Los kibutz en Israel: de la distribución social colectivista al principio de distribución del capitalismo

El gobierno que se va en Argentina produjo una utopía más, aunque tal vez de corta duración. Y como tantas otras utopías, o el “modelo”, como lo llamaran, terminó mal.

Muchas utopías, comenzando con la de Platón, no han llegado a intentar implementarse, y otras que efectivamente lo hicieron, terminaron en el fracaso.

Un interesante artículo de Hinde Pomerianec hoy en La Nación, comenta la situación actual de los kibutz en Israel, otra utopía que atrapara la fantasía colectivista hace unas décadas. El título de la nota dice mucho: “Postales de capitalismo y guerra en el kibutz”: http://www.lanacion.com.ar/1852005-postales-de-capitalismo-y-guerra-en-el-kibutz

Dice Pomerianec:

“Las últimas casas que se construyeron son mucho más modernas y definitivamente menos rústicas. Son pocas y pertenecen a los nietos de los que aquí llaman los «veteranos», pioneros que llegaron a Israel en 1948, año de la creación del Estado de Israel y también de la primera guerra contra los países árabes. Los veteranos del kibutz Gaash vinieron mayoritariamente de América del Sur tras el sueño del sionismo socialista, una utopía que durante años tuvo un rostro colectivista en esta tierra que mira al Mediterráneo, al norte de Tel Aviv. Luego de décadas de vivir del campo, el kibutz -fundado en 1951- se vio obligado a adaptarse al espíritu de los tiempos para sobrevivir. Hoy, la comunidad de poco más de 400 personas sigue viviendo de la producción agrícola, aunque los mayores ingresos provienen de una fábrica de sofisticados artefactos de luz, tecnología de punta en soluciones para ciegos y también del turismo: cuando años atrás descubrieron que por debajo de las semillas sembradas hervía un tesoro, los ingenieros de la economía colectiva diseñaron un complejo de spas y aguas termales que en sus fines de semana más felices puede convocar a unas 1500 personas. Hay, también, locales de venta de trajes de baño y productos de perfumería en ese paraíso del ocio, pero están tercerizados porque los miembros de Gaash fracasaron en su explotación. Paradójicamente, la revolución económica del kibutz se llamó capitalismo.”

Curiosamente, un mundo libertario o capitalista no excluiría la posibilidad de organizar comunidades utópicas. De hecho, cualquiera podría organizarse como quisiera. En la práctica, ese tipo de comunidades ya existen, tales como los cuáqueros o los menonitas. También están las EcoVillages: http://gen.ecovillage.org/

Y si se trata de organizaciones grupales tendríamos que sumar a otras que no llamaríamos “utópicas” porque han tenido éxito: cooperativas, sociedades comerciales, clubes. En un mundo libre nada impide que las personas se organicen como deseen; lo que no garantiza que eso tenga éxito.

La experiencia de los kibutz pareciera mostrar que ese tipo de comunidades colectivistas apenas puede sostenerse en tanto y en cuanto sus participantes tengan fuerte valores comunes que sostengan un tipo de organización económica donde el principio de distribución sea aquél utópico planteado por Marx para la etapa final del socialismo: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”.

Algunas comunidades pequeñas (y no es de extrañar que sean religiosas) han logrado mantener esos principios con mayor o menor grado de pureza, y a bajos niveles de riqueza económica. Está claro que no podrían sostener una sociedad extendida como la actual y mucho menos a la cantidad de seres humanos existentes en el presente. El principio del capitalismo, que luego descubrieran los kibutz para sobrevivir ha sido así expuesto por Robert Nozick: “de cada cual según su elección, a cada cual según sea elegido”.

Es decir, tenemos libertad para elegir entre las oportunidades que se nos presenten (y hay sociedades, hoy ‘ricas’ institucionalmente, que ofrecen muchas más), y recibiremos tanto como los demás valoren el resultado de nuestra capacidad y esfuerzo. Los kibutz han aprendido que este principio es muy superior.

Empresas con talento: Piketty se olvida del capital humano, la mayor parte del capital moderno

La sección Economía de La Nación trae hoy un artículo titulado «Empresas con talento: el as en la manga que conduce al éxito», donde se señala la importancia del capital humano: http://www.lanacion.com.ar/1851591-empresas-con-talento-el-as-en-la-manga-que-conduce-al-exito

Como parte de la nota, el director de Recursos Humano de Arcor señala que: «Contar con talentos es más importante que el capital hoy en día, es algo que está cada vez más fuerte como tendencia.: http://www.lanacion.com.ar/1851584-la-opinion-de-los-que-estan-en-el-podio.

Eso es precisamente lo que comenta Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point

“La definición de riqueza de Piketty no incluye el capital humano, propiedad de los trabajadores, que ha crecido, en los países ricos, hasta ser la principal fuente de ingresos, cuando se la combina con la inmensa acumulación desde 1800 en capital de conocimiento y hábitos sociales, propiedad de cualquier que tenga acceso a ellos. Alguna vez el mundo de Piketty sin capital humano era aproximadamente el mundo de Ricardo y Marx, con trabajadores que solamente poseían sus manos y sus espaldas, y sus jefes y patrones eran propietarios de todos los otros medios de producción. Pero desde 1848 el mundo se ha transformado por aquello que se encuentra entre nuestras dos orejas.

La única razón en el libro para excluir al capital humano de todo el capital parece ser la conclusión a la que Piketty quiere llegar. Uno de los títulos en el Capítulo 7 declara que ‘el capital es siempre más desigualmente distribuido que el trabajo’. No es cierto. Si se incluye al capital humano –el conocimiento normal del operario, la habilidad de la enfermera, el manejo profesional de sistemas complejos, la comprensión del economista sobre la reacción de la oferta- son los trabajadores mismos, en una correcta contabilidad, quienes poseen la mayor parte del capital nacional- y el drama de Piketty se derrumba.

Finalmente, como admite cándidamente, la misma investigación de Piketty sugiere que solamente en los Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá se ha incrementado mucho la desigualdad, y solo recientemente. En otras palabras, sus temores no se han confirmado en ningún lado entre 1910 y 1980; en ningún lado en el largo plazo antes de 1800, en ningún lugar de Europa continental y Japón desde la Segunda Guerra Mundial, y, solo recientemente, y poco, en los Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá. Esto es un verdadero acertijo si el dinero tiende a reproducirse a sí mismo como ley general. Lo cierto es que la desigualdad sube y baja en grandes olas, para lo que tenemos evidencias desde hace varios siglos atrás hasta el presente, que tampoco figuran en su historia.

Algunas veces Piketty describe su maquinaria como un ‘proceso potencialmente explosivo’. Otras veces admite que shocks aleatorios a una fortuna familiar significan que ‘es poco probable que la desigualdad de la riqueza crezca indefinidamente…, más bien, la distribución convergerá hacia un cierto equilibrio’. Sobre la base de listas de los ricos en la revista Forbes, Piketty nota, por ejemplo, que ‘varios centenares de nuevas fortunas aparecen en el rango (de 1.000 a 10.000 millones de dólares) en alguna parte del mundo casi cada año’. ¿Qué es esto, profesor Piketty? ¿El apocalípsis o un creciente proporción de gente rica constantemente perdiendo esas riquezas u obteniéndolas, en un proceso evolutivo?

El escritor sobre ciencia Matt Ridley ha ofrecido una razón persuasiva por el leve crecimiento de la desigualdad en Gran Bretaña: “Quieres acaso decir que durante tres décadas cuando el gobierno alentó las burbujas en los precios de las viviendas, puso bajos impuestos a los inversores no residentes; asignó fondos a los subsidios agrícolas y restringió severamente la tierra para construir empujando la prima para los desarrollos inmobiliarios, los ricos que poseen capital han visto aumentar su riqueza levemente? En serio…, una buena parte de la concentración de la riqueza desde los años 1980 ha sido motivada por políticas públicas gubernamentales, que han redirigido sistemáticamente las oportunidades hacia los ricos, más que a los pobres.”

En los Estados Unidos, uno puede hacer un argumento semejante respecto a que el gobierno, de quien Piketty espera que resuelva el problema, ha sido, de hecho, la causa.”

Evolución o contrato social: el origen del cambio institucional con el caso de los indios Montanas

Del Libro «El Foro y el Bazar»:

La norma evolutiva, se convierte en una norma general en tanto es aceptada por todos los miembros de una sociedad y esto permite coordinar sus acciones. Puede decirse que las personas han llegado a un “consenso” respecto de la norma. Buchanan llamaría a esto un “contrato” social. En algún punto la barrera que separa  el concepto de consenso y el de contrato se vuelve borrosa, sobre todo cuando se interpreta la palabra contrato en sentido informal, o sea, no escrito.

Tomemos un conocido ejemplo que comenta Buchanan (2009, p. 47). Se trata de los indios “montanas”, en la península de Labrador, actual territorio de Canadá, ejemplo mencionado por Demsetz (1987) para explicar el origen de los derechos de propiedad privada. Esta población aprovechaba la piel de los castores, sobre los que existía un derecho colectivo basado en el control del territorio por parte de la tribu. Es decir, la tribu reclamaba y defendía el derecho de propiedad sobre cierto territorio, dentro del cual se encontraban los castores pero cualquier miembro de la tribu podía cazarlos, no así los “extranjeros”. Con la llegada de los europeos se inicio el comercio de estas pieles y se origino la conocida “tragedia de la propiedad común”: cada miembro de esa sociedad tenia un incentivo a cazarlos y vender su piel pero nadie lo tenia para limitarse y permitir su reproducción. Como resultado de esto se hubiera producido el colapso  y la extinción si no fuera que desarrollaron derechos de propiedad “privada”  asignándose distintas parcelas entre si, generando con ello el incentivo a proteger un activo valioso.

Buchanan llama a la aceptación de esta norma por parte de los Montanas un “contrato”. Hayek llamaría a esto, probablemente, como el resultado de un proceso evolutivo, incluso no consciente. Tal vez la diferencia entre estos autores se encuentre en el grado de “raciocinio” que asignan a estos actores. Para Hayek, estarían motivados por su interés personal y la comprensión del problema de depredación que enfrentaban, pero no de la generación de un “contrato” o la introducción de una nueva institución. Los individuos de Buchanan serian más racionalistas[1].

Cómo se produjo realmente el acuerdo no lo sabemos[2]. Podemos especular acerca de las posibilidades:

  1. Una autoridad de la tribu impuso la nueva norma (esto significa también que fue aceptada por el resto, ya que fue cumplida).
  2. Esa misma autoridad propuso la norma y fue aceptada por el resto o por un grupo representativo del resto.
  3. Los miembros de la tribu o sus representantes se reunieron en asamblea, debatieron y adoptaron la nueva norma. Alguno propuso asignar derechos en forma privada.
  4. Unos, al ver que los castores mas cercanos a su propio lugar estaban desapareciendo comenzaron a vigilar la zona y controlar su caza y los demás lo aceptaron, haciendo lo propio en sus lugares cercanos.
  5. Algún grupo pequeño o apartado de la tribu se manejaba ya con su propio entorno como si fuera “privado” y los demás vieron que allí no había problemas de depredación.
  6. Un sentido de posesión de los castores ya existía y  cuando deviene la escasez se activa. Dada la primitiva existencia de la posesión, como vimos en el Cap. 1, incluso presente en los animales y ancestros del ser humano, la familia o un grupo de familias podrían ocupar una zona y poseerla pero no preocuparse por limitar el acceso a los castores ya que no eran escasos. Cualquiera podía cazarlos aunque supieran que eran de la “zona de A”. Ahora que con escasos, A formaliza la posesión e impide la caza depredadora.

 

Las tres primeras alternativas se asocian con la visión contractualista, las otras tres con la evolucionista. Queda en manos de los historiadores determinar si fueron unas u otras, o tal vez otras diferentes. Tanto en una como en otra, sin embargo, existe al menos un individuo que tiene la idea, que lleva adelante la propuesta. Puede ser el líder o simplemente alguien que tiene la idea y la propone, o el primero que decide ejercer su derecho preexistente.

[1] “Como firma de internalizar las des-economías externas que fomentaba esta disposición de derechos, las tribus cambiaron de una estructura de uso común a una de propiedad privada. No es necesario que nos ocupemos aquí de  la exactitud histórica de esta versión,  o de la falta de ella. Pero nótese que Demsetz esencialmente “explica” un cambio en la estructura de los derechos recurriendo a un nuevo arreglo contractual que se hace conveniente debido a cambios exógenos en los datos económicos. Utiliza el ejemplo histórico para demostrar la proposición o el principio de que siempre habrá una tendencia a que las características de la estructura de derechos se modifiquen en la dirección que es mas eficiente en las condiciones que afronta la comunidad. No es posible discutir con esto, y se puede reconocer la contribución de Demsetz. Sin embargo,  no deberíamos cometer el error de decir que este enfoque explica el origen o el surgimiento de los derechos entre individuos o familias (tribus)con independencia de un acuerdo contractual, ya sea explicito o implícito. En este  modelo conceptual, los derechos de los varios participantes deben haber sido mutuamente reconocidos por todos los participantes antes de que se pudiera emprender mas negociaciones contractuales para modificar las  características estructurales” (Buchanan 2009, p.45).

[2] Demsetz cita a Leacock, Eleanor (American Anthropologist, American Anthropological Assoc., vol. 56, N° 5, parte 2, informe N° 78) pero de allí no se desprende con claridad como puede haber ocurrido.: «Hacia comienzos del siglo XVIII comenzamos a tener clara evidencia de que los territorios de caza y los acuerdos para atrapar animales por parte de familias individuales se estaban desarrollando en el área alrededor de Quebec. Las primeras referencias de tales acuerdos indican una distribución puramente temporaria de los territorios de caza. Ellos (algonquinos e iroqueses) se dividían a sí mismos en distintos grupos para poder cazar en forma más eficiente. Era la costumbre apropiarse pedazos de tierra de aproximadamente dos leguas cuadradas para cada grupo en los que cazaban en forma exclusiva. La propiedad de zonas de nutrias, sin embargo, ya había sido establecida y, cuando eran descubiertas, se marcaban apropiadamente. Un indio hambriento podía matar y comer las nutrias de otro si se dejaba en poder de su legítimo dueño la piel y la cola.”

Algo menor, pero importante, que podría hacer el nuevo Banco Central: curso legal al Bitcoin

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

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“LA MÍSTICA DE LA MONEDA DE CURSO LEGAL

El primer error de concepto es el que concierne a lo que se denomina «curso legal». Para nuestro propósito, no es muy importante, pero sirve generalmente para explicar o justificar el monopolio gubernamental de emisión de moneda. Ante nuestra propuesta, la primera atónita réplica es: «Pero ¡tiene que haber una moneda de curso legal!», como si esta idea justificara la necesidad de una única moneda gubernamental indispensable para la negociación diaria.

En sentido jurídico estricto, moneda de curso legal significa un tipo de moneda que un acreedor no puede rechazar como pago de una deuda, haya sido ésta contraída o no en dinero emitido por los poderes públicos. Aún así, es significativo que el término no tenga ninguna definición autorizada en el derecho estatutario inglés. En otros países indica simplemente el medio con el que puede saldarse una deuda, ya porque haya sido contraída en dinero gubernamental, ya porque un tribunal ordena el pago de esa forma. En la medida en que el poder público tiene el monopolio de la emisión de dinero y lo utiliza para establecer un solo tipo de dinero, debe tener también el poder de fijar los objetos con los que se pueden pagar las deudas expresadas en esta moneda. Ahora bien, ello no significa que todo el dinero deba ser de curso legal, ni tampoco que todos los objetos que la ley considera de curso legal tengan que ser necesariamente dinero. (En algunos casos, los tribunales han obligado a los acreedores a aceptar, como pago de sus deudas, bienes que difícilmente podrían calificarse de dinero; por ejemplo, el tabaco.)

La generación espontánea de dinero destruye la superstición

El término «curso legal» se ha rodeado en la imaginación popular de una penumbra de vagas ideas acerca de la necesidad de que el Estado suministre el dinero. Es la supervivencia de la idea medieval según la cual el Estado confiere de alguna forma al dinero un valor que de otra manera no tendría. Esto, a su vez, es cierto sólo en la medida en que el gobierno puede obligarnos a aceptar cualquier cosa que determine en lugar de la contratada; en este sentido, puede dar al sustituto el mismo valor para el deudor que el objeto original del contrato. Pero la superstición de que el gobierno (normalmente llamado «Estado» para que suene mejor) tiene que definir lo que es dinero, como si lo hubiera creado y éste no pudiera existir al margen de los poderes públicos, se originó en la ingenua creencia de que el dinero debió ser «inventado» por alguien y que un inventor original nos lo proporcionó. Esta creencia ha sido totalmente desplazada por el conocimiento de la generación de semejantes instituciones involuntarias a través de un proceso de evolución social del que el dinero es principal paradigma (siendo otros ejemplos destacados el derecho, el lenguaje y la moral). Cuando el renombrado profesor alemán Knapp resucitó, en este siglo, la doctrina medieval del valor impositus, se abrió el camino para una política que en 1923 condujo al marco alemán a un valor de 1 partido por 1.000.000.000.000.”

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue una moda pasajera? Con el tiempo aparecen más errores y críticas

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”, comenta: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point

“La preocupación de Piketty que los ricos sean cada vez más ricos es, en verdad, la última de una larga serie que se remonta a Thomas Malthus, David Ricardo y Karl Marx. Desde que esos geniales fundadores de la economía clásica, el progreso económico ha enriquecido a una gran parte de la humanidad –cuya población es ahora siete veces más que en 1800- y apunta a enriquecer a todo el planeta en los próximos 50 años. Y aun así la izquierda olvida regularmente este fundamental evento desde el invento de la agricultura –el Gran Enriquecimiento de los últimos dos siglos- y sigue preocupándose una y otra vez cada media generación, más o menos.

Todas las preocupaciones, desde Malthus a Piketty, comparten un pesimismo fundamental, ya sea de la imperfección del mercado de capitales o las limitaciones del consumidor individual  o de las Leyes de Movimiento del Sistema Capitalista. Durante esa parte de la buena historia desde 1800 hasta nuestros días, los pesimistas económicos en la izquierda han pronosticado terribles pesadillas. Por cierto, el pesimismo vende. Por razones que nunca he comprendido, a la gente le gusta escuchar que el mundo se va al diablo, y dudan cuando algún optimista idiota interfiere con su placer. Sin embargo, el pesimismo ha sido, consistentemente, una pobre guía para el mundo económico moderno.

Demanda, oferta y destrucción creativa

Los errores técnicos en los argumentos de Piketty son muchos. Cuando se escarba, surgen. El problema fundamental es que Piketty no entiende cómo funcionan los mercados. Al mantener su posición como un hombre de izquierda, tiene una idea vaga y confusa sobre cómo la oferta responde ante precios más altos. Una notable evidencia de su falta de conocimiento se encuentra ya en la página 6.

Comienza con una aparente concesión a sus oponentes neoclásicos: “Por cierto, existe en principio un mecanismo bastante simple que restauraría el equilibrio en el proceso: el mecanismo de la oferta y la demanda. Si la oferta de cualquier bien es insuficiente, y su precio es muy alto, entonces la demanda de ese bien debería reducirse, lo que llevaría a una reducción de su precio.” Las palabras marcadas mezclan claramente un movimiento a lo largo de la curva de demanda con un movimiento de toda la curva, un error de estudiantes de primer año. El análisis correcto es que si el precio es ‘demasiado alto’ no es toda la curva de demanda la que ‘restaura el equilibrio’, sino eventualmente un movimiento hacia afuera de la curva de oferta. La curva de oferta se mueve hacia afuera porque el aroma de ganancias supra-normales induce el ingreso en el mercado.

Piketty no reconoce que cada ola de inventores, emprendedores y aun rutinarios capitalistas ven perder sus recompensas por el ingreso de otros. Veamos la historia de las fortunas en las tiendas por departamentos. El ingreso de estas a fines del siglo XIX, en Le Bon Marché, Marshall Field y Selfridge’s era empresarial. El modelo fue luego copiado en todo el mundo rico. A fines del siglo XX el modelo fue desafiado por una ola de tiendas de descuento, y éstos a su vez por Internet. Lo que sucede es que la ganancia que va a los emprendedores se reduce más o menos rápido por la oferta que se desplaza hacia afuera. La acumulación original se disipa.

EL economista William Nordhaus ha calculado que los inventores y emprendedores obtienen hoy una ganancia de alrededor del 2% del valor social de sus inventos. Si eres Sam Walton, el 2% te da personalmente mucho dinero por introducir los códigos de barras para manejar los stocks en los supermercados. Pero 98% al costo del 2% es, no obstante, un negocio bastante bueno para el resto de nosotros. Las ganancias de las rutas asfaltadas o las ruedas vulcanizadas, de las universidades modernas, del cemento estructural y del avión, han enriquecido a los más pobres entre nosotros.”

Angus Deaton: ¿si un país es más rico su gente no es más feliz? Falso: importan mejoras relativas

En su libro “El Gran Escape”, el último premio Nobel en Economía, Angus Deaton habla sobre la desigualdad y el progreso y presenta un punto bien interesante sobre la relación que existe entre el ingreso per cápita y la felicidad.

Veamos el primer gráfico:

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Comenta Deaton al respecto:

“Si observamos la esquina de la izquierda y abajo, donde están los países pobres, vemos que la evaluación sobre la calidad de vida crece con el ingreso nacional muy rápidamente. Luego que pasamos China y la India, yendo de la izquierda abajo hacia la derecha arriba, el aumento en la evaluación de vida es menos pronunciado, y una vez que llegamos a Brasil y México los resultados son cercanos a 7 sobre 10, tan solo un punto menos que los países realmente ricos de arriba/derecha. El ingreso es más importante entre los muy pobres que entre los muy ricos. Por cierto, resulta tentador mirar al cuadro y concluir que una vez que el PIB per cápita alcanza unos 10.000 dólares por año, más dinero no mejora la vida de la gente, y muchos así lo han afirmado. Sin embargo, esta afirmación es falsa”.

El argumento de Deaton es que no importa la mejora absoluta sino la porcentual. Pone este ejemplo: uno que gana $200.000 recibe un aumento del 1% ($2.000); esto es más que uno que gana $50.000 y recibe un aumento del 2% ($1.000). Este último va a estimar que obtuvo mejor resultado, y el primero se verá frustrado.

Deaton reconfigura los mismos datos del primer cuadro en niveles que cuadruplican el ingreso; esto es, comenzando con 250 dólares (Zimbabue, Congo, luego 1.000 (Tanzania, Kenia), otro nivel de 4.000 (China e India), 16.000 (México y Brasil) y los países ricos con $64.000. En ese caso la figura es la siguiente:

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Lo que dice este gráfico es que diferencias porcentuales iguales en ingresos producen cambios absolutos iguales en la evaluación sobre la calidad de vida. En promedio, si nos movemos de un país a otro cuyo ingreso per cápita es cuatro veces superior, avanzaríamos un punto en calidad de vida.

“El Gráfico 2 es importante porque muestra que centrar nuestra visión en el ingreso es muy engañoso. Los países más ricos tienen mayores niveles de evaluación de vida, aun entre los más ricos del planeta”.

Los gobiernos nunca utilizaron su poder para proporcionar una moneda estable: salvo el patrón-oro

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. ¿De dónde salió eso? El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

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“La deflación local o temporal de la Alta Edad Media

La Alta Edad Media puede haber sido un período de deflación que contribuyó al declive económico de Europa. Pero incluso esto no es seguro. Parecería que, en conjunto, la disminución del comercio condujo a la reducción de la cantidad de dinero en circulación, y no a la inversa. Encontramos demasiadas quejas sobre la carestía de los bienes y el deterioro de la moneda que nos llevan a considerar la deflación como poco más que un fenómeno local de aquellas regiones en las que las guerras y las migraciones habían destruido el mercado y la economía monetaria se había reducido debido a que la gente enterraba sus tesoros. Pero donde, como en el norte de Italia, la economía renació pronto, encontramos a todos los pequeños príncipes rivalizando entre sí para devaluar la moneda, procedimiento que, a pesar de los intentos fracasados de los comerciantes de proporcionar un medio de cambio mejor, se mantuvo a través de las siguientes centurias hasta que Italia se convirtió en el país con el peor dinero y los mejores escritores sobre temas monetarios.

Pero aunque los teólogos y los juristas se unieron en la condena de estas prácticas, éstas no cesaron hasta que la introducción del papel moneda suministró al poder público un método aún más barato de defraudar a la gente. Por supuesto, los gobernantes ya no podían seguir utilizando las prácticas crudelísimas mediante las cuales obligaron a la gente a aceptar el dinero malo. Un tratado sobre la ley del dinero resume así la historia de las penas impuestas a quienes meramente se negaban a aceptar el dinero legal: «Sabemos por Marco Polo que en el siglo XIII la ley china castigaba con la muerte el rechazo del papel moneda imperial, y negarse a aceptar los assignats franceses podía ser castigado con veinte años de prisión e incluso con la muerte en algunos casos. En el antiguo Derecho inglés se castigaba el rechazo como de lesa majestad. Durante la revolución americana no aceptar los billetes continentales se consideraba como un acto hostil y a veces significaba la cancelación de la deuda».

El absolutismo suprimió los intentos de los comerciantes de crear un dinero estable

Algunos de los primeros bancos fundados en Amsterdam y otros lugares surgieron de los intentos de los comerciantes de crear una moneda estable, pero el creciente absolutismo pronto impidió los esfuerzos de producir una moneda no estatal. En lugar de ello, protegió el crecimiento de los bancos que emitían billetes denominados en la unidad de cuenta oficial. Es, en este caso, todavía más difícil que en el del metálico el exponer cómo tal desarrollo abrió las puertas a nuevos abusos de las autoridades públicas.

Se dice que los chinos, escarmentados por su experiencia con el papel moneda, intentaron prohibirlo totalmente (por supuesto sin éxito) antes de que los europeos lo inventaran. Desde luego, los Estados europeos, una vez al tanto de esta posibilidad, comenzaron a explotarla despiadadamente, no para producir un dinero mejor, sino para sacar de ello mayores ingresos. Desde que la Corona británica, en 1694, otorgó al Banco de Inglaterra un monopolio limitado de emisión de billetes de banco, la principal preocupación de los gobiernos ha sido impedir que su poder sobre el dinero, basado en la prerrogativa de la acuñación, se traspasara a bancos realmente independientes. Durante algún tiempo, la influencia del patrón oro y la creencia de que mantenerlo era una importante cuestión de prestigio y el abandonarlo una deshonra nacional frenaron eficazmente este poder. Este sistema proporcionó al mundo el único período —doscientos o más años— de relativa estabilidad durante el cual pudo desarrollarse el industrialismo moderno, aunque padeciera crisis periódicas. Pero en cuanto se generalizó, hace cincuenta años, la idea de que la convertibilidad en oro era sólo un método para controlar la cantidad de moneda, factor real de determinación de su valor, los gobernantes quisieron escapar rápidamente a esa disciplina y el dinero se convirtió más que nunca en el juguete de la política gubernamental. Sólo algunas de las grandes potencias mantuvieron, durante algún tiempo, una estabilidad monetaria tolerable llevándola también a sus colonias. Ahora bien, ni Europa oriental ni Sudamérica tuvieron jamás un período prolongado de estabilidad monetaria.

Los gobiernos nunca han utilizado su poder para proporcionar una moneda aceptable y se han reprimido de cometer grandes abusos sólo mientras se mantenía el patrón oro. La razón para que nos neguemos a continuar tolerando esta irresponsabilidad de los poderes públicos es que sabemos ahora que es posible controlar la cantidad de moneda para prevenir fluctuaciones excesivas de su poder adquisitivo. Además, aunque hay multitud de razones para dudar de las autoridades si no están sujetas al patrón oro, no hay ninguna razón para pensar que la empresa privada, cuyo beneficio dependería de que el éxito coronase sus esfuerzos, no sería capaz de mantener estable el valor del dinero que emitiera.”

Angus Deaton, último premio Nobel: todo proceso humano de progreso ha generado desigualdad

En su libro “El Gran Escape”, el último premio Nobel en Economía, Angus Deaton habla sobre la desigualdad y el progreso:

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“Buena parte de los grandes episodios de progreso humano, incluyendo aquellos que usualmente se describen como totalmente positivos, han dejado tras de sí un legado de desigualdad. La Revolución Industrial, que comenzara en Gran Bretaña en los siglos XVIII y XIX, dio comienzo al crecimiento económico que ha sido responsable de sacar a millones de personas de la privación material. El otro lado de esta misma Revolución Industrial es lo que los historiadores llaman la “Gran Divergencia”, cuando Gran Bretaña, seguida después por el noroeste de Europa y América del Norte, se separaron del resto del mundo, creando una enorme brecha entre Occidente y el resto, que no se ha cerrado hasta nuestros días. La desigualdad global actual fue, en gran medida, creada por el éxito del crecimiento económico moderno.

No debemos pensar que, antes de la Revolución Industrial, el resto del mundo había sido siempre atrasado y pobre. Décadas antes de Colón, China fue suficientemente avanzada y rica como para enviar una flota en enormes barcos bajo el comando del Almirante Sheng He –portaviones en comparación con los botes de remo de Colón- para explorar el Océano Índico. Trescientos años antes de esto, la ciudad de Kaifeng era una metrópolis humeante de un millón de almas cuyas sucias fábricas no hubieras desencajado en Lancashire ocho siglos después. Los impresores producían millones de libros que eran suficientemente baratos para ser leídos por gente de ingresos modestos. Sin embargo esas épocas, en China y otros lugares, no se sostuvieron, y menos aún fueron puntos de partida de una siempre creciente prosperidad. En 1127, Kaifeng cayó ante una invasión de tribus de Manchuria, que habían sido reclutadas rápidamente para ayudarla en la guerra. Si vas a enlistar aliados peligrosos, tienes que asegurarte que estén bien pagos.

El crecimiento económico en Asia arrancaba y era frenado, por gobernantes rapaces, guerras o ambos. Es solamente en los últimos 250 años que un crecimiento sostenido y a largo plazo en algunas partes del mundo – pero no en otras- ha llevado a una brecha persistente entre países. El crecimiento económico ha sido el motor de la desigualdad internacional de ingresos.

La Revolución Industrial y la Gran Divergencia están entre los escapes más benignos de la historia. Hay muchas ocasiones en que el progreso en un país se realizó a expensas de otro. La Era del Imperio en el siglo XVI, que precedió a la Revolución Industrial y ayudó a originarla, benefició principalmente a Inglaterra y Holanda, los dos países que mejor hicieron en el desorden. Para 1750, trabajadores en Londres y Amsterdam habían visto crecer sus ingresos en relación a los de Delhi, Beijing, Valencia y Florencia; los trabajadores ingleses podían permitirse algunos lujos, como el azúcar y el té. Pero aquellos que fueron conquistados y saqueados en Asia, América Latina y el Caribe, no solamente fueron dañados entonces, sino en muchos casos cargados con instituciones políticas y económicas que los condenaron a vivir siglos de continua pobreza y desigualdad.

La globalización actual, como las anteriores, ha visto creciente prosperidad junto a creciente desigualdad. Países que eran pobres hace poco, como China, India, Corea y Taiwán, la han aprovechado y han crecido rápido, mucho más rápido que los países ricos. Al mismo tiempo, se han separado de los países pobres, la mayoría de ellos en África, creando nuevas desigualdades. A medida que unos escapan, otros quedan atrás. La globalización y nuevas formas de hacer las cosas han llevado a incrementos continuos en la prosperidad de los países ricos, aunque las tasas de crecimiento han sido menores a las de los países pobres de rápido crecimiento y a las que ellos mismos solían tener. A medida que ese crecimiento se ha frenado,”

¿En qué medida son las instituciones el fruto de la ‘evolución espontánea’? Y la mano del legislador? (II)

Del Libro «El Foro y el Bazar»:

La recuperación de las teorías evolutivas  para las ciencias sociales, si bien estaba presente en Frederic Bastiat y Herbert Spencer, se produce con Carl Menger (1840-1921) el fundador de la Escuela Austriaca, reconocido como uno de los autores de la teoría subjetiva del valor basada en la utilidad marginal decreciente. Menger quería refutar al Historicismo alemán, el que negaba el individualismo metodológico y la existencia de leyes económicas asociadas a regularidades de conducta y las vinculara con entes agregados tales como la nación, buscando regularidades  inducidas a partir de eventos históricos.

Menger sostenía que las ciencias sociales debían explicar ciertos fenómenos evolutivos como el origen del dinero, los lenguajes, los mercados y la ley. En uno de sus trabajos mas interesantes (1985), descarta que el origen de las monedas sea una convención o un ley, ya que “presupone el origen pragmático del dinero y de la selección de esos metales, y esa presuposición no es histórica” (p. 212). Considera necesario tomar en cuenta el grado de “liquidez” de los bienes, es decir, la regularidad o facilidad con la que puede recurrirse a su venta. Y suelen elegirse aquellos productos que sean de fácil colocación, por un lado, y que mantengan el valor por el cual han sido comprados al momento de su venta, esto es, que no presenten diferencias entre un precio “comprador” y otro “vendedor”[1].

Una moneda será aceptada dependiendo:

  1. “Del número de personas que aún necesitan la mercancía en cuestión y de lamedida y la intensidad de esa necesidad, que no ha sido satisfecha o que es constante.
  2. Del poder adquisitivo de esas personas.
  3. De la cantidad de mercancía disponible en relación con la necesidad (total), no satisfecha todavía, que se tiene de ella.
  4. De la divisibilidad de la mercancía, y de cualquier otro modo por el cual se la pueda ajustar a las necesidades de cada uno de los clientes.
  5. Del desarrollo del mercado y, en especial, de la especulación; y por último,
  6. Del número y de la naturaleza de las limitaciones que, social y políticamente, se han impuesto al intercambio y al consumo con respecto a la mercancía en cuestión.”(p. 218)

Entonces, termina cumpliendo el papel de moneda aquél producto que permite a la gente pasar de un producto menos “líquido” hacia otro más “líquido”. Desde este punto de vista, el origen de la moneda tiene una clara característica de “espontáneo” u evolutivo, el resultado de la acción humana, no del designio humano[2].

[1] “El hombre que va al mercado con sus productos, en general intenta desprenderse de ellos pero de ningún modo a un precio cualquiera, sino a aquel que se corresponda con la situación económica general. Si hemos de indagar los diferentes grados de liquidez de los bienes de modo tal de demostrar el peso que tienen en la vida práctica, sólo podemos hacerlo estudiando la mayor o menor facilidad con la que resulta posible desprenderse de ellos a precios que se correspondan con la situación económica general, es decir, a precios económicos. Una mercancía es más o menos liquida si podemos, con mayor o menor perspectiva de éxito, desprendernos de ella a precios compatibles con la situación económica general, a precios económicos. (p. 217)

[2] “No es imposible que los medios de cambio, sirviendo como lo hacen al bien común, en el sentido más absoluto del término, sean instituidos a través de la legislación, tal como ocurre con otras instituciones sociales. Pero ésta no es la única ni la principal modalidad que ha dado origen al dinero. Su génesis deberá buscarse detenidamente en el proceso que hemos descripto, a pesar de que la naturaleza de ese proceso sólo sería explicada de manera incompleta si tuviéramos que denominarlo «orgánica’, o señalar al dinero como algo «primordial», de «crecimiento primitivo», y así sucesivamente. Dejando de lado premisas poco sólidas desde el punto de vista histórico, sólo podemos entender el origen del dinero si aprendemos a considerar el establecimiento del procedimiento social del cual nos estamos ocupando como un resultado espontáneo, como la consecuencia no prevista de los esfuerzos individuales y especiales de los miembros de una sociedad que poco a poco fue hallando su camino hacia una discriminación de los diferentes grados de liquidez de los productos.” (p. 223)

Equilibrio general y fallas de mercado: la economía neoclásica ‘perdida en una oscura selva’.

Con los alumnos de la UBA Económicas, Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca), terminamos el semestre y ellos ahora eligen el tema que les gustaría leer. Alguno pidió ver algo sobre fallas de mercado. Aquí una parte de la introducción y las conclusiones de un texto más completo que luego estaré también presentando aquí:

La obra Grundsätze der Volkwirtschaftslehre de Carl Menger, publicada en 1871, junto con Theory of Political Economy de William Stanley Jevons, publicada también en 1871 y Eléments d’économique Politique Pure de León Walras, publicada en dos partes, 1874 y 1877, sentaron las bases de lo que se ha dado en llamar la “revolución marginalista”, la que diera comienzo a lo que posteriormente se denominara “economía neoclásica”.

No obstante, pese a que el origen de la Escuela Austríaca se encuentra claramente asociado al nacimiento de la economía neoclásica, no podemos decir que hoy sea parte de ella. La pregunta que podemos plantearnos, entonces, es la siguiente: ¿qué pasó?, ¿cuándo ese origen común dio nacimiento a caminos separados?

Lo cierto es que, primero la aceptación generalizada del modelo del equilibrio general walrasiano, luego el debate sobre el socialismo y posteriormente una visión crítica de los postulados de la economía del bienestar abrieron una brecha que implicó seguir rumbos claramente diferenciados. Las diferencias se extendieron a la metodología de la ciencia económica, la teoría monetaria, el uso del conocimiento, el papel del emprendedor/capitalista, el ciclo económico, el papel del estado y el “fracaso” del mercado.

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Llamará seguramente la atención a algunos, quienes han visto siempre a los austríacos defender a ultranza al mercado, que para éstos el mercado no es “perfecto”, no se encuentra en equilibrio, ni la información en él es completa. Precisamente su preferencia por el mismo se basa en su comprensión de la imperfección del ser humano y su conocimiento y por tratarse de la mejor forma de coordinar las acciones económicas en tal entorno. Ante la crítica de la economía neoclásica, no considera que el equilibrio competitivo sea más que una figura ideal para entender como la realidad no es; ni tampoco afirma y acepta que la realidad sea ya ese equilibrio óptimo.

Por un lado la economía neoclásica tradicional se fija un ideal lejano y pretende mostrar que la realidad está alejada del mismo, el mercado fracasa y sólo el gobierno puede acercarlo al mismo; por el otro, suele afirmarse que el mercado ya está allí. Unos dicen que el óptimo sólo puede alcanzar por medio de la acción gubernamental, asumiendo que ésta es perfecta y no genera costos propios; otros dicen que ya se ha alcanzado cuando todos los costos apropiados han sido incluidos en el análisis.

Para los Austríacos lo que “fracasa” no es el mercado tal cual es, imperfecto, sino el plantear como alcanzable un modelo ideal que eleva la perfección a un objetivo alcanzable. Como Dante claramente mostrara en la Divina Comedia, esa perfección no es alcanzable en este mundo. También como él, la economía neoclásica parece tener que aceptar que…”a la mitad del camino de nuestra vida, me encontré perdido en una oscura selva”.