El populismo debilita instituciones y esto perjudica la actividad emprendedora: el de izquierda más aún.

El populismo es la antítesis de las instituciones. No entiende de límites al poder ya que interpreta que representa al “pueblo” en forma directa. Esto genera falta de controles y concentración del poder que, a su vez, implica inestabilidad en las reglas de juego, lo que no favorece la actividad emprendedora. El populismo de izquierda es peor que el de derecha en este caso.

Este tema tratan en un paper titulado “Populist Discourse and Entrepreneurship: The Role of Political Ideology and Institutions”, por Bennett, D.L., Boudreaux, C. & Nikolaev, B. Populist discourse and entrepreneurship: The role of political ideology and institutions. Journal of International Business Studies (2022). https://doi.org/10.1057/s41267-022-00515-9

“Usando la teoría económica institucional como nuestro marco guía, desarrollamos un modelo para describir cómo el discurso populista del líder político de una nación influye en el espíritu empresarial. Nuestra hipótesis es que el discurso populista reduce el espíritu empresarial al crear incertidumbre en el régimen con respecto a la estabilidad futura del entorno institucional, lo que hace que los empresarios anticipen costos de transacción futuros más altos. Nuestro modelo destaca dos factores importantes que moderan la relación. El primero es la fuerza de los controles y equilibrios políticos, que, según nuestra hipótesis, debilita la relación negativa entre el discurso populista y el espíritu empresarial al proporcionar a los empresarios una mayor confianza en que las acciones de un populista se verán limitadas. En segundo lugar, la ideología política del líder modera la relación entre discurso populista y emprendimiento. La retórica anticapitalista del populismo de izquierda creará una mayor incertidumbre de régimen que el populismo de derecha, que a menudo va acompañada de una retórica crítica con el libre comercio y los extranjeros, pero que también apoya los intereses comerciales. El efecto del populismo centrista, que a menudo va acompañado de una combinación de ideas contradictorias y moderadas que dificultan discernir los costos de transacción futuros, tendrá un efecto negativo más débil sobre el espíritu empresarial que el populismo de izquierda o de derecha. Probamos empíricamente nuestro modelo utilizando un diseño multinivel y un conjunto de datos compuesto por más de 780 000 personas en 33 países durante el período 2002-2016. Nuestro análisis apoya en gran medida nuestra teoría sobre el papel moderador de la ideología. Sin embargo, sorprendentemente, nuestros hallazgos sugieren que el efecto negativo del populismo en el espíritu empresarial es mayor en las naciones con controles y equilibrios más fuertes.”

 

Difícil que Chile pueda mantener su calidad institucional si predominan las ideas populistas

En medio de un desafío institucional importante, la reforma constitucional en Chile, la Fundación para el Progreso realizó una encuesta, muy interesante, respecto a la visión de los chilenos sobre la democracia y las instituciones. Chile sigue ocupando el primer lugar en calidad institucional entre los países de América Latina según el Índice de Calidad Institucional, pero esa posición se vuelve difícil de sostener si predomina en la población una visión “populista”. Esto es lo que parece según la encuesta: https://fppchile.org/es/blog/solo-48-de-los-chilenos-considera-importante-la-independencia-de-poderes-disponible-la-encuesta-de-valores-democraticos-2022/

 

“75% de los chilenos cree que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, es el dato con el que abre la encuesta, y que resulta en primera instancia positivo. Aunque, para los ponentes, este indicador convive con otras posturas sobre la democracia, que les hacen advertir sobre el ascenso, en el país, de interpretaciones distintas al concepto tradicional de democracia liberal.

 

Para la mayoría la democracia es, antes que todo, un sistema de gobierno donde los ciudadanos eligen a sus gobernantes. Y para tan solo el 17 % que el poder de los gobernantes deba ser limitado, representa mejor su opinión sobre qué es la democracia. También baja el número de chilenos, del 52% al 48%, que considera importante la independencia de los poderes públicos.

 

“Estamos en un momento complejo, estamos en una democracia de retail, donde los electores se compran la promoción más atractiva, pero la desechan rápidamente”.

 

Estas contradicciones, sumadas al 40% que cree justificable las funas y el 61% que piensa que alguna idea política debe censurarse, le hicieron concluir a los ponentes que la percepción de democracia en el país está tendiendo hacia definiciones populistas que trascienden de la lógica institucional.”

Sólo para aclarar a los lectores, ¿qué quiere decir ‘funas’?

Esto dice la Real Academia Española sobre el verbo ‘funar’: “El verbo funar se recoge en el Diccionario de americanismos con distintos significados, entre ellos el de ‘organizar actos públicos de denuncia contra organismos o personas relacionados con actos de represión delante de su sede o domicilio’, propio de Chile.”

Por qué la gente demanda populismo y por qué los políticos están dispuestos a ofrecerlo

En un artículo titulado “A Commitment Theory of Populism”, un tema que nos afecta particularmente en América Latina, Massimo Morelli de Bocconi  University Milan, Massimo Antonio Nicolò University  of  Padua y Paolo Roberti Free  University  of Bozen analizan, no ya la “demanda” de políticas populistas por parte de una población que se siente amenazada por los cambios culturales y económicas que genera la globalización, sino el lado de la “oferta”. Aunque se refiere al problemas del populismo europeo, tiene alguna relación con el local.

Esto comentan:

“La literatura reciente sobre la ola de populismo posterior a la gran recesión se ha centrado principalmente en lo que pudo haberla causado en el lado de la demanda, observando los cambios en las actitudes, percepciones y acciones políticas de los votantes en el siglo XXI. Un primer grupo de economistas y algunos politólogos se han centrado en la inseguridad económica como fuente principal de desconfianza en las instituciones tradicionales y de demanda de políticas de protección (ver, por ejemplo, Algan et al., 2017, Guiso et al., 2019 y 2021). , Ananyev y Guriev, 2018).1 Una rama paralela de la literatura sobre ciencias políticas se ha centrado, en cambio, en las causas culturales de la desconfianza en las instituciones políticas (véase, por ejemplo, Norris e Inglehart, 2019). Tanto los mecanismos económicos como los culturales, bien resumidos en un artículo de encuesta de Guriev y Papaioannou (2021), pueden haber jugado un papel importante en el fuerte aumento de la demanda de populismo. Dicha demanda toma principalmente la forma de una demanda de políticas y promesas creíbles para la gente combinada con fuertes sentimientos anti-élite.2 También a menudo toma la forma de una demanda de protección contra la inmigración o la globalización o la automatización si la amenaza se percibe en el económico, o de algún otro “otro” si la amenaza se percibe como una amenaza a la identidad y a la propia cultura.3 Estas observaciones clave –el aumento del sentimiento anti-élite y la menor confianza en la democracia representativa por un lado, y la mayor la demanda de protección por el otro puede llevar a los votantes a desear políticas incondicionales: Brexit, la construcción de muros, el cierre de puertos y fronteras, la lucha contra la expansión de la globalización china, el nacionalismo.”

“En este artículo damos por sentados los cambios en las preferencias de los votantes y la confianza política, y nos centramos en cambio en el lado de la oferta. Más precisamente, la pregunta es qué provoca la entrada y el éxito en la arena política de candidatos y partidos que centran su retórica en declaraciones antiélites y enfatizan la cercanía con la gente, compromisos simples de protección y actitudes anti-expertos.

Respondemos a esta pregunta general con una nueva teoría que, en pocas palabras, establece la siguiente cadena lógica: la reducción de la confianza implica mayores posibilidades de éxito electoral para un candidato que se comprometa con políticas fáciles de entender o monitorear; y una vez que un candidato cambia del modelo tradicional de agencia política de fideicomisario a esta estrategia de compromiso, todas las demás características de la oferta populista mencionadas anteriormente siguen como estrategias racionales complementarias.”

CESifo Working Papers: https://econpapers.repec.org/scripts/redir.pf?u=https%3A%2F%2Fwww.cesifo.org%2FDocDL%2Fcesifo1_wp9473.pdf;h=repec:ces:ceswps:_9473

Cuando los demagogos y populistas contaminan a todo el sistema institucional

Dan Bernhardt, Stefan Krasa & Mehdi Shadmehr, de las universidades de Illinois, Warwick y North Carolina at Chapel Hill tratan un tema que, para quienes vivimos de esta forma ya por décadas parece ser la reinvención de la pólvora. El paper se titula “Demagogues and the Fragility of Democracy”, publicado por el Quantitative and Analytical Political Economy Research Centre de la Universidad de Warwick: https://econpapers.repec.org/RePEc:wrk:wqapec:05

El punto central es que los líderes políticos demagogos y populistas terminarían “contaminando” a los que en principio no lo son en tanto y en cuanto los votantes son miopes y prefieren las promesas de corto plazo a las instituciones de largo plazo. En sus palabras:

“Nuestro artículo estudia la tensión destacada por Hamilton entre los representantes magnánimos y con visión de futuro que protegen los intereses a largo plazo de los votantes y los demagogos que buscan cargos públicos y satisfacen los deseos a corto plazo de los votantes.1 Caracterizamos los resultados a largo plazo de la democracia en un país poblado por una mayoría miope. Los demagogos y los votantes miopes han sido considerados durante mucho tiempo vicios interrelacionados de los gobiernos republicanos. Por ejemplo, “La [creencia] de Madison sobre la democracia se basaba en [una] sobre el ser humano: el hombre, por naturaleza, prefería seguir su pasión antes que su razón; invariablemente eligió intereses a corto plazo sobre intereses a largo plazo” (Middlekauff (2007), p. 678). De hecho, los investigadores definen a los demagogos por esta característica. Según Guiso et al. (2018), los partidos liderados por demagogos “abogan por políticas a corto plazo mientras ocultan sus costos a largo plazo”.2 Lo que no se comprende bien es cómo los demagogos distorsionan el comportamiento de los partidos con visión de futuro y cómo un país democrático surge confrontación a largo plazo entre demagogos egoístas y partidos socialmente benévolos, pero pragmáticos.”

“Investigamos la susceptibilidad de la democracia a los demagogos, estudiando las tensiones entre los representantes que protegen los intereses a largo plazo de los votantes y los demagogos que satisfacen los deseos a corto plazo de los votantes. Los partidos proponen consumo e inversión. Los votantes basan sus elecciones en el consumo del período actual y en los choques de valencia. Las economías más jóvenes/más pobres y los votantes económicamente desfavorecidos se sienten atraídos por las políticas de demagogia de desinversión, lo que obliga a los representantes con visión de futuro a imitarlos. Esta competencia electoral puede destruir la democracia: si el capital cae por debajo de un nivel crítico, se produce una espiral mortal con la caída de los stocks de capital a partir de entonces. Identificamos cuándo el desarrollo económico mitiga este riesgo y caracterizamos cómo el riesgo de espiral de muerte disminuye a medida que el capital crece.”

En la última década la cantidad de gente que vive bajo regímenes populistas se ha multiplicado por cinco

Matt Welch, de Reason Foundation, comenta sobre el avance del populismo en el mundo en la última década: https://reason.com/2019/12/11/the-decade-populism-went-mainstream

Hay un espectro que persigue no solo a Europa sino a todo el mundo, sacudiendo las botas de partidos políticos establecidos, medios de comunicación heredados e instituciones transnacionales de gobierno y sociedad civil.

Este pavor se acumula bajo la etiqueta general de «populismo». Las élites cosmopolitas están en alerta por su «ascenso peligroso». Las burocracias no elegidas se están vaciando a su paso, incluida esta semana en la Organización Mundial del Comercio.

Ciertamente se siente como uno de los mayores trastornos mundiales de esta década menguante, con cada nueva semana apareciendo titulares como «La inauguración marca el regreso del peronismo». ¿Pero hay hechos medibles para respaldar este sentimiento?

La respuesta corta es sí: posiblemente cinco veces más personas que viven bajo gobiernos populistas a fines de 2019 que a fines de 2009. Pero la respuesta más larga requiere algunas definiciones más precisas.

Comience con un modelo de trabajo del ismo en cuestión. Jordan Kyle y Limor Gultchin, en una encuesta muy útil en el Instituto Tony Blair para el Cambio Global, sintetizan la literatura de ciencias políticas en dos afirmaciones fundamentales que subyacen a cada movimiento populista gobernante: 1) «La ‘gente verdadera’ de un país está en conflicto con personas externas , incluidas las élites de establecimiento «, y 2)» Nada debería limitar la voluntad de las personas verdaderas «. Los líderes luego gobiernan en una atmósfera de urgencia existencial casi constante.

A partir de ahí, los autores diferencian tres variantes populistas principales: 1) Populismo socioeconómico (piense: Venezuela), que afirma que «las personas verdaderas son miembros honestos y trabajadores de la clase trabajadora», luchando contra «las grandes empresas, el capital propietarios y actores percibidos como apuntaladores de un sistema capitalista internacional «. 2) Populismo antisistema (piense: la Italia de Silvio Berlusconi), que «pinta a las personas verdaderas como víctimas trabajadoras de un estado dirigido por intereses especiales y extraños como élites políticas».

Y, con una viñeta, 3) populismo cultural, que afirma que «las personas verdaderas son los miembros nativos del estado-nación» que luchan por la soberanía nacional y la identidad cultural con personas como «inmigrantes, delincuentes, minorías étnicas y religiosas, y élites cosmopolitas «. Los populistas culturales, en este marco, son sus Viktor Orbáns, su Narendra Modis, sus Donald Trumps.

Los «populistas de buenos modales» parecen ser tan improvisados en Venezuela como están demostrando serlo en Argentina

Otro fracaso de quienes quieren recuperar algo de libertad en Venezuela. Interesante artículo de Rafael Acevedo en el Mises Wire: https://mises.org/es/power-market/venezuela-necesita-un-cambio-pol%C3%ADtico-e-ideol%C3%B3gico

Como con todo en Venezuela, el intento de esta semana de destituir al régimen de Maduro fue un desastre. Parece no haber tenido coordinación ni planificación lógica. Consistía en gran parte en que el líder de la oposición, Juan Guaidó, llamara a los civiles para que apoyaran este intento de tomar el control del Estado venezolano, pero con poco efecto. Algunos periódicos informaron que Guaidó y su aliado Leopoldo López comenzaron a actuar antes de que el plan estuviera listo. Otras fuentes dicen que oficiales de alto rango habían negociado con los EE.UU. para mantener a Maduro en el poder. Pero una cosa es segura: el régimen actual sigue en pie. Aún más preocupante es el hecho de que algunos vehículos blindados golpearon a civiles que se encontraban en las calles protestando a favor de Guaidó. Al final del día López y su familia buscaron basura en la embajada española, y algunos militares que apoyaban a Guaidó solicitaron asilo político en la embajada de Brasil. El País informa que al menos cinco personas murieron en el caos de hoy.

¿Reemplazar al régimen actual con más de lo mismo?

¿A dónde ir desde aquí? Los venezolanos han sufrido muchas decepciones, y hay mucho escepticismo en la población sobre la posibilidad de reemplazar el régimen actual por algo realmente mejor. Este es el problema: los venezolanos necesitan deshacerse de Maduro y sus camaradas, pero también necesitamos abrir el camino a reformas radicales de libre mercado si quieren tener un futuro con una prosperidad y libertad a largo plazo. A principios de marzo, Ben Powell y yo escribimos sobre este enigma.

Desafortunadamente, el combustible ideológico que alimentaría el motor de un nuevo régimen no es tan diferente al que alimentaba el proyecto de Chávez. El «Plan País», apoyado por los que buscan derrocar a Maduro, es una receta keynesiana más que aplicará todas las políticas fracasadas habituales que se han utilizado históricamente en Venezuela. En mi país, esto sólo ha creado una falsa «prosperidad» a corto plazo que crea amiguismo, corrupción y un enorme Estado que es dueño de las alturas dominantes de la economía. En términos de derechos humanos, una economía mal administrada bajo otro grupo de keynesianos de línea dura podría seguir siendo preferible al régimen actual.

Sin embargo, en este momento, parece una victoria fácil para reemplazar el régimen de Maduro con la oposición no está a la vuelta de la esquina. Cada vez parece que la mejor manera de facilitar la mejora sería que Guaidó y López negociaran con Maduro nuevas elecciones y, lo que es más importante, que abrieran el país al capital extranjero una vez más. Con eso en su lugar, podría haber esperanza de un repunte económico. Por supuesto, los planificadores del gobierno seguirían afirmando que su intervención fue la causa del «milagro económico» que vendría con estabilidad, pero al menos podríamos esperar un giro gradual hacia una política económica más sensata con el tiempo.

Escenarios globales 2050. Tal vez haya que incluir un nuevo auge del populismo y el colapso del estado benefactor

Con los alumnos de UCEMA, vemos un informe de Deutsche Post donde se plantean diferentes escenarios para la economía global en el año 2050: http://www.dpdhl.com/en/media_relations/press_releases/2012/the_world_in_2050.html

Y sí, hay gente que tiene que estar pensando en el 2050, mientras muchos apenas sabemos lo que va a pasar el año que viene. La falta de una moneda sólida en el mundo y de crecientes endeudamientos en los principales países del planeta debería alertarnos ya que habrá turbulencias. La crisis del 2008 quedó atrás pero nada se ha hecho para evitar la próxima. Las políticas monetarias de los bancos centrales “generan” los ciclos económicos de auge y caída, no los suavizan. Sin embargo, nada de esto se menciona en el análisis del futuro de este reporte. Tampoco hay nada en relación a una generalización del populismo en los países ricos, eso que representa Donald Trump y que encontramos en Europa tanto en versiones de izquierda como de derecha. ¿Y cuáles son los escenarios que encuentran?

Escenario 1: Una economía sin control, con colapso a la vista. Pero curiosamente a ese destino se llegaría por “un materialismo y consumo sin límites, alimentado por el paradigma del crecimiento cuantitativo y el rechazo el desarrollo sustentable.” EL comercio mundial ha florecido por la eliminación de las barreras comerciales, Asia es el centro de la economía y una super-red de transpote global asegura rápidos intercambios entre los centros de consumo. Pero el cambio climático lleva a desastres naturales.

Escenario 2: Mega-eficiencia y mega-ciudades. Un mundo en el que las ciudades son los grandes motores del progreso y el estado nacional queda en un segundo plano. Las ciudades se benefician del crecimiento “verde”. Para superar problemas como la congestión y las emisiones se han convertido en campeonas de la colaboración. Los consumidores cambiaron sus hábitos, los productos ya no tanto se compran sino que se alquilan.

Escenario 3: Estilos personalizados. La individualización y el consumo personalizado se han extendido por doquier. Los consumidores pueden diseñar y crear sus propios productos, con impresoras 3D. Esto se complementa con una infraestructura energética descentralizada.

Escenario 4: Proteccionismo paralizante. A partir de las crisis económicas, el nacionalismo excesivo y las barreras proteccionistas, la globalización se ha revertido. El desarrollo tecnológico es lento. Los altos precios de la energía y la escasez de su oferta llevan a conflictos internacionales sobre los recursos.

Escenario 5: Resistencia global, adaptación local. Describe un mundo caracterizado por un alto nivel de consumo gracias a la producción automatizada y barata. Pero el acelerado cambio climático y las frecuentes catástrofes naturales quiebran las cadenas de suministro global y se producen constantes fallas en la oferta. El paradigma económico cambia de la maximización de la eficiencia a la mitigación de la vulnerabilidad. Esto lleva a duplicar sistemas para superar esos inconvenientes aunque la eficiencia termina sacrificada.

En fin, puede ser que alguno o más de uno de los escenarios descriptos se produzca: el auge de las ciudades, la personalización del consumo. Pero tal vez el escenario más importante será el que determinará las políticas fiscales y monetarias de los gobiernos ya que si hay una amenaza en el planeta actualmente es que tienen las manos libres para hacer lo que quieran, sin mayores controles y lo que quieren suele ser gastar y emitir. Todo, por supuesto, con los mejores argumentos acerca del impulso de la “demanda agregada” y las terribles amenazas de la deflación.

Tal vez haya que incorporar un escenario que describa el colapso del estado benefactor, o el auge del populismo, o una combinación de ambas, hundido en un mar de deuda y emisión monetaria. ¿Y después?

El avance del populismo desafía ahora a algunos de los países de mejor calidad institucional: veremos si lo resisten

El mundo está convulsionado, pero sus instituciones todavía no lo sufren. Se nota la tensión, están ante un desafío, deben mostrar que pueden cumplir su papel y sostener los elementos básicos que ha permitido el progreso de la sociedad como nunca antes se ha visto. Las ideas populistas avanzan y algún líder, como Donald Trump, incluso llega al gobierno. Otros esperan aprovechar una oportunidad en Europa. Curiosamente, en América Latina se han debilitado.

Es el momento, entonces, en que las instituciones republicanas son llamadas a mostrar que pueden poner freno a esos impulsos. En definitiva, el populismo es la antítesis de la institucionalidad, ya que el líder populista cree que una mayoría circunstancial le ha dado un mandato completo para reordenar la sociedad, sin límites a su voluntad.

Y si bien la amenaza está allí y el peligro es concreto, no hay país entre los de mayor calidad institucional que haya sufrido, hasta el momento, un fuerte deterioro. Entre los veinticinco primeros puestos del ICI, ninguno de ellos ha modificado su posición en más de dos puestos., salvo el excepcional caso de Lituania[1], que mejora siete posiciones. Es decir que, salvo esa, no ha habido caídas mayores a dos posiciones, tampoco avances superiores a eso.

Los cuatro países que han encabezado la calidad institucional en los últimos veinte años lo siguen haciendo, sólo que este año Nueva Zelanda desplaza a Suiza en el primer lugar. El país oceánico puede festejó en 2015 la obtención del Mundial de Rugby, su deporte nacional, y en 2016 (ya que a ese año se refieren el ICI 2017) el primer puesto mundial en calidad institucional. Junto a Suiza, Dinamarca y Finlandia, siguen dominando la tabla y se reparten regularmente el primer premio.

Suecia mejora dos posiciones, para alcanzar el 5° puesto, Canadá los pierde. Más atrás en la lista, Islandia recupera también dos posiciones, luego de su estrepitosa caída con la crisis de 2008; y Chile, ya en nuestra zona, pierde dos posiciones luego de varios años de estabilidad.

En síntesis: el populismo es una amenaza, pero las instituciones republicanas de los países de mejor calidad institucional todavía resisten. Se verá cuánto o, si, como en el caso de América Latina, las aventuras populistas terminan generando una reacción que, aunque lentamente, parece recuperar algo del terreno perdido. El fenómeno no deja de ser curioso, ya que América Latina siempre fue a la zaga de los primeros países y ahora que vuelve de una década populista es de esperar que no vuelva a copiar a quienes ahora la copian.

Las primeras posiciones del ICI 2017 son las siguientes:

Posición País ICI 2017 2016 2015 2014
1 Nueva Zelandia 0,9658 2 3 1
2 Suiza 0,9645 1 1 3
3 Dinamarca 0,9579 4 4 4
4 Finlandia 0,9451 3 2 2
5 Suecia 0,9384 6 6 5
6 Países Bajos 0,9364 8 9 8
7 Noruega 0,9361 7 5 9
8 Canadá 0,9336 5 7 7
9 Reino Unido 0,9257 9 10 10
10 Irlanda 0,9153 12 12 12
11 Australia 0,9152 10 8 6
12 Alemania 0,9141 11 11 13
13 Estados Unidos 0,9101 13 13 11
14 Luxemburgo 0,8918 17 15 15
15 Estonia 0,8880 16 18 18
16 Austria 0,8858 15 17 17
17 Hong Kong RAE, China 0,8818 18 16 16
18 Bélgica 0,8703 21 20 19
19 Islandia 0,8568 14 14 14
20 Taiwán, China 0,8521 20 21 21
21 Japón 0,8453 19 19 20
22 Lituania 0,8338 24 25 26
23 Singapur 0,8234 23 23 23
24 Chile 0,8198 22 22 22
25 República Checa 0,8181 25 29 37

[1] El avance de Lituania es el resultado de una constante mejora en el Índice de Libertad Económica en el Mundo, del Fraser Institute, que en verdad refleja datos de 2014, pero en el que ha avanzado desde la posición 33° en 2010 a la 15°, en este último año analizado por el índice, al tiempo que ha mejorado también en los demás indicadores, aunque no tan espectacularmente.

¿El populismo arrastra también a los partidos opositores? ¿Todos terminan compitiendo por quién lo es más?

Ahora que llegó al Norte, el populismo preocupa a todos, y los académicos comienzan a escribir al respecto, también los economistas. Aquí Luigi Guiso, Helios Herrera, Massimo Morelli, Tommaso Sonno publican en el Centre for Economic Policy Research, un paper titulado Demand and Supply of Populism: www.cepr.org/active/publications/discussion_papers/dp.php?dpno=11871

Su resumen:

“Definimos como populista un partido que defiende las políticas de protección a corto plazo sin tener en cuenta sus costos a largo plazo. En primer lugar, estudiamos la demanda de populismo: analizamos los impulsores de la votación populista utilizando datos a nivel individual de múltiples oleadas de encuestas en Europa. Las preferencias individuales de voto son influenciadas directamente por diferentes medidas de inseguridad económica y por la disminución de la confianza en los partidos tradicionales. Sin embargo, los choques económicos que socavan la seguridad de los votantes y la confianza en los partidos también desalientan la participación electoral, mitigando así la demanda estimada del populismo al ignorar esta selección de votantes. La inseguridad económica afecta las intenciones de votar por los partidos populistas y los incentivos de participación también indirectamente porque provoca la caída de la confianza en las partes.

En segundo lugar, estudiamos el lado de la oferta: encontramos que los partidos populistas tienen más probabilidades de aparecer cuando se acumulan los impulsores de la demanda de populismo, y más en países con controles y equilibrios débiles y con mayor fragmentación política. La respuesta política de los partidos no populistas es reducir la distancia de su plataforma a la de los nuevos participantes populistas, aumentando así la oferta agregada de políticas populistas.”

No parece haber nada que no sepamos ya acerca del populismo, pero es interesante el punto de cómo los otros partidos se acercan al populismo. ¿Será el caso del radicalismo en Argentina, por ejemplo? En 1945 aprobaron la Declaración de Avellaneda, que quería ser algo más populista que el joven peronismo.

Artículo en el diario La Tercera, de Chile, como lidiar con el populismo a 200 años de la batalla de Chacabuco

¿Habrá tratados contra el populismo?

¿Habrá tratados contra el populismo?

BIEN PODRÍAMOS decir que la reunión entre los presidentes Bachelet y Macri estuvo programada desde hace unos doscientos años. ¿Cómo podrían haberla evitado? Pero el contenido de sus conversaciones probablemente no se podía adivinar hace seis meses. Es que, entretanto, Trump ganó las elecciones con una campaña digna de cualquier líder populista latinoamericano.

Macri, al contrario de Trump, cree que la globalización ha de ser una oportunidad para la Argentina, incluso puede creer en la libertad de comercio como una cuestión de principio más que de oportunidad; probablemente Bachelet piense en forma similar, aunque parecería más porque ha recibido el poder en un país que ya conoce esos beneficios y que ha demostrado sus ventajas. Macri tal vez se pregunta: ¿Cómo no avanzar hacia la globalización?, mientras que Bachelet tal vez ¿cómo vamos a retroceder?

La primera visita importante que Macri recibió fue la de Obama, de otra forma lo hubiéramos tenido a Maduro. El intercambio imaginado con el país del norte era: déjennos enviar productos; y vengan sus inversiones. Hay que decir que esta visión no se limitaba a los Estados Unidos, también lo era con Chile o Brasil, con el que, además, se pretendía acelerar un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea que todavía no avanza, o con el resto del mundo.
Macri ha de considerar favorablemente la apertura de la economía porque, como en Chile, cumple un papel de custodio de la institucionalidad. Por supuesto, una vez que ésta ha mejorado, pero eso es lo que habría que esperar en los próximos años. Argentina ha sufrido el mal del populismo como pocos y el veneno de esas ideas sigue allí, aunque algo dormido luego de los escándalos del populismo saliente.

¿Cómo vacunar a un país contra el populismo? No hay otra forma que a través de un cambio contundente de la opinión popular. Una exitosa integración al mundo ayudaría a esto de dos formas: una, al acercar a los argentinos, que ya nos creemos ciudadanos del Primer Mundo, al consumo de esas regiones, a la calidad de sus productos comparados con los que nos depara la sustitución de importaciones; la otra, al poner un candado al populismo.

Siempre, al mirar a Chile, hemos supuesto que la red de tratados internacionales de comercio era una barrera insalvable a ese vicio latinoamericano. Ahora pensamos que tal vez no lo sea tanto, pero podrían al menos ser vallas. La apertura comercial de Estados Unidos no ha sido valla sino la causa de que quieran ensayar el populismo.

Trump ha modificado el panorama y justifica un mayor acercamiento de ambos países, más allá del existente. Ante el potencial cierre de los Estados Unidos, Chile debería pensar en otros mercados. Claro que la Argentina ha de ser menos que Massachussetts, pero está cerca, quiere abrirse y presenta oportunidades de inversión tal vez mejores que en el norte. Anticipando problemas en Europa, ha de pensarse, obviamente, en Asia, de allí el interés de Macri de acercar el Mercosur a los países del Pacífico, de paso ofreciendo a México una mano. Sería también una forma de “modernizar” al Mercosur de forma indirecta y empujar a Brasil hacia una mayor apertura, tan resistida por sus empresarios y sindicatos como los argentinos.

Todo esto está muy bien. Aunque, al final, nada es más necesario a ambos lados de la cordillera, que rechazar o abandonar las ideas populistas, y allí es poco lo que puede sacarse de un tratado. Es una tarea que cada cual tiene que hacer.