El problema de la obesidad, los incentivos y los ‘leves empujones’ de los diseñadores de decisiones (II)

En buena parte del mundo el hambre ya no es un problema, lo es la obesidad. Michael Marlow, profesor de Economía de California Polytechnic State University y académico senior adjunto del Mercatus Center en George Mason University, analiza el tema en la revista Regulation, del Cato Institute, en relación a lo que se llama ‘behavioral economics’:  http://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/regulation/2014/12/regulation-v37n4-1.pdf

Comenta que esos ‘leves empujones’ (nudges) pueden ser también de ‘mercado’:
“No es secreto que a muchos nos preocupa nuestro peso. Una reciente encuesta de Gallup encontró que el 51% de los norteamericanos adultos quieren bajar de peso, aunque solamente el 25% trabaja hacia ese objetivo. La gente ya comía en platos más pequeños, evitaba los buffets y los postres muchos años antes que surgiera la behavioral economics. Aparentemente, los norteamericanos están reduciendo su ingesta de calorías; el Departamento de Agricultura informa que la ingesta diaria ha caído en 118 calorías (un 5%) entre 2006 y 2009 entre los adultos.

Los mercados ‘empujan’ todo el tiempo. Thaler y Sunstein reconocen esto en su libro del 2008, aunque aparecen favoreciendo mucho los del gobierno más que los del mercado cuando sostienen que ‘los mercados proveen fuertes incentivos a las empresas para atender las demandas de los consumidores, y compiten por ellos, sea que esas demandas sean las más inteligentes o no”. Más aún, dicen que “el punto clave es que por todas sus virtudes, los mercados dan a menudo fuertes incentivos a las empresas para atender las debilidades humanas más que para tratar de erradicarlas o minimizar sus efectos”.

“Esta visión sugiere que ofrecer productos ‘no saludables’ es la opción más rentable. Una visión alternativa es que los vendedores pueden obtener ganancias cuando ofrecen productos ‘más saludables’ para los clientes interesados en controlar su dieta. Que el 51% de los norteamericanos quiera bajar de peso indica que hay muchos consumidores potenciales buscando productos que los ayuden en eso. Los negocios de alimentos y restaurantes han aumentado sus experimentos con platos más pequeños y productos para satisfacer la demanda de control de peso. La demanda de platos pequeños y porciones pequeñas ha crecido 32% desde 2009. Por supuesto, pocos clientes indicaron que las calorías era el único atributo de su interés. Son uno de ellos, junto con el precio, el sabor, la conveniencia, la apariencia, el tamaño, su almacenamiento y otros. Aplican una táctica de mejorar la salud sin decirlo porque los consumidores suelen conectar “saludable” con “menos sabor”, especialmente cuando el alimento suele ser considerado una indulgencia. De otra forma, las empresas rápidamente muestran las mejoras en los alimentos para los consumidores preocupados por la salud.”

“Un estudio ampliamente citado, de Shu Ng y Barry Popkin concluye que 16 de las principales empresas de alimentación del país vendieron 6,4 billones de calorías menos en 2012 de lo que vendieron en 2007. Estas empresas se han comprometido a reducir las calorías y han excedido su objetivo para 2015 en más del 400%. Sin embargo, no resulta claro el efecto que esta reducción de calorías tiene en el peso de la población. Los consumidores pueden substituir unos productos por otros y alterar su conducta de forma tal que las predicciones sean al menos ambiguas.

La conclusión de Marlow es simple: puede haber ‘empujones’ (nudges) tanto en el mercado como en las políticas públicas, aunque en el caso del mercado no habría que llamarlos así ya que son una respuesta a las demandas de los consumidores por alimentos más saludables y que reduzcan el peso. Para que eso mejore es necesario que haya mucha experimentación, y eso es lo que el mercado ofrece: muchos experimentos motivados por el afán de los emprendedores de ofrecer a los consumidores lo que estén buscando. La política tiene muchas menos probabilidades de experimentar innovaciones, e incentivos mucho más débiles para hacerlo. Concluye:

“La experimentación es la clave para superar las imperfecciones de los ‘arquitectos de incentivos’, incluyendo errores en las decisiones, basar esos empujones en mitos sobre la reducción de peso y la incapacidad de conocer las preferencias individuales. Los ‘arquitectos de incentivos’ en los mercados tienen muchas ventajas sobre los del gobierno para superar esas imperfecciones. A diferencia de éstos, confrontan ‘pruebas de mercado’ en un mundo donde los consumidores rechazan los productos que no generan valor. Los mercados tienen también la ventaja que apelan al carácter no coercitivo de la teoría de los ‘nudges’”.

Artículo en el diario La Nación: ¿La libertad por decreto? Forma y contenido en las instituciones

Salió publicado un artículo mío en el diario La Nación del martes 12 de Enero: http://www.lanacion.com.ar/1861384-por-decreto-pero-en-favor-de-la-libertad

Imagine el lector una situación en la cual, siendo la libertad su valor fundamental, tuviera la oportunidad de imponerla mediante un decreto que derogara todas las restricciones existentes. ¿Lo haría? ¿O, conociendo que la libertad solamente florece dentro de un cierto marco institucional, buscaría fortalecerlo para que la libertad pudiera resurgir y avanzar en el futuro?

En el primer caso puede alcanzar su objetivo, pero con un instrumento que el día de mañana cualquier otro puede utilizar para volver a imponer las restricciones existentes e, incluso más, profundizar un modelo autoritario. No hay garantía de que eso no vaya a suceder, ya que, al utilizar ese instrumento, aquellos que defienden la libertad (quienes la denigran ya lo habían hecho) le dan legitimidad y poco podrán hacer para oponerse. La libertad conseguida puede resultar un beneficio temporal.

La nación

Sin embargo, tal vez eso sea mejor que respetar el estricto funcionamiento formal de las instituciones existentes, en las cuales predominan el abuso de poder, las restricciones y los controles, no se puede avanzar mucho y la libertad continúa languideciendo.

Una cosa es la forma y otra el contenido. Tuvimos un gobierno que durante doce años avasalló la libertad en su contenido y muchas veces en su forma. Es decir, obtuvo poder y control a través de medios formalmente legales y otras veces no. El contenido fue, casi siempre, contrario a la libertad, aunque puedan rescatarse algunos avances en términos de derechos civiles.

Ahora, el nuevo gobierno ha tomado algunas medidas que tienen como objetivo fortalecer la libertad, pero utilizando un instrumento que debilita la calidad institucional. El nombramiento por decreto de dos jueces de la Corte Suprema o la intervención a la Afsca son dos ejemplos, aunque en uno se haya dado luego marcha atrás, al menos por el momento. El contenido no era objetable en sí: el Gobierno no buscaba nombrar a sus militantes en la Corte, sino a prestigiosos abogados con los que parece no tener vínculo; la política de medios de comunicación busca eliminar el impulso sectario que tiñó a la gestión anterior, que buscó controlar a los medios para apuntalar el relato.

La libertad y la calidad institucional parecen contraponerse en esta instancia: es una o es la otra. Una difícil elección para todo el que valore la libertad y las instituciones que la garantizan.

El Gobierno parece haber elegido la primera opción. No quiso verse en una situación en la cual cumplía con todos los requisitos formales pero no lograba resultados y sólo le quedaba el honor de haber respetado los procedimientos, como debería suceder en todo país serio. Éste es un dilema político que se presenta a todos los gobiernos que quieren llevar cambios adelante: he recibido un enorme poder; ¿debo utilizarlo como un «dictador benevolente» (según lo llamamos en economía) para conseguir la libertad y luego tratar de reducirlo para que quienes me sucedan no tengan ese instrumento poderoso o debo reducirlo primero para dar el ejemplo?

Esta segunda opción tiene pocas chances en la política; para los políticos, sería como hacerse el harakiri. Persiguiendo los políticos sus propios intereses, como cualquier otro, va a ser muy difícil que acepten recortar su propio poder.

Por otro lado, las medidas liberalizadoras ya de por sí reducen el poder del gobernante y mejoran la calidad institucional, que no se refiere sólo a la calidad de las instituciones políticas y judiciales, sino también a las que permiten las acciones a realizar en los mercados: el respeto al derecho de propiedad, la mayor libertad para realizar contratos, para establecer precios, para importar o exportar, para elegir la moneda en que se realizarán los intercambios.

En el análisis institucional que realizan los juristas o los politólogos suelen reflejarse nada más que las instituciones políticas o jurídicas tales como la división de poderes, la independencia de la Justicia, la renovación de los mandatos, el respeto a los derechos civiles. Es muy correcto, pero deja afuera toda un área de suma importancia para los individuos. Todos tenemos, en verdad, dos caminos a través de los cuales buscamos satisfacer nuestras necesidades: uno de ellos es el gobierno, por supuesto, del cual buscamos obtener seguridad, resolución de disputas, protección de ciertos derechos; pero tal vez la mayoría de nuestras necesidades se resuelven a través de los mercados: trabajamos o producimos y luego, con el ingreso obtenido, aprovechamos la división del trabajo para conseguir todo lo demás. Al negar este aspecto de nuestro proceder, el análisis institucional jurídico/político lo menosprecia.

El levantamiento del cepo cambiario deja en mayor proporción que antes la decisión acerca del uso de la moneda en manos de las personas, no de los funcionarios. Por supuesto, los exportadores están todavía obligados a entregar sus dólares al Banco Central, aunque éste ahora no los castiga además después. Pero al menos la gente ya no tiene que esconderse para tomar decisiones respecto de su propiedad, en este caso, de dinero. La reducción y eliminación de las retenciones a ciertas exportaciones devuelven nuevamente a los productores parte de la propiedad que les había sido expropiada a través de ese impuesto. Estaría por cesar la discrecionalidad existente en las importaciones a través del otorgamiento de licencias DJAI, pero se mantienen otras no discrecionales en muchos rubros; cesaron también las licencias para exportar (ROE) que se utilizaban para autorizar o negar las operaciones, pero se mantienen como «registro».

Esas medidas amplían algo la libertad de acción de los argentinos, aunque se podría también plantear el mismo problema que generan los otros cambios a través de decretos: el control se modera, pero el instrumento persiste. Hoy la licencia de importación puede ser utilizada nada más que estadísticamente, pero lo cierto es que está ahí para que cualquiera pueda después utilizarla como control. Lo mismo puede decirse sobre las leyes de lealtad comercial o de terrorismo económico. Es como guardar el revólver en el sótano, pero todos sabemos que sigue existiendo.

En definitiva, la elección es difícil, las alternativas son imperfectas. Pero claro, uno no puede dejar de preguntarse si no es posible algún camino que busque conciliar la libertad y la calidad institucional. Uno de ellos parece que sería explorado: es obtener consenso sobre esas medidas a posteriori.

Sin embargo, si se va a instalar todo un debate institucional respecto de cierto tipo de medidas, tal vez sería mejor apelar a la población para alguna reforma «institucional» más profunda, que respete las formas para alcanzar un cambio más profundo en los contenidos.

Tomemos el caso de la Afsca. Se interviene, se desplaza a alguien que tenía mandato por un par de años más (aunque no para hacer lo que hacía). Se creará una nueva agencia. Pero quienquiera que sea nombrado en esa agencia estará sujeto al mismo antecedente por más que se lo nombre de por vida. Otro futuro gobierno podrá «intervenirlo». La cuestión que tenemos que plantearnos es si no resulta peligroso tener agencias de ese tipo. Tal vez mejorar la calidad institucional es desistir de que exista ninguna ley y ninguna agencia para controlar los medios (o los recursos de los que el Estado se ha apropiado, como las frecuencias). La experiencia de estos controles no ha sido buena. Además, hemos vivido décadas sin leyes de medios o agencias de control. Y en el mundo de hoy accedemos a los medios de todo el mundo: la competencia nos protege más que nadie.

Es cierto, esto no quiere decir que el día de mañana no venga otro gobierno y vuelva a crear la agencia de cero. Y eso dependerá, en definitiva, de los valores que quieran promover los argentinos: si valoran la libertad o están dispuestos a entregarla. Si ahora dieron una señal de que quieren el cambio, tal vez quieran también dar una señal de que quieren ser más libres.

Profesor de Economía de la Universidad de Buenos Aires

El problema de la obesidad, los incentivos y los ‘leves empujones’ de los diseñadores de decisiones (I)

En buena parte del mundo el hambre ya no es un problema, lo es la obesidad. Michael Marlow, profesor de Economía de California Polytechnic State University y académico senior adjunto del Mercatus Center en George Mason University, analiza el tema en la revista Regulation, del Cato Institute, en relación a lo que se llama ‘behavioral economics’:  http://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/regulation/2014/12/regulation-v37n4-1.pdf

Se predice que para el 2030 el 42% de los norteamericanos serán obesos y el 11% severamente obesos. Las soluciones tradicionales propuestas por los economistas eran poner impuestos sobre las ‘malas’ comidas, subsidiar las ‘buenas’ y otras políticas que cambien los incentivos. Pero esta nueva disciplina propone que ciertos ‘diseñadores de incentivos’ creen ‘leves empujones’ (nudges) que lleven a la gente a tomar decisiones que mejoren su bienestar. Para  Thaler & Sunstein estas medidas suelen ser más bien gubernamentales que de mercado. Dice Marlow:

“Según los economistas conductistas los individuos no son siempre racionales. Individuos poco informados que siguen normas vigentes y tienen poco juicio toman decisiones inconscientes e irracionales. Estas contribuyen a un no deseado aumento de peso cuando las personas no saben cuánta comida en verdad ingieren. Un estudio de Brian Wansink y Jeffrey Sobal, publicado en Environment and Behavior, concluye que los participantes de un test subestimaron el número de decisiones diarias sobre alimentación en promedio por más de 221 decisiones, en lo que los autores llaman ‘comer inconscientemente’.

Sunstein y Thaler en un artículo en la Chicago Law Review de 2003 sostuvieron que no hay una clara diferencia entre elección y coerción debido a que esos estados son dos extremos de un continuo. Dice que alguien –un diseñador de incentivos- siempre decide la opción ‘default’ brindando la cantidad y calidad de información que determina las elecciones de la gente. Creen que estos diseñadores deberían cambiar esas opciones y proveer información cuando la gente toma decisiones irracionales.”

En este caso algunas opciones serían:

          Exponer comidas tentadoras en lugares más incómodos

          No dejar las fuentes con alimentos en la mea luego de haber servido

          Reducir la cantidad de alimentos almacenados, dejándolos en cajas o congelados

          Reemplazar vasos cortos y anchos por otros angostos y largos

          Reducir las porciones utilizando platos y fuentes más pequeños

          Usar cucharas más pequeñas

Su crítica:

“La evidencia empírica muestra que los ‘empujones’ no funcionan siempre como se planeó. Un artículo de 2007 en la revista Appetite por Barbara Rolls encontró que alterar el tamaño de los platos no tuvo un efecto significativo en el consumo de calorías para comidas en tres experimentos. Los participantes hacían más viajes hacia el buffet cuando tenían un plato más chico.

Agregar opciones ‘saludables’ a otras ‘no saludables’ también es problemático. Un artículo en el Journal of Consumer Research por Karen Wilcox encontró que la mera presencia de comida saludable parecía mostrar que el consumidor alcanzaba objetivos nutricionales y les daba entonces una carta abierta para comer más, con un ambiguo efecto en sus dietas. Sicólogos también informan acerca de la ‘ilusión de las calorías negativas’, por las que agregar una opción saludable a individuos que cuidan su peso reduce su percepción acerca del contenido total de las calorías que consumen. En un artículo de Alexander Chernex, en el Journal of Consumer Psychology de 2007, por ejemplo, participantes conscientes de los problemas dietarios estimaron que una hamburguesa sola contiene 734 calorías, pero cuando estaba acompañada de cortes de apio la estimaban en 619 calorías.”

Si el tema es la desigualdad, la Academia Sueca decidió por el que sabe de eso: Deaton, no Pikkety

Cuanto más avanzo en la lectura del libro “The Great Escape”, del último premio Nobel en Economía, Angus Deaton, más me parece que la Academia de Ciencias de Suecia (este premio es financiado por el Banco de Suecia, no por la Fundación Nobel como los otros), puede ser un intento de balancear el impacto que tuvo el libro de Pikkety. Es decir, si el tema en discusión a nivel global son las diferencias de ingresos, vamos a darle el premio a quien más ha estudiado el tema, y lo ha hecho más profesionalmente: Deaton.

Deaton

Deaton tiene un don: sabe analizar las estadísticas y saca todo tipo de conclusiones, todas ellas interesantes, aunque pueda uno no compartir todos sus juicios de valor. A diferencia de Piketty, Deaton no ve a las diferencias de ingresos como algo inherentemente malo (aunque puede serlo cuando son el resultado del lobby y el capitalismo de amigos). Así dice:

“Comenzando a mediados del siglo XVIII en Inglaterra, la longevidad comenzó a mejorar en todos los países del mundo. A medida que la gente escapaba de las enfermedades y la muerte temprana, los estándares de vida también comenzaban a mejorar y, en gran medida, la salud y el nivel de vida se movían en paralelo. Las ideas de la Revolución Científica y el Iluminismo produjeron eventualmente una revolución en el bienestar material, como también lo hicieron en la extensión de la vida. Estas revoluciones paralelas, impulsadas por las mismas causas finales, trajeron vidas mejores y más largas para muchos, pero también crearon un mundo de diferencias a través de lo que el economista Lant Pritchett ha memorablemente llamado “Divergencia, gran momento”. Le crecimiento económico trajo mejores estándares de vida como también una reducción de la pobreza. Es difícil medir todo esto en forma precisa pero un estudio minucioso estima que el ingreso promedio de todos los habitantes del planeta aumentó entre 7 y 8 veces entre 1820 y 1992. Al mismo tiempo, la fracción de la población mundial en extrema pobreza cayó de 84 a 24%. Este aumento sin precedentes de los estándares de vida llegó con enormes aumentos de la desigualdad de ingresos, tanto entre países como entre individuos dentro de los países. La naturaleza de la desigualdad también cambió. En el siglo XVIII, la mayor parte de la desigualdad se daba dentro de los países, entre los ricos aristócratas propietarios de tierras en un lado, y la gente común en el otro. Para el año 2000, en contraste, las mayores brechas se dan entre países, el resultado final de la gran divergencia.”

“La desigualdad puede, a veces, impulsar el crecimiento, si muestra a los demás una vía para beneficiarse con las nuevas oportunidades. Pero puede también menoscabar la mejora material e incluso extinguirla por completo. La desigualdad puede inspirar e incentivar a aquellos que quedaron atrás para alcanzar a los de adelante, generando mejores para ellos y para otros. O puede ser tan severa, y las ganancias tan concentradas en las manos de unos pocos, que el crecimiento económico se ahoga y se compromete el funcionamiento de la economía.”

Voy al médico. Veo su diploma en la pared. ¿Le cuento sobre el ‘cartel’ que genera el licenciamiento?

Vengo del médico. Mientras esperaba a ser atendido miraba su diploma colgado en la pared, y una serie de certificados de asistencia a distintos cursos en su especialidad. Curiosamente, también leía un artículo titulado “Beyond Medical Licensure”, de Shirley Svorny, profesora de economía de California State University y académica adjunta del Cato: http://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/regulation/2015/3/regulation-v38n1-6.pdf

Comenta:

“Quienes apoyan el licenciamiento de los profesionales médicos enfatizan la presencia de asimetrías de información entre pacientes y médicos. El economista George Ackerlof este fallo de mercado en un artículo famoso de 1970 publicado en el Quarterly Journal of Economics, sosteniendo que la regulación gubernamental podría ser apropiada en situaciones donde los consumidores están en desventaja informacional en relación a quienes venden el servicio. Aunque no consideró los incentivos que resultan de la responsabilidad legal, identificó al nombre-marca y a la certificación como instituciones importantes que pueden resolver la incertidumbre respecto a la calidad. Señaló que los mercados educativos y laborales utilizan nombres y marcas para guiar a los empleadores y a los consumidores.”

“En lugar de “colegios” de profesionales aprobados por los gobiernos, los hospitales deciden, por ejemplo, quien practicará neurocirugía. Los miembros del staff de un hospital privado analizan las credenciales y determinan exactamente lo que cada individuo puede hacer. Verifican y evalúan la educación, habilidades, experiencia, historia de mala praxis y la competencia de cada profesional médico antes de realizar ciertas tareas. Las empresas dueñas de seguros médicos (HMOs en Estados Unidos) realizan procedimientos similares, verificando una amplia gama de información cuando establecen redes o paneles de médicos con los que sus pacientes se pueden atender. Hacen esto porque pueden ser considerados responsables de algún error que cometa algún proveedor acreditado, y porque su reputación es importante.”

“Las empresas que aseguran a los médicos contra riesgos de mala praxis también los supervisan. Evalúan a los médicos cada año nuevamente considerando su educación, habilidades, historia de mala praxis y competencia. Pueden denegar la cobertura para ciertos procedimientos si es necesario, o denegarla totalmente.”

“En lugar de controlar a los médicos, el aparato de “licencia” provee un camino para la influencia de los profesionales que ha sido utilizado para restringir la competencia y frenar la innovación en la provisión de cuidado médico. Solamente en estados como Alaska donde escasea el servicio médico en las áreas rurales se han dejado de lado los intereses médicos que limitan la competencia para experimentar con nuevas formas de cuidado. La buena noticia es que, liberada de esas restricciones, la innovación puede reducir costos y mejorar el acceso sin un efecto aparente en la calidad. Es una situación win-win para todos salvo para los médicos que quieren proteger su campo tradicional.”

“Las similitudes entre las acciones de las agencias estatales de licenciamiento y un cartel son llamativas. Las regulaciones gubernamentales facilitan el tipo de restricción a la entrada que un cartel privado tendría problemas en imponer. Dictando el nivel adecuado de entrenamiento las regulaciones estatales benefician a los médicos licenciados a expensas de los consumidores. El aparato regulatorio también permite que grupos de médicos políticamente influyentes limiten el ámbito de práctica de profesionales no médicos.”

“El licenciamiento estatal funciona mal para proteger pacientes, si es que lo hace. Es común encontrar médicos licenciados y con problemas de alcohol seguir practicando mientras participan de un programa de tratamiento aprobado. Pocos profesionales médicos son sancionados por las agencias de control. En realidad, la mayoría de los que están catalogados como de alto riesgo por las empresas de seguros de profesionales médicos jamás han sido sancionados por esas agencias. Una estimación señala que solo un cuarto de los médicos en el mercado asegurador de alto riesgo han sido alguna vez sancionados por las agencias en toda su carrera. La buena noticia para los pacientes es que los profesionales que no obtienen seguro contra mala praxis no podrán acceder a la práctica en hospitales y serán excluidos de redes y paneles.”

Me llama el médico para atenderme…, por las dudas no le comento el artículo.

La irresponsabilidad fiscal no es monopolio argentino (ufa!): Estados Unidos también es un desastre

Muchos pensamos que nuestros países muestran una mala gestión fiscal, para decirlo en forma algo benigna. Pero otros países no son ningún ejemplo, tal el caso de los Estados Unidos. Michael Tanner, Senior Fellow del Cato Institute, comenta la situación fiscal de ese país (http://www.cato.org/policy-report/mayjune-2015/running-out-other-peoples-money):

“…Si los crecientes déficits fiscales anuales representan la irresponsabilidad fiscal de un año a otro, el total acumulado de tal irresponsabilidad es la deuda pública, que ha llegado ya a casi 18.200 billones de dólares. Pongamos esto en perspectiva: los Los Angeles Dodgers tienen el equipo mejor pagado del baseball. Por 18.200 billones podríamos pagarles a los Dodgers por 65.204 años y todavía nos quedaría dinero para un par de pitchers libres. Y, hablando de Los Angeles, $18.200 billones permitiría comprar todas las propiedades de la ciudad, 38 veces. Si tuviéramos que repagar la deuda pública a un ritmo de un dólar por segundo nos tomaría 576.736 años. La porción de deuda de cada norteamericano es de 56.750 dólares.

El gobierno de Estados Unidos clasifica oficialmente la deuda de dos formas. La primera es ‘en poder del público’, que son los bonos en manos de individuos, empresas, gobiernos extranjeros y otras entidades que no sean el gobierno federal. Al 1 de Abril esta deuda alcanzaba 13.100 billones y representaba 74% del PIB, el porcentaje más alto desde la Segunda Guerra Mundial.

La segunda clasificación es deuda ‘intra-gubernamental’, deudas del gobierno federal consigo mismo, como la del Fondo de la Seguridad Social. Los más de cien fideicomisos y cuentas especiales tienen hoy 5.060 billones de dólares en deuda, cuya porción principal es con la Seguridad Social (2.730 billones) y Medicare (287.000 millones). Si combinamos la deuda en poder del público y la intra-gubernamental llegamos a los 18.200 billones.

Esto es más del 101% del PIB proyectado para fines de este año. Consideremos esto. Debemos actualmente más del valor total de todos los bienes y servicios que se producen en el país en un año. “

Pero esto no incluye la deuda implícita.

“Las obligaciones futuras no financiadas de la Seguridad Social son ahora más de 24.900 billones de dólares. Las de Medicare son más difíciles de determinar, debido a la reciente reforma de la salud. En 2009 se estimaban en 88.900 billones. Desde entonces la inflación en servicios de salud ha sido algo más baja. Los economistas debate la razón de esto y si va a continuar pero ha resultado en una reducción de los pasivos no cubiertos a solo 47.600 billones.

Así, la deuda federal combinada (la que posee el público, la intergubernamental y la implícita) totaliza 90.500 billones de dólares. Eso es plata en serio, incluso en Washington, casi $282.000 por cada habitante en Estados Unidos. Los estudiantes que hoy se gradúan se preocupan por su deuda universitaria. Eso es nada comparado con lo que deben como su parte de la deuda pública.

Más aún, estas proyecciones asumen que las tasas de interés de la deuda pública se mantendrán a los niveles actuales, cercanos al 2%. Aun a este nivel, los intereses de la deuda son cada vez una porción más grande del presupuesto. Este año el gobierno federal pagará 229.000 millones en intereses. Para 2024 con una modesta suba de intereses crecería a 808.000 millones. Y algo después superaría el billón de dólares cada año. Para 2035, los intereses de la deuda competirían con Medicare como el segundo ítem más importante del presupuesto, detrás de la Seguridad Social.

Y las tasas de interés pueden no seguir tan bajas. Se estima que un aumento de un punto porcentual agrega 1.000 billones en intereses en la década siguiente. En las dos décadas pasadas el promedio de tasa de la deuda pública fue de 5,7%. Por lo tanto, si las tasas retornaran a algo similar a esos niveles tradicionales, se agregarían billones de dólares a las obligaciones futuras.”

Personalidades tiránicas, despiadadas, egocéntricas: el capitalismo da a Steve Jobs, el poder a Hitler

Se desató en estos días una polémica por una nueva publicación del libro de Adolf Hitler, Mein Kampf. Asimismo, pasaron por uno de los canales de cable la película “La Caída”, con una impresionante actuación de Bruno Ganz en el personaje del dictador nazi.

La Caida de Hitler.www.dvdrip-audiolatino.com

Su personalidad aparece allí como “tiránico, despiadado, hipercompetitivo, egocéntrico, frío, manipulador y hasta con decisiones bastante cuestionables hacia su ex pareja”.

Sin embargo, esta cita no pertenece a una descripción de la personalidad de Hitler sino de Steve Jobs en una película recientemente estrenada con su nombre: http://www.lanacion.com.ar/1858301-una-sintesis-del-capitalismo-salvaje

El autor de la crítica titula la nota «Una síntesis del capitalismo salvaje» y concluye que “este Steve Jobs de tres cabezas (Boyle-Sorkin-Fasssbender) resulta, claro, un genio y figura, un hombre divertido y seductor, pero también un monstruo despótico incapaz de cuidar a sus seres queridos y colaboradores. Una síntesis y una metáfora perfecta del capitalismo más salvaje e inhumano.”

Jobs

Quisiera ahora hacer un comentario sobre la referencia al “capitalismo más salvaje e inhumano”, comparando esas dos personalidades que parece que tuvieran algunos rasgos en común. Asumamos que Jobs era como se lo describe arriba. Hitler también, e incluso más.

Pero quisiera cuestionar que se denomine ‘capitalismo salvaje e inhumano’ al sistema que vuelve a una personalidad de ese tipo, como Jobs, en  un genio creador que no paró de ofrecernos una innovación tras otra que cambiaron nuestras vidas en forma muy positiva. Comparemos el resultado de la actuación de este tiránico despiadado en el mercado con la de ese otro tiránico despiadado en el poder, con el control del Estado. El primero nos dio el Ipod, Iphone, Ipad y muchas otras cosas; el otro unos 25 millones de muertos, países totalmente destruidos, familias destrozadas, campos de concentración, etc.

Un sistema que vuelve a una personalidad fría y egocéntrica, manipuladora y tiránica en un innovador genial más que “salvaje e inhumano” debería ser considerado todo lo contrario: canaliza las fuerzas y los impulsos de ese tipo de personalidades hacia algo positivo; mientras que la carrera por la búsqueda del poder y el control del Estado ocasiona terror y destrucción.

Es cierto, tal vez no era fácil estar cerca de Jobs, pero todos estaban allí voluntariamente, manteniendo una relación contractual, formal o informal, de la que podían retirarse en cualquier momento sin que Jobs pudiera impedirlo violentamente. Ningún descontento con lo que sucediera en Apple iba a terminar preso o extinguido.

No podían decir lo mismo quienes eran secuestrados por las SS, quienes terminaban en un campo de exterminio o quienes se veían atacados por las tropas alemanas. Incluso esa voluntariedad era discutible en muchos soldados alemanes, reclutados a la fuerza, y hasta en oficiales que temían las consecuencias de una deserción (aunque hubo algunos que valerosamente lo hicieron y no se prestaron a aceptar órdenes tiránicas).

En definitiva, un sistema que vuelve al tiránico un innovador poco tiene de salvaje: limita a las fieras, conduce su ego hacia la satisfacción de las necesidades de los demás, no a su destrucción. Salvaje parece ser la lucha por el poder y su ejercicio ilimitado: el capitalismo no funciona si todos somos más que bondadosos, simplemente con la gente como es, buena y mala; e incluso presiona para sacar algo muy bueno de los peores.

Juan Carlos Cachanosky: un amigo, un colega, y en definitiva un gran profesor que nos enseño a todos

Conocí a Juan Carlos Cachanosky hace unos 25 años y desde entonces trabajé con él de una forma u otra. Él había llegado a las ideas antes que yo, me sacaba varios cuerpos. Había estudiado economía en la Universidad Católica y luego, vinculado con Alberto Benegas Lynch (h), estudió con Hanns Sennholz y formó parte del Departamento de Investigaciones desde ESEADE desde su inicio.

Cachanosky

Tal vez me pierdo detalles en esta breve historia. Me voy a referir más adelante a sus contribuciones académicas. Por el momento quiero señalar que forjó una fuerte amistad con un grupo de economistas e historiadores, quienes vimos en él siempre una referencia en esa materia. Como pocos profesores, pudo lograr establecer una relación con sus alumnos como pocas veces he visto. Son pocos los casos en los que los alumnos dejan otros programas de lado para cenar y conversar con el profesor, y sin embargo eso era lo que ocurría con “Charly”, para nosotros, “Cacha” para los guatemaltecos y el resto de latinoamericanos. He tenido la oportunidad de estar en algunas de esas cenas de exalumnos, la última en el 2015 en Guatemala.

Humor irónico y dedicación al trabajo eran dos de sus características salientes. Su punto débil era ser de Boca…, y recordártelo cada vez que ganaban.

Utilicé mucho en distintas materias su introducción a la Escuela Austríaca de Economía en un artículo de ese nombre en el primer número de la revista Libertas, el Journal académico que comenzara a publicar ESEADE en 1984: http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/49_4_Cachanosky.pdf

También fue muy útil la publicación de su tesis sobre el uso de las matemáticas en la economía “La ciencia económica y la economía matemática”, también publicada en Libertas, en dos ediciones, la Nº 3 de Octubre de 1985 y la Nº 4 de Mayo de 1986.

http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/47_6_Cachanosky.pdf

http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/46_4_Cachanosky.pdf

En el número 10 publicó su análisis sobre la crisis de los años 1930: http://www.eseade.edu.ar/servicios/Libertas/40_7_Cachanosky.pdf

No menos importante fue su siguiente trabajo, “Historia de las teorías del valor y el precio”, también publicada en dos ediciones de Libertas, ya en 1995.

http://eseade.edu.ar/files/Libertas/25_4_Cachanosky.pdf

http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/23_6_Cachanosky.pdf

Este es un monumental trabajo donde revisa el avance, y los retrocesos, de la teoría del valor desde los griegos hasta la Revolución Marginalista. Muchos alumnos de Historia del Pensamiento Económico han hecho ese recorrido tan importante y fundamental para el avance de la teoría económica.

Luego de esto Charly cambió de rumbo intelectual completamente, y de la teoría pura o la historia del pensamiento económico se fue a la teoría económica aplicada al management y al cálculo financiero señalando el vínculo entre el análisis austriaco y el Value Based Management, por ejemplo en un artículo que publicó en el número 30 de Libertas: http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/14_7_Cachanosky.pdf

Y desde allí, haciendo honor a las ideas, se dedicó a ser emprendedor y a desarrollar la educación online a través de Corporate Training, en proyectos conjuntos con distintas universidades extranjeras, en cuyos programas muchos de sus amigos fuimos y éramos profesores hasta ayer: http://www.corporatet.com/

Su último proyecto era crear una revista académica online, que se llamaría Eleutheria, o Liberalismus, o retomara el viejo nombre de Libertas. Sus últimos mails al respecto son de ese mismo día en que el corazón cedió y nos sorprendió a todos.

Lo recordaremos con mucho cariño y sabemos que ha dejado un legado muy importante, en sus hijos y en sus alumnos, y en todos los que compartimos con él buena parte de su vida.

Mientras discuten la intervención a la AFSCA, veamos cómo asignaron propiedad otros países (IV)

¿Cómo se podría implementar un sistema de derechos de propiedad en las frecuencias del espectro electromagnético? Sería necesario seguir una serie de pasos:

  1. Como se comentara, la asignación de segmentos de frecuencias para determinados usos es realizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Por tratarse de un convenio internacional sobre el que un gobierno no puede imponer su voluntad, sería necesario seguir las asignaciones allí efectuadas con las siguientes consideraciones:
  1. plantear el problema de la asignación burocrática de frecuencias y proponer el desarrollo de derechos de propiedad;
  2. solicitar modificaciones a la asignación en la medida en que el funcionamiento del mercado así lo vaya mostrando.
  1. En materia local, el gobierno nacional tiene soberanía como para decidir la forma de asignar frecuencias, por lo que se definiría el mecanismo de asignación de derechos de propiedad dentro de los segmentos asignados por la UIT. Al respecto se presentan dos situaciones diferentes: las frecuencias que ya han sido asignadas a determinados usuarios y las que se encuentran libres.
  1. Con respecto a las primeras, éstas son por un tiempo limitado, por lo que se presentan las siguientes alternativas:
  2. a) esperar hasta el final de la concesión y licitar la venta de la frecuencia respectiva, o
  3. b) llegar a un acuerdo con el actual concesionario para finalizar la concesión y proceder a su licitación. Como ese acuerdo significaría una cierta “compensación” al concesionario actual, se permitiría el uso de aquélla como parte de la cotización en la licitación.
  4. Con respecto a las frecuencias libres, se procedería a su licitación al mejor postor, quien debería cumplir con los usos asignados por la UIT solicitar una modificación que el gobierno nacional presentaría ante el organismo.

 

¿Cómo resolverían los derechos de propiedad el problema de las interferencias?

Es necesario tener en cuenta que el nivel de interferencia no tiene por qué ser cero, como mencionáramos antes. Si la interferencia debería ser tolerada o reducida y quién debería ser responsable de ello son aspectos que dependen de los beneficios relativos de cada uso en comparación con los costos de obtener los niveles adecuados de servicios. El funcionamiento del mercado y la vigencia de los derechos de propiedad ofrecerían a los propietarios de las frecuencias dos caminos:

–          acuerdos voluntarios por los cuales el que causa interferencia en la propiedad de otro busca reducirla (modificación de la potencia de transmisión, direccionamiento de la antena, control de la frecuencia de emisión, antenas direccionales), o el interferido lo hace (filtros, etc.). Ambas acciones tienen costos, y lo que está en discusión es quién asume los costos. Una posibilidad es alcanzar acuerdos voluntarios;

–          acudir a mediadores o árbitros seleccionados por las dos partes, lo cual permitiría crear un paso previo, y más eficiente, al recurso a la justicia. Muy probablemente, asociaciones de los mismos usuarios de frecuencias, radios, radioaficionados, ofrecerían estos servicios de mediación, hasta en los casos que involucren a asociaciones de otras entidades.

Este tipo de solución fue adoptada por Nueva Zelanda. La Ley de Radiocomunicaciones de 1989 creó derechos de propiedad sobre las frecuencias o canales específicos (llamados “derechos de control”). Las empresas privadas adquieren su derecho por dos medios: (1) subastas públicas, en el momento que el Ministerio saca a la venta un canal o gama de frecuencias, y (2) en el mercado privado de estos derechos, es decir a otros que ya los poseen.

Algo similar ocurrió en Guatemala a partir de la aprobación de una nueva Ley de Telecomunicaciones en 1996[1]. En el siguiente gráfico puede observarse la cantidad de subastas realizadas por tipo de frecuencia, durante los años 1996-2004:

El resultado era de esperar. Los propietarios de emisoras invierten más porque ya no tienen dudas sobre la licencia. La competencia entre las compañías de telefonía móvil es fuerte, pues saben que no existe un número limitado de licencias y que cualquiera puede ofrecer ese servicio con sólo pedir o adquirir derechos necesarios. Durante los nueve años del gráfico, Guatemala, siendo un país pobre de casi 13 millones de habitantes, pasó de tener 400.000 líneas a más de 10 millones. El país se ha convertido en un banco de pruebas de empresas como Qualcomm para investigar nuevos usos de las distintas frecuencias[2].

 

[1] Así lo comenta el Lic. José Toledo, quien fuera director de la Superintendencia de Telecomunicaciones: “Se creó la figura novedosa de los Títulos de Usufructo que es nominativo y tiene posibilidades de negociarse. Allí se hablaba de un mercado secundario de estos títulos. De alguna forma esto se dio. Yo fui testigo de muchos endosos de estos títulos, que se pueden transferir y endosar. Sólo basta con registrarlos, obviamente la única función de la Superintendencia es que se haga un registro y aquí viene la otra novedad – insisto la ley dice que el espectro radioeléctrico es propiedad del estado – entonces se creó la figura del Título de Usufructo por 15 años, pero bueno y después de 15 años ¿qué?, pues hay un pequeño artículo, un inciso allí en la ley que dice que basta con que el propietario demuestre que durante esos 15 años uso la frecuencia y se le prorroga automáticamente otros 15 y así sucesivamente, y eso basta que lo demuestre, pues puede haber sido una sola vez, no pone ningún tipo de limitación, la ley así pues crea esta novedad funcionando muy bien”. Toledo, José, (2005).

[2] Comenta David Couso Diaz: No hace mucho, el sector Radiocomunicaciones de la ITU, a través de la Unidad de Políticas de la ITU, ha reflexionado en un Taller (Workshop on radio spectrum management for a converging world, Ginebra, 16-18 de febrero de 2004 (http://www.itu.int/osg/spu/ni/spectrum/) sobre la gestión del espectro, tras constatar que la convergencia de los servicios no ha venido acompañada, en la mayor parte de los países, de un cambio en un modelo de gestión ya centenario. El primer dato relevante es el de los fallos en la planificación/atribución, ante el hecho evidente de que las fronteras entre los servicios contemplados en el Reglamento de Radiocomunicaciones se desdibujan: El teléfono móvil capta, en algunos países, la señal de televisión en directo, permite acceso de banda ancha inalámbrico, es mucho más que un servicio móvil. Por otra parte, la convergencia tecnológica impone que una sola aplicación/Terminal pueda prestar servicios diferentes, manejando diferentes rangos de frecuencias. La respuesta de los reguladores a estas dificultades no ha sido homogénea: en un extremo de la escala están los países que, como España, se mantienen fieles al modelo tradicional de mando y control, con atribución rígida y asignación concursada, en caso de escasez de frecuencias, mientras que en un lugar intermedio se situarían las legislaciones y los reguladores que optan por adjudicar cada vez más segmentos del espectro en base a competiciones de mercado (subastas) o, en tercer lugar, admiten posteriormente un mercado secundario de los derechos de uso que (con alguna variante) proporciona esa convergencia. Se busca así la asignación más rápida, flexible y eficiente del espectro, puesto que se espera que las frecuencias en cuestión sean destinadas a la tecnología más demandada y que ofrezca un mejor servicio al menor coste.

Normalmente estas medidas se introducen en un sistema de derechos exclusivos, pero también puede manifestarse en el incremento de bandas de espectro sin licencia que confiere mayor posibilidad de comercio a las empresas al recaer sobre determinadas bandas de frecuencias que por sí mismas no demandan un uso concreto. Aunque en España ni siquiera se haya utilizado sistemáticamente el modelo de “mercado primario” del espectro (es decir, la adjudicación y asignación de derechos de uso individuales mediante mecanismos de subasta competitiva) prefiriendo en general el “concurso” cuando exista limitación, o el otorgamiento a todos los solicitantes por orden de llegada, en la medida en que el Derecho comunitario optó por establecer esta posibilidad, ahora recogida, de forma un tanto tenue, en el párrafo final del número 2 del art. 45, al que luego nos referiremos (es claro que existe un modelo de gestión de mercado).

 

Mientras discuten la intervención a la AFSCA, veamos porqué sería mejor asignar propiedad (III)

Hasta el momento, los gobiernos han asumido la propiedad del espectro electromagnético y su distribución. Este proceso se efectúa a partir de acuerdos que han realizado los gobiernos en el marco de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, UIT, organismo que define el uso que ha de asignarse a cada segmento de bandas. El organismo nacional define a su vez quiénes harán uso de las bandas específicas en el segmento ya definido.

                Esta definición no solamente tiene un impacto económico, sino también político, de magnitud. Esto no solamente afecta a la eficiencia económica sino al derecho a la libertad de prensa. Como el gobierno asigna las frecuencias, también controla la forma en que se usan e incluso puede llegar a no otorgar o renovar una licencia si espera críticas por parte de un medio periodístico que las utiliza para hacer llegar sus contenidos. El caso reciente de Venezuela es un ejemplo. Sin calidad institucional, sin división y limitación al poder, las políticas regulatorias terminan siendo instrumento de los intereses creados o de los intereses del gobernante.

Ahora bien, la pregunta que debe hacerse en este punto, y que se relaciona con la posibilidad de los planificadores y reguladores de obtener información, es: ¿Sobre la base de qué criterios (información) ha de asignarse cierto segmento de bandas a determinado uso?

Dado el carácter técnico de esta materia, se aduce que son estos criterios los que se toman en cuenta. Sin embargo, dentro de las limitaciones que la tecnología del momento imponga, lo cierto es que existen distintos usos posibles del espectro.

Para empezar: la UIT ha dividido al mundo en tres zonas y las asignaciones no son las mismas en cada una de ellas, tratando de adaptarlas a las particulares necesidades de cada una. Si esto es así, ¿qué información permite tomar esa decisión sobre lo que es más deseable en Asia o en América?

Ante la ausencia de mecanismos de mercado (precios), ya hemos analizado la imposibilidad de evaluar las distintas alternativas, si no es tomando solamente en cuenta las personales preferencias de los funcionarios encargados de la asignación. Al realizar esa asignación, tanto la UIT como la agencia local deben juzgar la utilidad económica para los consumidores de cada uno de los servicios. Si se asignan a un uso determinado, reducen al mismo tiempo la cantidad de frecuencias (utilidades TAF) para otros usos. Ya comentamos cómo se quitaron las frecuencias de radio FM para la televisión, y lo mismo sucede con el uso de la transmisión directa satelital y los servicios de microondas. El poder que tienen las agencias estatales que administran el espectro equivale al que tendría el Estado si definiera el tamaño y la forma de todas las propiedades inmuebles y aprobara todas las transacciones de tierras.

Precisamente, una de las principales enseñanzas del reciente fracaso del socialismo en todo el mundo ha sido destacar la importancia de la propiedad, tanto por los incentivos que genera como por la información (su intercambio), esto es, los precios. Los precios envían información sobre la disponibilidad o la escasez de los bienes y servicios en una sociedad, y permiten comparar usos alternativos de acuerdo con las valoraciones individuales. Si existe una alta demanda de servicios telefónicos celulares, habrá emprendedores que ofrecerán precios más altos por el uso de frecuencias con este destino, y quienes las utilicen para otros servicios se sentirán motivados para reasignar su uso.

Los precios proveen un estándar objetivo para realizar esa asignación, que, en su ausencia, debe realizarse como se hace actualmente, siendo el funcionario estatal el que evalúa, como menciona la ley de radiodifusión, la calidad “moral” de cierto interesado y controla quiénes forman parte de los directorios de las radios.

La existencia de precios es importante, además, pues el uso del espectro electromagnético para las telecomunicaciones está compitiendo además con otros medios de transmisión como los cables, lo que está experimentando un gran avance (fibra óptica). Nuevamente, no existe forma de comparar entre la utilización de frecuencias o cables.

La alternativa es permitir el desarrollo de derechos de propiedad en unidades TAF que posean dueños con derechos exclusivos de uso, la transferencia entre usos o a otros usuarios, la subdivisión y la posibilidad de obtener ganancias o de sufrir pérdidas. Esto daría origen a precios de estas unidades TAF y crearía los siguientes incentivos:

  • llevaría a una asignación más eficiente de este recurso escaso
  • permitiría el libre ingreso y aumentaría la competencia. El ejemplo de las radios FM “informales” y su imposibilidad de ingresar legalmente en el mercado con la planificación es claro. Si hubieran podido adquirir esas bandas no utilizadas nunca habría existido tal cosa como una radio “informal”;
  • nuevos servicios podrían ensayarse e ingresar en el mercado adquiriendo ciertas frecuencias y no debiendo esperar una asignación del ente regulador;
  • aumentaría la eficiencia en el uso de las frecuencias, ya que sus propietarios tendrían el incentivo de reducir, “angostar” el uso de sus bandas para permitir otros usos y obtener así mayores beneficios. Esto fomentaría el desarrollo de nuevas tecnologías y equipos. La “escasez” del espectro sería efectivamente reducida. A medida que la tecnología avanza es posible reducir las separaciones entre frecuencias y crear espacio para nuevos usos o usuarios. Por ejemplo, es técnicamente factible reducir el ancho de la banda de TV por 5, 10 y hasta 100, pero no existe un incentivo económico para ello, ya que se está utilizando hasta este momento un recurso “gratuito”.