El debate Hayek-Keynes: para Keynes el remedio del auge es una tasa de interés más baja, no una más alta

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico en Económicas de la UBA vemos el debate “Hayek-Keynes” sobre las crisis y el ciclo económico. Comenzamos con el capítulo 22 de la Teoría General de Keynes, titulado “Notas sobre el ciclo económico”. Aquí van algunos párrafos que explican la visión de Keynes y otros donde hace referencia a la discusión, aunque en ningún momento menciona con quién está discutiendo, pero se puede inferir con quién.

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“…encontraremos que las fluctuaciones en la propensión a consumir, en la curva de preferencia por la liquidez y en la eficacia marginal del capital han desempeñado su parte (en los ciclos). Pero sugiero que el carácter esencial del ciclo económico y, especialmente, la regularidad de la secuencia de tiempo y de la duración que justifica el que lo llamemos ciclo, se debe sobre todo a cómo fluctúa la eficacia marginal del capital.”

“Las últimas etapas del auge se caracterizan por las esperanzas optimistas respecto al rendimiento futuro de los bienes de capital, lo bastante fuertes para equilibrar su abundancia creciente y sus costos ascendentes de producción y, probablemente también, un alta en la tasa de interés. Es propio de los mercados de inversión organizaros que, cuando el desencanto se cierne sobre uno demasiado optimista y con demanda sobrecargada, se derrumben con fuerza violenta, y aún catastrófica bajo la influencia de compradores altamente ignorantes de lo que compran y de los especuladores, que están más interesados en las previsiones acerca del próximo desplazamiento de la opinión del mercado, que en una estimación razonable del futuro rendimiento de los bienes de capital.”….

“De este modo, con mercados organizados y sujetos a las influencias actuales, la estimación que hace el mercado de la eficacia marginal del capital puede sufrir fluctuaciones tan enormemente amplias que no quepa neutralizarlas lo bastante por fluctuaciones correspondientes en la tasa de interés. Además, como hemos visto antes, los movimientos consiguientes en el mercado de valores pueden deprimir la propensión a consumir precisamente cuando es más necesaria. Por tanto, en condiciones de laissez-faire, quizá sea improbable evitar las fluctuaciones amplias en la ocupación sin un cambio trascendental en la psicología de la inversión, cambio que no hay razón para esperar que ocurra. En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías de seguridad en manos de los particulares.”

Hasta allí, una muy breve exposición de su análisis y propuesta de solución. Ahora breves párrafos sobre el debate. Así comienza la sección inmediata al párrafo anterior:

“Puede parecer que el análisis precedente está de acuerdo con el punto de vista de quienes sostienen que la sobreinversión es la característica del auge, que el único remedio posible para la siguiente depresión es el evadirla, y que, si bien, por las razones dadas antes, ésta no puede impedirse por medio de una baja tasa de interés, el auge puede evitarse por otra alta. Ciertamente tiene fuerza el argumento de que una alta tasa de interés es mucho más efectiva contra un auge que otra baja contra una depresión.

Pero inferir estas conclusiones de lo anterior llevaría a una mala interpretación de mi análisis; y a mi modo de ver, supondría un error. Porque el término sobreinversión es ambiguo. Se puede referir a las inversiones que se destinan a desanimar las previsiones que las incitaron o para las cuales no hay lugar en circunstancias de intensa desocupación; o puede indicar un estado de cosas en el que cada clase de bienes de capital sea tan abundante que no haya inversión nueva que prometa aun en condiciones de ocupación plena, ganar en el curso de su duración más que su costo de reposición. Es solamente en el último estado de cosas donde hay sobreinversión, estrictamente hablando, en el sentido de que cualquier inversión posterior será sólo un puro desperdicio de recursos:….

…’El remedio del auge no es una tasa más alta de interés, sino una más baja!, porque ésta puede hacer que perdure el llamado auge. El remedio correcto para el ciclo económico no puede encontrarse en evitar los auges y conservarlos así en semi-depresiones permanentes sino en evitar las depresiones y conservarnos de este modo en un cuasi-auge continuo.”

“El auge que está destinado a terminar en depresión se produce, en consecuencia, por la combinación de dos cosas: una tasa de interés que, con previsiones correctas, sería demasiado alta para la ocupación plena, y una situación desacertada de previsiones que, mientras dura, impide que esta tasa sea un obstáculo real. El auge es una situación tal que el exceso de optimismo triunfa sobre una tasa de interés cuya altura excesiva se comprendería si se juzga con serenidad.”

Tasas de interés: ¿trampa de la liquidez o rigidez e intervencionismo en los precios de los factores?

Ahora que estamos en un período de discusión sobre la tasa de interés, tanto sea a nivel internacional, donde algunos bancos centrales promueven que sea cero o incluso negativa, como a nivel local, en relación a cuándo y cuánto deben bajar acompañando el descenso de la inflación, tal vez valga la pena recordar un viejo debate sobre el concepto mismo de interés y qué lo determina. Peter Boettke y Patrick Newman presentan un paper titulado “The Keynesian Liquidiy Trap: An Austrian Critique”, George Mason University, Department of Economics, Working Paper 15-52:

¿Cuáles son exactamente los pilares de la Revolución Keynesiana? Aparte de la teoría del desempleo en equilibrio, en la que Keynes sostuvo que podría haber un estado estático con desempleo involuntario aun con precios flexibles (p., ej, que recortes de salarios no reducirían el desempleo), lo más notable es la teoría de la preferencia por la liquidez y la idea relacionada de una trampa de la liquidez. Buscando rechazar la teoría clásica, Keynes explicó la tasa de interés como determinada por la oferta de dinero y la demanda de los individuos, también conocida como su preferencia por la liquidez. La demanda especulativa de dinero de las personas era una función decreciente de la tasa de interés. Keynes sostuvo que en algunos escenarios, más notablemente en depresiones, a una cierta tasa de interés la demanda de dinero sería infinitamente elástica y las fuerzas del mercado no serían confiables para bajar las tasas interés y estimular la inversión para sacar a la economía de la depresión.

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Esto es porque los individuos atesoran su dinero y no lo gastan en bonos debido a que creen que su precio va a bajar en el futuro (las tasas de interés van a subir). En esta situación, la política monetaria sería inefectiva para combatir las depresiones porque no puede reducir las tasas de interés y alentar la inversión, y el único remedio sería una política fiscal expansiva. La política monetaria estaría ‘empujando una cuerda’, pero una política fiscal agresiva podría estimular la demanda agregada. Esta situación es conocida como trampa de la liquidez, y constituye uno de los principales rasgos del Keynesianismo en contraste con el Monetarismo, que propugna una política monetaria expansiva durante una depresión. Aunque antes era considerada una posibilidad remota y muy poco probable, con la recesión de los 90s en Japón y la crisis financiera de 2008, algunos economistas (Krugman, 2009, 1999) han sostenido que es ahora empíricamente relevante. La trampa de la liquidez es un argumento poderoso, no solamente contra la idea que la política monetaria sea efectiva, sino también si las fuerzas del mercado pueden funcionar en una depresión, sin la ayuda del gobierno. ¿Cuán efectivo puede ser el mercado en reasignar recursos y promover la recuperación si los inversores atesoran su dinero y no lo gastan?

A nivel analítico, sostenemos que los reales oponentes de Keynes son los Austriacos, quienes forman parte de la escuela de pensamiento que más defiende la teoría de la auto-corrección de una economía de mercado. Como resultado de eso, los Austriacos ofrecen diferencias más profundas con los Keynesianos. Los Austriacos fueron unos de los más destacados críticos de Keynes y su visión económica, comenzando con Hayek (2008 [1931, 1932]) y todo el debate Keynes-Hayek.

Para Hayek, Mises y Rothbard, las políticas contracíclicas propuestas por los keynesianos, como también por los Monetaristas de Chicago, para combatir las recesiones son generalmente contraproducentes porque traban el proceso de reasignación de recursos que fueron mal invertidos durante el auge anterior. Sin embargo, ¿se aplica este argumento en situaciones donde hay una trampa de liquidez? ¿Puede el mercado, sin la ayuda del gobierno, funcionar de tal forma en esa situación?

Este trabajo sostiene que en tal escenario puede esperarse que el mercado funcione, si es que se lo deja funcionar. Este trabajo presenta críticas a la teoría de la trampa de la liquidez desde una perspectiva austriaca. Con ello, nos apoyamos principalmente en los autores austriacos clásicos, ya que los macroeconomistas modernos como Garrison (2006 [2001]) no discuten el concepto de trampa de liquidez en su análisis. Esto se debe a que la mayor parte de los economistas pensaba que la posibilidad empírica de una trampa de liquidez era muy pequeña, hasta ahora. Además, nos basamos en los autores clásicos para mostrar que la crítica austriaca a los modernos argumentos contra el sistema keynesiano no es nueva, sino que forma parte de la vieja y fundamental crítica realizada en el apogeo del keynesianismo, aunque no fuera considerada. Y las críticas realizadas entonces son tan relevantes ahora que esta teoría ha vuelto a ser popular como una herramienta explicativa y una guía de las políticas públicas.

El principal problema que encontraron estos autores es que la teoría keynesiana se concentra en la tasa de interés de los créditos, que es sólo subsidiaria de la tasa natural de interés, expresada en el spread de precios en la estructura de producción que es terminada por preferencias temporales, no por preferencias de liquidez. Como la tasa de interés de los créditos es un reflejo de la tasa natural una tasa de créditos en alza significa que el spread de precios de la economía va a aumentar (los precios de los factores de producción van a caer relativamente a los precios de los bienes que se producen), lo cual es un requisito para una recuperación basada en el mercado. Si se permite que esos precios bajen libremente y no son sostenidos por la intervención gubernamental, la trampa de la liquidez no es una amenaza real al mercado libre.

Solo cuando los precios son rígidos y la intervención gubernamental es general, el fenómeno de la ‘trampa de la liquidez’ y el atesoramiento de dinero darían como resultado una economía estancada.”

Hayek discute a Keynes: no se puede dirigir la estructura de la producción desde la demanda total

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II, UBA, Económicas, vemos a Hayek, donde discute con Keynes la esencia de su visión ‘macroeconómica’:

“Los pensamientos de Keynes contra el desarrollo de un análisis basado en el supuesto de pleno empleo no son totalmente injustificados. Sin embargo, su paso al otro extremo, utilizando una metodología basada en el supuesto de una subocupación generalizada, o sea, en la disponibilidad de recursos no utilizados de todo tipo, lo llevó a eliminar por completo los decisivos efectos de cambios en los precios relativos de su representación y las relaciones entre sus elementos. En realidad, lo que hizo fue eliminar la escasez del análisis, y con ello el problema económico. Este punto de partida estuvo guiado por la ilusión de la sobreabundancia de los recursos disponibles, una ilusión a la que sucumbieron muchos pensadores de su generación. También los reformistas contemporáneos parecen fluctuar entre la aparente posibilidad de la abundancia de factores y el miedo por la amenaza de hambrunas. Es un autoengaño suponer que en realidad no hay escasez, y que podríamos satisfacer todos nuestros deseos razonables, si solo utilizáramos nuestra inteligencia de manera adecuada, y que tenemos alcance a los conocimientos necesarios para hacerlo. En  realidad todo lo que hemos alcanzado se lo debemos a un proceso que nos permite utilizar más conocimiento de lo que cualquier individuo o agencia pueda poseer, un proceso que hace uso de conocimiento que no está disponible como un todo.

No es el tamaño de la demanda total lo que mantiene el flujo en el río, sino los rápidos cambios adaptativos de los pequeños arroyos que lo conforman. Esto se produce gracias al juego de los precios, aquellas señales no planificadas que indican a las personas que deben hacer algo diferente de lo que quieren o desean hacer. Las cambiantes perspectivas de ganancias sirven como centro de gravedad, y dirigen cada arroyo a la pendiente más empinada, donde se aporta de manera más eficaz al flujo principal. Esto debe ocurrir en las innumerables desembocaduras de lo que debemos imaginarnos como un intrincado conjunto de literalmente miles de sistemas arteriales, cada uno de los cuales dirige un nutriente específico, y cuyos flujos confluyen y se unen a distintas tasas para formar los troncos de una estructura que se sigue dividiendo como las ramas de un árbol. Si no olvidamos esto, es fácil darse cuenta de que suponer que esto puede ser administrado por alguien que ve y analiza el conjunto no tiene sentido. También se vuelve obvio que la continuidad del flujo depende de su capacidad de auto regulación. La única forma de liberar el flujo y toda su capacidad es eliminando toda intervención arbitraria en la formación competitiva de precios, llámesela fijación de los precios, la formación monopólica de salarios, o política de ingresos.

La idea de que podemos dirigir este flujo a partir de un modelo simplificado y unidimensional, a través del manejo del volumen de la demanda final, no es mucho mejor. Existen al menos dos dimensiones adicionales de la demanda, que no se pueden dirigir centralmente, sino solo a través del libre juego de los precios en un mercado competitivo: La distribución horizontal de la demanda entre distintos bienes, y la distribución longitudinal (vertical o temporal) de la demanda entre distintos segmentos del flujo. Al dejar de lado estos aspectos en su presentación unilateral, la teoría de Lord Keynes se vuelve inválida, un ornamento de una civilización que estaría en mucho mejores condiciones si él nunca hubiera escrito nada sobre economía. Cuando fue publicada la “General Theory” pensé realmente que yo ya había refutado sus supuestos y que no debía dedicarle tanto tiempo y esfuerzo a su análisis como lo había hecho poco tiempo antes con el “Treatise”. Pero cuando apareció la segunda parte de mi discusión, Keynes me manifestó que ya no estaba de acuerdo con todo eso. Desde entonces siempre me he reprochado no haber vuelto al tema posteriormente. Pero realmente no creía que aquello, que me parecía tan obviamente equivocado, y que parecía ser una simple resurrección de errores que ya habían sido superados hace mucho tiempo, podría llegar a dominar de manera duradera la opinión y la política de toda una generación. En este campo debemos volver a empezar. Con este objetivo no debemos archivar únicamente sus teorías particulares, sino todo el enfoque que él puso en boga: la macroeconomía.”

Hayek en el ‘debate del siglo’ con Keynes: videos raperos y la manipulación de las tasas de interés

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico I de Ciencias Económicas, UBA, vemos lo que se ha dado en llamar el “debate del siglo”, entre Hayek y Keynes respecto a las fluctuaciones económicas, en medio de la peor de ellas, la de los años 1930s.

Hayek Keynes

Para relajarnos un poco podemos ver estos videos con una versión rapera de la discusión:

https://www.youtube.com/watch?v=EM8ygOVYCd8

https://www.youtube.com/watch?v=IX_0mgW5Fus

Antes vimos un capítulo de la Teoría General de Keynes. Ahora vemos un artículo de Hayek, que es en verdad una conferencia sobre el mismo tema.

“Toda explicación de las crisis económicas debe incluir el supuesto de que los emprendedores han cometido errores. Pero el solo hecho de estas equivocaciones no puede considerarse como una explicación suficiente de la crisis. Las disposiciones erróneas que terminan en pérdidas para todos aparecerán probablemente sólo en el caso de que podamos demostrar por qué todos los emprendedores han de equivocarse simultáneamente en la misma dirección. La explicación de que esto se debe a una especie de infección psicológica, o de que por cualquier otra razón la mayoría de los emprendedores tiene que cometer el mismo error de criterio, no es muy convincente. Sin embargo, lo más probable es que todos resulten equivocados por haber prestado atención a índices o síntomas que generalmente son fidedignos. Hablando más concretamente, puede ser también que los precios que regían cuando los emprendedores tomaron sus decisiones, o en los que basaron sus expectativas del futuro, creen perspectivas que necesariamente tienen que fracasar. En este caso tendríamos que distinguir entre lo que llamaríamos errores justificados, causados por el sistema de precios, y simplemente errores acerca del curso de los hechos  externos. Aunque no tengo tiempo para examinar este aspecto un poco más, debo mencionar que probablemente existe una íntima conexión entre esta distinción y la distinción tradicional entre las teorías ‘endógena’ y ‘exógena’ del ciclo económico.

Por ahora, el caso más interesante de decisiones de emprendedores, en donde el resultado depende enteramente de lo correcto del punto de vista generalmente en boga acerca de los futuros desarrollos, lo presenta el caso de las inversiones en tanto las afecte la situación del mercado de capital en general y no la situación especial de determinadas industrias. En este caso la misma causa puede provocar las malas inversiones no solamente en una o en pocas industrias, sino en todas al mismo tiempo. El éxito de cualquier inversión hecha por un período de tiempo considerable depende del curso futuro del mercado de capital y de la tasa de interés. Si en cualquier momento la gente principia a aumentar el equipo de producción, esto representará generalmente sólo una parte de un nuevo proceso que se completará ayudado por más inversiones diseminadas a través de un período de tiempo; y la primera inversión resultará entonces provechosa sólo cuando la oferta de capital haga posibles los nuevos cambios que se anticiparon. En general, es quizá cierto decir que la mayoría de las inversiones se hace ante la perspectiva de que la oferta de capital continuará al nivel actual por algún tiempo. En otras palabras, los emprendedores consideran la presente oferta de capital y el tipo de interés actual como un síntoma de que continuará aproximadamente la misma situación por algún tiempo. Y es precisamente la existencia de tales supuestos lo que justifica el uso de nuevo capital para dar comienzo a nuevos métodos indirectos de producción, que, para poder completarse, necesitan de nuevas inversiones por un tiempo mayor.

De allí que bastarían fluctuaciones severas e imprevistas en los ahorros para causar enormes pérdidas a las inversiones efectuadas en el período precedente, creando así la situación característica de una crisis económica. La causa de esta crisis podría atribuirse a que los emprendedores habrían considerado equivocadamente un aumento temporal en la oferta de capital como si fuera permanente y actuaran bajo este supuesto. La única razón para que no podamos considerar esto como una explicación suficiente de las crisis económicas que conocemos es que la experiencia no nos permite suponer que puedan ocurrir tales fluctuaciones en el volumen de ahorros, excepto como  resultado de las crisis. Si no fuera por éstas, las que, en consecuencia, tendremos que explicar de distinta manera, se podría justificar el supuesto de los emprendedores de que la oferta de ahorro continuaría al mismo nivel actual. Las decisiones de los hombres de empresa sobre las cantidades de bienes de consumo que se podrían vender como resultado de sus inversiones actuales y las fechas de venta coincidirían con las intenciones de los consumidores en cuanto a las porciones de su ingreso que desearían consumir en varias fechas.”

Keynes: ¿la depresión se produce porque la tasa de interés es muy alta o porque antes fue muy baja?

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico en Económicas de la UBA vemos el debate “Hayek-Keynes” sobre las crisis y el ciclo económico. Comenzamos con el capítulo 22 de la Teoría General de Keynes, titulado “Notas sobre el ciclo económico”. Aquí van algunos párrafos que explican la visión de Keynes y otros donde hace referencia a la discusión, aunque en ningún momento menciona con quién está discutiendo, pero se puede inferir con quién.

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“…encontraremos que las fluctuaciones en la propensión a consumir, en la curva de preferencia por la liquidez y en la eficacia marginal del capital han desempeñado su parte (en los ciclos). Pero sugiero que el carácter esencial del ciclo económico y, especialmente, la regularidad de la secuencia de tiempo y de la duración que justifica el que lo llamemos ciclo, se debe sobre todo a cómo fluctúa la eficacia marginal del capital.”

“Las últimas etapas del auge se caracterizan por las esperanzas optimistas respecto al rendimiento futuro de los bienes de capital, lo bastante fuertes para equilibrar su abundancia creciente y sus costos ascendentes de producción y, probablemente también, un alta en la tasa de interés. Es propio de los mercados de inversión organizaros que, cuando el desencanto se cierne sobre uno demasiado optimista y con demanda sobrecargada, se derrumben con fuerza violenta, y aún catastrófica bajo la influencia de compradores altamente ignorantes de lo que compran y de los especuladores, que están más interesados en las previsiones acerca del próximo desplazamiento de la opinión del mercado, que en una estimación razonable del futuro rendimiento de los bienes de capital.”….

“De este modo, con mercados organizados y sujetos a las influencias actuales, la estimación que hace el mercado de la eficacia marginal del capital puede sufrir fluctuaciones tan enormemente amplias que no quepa neutralizarlas lo bastante por fluctuaciones correspondientes en la tasa de interés. Además, como hemos visto antes, los movimientos consiguientes en el mercado de valores pueden deprimir la propensión a consumir precisamente cuando es más necesaria. Por tanto, en condiciones de laissez-faire, quizá sea improbable evitar las fluctuaciones amplias en la ocupación sin un cambio trascendental en la psicología de la inversión, cambio que no hay razón para esperar que ocurra. En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías de seguridad en manos de los particulares.”

Hasta allí, una muy breve exposición de su análisis y propuesta de solución. Ahora breves párrafos sobre el debate. Así comienza la sección inmediata al párrafo anterior:

“Puede parecer que el análisis precedente está de acuerdo con el punto de vista de quienes sostienen que la sobreinversión es la característica del auge, que el único remedio posible para la siguiente depresión es el evadirla, y que, si bien, por las razones dadas antes, ésta no puede impedirse por medio de una baja tasa de interés, el auge puede evitarse por otra alta. Ciertamente tiene fuerza el argumento de que una alta tasa de interés es mucho más efectiva contra un auge que otra baja contra una depresión.

Pero inferir estas conclusiones de lo anterior llevaría a una mala interpretación de mi análisis; y a mi modo de ver, supondría un error. Porque el término sobreinversión es ambiguo. Se puede referir a las inversiones que se destinan a desanimar las previsiones que las incitaron o para las cuales no hay lugar en circunstancias de intensa desocupación; o puede indicar un estado de cosas en el que cada clase de bienes de capital sea tan abundante que no haya inversión nueva que prometa aun en condiciones de ocupación plena, ganar en el curso de su duración más que su costo de reposición. Es solamente en el último estado de cosas donde hay sobreinversión, estrictamente hablando, en el sentido de que cualquier inversión posterior será sólo un puro desperdicio de recursos:….

…’El remedio del auge no es una tasa más alta de interés, sino una más baja!, porque ésta puede hacer que perdure el llamado auge. El remedio correcto para el ciclo económico no puede encontrarse en evitar los auges y conservarlos así en semi-depresiones permanentes sino en evitar las depresiones y conservarnos de este modo en un cuasi-auge continuo.”

“El auge que está destinado a terminar en depresión se produce, en consecuencia, por la combinación de dos cosas: una tasa de interés que, con previsiones correctas, sería demasiado alta para la ocupación plena, y una situación desacertada de previsiones que, mientras dura, impide que esta tasa sea un obstáculo real. El auge es una situación tal que el exceso de optimismo triunfa sobre una tasa de interés cuya altura excesiva se comprendería si se juzga con serenidad.”

“El auge que está destinado a terminar en depresión se produce, en consecuencia, por la combinación de dos cosas: una tasa de interés que, con previsiones correctas, sería demasiado alta para la ocupación plena, y una situación desacertada de previsiones que, mientras dura, impide que esta tasa sea un obstáculo real. El auge es una situación tal que el exceso de optimismo triunfa sobre una tasa de interés cuya altura excesiva se comprendería si se juzga con serenidad.”

¿La política económica de Macri es ‘neokeynesiana’? Antes del ‘neo’, ya lo discutieron Hayek y Keynes

Consideraba en un post anterior comentarios acerca de cuál sería la visión económica del nuevo gobierno argentino y un artículo de Martín Tetaz originalmente publicado en el semanario El Economista, titulado “Macri, el neokeynesiano”: http://www.cronista.com/3dias/Macri-el-neokeynesiano-20151224-0055.html

En particular: “La novedad de los pensadores neokeynesianos como Pierangelo Garegnani, Franklin Serrano y Anthony Thirlwall es que, además de subirse a la idea que ya había planteado Michael Kaleki en el sentido de que la inversión era endógena en el ingreso, dando lugar a un supermultiplicador, pusieron en debate el poder de la demanda efectiva para empujar el ingreso más allá de las fluctuaciones cíclicas de corto plazo, abriendo una teoría neokeynesiana no ya de las crisis sino del desarrollo.”

Este tema, fue parte de toda la discusión entre Hayek y Keynes respecto a los orígenes del ciclo económico, que ocurriera principalmente en la década de los años 1930. La discusión, también con Piero Sraffa, tuvo lugar en una serie de artículos, comentarios, cartas y respuestas entre los tres economistas. Aquí algunos comentarios posteriores de Hayek (The Keynes Centenary: The Austrian Critique):

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“En la tradición de Cambridge que regía el breve estudio de economía que tuvo Keynes, la teoría Mill-Jevons del capital, luego desarrollada por Böhm-Bawerk y Wicksell, no era considerada seriamente. Para 1930 estas ideas habían sido en buena medida olvidadas en el mundo de habla inglesa. Junto con la mayoría de mis colegas profesionales, podría haber aceptado rápidamente la elaboración de Keynes, esa creencia común acerca de una dependencia directa del empleo en la demanda agregada. Sin embargo, no solamente había sido educado en la tradición Böhm-Bawerk-Wicksell, sino, justo antes de la publicación el Tratado sobre el Dinero de Keynes, había dedicado mucho tiempo a un esfuerzo algo similar pero mucho más básico en los Estados Unidos para desarrollar una teoría monetaria sobre las causas del sub-consumo. Para este propósito había desarrollado un poco más la teoría Wicksell-Mises sobre la sobre-estimulación monetaria de la inversión que, pensaba, refutaba el supuesto simple de la dependencia directa de la inversión de la demanda final que Keynes había iniciado.”

“En el transcurso de los años tuve varias oportunidades de discutir estas cuestiones con Keynes. Se hizo claro que nuestras diferencias se explicaban por su rechazo total a cuestionar ese supuesto.”

“Como los determinantes del empleo que no sean la demanda final son los factores que la macroeconomía keynesiana tan fatalmente niega, una evaluación de su papel histórico debe intentar reflotar este aspecto de la economía. Resulta útil concebir el flujo continuo de la producción como un gran río que puede, independientemente de la succión de su desembocadura, crecer o bajar en sus diferentes partes a medida que sus numerosos afluentes agregan más o menos volumen. Las fluctuaciones en la inversión y reemplazo ocasionarán que la corriente aumente o reduzca el volumen de la corriente aguas arriba con los consiguientes cambios en el empleo, como ocurre en el curso de las fluctuaciones industriales. No hay una correspondencia necesaria entre el volumen (o incluso la dirección del cambio) de las ventas finales de consumo durante un período y el empleo en ese mismo plazo.”

“El volumen de la inversión está lejos de moverse proporcionalmente a la demanda final. No solamente la tasa de interés sino también los precios relativos de los distintos factores de producción y particularmente las distintas clases de trabajo la afectarán, además del cambio tecnológico. La inversión dependerá del volumen de las diferentes partes de la corriente, mientras que en cualquier momento determinado el empleo total de los factores de producción será mayor o menor que la demanda efectiva de los productos finales. Los determinantes inmediatos que dirigen la corriente principal del río no será la demanda final sino la estructura de precios relativos de los diferentes factores de producción: las distintas clases de trabajo, de productos semi-terminados, materias primas y, por supuesto, las tasas de interés.”

“Cuando, dirigidos por estos precios relativos, la corriente total cambia su forma, el empleo cambiará en sus diferentes etapas a ritmos muy diferentes. Algunas veces toda la corrientes, se alarga, proveyendo empleos adicionales, mientras que otras se acortará. Esto puede ocasionar fuertes fluctuaciones en el volumen del empleo, particularmente en las industrias ‘pesadas’ y en la construcción, sin que haya ningún cambio en la demanda de consumo en la misma dirección. Es un hecho histórico bien conocido que en una recesión la recuperación de la demanda final es generalmente un efecto más que la causa de la reactivación en las etapas más altas de la corriente de producción –actividades generadas por ahorros que buscan invertirse y por la necesidad de reiniciar renovaciones y reemplazos postergados.”

“El punto importante es que estos movimientos independientes de los diferentes niveles de la corriente de producción son causados por cambios en los precios relativos de los distintos factores: algunos atraídos por los mejores precios de las etapas tempranas del proceso o viceversa. Esta reasignación constante de recursos resulta totalmente escondida por el análisis que Keynes quiso adoptar y que desde entonces se conoce como ‘macroeconomía’: un análisis en términos de las relaciones entre los distintos agregados o promedios, tal como la demanda o la oferta agregada, precios promedio, etc. Este enfoque oscurece el carácter del mecanismo por el cual la demanda de distintas clases de actividades se determina.”

Hayek discute con Keynes sobre la estructura de producción y el flujo de bienes y servicios

Con los alumnos de UBA Económicas vemos a Hayek discutiendo con Keynes sobre la estructura de la producción y el Flujo de Bienes y Servicios (Libertas 37, Octubre 2002):

“La estructura de producción debe ser vista, por lo tanto, como un proceso multidimensional, en el que en todo momento los individuos trabajan para obtener un producto que será terminado a lo largo de una serie de momentos futuros, y en el cual el producto existente en cada instante de tiempo ha sido obtenido por el uso de recursos en diferentes momentos del tiempo pasado. Por supuesto que estos diferentes flujos paralelos de productos intermedios sólo se pueden distinguir conceptualmente. En la realidad se trata de un proceso continuo, no sólo a nivel horizontal sino también en su dimensión vertical. Además, en la mayoría de los casos no es posible reconocer aún el destino final de cada una de las partes del flujo. Los elementos del flujo no están marcados para su destino futuro, sino que en cada etapa del proceso de producción será la tendencia de los precios la que determinará que proporción de la producción total de un determinado bien irá en cuál o tal de las posibles direcciones. Dada la gran cantidad de productos intermedios, el tiempo y la forma en que éstos finalmente llegarán al consumidor están tan indeterminados a nivel económico como en el caso de la cantidad de factores de producción utilizados en ellos. La forma en que una unidad formada por millones de clavos, bolas de acero, hilo de lana, pedazos de goma o toneladas de carbón terminará satisfaciendo las necesidades de los consumidores está tan indeterminada como el éxito al que apuntan los esfuerzos del productor.

La cantidad y variedad de bienes a los que podemos recurrir para satisfacer nuestras necesidades inmediatas es necesariamente menor que la de aquellos bienes que podemos utilizar para satisfacer nuestras necesidades en un futuro más lejano. Es por ello que, en general, y más allá de fluctuaciones estacionales, los bienes presentes serán generalmente más caros y más escasos que los bienes que se espera estén disponibles en el futuro, pues estos representan una mayor cantidad de posibilidades. Darse tiempo, o “esperar” posibilita un crecimiento en los resultados de nuestros esfuerzos. Pero como sólo es posible “esperar” por un tiempo limitado, debemos escoger aquellas opciones para las cuales la relación entre el crecimiento en valor y la longitud del tiempo que debemos esperar para lograr dicho crecimiento sea mayor.

Este segundo aspecto del problema de la asignación de recursos se puede distinguir claramente si se ve el proceso de producción como un flujo o un “río” continuo. De la desembocadura de este río salen constantemente productos finales, que surgieron luego de numerosos procesos de transformación a partir de la utilización de los insumos iniciales. En todo momento fluyen en forma paralela muchos de estos ríos, o mejor dicho, complejos sistemas de redes fluviales, cada uno de ellos corrido un poco hacia adelante con respecto al anterior. Los productos finales de cada uno de estos flujos aparecen en momentos más o menos distantes en el futuro. Este proceso a veces se describe como si tanto para el flujo ya recorrido como para todos aquellos que fluyen actualmente y cuyos productos finales recién surgirán en el futuro, existiese al mismo tiempo otro flujo sincronizado y simultáneo. Éste representaría aquellas etapas que los productos disponibles en el presente ya pasaron, así como todos los flujos futuros que le quedan por recorrer a estos productos como bienes intermedios, antes de que el producto final llegue al consumidor. Sin embargo esta imagen, que puede ser muy útil desde ciertos puntos de vista, puede ser confusa cuando se interpreta que las fases que se corresponden entre sí en los flujos que van transcurriendo son idénticas. Este nunca puede ser el caso, ya que los flujos pasados ya prepararon el lecho para el flujo actual. Incluso cuando las condiciones externas permanecen constantes, el flujo se modificaría constantemente, ya que cada vez que pasa un flujo se modificarían las circunstancias que enfrentarán los próximos.

Lo más decisivo es que el volumen agregado de materia prima rara vez se corresponde exactamente con el volumen agregado de producción final. Esto significa que el volumen del flujo generalmente se reducirá o aumentará en cierta medida, debido a que se producen modificaciones en la demanda final y la demanda de factores primarios, en distinta medida e incluso en dirección opuesta. Es por ello que la visión usual, basada en el análisis keynesiano, que representa la relación entre demanda final y ocupación como la relación existente entre la succión ejercida desde el extremo de un caño y el flujo que se genera en el otro extremo, es muy confusa. Entre ambos extremos hay un reservorio elástico o cambiante, cuyo tamaño depende de las circunstancias, y que es dejado de lado en el análisis keynesiano.

Lord Keynes ha demostrado que no es capaz de entender esto en su comentario despectivo a la correcta afirmación de Leslie Stephens sobre “la doctrina, que tan rara vez es comprendida, que tal vez su comprensión cabal sea el mejor examen para un economista –que la demanda por bienes no es demanda de trabajo.” Keynes con seguridad no pasó esta prueba. Su visión excesivamente simplista y unidimensional de la relación entre la demanda de productos finales y el empleo es consecuencia de su falta de comprensión de los factores que afectan las distintas fases del flujo de producción y que producen, alternativamente, acumulación y desacumulación de capital a tasas cambiantes.

El sistema de producción capitalista se caracteriza por la necesidad de mantener el flujo de bienes, provisiones, herramientas e infraestructura, o aumentar el volumen de los mismos si se quiere lograr un crecimiento de la producción en el futuro. En este sentido toda producción que hace uso de las posibilidades tecnológicas disponibles es necesariamente capitalista. Esta palabra no es querida porque a la gente le molesta el hecho de que nadie tenga el poder de determinar cómo se asignará el capital disponible. Esto debe ser dejado en manos del único proceso capaz de hacerlo, el impersonal proceso de mercado. Los métodos alternativos al “capitalismo” que han sido propuestos requieren, al contrario, que el uso de todos los recursos de capital sea decido por una agencia central. Pero esta agencia carece de los medios para determinar cómo hacerlo de manera sensata. Lo que garantiza que los flujos de producción sean ordenados es que los individuos, que únicamente conocen sus circunstancias particulares y no la estructura completa a la que deben ajustarse sus actividades, continuamente modifican la composición del flujo en adaptación a los constantes cambios en las circunstancias. Es por ello que los modelos teóricos, cuyos elementos son millones de individuos con sus conocimientos y decisiones individuales, no pueden brindar ninguna base para la planificación central de estas actividades.”

Böhm-Bawerk anticipa a Keynes y discute que el ahorro reduzca la demanda y luego la producción

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), de Económicas UBA, vemos a Böhm-Bawerk, discutiendo con un desconocido hoy, L. G. Bostedo, quien criticara su libro Teoría Positiva del Capital en los Anales de la Academia Americana de Ciencias Políticas y Sociales. En su defensa, ya está discutiendo a Keynes y el papel del ahorro.

Bohm Bawerk

Sobre la “imposibilidad” de mi ejemplo, Mr. Bostedo intenta probarla mediante el siguiente silogismo: si todos los miembros de una comunidad ahorran simultáneamente una cuarta parte de sus ingresos, reducen consecuentemente en una cuarta parte la demanda de bienes de consumo. La menor demanda lleva a los productores a restringir la producción en la misma medida. Pero si la producción decae a la vez que el consumo, entonces es evidente que no habría demanda de los ahorros; llevar a cabo el ahorro supuesto de una cuarta parte de los ingresos de la comunidad se demuestra por tanto como imposible.

Sospecho que este silogismo hará aparecer en las mentes de la mayor parte de los lectores la sospecha de que se ha probado demasiado. Si fuera verdad, no sólo el ahorro simultáneo de una cuarta parte de los ingresos de la comunidad sería imposible, sino que cualquier ahorro real sería imposible. Si cada intento de restringir el consumo debe efectivamente ocasionar una restricción inmediata y proporcional de la producción, entonces no podría producirse ningún incremento a la riqueza acumulada de la sociedad a través del ahorro. Los individuos particulares podrían ahorrar parte de sus ingresos, pero sólo a condición de que otros individuos de la misma comunidad consuman el exceso de los mismos; la sociedad como un todo nunca podría dejar aparte porciones de su ingreso social y las acumulaciones que puedan realizar ciertas naciones como Francia u Holanda como consecuencia de de su mayor porcentaje de ahorro en comparación con España o Turquía debe ser descrito, aunque pueda parecer un fenómeno universal, como una mera ilusión. Creo que Mr. Bostedo estaría realmente dispuesto a adherirse a esta opinión con todas sus consecuencias; a cualquier nivel, sus conclusiones me parece que armonizan con esta perspectiva, puesto que dice con especial énfasis que cada ahorro es sólo una transferencia de poder de compra de los ahorradores a otros miembros de la comunidad. Sin embargo, tengo más confianza en que los lectores rechazarán aceptar este análisis como correspondiente a su experiencia y que en su lugar concluirán que hay algo incorrecto con la cadena de razonamientos que nos lleva a una conclusión tan improbable.

En realidad, el fallo en el razonamiento no es difícil de encontrar. Está en que una de las premisas, la que afirma que una restricción del “consumo para disfrute inmediato” debe implicar a su vez una restricción en la producción, es errónea. La verdad es que una restricción en el consumo implica, no una restricción en la producción en general, sino sólo, a través de la acción de la ley de la oferta y la demanda, una restricción en determinadas ramas de la misma. Si como consecuencia del ahorro, se compra y consume una menor cantidad de comida de lujo, vino y encajes, se producirá posteriormente –y quiero poner énfasis en esta palabra- una menor cantidad de estos bienes. Sin embargo, no habrá una menor producción de bienes en general, puesto que la menor producción de bienes listos para su consumo inmediato puede ser y será compensada por un incremento en la producción de bines “intermedios” o de capital.”

Este último punto de BB se explica porque si la gente ahorra, ahorra para algo, para tener un mayor consumo futuro. Entonces, el ahorro se traslada a la inversión en bienes más alejados del consumo en las distintas etapas de producción, para llegar con mayor producción cuando esa mayor demanda de consumo se haga presente.

El debate Hayek-Keynes: ¿fracasan los mercados en generar el conocimiento necesario?

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico I vemos el “debate Hayek-Keynes”, y aquí un artículo del profesor de Trinity College (CT) William Butos vinculando esa famosa discusión con el tema del conocimiento: http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/3_7_Butos.pdf

Hayek Keynes

“Existen potencialmente varias formas para enfrentar el desafío que Keynes presenta hacia la eficacia de los procesos de mercado y, en verdad, hay una gran e importante literatura que hace exactamente eso. Pero mi énfasis aquí es que en el sistema de Keynes las tendencias coordinadoras no funcionan debido a que el sistema y sus participantes no poseen la capacidad para generar el conocimiento necesario para un buen funcionamiento de la economía. Quiero sugerir que el problema que Keynes presenta no es que el conocimiento descentralizado no es transmitido y utilizado, sino, en el fondo, el fracaso del sistema para producir dicho conocimiento en primer lugar. Los mercados financieros modernos, en síntesis, sufren un fracaso inherente e incorregible debido a que no pueden generar los precios correctos. Esto es a lo que me refiero en relación al “desafío de Keynes”.

¿Hay formas satisfactorias para penetrar las teorías basadas en la incertidumbre de Keynes? Un enfoque posible es enfatizar que, si bien las expectativas surgen en un contexto de incertidumbre, los precios realmente transmiten información relevante acerca de las realidades subyacentes y promueven la coordinación de las decisiones económicas (Garrison 2001: 26). Podríamos llamar a éstas “expectativas razonables”, porque al endogeneizar las expectativas este enfoque provee un ámbito para su revisión mientras que evita la manía racionalista de las expectativas racionales. Sin embargo, si bien este enfoque es muy atractivo, no atiende directamente la afirmación de Keynes de que la conducta de los agentes, sus expectativas, y los precios que generan sus interacciones, no solamente son necesariamente incompatibles con sus planes y resultados de mercados preferidos tales como el pleno empleo sino que es así inevitablemente. Para Keynes, la coordinación de mercado funciona, pero los resultados que produce están basados en los precios errados. El mercado, en síntesis, expresa el tipo equivocado de conocimiento y el conjunto equivocado de precios.9

¿Si las “expectativas razonables” (como son descriptas anteriormente) no son aplicables aquí, es posible reubicar y reconsiderar el problema del conocimiento, incluyendo la cuestión particular del “desafío de Keynes”, que evita el usualmente inútil ejercicio de enfrentar postulados rivales entre sí? Dada la centralidad de la incertidumbre en el mundo real en que vivimos, el empirismo casual no provee suficiente guía para considerar la cuestión ante nosotros. Así, aun si reconocemos que “París está siendo alimentada”, también observamos inestabilidades de mercado continuas, especialmente en los mercados financieros, que dan credibilidad a la posibilidad de que el conocimiento y los precios no son eficazmente comunicados o generados o ambos.

Mi consideración de Keynes ha estado restringida a cuestiones acerca del conocimiento y las expectativas; no ha sido mi propósito considerar en ningún detalle diversas cuestiones éticas en macroeconomía monetaria presentadas en la Teoría General. Para evitar un malentendido, no estoy sugiriendo que la economía de Keynes como tal sea totalmente coherente o correcta. Más bien, estoy sosteniendo que las afirmaciones de Keynes en relación a la incertidumbre y sus efectos presentan un serio desafío para la teoría del proceso de mercado. Planteando la cuestión en términos de la generación de conocimiento, creo que puede generarse cierta luz sobre la falta de respuesta de Hayek a la Teoría General. Al mismo tiempo, y de mucho mayor interés, considerando el trabajo de Keynes y las contribuciones de Hayek en esta perspectiva surgen nuevas preguntas que nos obligan a ir mucho más allá de la vieja controversia Hayek-Keynes.”

 

El debate Hayek-Keynes sobre los ciclos económicos y las crisis. ¿Bajar la tasa de interés en el auge?

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico en Económicas de la UBA vemos el debate “Hayek-Keynes” sobre las crisis y el ciclo económico. Comenzamos con el capítulo 22 de la Teoría General de Keynes, titulado “Notas sobre el ciclo económico”. Aquí van algunos párrafos que explican la visión de Keynes y otros donde hace referencia a la discusión, aunque en ningún momento menciona con quién está discutiendo, pero se puede inferir con quién.

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“…encontraremos que las fluctuaciones en la propensión a consumir, en la curva de preferencia por la liquidez y en la eficacia marginal del capital han desempeñado su parte (en los ciclos). Pero sugiero que el carácter esencial del ciclo económico y, especialmente, la regularidad de la secuencia de tiempo y de la duración que justifica el que lo llamemos ciclo, se debe sobre todo a cómo fluctúa la eficacia marginal del capital.”

“Las últimas etapas del auge se caracterizan por las esperanzas optimistas respecto al rendimiento futuro de los bienes de capital, lo bastante fuertes para equilibrar su abundancia creciente y sus costos ascendentes de producción y, probablemente también, un alta en la tasa de interés. Es propio de los mercados de inversión organizaros que, cuando el desencanto se cierne sobre uno demasiado optimista y con demanda sobrecargada, se derrumben con fuerza violenta, y aún catastrófica bajo la influencia de compradores altamente ignorantes de lo que compran y de los especuladores, que están más interesados en las previsiones acerca del próximo desplazamiento de la opinión del mercado, que en una estimación razonable del futuro rendimiento de los bienes de capital.”….

“De este modo, con mercados organizados y sujetos a las influencias actuales, la estimación que hace el mercado de la eficacia marginal del capital puede sufrir fluctuaciones tan enormemente amplias que no quepa neutralizarlas lo bastante por fluctuaciones correspondientes en la tasa de interés. Además, como hemos visto antes, los movimientos consiguientes en el mercado de valores pueden deprimir la propensión a consumir precisamente cuando es más necesaria. Por tanto, en condiciones de laissez-faire, quizá sea improbable evitar las fluctuaciones amplias en la ocupación sin un cambio trascendental en la psicología de la inversión, cambio que no hay razón para esperar que ocurra. En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías de seguridad en manos de los particulares.”

Hasta allí, una muy breve exposición de su análisis y propuesta de solución. Ahora breves párrafos sobre el debate. Así comienza la sección inmediata al párrafo anterior:

“Puede parecer que el análisis precedente está de acuerdo con el punto de vista de quienes sostienen que la sobreinversión es la característica del auge, que el único remedio posible para la siguiente depresión es el evadirla, y que, si bien, por las razones dadas antes, ésta no puede impedirse por medio de una baja tasa de interés, el auge puede evitarse por otra alta. Ciertamente tiene fuerza el argumento de que una alta tasa de interés es mucho más efectiva contra un auge que otra baja contra una depresión.

Pero inferir estas conclusiones de lo anterior llevaría a una mala interpretación de mi análisis; y a mi modo de ver, supondría un error. Porque el término sobreinversión es ambiguo. Se puede referir a las inversiones que se destinan a desanimar las previsiones que las incitaron o para las cuales no hay lugar en circunstancias de intensa desocupación; o puede indicar un estado de cosas en el que cada clase de bienes de capital sea tan abundante que no haya inversión nueva que prometa aun en condiciones de ocupación plena, ganar en el curso de su duración más que su costo de reposición. Es solamente en el último estado de cosas donde hay sobreinversión, estrictamente hablando, en el sentido de que cualquier inversión posterior será sólo un puro desperdicio de recursos:….

…’El remedio del auge no es una tasa más alta de interés, sino una más baja!, porque ésta puede hacer que perdure el llamado auge. El remedio correcto para el ciclo económico no puede encontrarse en evitar los auges y conservarlos así en semi-depresiones permanentes sino en evitar las depresiones y conservarnos de este modo en un cuasi-auge continuo.”

“El auge que está destinado a terminar en depresión se produce, en consecuencia, por la combinación de dos cosas: una tasa de interés que, con previsiones correctas, sería demasiado alta para la ocupación plena, y una situación desacertada de previsiones que, mientras dura, impide que esta tasa sea un obstáculo real. El auge es una situación tal que el exceso de optimismo triunfa sobre una tasa de interés cuya altura excesiva se comprendería si se juzga con serenidad.”

“El auge que está destinado a terminar en depresión se produce, en consecuencia, por la combinación de dos cosas: una tasa de interés que, con previsiones correctas, sería demasiado alta para la ocupación plena, y una situación desacertada de previsiones que, mientras dura, impide que esta tasa sea un obstáculo real. El auge es una situación tal que el exceso de optimismo triunfa sobre una tasa de interés cuya altura excesiva se comprendería si se juzga con serenidad.”