La política económica de Macri es ‘neokeynesiana’, ‘supply side’, o todavía una mezcla de todo eso (I)

El nuevo gobierno argentino ha comenzado a tomar medidas en el ámbito económico, entre las que se destaca por el momento la eliminación del cepo cambiario y de casi todos los impuestos a las exportaciones. Falta todavía conocer su política monetaria y fiscal, elementos fundamentales de todo programa de política económica. Pero ya ha comenzado a discutirse cuál es la visión que lo define. Así, por ejemplo, el diario El Cronista, reproduce un artículo de Martín Tetaz originalmente publicado en el semanario El Economista, titulado “Macri, el neokeynesiano”: http://www.cronista.com/3dias/Macri-el-neokeynesiano-20151224-0055.html

El artículo comienza señalando un elemento central de la cosmovisión keynesiana:

“Uno de los aportes más disruptivos de la «Teoría General» de John Maynard Keynes fue el planteo de que, al contrario de la Ley de Say, que sostenía que toda oferta generaba su propia demanda, era la demanda agregada la que determinaba la oferta.”

Que ésta fue la visión de Keynes es absolutamente correcto. Que haya interpretado correctamente a Say es otra cosa. Es que así simplificada, la Ley de Say parece absurda; pero lo que Say decía no es tan difícil de entender. Supongamos una economía de trueque: para obtener algo que necesito o quiero poseer, ofrezco algo a cambio. Es decir, tengo que tener algo para ofrecer, tengo que haber producido algo, para luego poder demandar. La producción es primero. Sucede también a nivel personal: no salgo a la calle y por el hecho de gastar se me genera un ingreso; primero trabajo, produzco, obtengo un ingreso, y luego estoy en capacidad de consumir. Eso es lo que decía Say. Si agregamos el dinero, es simplemente un medio de intercambio para facilitar mi oferta y mi demanda.

Ahora vienen los neokeynesianos: “La novedad de los pensadores neokeynesianos como Pierangelo Garegnani, Franklin Serrano y Anthony Thirlwall es que, además de subirse a la idea que ya había planteado Michael Kaleki en el sentido de que la inversión era endógena en el ingreso, dando lugar a un supermultiplicador, pusieron en debate el poder de la demanda efectiva para empujar el ingreso más allá de las fluctuaciones cíclicas de corto plazo, abriendo una teoría neokeynesiana no ya de las crisis sino del desarrollo.”

Si ahora incluyo a la inversión del lado de la demanda, he demostrado que ésta es el motor de la economía básicamente porque no he dejado casi nada del otro lado. ¿Qué queda del lado de la oferta? En fin, lo que se venía produciendo antes. Como le he quitado todos los elementos dinámicos que podrán impulsarla, no queda otra que el impulso venga de otro lado, de la demanda.

Esto parece algo así como analizar las cosas al revés: todo lo que promueva el crecimiento económico será llamado “impulso de la demanda”. Pero no creo que nos ayude a entender lo que realmente sucede. Son bien distintas las decisiones del consumidor y las del que invierte para aumentar la producción, aunque para hacerla efectiva ‘demande’ bienes de producción o insumos.

En particular, lo visto hasta ahora por parte del gobierno de Macri parece calificar algo, tal vez, más cerca de la Ley de Say que de políticas keynesianas o neo. De hecho, la liberación del cepo, de las retenciones a las exportaciones y el aumento de las tasas de interés tendrán dos efectos iniciales: reducir el consumo y aumentar el ahorro y la inversión. Las economías regionales comienzan a activarse, al igual que la producción agrícola y otras. Eventualmente los mayores ingresos generados por esa mayor inversión, por el aumento de la producción (inversión en nuevos equipos o en bienes intermedios para la producción) aumentarán el consumo. Algo similar ocurrió con la devaluación del 2002, cuando se reactivó la producción primero y algo después el consumo. Esto es más ‘supply side’.

Por otro lado, la disminución de las cargas impositivas sobre los salarios y el aumento de la Asignación Universal calificarían como impulso de la demanda. Dentro de un repertorio ‘keynesiano’ habría que incluir también el proteccionismo a través de la extensión de posiciones arancelarias alcanzadas ahora por licencias no automáticas, aunque es cierto que reemplazan a un sistema peor o, al menos, más discrecional.

En definitiva, parece haber una mezcla, y tal vez siga siempre así. La etiqueta está por definirse.

Mejor es comer productos alimenticios naturales en Navidad. Pero, ¿qué es un alimento «natural»?

En Navidad solemos comer muchas cosas, aparentemente no muy saludables. Es mucho mejor comer alimentos ‘naturales’, y así es cómo las regulaciones en el mundo en forma creciente apuntan a lograr ese objetivo. Ahora bien, ¿qué es ‘natural’? Henry Miller, Robert Weson Fellow in Scientific Philosophy and Public Policy, Hoover Institution, Stanford University; y Drew Kershen, Earl Sneed Centennial Professor of Law (emeritus), University of Oklahoma College of Law, analizan el tema en relación a las regulaciones sobre el contenido de las etiquetas de los alimentos en la revista Regulation del Cato Institute: http://object.cato.org/sites/cato.org/files/serials/files/regulation/2015/3/regulation-v38n1-7.pdf

Allimentos

El tema no es menor por estos lares, más allá de la cuestión específica de las fiestas de fin de año, ya que el uso de semillas genéticamente modificadas en la producción de soja, por ejemplo, o en la genética animal plantea también la discusión respecto a la característica ‘natural’ o ‘artificial’ de estos productos

Además de tratar sobre esas regulaciones, los autores consideran el tema más general acerca de qué es ‘natural’, parte de la discusión fundamental sobre los productos genéticamente modificados. Dicen:

“… también somos escépticos respecto al intento de la Food and Drug Administration de definir alimentos ‘naturales’. Ese intento es desviar la atención hacia una falacia. En un mundo donde la genética de prácticamente todo organismo que se comercializa ha sido formada en alguna medida por la mano del hombre, ¿puede tener sentido el término ‘natural’?

En la última década, se han presentado numerosos juicios masivos contra las empresas de alimentos solicitando pagos por daños por falsa propaganda cuando la compañía colocaba la frase ‘todo natural’ o ‘100% natural’ en las etiquetas de los productos alimenticios. A pesar de muchos pedidos – algunos realizados por jueces federales- la FDA no ha querido definir el término ‘natural’, la última vez en Enero de 2014. La agencia gubernamental sostiene que tiene prioridades más importantes para su tiempo y sus recursos que meterse en este enredo filosófico e ideológico que lleva años. A lo sumo, este ejercicio poco tendría que ver con la salubridad o la calidad de los alimentos; en efecto, sería el equivalente regulatorio de tratar de determinar cuántos ángeles pueden bailar en la cabeza de un alfiler.”

Deaton, el Iluminismo y la salud: primero se beneficiaron los que podían pagar, luego llegó a todos

Angus Deaton, el ultimo premio Nobel en Economía, comenta sobre el impacto de las ideas en el progreso y la calidad de vida en su libro “The Great Escape”. EN el gráfico siguiente pueden verse las estimaciones de expectativa de vida de la población general en Inglaterra desde mediados del siglo XVI a mediados del siglo XIX. Hay bruscas fluctuaciones ocasionadas por plagas, viruela, peste bubónica, gripe, pero no parece haber una tendencia definida. Sí la hay en los puntos redondos que reflejan la expectativa de vida de la aristocracia. Lo que muestra es que éstos no tenían mejores expectativas de vida que la población general hasta un cierto punto en que se abre una gran brecha. ¿Qué ocurrió? EN sus palabras

Deaton

“No sabemos con seguridad porqué se abrió la brecha, pero hay muchas buenas suposiciones. Fue la época del Iluminismo Inglés, reseñado por el historiador Roy Porter como el momento en que la gente dejó de preguntarse ‘¿cómo puedo salvarme?’; una pregunta que había traído algo menos que caos en al siglo anterior, incluyendo una guerra civil, y pasó a preguntarse ¿cómo puedo ser feliz?’ La gente comenzó a buscar el logro personal, más que la virtud por la obediencia a la iglesia y a cumplir con los deberes apropiados para su lugar en la sociedad’. Se podía ahora perseguir la felicidad utilizando a la razón para desafiar la forma tradicional de hacer las cosas, y encontrando formas de mejorar la propia vida, incluyendo las posesiones materiales y la salud. Immanuel Kant definió al Iluminismo con la frase ‘Anímate a saber! Ten el coraje de utilizar tu propio entendimiento!. Durante el Iluminismo, la gente se arriesgó a desafiar el dogma aceptado y fueron más dispuestos a experimentar nuevas técnicas para hacer las cosas. Una de las formas en que la gente comenzó a utilizar su propio entendimiento fue en la medicina y en la lucha contra las enfermedades, probando nuevos tratamientos. Muchas de estas innovaciones –en esta temprana era de la globalización- llegaron desde otros países. Las nuevas medicinas y tratamientos eran, a menudo, difíciles de obtener y caros por lo que, al principio, pocos los podían pagar.”

“No hay forma de cuantificar los efectos de estas innovaciones en la mortalidad, y algunas incluso son controversiales. Sin embargo, hay una fuerte presunción de que estas innovaciones –todas el resultado de mejor conocimiento científico, y resultado de la nueva apertura a la prueba y el error- fueron responsables de una mejor salud para los nobles y la familia real hacia fines del siglo XVII. AL principio, como eran caras y no muy apreciadas, se reducían a aquellos que eran ricos o bien informados, por lo que surgieron nuevas desigualdades en la salid. Pero esas desigualdades también guiaron a las mejoras generales que estaban por llegar, a medida que las medicinas y los métodos se abarataban, y llevaron a nuevas innovaciones relacionadas que pudieron ahora cubrir a toda la población, como la vacuna contra la viruela luego de 1799 o el movimiento sanitario para limpiar las ciudades.”

Planes sociales y la relación entre los beneficios recibidos y el incentivo para conseguir un trabajo

Un tema que inevitablemente se viene en la Argentina es el de los planes sociales y si estos generan incentivos para buscar trabajo, el verdadero ‘plan’ que permite salir de la pobreza en forma digna. El Cato Institute publicó un análisis sobre este tema, comparando a los Estados Unidos y Europa, por Michael Tanner y Charles Hughes, titulado “The Work versus Welfare Trade-Off: Europe”: http://www.cato.org/publications/policy-analysis/work-versus-welfare-trade-europe

Aquí el resumen de su análisis y conclusiones:

“Si los beneficios sociales se vuelven demasiado generosos, pueden crear un importante incentivo que alienta a los receptores a depender de ellos más que a buscar empleo. En los países de la Unión Europea esos beneficios varían mucho según el país, pero en la mayoría son altos en relación a lo que una persona podría esperar obtener en un empleo con bajo sueldo o de principiante. Por ejemplo, para un padre o madre solo, con dos hijos, en 2013:

  • Los beneficios sociales en nueve países de la UE superaban los 15.000 euros (unos 18.200 dólares por año). En seis países, los beneficios superaban los 20.000 euros. Dinamarca ofrece el paquete más generoso, por un total de 31.709 euros (38.558 dólares en momentos que se publicó el trabajo).
  • En nueve países los beneficios exceden al salario mínimo.
  • Los beneficios en once países superan a la mitad del ingreso neto de alguien que gane el salario promedio en tal país, y en seis países excede el 60% del promedio neto de ingreso salarial
  • En Austria, Croacia y Dinamarca, la tasa impositiva marginal efectiva para quien deja un plan social para ir a un trabajo es casi del 100%, lo que significa que una persona no ganaría prácticamente ningún ingreso adicional por trabajar. En otros 16 países, las personas se encuentran con una tasa impositiva marginal efectiva superior al 50%.
  • Los beneficios en los Estados Unidos son similares a los de los principales estados benefactores. Excluyendo Medicaid, Estados Unidos se ubicaría décimo entre los países de la UE analizados, más generoso que Francia y algo menos que Suecia. Treinta y cinco estados ofrecen un paquete más generoso que el paquete de beneficios medio en los países europeos analizados.

Muchos países europeos han reconocido el problema y han comenzado a reformar sus sistemas  sociales para generar una mejor transición de esos planes a puestos de trabajo. De hecho, los Estados Unidos están quedando atrás de algunos países europeos en relación a estos planes.

Los países que seriamente quieren reducir la dependencia de los planes sociales y recompensar el trabajo deberían considerar fortalecer los requisitos de trabajo, estableciendo un tiempo límite en la participación en los planes, y endurecer los requisitos para calificar. Tal vez más importante, los países deberían examinar los niveles de beneficios disponibles y las tasas impositivas marginales efectivas que sus planes sociales crean, con vistas a reducir los desincentivos y alentar el trabajo.”

McCloskey: las causas que originaron y sostuvieron el crecimiento fueron éticas, no materiales

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”,: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point  , considera que las causas del progreso tienen que ver con la adopción de ciertas normas morales:

“El problema fundamental del libro de Pikkety es que se pierde el acto principal. AL enfocarse solamente en la distribución del ingreso, se pierde el evento más sorprendente de la historia: el Gran Enriquecimiento del individuo promedio en el planeta por un factor de diez y en los países ricos por un factor de treinta. Muchos seres humanos están hoy increíblemente mejor que sus ancestros. Esto incluye una mejora gigantesca de los más pobres –tus ancestros y los míos. Al aumentar dramáticamente el tamaño de la torta, los pobres han alcanzado hasta el 90 o 95 de la sostenibilidad y dignidad, contra 10 o 5 por ciento alcanzable por medio de una redistribución sin aumentar el tamaño de la torta.

¿Qué causó el Gran Enriquecimiento? No puede explicarse por la acumulación de capital, como la misma palabra ‘capitalismo’ implica. Nuestras riquezas no resultaron de apilar ladrillo sobre ladrillo, diploma de bachiller sobre diploma de bachiller, saldo de la cuenta bancaria sobre saldo. Los ladrillos, diplomas y saldos bancarios fueron, por supuesto, necesarios. Hace falta oxígeno para que haya fuego. Pero sería poco esclarecedor explicar el incendio de Chicago en 1871 por la presencia de oxígeno en la atmósfera.

Las causas originales y sostenedoras del mundo moderno fueron, en realidad, éticas, no materiales. Fueron la adopción general  de dos ideas nuevas: la idea económica liberal de la libertad para la gente común, y la idea social democrática de su dignidad. Esto, a su vez, libró la creatividad humana de sus antiguos cepos. La destrucción creativa acumuló ideas nuevas radicalmente, como el ferrocarril destruyó creativamente el caminar o los carros a caballo, la electricidad destruyó creativamente a la iluminación con kerosene y el lavado a mano de la ropa, o las universidades destruyeron creativamente la ignorancia literaria y la baja productividad de la agricultura. EL Gran Enriquecimiento no solamente requiere de acumulación de capital o la explotación de los trabajadores sino lo que denomino el “Acuerdo Burgués”. En la lotería de la historia la idea de una libertad igualadora  y la dignidad eran un boleto ganador, y la burguesía lo tenía.

Que aun en el largo plazo quede alguna gente pobre no significa que el sistema no esté trabajando para los pobres, en tanto su condición continúe mejorando, como está ocurriendo,  y en tanto el porcentaje de los desesperadamente pobres se dirija a ser cero, como está ocurriendo. Que la gente a veces muere en hospitales no significa que la medicina debe ser reemplazada por brujos, en tanto las tasas de mortalidad caigan y en tanto estas también no caerían con los brujos.

Es un valiente libro el que ha escrito Pikkety. Pero está equivocado.”

Otro argumento que se utilizó para justificar las retenciones: redistribuir la ‘renta extraordinaria’

Del libro El Foro y el Bazar:

El atractivo económico y la conveniencia política toman como marco de referencia una ideología. El modelo del estado protector de derechos individuales del liberalismo clásico asignaba la función de proteger la libertad y la propiedad. Ya en el siglo XIX dicho modelo fue reemplazado por la función redistributiva del Estado benefactor. Sobre éste, el Estado “regulador” agregó luego nuevas funciones.

En este caso, la ideología genera una visión peculiar del Estado. Por cierto que le incumben las funciones distributivas y regulatorias pero se degrada la protección de la vida y la propiedad al punto que el “crimen” se convierte en una preocupación mayor para los votantes que el desempleo. [1] La redistribución es todo lo que importa, y se espera que también reduzca el crimen. [2] El papel del gobierno es puramente redistributivo, considerando que la riqueza no puede ser “creada”, solamente “distribuida”, a contramano de las lecciones de la economía durante los últimos 250 años.  Desde esta perspectiva el libro de Adam Smith “La Riqueza de las Naciones” no fue nunca publicado. El sector agropecuario, no es de extrañar, tendría que entender que el derecho de propiedad no se extiende al esfuerzo productivo, sino que está sujeto a la decisión del gobierno. Las retenciones, según esta visión, se convierten en un instrumento de “justicia social”, y el gobierno es quien la administra. Y la “justicia social” es necesaria porque las retenciones se apropian de lo que se denomina “rentas extraordinarias” que, supuestamente, sólo los productores agropecuarios reciben.

El término “renta extraordinaria” es un concepto marxista que se deriva del análisis de las ganancias capitalistas. Según Marx y el análisis del equilibrio clásico, la competencia entre capitalistas eventualmente eliminaría toda ganancia extraordinaria y dejaría solamente un retorno igual a la tasa de interés prevaleciente. Este no sería el caso en cuanto a las rentas de la tierra se refiere porque ésta es un recurso limitado que no puede ser reproducido y las distintas parcelas presentan diferentes grados de fertilidad. Como Marx basaba su análisis en la teoría del valor basada en el trabajo y el costo de producción, el precio de los productos agrícolas era formado por la productividad de las tierras menos fértiles, obteniendo las más fértiles una renta extraordinaria que no podía ser erosionada como en la industria debido a que no había más tierras fértiles que se sumaran a la oferta.

En verdad, el valor es transmitido desde el producto final a los factores básicos de producción, incluyendo a la tierra. Es debido a que los precios son suficientemente altos que las tierras menos fértiles son incorporadas a la producción. Por cierto, las mejores tierras obtienen una “renta extraordinaria” pero en esto no es nada diferente a cualquier otro recurso: los mejores cantantes de ópera obtienen más ingresos que los regulares, lo mismo con los mejores jugadores de fútbol, o los mejores escritores. ¿No debería aplicarse un impuesto sobre esas ganancias “extraordinarias”?  Ya existe, es el impuesto a las ganancias. No con un impuesto sobre el precio de venta de sus servicios. ¿Por qué entonces la diferencia?

Por otro lado, es necesario comprender que el precio de un activo está relacionado con sus rendimientos futuros. Es más, su precio actual es la suma del flujo de rendimientos futuros descontados. Si esos rendimientos esperados son “extraordinarios”, también lo es el valor de la tierra hoy. El que ha comprado un campo con rendimientos superiores, ha pagado también un precio superior y lo que ahora obtiene le dará una tasa de retorno que, como porcentaje de la inversión inicial, puede no ser muy diferente del retorno que se obtiene en tierras de menor valor. ¿Cuál es el precio de una hectárea en Pergamino y cuál en el sur de la provincia de Buenos Aires? Su diferencia ya refleja los niveles de rendimiento en uno y otro. La “ganancia extraordinaria” en el primero es simplemente un monto mayor necesario para recuperar un monto mayor invertido.

Finalmente, cuando hablamos de “tierra” estamos considerando todos los recursos naturales provenientes de la tierra, y éstos no son “fijos”. La oferta de tierra agrícola en Argentina se ha incrementado dramáticamente en las últimas décadas gracias a la tecnología. Las semillas con genética, fertilizantes, irrigación, pesticidas y maquinarias han cambiado el significado de “fertilidad” en la tierra. Lo que significa que cuando existe alguna “renta extraordinaria” el capital y la tecnología fluirán hacia allí poniendo en marcha un proceso equilibrador que llevará eventualmente a obtener una tasa normal de retorno si no fuera que nuevas innovaciones y cambios en las preferencias de los consumidores ponen en movimiento al proceso una y otra vez.

[1] Gaffoglio, Loreley, “El miedo al delito le ganó en el país al desempleo”, La Nación, 6/12/09.

[2] En la ceremonia de apertura de las Sesiones Ordinarias del Congreso de 2009, Cristina Fernández de Kirchner decía:  “Escuché decir por ahí que yo era una persona a la que gustaba sacarles a unos para darles a otros; la economía -y todos ustedes lo saben- es, precisamente, administrar con los recursos que se tienen y con la contribución que hay. Siempre en economía, lo que se les asigna a unos, es porque se lo está sacando a otros, porque el único que pudo multiplicar los peces y los panes fue Jesucristo, el resto tiene que tomar decisiones en base a los recursos que se tiene”. Fernández de Kirchner, Cristina, Apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso, 1/3/09:

http://www.casarosada.gov.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=5612&Itemid=66

Quisieron maximizar votos imponiendo retenciones: una mala teoría distorsiona la realidad, y se paga

Del libro El Foro y el Bazar

Ideas erróneas, malas políticas, peores efectos

Las ideas que sostuvieron estas políticas agrícolas son, al menos, cuestionables. El problema de la “Enfermedad Holandesa” existe solamente para quienes consideran que el tipo de cambio es un instrumento de política y no el resultado de la interrelación entre compradores y vendedores en el mercado reflejando las ventajas comparativas de un país, quienes también piensan que es el “único” instrumento disponible para promover la competitividad.

Argentina no exporta solamente “commodities” y podría agregar valor para convertirse en un gran exportador de alimentos elaborados. ¿Por qué no puede competir en estos otros campos? Básicamente porque sus costos son elevados. Los analistas de la “Enfermedad Holandesa” sostienen que son altos porque el tipo de cambio refleja la competitividad de la producción agrícola a bajo costo. Pero nunca mira a un responsable más directo: elevados impuestos, barreras comerciales y regulaciones. Regulaciones laborales costosas, insumos caros protegidos por altos derechos de importación, servicios públicos deficientes, un sistema judicial kafkiano, una moneda poco confiable, débil sustento de los derechos de propiedad y los contratos impiden que muchas emprendimientos sean competitivos.

Si, como la teoría de la “Enfermedad Holandesa” proclama, la eficiencia del sector agrícola y sus voluminosas exportaciones revalúan la moneda local y vuelve no competitiva la producción local de otras actividades, también debería considerarse que dicho tipo de cambio vuelve más baratas las importaciones de bienes de capital, y la producción local más eficiente. Asimismo, la competitividad de este sector podría ser mejorada con menores regulaciones e impuestos, sólo que éstos son, precisamente, los instrumentos del clientelismo político y la redistribución.

El interés personal en la política

La política agrícola argentina de la primera década del siglo XXI tiene su “lógica” y puede ser explicada en términos de una teoría económica, un cálculo político y una ideología que tiñen la visión de quienes la aplican, persiguiendo su propio interés, que en el caso de la política es la conquista y retención del poder por medio de obtener el apoyo de la mayoría de los votantes. Fue  “irracional” en cuanto a sus resultados económicos se refiere: no permitió al país aprovechar las nuevas oportunidades en los mercados mundiales de commodities, reduce el crecimiento y destruye riqueza. Eventualmente también puede haber sido fatal para quienes la veían como una forma de acumular poder y ser reelectos. Supuestamente su objetivo es maximizar votos, pero ese velo ideológico refleja la realidad con cierta óptica que influye en el cálculo político.

La “Enfermedad Holandesa” no era un efecto temporal. Se basaba en reformas de largo plazo en Asia y otras regiones que incrementaron su consumo de commodities. Estos cambios sin duda impactaron en la estructura económica argentina, pero siendo más una oportunidad que un problema. El episodio no duró mucho en Holanda: el gas natural comenzó a fluir desde el Mar del Norte a fines de los años 1950 y redujo las exportaciones de productos no gasíferos durante el comienzo de los años 1960, pero hacia fines de esa década las exportaciones se habían incrementado del 40 al 60% del PBI y los temores de desindustrialización nunca se materializaron (Gylfason, 2001). Noruega es el segundo exportador de petróleo después de Arabia Saudita, y todavía no ha mostrado los efectos de la enfermedad.

En el caso de Argentina, la preocupación del gobierno por evitar los efectos del crecimiento de la demanda de commodities llevó a poner en riesgo las posibilidades del sector agropecuario para relanzar una nueva era de crecimiento económico. Tomando en cuenta la preocupación del gobierno por redistribuir rentas de estas actividades, no percibió la nueva configuración de los mercados de capitales en la producción agropecuaria. La distribución de dichas rentas ya era extendida, no concentrada, a través del impacto de otras actividades laterales y la participación de pequeños inversores en los fideicomisos. Dicha distribución era eficiente y no politizada y había ayudado al país a salir de su peor depresión. Ignorando los efectos redistributivos, el gobierno alienó a los productores, los comerciantes en actividades relacionadas y las clases medias urbanas.

El supuesto de la maximización de votos se sostiene, solo que puede llevar a un fracaso si está distorsionado por teorías y evaluaciones equivocadas.

Otro argumento que se utilizó para justificar las retenciones: la ‘enfermedad holandesa’

Del libro El Foro y el Bazar

La teoría económica hace referencia a lo que se denomina el problema de la “enfermedad holandesa” [1]. El ingreso de divisas provenientes de las exportaciones de commodities revalúa a la moneda local y empuja al tipo de cambio al nivel de rentabilidad de la producción de esos commodities, el que no es suficiente para que otros sectores de la economía puedan competir, particularmente la industria. La moneda revaluada perjudica las exportaciones de otros bienes comercializables y vuelve competitivas a las importaciones contra la producción local.

[1] El modelo teórico fue desarrollado básicamente por Corden & Neary (1982), Corden (1984) and van Wijnbergen (1984).

Los commodities agrícolas y las carnes siempre han sido el principal componente de las exportaciones argentinas. Esto significa que la Enfermedad Holandesa debe haber cumplido un papel tanto en tiempos de boom de commodities como de depresión. Además, otros países, como la misma Holanda, Noruega con los ingresos del petróleo, Australia con la minería y Chile con el cobre, o los Estados Unidos y Canadá, no sólo han podido desarrollar una economia diversificada sino también logrado ser competitivos en otras industrias también. En 1913, Estados Unidos era el productor dominante de casi todos los minerales industriales de ese momento (Wright & Czelusta, 2004). El descubrimiento de oro, primero, y petróleo después, no impidieron que California desarrollara una economía sofisticada.

Y en  relación al acontecimiento específico en Holanda, las exportaciones de bienes y servicios se han incrementado desde menos del 40% del PBI a fines de los años 1960 hasta el 70% hoy, una proporción elevada a estándares mundiales. No parece haber un proceso de “desindustrialización”.

Parece que más que buscar la Enfermedad Holandesa debería estar mirando en otro lado para encontrar una respuesta a estos desempeños. Un lugar podría ser la calidad de las instituciones, un tema que desarrollaremos en capítulos posteriores. Países ricos en petróleo como Angola, Nigeria, Sudán y Venezuela; ricos en diamantes como Sierra Leona, Liberia y Congo, pero institucionalmente débiles han tenido un desempeño muy diferente del de Noruega, Chile, Brasil, Australia o Botsuana, y no se puede decir que tanto Chile o Botsuana ya fueran países industriales.[1]

Y si la Enfermedad Holandesa proviene de un repentino boom de recursos parece que el resultado depende críticamente del punto de partida: si las instituciones son buenas y el número de agentes ocupados en actividades emprendedoras es grande un incremento de los recursos de la economía incrementaría la empresarialidad y, por lo tanto, el ingreso; pero si la calidad institucional es débil y un gran número de individuos se ocupan de la búsqueda de rentas en el momento del boom, éste generará un incremento en las actividades de búsqueda de rentas y el ingreso incluso puede reducirse (Baland & Francois, 2000).

Además, un impuesto a las exportaciones (retención) es un impuesto torpe e injusto:

  1. Reduce la capitalización y los incentivos de los productores agrícolas y ganaderos.
  2. Se impone sobre otros impuestos tales como a los ingresos, IVA, ventas brutas, activos personales.
  3. Recae en cualquier productor sin importar si están ganando dinero o no.
  4. Los productores no reciben a cambio servicios del gobierno como buenas rutas o ferrocarriles para transportar sus productos.
  5. Junto a los aranceles a la importación, los impuestos a las exportaciones multiplican el aislamiento de la economía local del comercio internacional.
  6. Castigan a la eficiencia.
  7. Tienen una dudosa legalidad constitucional ya que se implementaron por el Poder Ejecutivo a través de una delegación de poderes del Congreso, que no estaría permitida según la Constitución.

[1] Mehlum et al (2005) sostiene que si bien todas las formas de búsqueda de rentas son dañinas, no lo son en el mismo grado:  “La búsqueda de rentas fuera de la economía productiva rinde cuando las instituciones son malas: las democracias disfuncionales invitan a la apropiación de rentas; la baja transparencia invita a la corrupción burocrática; la débil protección de derechos de propiedad invita a los negociados, tomas de empresas injustas y prácticas venales; un débil imperio de la ley invita al crimen, las extorsiones o las actividades mafiosas; un estado débil invita al caudillismo. Todas estas formas de toma directa de riqueza son posibles por las malas instituciones – o instituciones que permiten esa apropiación. Cuando las instituciones son así, existe una desventaja en ser un productor en competencia por rentas de un recurso natural. En ese caso, la producción y la búsqueda de rentas son actividades en competencia” (p.6).

Primer paso: eliminar el cepo cambiario. Segundo: ¿eliminar la ‘política cambiaria’? ¿Y la ‘monetaria’?

La eliminación del cepo cambiario permite ahora el funcionamiento del mercado en ese ámbito. Aunque resulta osado decirlo, podría ser el primer paso para eliminar la “política cambiaria” primero y la «monetaria» después. Al fin y al cabo, nunca se han obtenido Buenos resultados de mezclar la «política» con el dinero. Esto comenta Hayek al respecto en su libro “Desnacionalización del dinero”:

“Deberíamos haber aprendido que la política monetaria es, probablemente, más que el remedio, la causa de las depresiones, ya que es mucho más fácil, cediendo a las demandas de dinero barato, provocar los errores de la producción que hacen inevitable una posterior reacción que ayudar a la economía a desembarazarse de las consecuencias de un superdesarrollo en una dirección particular. La pasada inestabilidad de la economía de mercado es consecuencia de no haber sometido al proceso de mercado el dinero, que constituye el más importante regulador del mecanismo del mercado.

Hayek

Una única institución estatal monopolista no puede poseer la información que gobierna la oferta de dinero ni tampoco, aunque supiera cómo debía actuar en interés general, estaría en situación de hacerlo. De hecho, si, como creo, la principal ventaja del orden de mercado es que los precios suministran a los individuos la información necesaria, únicamente la constante observación del curso que siguen los precios de determinados bienes puede ofrecer información sobre la dirección en que se debe gastar más o menos dinero. El dinero no es un instrumento de política con el que se pueda conseguir determinados resultados previsibles mediante un control de su cantidad. Pero habría de formar parte del mecanismo auto-dirigido que induce a los individuos a ajustar sus actividades a circunstancias que sólo pueden conocer a través de las señales abstractas de los precios. Debería ser una conexión útil en el proceso que comunica los efectos de acontecimientos que nadie conoce en su totalidad e indispensable para mantener un orden en el que se combinan los planes de las personas que participan en dicho proceso.

El gobierno no puede actuar en interés general

Incluso si suponemos que el gobierno sabe cómo manejar el dinero en interés general, es altamente improbable que consiga alcanzar su objetivo. Como el profesor Eckstein —impulsado por su experiencia como consejero de varios gobierno— expuso en el artículo citado anteriormente: «Los gobiernos no pueden cumplir las reglas, aunque adoptaran la filosofía de ofrecer un marco estable».

Cuando se concede a un gobierno el poder de favorecer a determinados grupos o sectores de la población, los mecanismos del gobierno mayoritario le fuerzan a utilizar tal poder al objeto de obtener el respaldo del número suficiente para alcanzar la mayoría.

La tentación constante de solucionar la insatisfacción local o sectorial manipulando la cantidad de dinero, de forma que se pueda gastar más en servicios para aquellos que piden ayuda, será frecuentemente irresistible. Tal gasto no es un remedio adecuado y necesariamente trastorna el correcto funcionamiento del mercado.

En una situación de emergencia real, como la guerra, los gobiernos pueden imponer a la gente  bonos u otros pedazos de papel para pagos inevitables que no se pueden extraer de los ingresos del momento. Los préstamos obligatorios y similares serían mucho más compatibles con el necesario reajuste rápido de la industria a las circunstancias radicalmente distintas que una inflación que suspende el funcionamiento efectivo del mecanismo de los precios.

Desaparición de los problemas de la balanza de pagos

Con la desaparición de las distintas monedas territoriales se suprimirían también los llamados «problemas de balanza de pagos» que, se cree, causan intensas dificultades a las políticas monetarias actuales.

Necesariamente, habría continuas redistribuciones de las cantidades de moneda relativas y absolutas en las distintas regiones a medida que éstas se enriquecieran y empobrecieran relativamente. Pero ello no crearía más dificultades que las que causa el mismo proceso hoy en día en los grandes pises. La gente que se enriqueciera tendría más dinero y la que se empobreciera, menos. No existirían ya las especiales dificultades que causa el hecho de que, según el orden existente, la reducción del circulante determinado de un país requiere una contracción de toda la superestructura de crédito erigida sobre él.

De manera similar, desaparecerían también las más estrechas relaciones de la estructura de precios predominante en un país en relación con la de los países vecinos y con ello la ilusión estadística del movimiento relativo de niveles de precios nacionales determinados.

De hecho, se descubriría que «los problemas de balanza de pagos» son un efecto bastante innecesario de la existencia de monedas específicamente nacionales, que es la causa de la indeseable mayor coherencia interna de los precios nacionales que de los internacionales.

Desde el punto de vista de un orden económico internacional deseable, los «problemas de balanza de pagos» son un falso problema del que nadie se debe preocupar, excepto el monopolista de la emisión de moneda en un territorio determinado. Y una ventaja no menor de la desaparición de las distintas monedas nacionales sería que podríamos volver a los felices días de la inocencia estadística en los que nadie podía saber cuál era la balanza de pagos de su país o región y, por tanto, nadie se ocupaba o preocupaba de ella.”

Cómo siquiera explicar que hubo impuestos (retenciones) a las exportaciones por más de diez años

Del libro «El Foro y el Bazar»:

Los gobiernos obtienen un beneficio político de corto plazo con el incremento de los ingresos fiscales que pueden redistribuir a través de todo tipo de subsidios. También tienen el apoyo de los industriales locales y sus organizaciones junto a los poderosos sindicatos industriales. En este último caso una devaluación, al incrementar los precios de los productos locales, impacta directamente en el poder adquisitivo de los salarios, reduciéndolo. Por lo tanto, un impuesto sobre las exportaciones crea un precio local menor para algunos alimentos y un salario real mayor (aunque la soja no es parte del consumo local).

Estos grupos están activos en forma permanente, mientras que los productores agrícolas sólo esporádicamente.[1] Un razonamiento similar utiliza Pedro Isern (2007), argumentando que pese a que los sectores más productivos tienen menores incentivos para desarrollar un lobby eficiente que los sectores menos productivos, la brecha entre la eficiente productividad del sector agrícola y su pobre fuerza política es, en este caso, inusual[2].

Esta puja distributiva toma la forma de un “ciclo populista” que comienza con una política expansionista de “dinero fácil para todos”, generando crecimiento a expensas de las perspectivas a largo plazo de la economía, usualmente no fácilmente visibles, con desequilibrios crecientes (déficits fiscales y de balanza de pagos, fuertes incrementos en costos y demanda, etc.) y creciente inflación. Luego de unos años la economía entra en crisis y requiere medidas severas de estabilización (devaluación, caída de los salarios reales).

Isern introduce cuatro condiciones para explicar el “ciclo populista” de largo plazo en Argentina: una inusualmente alta productividad del sector agrícola que le permite producir y exportar aún con tales impuestos, controles al tipo de cambio y proteccionismo agrícola y subsidios en la mayoría de los países desarrollados; una inusualmente baja capacidad de organización política debido a la dispersión geográfica y la misma productividad que mantiene rentables a las operaciones aún con esas cargas; la elevada organización política del sector urbano-industrial, concentrado en las grandes ciudades (particularmente la capital y el centro de las decisiones, Buenos Aires) y la baja productividad de este sector, siempre requiriendo protección y subsidios y necesitando un sector productivo (el campo) de donde extraer rentas.

No obstante, los cálculos políticos salieron mal, y el gobierno perdió el control del Congreso luego de las elecciones legislativas de Junio de 2009. Como mostró la rebelión fiscal de 2008, los productores agrícolas no eran tan pocos ni estaban tan aislados. Los fideicomisos y los “pools” de siembra mencionados antes comenzaron a unir poblaciones locales en apoyo de la producción: ahora el dentista local o el abogado de una ciudad pequeña de la Pampa tenía sus ahorros invertidos en un fideicomiso produciendo soja; el vendedor local de tractores está directamente ligado a la prosperidad agrícola, los jóvenes graduados se involucran en genética y reproducción animal, un nuevo espíritu emprendedor se expandía por toda la región.

En 2010 un 50/60% de toda la producción agrícola no la realizan los dueños mismos de la tierra sino los fideicomisos y pooles de siembra. Esto significa que el número de personas vinculadas a ella a través de inversiones de capital es mucho mayor que en el pasado, como la extensión de la propiedad accionaria en el capitalismo anglosajón. Un gran número de gente, la mayoría en pueblos y ciudades de la Pampa, son ahora “accionistas” del campo. Son el típico inversor de capital, asumiendo el riesgo no solamente de las condiciones meteorológicas y del mercado sino también el de las políticas públicas. La inversión individual en estos fondos creció  de 320 millones de pesos en 2004/5 a 950 millones en 2008/09 (aunque cayó a $630 en 2009/10). [3]

[1] Adolfo Sturzenegger (2007), considerando los intereses divergentes como parte de un “mercado político” explica: “…se asume que cada lado de ese mercado tiene grados diferentes de acción colectiva. Mientras el lado pro-retenciones se mantiene siempre activo en su acción colectiva, el otro lado sólo se activa fuertemente cuando la rrh [renta real por hectárea] efectiva se ubica por debajo de un nivel que se considera insostenible, por ejemplo, esa rrh o margen bruto, no alcanza para pagar los servicios del financiamiento que se estuviera utilizando, o no alcanza para un nivel de retiros por parte de los propietarios agrícolas aceptable. Cuando, por el contrario, el nivel de la rrh está claramente por encima de aquel nivel insostenible, este lado está de hecho inactivo. En realidad en todo momento parece ejercer acción colectiva en defensa de los intereses del grupo pero la misma es sólo simbólica y figurativa (protestas anuales en la Sociedad Rural, asiduas declaraciones de insatisfacción por parte de todo dirigente rural) que difícilmente alcance para modificar los niveles de discriminación. Por el contrario, cuando no se alcanza la rrh sostenible, el grupo masiva y vigorosamente se activa y, en general, se logra reducir el nivel de discriminación. Estos grandes cambios en los niveles de acción colectiva de grupos de presión integrados por enorme cantidad de miembros y dispersos en el territorio, está bien comprobado en la literatura, Olson (1971), Findlay y Wellisz (1982)”. (p.19)

[2] “La puja distributiva en la Argentina contemporánea ha sido un juego de suma cero. Pero lo que resulta analíticamente relevante de este juego de suma cero no es su existencia (como cuestión de política económica) sino su perdurabilidad en el tiempo. La cuestión es por qué el ‘ciclo populista’ que originó la puja distributiva no puede ser neutralizado luego de las sucesivas crisis que ocasionara” (Isern, 2007).

[3] Bertello, Fernando, “Cayó 30% el aporte de inversores externos al campo”, La Nación, 7/12/09.