Sobre el dinero malgastado y malversado a través del gasto público, nacional y de las provincias

Con los alumnos de la UBA Derecho vemos uno de los temas donde más se ha desviado la política argentina de los principios establecidos originalmente en la Constitución. Así explica Alberdi como eran éstos:

Alberdi

“El gasto público de la Confederación Argentina, según su Constitución, se compone de todo lo que cuesta el «constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad»; en una palabra, el gasto nacional argentino se compone de todo lo que cuesta el conservar su Constitución, y reducir a verdades de hecho los objetos que ha tenido en mira al sancionarse, como lo declara su preámbulo.

Todo dinero público gastado en otros objetos que no sean los que la Constitución señala como objetos de la asociación política argentina, es dinero malgastado y malversado. Para ellos se destina el Tesoro público, que los habitantes del país contribuyen a formar con el servicio de sus rentas privadas y sudor. Ellos son el límite de las cargas que la Constitución impone a los habitantes de la Nación en el interés de su provecho común y general.

Encerrado en ese límite el Tesoro nacional, como se ve, tiene un fin santo y supremo; y quien le distrae de él, comete un crimen, ya sea el gobierno cuando lo invierte mal, ya sea el ciudadano cuando roba o defrauda la contribución que le impone la ley del interés general. Hay cobardía, a más de latrocinio, en toda defraudación ejercida contra el Estado; ella es el egoísmo llevado hasta la bajeza, porque no es el Estado, en último caso, el que soporta el robo, sino. el amigo, el compatriota del defraudador, que tienen que cubrir con su bolsillo el déficit que deja la infidencia del defraudador.

Para mantener la Constitución y llevar a cabo los objetos de su instituto que hemos señalado más arriba, la misma Constitución instituye y funda el gobierno, cuyo costo se extiende y divide como los servicios de su cargo, y las necesidades públicas que deben satisfacerse con el Tesoro de la Confederación.

Según esto, los gastos se dividen primeramente en gastos nacionales y gastos de provincia.

Teniendo cada provincia su gobierno propio, revestido del poder no delegado por la Constitución al gobierno general, cada una tiene a su cargo el gasto de su gobierno local; cada una lo hace a expensas de su Tesoro de provincia, reservado justamente para ese destino. Según eso, en el gobierno argentino, por regla general, todo gasto es local o provincial; el gasto general, esencialmente excepcional y limitado, se contrae únicamente a los objetos y servicios declarados por la Constitución, como una delegación que las provincias hacen a la Confederación, o Estado general. Este sistema, que se diría entablado en utilidad de la Confederación, ha sido reclamado y defendido por cada una de las provincias que la forman. (Constitución argentina, parte 2a, título 2°, y pactos preexistentes invocados en su preámbulo.)

¿El efecto ‘positivo’ de los ataques terroristas? Ridículo, incluso desde el punto de vista económico

Estuvimos, en estos días, participando de un coloquio donde discutimos el llamado “debate del siglo”, entre Hayek y Keynes, sobre los ciclos económicos, y cómo se ha extendido el debate hasta nuestros días a través de una discusión entre economistas “austriacos” y keynesianos como Krugman y Stiglitz. Por supuesto que el nivel de las discusiones, muy buenas por cierto, fue teórico y académico. Pero esas distintas visiones teóricas no pueden sino generar posiciones sobre temas coyunturales que se basan en ellas.

Con el énfasis keynesiano en que el motor de la economía es el consumo y el gasto, no es de extrañar que nos encontremos con opiniones como la que presente el diario El Economista, de España: http://www.eleconomista.es/economia/noticias/7157367/11/15/Roubini-y-Krugman-creen-que-los-atentados-de-Paris-podrian-ser-buenos-para-la-economia.html

Uno podría aprovechar el sentimiento de horror que se ha apoderado en toda persona tolerante del mundo y vilipendiar estas posiciones. Por cierto, y si tratamos de verlas desde su lado más benévolo, está claro que ninguno de los dos autores favorece esos atentados, y que simplemente estarían diciendo que, dado que han ocurrido, las consecuencias serán un aumento del gasto, que consideran, en particular Krugman, como positivo.

“Krugman explica en su blog del New York Times, que los atentados pueden supondrán (¿?) un aumento del gasto público en Francia y quizá en otros países de la Unión Europea. El Nobel de Economía no ha dudado en asegurar en varias ocasiones que un supuesto ataque de extraterrestres a la tierra «sería una solución para que el mundo emprendiese una política de estímulos», y de este modo acabar con el estancamiento.”

Sería muy fácil ahora, denostarlos por señalar que puede haber un efecto positivo de tanto horror, pero no es lo que quiero tratar aquí, sino su fundamento económico. La idea es tan vieja como errónea. El economista francés del siglo XIX Frederic Bastiat caricaturizó esta visión en su famoso artículo sobre la ventana rota, donde argumenta en forma satírica todos los beneficios que se generan a partir de que unos niños rompan el vidrio de una ventana (trabajo para el vidriero, etc.). Esto fue varias décadas antes que Keynes aconsejara a los gobiernos enviar a la gente a cavar pozos y enterrar botellas para luego desenterrarlas.

Su respuesta ha sido contundente: eso no agrega nada, es más resta un vidrio que prestaba un buen servicio. Lo que tiene que gastar ahora el dueño de casa en cambiar el vidrio es dinero que no gastará en otra cosa, con lo que lo único que ha ocurrido es un desvío del gasto. O puede ser que para hacerlo reduzca sus ahorros, con lo que se reducirá el consumo futuro y/o la inversión presente, frenando el progreso económico.

Bastiat tiene otra referencia a este tema, vista ahora desde otro lado: no ya los beneficios que generaría un daño ocasionado, sino los que resultarían de aprovechar un beneficio inesperado. Así, por ejemplo, cuenta que estaban Robinson Crusoe y Viernes en la isla desierta, trabajando, y de pronto Viernes ve que llega un excelente tronco a la playa, que podría ser utilizado en lo que estaban haciendo. Crusoe ordena a Viernes no tocarlo, señalándole lo perjudicial que podría ser eso ya que estaría destruyendo el trabajo que ellos mismos van a tener que realizar para llegar a tener una viga de la misma calidad. Ridículo, ¿verdad?

Los juristas suelen creer que el dinero es una función indelegable del estado: ¿de dónde salió eso?

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. ¿De dónde salió eso? El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

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LA MÍSTICA DE LA MONEDA DE CURSO LEGAL

“El primer error de concepto es el que concierne a lo que se denomina «curso legal». Para nuestro propósito, no es muy importante, pero sirve generalmente para explicar o justificar el monopolio gubernamental de emisión de moneda. Ante nuestra propuesta, la primera atónita réplica es: «Pero ¡tiene que haber una moneda de curso legal!», como si esta idea justificara la necesidad de una única moneda gubernamental indispensable para la negociación diaria.

En sentido jurídico estricto, moneda de curso legal significa un tipo de moneda que un acreedor no puede rechazar como pago de una deuda, haya sido ésta contraída o no en dinero emitido por los poderes públicos. Aún así, es significativo que el término no tenga ninguna definición autorizada en el derecho estatutario inglés. En otros países indica simplemente el medio con el que puede saldarse una deuda, ya porque haya sido contraída en dinero gubernamental, ya porque un tribunal ordena el pago de esa forma. En la medida en que el poder público tiene el monopolio de la emisión de dinero y lo utiliza para establecer un solo tipo de dinero, debe tener también el poder de fijar los objetos con los que se pueden pagar las deudas expresadas en esta moneda. Ahora bien, ello no significa que todo el dinero deba ser de curso legal, ni tampoco que todos los objetos que la ley considera de curso legal tengan que ser necesariamente dinero. (En algunos casos, los tribunales han obligado a los acreedores a aceptar, como pago de sus deudas, bienes que difícilmente podrían calificarse de dinero; por ejemplo, el tabaco.)

La generación espontánea de dinero destruye la superstición

El término «curso legal» se ha rodeado en la imaginación popular de una penumbra de vagas ideas acerca de la necesidad de que el Estado suministre el dinero. Es la supervivencia de la idea medieval según la cual el Estado confiere de alguna forma al dinero un valor que de otra manera no tendría. Esto, a su vez, es cierto sólo en la medida en que el gobierno puede obligarnos a aceptar cualquier cosa que determine en lugar de la contratada; en este sentido, puede dar al sustituto el mismo valor para el deudor que el objeto original del contrato. Pero la superstición de que el gobierno (normalmente llamado «Estado» para que suene mejor) tiene que definir lo que es dinero, como si lo hubiera creado y éste no pudiera existir al margen de los poderes públicos, se originó en la ingenua creencia de que el dinero debió ser «inventado» por alguien y que un inventor original nos lo proporcionó. Esta creencia ha sido totalmente desplazada por el conocimiento de la generación de semejantes instituciones involuntarias a través de un proceso de evolución social del que el dinero es principal paradigma (siendo otros ejemplos destacados el derecho, el lenguaje y la moral). Cuando el renombrado profesor alemán Knapp resucitó, en este siglo, la doctrina medieval del valor impositus, se abrió el camino para una política que en 1923 condujo al marco alemán a un valor de 1 partido por 1.000.000.000.000.”

Justicia social o distributiva: ¿y si las llamadas ‘injusticias sociales’ no fueron causadas por alguien?

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), vemos a Hayek sobre filosofía moral y, en particular, sobre el concepto de justicia social. Algunos párrafos:

Hayek

“El uso de la expresión «justicia social» es relativamente reciente, pues parece que se remonta a hace un siglo, poco más o menos. Esta expresión se empleó de vez en cuando en tiempos más antiguos para designar los esfuerzos organizativos destinados a observar las reglas de recta conducta individual; en la actualidad se usa a veces en discusiones eruditas para valorar los efectos de las actuales instituciones de la sociedad, pero el sentido en que hoy suele emplearse, y al que constantemente se recurre en las discusiones públicas y que será analizado en el presente capítulo, es esencialmente el mismo en que durante mucho tiempo se empleó la expresión «justicia distributiva». Según parece, empezó a hacerse habitual en este sentido en el tiempo en que (y acaso en parte porque) John Stuart Mill trató explícitamente ambos términos como equivalentes en afirmaciones como:

la sociedad debería tratar igualmente bien a todos aquellos que lo han merecido igual-mente, es decir, aquellos que lo han merecido igualmente en absoluto. Este es el más alto grado abstracto de justicia social y distributiva, hacia el cual deberían hacerse converger lo más posible todas las instituciones y los esfuerzos de todos los ciudadanos virtuosos; se considera universalmente justo que toda persona obtenga (tanto en el bien, como en el mal) lo que merece; es injusto que tenga que obtener el bien o sufrir el mal quien no lo merece. Tal vez sea ésta la forma más clara y enfática en que puede concebirse la idea de justicia. Puesto que implica la idea de méritos morales, surge la pregunta sobre en qué consisten estos méritos.

Es significativo el hecho de que estas dos citas se encuentren en la descripción de uno de los cinco significados de justicia que Mill distingue, cuatro de los cuales se refieren a las normas de recta conducta individual, mientras que ésta define una situación fáctica que puede pero que no necesita haber sido causada por una decisión humana racional. Parece, pues, que Mill no se percató de la circunstancia de que con este significado se refiere a situaciones completamente distintas de aquellas a las que se aplican los otros cuatro sentidos, o de que esta concepción de «justicia social» lleva directamente a un socialismo en plena regla.

Tales afirmaciones, que asocian explícitamente «justicia social y distributiva» al «tratamiento» de los individuos por parte de la sociedad según sus ritos morales, demuestran claramente la diferencia con la simple justicia, y al mismo tiempo la causa de la vacuidad del concepto. La exigencia de «justicia social» se dirige no al individuo sino a la sociedad -pero la sociedad, en sentido estricto, es decir como distinta del aparato de gobierno- es incapaz de obrar por un fin específico, y la exigencia de «justicia social» se convierte por tanto en una exigencia dirigida a los miembros de la sociedad para que se organicen de tal modo que puedan asignar determinadas cuotas de la producción social a los diferentes individuos y grupos. La pregunta fundamental, pues, es la de si existe el deber moral de someterse a un poder que pueda coordinar los esfuerzos de los miembros de la sociedad en orden a obtener un modelo de distribución particular, considerado como justo.”

Una propuesta ‘algo extremista’ para los candidatos que quedaron, Macri y Scioli: No a Goebbels

Me encuentro a menudo con interlocutores, incluso en mi propia familia, que me dicen que no puedo ser tan ‘extremista’, que debo moderar mis posiciones, que debería estar feliz ahora que quienes están en el poder han sufrido una buena derrota.

Sí, claro, siempre es bueno que el poder sea derrotado, esa es la esencia de mi posición, digamos, ‘anarco capitalista’, un término que Cristina aborrece, al cual le adjudica todos los males del capitalismo de amigos que impera a nivel mundial, y que, seguramente, espantaría tanto a Macri como a Scioli.

Es verdad, esos locos, que plantean cosas utópicas.

Entiendo el punto. Además de Economía Austriaca enseño Public Choice, o el Análisis Económico de la Política, con lo que se claramente cuáles son las limitaciones de los votantes en cuanto a la información que manejan, y los incentivos que tienen tanto políticos como funcionarios del gobierno. No me extraña que se hagan campañas donde no se habla de nada en particular, ya que los votantes tampoco quieren escuchar nada de eso. Es más, si lo escucharan saldrían espantados.

Si un candidato les dijera que hay que hacer un fenomenal ajuste porque el déficit fiscal alcanza ya el 8% del PIB, o que el balance del Banco Central muestra que está quebrado, seguro que no lo votarían. Y como los votantes no quieren cambios bruscos, no quieren pagar las cuentas de varios años de descontrol, entonces no se les puede proponer un ajuste en el cual los costos de esas mismas decisiones caigan sobre quienes las votaron en su momento.

Tampoco podemos decirles claramente que las hayan votado porque, ¿qué votaron en 2011? ¿Acaso votaron en favor de la inflación y el déficit fiscal? Nadie tiene mayor idea de eso, ni de cómo se paga; en general votaron porque la economía entonces había salido de la crisis del 2008 y, bueno, el efecto viuda. No mucho más.

En esta oportunidad, los votantes no han elegido nada ‘revolucionario’. Así que  poco puedo esperar al respecto. Pero he aquí que voy a proponer algo que no tiene mayor costo político o económico y que, sin embargo, sería una decisión drástica y una clara señal hacia el futuro: eliminar toda publicidad estatal, terminar con las cadenas nacionales y cerrar TELAM, ese ‘ministerio de la verdad’.

Un gobierno nacional no necesita hacer publicidad, los medios están atentos para informar todos sus movimientos. Simplemente tiene que dar comunicados a la prensa o dar conferencias de prensa y listo, nos enteramos de las noticias por los medios. Además, las conferencias de prensa permiten que las preguntas de los periodistas indaguen sobre cosas que el gobierno tal vez no está tan interesado en informar.

De esta forma se reduce el presupuesto, algo que hay que hacer de todas formas y, además, se deja de financiar con el dinero de todos a amigos y socios del gobierno.

Que el gobierno tenga una agencia de noticias es como aceptar que Goebbels tenía razón aunque era un poco violento. ¿Quién podría estar en contra? ¿No está acaso comprobado en la historia de ese organismo y, en particular, durante los últimos años, que una agencia de ese tipo es nada más que el instrumento de propaganda de quienquiera que esté en el gobierno? ¿Qué van a hacer Scioli o Macri con ella? ¿Van a cambiarla para que haga propaganda sobre sus respectivos gobiernos? ¿Van a pretender que puede existir tal cosa como una agencia gubernamental de noticias que sea ‘neutra’? Sí, ya sé, el ejemplo de la BBC es lindo, pero prefiero ver el canal de la BBC en el cable que 6, 7, 8.

¿Cuál es la justificación de su existencia? ¿Acaso el mercado no provee noticias suficientes? Tenemos medios de todo tipo y ahora tenemos Internet, podemos leer las noticas según la “corpo” o podemos leer el New York Times o El País o los medios financiados por el estado.

Es cierto, nadie quiere cambios bruscos; que todo sea despacio, que no nos duela, que seamos moderados. Pero, tal vez, pueden jugarse en una sola que no duele: basta de publicidad estatal y cierren la agencia de Goebbels.

Argentina 2015: ‘Après nous le déluge’ o como dijo Keynes, ‘en el largo plazo estamos todos muertos’

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos con los alumnos de la UBA en Derecho. Su cuarta conferencia se tituló, precisamente “Inflación”. Mises comenta:

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“Una de las mayores inflaciones en la historia ocurrió en el Reich Alemán después de la Primera Guerra Mundial. La inflación no fue tan importante durante la guerra; fue la inflación después de la guerra lo que provocó la catástrofe. El gobierno no dijo: ‘Estamos avanzando hacia la inflación’ El gobierno simplemente tomó dinero prestado, muy indirectamente, del banco central.

El  gobierno no tenía que preguntar cómo el banco central encontraría y entregaría el dinero. El banco central simplemente lo imprimió. En la actualidad las técnicas para realizar la inflación se complican por el hecho que existe el dinero de chequera. Supone otras técnicas, pero el resultado es el mismo. De un plumazo el gobierno crea dinero por decreto (fiat money), aumentando así la cantidad de dinero y crédito. Simplemente el gobierno emite una orden, y el dinero por decreto aparece.

Al gobierno no le preocupa, al principio, que algunas personas pierdan, no le preocupa que los  precios se vayan para arriba. Los legisladores dicen: ‘¡Este es un sistema maravilloso!’ Pero este sistema maravilloso tiene una debilidad fundamental: no puede durar. Si la inflación pudiera seguir eternamente, no tendría sentido indicar a los gobiernos que no deben inflar la cantidad de dinero. Pero la verdad sobre la inflación es que, tarde o temprano, debe terminar. Es una política que no puede durar.

En el largo plazo la inflación termina destruyendo la moneda; se llega a una catástrofe, a una situación como la Alemania en 1923. El 1º de Agosto de 1914 el valor del dólar era de cuatro marcos y veinte pfennings. Nueve años y tres meses más tarde, en Noviembre de 1923, el valor del dólar era 4,2 trillones de marcos. En otras palabras, el marco no valía nada, nunca más tuvo algún valor.

Hace algunos años, un famoso autor, John Maynard Keynes, escribió: ‘En el largo plazo, estamos todos muertos’ Tengo el pesar de decirles que esto ciertamente es verdad. Pero la pregunta es ¿cuán corto o largo será el corto plazo? En el Siglo XVIII existió una famosa dama, Madame de Pompadour, a quien se le atribuye el dicho: ‘Après nous le déluge’  (‘Después de nosotros el diluvio’) Madame de Pompadour tuvo la suerte de morirse en el corto plazo. Pero su sucesora en el puesto, Madame du Barry, sobrevivió el corto plazo y fue guillotinada en el largo plazo. Para mucha gente el ‘largo plazo’ rápidamente se convierte en el ‘corto plazo’ – y el mayor tiempo que continúe la inflación, más rápido se cumplirá el ‘corto plazo’.

¿Cuánto puede durar el ‘corto plazo’? ¿Durante cuánto tiempo puede un banco central continuar con la inflación? Probablemente todo el tiempo que la gente continúe convencida que el gobierno, tarde o temprano, pero ciertamente no demasiado tarde, dejará de imprimir dinero y de ese modo detendrá la reducción del valor de la unidad de moneda.

Cuando la gente no crea más en ello, cuando se den cuenta que el gobierno seguirá y seguirá sin intención alguna de detenerse, entonces comenzarán a entender que mañana los precios serán más altos que hoy. Entonces comenzarán a comprar a cualquier precio, haciendo que los precios suban a tales alturas que el sistema monetario se destroza.”

Mises a Kiciloff: nunca hubo un argumento serio contra la relación entre precios y cantidad de moneda

Argentina, o Venezuela, han vuelto al conocimiento y la comprensión que se tenía hace unos sesenta años en cuanto a la inflación se refiere. En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos con los alumnos de la UBA en Derecho. Su cuarta conferencia se tituló, precisamente “Inflación”. Mises comenta:

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“Si la provisión de caviar fuera tan abundante como la provisión de papas, el precio del caviar – esto es el tipo de intercambio entre el caviar y el dinero o entre el caviar y otros productos – cambiaría considerablemente. En este caso se podría obtener caviar a un sacrificio menor que el que se requiere actualmente. De la misma manera, si se incrementa la cantidad de dinero, el poder de compra de la unidad monetaria se reduce, y la cantidad de bienes que puede obtenerse por una unidad de esa moneda también se reduce.

Cuando, en el Siglo XVI, los depósitos de oro y plata en América fueron descubiertos y explotados, enormes cantidades de los metales preciosos fueron transportadas a Europa. El resultado de este incremento en la cantidad de dinero fue una tendencia general a un movimiento hacia arriba de los precios en Europa. De la misma manera, en la actualidad, cuando un gobierno incrementa la cantidad de papel moneda, el resultado es que el poder de compra de la unidad de moneda comienza a caer, y los precios a subir. Esto es denominado inflación. Desgraciadamente, en los EEUU, como así también en otros países, la gente prefiere atribuir la causa de la inflación no al incremento de la cantidad de moneda sino, más bien, al incremento de los precios.

Sin embargo, nunca ha habido algún argumento serio contra la interpretación económica de la relación entre los precios y la cantidad de moneda, o el tipo de intercambio entre el dinero y otros bienes, productos y servicios. Bajo las actuales condiciones tecnológicas, nada hay más fácil que producir pedazos de papel sobre los cuales se imprimen ciertas cantidades monetarias. En los EEUU, donde todos los billetes son del mismo tamaño, no le cuesta más al gobierno imprimir un billete de mil dólares que imprimir un billete de un dólar. Se trata meramente de un procedimiento de impresión que requiere la misma cantidad de papel y tinta.

En el Siglo XVIII, cuando se hicieron los primeros intentos de emitir billetes de banco y de otorgar a estos billetes de banco la característica de curso legal – esto es, el derecho de ser aceptados en las transacciones de intercambio de la misma manera en que eran aceptadas las piezas de oro y de plata – los gobiernos y las naciones creyeron que los banqueros tenían algún conocimiento secreto que les permitía – de la nada – producir riqueza. Cuando los gobiernos del Siglo XVIII se  encontraban en dificultades financieras, pensaban que lo único que necesitaban era un banquero inteligente a la cabeza de su administración financiera para deshacerse de las dificultades.

Algunos años antes de la Revolución Francesa, cuando la realeza de Francia estaba en problemas financieros, buscó un banquero así de inteligente y lo designó en una alta posición. Este hombre era, en todos los aspectos, lo opuesto de la gente que, hasta ese momento, había gobernado Francia. Primero que todo, no era un francés, era un extranjero – un suizo de Ginebra – Jacques Necker. Segundo, no era un miembro de la aristocracia, era un hombre del común. Y lo que era aún más importante en la Francia del Siglo XVIII, no era católico, era protestante. Y así, Monsieur Necker, el padre de la famosa Madame de Staël, se convirtió en el Ministro de Finanzas, y todos esperaban que él resolviera los problemas financieros de Francia. Pero a pesar del altísimo grado de confianza que disfrutaba Monsieur Necker, el tesoro real permanecía vacío; el mayor error de Monsieur Necker había sido su intento de financiar la ayuda a los colonos Norte Americanos en su guerra de independencia contra Inglaterra, sin aumentar los impuestos. Este era ciertamente el camino equivocado para acometer la solución de las dificultades financieras de Francia.”

Un análisis económico ‘austriaco’ de la burocracia: resultado inevitable del intervencionismo

Siempre es un gran placer observar a un alumno que despega en su camino intelectual y comienza a recorrerlo por sus propios medios. Por eso lo es también leer, con los alumnos de la materia Public Choice, el trabajo de Edgar Duarte: “Un análisis ‘austriaco’ de la burocracia”. Aquí van algunos párrafos:

“Es conocido que los teóricos de la Escuela de la elección pública (Public Choice School), también denominada Escuela de Virginia, centran su programa de investigación en un aspecto de la vida social que había sido descuidado por otros teóricos de la economía, a saber, el comportamiento individual en la toma de decisiones colectivas, es decir en el ámbito público. Es así que analizan el comportamiento de gobernantes y representantes, políticos, electores, grupos de presión y burócratas, utilizando para ello las herramientas que provee la economía.

“Hay que señalar que antes que Mises, Max Weber realizó un análisis de la burocracia, si bien no estrictamente económico sino sociológico, lo cual consta en su obra Economy and Society. Debido a la influencia que tuvo el propio Weber sobre Mises, no es de extrañar que años más tarde este también haya realizado su análisis sobre el tema.

El libro Bureaucracy (Burocracia) de Ludwig von Mises. Fue el segundo que el autor escribió en inglés, luego de su llegada a Estados Unidos. A Mises se le atribuye ser uno de los primeros estudiosos en abordar el tema de la burocracia desde una perspectiva económica.

En él, Mises dice que la expansión de la burocracia es la consecuencia de una mentalidad que requiere que la intervención del Estado entre a más y más ámbitos de la vida privada. La administración pública, es decir, el gobierno o Estado (que no es otra cosa que aparato de coerción y compulsión) debe ser necesariamente burocrático y no hay reforma que sea capaz de cambiar esto. Al carecer las dependencias públicas de un estado de pérdidas y ganancias que les indique si han tenido éxito o no en satisfacer las necesidades de los consumidores, no tienen tampoco el incentivo que tienen las empresas con ánimo de lucro.

También señala que no tiene ningún caso criticar la observancia de estrictas reglas y reglamentos por parte de los burócratas debido a que aquellas son la única alternativa a las señales de mercado puesto que sin ellas el control se saldría de manos de las altas autoridades y a caería en manos de los subordinados y, lo que es más, estas reglas son el único medio para controlar la conducta de asuntos públicos y para proteger a los ciudadanos de la arbitrariedad de los funcionarios públicos.”

Y más adelante:

“Por las razones citadas anteriormente, los austriacos han cuestionado la premisa de omnisciencia en su análisis del gobierno. Aunque los burócratas tuvieran las mejores intenciones y su único motivo último fuera el bien común aun así carecerían de guía para utilizar los recursos públicos de la mejor manera posible.

La tendencia al crecimiento en el gasto público y en el número de burócratas sería, bajo este enfoque, una consecuencia no intencionada de la actuación burocrática: al carecer de un beneficio empresarial, no hay forma de saber que aumentar el gasto público no se justifica con los beneficios adicionales.

Lo que es más, debido a que cada medida de intervención en el ámbito privado de las personas, tiene consecuencias no deseadas que no fueron previstas, una medida de intervención implica otra medida de intervención para tratar de arreglar los problemas provocados por aquella. Esto se repite indefinidamente hasta que toda la economía se encuentre intervenida.”

La aerolínea norcoreana obtiene mejores calificaciones de los clientes que Aerolíneas Argentinas

Con el título “Aplazo en las alturas”, el diario La Nación trae un artículo con el subtítulo “La línea aérea norcoreana, cero en servicios”, señalando que Air Koryo es la única línea aérea que obtuvo una sola estrella (máximo cinco) en el ranking de la consultora británica SkyTrax: http://www.lanacion.com.ar/1824488-aplazo-en-las-alturas-la-linea-aerea-norcoreana-cero-en-servicios

Dice el artículo: Si un pasajero de Air Koryo ignora la prohibición de sacar fotos en el avión, la azafata podría agarrar la cámara y borrar allí mismo las imágenes. Y hacer un bollo con el diario donde aparece una foto del líder norcoreano, Kim Jong-un, puede merecer una severa reprimenda, o algo peor. Ésas son algunas de las extravagancias que tal vez ayuden a entender por qué la aerolínea de Corea del Norte se ganó la peculiar distinción de haber sido calificada como la peor aerolínea del mundo durante cuatro años consecutivos.”

Aunque ha comprado algunos aviones nuevos hace pocos años y el agente de ventas en Beijing dice que no es tan mala…: “A bordo del avión, las opciones de entretenimiento suelen limitarse a las odas patrióticas al líder cantadas por la popular banda de chicas Moranbong y a los dibujitos animados norcoreanos, proyectados sobre pantallas enrollables adosadas al techo de la cabina. Durante el viaje de menos de dos horas desde Pekín, sirven una suerte de almuerzo que recuerda lejanamente a una hamburguesa.”

Vale la pena señalar que Aerolíneas Argentinas obtiene tres estrellas, como muchas otras, y algunas pocas obtienen cuatro y cinco: http://www.airlinequality.com/ratings/a-z-airline-rating/

Pero si vamos a ver los “Customers Reviews” de la misma consultora, es decir, no ya la opinión de sus expertos sino lo que dicen los pasajeros, la aerolínea norcoreana obtiene 6/10 (41 opiniones) mientras que la aerolínea estatal argentina obtiene 4/10 (345 opiniones).

Algunas de esas opiniones:

«never fly with them again» Review by M Poblete (Chile) 2nd September 2015

Our Aerolineas Argentinas flight Cordoba-Buenos Aires was canceled during our check in for the first leg in Rosario, the “compensation” was to travel in a cramped taxi with no luggage space, had to carry bags on our laps for 5 hours, to Buenos Aires. We have had no reply to refund request, by what others said, this seems to be usual with Aerolineas Argentinas. Will never fly with them again.”

Tal vez sea un chileno que se quiere quedar con la Patagonia. Veamos alguna otra:

“Review by A Blanco (United States) 11th May 2015

I was very disappointed with Aerolineas Argentinas. The seats are very uncomfortable they do not have enough space between them vertically. My husband is 6 feet tall and his legs were touching the front seat he had no space to move them. I am 5’5 and was also uncomfortable. It was a long flight almost 9 hours and the TV screens did not function properly. Mine had no image whatsoever. My husband’s screen had image but no sound. No entertainment at all for almost 9 hours is ridiculous. We had to take a second flight from Buenos Aires to Bahia Blanca and the flight was delayed 2 hours. On our return from Buenos Aires to Miami the flight was also delayed this time for 1 hour. Even tough the prices of Aerolineas Argentinas are lower I would never use it again or recommended to anybody. I have taken the same flight route with American Airlines and LAN and they are much better. Next time I rather pay more for the tickets and have a more pleasant and comfortable flight.”

Hay otras, algunas mejores: http://www.airlinequality.com/airline-reviews/aerolineas-argentinas/

En definitiva, qué nos importan los clientes, la aerolínea es nuestra, el orgullo nacional es más importante….

¿Cómo medir el peso de las regulaciones en la economía? ¿Su cantidad? Una sola puede destruirla

¿Cómo medir el peso de las regulaciones en la economía? No es un tema sencillo ya que podríamos estar tomando en cuenta su cantidad, aunque también es necesario tomar en cuenta sus contenidos: el ‘cepo cambiario’ en Argentina fue implementado con unas pocas normas, pero sus daños son monumentales. La revista “Regulation” del Cato Institute trae un interesante artículo de Pierre Lemieux titulado “A Slow Motion Collapse: Why hasn’t regulation crashed the American Economy?: http://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/regulation/2014/12/regulation-v37n4-3.pdf

“…necesitamos primero alguna forma de medir las regulaciones. Es una tarea difícil. Los intentos comunes se concentran en índices construidos con indicadores sobre la presencia de cierto tipo de regulaciones. El índice de regulaciones laborales y sobre productos de la OCDE es un ejemplo. Pero estas mediciones sufren muchas limitaciones. Hay que elegir participaciones arbitrarias para los distintos componentes de un índice compuesto. Alguno cubren solamente un corto período de tiempo o un limitado número de industrias….

Un enfoque diferente para cuantificar las regulaciones es el trabajo de Melinda Warren y sus co-autores quienes miden la regulación a través de los presupuestos y la cantidad de personal de las agencias reguladoras. Esto estaría mostrando un gran incremento de las regulaciones entre 1960 y 2013. En esos 53 años, el presupuesto regulatorio se multiplicó 17  veces en dólares constantes, y el personal de las agencias se multiplicó por 5.

Otra forma de medirlas ha sido propuesta por John Dawson y John Seater, quienes argumentan que contando el número de páginas de regulaciones es una medida más abarcadora, aunque también incompleta. El número de páginas es probable que sea tenga una relación directa con la cantidad y complejidad de las regulaciones, como también de su potencial de cumplimiento: cuanto más detallada y libre de salvaguardias una regulación sea, más fácil será aplicarla.

Una defensa común de la necesidad de mayores regulaciones es que una economía creciente las requiere. El PBI real de los Estados Unidos también creció siete veces entre 1949 y 2005. Pero el Registro Federal no incorpora las regulaciones estaduales y locales. En su libro Regulation and Economic Performance, Brian Goff estimó que son un 150% de las federales.  Y no toma en cuenta las regulaciones locales.

La importancia del trabajo de Dawson & Seater reside en que no solamente mide las regulaciones, sino que en sus estimaciones econométricas, estiman el efecto de las regulaciones federales en el crecimiento económico. Utilizando lo que los economistas llaman ‘modelo de crecimiento endógeno’, estiman que las regulaciones federales desde 1949 han recortado el crecimiento anual del PIB en dos puntos porcentuales por año. Debido al efecto ‘compuesto’ anual esto se traduce en una pérdida de $39 billones en el PIB de 2011. Así como suena, Dawson & Seater dicen que si las regulaciones federales se hubieran mantenido como en 1949, el PIB del 2011 hubiera sido de $54 billones, no de $15 billones. Desde otra perspectiva, el norteamericano promedio (hombre, mujer, niño) tendría ahora $250.000 adicionales para gastar, lo que equivale a tres veces el PIB per cápita. ¿Si esto no es un colapso económico, qué lo es?

Los autores concluyen: ‘Encontramos que las regulaciones federales explican mucho de la intrigante reducción de la productividad en los años 1970s”.