Para José Luis Espert, Dabos y Vignoli, el tipo de cambio real multilateral está apreciado en 58,6%

En un interesante trabajo, los economistas José Luis Espert, Marcelo Dabós y Guido Vignoli analizan la evolución del Tipo de Cambio Real Multilateral en la Argentina durante los últimos 50 años, y su situación actual. El trabajo se titula “Determinantes del tipo real de cambio en la Argentina: una aproximación empírica 1961-2014”, Escuela de Negocios de la Universidad de Belgrano N° 309: http://www.ub.edu.ar/investigaciones/dt_nuevos/309_Dabos.pdf

Aquí va el resumen:

“Este trabajo estima un tipo de cambio real multilateral de comportamiento de Argentina. El análisis econométrico estima un modelo de corrección de errores en vectores. Las regresiones muestran que las variables significativas para explicar el comportamiento de largo plazo del tipo de cambio real multilateral son los gastos del gobierno y los términos de intercambio. Los coeficientes de las variables fundamentales son usados para identificar períodos de apreciación y depreciación reales. Usando las variables fundamentales, el tipo de cambio real multilateral de Argentina en 2014 está significativamente apreciado con respecto al valor de equilibrio calculado.”

Y sus conclusiones:

“Este estudio estima el equilibrio del TCRM de la Argentina para el período 1961-2014 de acuerdo a un modelo de comportamiento que se basa, en parte, en la literatura existente.

La técnica econométrica empleada es la de corrección de errores en vectores (VECM) por su sigla en inglés. Las principales variables explicativas que se hallan y son significativas son el gasto del gobierno y el índice de términos de intercambio. Tal como lo hallan Espert y Maino (2000), el aumento del gasto del gobierno aprecia el TCRM en el largo plazo. En cuanto a los términos de intercambio se halla que un aumento de estos tiende a depreciar el TCRM en el largo plazo, posibilidad sugerida por Edwards (1989). Las variables explicativas Activos Externos Netos y el Índice de Productividad Multilateral fueron no significativas.

El ajuste del TCRM a su valor de equilibrio en ausencia de nuevos shocks es lento y solo de 1,66% por año. Sin embargo se producen grandes ajustes en poco tiempo como “saltos” en las variables o “cambios de régimen” o situaciones de “crisis” que recurrentemente caracterizan la economía Argentina y de las cuales el TCRM no es una excepción. En el largo plazo se ajusta vía crisis mientras que en el corto plazo el ajuste es pequeño, acumulándose tensiones que finalmente afloran.

En el período total de 50 años considerado, el TCRM estuvo durante 37 años apreciado y solo durante 13 años estuvo depreciado. Es decir históricamente ha habido una tendencia a la apreciación del TCRM en el último medio siglo de la historia económica argentina de acuerdo a nuestro modelo y datos.

El nivel del TCRM en 2014 es sustancialmente inferior a los 2 máximos de los años 1980 y 2001, siendo estos 2 puntos pre-crisis. O sea que no estamos tan apreciados como previamente a las crisis de 1980 y 2001. Comparando 2014 contra 1980 en 2014 el TCRM está depreciado en 36,9% y comparando 2014 contra 2001 en 2014 el TCRM está depreciado el 32,6%.

Desde un año que sepuede consi derar como “normal” de la convertibilidad que es 1996 (crecimiento alto, con estabilidad de precios) el año pre-crisis 2001 contra 1996 muestra una apreciación en 5 años del 23,6%, lo que da una tasa promedio acumulativa anual de 4,3%.

Desde un año que se puede considerar como “normal” en la última década que es 2004 (crecimiento alto, con estabilidad de precios o baja inflación) tenemos que 2014 contra 2004 muestra una apreciación en 10 años del 54,0%, lo que da una tasa promedio acumulativa anual de 4,4%.

Finalmente, de acuerdo a las estimaciones de nuestro modelo para el último año estimado 2014 el TCRM está apreciado en 58,6% respecto a su valor de equilibrio es decir sería necesaria una depreciación del TCRM del 58,6% para llevarlo a su valor de equilibrio.”

 

¿Todo va major y la gente es pesimista? Claro, en el largo plazo, y no le preguntes a los venezolanos

Steven Pinker es Johnstone Family Professor of Psychology en Harvard University y autor d elibros como How the Mind Works o The Blank Slate. En el Cato Policy Forum discutió porqué si todo va major la gente es tan pesimista: http://www.cato.org/events/everything-getting-better-why-do-we-remain-so-pessimistic

´¿Porqué la gente es tan pesimista sobre el presente? Mi interés sobre este asunto comenzó cuando conocí datos históricos sobre violencia y los comparé con la sabiduría convencional de quienes respondieron a una encuesta internacional. Encontré que la gente consistentemente considera que el presente es más letal que el pasado. La modernidad nos ha traído terrible violencia, eso se cree, mientras que los pueblos nativos del pasado vivían en un estado de harmonía, del cual nos hemos alejado a nuestro propio riesgo.

Pero los datos muestran que nuestros ancestros eran mucho más violentos de que nosotros somos y la violencia ha estado reduciéndose por un largo período de tiempo. En algunas comparaciones, el pasado era 40 veces más violento que el presente. Probablemente, estamos viviendo el período más pacífico de la existencia de nuestra especie. …

Hay un cierto número de sesgos emocionales hacia el pesimismo que ha sido bien documentado por los sicólogos y ha sido resumido en el slogan ‘el mal es más fuerte que el bien’. Éste es el título de un artículo del sicólogo Roy Baumeister en el que revisó una amplia variedad de evidencia acerca de que la gente es más sensible a las cosas malas que las buenas. Si pierdes $10 te hace sentir mucho peor que lo que te haría feliz ganar $10. Esto es, las pérdidas se sienten más intensamente que las ganancias, o como una vez lo dijo Jimmy Connors: ‘Odio más perder de lo que me gusta ganar’. Los eventos malos dejan marcas más fuertes en el carácter y la memoria que las buenas.

Pero, ¿porqué el mal es más fuerte que el bien? Sospecho que hay una razón profunda, en última instancia relacionada con la segunda ley de la termodinámica, esto es que la entropía, o el desorden, nunca se reduce. Por definición, hay más formas por las que el estado del mundo puede ser desordenado más que ordenado. …

El fenómeno por el que el mal domina al bien se potencia por una segunda fuente de sesgo, a veces llamado la ilusión de los viejos tiempos. La gente siempre añora una era dorada. Tienen nostalgia por una era en que la vida era más simple y predecible. …

La gente siempre añoró los viejos tiempos. En 1777, David Hume notó que ‘el humor de culpar al presente y admirar el pasado, está fuertemente enraizado en la naturaleza humana.’….

Hace unos 40 años Kahnemamm y Tversky afirmaron que una forma por la que el cerebro estima probabilidades es utilizando una regla simple: cuanto más fácil recuerdas un ejemplo de algo, má probable lo estimas. El resultado es que cualquier cosa que hace a un incidente más recordable también lo hace más probable. …

Déjenme concluir que estos fenómenos dan nacimiento a una perversa codependencia entre violencia y noticias, en que la gente comete actos de violencia precisamente porque anticipan cobertura en las noticias. …

En síntesis, hay muchas razones para pensar que la gente tiende a ser más pesimista sobre el mundo de lo que muestra la evidencia. He sugerido que esto puede atribuirse a tres sesgos sicológicos presentes en nuestra sicología: el mal domina al bien, la ilusión de los viejos tiempos y la competencia moralizante. Estos alimentan un sesgo cognitivo común que a su vez interactúa con la naturaleza de las noticias, creando así una inclinación hacia el pesimismo.”

Siempre hubo irreconciliables e inmutables diferencias de clases: hasta que llegó la «movilidad social»

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos con los alumnos de la UBA en Derecho. Su segunda conferencia se tituló “Socialismo” y trata el tema de las diferencias de clase:

“En la economía de mercado, todos sirven a sus conciudadanos sirviéndose a sí mismos. Esto es lo que tenían in mente los autores liberales del Siglo XVIII cuando hablaban sobre la armonía de los intereses, correctamente entendidos, de todos los grupos y de todos los individuos que componían la población. Y era esta doctrina de la armonía de los intereses a la que se oponían los socialistas. Hablaban de un ‘irreconciliable conflicto de intereses’ entre los diferentes grupos. ¿Qué significa esto? Cuando Karl Marx – en el primer capítulo del Manifiesto Comunista, ese pequeño panfleto que inauguró su movimiento socialista – aseguraba que existía irreconciliable conflicto de intereses, no pido ilustrar su tesis con ejemplo alguno, excepto los extraídos de las condiciones de la sociedad precapitalista. En las épocas precapitalistas, la sociedad estaba dividida en grupos de condición hereditaria, lo que en la India se denomina ‘castas’. En una sociedad dividida en grupos hereditarios, un hombre – por ejemplo – no nacía como francés, nacía como miembro de la aristocracia francesa, o de la burguesía francesa o del campesinado francés. En la mayor parte de la Edad Media, era simplemente un siervo. La servidumbre, en Francia, no desapareció totalmente hasta después de la Revolución Americana- En otras partes de Europa despareció aún más tarde.

Pero la peor forma en la que existía la servidumbre – y que continuó existiendo aún después de la abolición de la esclavitud – era en las colonias británicas. El individuo heredaba su ‘status’ de sus padres y lo retenía a lo largo de su vida. Lo transfería a sus hijos. Cada grupo tenía privilegios y desventajas. Los grupos más altos tenían solamente privilegios, los grupos más bajos solamente desventajas. Y no había hombre que pudiera deshacerse de las desventajas legales que le imponía su ‘status’ sino con una pelea política contra las otras clases. Bajo dichas condiciones, se podría decir que existía un ‘irreconciliable conflicto de intereses entre los propietarios de los esclavos y los mismos esclavos’, porque lo que los esclavos deseaban era liberarse de su esclavitud, de su calidad de esclavos. Esto representaba, sin embargo, una pérdida para los propietarios.

Por lo tanto, no hay duda alguna, que había este irreconciliable conflicto de intereses entre los miembros de las diferentes clases. Uno debe recordar que en esos tiempos – en los cuales las sociedades de ‘status’ predominaban en Europa y en las colonias que los europeos fundaron más tarde en América – la gente no se consideraba relacionada de manera alguna en especial con las otras clases de su propia nación, se sentían mucho más identificados con los miembros de su propia clase de otros países. Un aristócrata francés no consideraba a los franceses de clases más bajas como sus conciudadanos; era la ‘chusma’, la plebe, que no le agradaba.

Consideraba solamente a los aristócratas de otros países – los de Italia, Inglaterra y Alemania, por ejemplo – como sus iguales. El más notable efecto de este estado de cosas era el hecho que los aristócratas de toda Europa usaban el mismo idioma. Y este idioma era el francés, una lengua que no era comprendida, afuera de Francia, por otros grupos de la población. Las clases medias – la burguesía – tenían su propia lengua, en tanto que las clases más bajas – el campesinado usaba dialectos locales que muy a menudo no eran comprendidos por otros grupos de la población. Lo mismo era cierto con respecto a la manera en que la gente se vestía. Cuando se viajaba en 1750 de un país a otro, podía verse que las clases superiores, los aristócratas, generalmente vestían de la misma manera en toda Europa, y que las clases bajas vestían de manera diferente. Cuando se encontraba alguien en la calle, podía darse cuenta inmediatamente – por la manera en que vestía – a qué clase, a qué ‘status’ pertenecía.

Es difícil imaginar cuán diferentes eran estas condiciones comparadas con las condiciones actuales. Cuando vengo de los EEUU a la Argentina y veo un hombre en la calle, no puedo saber cuál es su ‘status’. Solamente puedo suponer que es un ciudadano de la Argentina y que no es un miembro de algún grupo legalmente restringido. Esta es una cosa causada por el capitalismo. Desde ya, hay diferencias dentro del capitalismo. Hay diferencias en las riquezas, diferencias que los marxistas equivocadamente consideran equivalentes a las antiguas diferencias que existían entre los hombres en la sociedad de ‘status’.”

 

La casa de Carlitos Tevez en La Horqueta: les propongo un test de filosofía moral y a Robert Nozick

Propongo un test de filosofía moral. Comencemos con la casa que ha comenzado a construir Carlitos Tévez.

Dice El Cronista en un artículo titulado “Tras revolucionar el fútbol argentino, Tevez levanta una excéntrica mansión”: http://www.cronista.com/deportes/Tras-revolucionar-el-futbol-argentino-Tevez-levanta-una-excentrica-mansion-20150715-0009.html

“El «Apache» está construyendo una casa de alrededor de 4000 m2 en La Horqueta, San Isidro. Está a 20 kilómetros del barrio Ejército Argentino o Fuerte Apache que lo vio crecer. Su nuevo hogar tendrá un costo de u$s 7 millones, un espacioso garaje, varios edificios y, siguiendo el ejemplo de su amigo y compañero en la Juventus Arturo Vidal, hasta una ‘disco’ para 200 personas.” Aquí la casa en construcción:

Casa Tevez

¿Cree usted que esto es ‘injusto”? ¿O estima que Tevez ha hecho sus méritos para obtener la cantidad de dinero necesaria para eso?

Ahora veamos otro caso. Ya en el año 2007, La Nación publicaba un artículo de Alfredo Sáinz con el título “Empresarios K: negocios de la mano del poder”: http://www.lanacion.com.ar/919770-empresarios-k-negocios-de-la-mano-del-poder

El blog de Juan Cruz Sanz describe la casa de Báez: http://juancruz-rgl.blogspot.com.es/2010/02/la-casa-de-lazaro-baez.html

“Los más de 3 mil metros cuadrados que tiene el predio fueron aprovechados al máximo por el ahora millonario kirchnerista y eso se puede observar en la imagen que obtuvo el blog y que fue analizada por personas que integran el círculo íntimo de Báez, con acceso diario a la chacra.

La sorpresa la dan 14 invernaderos ubicados de manera estratégica sobre un costado del predio. Nadie asegura que es lo que se cultiva puertas adentro. «Lázaro consume lo que produce», dicen simpáticamente fuentes cercanas al empresario.”…

“Además de los invernaderos, aparece un parque interno, una gran casa de huéspedes con gimnasio propio, lugar donde se alojan Néstor y Cristina; La casa de la familia Báez constituida por más de 300 metros cubiertos; Pileta climatizada con oleaje artificial; Antena para telecomunicaciones con cámaras de seguridad y video de grabación en 360º con un alcance de 100 metros; Casa para personal de seguridad, caseros y quinteros; Una cancha de fútbol con iluminación artificial y un quincho con subsuelo para reuniones. Además un pequeño estacionamiento para invitados y una calle interna pavimentada.”

Aquí la casa de uno de los empresarios:

Lazaro

Lázaro Casa

¿Cree usted que esto es “justo”? ¿O estima que estos empresarios no tienen méritos para obtener la cantidad necesaria para eso?

SI usted contestó aprobando el primer caso y rechazando el segundo está siguiendo una visión ética cercana a la que planteara el conocido filósofo Robert Nozick, para quien en temas de justicia distributiva no hay que discutir el resultado de la distribución (por ejemplo, si uno tiene 6 y otro tiene 4), sino el “proceso” por el cual esa distribución ha resultado. Si el «proceso» fue justo, entonces la distribución, aunque desigual, es justa. Si usted opinó de esa forma es porque entiende que el “proceso” fue justo en el caso de Tevez e injusto en el caso de los amigos del poder.

Y note que no está tomando en cuenta el enfoque que suele predominar en las visiones “resdistributivas”, ya que estas miran el resultado de la distribución y, al no gustarle, proponen modificarla de una forma u otra.

Si le interesa entonces revisar esta visión, para explicarse cómo es que la está sosteniendo aunque no le haya prestado mucha atención, puede leer el resumen de ese texto en Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Anarqu%C3%ADa,_estado_y_utop%C3%ADa

O puede buscarlo en la web donde se lo encuentra en pdf.

¿Alienados por el consumo y la publicidad? ¡No puedo vivir sin un smartphone! ¿O mejoró mi vida?

El ataque contra el “consumismo” como resultado de un “capitalismo” descontrolado es ya demasiado común. Por ejemplo, el Papa Francisco en su reciente encíclica Laudato Si, dice: “El mundo del consumo exacerbado es al mismo tiempo el mundo del maltrato de la vida en todas sus formas” (230).

Mientras tanto, la consultora Gallup trae una encuesta cuyo comentario titula “Casi la mitad de los usuarios de Smartphones no imaginan su vida sin ellos”. http://www.gallup.com/poll/184085/nearly-half-smartphone-users-imagine-life-without.aspx?utm_source=alert&utm_medium=email&utm_content=morelink&utm_campaign=syndication

“Los smartphones emergieron como un producto de mercado masivo hace menos de una década, y sin embargo, ya un 46% de los usuarios norteamericanos de smartphones tienen lo que podría llamarse “amnesia de Smartphone” ya que no pueden imaginarse sin uno”.

Smartphone

Esto parecería confirmar una visión que sostiene que el capitalismo crea personas “alienadas” por el consumo y la publicidad que les genera necesidades que luego se convierten en demandas incontenibles, las cuales son la base de los beneficios de los capitalistas.

Pero el informe de Gallup dice que los smartphones han cambiado la vida de muchos, para bien:

“Por supuesto, los smartphones no significan solamente compulsión, dependencia y ansiedad. Una probable razón por la que los norteamericanos consideran a los smartphones como una parte integral de sus vidas es que perciben que tienen un impacto positivo. En general, el 70% de los usuarios de smartphones dicen que su celular ha mejorado sus vidas, incluyendo un 24% que cree que las ha hecho mucho mejor. Mientras un cuarto de los usuarios dice que el aparato no la ha mejorado ni empeorado, y solamente un 6% dice que ha empeorado su vida de alguna forma”.

“Como podría esperarse, dar crédito a que el celular ha mejorado la vida es casi universal (86%) entre aquellos que no pueden imaginar su vida sin ellos, y para un 41% de este grupo el smartphone ha hecho su vida mucho mejor”.

En fin, parece que, más que alienados por el consumo, son personas que verdaderamente entienden que esta innovación les ha generado tantos beneficios que ha mejorado sustancialmente sus vidas.

Algo así confirma el mismo informe de Gallup: “Una cosa es cierta: es probable que el vínculo de la gente con sus teléfonos crezca en los próximos años a medida que la penetración de los smartphones se expanda hasta el 100% desde su actual nivel cercano al 70%, y a medida que los teléfonos agreguen aún más aplicaciones y servicios –como Wi-Fi universal, la mejora del control de voz y la capacidad de hacer compras online-, que fortalecen la ‘dependencia’ de los usuarios.”

 

En Laudato Si, el Papa Francisco carga contra el consumismo. ¿Y qué podemos hacer al respecto?

En la última encíclica del Papa Francisco, “Laudato Si”, relacionada con temas ambientales, el Papa carga contra el consumismo.

Papa2

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramo con los alumnos de la UBA en Derecho. Su segunda conferencia se tituló “Socialismo” y trata ese tema:

“Pero la noción que una forma capitalista de gobierno pueda impedir que la gente se perjudique a sí misma, a través del control de su consumo, es falsa. La idea de un gobierno como una autoridad paternal, como un guardián para todos, es la idea de aquellos que favorecen el socialismo. En los EEUU, hace algunos años atrás, el gobierno intentó lo que fue llamado un ‘noble experimento’- Este noble experimento consistió en una disposición legal convirtiendo en ilegal comprar o vender bebidas alcohólicas. Es totalmente cierto que mucha gente bebe demasiado brandy y whiskey, y que pueden perjudicarse a sí mismos haciendo eso. Algunas autoridades en los EEUU se oponen al fumar. Es cierto que hay mucha gente que fuma demasiado y que fuma a pesar del hecho que sería mejor para ellos no hacerlo. Esto plantea el tema que va más allá de la discusión económica: muestra lo que la libertad significa realmente.

Concedido, es bueno impedir que la gente se perjudique a sí misma bebiendo o fumando demasiado. Pero una vez que Uds. hayan admitido esto, otra gente dirá: ¿Es el cuerpo lo único importante? ¿No es la mente del hombre mucho más importante? ¿No es la mente del hombre el verdadero atributo del hombre, la real calidad humana? Si se le otorga al gobierno el derecho a determinar el consumo del cuerpo humano, determinar si uno debiera fumar o no fumar, beber o no beber, no hay buenas respuestas que pueda dar a la gente que diga: ‘Más importante que el cuerpo es la mente y el alma, y el hombre se perjudica mucho más leyendo malos libros, escuchando fea música y mirando malas películas. Por lo tanto es el deber del gobierno impedir a la gente cometer estas faltas’. Como saben, por muchos cientos de años los gobiernos y las autoridades creyeron que este era realmente su deber. Y esto no pasó solamente en las épocas remotas; no hace mucho tiempo hubo un gobierno en Alemania que consideraba un deber gubernamental distinguir entre las buenas y las malas pinturas, lo cual – desde ya – significaba bueno y malo desde el punto de vista de un hombre que, en su juventud, había fracasado en el examen de ingreso a la Academia de Arte, de Viena; bueno y malo desde el punto de vista de un dibujante de tarjetas postales, Adolf Hitler. Y se volvió ilegal que la gente emitiera otra opinión sobre arte y pintura que la de él, el Supremo Führer.

Una vez que comience a admitir que es un derecho del gobierno controlar su consumo de alcohol, ¿qué puede responder a aquellos que digan que el control de los libros y de las ideas es mucho más importante?

La libertad significa la libertad de cometer errores. Esto es lo que tenemos que comprender. Podemos ser muy críticos con respecto a la manera en que nuestros conciudadanos gastan su dinero y viven sus vidas. Podemos estar convencidos que lo que están haciendo es totalmente insensato y malo pero, en una sociedad libre, hay muchas maneras para que la gente manifieste sus opiniones sobre cómo sus conciudadanos deberían cambiar su forma de vida. Pueden escribir libros; pueden escribir artículos; pueden hacer discursos; pueden hasta incluso predicar en las esquinas si así lo desean – y así lo hacen en muchos países. Pero no deben tratar hacer de policía con otra gente, para impedirles que hagan ciertas cosas, simplemente porque no desean que esta otra gente tenga la libertad de hacerlo.

Esta es la diferencia entre la esclavitud y la libertad. El esclavo debe hacer lo que su superior le ordena que deba hacer, pero el ciudadano libre – y esto es lo que la libertad significa – está en posición de elegir su propia forma de vida. Desde ya, en este sistema capitalista puede haber abusos – y en efecto los hay – que cometan ciertas personas. Es ciertamente posible hacer cosas que no deberían ser hechas. Pero si estas cosas reciben la aprobación de una mayoría de la gente, el que desapruebe siempre tiene una manera de intentar cambiar la mentalidad de sus conciudadanos. Puede tratar de persuadirlos, de convencerlos, pero no puede tratar de forzarlos usando su poder, el poder de la policía del gobierno.”

Empresas ‘demasiado grandes para quebrar’: la señal del ‘capitalismo político’, o prebendario

En el Cato Journal, Randall Holcombe, De Voe Moore Professor of Economics at Florida State University, analiza el concepto dominante del capitalismo y sugiere llamar al que ahora predomina de forma diferente: ‘capitalismo político’: http://www.cato.org/cato-journal/winter-2015

Así es como lo explica:

“El capitalismo, como sistema económico, fue descripto como un sistema de mercados en equilibrio general, apoyado por la intervención gubernamental diseñada para corregir fallas de mercado. Dentro de ese marco correctivo provisto por el gobierno, los recursos eran asignados a través de mercados en el capitalismo, en oposición al socialismo, donde los recursos eran asignados a través de la planificación. Ninguna economía asignaba recursos solamente a través de los mercados o la planificación gubernamental, por lo que un enfoque de sistemas comparativos podía analizar el grado según el cual las economías mixtas podían diferir en la combinación de mercados y planificación. El capitalismo, en este enfoque, incorporaba al gobierno como un rasgo institucional para estabilizar a los mercados y mejorar la eficiencia de la asignación de recursos.

Sistemas económicas comparados, como un área de la investigación económica, cayó en desuso en los anos 1990s. Ya no se daba seria consideración a la planificación gubernamental como un sistema económico alternativo y el foco de los sistemas económicos se centró en las economías en transición –esto es, las ex economías socialistas que estaban avanzando hacia el capitalismo. La vieja pregunta del análisis de sistemas económicos comparados sobre el capitalismo seguía presente, esto es, ¿qué tipo de supervisión gubernamental se requiere para permitir que una economía capitalista funcione eficientemente?

La supervisión gubernamental no funciona siempre tan perfecta como la describe la teoría, todos lo saben. En el sistema capitalista, hay problemas de incentivos y de información que llevan a que la intervención del gobierno cree pérdidas por la búsqueda de rentas, la captura de las regulaciones y otros males. Estos problemas crean el desafío adicional de diseñar políticas que utilicen la mano visible del gobierno para dirigir la asignación de recursos en forma más eficiente. Además, los economistas describen a la actividad del mercado en el modelo capitalista como una conducta maximizadora de los actores privados dentro del marco de restricciones institucionales diseñadas por el gobierno.

El capitalismo político es un sistema económico diferente. Como Kolko (The Triumph of Conservatism: A Reinterpretation of American History, 1900-1916, New York: The Free Press) lo describe, los actors del sector privado no solamente actúan dentro de un marco de restricciones gubernamentales, los ‘principales intereses económicos’ diseñan esas restricciones cuando actúan, para retener sus posiciones dominantes. La elite económica reconoce que la destrucción creativa del capitalismo descripta por Schumpeter actúa contra ellos, ya que las empresas existentes son debilitadas por innovadores recién llegados. Kolko sostiene que ‘en el largo plazo, los principales líderes de empresas reconocieron que no tenían ningún interés en una economía e industria caótica en la cual no solamente sus ganancias sino su misma existencia podía ser desafiada.’ Por lo tanto, buscaron que la regulación y la supervisión gubernamental preserve el status quo –esto es, que estabilice el estado de cosas existente y que haga difícil a quienes están fuera de él desplazar a la elite.

Si esta caracterización del sistema económico norteamericano era correcta en la Era Progresista, como sostiene Kolko, lo parece aun más en el siglo XXI, cuando el gobierno federal asumió posiciones accionarias en una docena de bancos principales y dos fabricantes de autos para preservar su estatus económico, al mismo tiempo permitía que cientos de pequeños bancos y otras empresas cayeran. La doctrina de ‘muy grande para quebrar’, con la que el gobierno permite a empresas privadas retener sus ganancias asumiendo sus pérdidas, es, tal vez, la manifestación más obvia del capitalismo político.”

Libertad económica: donde el gobierno dirige y ordena todo, todas las libertades son ilusorias

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Su segunda conferencia se tituló “Socialismo”. Pero comienza hablando de las libertades, y la libertad económica:

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“¿Qué es la Economía Libre? ¿Qué significa este sistema de libertad económica? La respuesta es simple: es la economía de mercado. Es el sistema en el cual la cooperación de los individuos en la división del trabajo en la sociedad es obtenida por el mercado. Este mercado no es un lugar; es un proceso, es la manera en la cual, comprando y vendiendo, produciendo y consumiendo, los individuos contribuyen al funcionamiento de la sociedad.

Cuando nos ocupamos de este sistema de organización económica – la economía de mercado – empleamos el término ‘libertad económica’. Muy a menudo, la gente malinterpreta lo que significa, creyendo que la libertad económica es algo que está muy separada de las otras libertades, y que estas otras libertades – que consideran son más importantes – pueden ser preservadas aún en ausencia de la libertad económica. El significado de la libertad económica es que el individuo esté en posición de elegir la manera en la cual desea integrarse en la totalidad de la sociedad. El individuo puede elegir su carrera, es libre de hacer lo que desea hacer.

Esto desde ya no significa, algún sentido de los que mucha gente adjunta a la palabra libertad en la actualidad; se la interpreta en el sentido que, a través de la libertad económica, el hombre es liberado de las condiciones naturales. En la naturaleza no hay nada que pueda ser identificado como libertad, existe solamente la regularidad de las leyes de la naturaleza que el hombre debe obedecer si desea alcanzar algo.

Usando el término libertad aplicado a los seres humanos, pensamos solamente en la libertad dentro de la sociedad. Sin embargo, en la actualidad, las libertades sociales son consideradas por mucha gente como independientes una de otra. Aquellos que hoy se llaman a sí mismos ‘liberales’ están reclamando políticas que son precisamente lo opuesto a aquellas políticas por las que los liberales del Siglo XIX abogaban en sus programas liberales. Los así llamados ‘liberales’ de hoy tienen la muy popular idea que la libertad de expresión, de pensamiento, de prensa, la libertad religiosa, la libertad para no estar prisionero sin juicio previo – que todas estas libertades pueden ser preservadas en ausencia de lo que se llama libertad económica. No se dan cuenta que en un sistema donde no existe el mercado, donde el gobierno dirige y ordena todo, todas las otras libertades son ilusorias, aún cuando hayan sido definidas por las leyes y se encuentren escritas en las constituciones.

Tomemos una libertad, la libertad de prensa. Si el gobierno es propietario de todas las imprentas, el gobierno determinará lo que debe imprimirse y lo que no debe imprimirse. Y si el gobierno es propietario de todas las imprentas y determina lo que puede y lo que no puede ser impreso, entonces la posibilidad de imprimir cualquier tipo de argumentos opuestos, es decir contrarios a las ideas del gobierno, se convierte prácticamente en inexistente. La libertad de prensa desaparece. Y lo mismo ocurre con todas las otras libertades.”

Grecia podría tener su propia moneda, pero tendría que haber sido, y ahora ser, tan seria como Suiza

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar, o en Europa cuando se plantea la potencial salida de Grecia del Euro. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

Hayek4

Su propuesta práctica hubiera evitado las amenazas que ahora se ciernen sobre el Euro ante la posible salida de Grecia ya que cada país hubiera mantenido su moneda, pero en competencia con todas las demás, más la monedas privadas que surgieran. Claro, esto no quiere decir que hubiera evitado los problemas de Grecia, que seguramente no hubiera podido colocar deuda en dracmas y tendría que haberlo hecho en otra moneda que los mercados aceptaran. Pero Grecia, si fuera tan seria como Suiza, podría tener su propia moneda. El tema es que no lo fue.

Aquí va lo de Hayek, cuarenta años antes que se planteara este problema:

“El extender el libre comercio de la moneda a la banca, como sugerimos, constituye una parte esencial de la propuesta que propugnamos. En primer lugar, los depósitos bancarios a la vista equivalen sin duda a una especie de dinero emitido privadamente. Tales depósitos constituyen hoy una parte, en muchos países la fundamental, del conjunto de medios de cambio. En segundo lugar, la expansión y contracción de las distintas superestructuras nacionales de crédito bancario son, en este momento, la principal excusa para la administración nacional del dinero básico.

Añadiré, en cuanto a los efectos de la adopción de esta propuesta, que por supuesto se trata de impedir a las autoridades financieras y y monetarias que se conduzcan de una forma que les resulta políticamente imposible de evitar en tanto dispongan de poder para hacerlo. Estas conductas son, sin excepción, no sólo perjudiciales y contrarias a largo plazo al interés del país que las practica, sino además políticamente inevitables como escapes temporales que son ante dificultades acuciantes. Incluyen medidas que permiten a los gobiernos suprimir fácil y rápidamente los motivos de descontento de determinados grupos o sectores, pero, a la larga, desorganizan y destruyen el orden de mercado.

Impedir al gobierno que oculte la depreciación monetaria

Dicho con otras palabras, la principal ventaja que deriva del plan que propongo radica en impedir que el gobierno pueda «proteger» la moneda emitida por él de las nocivas consecuencias derivadas de las medidas que él mismo adopta. En consecuencia, nuestro plan hace imposible utilizar posteriormente tan dañinos métodos. Ni podría ocultar la devaluación de la moneda que emite para impedir la evasión de capitales y otros bienes y recursos, ni tampoco podría controlar los precios, medidas que por supuesto tenderían a destruir el Mercado Común y que se originan en el mal uso de las propias monedas en la actividad interior. Este plan parece satisfacer mejor los requisitos de un mercado común sin necesidad de establecer un nuevo organismo internacional ni de conferir nuevos poderes a una autoridad supranacional, ni de crear una moneda común.

A todos los efectos, este plan sólo provocaría la desaparición de las valutas nacionales si las autoridades monetarias de cada país no actuaran correctamente. Incluso entonces podrían evitar el desplazamiento total de su moneda corrigiendo a tiempo su conducta. Es posible que en algunos países pequeños con mucho comercio exterior y turismo predominara la moneda de uno de los países más grandes; pero si se practicara una política sensata, nada impediría continuar usando la mayoría de las monedas existentes durante mucho tiempo. (Es importante, por supuesto, que las partes no lleguen a un acuerdo tácito de no proporcionar una moneda tan buena que los ciudadanos de otros países la prefieran. La presunción de culpa estaría siempre en contra del gobierno cuya moneda no fuera solicitada por la gente.)

No creo, además, que este plan impidiera a los gobiernos hacer lo que deben para que la economía funcione correctamente, ni obstaculizara medidas que beneficiarían a un grupo mayoritario de ciudadanos. Pero esto nos lleva a problemas que se discuten mejor en el marco del desarrollo completo del principio subyacente.”

 

Su propuesta práctica hubiera evitado las amenazas que ahora se ciernen sobre el Euro ante la posible salida de Grecia ya que cada país hubiera mantenido su moneda, pero en competencia con todas las demás, más la monedas privadas que surgieran. Claro, esto no quiere decir que hubiera evitado los problemas de Grecia, que seguramente no hubiera podido colocar deuda en dracmas y tendría que haberlo hecho en otra moneda que los mercados aceptaran. Aquí va lo de Hayek, cuarenta años antes que se planteara este problema:

“El extender el libre comercio de la moneda a la banca, como sugerimos, constituye una parte esencial de la propuesta que propugnamos. En primer lugar, los depósitos bancarios a la vista equivalen sin duda a una especie de dinero emitido privadamente. Tales depósitos constituyen hoy una parte, en muchos países la fundamental, del conjunto de medios de cambio. En segundo lugar, la expansión y contracción de las distintas superestructuras nacionales de crédito bancario son, en este momento, la principal excusa para la administración nacional del dinero básico.

Añadiré, en cuanto a los efectos de la adopción de esta propuesta, que por supuesto se trata de impedir a las autoridades financieras y y monetarias que se conduzcan de una forma que les resulta políticamente imposible de evitar en tanto dispongan de poder para hacerlo. Estas conductas son, sin excepción, no sólo perjudiciales y contrarias a largo plazo al interés del país que las practica, sino además políticamente inevitables como escapes temporales que son ante dificultades acuciantes. Incluyen medidas que permiten a los gobiernos suprimir fácil y rápidamente los motivos de descontento de determinados grupos o sectores, pero, a la larga, desorganizan y destruyen el orden de mercado.

Impedir al gobierno que oculte la depreciación monetaria

Dicho con otras palabras, la principal ventaja que deriva del plan que propongo radica en impedir que el gobierno pueda «proteger» la moneda emitida por él de las nocivas consecuencias derivadas de las medidas que él mismo adopta. En consecuencia, nuestro plan hace imposible utilizar posteriormente tan dañinos métodos. Ni podría ocultar la devaluación de la moneda que emite para impedir la evasión de capitales y otros bienes y recursos, ni tampoco podría controlar los precios, medidas que por supuesto tenderían a destruir el Mercado Común y que se originan en el mal uso de las propias monedas en la actividad interior. Este plan parece satisfacer mejor los requisitos de un mercado común sin necesidad de establecer un nuevo organismo internacional ni de conferir nuevos poderes a una autoridad supranacional, ni de crear una moneda común.

A todos los efectos, este plan sólo provocaría la desaparición de las valutas nacionales si las autoridades monetarias de cada país no actuaran correctamente. Incluso entonces podrían evitar el desplazamiento total de su moneda corrigiendo a tiempo su conducta. Es posible que en algunos países pequeños con mucho comercio exterior y turismo predominara la moneda de uno de los países más grandes; pero si se practicara una política sensata, nada impediría continuar usando la mayoría de las monedas existentes durante mucho tiempo. (Es importante, por supuesto, que las partes no lleguen a un acuerdo tácito de no proporcionar una moneda tan buena que los ciudadanos de otros países la prefieran. La presunción de culpa estaría siempre en contra del gobierno cuya moneda no fuera solicitada por la gente.)

No creo, además, que este plan impidiera a los gobiernos hacer lo que deben para que la economía funcione correctamente, ni obstaculizara medidas que beneficiarían a un grupo mayoritario de ciudadanos. Pero esto nos lleva a problemas que se discuten mejor en el marco del desarrollo completo del principio subyacente.”

 

Los ricos son cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. La tesis de Marx fue un error.

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Comienza con una exposición sobre el Capitalismo. Algunos párrafos:

“La desdeñosa descripción del capitalismo por algunas personas como un sistema diseñado para hacer que los ricos se vuelvan más ricos y que los pobres se vuelvan más pobres es errónea del principio al fin. La tesis de Marx sobre la venida del socialismo estaba basada sobre el supuesto que los trabajadores estaban volviéndose más pobres, que las masas estaban convirtiéndose cada vez en más indigentes, y que finalmente toda la riqueza de un país se concentraría en unas pocas manos o en las manos de una sola persona. Y entonces, la masa de trabajadores empobrecidos finalmente se rebelaría y expropiaría los bienes de los ricos propietarios. De acuerdo con esta doctrina de Karl Marx, no puede existir oportunidad alguna, ninguna posibilidad dentro del sistema capitalista para mejora alguna de las condiciones de los trabajadores.

marx-bio

En 1864, hablando frente a la Asociación Internacional de Trabajadores, en Inglaterra, dijo que la creencia que los sindicatos pudieran mejorar las condiciones de la población trabajadora era ‘absolutamente un error’. A la política de los sindicatos pidiendo salarios más altos y más cortas horas de trabajo la denominó conservadora – siendo el conservadorismo – desde luego – el término más duramente condenatorio que Karl Marx podía usar. Sugirió que los sindicatos se pusieran un nuevo, revolucionario objetivo: ‘eliminar totalmente el sistema de salarios ‘e instaurar el ‘socialismo’ – el gobierno propietario de los medios de producción – para reemplazar el sistema de propiedad privada.

Si estudiamos la historia del mundo, y especialmente la de Inglaterra desde 1865, nos daremos cuenta estaba totalmente equivocado. No existe un país capitalista, occidental, en donde las condiciones de las masas no hayan mejorado en una forma sin precedentes. Todas estas mejoras de los últimos ochenta o noventa años se realizaron a pesar de los pronósticos de Karl Marx, ya que los socialistas marxistas creían que las condiciones de los trabajadores nunca podrían mejorarse. Eran seguidores de una falsa teoría, la famosa ‘ley de hierro de los salarios’ – la ley que establecía que el salario del trabajador, bajo el capitalismo, no podría exceder el monto que necesitaba como sustento de su vida para servir a la empresa.

Los marxistas formulaban su teoría de esta manera: si los niveles de salario de los trabajadores van hacia arriba, y los salarios suben por encima de los niveles de subsistencia, los trabajadores tendrán más hijos; y cuando estos hijos ingreses en la fuerza laboral, incrementarán la cantidad de trabajadores hasta el punto en que los niveles de salarios caigan llevando otra vez a los trabajadores hacia abajo a un nivel de subsistencia, el mínimo nivel de subsistencia que escasamente evitará que la población trabajadora se extinga. Pero esta idea de Marx, como las de muchos otros socialistas, en un concepto del hombre trabajador precisamente como aquel que usan los biólogos – correctamente – en el estudio de la vida de los animales. De los ratones por ejemplo.

Si se incrementa la cantidad de alimento disponible para los organismos animales o para los microbios, entonces una mayor cantidad de ellos sobrevivirá. Si se restringe su alimento, también se restringirá su cantidad. Pero el hombre es diferente. Aún el trabajador – a pesar del hecho que los marxistas no quieran reconocerlo – tiene requerimientos humanos diferentes al alimento y a la reproducción de su especie. Un incremento en los salarios reales resultará no solamente en un incremento de la población, resultará también, antes que nada, en un mejoramiento del nivel de vida promedio. Esa es la razón por la que tenemos un mejor nivel de vida en Europa Occidental y en los EEUU que en las naciones en desarrollo de, digamos, África.

Debemos entender, sin embargo, que este más alto nivel de vida depende del suministro de capital. Esto explica la diferencia entre las condiciones en los EEUU y las condiciones en la India; métodos modernos de combatir enfermedades contagiosas han sido instaurados en la India – en alguna forma por lo menos – y el efecto ha sido un crecimiento sin precedentes en la población; pero, dado que este crecimiento en la población no ha sido acompañado por un correspondiente incremento en el monto del capital invertido, el resultado ha sido un incremento en la pobreza. Un país se vuelve más próspero en proporción al incremento del capital invertido por habitante.”