Artículo en La Nación: La grieta que nos separa del progreso…. políticos de un lado, progreso del otro

Artículo en La Nación: https://www.lanacion.com.ar/opinion/columnistas/lore-con-verit-ip-ercipla-grieta-que-nos-separa-del-progreso-nid2341567

Sabemos que la grieta política sigue existiendo, pero no es la más importante. Mucho peor es la que nos separa del progreso. Esta es una en la que los dos contendientes de la grieta local se encuentran en buena medida del mismo lado. En la cual encontramos a los políticos de un lado y a las posibilidades de progreso del otro. Estas últimas dependen de la calidad institucional de los países, y estas, a su vez, de las ideas y los valores que predominan en cada sociedad. Según el Índice de Calidad Institucional que publica la Fundación Libertad y Progreso, la Argentina ocupó su peor lugar en 2016: la posición 142. En verdad, dados la forma en que se calcula este indicador y el rezago en los datos, se refiere a la situación en 2015, y en algunos casos hasta un poco antes. A partir de allí, mejoró 30 posiciones, hasta alcanzar el puesto 112 en 2019. El recorrido ascendente refleja cambios tales como una mayor independencia de la Justicia y de los medios en el ámbito de las instituciones políticas, y la eliminación del cepo y la salida del default en el de las instituciones de mercado. Aún no está disponible el ICI 2020, pero es muy probable que ese recorrido se haya cortado y la Argentina vuelva a caer, a partir de muchas medidas que se tomaron desde la crisis de 2018.

Ese camino parece tener una fecha de comienzo: 28 de diciembre de 2017. Fue el día en que el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne; el ministro de Finanzas, Luis Caputo, y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, brindaron una conferencia de prensa en la que anunciaron la modificación de la política de objetivos de inflación aplicada hasta el momento. Es oportuno centrar la atención en el deterioro de la calidad institucional en el ámbito de la moneda, como un reflejo de la mencionada brecha que nos separa del progreso. Al margen de las opiniones que se puedan tener respecto del cambio de política monetaria, la presencia del presidente del Banco Central, sin participar demasiado de los anuncios, mostró la debilidad institucional monetaria, reflejada en la falta de independencia de la autoridad. Tampoco existía antes: Sturzenegger fue nombrado por Macri y no era «independiente» de las preferencias políticas de este, pero hasta ese momento aparecía actuando según su propio criterio y el del directorio del BCRA.

Era una independencia muy débil, más en un país que no la tiene desde hace décadas y cuyo historial reclama acciones mucho más drásticas: cualquiera que haya perdido dieciséis ceros en el valor del producto que vende no solo muestra que está en la quiebra, sino que merece su cierre. Ningún argentino ahorra en su moneda, a menos que le ofrezcan una «bicicleta» tan rentable como riesgosa. El peso es aquel instrumento con el que se licúan los salarios de los trabajadores y las jubilaciones de los retirados.

Por supuesto que la independencia no garantiza evitar el error, el cual ocurre sistemáticamente: los bancos centrales se equivocan emitiendo de más o emitiendo de menos de lo que el mercado demanda, y cuando aciertan muestran también que son superfluos, ya que eso es lo que el mercado habría provisto. Es verdad, las monedas más fuertes del mundo son obra de banqueros centrales que se equivocan menos que los nuestros y que son más independientes como para resistir las presiones políticas.

El segundo punto que genera una relativa mejor calidad institucional monetaria es la sujeción a reglas. Las monedas más fuertes creen no tener necesidad de someterse a ellas, aunque muchas veces lo hacen de facto, tal el caso de la regla de Taylor, que muchos banqueros siguen sin que les sea impuesta. En países con mala calidad institucional monetaria la necesidad de una regla es mucho mayor y se extiende al ámbito fiscal. Poco sirve una regla que restrinja o elimine la política monetaria si a su lado florece el despilfarro fiscal: la convertibilidad no fue suficiente para evitar ese colapso. Incluso una regla fiscal que elimine el déficit operativo (que no elimina todo el déficit) no es suficiente si se logra con un nivel de gasto público y de impuestos que sofoca y mata a quienes producen y generan algo de riqueza. Así es como el problema institucional económico argentino es muy serio. De hecho, el ICI consta de dos subíndices: uno de instituciones políticas y otro de instituciones de mercado. En 2019 ocupamos el puesto 78 en las primeras y el 138 en las segundas, detrás de Níger, Haití y Bolivia.

Pero lo peor de todo son las ideas y los valores que predominan en la política argentina, y tal vez en los votantes, quienes no muestran ninguna intención de llevar adelante cambios que mejoren la calidad institucional. Empecemos de nuevo con la política monetaria. No solamente Guido Sandleris no era «independiente» respecto del gobierno, sino que además renuncia a su mandato cuando va a asumir el nuevo gobierno, «para allanar el camino para que el presidente electo designe a quien considere adecuado», reconociendo que se trata de una tradición argentina. Por supuesto, una tradición que no aportó nada a los argentinos. Además, calidad institucional significa límites al poder, y esto es exactamente lo contrario. No se trata de «allanar» el camino al gobernante, sino de limitarlo. La calidad institucional incluye aspectos básicos como la división de poderes, la independencia de la Justicia, la renovación de mandatos, la libertad de prensa, y si el Estado va a tener una moneda (los argentinos, al menos para sus ahorros han elegido otra), que al menos sea estable y que no se vea sometida a las necesidades fiscales del gobierno de turno.

Nada de eso pasa por la cabeza de los políticos locales. En definitiva, es lógico: quieren tener las manos libres, el camino allanado, quieren tener el poder. Y como mencionara antes, instituciones significan menos poder para quienquiera que sea el gobernante. Los tres primeros puestos del Índice de Calidad Institucional los ocupan Nueva Zelanda, Dinamarca y Suiza. Probablemente ninguno de los lectores recordará el nombre de su gobernante. Borges decía que tal vez ni siquiera los suizos lo saben. Pero son países que progresan, que ofrecen más y mejores oportunidades a sus ciudadanos. Si vamos al final de la lista, todos sabemos quién es el gobernante de Corea del Norte, y en el caso de América, de Venezuela. Así que, en definitiva, la brecha que nos separa del progreso es una brecha de normas, de reglas de juego y, sobre todo, de limitaciones al poder. Hace rato que lo único que discutimos es quién se hará cargo del poder, nunca discutimos cuál será la dimensión de este. Y así, discutiendo personas, nombres, carismas, dejamos que las instituciones se deterioren y las oportunidades de progreso se cierren.

Donald Trump propuso a Judy Shelton para el board de la Reserva Federal. La descalifican porque le gusta el patrón oro (¿??)

Donald Trump propuso como miembro del Board de la Reserva Federal a  Judy Shelton. Muchos la critican ahora porque tendría opiniones favorables al patrón oro.

James Dorn, en el blog del Cato, comenta al respecto: https://www.cato.org/blog/classical-gold-standard-can-inform-monetary-policy?utm_campaign=Cato%20Today&utm_source=hs_email&utm_medium=email&utm_content=84344530&_hsenc=p2ANqtz-9ySi49lZiuu4_vIFQwaa-nzAoFEUuPrwNW-PB4xwmdTNRM11oFVE2cHu5qL0zhDobodvGtiSLDWRFb-7Ys145tmUjWUw&_hsmi=84344530

Aquí sus conclusiones:

¿Qué aportarían los principios del oro a la Fed?

Si uno no es apto para servir en la Junta de la Reserva Federal porque él o ella ve la belleza del patrón oro clásico, entonces a Alan Greenspan tampoco se le debería haber permitido servir en la Junta. Él también fue un fuerte defensor del patrón oro clásico. En 1966, escribió:

Un antagonismo casi histérico hacia el patrón oro es un tema que une a los estatistas de todas las persuasiones. Parecen sentir, quizás más clara y sutilmente que muchos defensores consistentes del laissez-faire, que el oro y la libertad económica son inseparables, que el patrón oro es un instrumento del laissez-faire y que cada uno implica y requiere al otro. Para comprender la fuente de su antagonismo, primero es necesario comprender el papel específico del oro en una sociedad libre.

La operación del estándar de oro clásico ofreció muchas lecciones, incluida la importancia de los contratos privados exigibles bajo un estado de derecho justo, sobre cómo se podría mejorar el sistema existente. Esto no significa que necesariamente debamos volver a ese estándar. Simplemente significa que no debemos descartar ese sistema como una «idea chiflada». Karl Brunner , cofundador del Comité de Mercado Abierto de la Sombra, por ejemplo, una vez llamó a un «club de estabilidad financiera» internacional en el que los estados miembros estarían de acuerdo en obligarse a una regla monetaria y así ayudar a reducir la incertidumbre inherente a un gobierno discrecional. régimen de dinero fiduciario. Volver a la política monetaria basada en reglas sería, en sí mismo, honrar las lecciones aprendidas durante la era del patrón oro.

Aunque Greenspan elogió el estándar de oro clásico, se dio cuenta de que, una vez designado, tendría que trabajar dentro del marco legal existente, no abogar por un regreso al patrón de oro anterior a 1914. Sin embargo, su conocimiento de cómo funcionaba ese sistema para mantener el valor del dinero, y para permitir que las tasas de interés, no los banqueros centrales, asignaran capital escaso, ayudó a informar su enfoque de la política monetaria en la Fed. Incluso muchos años después de que comenzó su largo mandato como presidente de la Fed, Greenspan declaró, en una audiencia en el Congreso de 2001: «Señor presidente, siempre que tenga moneda fiduciaria, que es un asunto estatutario, un banco central que funcione adecuadamente se esforzará por, en muchos casos, replica lo que generaría un estándar de oro «.

 

Neurociencia, neuroeconomía y economía de la conducta: ¿se sostiene el tradicional conflicto entre racionalidad y emociones?

Algunos ya conocerán que desde hace un par de décadas se viene desarrollando un área multidisciplinaria llamada “neuroeconomía”,  la que utiliza nuevas tecnologías de escaneo de la actividad cerebral para detectar comportamientos que tengan que ver con la toma de decisiones económicas.

Un área nueva, y compleja, por eso este paper es una gran contribución para tener una idea del desarrollo general del tema y de los principales conceptos que se manejan. Por supuesto, lo que ha de ser más importante para los economistas tiene que ver con el valor y las valoraciones subjetivas, que el artículo trata, pero aquí pongo unos párrafos sobre un tema que los filósofos han estado discutiendo por siglos: la relación entre las emociones y la razón.

El paper es

Daniel Serra. Neuroeconomics and modern neuroscience. 2019. ‌halshs-02160907

 

“Ahora pensemos en la famosa metáfora imaginada por Platón. La mente es vista como un carro tirado por dos caballos. El cerebro racional es el conductor; Sostiene las riendas y elige dónde corren los caballos. Si los caballos se salen de control, el conductor solo necesita sacar su látigo y reafirmar su autoridad. Uno de los caballos está bien criado y se porta bien, pero incluso el mejor conductor tiene dificultades para controlar al otro caballo. Según Platón, este caballo obstinado representa emociones negativas y destructivas. El trabajo del conductor es evitar que el caballo oscuro corra salvaje y mantener a ambos caballos avanzando. Con esa simple metáfora, la mente era vista como conflictiva, dividida entre la razón y la emoción. Esta doble división de la mente es una de las ideas más consagradas en la cultura occidental. Lehrer (2009, cap. 1) pinta un vasto fresco del pensamiento occidental, desde René Descartes hasta Sigmund Freud, e incluye a Francis Bacon, Auguste Comte y Emmanuel Kant, un gran conjunto de filósofos influyentes que representan diversas formas de esta dualidad. —Hasta la metáfora moderna del cerebro como una computadora propuesta por la psicología cognitiva — para la cual los sentimientos son vistos como antagonistas de la racionalidad. Aristóteles en The Nicomachean Ethics es visto como una excepción al afirmar que la racionalidad no siempre estuvo en conflicto con la emoción. Una de las funciones críticas del pensamiento racional es verificar que las emociones se apliquen de manera inteligente al mundo real; La clave para «cultivar la virtud» era aprender a manejar las propias pasiones. Otra excepción ampliamente conocida es Spinoza, contemporáneo de Descartes, quien al agrupar cuerpo y mente vio las emociones y los sentimientos como un aspecto central de la humanidad29.

Por lo tanto, cuando se abre la «caja negra» del cerebro, encontramos que los caballos (uno que simboliza las emociones negativas y destructivas) y el conductor (que simboliza el cerebro racional) dependen uno del otro. Donde no hay emoción, la razón no existirá. Podemos usar el término «racionalidad» para traducir esta complementariedad entre emoción y razón (Oullier, 2010). Desde un punto de vista económico, este es un hallazgo esencial. No podemos suponer que las decisiones racionales de los agentes económicos estén libres de cualquier interferencia emocional. Esto es justo lo que fue confirmado por una serie de experimentos neuroeconómicos tempranos dentro del programa «economía del comportamiento en el escáner», a raíz de la economía del comportamiento.”

Artículo en Cronista: El juego de la gallina y la renegociación de la deuda

https://www.cronista.com/columnistas/El-juego-de-la-gallina-y-la-renegociacion-de-la-deuda-20200305-0059.html

EL JUEGO DE LA GALLINA Y LA RENEGOCIACIÓN DE LA DEUDA

Martín Krause

Profesor de Economía, Universidad de Buenos Aires; Consejo Académico, Fundación Libertad y Progreso

La teoría de los juegos analiza las situaciones en las que el resultado de una acción no depende solamente de uno (salgo a correr o no), sino también de lo que haga otro (¿viene mi amigo a jugar al tenis?). Se aplica, también, a todo tipo de negociación, por eso no extraña que se haya hecho referencia a ella en este proceso de renegociación de la deuda externa.

He visto menciones al Juego de la Gallina, muy conocido en esta área. Suele describirse como una competencia en la que dos participantes se enfrentan dirigiéndose uno contra el otro, en direcciones opuestas, sobre una ruta angosta y a toda velocidad. El que se aparta primero, pierde, fue un “gallina”. El tema es, ¿cómo lograr que el otro se aparte? La respuesta es que lo hará si lo convence que no va a ceder y está dispuesto a todo. Para eso, debe enviar señales convincentes (acelera a fondo, quita el volante y lo tira por la ventana, etc.).

Por ejemplo, el terrorista que secuestra un avión tiene que ser convincente, mostrar que está alienado y tiene un chaleco de bombas. Si aparece dudoso y amenaza con una cañita voladora, cualquiera se va a tirar sobre él para controlarlo, incluso yo.

Así ha sido analizado el reciente proceso de la provincia de Buenos Aires. Kiciloff se subió al auto y aceleró, pero no pudo convencer, dio señales poco claras y terminó doblando, es decir, pagando. Lo acusaron de gallina, pero tal vez debamos decir que por suerte dobló. El tema es para qué se subió al auto, en primer lugar. Hubiera invitado a los acreedores a dar una vuelta, el resultado hubiera sido el mismo y al menos hubiera generado algo de confianza.

Ahora viene la negociación del gobierno nacional. ¿Se aplica también el mismo juego? No de la misma forma, porque en este caso son más jugadores. Como mínimo tres: el gobierno nacional, los acreedores y el FMI.

El Juego de la Gallina en este caso adquiere otra forma, podría utilizarse la versión de la famosa película de James Dean, Rebelde sin Causa. Allí dos jóvenes corren en autos en la misma dirección hacia un precipicio. El primero que se tira del auto es el gallina. En la película, uno de ellos se traba la manga de la campera, no puede abrir y muere. James Dean salta y se salva.

El juego podría ser de tres autos corriendo hacia el precipicio, que en este caso es el default. Allí los bonistas pierden (o tienen que ir al largo proceso judicial), el FMI pierde (si el default lo incluye) y el gobierno nacional también.

El gobierno quisiera frenar en el borde y que los otros dos o caigan, con lo que van a tener que aceptar quitas, tanto de capital como de intereses. Si frenan antes y son gallinas, deberán aceptar reprogramación de pagos de capital, tal vez también algo de intereses.

Otra posibilidad, sobre todo alentada por el FMI, es que éste y el gobierno nacional frenen y los que se caigan sean los bonistas. Mejor aún, que lo bonistas de desbarranquen y el gobierno nacional frente antes. De esa forma, el Fondo se asegura su cobro y los bonistas que se arreglen. Si bien el otro auto se cayó, el gallina sería el gobierno nacional y tendría que acordar sus pagos con el organismo y como no le paga a los bonistas, podría tener recursos suficientes para Fondo. Éste por ahora lo alienta a salir a toda velocidad, para que los bonistas se terminen estrellando.

De todas formas, ¿cuál es la “amenaza creíble” que cada uno tiene? Los bonistas dirán: si no me pagas, nadie te va a prestar (por un tiempo, por supuesto). El FMI dirá: si no me pagas, yo no te voy a prestar. Algunos mencionan que quienes dirigen el FMI temen el mayor default de su historia, pero Georgieva también puede alegar la “herencia recibida”.

La única amenaza creíble de Argentina sería “no los necesito, a ninguno de los dos”. Esta señal podría provenir de que se obtuvieron otras fuentes de financiamiento (Rusia, China, Irán?) de tipo bolivariano, digamos. O la que sería más creíble de todas, y más increíble que suceda, que se ajuste el gasto, se tengan superávits operativo y financiero y le pongamos candado con prohibiciones constitucionales al aumento del gasto, a la existencia de déficit y el endeudamiento.

Por ahora, la “amenaza” que presenta el gobierno es muy débil y poco creíble. Algo de superávit operativo hacia el final del período gubernamental. Es como un dudoso Kiciloff, amenazando con una cañita voladora, una que cuando usada antes ni siquiera despegó.

Artículo en InfoBAE: Gobiernos de CEOs, de científicos…., o de políticos.

https://www.infobae.com/opinion/2020/03/05/cientificos-ceos-o-politicos/

GOBIERNOS DE CEOS, DE CIENTÍFICOS …., DE POLÍTICOS

Martín Krause

Los discursos presidenciales para la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso suelen ser considerados por las estrategias que se presenten, las medidas que se anuncien y también por los conceptos expresados. Estos pueden ser más importantes que los anteriores porque reflejan una visión de la realidad que, seguramente, influirá en el diseño de estrategias y en el anuncio de medidas.

Hay varios en el reciente discurso de Alberto Fernández, pero me voy a concentrar en uno: “Somos un gobierno con científicos, no con CEOS. Un gobierno con la convicción de que el conocimiento es clave para las políticas públicas y para el desarrollo.”

En realidad, los dos tienen conocimiento, aunque sea de diferente naturaleza, pero el problema respecto al conocimiento no es el que tenga un CEO a diferencia de un científico, sino el que tienen los políticos en relación a los votantes.

Durante la segunda mitad del siglo XX autores como Anthony Downs, James Buchanan (Nobel 1986), Gordon Tullock, desarrollaron toda un área de la teoría económica que denominaron Public Choice, o Elección Pública, a diferencia de las elecciones que hacemos en el mercado, que solemos traducir como Análisis Económico de la Política. Una de las primeras cosas que destacaron fue la diferencia de incentivos que tienen los políticos, los funcionarios y los votantes.

Bryan Caplan, autor del libro El mito del Votante Racional, ha señalado que en encuestas realizadas desde los años 1940s una mayoría ha sido incapaz de nombrar uno de los poderes del Estado, definir los términos “liberal” o “conservador” o explicar qué es la Bill of Rights (Carta de Derechos). Más de dos tercios desconocen el contenido del fallo Roe vs Wade, que permitió el aborto, y no saben lo que es la Food and Drug Administration, que regula tanto medicamentos como alimentos. Casi la mitad desconoce que allí cada estado tiene dos senadores y tres cuartos desconocen cuántos años de mandato tienen. Cuarenta porciento no puede nombrar a uno de sus senadores. Y estamos hablando de la democracia más antigua con más de 200 años ininterrumpidos de elecciones.

¿Porqué los votantes son tan ignorantes? Según los primeros autores es racional que así sean, porque su voto no decide el resultado de una elección. Cuando uno va a un supermercado, lo que elige es lo que se lleva, pero cuando uno vota, puede llevarse todo lo contrario. Los que votaron a Macri recibieron en cambio a Fernández. Como el vínculo entre la decisión que se toma y el resultado que se obtiene es muy débil (mi voto a presidente es uno entre muchos millones), para qué dedicar mucho tiempo y esfuerzo a estar informado.

A diferencia de los votantes, los políticos tienen un fuerte incentivo para estar informados, porque de ello bien depende su éxito o fracaso en la profesión. Tienen que saber muy bien el impacto de una determinada medida en sus votantes y, sobre todo, a quienes éstos pueden adjudicar tanto el éxito como el fracaso. Esa combinación de votantes desinformados y políticos informados no necesariamente da buenos resultados.

Toda la existencia del lobby tiene que ver con eso. Pues, preguntémonos: ¿cómo es que en una democracia, donde gobierna una mayoría, se aprueban medidas que benefician ostensiblemente a unos pocos, a costa de todos los demás? Pues la respuesta es que esos pocos tienen fuertes incentivos para estar informados mientras que el resto no. Supongamos que ahora la importación de un determinado producto requiere una licencia de importación muy restrictiva. El fabricante local de ese producto está muy al tanto de esa norma, la busca en el Boletín Oficial y festeja el día que se publica. El resto ni se entera, ya que incluso está redactada de forma tal que es muy difícil de entender. El político conoce esto y sabe que puede beneficiar a ese productor, o a ese sector, sin mayor costo político porque los votantes están, digamos, distraídos. El lobby florece.

La conclusión normativa de autores como Buchanan y Tullock es que difícilmente haya un sistema perfecto, por eso la recomendación es que el poder esté lo más descentralizado posible, pues es más fácil para un votante estar al tanto de lo que pasa en el barrio que lo que hace el Banco Central, o mudarse de un municipio a otro, y que el uso del poder se restringa lo máximo posible, sea para CEOS o para científicos, y sobre todo para políticos.

¿El corona virus justifica la existencia de un gobierno global? Las crisis son a medida para eso

Jeff Deist publica en el Mises Institute un artículo acerca de si hace falta un gobierno mundial para enfrentar una epidemia como la del corona virus. Es de imaginar la respuesta. El artículo entero en: https://mises.org/power-market/does-coronavirus-make-case-world-government

Así empieza:

“A veces suceden cosas terribles sin ningún maltrato humano, y el nuevo coronavirus de Wuhan puede ser una de esas cosas. Es completamente plausible que el virus surgió de los «mercados húmedos» en la provincia china de Hubei en lugar de ser una arma biológica confusa (o peor, liberada intencionalmente) preparada por el gobierno de Xi Jinping.

Puede que nunca lo sepamos, por supuesto. Pero las respuestas fáciles o fácilmente aparentes a la pregunta de cómo podría haberse evitado esto deberían considerarse con el escepticismo apropiado para cualquier propaganda estatal. Las crisis de todo tipo, ya sean económicas, políticas, militares o de salud, envían a los ideólogos a luchar para explicar cómo esos eventos encajan perfectamente en su visión del mundo. De hecho, los partidarios políticos a menudo intentan describir cualquier crisis como ocurrida en primer lugar precisamente porque sus políticas y preferencias no han sido adoptadas.

El coronavirus de Wuhan parece hecho a medida para esto. Los alarmistas que abogan por (i) medidas de «salud pública» mucho más robustas e integrales por parte de los gobiernos nacionales y (ii) una mayor coordinación supranacional inevitablemente señalan las enfermedades infecciosas como justificación para un mayor poder estatal sobre las decisiones médicas personales. Los virus que dan miedo y se propagan rápidamente son el alimento perfecto para su argumento de que la gente no puede simplemente dejar sus propios dispositivos.

Los brotes transfronterizos de enfermedades se adaptan particularmente bien al deseo burocrático preexistente de poder sobre las poblaciones: hacen que el público esté mucho más dispuesto a aceptar cuarentenas forzadas y arrestos por incumplimiento; inmunizaciones forzadas; compromisos involuntarios con instalaciones estatales; toques de queda; restricciones en operaciones comerciales y viajes; y controles de importación. También permiten que los funcionarios de salud pública comanden y gestionen los esfuerzos para encontrar «la cura», que luego se atribuyen el crédito cuando el virus finalmente cede.

Este es el tipo de cosas que los políticos autoritarios quieren todo el tiempo. Las crisis simplemente brindan la oportunidad de aumentar su poder y también de acostumbrar al público a recibir órdenes y recibir señales de fuentes gubernamentales centralizadas.”

Cerramos la economía al comercio internacional, y nos perdemos ser parte de las cadenas globales de valor. Estúpido

En Argentina nos negamos a ver la importancia de abrir la economía y participar en el comercio internacional, la mentalidad mercantilista prevalece. El mundo moderno, sin embargo, está formado por Cadenas Globales de Valor, y los países que crecen son los que participan en ellas, no los que se encierran.

Aquí, este profesor de Harvard, publica un artículo y comenta sobre el tema:

CONCEPTUAL ASPECTS OF GLOBAL VALUE CHAINS, Pol Antràs, Working Paper 26539

http://www.nber.org/papers/w26539

“En las últimas décadas, una serie de desarrollos tecnológicos, institucionales y políticos han impulsado una importante globalización de los procesos de producción en todos los países. Más y más ahora la producción se organiza a escala global y elija ofrecer piezas, componentes o servicios en productores en países extranjeros y a menudo distantes. Las etiquetas típicas «Made in» sobre la fabricación de los bienes se han convertido en símbolos arcaicos de una época antigua. En la actualidad, la mayoría de los productos se fabrican en el mundo.

Algunos aspectos de esta nueva ola de globalización no son particularmente novedosos. Significativos incrementos sostenidos en la relación comercio / PIB se habían experimentado en el pasado. El período 1870-1914, por ejemplo, fue testigo de un gran aumento en los flujos del comercio internacional, en gran parte impulsado por la invención del buque de vapor, y ese período a menudo se conoce como la «Primera Globalización». Del mismo modo, el comercio internacional de materias primas e insumos intermedios ha sido una característica destacada del comercio mundial desde tiempos inmemoriales. Por ejemplo, los comerciantes asirios que establecieron Kanesh (en la actualidad Turquía) en el siglo XIX a. C. importaban telas de lujo y estaño de Aššur, y también comerciaron cobre y lana dentro de Anatolia (Barjamovic et al., 2019).

A pesar de estos precedentes, existe una opinión común de que la transformación de la economía del mundo desde la década de 1980 tiene algunas características distintivas, y que interpretar el llamado aumento de las cadenas de valor mundiales (CGV) simplemente como una intensificación de la integración comercial entre países deja de lado varias dimensiones clave de este fenómeno.”

Artículo en Ámbito Financiero: Cambió la frase de Alberdi, Gobernar es desregular

Arículo en Ámbito Financiero: https://www.ambito.com/politica/gobierno/cambio-la-frase-alberdi-gobernar-es-desregular-n5085553

CAMBIÓ LA FRASE DE ALBERDI: GOBERNAR ES DESREGULAR

Martín Krause

Profesor de Economía, UBA; Consejo Académico, Fundación Libertad y Progreso

 

Han pasado ya tres meses desde la inauguración de los mandatos de algunos gobernadores y de nuevas legislaturas provinciales. No parece que se le caigan muchas ideas. Lo que hemos visto es lo de siempre: más impuestos, abandonar compromisos para reducir el aumento del gasto o impuestos, otro tipo de gasto social, nuevos programas. Para los sectores productivos y/o para los contribuyentes, poco o nada, o más cargas.

Por si no se les ocurre qué hacer, siempre es bueno mirar qué pasa en algún otro lado. Sugiero Idaho, ese estado perdido en las laderas de las montañas Rocallosas del que tal vez ni los norteamericanos hablan.

Resulta que tiene una legislación particular, que obliga a su legislatura estatal a aprobar cada año todo el código regulatorio del estado, o cae automáticamente. Curiosamente, eso es lo que ocurrió el 11 de Abril de 2019. Tal vez por rencillas políticas en la legislatura, lo cierto es que no se aprobó esa renovación y todas dejaban de estar vigentes el 1 de Julio de ese año. Estamos hablando de 8.200 páginas de regulaciones.

El gobernador, Brad Little, tenía ya un proyecto para reducir las regulaciones pero, de pronto, se encontró con esto. Lo primero que hizo fue pedir a todas las agencias del estado que tenían que presentar ante la División de Administración Financiera todas las regulaciones que querían mantener vigentes, antes del 10 de Mayo, para que, en todo caso, las aprobara temporalmente. En Enero de ese año el gobernador había aprobado dos decretos estableciendo que toda agencia que aprobara una nueva norma, tenía que derogar otras dos, algo que también aplicó Trump a nivel nacional y Macron en Francia.

El 21 de Mayo el gobernador Little presentó su propuesta, por la que se eliminaban 139 capítulos completos y 79 parcialmente, el 34% de las regulaciones vigentes. Se abrió al comentario público hasta el 11 de Junio. Las regulaciones aprobadas se publicaron el 19 de Junio tras lo cual había otros 21 días de comentarios. El 19 de Julio, Little propuso simplificar el 60% de las regulaciones hacia fines del 2019, buscando eliminar más que reformar normas.

Ahora, el 16 de Enero de 2020, firmó dos decretos más. Uno se titula “Regulación base cero”, que crea un proceso de revisión del 20% de las normas cada año. EL segundo se llama “Transparencia en Documentos para la Guía”, por los cuales las agencias tienen que explicar las normas en un lenguaje que sea comprensible para todos. También se aprobó una moratoria de nuevas normas para todo 2020, es decir no se dictarán nuevas.

Como resultado de este proceso, Idaho redujo y simplificó un 75% de sus normas, unas 1800 páginas de regulaciones menos. El senador Hill calificó al estado como un “acumulador compulsivo” de normas y regulaciones.

Cantidad y calidad

Nada de esto parece estar en la mente de ninguno de los gobernadores, ni de los legisladores provinciales, más bien lo contrario. De todas formas, la experiencia plantea una discusión interesante: ¿es una cuestión de la cantidad de normas?

A veces una sola es mucho más destructiva que cientos de páginas de otras. Una resolución del Banco Central genera mayor descalabro económico que cuarenta leyes aprobadas en el Congreso, y cuyas resoluciones suelen ser para aprobar el día de la inmortalidad del cangrejo o cosas por el estilo. De todas formas, parece que no es lo mismo mil páginas del Boletín Oficial que una o diez.

Al respecto, Julio H. G. Olivera, un economista respetado por muchos, escribió un artículo muy interesante sobre este tema “El principio de Gossen y la estabilidad jurídica” donde plantea que, si hay un “punto de equilibrio” entre la demanda y la oferta de regulaciones, el estado debería pecar, digamos, hacia abajo. Porque si la “oferta” de regulaciones excede a su demanda, lo que tenemos son mercados negros, tal como lo vemos hoy en el mercado laboral, cambiario y tantos otros. Pero si es la “demanda” de regulaciones la que excede a la oferta, el mercado cierra esa brecha a través de contratos entre las partes.

Idaho va por ese camino, nosotros por el otro. Si se trata de atraer inversiones y reactivar la economía, el resultado estará muy pronto a la vista.

¿Porqué la innovación no tendría límites? Porque la combinación de ideas es mucho más grande que la de materia

Matt Ridley, el autor de The Rational Optimist y The Evolution of Everything, entre otros muy Buenos libros, presenta ahora uno publicado por el Institute of Economic Affairs de Londres titulado How Many Lightbulbs does it take to change the World”, sobre la innovación, en el que sostiene la tesis de que la innovación no depende de grandes genios inventores sino de un entorno favorable que las vuelve algo así como evidentes o inevitables.

Uno de los ejemplos o casos que plantea del libro The Rational Optimist:

“Lo maravilloso del conocimiento es que es genuinamente sin límites. Ni siquiera hay una posibilidad teórica de agotar el suministro de ideas, descubrimientos e inventos Esta es la mayor causa de mi optimismo de todas. Es una característica hermosa de los sistemas de información que son mucho más amplios que los sistemas físicos: la combinatoria inmensidad del universo de posibles ideas minimiza el insignificante universo de las cosas físicas. Como Paul Romer señala la cantidad de diferentes programas de software que pueden ponerse en discos duros de un gigabyte es 27 millones de veces mayor que el número de átomos en el universo.”

Y acá presenta dos citas que, ahora por supuesto, parecen increíbles:

“Y aquí hay dos citas para recordarle cómo expertos desesperanzados predicen el futuro de la tecnología:

No hay razón para que una persona tenga una computadora en su casa.

Ken Olsen, fundador de la Digital Equipment Corporation en 1977.

Para el año 2005 más o menos, quedará claro que el impacto de Internet en la economía no ha sido mayor que el de las máquinas de fax

Paul Krugman, economista ganador del Nobel en 1998

 

¿Y cómo es que la innovación promueve el crecimiento económico?

“Ahora, la innovación es la fuente del mayor crecimiento económico. ¿Pero cómo la innovación causa crecimiento? Se trata principalmente de horas. El crecimiento económico es la reducción del tiempo que lleva para satisfacer una necesidad.

Entonces, para tomar la luz artificial como ejemplo nuevamente, hoy  te lleva aproximadamente ⅓ de segundo de trabajo con el salario promedio para ganar una hora de luz con una sola bombilla LED. En 1950 tomó a sus abuelos 8 segundos; en 1880, con una parafina lámpara de 15 minutos; en 1800 con una vela de sebo, 6 horas de trabajo. Esa reducción te deja libre para gastar el tiempo extra para ganar un servicio diferente o bueno, o relajarse y consumir.”

El (ya viejo) mito de la educación y la salud en Cuba. No mejoraron con la Revolución

Interesante artículo de Hans Bader para FEE, sobre el ya viejo mito de la educación y la salud en Cuba: https://fee.org/articles/no-fidel-castro-didnt-improve-health-care-or-education-in-cuba/

Así comienza:

 

“En los 60 minutos de CBS, el senador Bernie Sanders elogió recientemente los logros de la Cuba comunista. Un entrevistador le preguntó acerca de sus comentarios de 1985 de que los cubanos apoyaron al dictador comunista Fidel Castro porque «educó a sus hijos, les brindó atención médica, transformó totalmente la sociedad». En respuesta, Sanders defendió esos comentarios, afirmando que cuando “Fidel Castro llegó al cargo, ¿sabes lo que hizo? Tenía un programa masivo de alfabetización «.

 

Pero Castro no les dio a los cubanos alfabetización. Cuba ya tenía una de las tasas de alfabetización más altas de América Latina en 1950, casi una década antes de que Castro tomara el poder, según datos de las Naciones Unidas (estadísticas de la UNESCO). En 2016, el verificador de hechos del Washington Post Glenn Kessler desmintió la afirmación de un político de que el gobierno de Castro mejoró significativamente la atención médica y la educación cubana.

 

En la Cuba de hoy, los niños son enseñados por maestros mal pagados en escuelas en mal estado. Cuba ha logrado menos progreso educativo que la mayoría de los países latinoamericanos en los últimos 60 años.

 

Según la UNESCO, Cuba tenía aproximadamente la misma tasa de alfabetización que Costa Rica y Chile en 1950 (cerca del 80 por ciento). Y tiene casi la misma tasa de alfabetización que en la actualidad (cerca del 100 por ciento).

 

Mientras tanto, los países latinoamericanos que en su mayoría eran analfabetos en 1950, como Perú, Brasil, El Salvador y la República Dominicana, están alfabetizados en la actualidad, cerrando gran parte de la brecha con Cuba. El Salvador tenía una tasa de alfabetización de menos del 40 por ciento en 1950, pero hoy tiene una tasa de alfabetización del 88 por ciento. Brasil y Perú tenían una tasa de alfabetización de menos del 50 por ciento en 1950, pero hoy, Perú tiene una tasa de alfabetización del 94,5 por ciento y Brasil una tasa de alfabetización del 92,6 por ciento. La tasa de República Dominicana aumentó de poco más del 40 por ciento al 91.8 por ciento. Si bien Cuba logró un progreso sustancial en la reducción del analfabetismo en los primeros años de poder de Castro, su sistema educativo se ha estancado desde entonces, incluso cuando gran parte de América Latina mejoró.”