cooperativos ocurren en múltiples interacciones con intereses estratégicos complejos y frecuentemente sin información completa. Argumentamos que la cooperación voluntaria habilitada a través de múltiples coaliciones (similar a la policéntrica) no solo facilita una mayor generación de bienes públicos no excluibles, sino que también puede permitir la evolución hacia un enfoque de gobernanza más cooperativo, estable e inclusivo.

Al contrario de cualquier estudio previo, mostramos que estos méritos de la gobernanza de múltiples coaliciones son mucho más generales que los ejemplos singulares que se presentan en la literatura, y son robustos en diversas condiciones de exclusibilidad, congelabilidad del bien público no excluible y formas arbitrarias. de la función de retorno a la contribución. Primero confirmamos la intuición de que una coalición única sin cumplimiento y con jugadores que persiguen su propio interés sin conocimiento de los retornos a la contribución es propensa al fracaso cooperativo. A continuación, demostramos que el mismo modelo pesimista pero con una estructura de gobernanza de múltiples coaliciones experimenta una cooperación relativamente mayor al permitir el reconocimiento de ganancias marginales de cooperación en el juego en juego. En ausencia de aplicación, los regímenes de bienes públicos que evolucionan a través de la proliferación de foros cooperativos voluntarios pueden mantener e incrementar la cooperación con más éxito que los regímenes singulares e inclusivos.”

Cooperación social en la provisión voluntaria de bienes públicos: es mayor cuando los grupos son homogéneos

La cooperación social se ha vuelto un dilema para la economía neoclásica, ejemplificado en el famoso juego del Dilema del Prisionero. Si las personas persiguen su propio interés, ¿porqué estarían dispuestos a contribuir a la provisión voluntaria de un bien público si pudieran ser free riders? Claro, si todos, o muchos, actúan como free riders el mercado fracasa en proveer ese bien…, y el Estado debe hacerlo.

Sin embargo, los experimentos han mostrado que hay distinto tipo de conductas, y que la mayoría son cooperadores condicionales, es decir, que lo hacen si los demás también. Y son una mayoría. Esto permite sostener la cooperación y la provisión voluntaria de bienes públicos. Pero en un juego finito, hacia el final los cooperadores reducen su aporte ante la presencia de free riders.

Ahora bien, si los grupos se forman homogéneamente, es decir, con miembros de una misma categoría, entonces la cooperación es mayor y se sostiene. Es el resultado de un experimento que se presenta en un paper de Gilles Grandjean, de la Universidad de Bruselas, Mathiew Lefebre, de la Universidad de Estrasbugo y Marco Mantovani de la Universidad de Milan, titulado “Preferences and strategic behavior in public goods games”:

Gilles, Grandjean & Mathieu, Lefebvre & Marco, Mantovani, 2018. «Preferences and strategic behavior in public goods games,» Working Papers 395, University of Milano-Bicocca, Department of Economics, revised 19 Dec 2018.

 

“Analizamos el comportamiento experimental en un juego de bienes públicos finitamente repetido. Uno de los principales resultados de la literatura es que las contribuciones son inicialmente altas y disminuyen gradualmente con el tiempo. Se han desarrollado dos explicaciones de este patrón: (i) la población está compuesta por free riders, que nunca contribuyen, y cooperadores condicionales, que contribuyen si otros también lo hacen; (ii) los jugadores estratégicos contribuyen a mantener una cooperación futura mutuamente beneficiosa, pero reducen sus contribuciones a medida que se acerca el final del juego. Este documento contribuye a cerrar la brecha entre estas opiniones. Analizamos las preferencias y la capacidad estratégica en un diseño manipulando la composición del grupo para formar grupos homogéneos en ambas dimensiones. Nuestros resultados destacan la interacción entre los dos: los grupos que mantienen altos niveles de cooperación están compuestos por miembros que comparten una inclinación común hacia la cooperación y tienen las habilidades estratégicas para reconocer y cosechar los beneficios de una cooperación duradera.”

 

Personalmente, creo que  la idea es aún más fuerte cuando la formación de los grupos no es exógena, como en este caso en que los forman los experimentadores. En realidad, los grupos se forman casi siempre voluntariamente.

Sobre free riders y colados

En un libro que causara alto impacto en la ciencia económica, “La lógica de la acción colectiva”, Mancur Olson criticó el supuesto de muchos autores en ciencias políticas, acerca de que los individuos actúan en forma consistente con los intereses del grupo al que pertenecen. En ausencia de incentivos externos, como sanciones o recompensas, el individuo buscaría su propio interés buscando no contribuir a la producción de bienes o servicios que benefician al conjunto, es decir serían “free riders” o diríamos por aquí “colados” de los esfuerzos de otros.
Por ejemplo, si nos pidieran que voluntariamente aportáramos fondos para cubrir el gasto público a cada uno de nosotros nos convendría aprovechar ese gasto pero no aportar a él, pensando que otros lo harán. De esta forma, si los otros actúan igual ese gasto no puede financiarse, por eso los impuestos son compulsivos. No obstante, esa actitud individual de frío cálculo maximizador parece no tener en cuenta todas las facetas de los individuos. Por ejemplo, ¿qué pasa con el individuo kantiano que considera un deber cumplir con su parte?
Es lo que plantea Dan Kahan (2002 “The logic of Reciprocity: Trust, Collective Action, and Law”, Yale Law School John M. Olin Center for Studies in Law, Economics, and Public Policy Working Paper Series, paper 281), quien cuestiona a Olson planteando que los individuos adoptan una posición “recíproca” más que “maximizadora”. Es decir, que cuando ven a otros actuando en forma cooperativa y movilizados por sus propios valores, están dispuestos a contribuir a la provisión de “bienes públicos” aún sin la existencia de recompensas o sanciones. En contraste, cuando ven a otros actuando como “colados” o tomando ventaja entonces el resentimiento gana y retiran su cooperación. Incluso sostiene que los incentivos y las sanciones pueden debilitar la confianza necesaria para resolver estos problemas de acción colectiva porque la existencia o el incremento de las recompensas y los castigos sería una señal de que otros no están cumpliendo con su parte, debilitando su motivación a cooperar.
Esto llama la atención a un punto débil de la así llamada “teoría del fracaso del mercado”, pues ésta sostiene que como no se puede confiar en que los individuos aporten voluntariamente para la provisión de bienes públicos, entonces los tiene que tomar en sus manos el Estado y financiarlos con impuestos. Sin embargo, la llamada “economía institucional” muestra que la sociedad desarrolla instituciones o arreglos contractuales que permiten solucionar problemas de provisión de bienes públicos en forma voluntaria.
Entre otras soluciones encontramos las sanciones de los pares a quienes actúan como “colados”, las normas culturales y, dentro de ellas, los valores morales que Kahan señala. Señala también varios casos particulares: ciertas investigaciones empíricas han mostrado que la gente está más dispuesta a contribuir a la caridad cuando ve a otros haciendo lo mismo, o se abstiene de arrojar basura en la vía pública, o espera su turno en la fila cuando los demás también lo hacen. Las empresas que han aumentado sueldos por encima del mercado han visto que los trabajadores responden trabajando más.
Su conclusión es que debería promoverse la confianza, más que las sanciones o recompensas e incluso sugiere que la autoridad impositiva debería hacer más énfasis en mostrar como una mayoría cumple con el pago de sus impuestos que en amenazar a los que no lo hacen.
Pero al margen de sus conclusiones específicas, lo interesante de su trabajo es la atención puesta en otras dimensiones de la acción humana que permiten resolver problemas de acción colectiva en forma voluntaria ya que hasta el momento para la mayoría de los economistas la única respuesta era el Estado. Y conocemos los problemas que esa respuesta trae consigo.
Un número de casos históricos se han convertido ya en clásicos estudios sobre la cooperación en situaciones en las que parecería ser muy fácil actuar como “free rider” y no cooperar para obtener un beneficio inmediato. Los trabajos de Avner Greif (1989), “Reputation and Coalitions in Medieval Trade: Evidence on the Maghribi Traders”, Journal of Economic History, Nº 49 (December), pp. 857-882.; Greif, Avner (1992), “Institutions and International Trade: Lessons from the Commercial Revolution”, The American Economic Review, Vol, 82, Nº 2, Papers and Proceedings of the Hundred and Fourth Annual Meeting of the American Economic Association (May), pp. 128-133) analizan la relación entre los comerciantes magrebíes en la Edad Media y los de Milgrom, North y Weingast (1990), “The Role of Institutions in the Revival of Trade: The Law Merchant, Private Judges and the Champagne Fairs, Economics and Politics, Nº 2 (March), pp 1-23), el funcionamiento de la feria de Champagne en el mismo período. En el primer caso se trataba de comunidades comerciantes judías establecidas en el norte de África, musulmán, en el siglo XI. Estos descendientes de comerciantes judíos en Bagdad se habían trasladado a esta región en el siglo X. Repartidos por todo el Mediterráneo los Magrebíes se contrataban entre sí como agentes, recibían la mercadería en consignación, la vendían y luego liquidaban el resultado. Dadas las distancias y las comunicaciones de la época está claro que el control directo era imposible y los incentivos para engañar estarían siempre presentes. No obstante, todos rechazaban luego interactuar con un representante que hubiera cometido un engaño y el incentivo para hacerlo era el valor de las relaciones futuras con todos los miembros de la red. Champaigne Trade Fair

 

Esto permitía incluso que se cumplieran los compromisos en relaciones puntuales que no se irían a repetir entre dos comerciantes, pero el valor de las relaciones con los demás era un incentivo suficientemente fuerte. En el caso de las ferias de Champagne, se encontraban a comerciar allí personajes provenientes de muy distintos orígenes y los contratos a veces implicaban la entrega futura de bienes. Se creó entonces una corte judicial de la feria formada por los mismos comerciantes, la que, si bien no tenía jurisdicción como para castigar a un comerciante de otros reinos o feudos, llevaba un registro de las operaciones y de su cumplimiento permitiendo así la opción de “no jugar” con quien traicione alguna transacción .