Cooperación social en la provisión voluntaria de bienes públicos: es mayor cuando los grupos son homogéneos

La cooperación social se ha vuelto un dilema para la economía neoclásica, ejemplificado en el famoso juego del Dilema del Prisionero. Si las personas persiguen su propio interés, ¿porqué estarían dispuestos a contribuir a la provisión voluntaria de un bien público si pudieran ser free riders? Claro, si todos, o muchos, actúan como free riders el mercado fracasa en proveer ese bien…, y el Estado debe hacerlo.

Sin embargo, los experimentos han mostrado que hay distinto tipo de conductas, y que la mayoría son cooperadores condicionales, es decir, que lo hacen si los demás también. Y son una mayoría. Esto permite sostener la cooperación y la provisión voluntaria de bienes públicos. Pero en un juego finito, hacia el final los cooperadores reducen su aporte ante la presencia de free riders.

Ahora bien, si los grupos se forman homogéneamente, es decir, con miembros de una misma categoría, entonces la cooperación es mayor y se sostiene. Es el resultado de un experimento que se presenta en un paper de Gilles Grandjean, de la Universidad de Bruselas, Mathiew Lefebre, de la Universidad de Estrasbugo y Marco Mantovani de la Universidad de Milan, titulado “Preferences and strategic behavior in public goods games”:

Gilles, Grandjean & Mathieu, Lefebvre & Marco, Mantovani, 2018. «Preferences and strategic behavior in public goods games,» Working Papers 395, University of Milano-Bicocca, Department of Economics, revised 19 Dec 2018.

 

“Analizamos el comportamiento experimental en un juego de bienes públicos finitamente repetido. Uno de los principales resultados de la literatura es que las contribuciones son inicialmente altas y disminuyen gradualmente con el tiempo. Se han desarrollado dos explicaciones de este patrón: (i) la población está compuesta por free riders, que nunca contribuyen, y cooperadores condicionales, que contribuyen si otros también lo hacen; (ii) los jugadores estratégicos contribuyen a mantener una cooperación futura mutuamente beneficiosa, pero reducen sus contribuciones a medida que se acerca el final del juego. Este documento contribuye a cerrar la brecha entre estas opiniones. Analizamos las preferencias y la capacidad estratégica en un diseño manipulando la composición del grupo para formar grupos homogéneos en ambas dimensiones. Nuestros resultados destacan la interacción entre los dos: los grupos que mantienen altos niveles de cooperación están compuestos por miembros que comparten una inclinación común hacia la cooperación y tienen las habilidades estratégicas para reconocer y cosechar los beneficios de una cooperación duradera.”

 

Personalmente, creo que  la idea es aún más fuerte cuando la formación de los grupos no es exógena, como en este caso en que los forman los experimentadores. En realidad, los grupos se forman casi siempre voluntariamente.

Las dos caras de Adam Smith

Analizamos con los alumnos del doctorado este muy interesante artículo de Vernon Smith, premio Nobel de Economía en 2002, sobre el famoso debate relacionado con Adam Smith. ¿Hay dos Adam Smith? ¿Uno de Teoría de los Sentimientos Morales y otro el de La Riqueza de las Naciones? ¿Señala en uno que el ser humano es básicamente altruista y en el otro que es egoísta? ¿Existe una contradicción entre los dos textos?

Acá va un resumen hecho por un alumnus (con algunas modificaciones):
V. Smith sostiene que no, y para demostrarlo comienza planteando como rasgo distintivo fundamental de los hombres su propensión universal al intercambio, que se expresa tanto en el intercambio personal en las transacciones sociales en pequeños grupos, como a través de relaciones impersonales, por medio de intercambios comerciales. Según esto, Para Adam Smith sólo había un supuesto de comportamiento: “la propensión al trueque e intercambio de una cosa por otra”, donde los objetos de intercambio incluyen no son solo bienes, sino también regalos, asistencia y favores, fundados en la simpatía y preocupación por los demás. En los grupos pequeños prevalece el intercambio de favores, en el orden extenso del mercado el intercambio comercial.
Una gran sociedad abierta, con amplia división del trabajo, no podría organizarse en base al intercambio de favores. Tanto un tipo de intercambio como el otro reconoce implícitamente derechos mutuos para actuar, que se traducen en lo que normalmente llamamos “derechos de propiedad”, así, los derechos de propiedad preceden a los estados-naciones, porque el intercambio social al interior de tribus sin Estado, y el comercio entre estas tribus, precede a la revolución agrícola ocurrida hace unos 10.000 años.

AdamSmith
La clave para entender nuestra vieja “propensión al trueque e intercambio” se encuentra, en nuestra capacidad para la reciprocidad (positiva y negativa), que constituye la base del intercambio social, mucho antes que hubiera comercio en el sentido económico convencional.
La reciprocidad positiva es el caso en que el individuo A responde, no simultáneamente y con actos similares, a los bienes o favores que el individuo B le ha transferido previamente. La reciprocidad positiva genera expectativas de recibir beneficios de una actitud altruista.
La reciprocidad negativa ocurre cuando los individuos son castigados por “hacer trampa” en el intercambio social, es decir, cuando no reciprocan a quienes previamente les han entregado bienes o favores. La reciprocidad negativa es el policía endógeno del intercambio social, que define los sistemas naturales de derecho de propiedad.
Estas consideraciones sugieren la hipótesis de que la reciprocidad positiva y negativa favorecen el intercambio social voluntario, que es la base del comercio, el cual permite que las ganancias que genera el intercambio social se extendieran más allá de la familia y la tribu.
Una vez que se establece una relación de comercio (intercambio) en el tiempo, los beneficios recíprocos del intercambio proveen el fundamento para el respeto de los derechos de propiedad. Los seres humanos normales no solo están intuitivamente conscientes del valor de tener ciertos derechos para actuar, sino que también conocen intuitivamente el valor de esos derechos para otros. De ahí la disposición personal a defender a los amigos y/o sus derechos de sus enemigos externos.
Pero el artículo no se queda aquí, extiende además una discusión sobre la Teoría de los Juegos y los aportes de la economía experimental. Es que según el juego del Dilema del Prisionero, un jugador racional y maximizador estará motivado a traicionar, no a cooperar con la otra parte. Se sabe que si se trata de juegos repetidos surge espontáneamente el incentivo a cooperar, pero Vernon Smith va más allá y señala que los experimentos muestran a las personas actuando, en juegos de una sola vez, incluso en base a valores de cooperación lejanos a la maximización inmediata. Los experimentos, en definitiva, llevan a los “juegos” a la práctica, a realizarse con gente de carne y hueso, no con hipotéticos ‘homos economicus’.
VS sostiene que hemos heredado las motivaciones para el intercambio social repetido. Es que aquellos grupos que no lo hicieran, no llegaron hasta aquí. El argumento se vincula aquí con los que aporta la sicología evolutiva (Tooby & Cosmides).
Por experiencia y evolución, los humanos han desarrollado los instintos de reciprocidad los que han demostrado ser adecuados para tomar las decisiones. Los datos obtenidos en otros juegos de este tipo corroboran estos resultados (experimentos cuyo protocolo es de un único juego sin repetición). Si estos juegos se hacen repetidamente con los mismos pares de sujetos, la cooperación aumenta de manera sustancial, de modo que claramente la repetición refuerza el resultado cooperativo, incorporando a la reciprocidad a aquellos que son más cautelosos y desconfiados en los experimentos de juego único.
Estas relaciones de reciprocidad (positivas y negativas) han servido de base para el intercambio entre los humanos y el desarrollo implícito de los derechos de propiedad en los primeros humanos. Todo intercambio lleva implícito una aceptación mutua de derechos para actuar. La reciprocidad, es el fundamento del comportamiento social humano, de las asociaciones bilaterales, de las amistades particulares y de la amistad en general. El intercambio social también requiere de la reciprocidad negativa, es decir, la existencia del policía endógeno que castiga a quien no retribuye, mediante actos inamistosos, por medio de los cuales A le recuerda a B sus obligaciones. Sin reciprocidad negativa, los altruistas recíprocos estarían facilitando la invasión de los free riders.
Así como los humanos nacemos naturalmente como intercambiadores sociales, también los derechos de propiedad, que se fundan en estos sistemas espontáneos, son naturales, y es natural que las sociedades formalizadas incorporen esos derechos en los códigos legales (formales), capturando así la vasta experiencia humana adquirida en nuestras prácticas de intercambio.