Incluso después del plebiscito sobre la constitución chilena el tema no está cerrado, ¿cómo seguiría?

El proceso constitucional chileno está llegando a una etapa final y el debate es intenso, como era de esperar, y es también importante para toda América Latina. Por eso es interesante leer una visión algo alejada de esa intensidad y para ello este artículo publicado en la revista Quillette, por Rasmus Sonderriis quien es un periodista danés-chileno especializado en América Latina… y Etiopía (¡?), y autor de una comedia ‘Fifty Shades of Woke’. www.fiftyshadesofwoke.com

Acá el artículo,” Voters and Quotas: Crunch Time for Chile’s Millennial Revolutionaries”, que así concluye: https://quillette.com/2022/07/08/crunch-time-for-chiles-revolution/

 

“Entonces, ¿qué viene después? En todo el amplio campo que se opone a la adopción de este nuevo documento, existe el compromiso de respetar al 78 por ciento que votó a favor de cambiar la constitución. Si se rechaza esta propuesta, el proceso se reiniciará, no se abortará.

¿Qué se puede aprender antes del siguiente intento? La madre del presidente, nada menos, se ha quejado de “falta de erudición legal” en la Convención Constitucional. Su hijo no estaba de acuerdo, pero si aspira a escuchar a su país, debe empezar por escucharla a ella. Una encuesta muestra que al 70 por ciento de los ciudadanos le gustaría que la nueva constitución fuera redactada por expertos, no por activistas.

Aun así, las decisiones críticas que enfrenta el país son políticas, no técnicas. En los próximos años, la gobernanza chilena seguirá siendo la primera línea en la batalla entre los derechos de los ciudadanos individuales y los derechos colectivos de los grupos.”

Chile quiere reformar su Constitución y su sistema de pensiones: ¿qué principios deberían considerarse?

Si fuera por el actual gobierno chileno, profundizaría una serie de cambios institucionales que terminarían haciendo perder a este país el primer puesto de calidad institucional en la región. Todavía está por verse si la nueva Constitución termina siendo aprobada, lo que seguramente garantizaría esa caída. Pero el desafío no es sólo ese, también la reforma del sistema de pensiones. La Fundación Libertad y Desarrollo publica un informe sobre esta iniciativa, titulado PRINCIPIOS PARA EL CORRECTO DISEÑO DE UN SISTEMA DE PENSIONES: https://lyd.org/wp-content/uploads/2022/05/TP-1545-PRINCIPIOS-SIST.-DE-PENSIONES.pdf

Su resumen:

  • La reforma de pensiones que se presentaría en el mes de agosto considera un sistema colectivo de ahorro, volviendo a introducir un componente de reparto. Ello implica perder la propiedad de los fondos ahorrados al no existir propiedad individual, por lo que tampoco los fondos serían heredables.
  • En el mundo la tendencia va hacia la adopción de componentes de capitalización individual, para hacer frente al envejecimiento de la población y dar sustentabilidad a los sistemas de pensiones.
  • Se comparte la necesidad de introducir mejoras al pilar contributivo para aumentar el monto de las pensiones futuras en nuestro país, pero sin que ello implique volver a fórmulas de reparto.
  • Un sistema de pensiones solidario es compatible con uno de cuentas de ahorro personal, financiando el componente solidario de transferencias intra e intergeneracionales por medio de impuestos generales y no por un impuesto al trabajo.

Una visión desde el FMI sobre las causas del descontento de los chilenos

Además de lo que ya conocemos del FMI, su staff investiga y publica. Estas investigaciones no tienen relación con las decisiones que luego toma el organismo, pero es interesante conocerlas porque van formando una “opinión” dentro del organismo, que luego sí puede ser importante cuando se abordan ciertos problemas. Acá hay un caso: Chile.

Metodij Hadzi-Vaskov y Luca A. Ricci publican un paper titulado “Understanding Chile’s Social Unrest in an International Perspective”; IMF Working Paper No. 2021/174: https://ssrn.com/abstract=4026373

Supongo que a algunos les va a interesar conocer cómo ven la situación chilena y las causas del descontento que florecieron hace un par de años. Responder a esa pregunta es clave para poder comprender lo que actualmente está pasando en el país con mejor calidad institucional de toda América Latina y con el mejor desempeño económico de las últimas décadas. Este es su resumen:

“Nuestro objetivo es proporcionar una descripción general amplia de los problemas sociales de Chile, en comparación con otros países y a lo largo del tiempo, a fin de ubicar el malestar social reciente en perspectivas históricas e internacionales que puedan ayudar a preparar el terreno para futuras prioridades políticas. Seguimos un enfoque ecléctico, clasificando un amplio conjunto de indicadores en seis dimensiones: desigualdad en: i) ingresos; ii) percepción; iii) acceso; iv) oportunidad; v) redistribución; y vi) ubicación. El análisis propone un conjunto de hallazgos descriptivos. En primer lugar, la desigualdad de ingresos se redujo sustancialmente pero sigue siendo alta, también en comparación con países con un nivel y una trayectoria de desarrollo similares. En segundo lugar, Chile parece ser uno de los pocos países de América Latina con una desigualdad decreciente donde la desigualdad percibida en realidad aumentó. En tercer lugar, a pesar de un aumento en el gasto social, el acceso a los servicios esenciales parece limitado, particularmente para las clases de ingresos medios y bajos, en medio de un rápido crecimiento de los gastos de bolsillo en salud, un crecimiento relativamente más rápido del costo de vida para los relativamente más pobres y debilidades en los sistemas de pensiones y educación. Cuarto, la desigualdad de oportunidades es alta, con competencia limitada. Quinto, la redistribución fiscal ha mejorado notablemente, pero sigue siendo baja según los estándares internacionales. Finalmente, la desigualdad interregional ha disminuido sustancialmente en las últimas dos décadas, alcanzando niveles similares a la mediana de la OCDE.”

Articulo en La Nación sobre Chile: ¿Suicidio político?

Chile, ¿un suicidio político?

Chile y el debilitamiento o destrucción de instituciones. Y lo peor es la desconfianza, la brecha y el quiebre de la cooperación social

Buena columna de Esteban Montoya, primero publicada en el diario La Tercera y luego reproducida en la web de la Fundación para el Progreso (FPP): http://fppchile.org/es/la-otra-violencia/

La crisis social que ya lleva más de un mes y medio ha dejado al desnudo profundas grietas estructurales en todo el sistema político chileno. Pero esta crisis también ha revelado el crítico nivel de polarización política que tenemos. Polarización que nos ha llevado a excavar trincheras aún más profundas con tal de “no ser como el otro”, porque el otro “piensa de forma tan equivocada que no debiese poder expresarse”. Esta lógica de polarización no sólo nos ha llevado a ver cómo la estructura institucional se ha destruido, sino también la estructura social, el arquetipo de la confianza.

“La nula capacidad de tolerar a quien piensa distinto, de ser incapaz de escuchar y entender o simplemente de amedrentar por no cumplir con ciertos lineamientos morales ha alcanzado ribetes que distan de ser adecuados para una democracia”

La nula capacidad de tolerar a quien piensa distinto, de ser incapaz de escuchar y entender o simplemente de amedrentar por no cumplir con ciertos lineamientos morales ha alcanzado ribetes que distan de ser adecuados para una democracia, que ahora son alimentados por un totalitarismo partisano. Así, vamos construyendo un solo relato posible y permitido, el “nuestro”, y del cual el “otro” debe abstenerse de opinar. El que no habla, pasa.

La infantil funa al chef José Luis Calfucura del restaurant Amaia, sólo por haber recibido al Presidente Piñera, exigiéndole remover su bandera mapuche por “traicionar todo lo que representa la lucha”, los tristes casos de enfrentamiento político en diversos episodios en matinales de distintos canales nacionales, las funas universitarias censurando autoridades académicas o el atávico show clasista en Portal La Dehesa demuestran que aquel principio de cohesión social democrático que era sustentado por la defensa de la libertad de expresión está completamente ausente en esta crisis.

Y es aquella violencia discursiva -más abstracta- la que corre en paralelo respecto a la violencia de los saqueos o de las barricadas y de la cual nadie se ha hecho cargo. Es más, la enaltecen relativizándola con discursos disfrazados de buenas intenciones, donde gran parte de este rol subyace en ciertos medios de comunicación, figuras públicas y líderes políticos. Lo que omiten aquellos que no dan cuenta de lo nocivo de fomentar la trinchera de opinión es que incitan a la persecución del distinto, a la deshumanización y a no escuchar argumentos contrarios, toda vez que se arrogan de una verdad iluminada e intentan el equivocado cálculo que la violencia puede manipularse y servir a designios particulares. Pero al mismo tiempo olvidan que la ira y el odio difícilmente se pueden encauzar y siempre se desbordan.

La “solución” dista de ser menos compleja. Las instituciones, el sistema político e incluso la economía pueden volver a levantarse, pero lo que sí es un desafío mayor -y obviado- es reconstruir la confianza social, el volver a escucharse. Parte importante de la reconstrucción social -la cohesión- será no sólo tarea de quienes hemos vivido en un vaivén esquizofrénico de emociones, sino de quienes detentan en algún sentido poder e influencia y que han contribuido penosamente a esta división que sólo deshumaniza al otro, al distinto.

Pero para que esa cohesión pueda ser posible, esos influencers tendrán que perder ese dominio que otorgan sus plataformas para viralizar la opinión polarizante y simplona. Esto significará el perderse en la irrelevancia temporal en ciertas discusiones y estar obligados a generar con más entusiasmo un ambiente donde se tolere al que está al frente. En términos simples, tendrán que perder rating. Dejar de buscar carroña y empezar a “cazar” por algo más sofisticado. El rescate de estos ideales democráticos depende bastante de ese criterio olvidado.

Repasemos un poco las políticas de las últimos gobiernos chilenos para entender mejor lo que ocurrió allí

José Niño escribe en el Mises Wire un interesante análisis sobre los recientes acontecimientos en Chile. Termina haciendo énfasis en la necesidad de descentralización: https://mises.org/es/wire/los-manifestantes-chilenos-podr%C3%ADan-poner-fin-d%C3%A9cadas-de-progreso-en-chile

Desde principios de octubre, los manifestantes han obstruido las calles de Santiago y otras ciudades en contra de las recientes subidas de tarifas del metro, al tiempo que expresan su preocupación por el estancamiento de los salarios y el alto costo de vida. Algunas de estas quejas detrás de estas protestas son válidas. Sin embargo, la pregunta del millón de dólares que rodea a toda protesta política de masas sí lo es: ¿Cómo resolverán los manifestantes estos problemas?

La respuesta por defecto a la que los manifestantes están recurriendo generalmente implica tener una mayor presencia del Estado en la economía. Las recientes protestas en Chile así lo han indicado. En el 2012, los chilenos protestaron contra el modelo económico de la nación al destacar el sistema educativo de Chile y ridiculizar el control privado de la industria del cobre del país. Como era de esperar, recurrieron a los típicos puntos de discusión de la denuncia de la desigualdad y la búsqueda de beneficios. Para resolver las supuestas injusticias de este sistema, reclamaron la «educación gratuita» y la nacionalización de la industria del cobre en el país.

De hecho, el sistema de educación superior de Chile es heterodoxo en términos de universidades públicas y privadas. Gracias a sus características nominales de mercado, se convirtió rápidamente en uno de los principales sistemas universitarios de América Latina. Entre 1992 y 2012, el número de chilenos que pasaron por la educación secundaria creció de 200.000 a 1,2 millones. Sin embargo, los manifestantes insistieron en que el sistema era injusto y presionaron para que el gobierno ejerciera un mayor control. Si Chile se tomara en serio su ética de mercado, el sistema educativo debería haber sido liberalizado para que los chilenos tengan más opciones educativas -ya sean de lujo o de presupuesto- a su conveniencia.

Cuando Sebastián Piñera fue elegido en 2010 –que marcó la primera vez que Chile tenía un gobierno de derecha elegido democráticamente en décadas– la gente tenía grandes expectativas para su gobierno. Había esperanzas de que Piñera llevara a Chile a los estándares del «Primer Mundo». A pesar de la publicidad, la administración de Piñera fue bastante deslucida. Tuvo algunos momentos brillantes cuando el gobierno de Piñera decidió reducir los tiempos de espera para los estudios de impacto ambiental, reducir la burocracia innecesaria, reducir los aranceles de importación y la cantidad de tiempo para establecer un negocio.

Sin embargo, Piñera elevó los impuestos corporativos de 17 a 20 por ciento en 2013 y trató de aplacar a las hordas de manifestantes estudiantiles garantizando becas para el 60 por ciento más pobre de la población y préstamos con una tasa de interés real del 2 por ciento para todos, excepto para el 10 por ciento más rico. No hubo un esfuerzo real por parte de Piñera para continuar liberalizando la economía. A su favor, Piñera aún mantenía un mínimo de moderación que le permitía a Chile seguir adelante y seguir creciendo. Considerando todas las cosas, la primera administración de Piñera fue una decepción para cualquiera que creyera que podría introducir reformas sustanciales de libre mercado.

Cuando Michelle Bachelet entró en escena, las cosas empezaron a tomar un giro negativo. Su gobierno subió las tasas de impuestos corporativos, trató de socavar el sistema de educación superior de Chile y utilizó la administración pública para empoderar a los sindicatos. Lo más importante, sin embargo, fue su uso del púlpito del matón para cambiar la narrativa general que rodea la economía política de Chile. No sólo condenó el modelo por supuestamente producir altos niveles de desigualdad en la riqueza, sino que lo llevó un paso más allá al sugerir un posible cambio en el orden constitucional a través de la Asamblea Constituyente.

Después de que la economía de Chile se arrastrara durante los años de Bachelet, los votantes decidieron volver a tirar de la palanca por Piñera. Lamentablemente, la economía sigue rezagada y Piñera revierte su promesa de campaña de recortar los mismos impuestos corporativos que su predecesor. Además, está tomando caballos de batalla progresistas como la consagración de los derechos de la mujer en la constitución y el uso de fondos estatales para socavar el sistema de pensiones privatizado de Chile. Para entonces, los simpatizantes del libre mercado se dieron cuenta rápidamente de que Piñera estaba orquestando una repetición de su milésimo primer mandato como presidente.

Con los disturbios generalizados que tiene ante sí, la administración se ve obligada a atravesar aguas desconocidas. Piñera ya está vacilando al prometer un nuevo «contrato social» que incluye aumentos del salario mínimoaumentos de impuestos a los individuos más ricos del país y una mayor participación del Estado en el sistema de pensiones de Chile. Dado lo voraces que se han vuelto los activistas de izquierda en Chile, no estarán satisfechos con las concesiones de Piñera. Con toda probabilidad, Piñera podría ceder a la presión e iniciar una asamblea constituyente, lo que podría traer niveles sin precedentes de inestabilidad institucional a Chile.

Primera vuelta de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile: análisis de Libertad y Desarrollo

Análisis de Libertad y Desarrollo:

 Tras las elecciones del 19 de noviembre se ha producido un reordenamiento político. A pesar de la clara mayoría de Sebastián Piñera, quien llega con la primera opción de triunfo a la segunda vuelta, los resultados muestran que se abre un cuadro de una elección competitiva, donde el desafío de movilización y diversificación de las bases de apoyo será trascendental en el resultado.

 En el terreno parlamentario, no caben dos lecturas en relación al positivo resultado de Chile Vamos, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. No obstante, preocupa la fragmentación de la izquierda en la medida que desplaza el eje programático ordenador hacia posiciones más próximas a las de una izquierda maximalista.

 En este nuevo escenario, parece importante indagar en las causas de la mayor polarización y del impulso de renovación que se observa a la luz de una lectura de los resultados, teniendo en cuenta los efectos en la gobernabilidad que producirán en el mediano y largo plazo estas nuevas dinámicas y la forma de comprensión de lo político.

“Los resultados de las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales celebradas el pasado domingo arrojaron sorpresas, pero también ratificaron ciertas tendencias previas. A nivel presidencial, Sebastián Piñera obtuvo una clara primera mayoría, con el 36,64% de las preferencias, no obstante obtener una votación por debajo de la expectativas generadas por los sondeos de opinión pública en la antesala de la elección.

Pero el resultado es alentador en la medida que Piñera logra imponerse en todas las regiones del territorio nacional y en el 88% de las 345 comunas. Con una distancia respecto de su más cercano contendor, Alejandro Guillier, de 14 puntos porcentuales. Por su parte, las elecciones reflejan de manera consistente una clara derrota de la Nueva Mayoría, quien de la mano de Alejandro Guillier pierde un 50% de la votación obtenida por Michelle Bachelet en la primera vuelta de 2013 y experimenta el mayor retroceso en el ámbito parlamentario desde 1989 a la fecha, pasando desde un 55,80% a un 36,10% de la representación de la Cámara de Diputados y de un 55,3% a un 46,5% de los escaños en el caso del Senado.

Pero la gran novedad de la elección ha sido la irrupción del Frente Amplio, que de la mano de la votación de un 20,27% de Beatriz Sánchez logró también proyectar una relevante bancada parlamentaria con 20 diputados y 1 senador, capitalizando directamente el retroceso electoral del oficialismo.

Así las cosas el panorama político se re baraja con posterioridad a los comicios de primera vuelta. El principal hito de la elección del 19 de noviembre es haber dado forma a una segunda vuelta competitiva, que demandará tanto un esfuerzo adicional de movilización como de diversificación de apoyos para que la centro derecha vuelva al gobierno. Mientras en el plano legislativo, la mayor fragmentación de la izquierda y el peso específico del Frente Amplio dentro de esa correlación de fuerzas orientará el eje ideológico del parlamento hacia posiciones más radicales, con repercusiones para la futura gobernabilidad que ofrezca la administración entrante.”

¿Impulsa el gasto público al crecimiento de la economía? Un estudio de Libertad y Desarrollo dice que no

La idea que el gasto público puede impulsar el crecimiento de la economía es muy común. El Instituto Libertad y Desarrollo de Chile publica un estudio al respecto, disponible aquí: http://www.lyd.org/lyd/TemasPublicos/TP1303GASTOFISCALYCRECIMIENTODELPIB.pdf

Algunas de sus conclusiones:

“EFECTOS DEL GASTO FISCAL EN EL CRECIMIENTO DEL PRODUCTO: EVIDENCIA

Hay una serie de trabajos que analizan el efecto de la política fiscal en el crecimiento económico. Al realizar una recopilación de estudios empíricos recientes se observa que la mayor parte ellos se basan en la experiencia de países desarrollados, debido principalmente a la mayor disponibilidad de información. Sin embargo, se encontró también evidencia para países en desarrollo, dando cuenta que, por las diferentes características de los mismos, el impacto del gasto fiscal podría tener diferentes resultados en términos de dirección y magnitud.

Los resultados de los diversos estudios empíricos dan cuenta que el efecto de un incremento del gasto fiscal depende de varios factores: en primer lugar, existe una diferencia de efectos en economías desarrolladas versus aquellas en vías de desarrollo. Mientras en las primeras hay evidencia de un efecto positivo (aunque pequeño), en las segundas no lo hay, e incluso podría ser negativo. En segundo lugar, es importante el régimen cambiario, puesto que aquellas economías con tipo de cambio flexible no presentan efectos en el producto. Tercero, la apertura comercial también determina el efecto en el crecimiento del producto de una política fiscal expansiva: a mayor apertura, el impacto del mayor gasto fiscal puede ser negativo. Finalmente, el nivel de deuda también podría afectar negativamente, al menos en tramos de deuda mayores al 60% del PIB.

Chile es un país en vías de desarrollo, con tipo de cambio flexible, con gran apertura comercial y con un nivel de deuda que está creciendo. Por lo tanto, un incremento de gasto de gobierno, en nuestro caso, estaría lejos de lograr el efecto de mayor crecimiento del producto. Es más, podría generar precisamente el efecto contrario.

Veamos qué dice la evidencia local al respecto. El trabajo de Cerda et. al (2005) utiliza la metodología de VAR estructural (SVAR) con datos para Chile para el período 1986-2001. Sus estimaciones muestran que un shock de gasto fiscal tiene un efecto negativo en el PIB sólo durante el primer trimestre, con una magnitud pequeña (-0,3%). Luego, los efectos sobre el PIB no son significativos. Es decir, no se registra evidencia que la política fiscal expansiva sea reactivadora del crecimiento económico. Siguiendo el trabajo de Cerda (2005), realizamos una nueva estimación, con datos que cubren entre el primer trimestre de 1990 y el tercer trimestre de 2016. A partir del modelo SVAR estimado, el siguiente gráfico presenta la función impulso respuesta para un incremento (shock) del crecimiento del gasto público de 1 punto porcentual.

El resultado salta a la vista: el impacto del incremento del gasto fiscal es cero en el crecimiento del producto, lo que refuta la idea que podría ayudar a reimpulsar el aletargado dinamismo que exhibe actualmente nuestra economía.”

El impacto de la Escuela de Chicago en Chile. Sí, empezó con Pinochet, pero abarcó incluso a opositores

Con los alumnos del curso sobre Ideas Políticas y Económicas en América Latina vemos un artículo de Francisco Rosende donde comenta el impacto de las ideas de la Escuela de Chicago en Chile, y en otros países de la región. http://fppchile.org/wp-content/uploads/2015/12/ideas-instituciones-y-lideres_poirtada.pdf

Aquí su introducción:

“A partir de mediados de los 70 se inició en la economía chilena un profundo proceso de transformaciones, el que dio impulso a un progreso sostenido de ésta en las décadas posteriores. Este proceso de reformas tuvo lugar en el contexto de un prolongado y severo estancamiento de la actividad productiva, junto con importantes desequilibrios fiscales, los que amenazaban con desatar una hiperinflación. El papel protagónico que alcanzó en el diseño e implementación de dichas reformas un importante grupo de economistas, que realizó estudios de postgrado en la Universidad de Chicago, ha llevado a una frecuente asociación del proceso de reformas y estabilización aplicado en Chile, con las lecciones que emergen de la investigación y planteamientos de quienes han sido las principales figuras del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago en las últimas décadas, los que se han identificado como la “Escuela de Chicago”3.

De la experiencia de transformación económica iniciada en Chile a partir de mediados de los 70 surgen una serie de temas e interrogantes, los que le otorgan un especial atractivo a ésta. Por un lado, es interesante examinar cuáles fueron los factores que llevaron a una presencia tan marcada de economistas entrenados en la Universidad de Chicago en el diseño e implementación de las políticas que cambiaron radicalmente el rumbo de la economía chilena. En particular, es razonable esperar que para observadores externos de dicho episodio sea en alguna medida contradictorio, o al menos sorprendente, el comprobar que un gobierno militar estuviese dispuesto a implementar y sostener un conjunto de políticas dirigidas a liberalizar la economía, tras décadas de creciente intervención del Estado en ésta. Esto nos lleva a examinar cómo se gestó la influencia de los economistas de Chicago y en qué medida esta ha persistido tras el término del gobierno militar, ocurrido en marzo de 1990.

Por otro lado, es interesante recordar que la presencia protagónica de economistas entrenados en la Universidad de Chicago no se limitó al caso chileno en los 70. En efecto, en Argentina y Uruguay se iniciaron en dicho período procesos dirigidos a resolver importantes desequilibrios macroeconómicos y promover una mayor apertura de las correspondientes economías. Si bien la extensión y claridad de la agenda de liberalización de dichas economías fue bastante más acotada que lo que se planteó en Chile, parece razonable sostener que la dirección de dichos procesos era parecida. Sin embargo, tras la crisis de la deuda externa de comienzos de los 80, la que golpeó con fuerza a las economías latinoamericanas- en su mayoría expuestas a una peligrosa combinación de alto déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y fijación del nivel (o trayectoria) del tipo de cambio- los movimientos hacia una mayor liberalización y apertura impulsada en Argentina y Uruguay fueron abandonados, mientras que en Chile – tras un breve período, en el que se designaron autoridades económicas con una visión fuertemente crítica del proceso de reformas iniciado en la década  previa – finalmente se terminó intensificando la agenda de política económica asociada con el “Enfoque de Chicago”. Las diferencias en la trayectoria seguida por las economías mencionadas es ciertamente un aspecto interesante de analizar. En especial, en lo que se refiere a la identificación de las causas que llevaron a distintos grados de influencia de los economistas de Chicago en cada caso. Si bien el análisis de las particularidades de cada economía excede el propósito del presente documento, aventuraremos alguna interpretación para las causas que hicieron más resistente el proceso chileno en relación a lo observado en Argentina y Uruguay.”

Lecciones que no se aprenden: Chile camina hacia el populismo sin mirar al otro lado de la Cordillera

Me pidieron, y he publicado, un artículo en el diario La Tercera, de Chile, sobre el avance de nuestro vecino hacia el populismo: http://diario.latercera.com/2016/10/22/01/contenido/opinion/11-225514-9-cambia-la-vista-desde-la-cordillera.shtml

Cambia la vista desde la cordillera

ALGO RARO está sucediendo en la cordillera. Antes, quienes están a Occidente miraban con preocupación a sus vecinos de Oriente, ahora la preocupación comienza a ir en sentido contrario. Desde el Aconcagua, se ve con más optimismo lo que ocurre en Argentina que lo que está pasando en Chile.

En estos días, el diario La Nación (del cual me honra también ser columnista), tal vez el más importante de Argentina, publicó un editorial reflejando esta preocupación con el título “Chile, una tardía regresión populista” (14/10/16). Allí describe la calamitosa situación chilena al final del mandato de Salvador Allende y las notables reformas que llevaron a Chile al primer puesto en la región en términos de PIB per cápita o en la calidad de sus instituciones. También comenta el notable consenso que estas reformas alcanzaron, ya que fueron continuadas, y en algunos casos profundizadas, por sucesivos gobiernos tanto de centroizquierda como de centroderecha.

Parecía entonces que los chilenos habían aprendido algunas lecciones. Tenían, además, tan solo que mirar al otro lado de la cordillera para observar allí las consecuencias del populismo.

Pero parece que no; que, pese a todo eso, no se aprende. ¿Será necesario repetir el ciclo?

El problema es que estos aprendizajes son muy costosos. Tomemos el caso de Argentina. Está claro que se ha aprendido a fuego y sangre una lección: no habrá más golpes militares ni violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, Argentina tuvo hiperinflación en 1989 y una generación después aceptaba altos niveles de gasto público y emisión monetaria que generaban creciente inflación sin comprender sus causas y sin anticipar sus efectos, que hoy estamos pagando.

Desde este lado de la cordillera nos preguntamos si, luego de 12 años de furor populista kirchnerista, hemos aprendido esa lección tan básica para tener una razonable república que nos permita aprovechar las oportunidades que siempre tuvimos. No puedo decir si eso ocurrirá, pero se ha abierto una posibilidad.

Y mirando hacia nuestros vecinos, los vemos comenzar un camino que nosotros ya hemos recorrido, y lo hicimos hasta el final. ¿Cómo puede ser que una sociedad en las puertas del progreso decida cometer un suicidio colectivo? Bueno, ¿acaso nosotros no hicimos lo mismo en el siglo XX?

En el caso argentino, la explicación de esa decadencia es muy compleja. A riesgo de simplificar, arriesgo una sobre el caso chileno. Una que he planteado muchas veces a mis amigos “Chicago boys”, pero no aceptan. Es así: las muy exitosas reformas económicas chilenas fueron justificadas en términos de eficiencia, sus beneficios eran mayores que sus costos. No se justificaron en términos de derechos, de libertades. Por ejemplo: el sistema de pensiones privadas es más eficiente que el sistema estatal.

El argumento, por supuesto, es correcto, pero cae de bruces ante una crítica basada en la justicia. La respuesta que recibe es: será eficiente, pero es injusto. Y allí se acabó el debate. Nunca se justificaron las reformas en términos de derechos: los contratos laborales deben ser libres, no porque sean más eficientes, que lo son, sino porque tengo un derecho de propiedad sobre mi fuerza de trabajo. Y así sucesivamente.

Si éste es el punto débil del exitoso modelo chileno, no es que esté perdido, pero será necesario brindarle una base moral y principista que hoy es débil. No hace falta un presidente que diga “voy a manejar el país como una empresa” (los accionistas tampoco salen a la calle), hace falta un movimiento de gente que considere la libertad como valor supremo.