Los impuestos a la riqueza no ayudan a los más pobres, porque castigan la innovación y las nuevas ideas

Más impuestos a los más ricos, parece ser un grito de justicia social que permitiría redistribuir esa riqueza entre los más pobres. Pero resulta que impuestos de ese tipo terminan castigando a los más pobres a través de castigar la generación de nuevas e innovadoras ideas:

“Taxing Top Incomes in a World of Ideas” Charles I. Jones, de Stanford School of Business and NBER, https://www.journals.uchicago.edu/doi/abs/10.1086/720394

Abstract

“Este documento considera el impuesto a la renta máxima cuando (i) las nuevas ideas impulsan el crecimiento económico, (ii) la recompensa por una innovación exitosa es una renta máxima y (iii) la innovación no puede ser perfectamente enfocada por un subsidio de investigación: piense en los métodos comerciales de Walmart , la creación de Uber, o la “idea” de Amazon. Estas condiciones conducen a una nueva fuerza que afecta la tasa impositiva máxima óptima: al desacelerar la creación de nuevas ideas que impulsan el PIB agregado, la imposición sobre la renta máxima reduce los ingresos de todos, no solo los ingresos en la parte superior. Esta fuerza restringe drásticamente tanto las tasas impositivas máximas que maximizan los ingresos como las que maximizan el bienestar.”

¿Estás cansada de los socialistas, quienes se niegan todavía a aceptar sus fracasos y millones de muertos?

¿Estás cansado de los argumentos que te presentan los izquierdistas? ¿Estás cansado de que nunca asuman que fracasaron en cada oportunidad que tuvieron? ¿Y que generaron millón de muertos en el siglo XX? Pero, claro, todavía te preguntás cómo es que hay gente a quienes les atraen todavía esas ideas.

Bueno, Richard Fulmer se ha ocupado de tratar cada uno de los argumentos socialista en Econlib, en una serie de artículos titulada “Socialist claims about capitalism”. Aquí están:

https://www.econlib.org/socialists-claims-about-capitalism/

https://www.econlib.org/socialist-claims-about-capitalism-2/

https://www.econlib.org/socialists-claims-about-capitalism-3/

Y comienza de esta forma:

El capitalismo se basa en la codicia, la competencia extrema, el comportamiento depredador y una empatía casi nula.

El capitalismo se basa en la idea de que las personas deben ser libres y que deben ser dueñas de sí mismas y del producto de su trabajo.

Las personas bajo cualquier sistema económico tratan de mejorar su propio bienestar material y el de sus familias y seres queridos. ¿Es eso “codicia” o es simplemente ser responsable?

En general, los individuos tratan de mejorar sus condiciones dentro de las reglas establecidas por la sociedad. Bajo un mercado libre, las personas intercambian bienes y servicios con otros. Es poco probable que un empresario sin empatía por sus clientes entienda qué bienes y servicios quieren sus clientes y no permanecerá en el negocio por mucho tiempo.

En un país socialista, en la medida en que la gente da según su capacidad y recibe según su necesidad, la gente tiende a demostrar mínima capacidad y máxima necesidad. Sin embargo, lo más probable es que los bienes fluyan de los políticamente débiles a los políticamente fuertes. Como resultado, los depredadores suben a la cima.

Al capitalismo no le importan los pobres, los enfermos o los discapacitados.

El capitalismo no es un ser vivo. Solo las personas pueden preocuparse por los demás, y pueden preocuparse por los demás en cualquier sistema económico en el que se encuentren. Bajo un sistema de libre mercado, las personas se benefician al ayudar a los demás. Los empresarios solo pueden beneficiarse proporcionando los bienes y servicios que la gente quiere y por los que están dispuestos y son capaces de intercambiar los frutos de su trabajo.

El nacimiento de George Jetson, de los Supersónicos. ¿La tecnología nos depara un futuro utópico o distópico?

No sé si se llamarán igual en todos los países, por aquí la serie era Los Supersónicos, algo así como la contracara de Los Picapiedras, en la que podíamos ver una sociedad del futuro con increíbles avances. Como con otros textos futuristas, muchos de los avances que allí aparecen no se han alcanzado todavía, y hasta parece amenazar un futuro distópico debido a la tecnología. En un interesante artículo de la revista digital Discourse, Adam Thierer quien es senior research fellow en el Mercatus Center de George Mason University, analiza el tema bajo el título “How Science Fiction Dystopianism Shapes the Debate over AI & Robotics”: https://www.discoursemagazine.com/culture-and-society/2022/07/26/how-science-fiction-dystopianism-shapes-the-debate-over-ai-robotics/

“George Jetson nacerá este año. No sabemos la fecha exacta del nacimiento de este personaje ficticio de dibujos animados, pero gracias a la hábil hermenéutica de Hanna-Barbera, el consenso parece ser en algún momento de 2022.

En el mismo episodio en el que conocemos la edad aproximada de George, también nos dan la buena noticia de que su esperanza de vida en el futuro es de 150 años. Fue una de las muchas formas en que The Jestons, a través de una caricatura para niños, representó un futuro mejor para la humanidad gracias a innovaciones emocionantes. Otro fue un robot útil llamado Rosie, junto con una serie de otras tecnologías automatizadas, incluido un automóvil volador, que facilitaron la vida de George y su familia.

Sin embargo, la mayoría de las representaciones ficticias de la tecnología actual no son tan optimistas como Los Supersónicos. De hecho, las concepciones públicas y políticas sobre la inteligencia artificial (IA) y la robótica en particular están fuertemente moldeadas por el implacable distopismo de las novelas, películas y programas de televisión de ciencia ficción modernos. Y estamos peor por ello.

La IA, el aprendizaje automático, la robótica y el poder de la ciencia computacional tienen el potencial de impulsar un crecimiento económico explosivo y transformar profundamente una amplia gama de sectores, al tiempo que brindan a la humanidad innumerables mejoras tecnológicas en medicina y atención médica, servicios financieros, transporte, venta minorista, agricultura, entretenimiento, energía, aviación, industria automotriz y muchos otros. De hecho, estas tecnologías ya están profundamente arraigadas en estas y otras industrias y marcan una gran diferencia.

Pero ese progreso podría ralentizarse y, en muchos casos, incluso detenerse si la política pública está moldeada por una mentalidad basada en el principio de precaución que impone una regulación estricta basada en los peores escenarios hipotéticos. Desafortunadamente, el distopismo persistente que se encuentra en las representaciones de ciencia ficción de la IA y la robótica condiciona el terreno para los debates de política pública, al mismo tiempo que desvía la atención de algunos de los problemas más reales e inmediatos que rodean a estas tecnologías.”

Lecutras optativas: Bohm-Bawerk sobre el determinante último del valor

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico Económico y Social de UCEMA vemos el debate sobre las teorías del valor. En forma optativa los alumnos pueden leer otros dos textos de Böhm-Bawerk donde critica teoría del valor trabajo, pero también lo hace revisando todas las teorías del valor existentes en ese momento en un trabajo (de lectura optativa), titulado «El determinante último del valor». También puede leer el capítulo sobre Marx en su libro Capital e Interés. Aquí, del primero:

«Un sorprendente cambio de enfoque se produjo con el surgimiento de la
teoría de la utilidad marginal. Puedo suponer que los aspectos
sobresalientes de esta teoría resultan ampliamente conocidos. Su piedra
fundamental es la diferenciación entre el carácter útil en general y la muy
definida y específica utilidad que, en ciertas condiciones económicas
dadas, depende del control ejercido sobre el producto en particular cuyo
valor va a determinarse. Conforme a esta teoría, el valor surge como
norma —el hecho de que existan excepciones se subraya enfáticamente—
de la utilidad de los productos y no, sin embargo, de algún carácter útil
abstracto y siempre cambiante que no puede medirse con exactitud, sino
de ese uso o empleo útil (Nutz Verwendung), que en un caso definido y
específico depende del control que se ejerce sobre ese producto en
particular.
Como consecuencia de que de todos los usos posibles que pueden darse
a un producto el que un ser racional dejaría de lado en primer lugar no es
el más importante sino el menos importante, la utilidad determinante es la
más pequeña o menos importante entre todos los usos útiles que pueden
darse a un producto. Esto determina su valor y recibe el nombre de
utilidad marginal.
Esta forma más precisa de la teoría del valor de uso se enfrenta de
manera clara y definida con la objeción que se le hace a la antigua teoría
del valor del «uso»; es decir, que los productos libres, independientemente
de cuan útiles sean, carecen de valor. La respuesta a esto es que, como los
productos libres existen en cantidades superabundantes, no existe para
nosotros utilidad alguna que dependa de una cantidad específica de ellos,
como ejemplo un único vaso de agua o un único metro cúbico de aire. Por
lo tanto, se deduce que su utilidad marginal es cero. Además, esta teoría
de la utilidad marginal nos brinda la base de un nuevo y vigoroso ataque a
la teoría del valor del costo. Considerado desde un punto de vista, el
costo que determina el valor de cualquier producto no representa más que
el valor de los bienes del productor. Si, en este momento, tal como nos
vemos obligados a hacerlo en una investigación científica, consultamos
sobre la manera como debemos determinar el valor de estos bienes del
productor encontramos que también esto, en última instancia, está
determinado por la utilidad marginal. Por lo tanto, el costo ejercería, por
así decir, sólo una vicerregencia. No puede negarse que en ciertos casos
determina el valor de algunos productos pero,
por lo general, está en sí mismo regido por un gobernante más poderoso,
esto es, la «utilidad marginal». Por lo tanto, el costo representa en su
mayor parte simplemente una provincia dentro del reino de la utilidad y
es a esta última a la que debemos concederle el lugar del «determinante
último del valor» universal.

No fue la «política industrial» lo que hizo grandes a los Tigres Asiáticos: fue el libre comercio

No fue la “política industrial” la que hizo grandes a los Tigres Asiáticos sino la apertura comercial. Es el punto que plantea Samuel Gregg, Distinguished Fellow in Political Economy en el American Institute for Economic Research, y Contributing Editor de Law & Liberty, en una nota titulada “Industrial Policy Mythology Confronts Economic Reality”: https://lawliberty.org/east-asian-tigers-semiconductors-and-other-industrial-policy-mythologies/

 

“Si en los debates sobre políticas se premiara la persistencia, los que abogan por un uso más generalizado de la política industrial en Estados Unidos serían los primeros en la fila. No importa cuántas veces se señale que no entienden la naturaleza y el funcionamiento de la ventaja comparativa; o evitar reconocer cómo la política industrial fomenta el amiguismo y la corrupción desenfrenados; o destacan lo que consideran ejemplos de países en los que la política industrial se ha empleado con éxito (solo para demostrar que no funcionó de la manera que sugirieron), no se dan por vencidos.

Quizás, algunos de ellos reconocerán, el uso selectivo de la política industrial en Japón o la UE, o su amplio despliegue en naciones tan diferentes como Argentina e India (sin mencionar la mayoría de los países africanos y de Medio Oriente) en general no lograron producir los resultados esperados. resultados. Pero, dice el estribillo, ¿qué pasa con algunos de los países de los Tigres de Asia Oriental? ¿No son prueba de que, cuando son ideadas e implementadas por gobiernos sabios guiados por expertos aún más inteligentes, la política industrial puede funcionar?

Por desgracia, la brecha entre el mito y la realidad es igual de evidente en estos casos. Muchos gobiernos de Asia oriental sin duda se han comprometido en la política industrial. Con esto me refiero al estado que busca abordar las aparentes fallas del mercado para producir resultados comerciales particulares al intervenir en sectores económicos específicos a través de medios tales como subsidios, trato fiscal preferencial, subvenciones de capital directas, préstamos a tasas de interés inferiores a las del mercado, y apoyo indirecto a la I+D empresarial, empresas mixtas público-privadas o medidas regulatorias especiales.

Sin embargo, existe una gran cantidad de evidencia que indica que estas políticas produjeron resultados peatonales similares en estos países. En cuanto a los Tigres, lo que los llevó principalmente del estado de remansos económicos a economías del primer mundo fue la liberalización económica y especialmente la apertura comercial, no expertos con gran confianza en su propia capacidad para prever y generar resultados económicos específicos a través de la intervención estatal.

Incluso los defensores más devotos de la política industrial dudan en presentar dos de los Tigres, Singapur y Hong Kong, como éxitos de la política industrial. No obstante, consideran que las historias de posguerra de Corea del Sur y Taiwán demuestran por qué la política industrial debería desempeñar un papel importante en la vida económica. Los hechos, sin embargo, indican una historia mucho más complicada y diferente.”

El trabajo como fuente del valor: Marx, El Capital y la crítica de Böhm-Bawerk

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico y Social de UCEMA, vemos a Marx sobre la teoría del valor trabajo en el Cap I de El Capital, o a Trotsky sobre Marx, y luego Eugen von Böhm-Bawerk en una discusión central con Marx sobre la Teoría del Valor. BB lanza sus críticas a las bases teóricas de la teoría del valor-trabajo en varios escritos. Pero no deja de analizar porqué esas teorías erróneas terminaron por tener tanta aceptación. Aquí la esencia de la controversia según Trotsky:

«Es completamente imposible buscar las causas de los fenómenos de la
sociedad capitalista en la conciencia subjetiva –en las intenciones o planes- de
sus miembros. Los fenómenos objetivos del capitalismo fueron formulados
antes de que la ciencia comenzara a pensar seriamente sobre ellos. Hasta hoy
día la mayoría preponderante de los hombres nada saben acerca de las leyes
que rigen la economía capitalista. Toda la fuerza del método de Marx reside en
su acercamiento a los fenómenos económicos, no desde el punto de vista
subjetivo de ciertas personas, sino desde el punto de vista objetivo del
desarrollo de la sociedad en su conjunto, del mismo modo que un hombre de
ciencia que estudia la naturaleza se acerca a una colmena o a un hormiguero.»

Como sabemos, Carl Menger presentó una teoría subjetiva del valor que destruye las bases de la teoría de la plusvalía. Sin embargo, Marx tuvo mucho éxito.  Así lo explica Böhm Bawerk:

“La buena suerte de Karl Marx como autor

Como autor, Marx fue un hombre de envidiable ventura. Su obra no se puede clasificar entre los libros fáciles de leer o de comprender. La mayoría de los libros de este tipo –aun aquellos con una dialéctica más asequible y una ilación matemática más liviana— habrían encontrado completamente obstaculizado el camino hacia la popularidad. Pero, contrariamente, Marx se ha transformado en el apóstol de un amplio círculo de lectores, incluyendo a aquellos que, por norma, no leen libros difíciles. Más aún, la fuerza y la claridad de su razonamiento no eran tales como para convencer a nadie. Al revés, hombres calificados como los pensadores más serios y valiosos de nuestra ciencia, por ejemplo Karl Knies, han afirmado, desde un comienzo, mediante argumentos imposibles de pasar por alto, que la enseñanza de Marx estaba repleta, de principio a fin, de toda clase de contradicciones, tanto de lógica como de hechos. Podría fácilmente haber sucedido que la obra de Marx no hubiera encontrado partidarios ni entre el público común —que no podía entender su difícil dialéctica— ni entre los especialistas, que sí la comprendían, pero captaban demasiado bien sus limitaciones. Sin embargo, en la práctica, ha sucedido lo contrario.

Tampoco ha sido perjudicial para su influencia el hecho de que la obra de Marx haya permanecido como una estructura incompleta durante su vida. Generalmente, y con razón, desconfiamos de los primeros volúmenes, no proyectados a nuevos temas. Los principios universales pueden describirse seductoramente en las «Secciones Generales» de un libro, pero sólo se pueden corroborar si realmente poseen la fuerza de convicción que les atribuye su creador cuando, en la elaboración del sistema, se confrontan con todos los hechos minuciosamente. En la historia de la ciencia, muchas veces se ha dado el caso de que un primer volumen, promisorio y respetable, no ha sido continuado en un segundo volumen simplemente porque, bajo el propio análisis investigador del autor, los nuevos principios no soportan la prueba de las situaciones concretas. Pero la obra de Karl Marx no ha sufrido estos contratiempos. La gran masa de sus seguidores, basándose en la fuerza de su primer libro, tenía una fe ciega en sus obras aún no escritas.

Circunstancias que contribuyeron al éxito de Marx

Esta confianza, por una parte, fue sometida a una severa e inusual comprobación. Marx había expresado, en su primer libro, que todo el valor de las mercancías se basaba en el trabajo involucrado en ellas y que en virtud de esta «ley del valor» deberían intercambiarse en proporción a la cantidad de trabajo en ellas invertido; que, además, la rentabilidad o plusvalía ganada por el capitalista era el fruto de la explotación del trabajador; que, sin embargo, el monto de la plusvalía no estaba en proporción al monto total del capital invertido por el capitalista, sino sólo al monto de la parte «variable» —esto es, a aquella parte del capital pagado en sueldos y salarios—, mientras que el «capital constante», el capital empleado en la adquisición de los medios de producción, no aumentaba la plusvalía. En la vida diaria, sin embargo, la rentabilidad del capital está en proporción al capital total invertido; y, principalmente por esto, las mercancías no se intercambian de hecho en proporción a la cantidad de trabajo invertido en ellas. En este punto, por lo tanto, había una contradicción entre teoría y práctica que escasamente admitía una explicación satisfactoria. Pero esta contradicción manifiesta tampoco escapó al análisis de Marx. Con respecto a ella, el autor dice: «Esta ley (esta ley, a saber, establece que la plusvalía está en proporción sólo con la parte variable del capital) contradice claramente toda la experiencia prima facie». Pero al mismo tiempo declara que la contradicción es sólo aparente y su solución requiere juntar muchos cabos sueltos, postergándose para los siguientes volúmenes de su obra. La crítica especializada pensó que podía anticiparse con relativa certeza que Marx nunca cumpliría su compromiso, ya que, como era difícil probarla, la contradicción era insoluble.

Sus argumentos, sin embargo, no produjeron ninguna impresión en el conjunto de sus seguidores. Su simple promesa excedía todas las refutaciones lógicas. La larga demora de Marx para cumplir con su promesa de resolver la paradoja La inquietud fue mayor aún cuando en el segundo volumen de la obra de Marx, que se publicó después de la muerte del maestro, no aparece ningún intento por lograr la anunciada solución (que, de acuerdo al plan completo de toda la obra, se reservaba para el tercer volumen), y tampoco existía el menor indicio sobre el rumbo que Marx tomaría en la búsqueda de una respuesta. Pero el prólogo del editor, Friedrich Engels, no sólo reafirmaba que la solución estaba en el manuscrito dejado por Marx, sino que también incluía un abierto desafío, dirigido principalmente a los seguidores de Rodbertus, para que, en la etapa previa a la aparición del tercer volumen, intentaran con sus propios recursos solucionar el siguiente problema: «cómo puede y debe ser creada una tasa promedio equitativa de rentabilidad sin contraponerse a la ley de valor, sino en virtud de ella».

Respuesta insólita a la propuesta de Engels de presolucionar la paradoja de Marx

Considero que uno de los tributos más impactantes que pudo recibir Marx como pensador fue que el desafío no lo recogió únicamente el grupo al que estaba dirigido, sino que muchísimas otras personas provenientes de diferentes círculos. No sólo los seguidores de Rodbertus, sino que hombres de la misma línea de Marx, e incluso economistas no adheridos a ninguno de estos líderes de la escuela socialista, aun los que Marx llamó probablemente «economistas comunes y corrientes», se enfrentaron en el intento de penetrar la posible trama teórica de Marx, cubierta aún por un velo de misterio. Entre 1885 (año en que apareció el segundo volumen de «El Capital» de Marx) y 1894 (publicación del tercer volumen) se desarrolló un concurso ordinario de premios en ensayo sobre «la tasa promedio de rentabilidad y su relación con la ley de valor».

De acuerdo con el punto de vista de Engels —ya fallecido al igual que Marx— planteado en su crítica a estos concursos ensayísticos, nadie logró resolver el problema ni obtener el premio.

La «solución» de Marx publicada finalmente en 1894, con 27 años de retraso

Finalmente, después de una larga demora en la conclusión del sistema de Marx, el tema ha llegado a una etapa en la cual es posible establecer una decisión definitiva. De la simple promesa de una solución, cada uno podía pensar como quisiera. Eran incomensurables los argumentos. Incluso las refutaciones acertadas frente a los intentos de solución hechos por sus opositores, aun cuando estos autores afirmaron haberlas concebido y realizado en el espíritu de la teoría de Marx, no fueron aceptadas por los partidarios de Marx, ya que éstos siempre podían apelar a la precaria conformidad del prometido original. Pero, finalmente, éste ha sido publicado y ha proporcionado, después de 30 años de lucha, un campo de discusión sólido, escrupuloso y bien definido, donde ambos bandos pueden adoptar una posición y luchar por sus ideas, en vez de, por un lado, contentarse con la esperanza de futuras revelaciones y, por el otro, pasarse de una interpretación falsa a otra, a la manera de Proteo.”

 

 

El gobierno regula las actividades adictivas: ¿también la adicción a las compras o a jugar al golf?

¿Qué es una adicción y sobre cuáles de ellas deberíamos estar preocupados al punto de dedicar esfuerzos para regularlas? Ronald W. Dworkin es anestesiólogo y politólogo. Ha enseñado en el programa de honores de la Universidad George Washington y es autor de cuatro libros y numerosos ensayos en revistas. Escribe un artículo en la revista digital Quillette con el título “The New Prohibition” (¿se acuerdan de la del alcohol que terminó dando haciendo florecer las mafias?).

https://quillette.com/2022/07/25/the-new-prohibition/

 

“Hace años, durante mi pasantía de psiquiatría en la facultad de medicina, aprendí a clasificar a las personas con trastornos de personalidad como «cebollas» o «ajos», según su grado de autoconocimiento. Las «cebollas» eran ofensivas para otras personas y sabían que eran ofensivas. Los «ajos» eran ofensivos para otras personas, pero no sabían que lo eran. Una persona con personalidad dependiente era una “cebolla”. Un narcisista era un «ajo». Sin embargo, todos nosotros somos «cebollas» o «ajos» en un grado u otro. Las personas que eructan a propósito después de las grandes comidas son «cebollas». Los sopladores de hojas que comienzan a trabajar al amanecer y los dueños de perros que corren a sus perros grandes sin correa son «ajos». Sin embargo, no decimos que estas personas tengan trastornos de la personalidad, y mucho menos que los llevemos a terapia. La razón parece obvia y, sin embargo, esa razón es difícil de explicar.

Una confusión similar rodea el tema de la adicción. La adicción se define como el uso de una sustancia o la participación en comportamientos de manera compulsiva a pesar de las consecuencias dañinas. La adicción a los opiáceos y al alcohol son ejemplos clásicos. A lo largo de los años, la definición de adicción se ha ampliado para incluir actividades como ir de compras y jugar al golf. Pero cuando uno lo piensa bien, todos tenemos comportamientos compulsivos que bordean lo dañino. Tales comportamientos son incluso centrales para nuestras identidades. Conocemos a las personas por lo que aman y lo que odian, generalmente expresado en una oración que comienza con la palabra «yo», como en «Amo esto y no amo eso». Este “yo” nuestro, incluida su peculiar propiedad de amar una cosa y no otra con diversos grados de intensidad, ya sea el helado, el trabajo o las parejas sexuales, es la forma en que distinguimos a una persona de otra en nuestra mente.

La noción de adicción como espectro no es nueva. Shakespeare usó la palabra adicción cuando se refería a una “fuerte inclinación” hacia actividades inútiles. Pero la noción tiene especial relevancia hoy en día. La nicotina, que alguna vez se inhaló solo al fumar, pero ahora está disponible en una forma más segura a través del vapeo, ha arrojado una llave inglesa en nuestra comprensión de lo que constituye una adicción que vale la pena vigilar. Cuando se limita a los adultos, la nicotina es menos dañina que el abuso de opioides o alcohol, ir de compras hasta el punto de la bancarrota o jugar al golf hasta el punto del divorcio. Sin embargo, los reguladores gubernamentales dedican una cantidad excesiva de tiempo a tratar de regular la nicotina, mientras que las autoridades de salud pública dominan el tema al propagar la ansiedad entre el público y despertar una conciencia de culpa.

Si vapear nicotina se encuentra en el extremo más seguro del espectro de adicción, ¿por qué el gobierno le presta tanta atención? De hecho, la FDA propuso recientemente prohibir todos los dispositivos de vapeo JUUL, retirándose solo en respuesta a la presión pública. La respuesta es que los reguladores están utilizando un modelo de medio siglo de antigüedad para vigilar la adicción que ha ido demasiado lejos.”

Alberdi sobre la protección a la industria, los privilegios temporales y las recompensas

Con los alumnos de la UBA Derecho vemos a Alberdi en Sistema Económico y Rentístico y la protección de la industria:

Las leyes protectoras, las concesiones temporales de privilegios y las recompensas de estímulo son, según el artículo citado, otro medio que la Constitución pone en manos del Estado para fomentar la industria fabril que está por nacer.

Este medio es delicadísimo en su ejercicio, por los errores en que puede hacer caer el legislador y estadista inexpertos, la analogía superficial o nominal que ofrece con el aciago sistema proteccionista de exclusiones privilegiarías y de monopolios.

Para saber qué clase de protección, qué clase de privilegios y de recompensas ofrece la Constitución como medios, es menester fijarse en los fines que por esos medios se propone alcanzar. Volvamos a leer su texto, con la mira de investigar este punto que importa a la vida de la libertad fabril. Corresponde al Congreso (dice el art. 64) proveer lo conducente a la prosperidad del país, etc., promoviendo la industria, la inmigración, la construcción de ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras de propiedad nacional, la introducción y establecimiento de nuevas industrias, la importación de capitales extranjeros y la exploración de los ríos interiores (¿por qué medio? – la Constitución prosigue), por leyes protectoras de estos FINES, y por concesiones temporales de privilegios y recompensas de estimulo (protectoras igualmente de esos FINES, se supone) .

Según esto, los FINES que las leyes, los privilegios y las recompensas están llamados a proteger, son:

La industria,

La inmigración,

La construcción de ferrocarriles y canales navegables,

La colonización de tierras de propiedad nacional,

La introducción y establecimiento de nuevas industrias,

La importación de capitales extranjeros,

Y la exploración de los ríos interiores.

Basta mencionar estos FINES para reconocer que los medios de protección que la Constitución les proporciona, son la libertad y los privilegios y recompensas conciliables con la libertad.

En efecto, ¿podría convenir una ley protectora de la industria por medio de restricciones y prohibiciones, cuando el art. 14 de la Constitución concede a todos los habitantes de la Confederación la libertad de trabajar y de ejercer toda industria? Tales restricciones y prohibiciones serían un medio de atacar ese principio de la Constitución por las leyes proteccionistas que las contuviesen; y esto es precisamente le que ha querido evitar la Constitución cuando ha dicho por su artículo 28: – Los principios, derechos y garantías reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio. Esta disposición cierra la puerta a la sanción de toda ley proteccionista, en el sentido que ordinariamente se da a esta palabra de prohibitiva o restrictiva.

No saben lo que les espera: ¿el futuro de los Estados Unidos sería parecerse a América Latina?

En la revista digital Persuasion, Michael Lind publica un artículo donde plantea que el futuro de los Estados Unidos se parece más bien a América Latina. Así que finalmente fuimos nosotros quienes pudimos imponer nuestro populismo a la democracia más antigua de la región. Ahora, en America Latina tenemos a Uruguay y Costa Rica por un lado y a Venezuela o Argentina por otro. ¿A cuál de estos países se terminará pareciendo? https://www.persuasion.community/p/when-democracy-goes-south-5f4

“¿Son estos los últimos días de la América de Weimar? Quienes se preocupan de que la democracia liberal en los Estados Unidos esté en peligro tienden a encontrar paralelos en la historia de Alemania bajo la República de Weimar y el régimen de Hitler. De vez en cuando también se invoca como modelo la dictadura fascista de Benito Mussolini.

En realidad, hay pocos puntos de semejanza entre los regímenes fascistas de la Europa de entreguerras y los Estados Unidos contemporáneos. Los nazis de Hitler y los fascistas de Mussolini tenían el apoyo de élites poderosas (militares, funcionarios públicos, profesores y empresarios) y podían inspirarse en las tradiciones de deferencia a la autoridad centralizada. Por el contrario, el establishment estadounidense cerró filas contra Trump y nada más alejado del autoritarismo alemán que el antiestatismo anárquico de los fanáticos del MAGA o los antivacunas de derecha en EE. UU. que abuchearon a Trump cuando elogió las vacunas contra el COVID-19.

Esto no significa que la democracia estadounidense no esté gravemente enferma. Pero los precursores del declive democrático estadounidense se encuentran mejor en América Central y del Sur, no en Europa Central y del Sur.”

¿Porqué ciertas transacciones en el mercado «repugnan» (prostitución, cambios de sexo)? ¿Afectan otros valores?

 

¿Ciertas transacciones en el mercado degradan moralmente algunos aspectos de nuestra vida incluso para quienes no realizamos esas transacciones? Este es un tema que ha desatado una gran discusión bajo el título de “repugnancia”, es decir, ciertas transacciones no son permitidas en algunas sociedades porque se rechazan moralmente (prostitución, fertilización artificial, cambios de sexo, por ejemplo). Pero en muchas sociedades lo que se permite o repugna son cosas diferentes.

En un artículo de Kimberly Krawiec, de la Universidad de Virginia:  (2022). Markets, repugnance, and externalities. Journal of Institutional Economics, 1-12. https://doi.org/10.1017/S1744137422000157 se trata el tema de esta forma:

“La objeción es empírica porque sostiene que los mercados en ciertos artículos y actividades cambian la forma en que la sociedad y sus miembros perciben esos artículos y actividades o las relaciones no comerciales a través de las cuales de otro modo serían abastecidos. También es una afirmación moral, porque se basa en la afirmación de que el cambio es inevitablemente negativo: que ciertos modos de valoración y visiones del mundo son superiores a otros, o al menos inadecuados para ciertas situaciones (Anderson, Reference Anderson1993).

Por ejemplo, se alega que la prostitución cambia la forma en que la sociedad concibe todas las relaciones íntimas, no solo el sexo a sueldo. Los mercados de gametos y subrogación pueden cambiar la forma en que vemos a los niños, la paternidad o la familia en general, no solo aquellas familias creadas a través de tales acuerdos (Anderson, 1993; Radin, Reference Radin1987, Reference Radin1996). Y los mercados de órganos pueden hacer que veamos a todos nuestros congéneres, no solo a los vendedores de órganos, como colecciones de partes del cuerpo, en lugar de personas con valor moral independiente (Sandel, Referencia Sandel2012).

Este artículo critica estas afirmaciones empíricas por dos motivos. En primer lugar, como señalaron otros, los escépticos del mercado no proporcionan pruebas de los efectos negativos que plantean como hipótesis, a pesar de la amplia variación en el tiempo y entre los regímenes legales. En segundo lugar, y lo que es más importante, estas objeciones no tienen en cuenta la tendencia humana bien documentada de crear intercambios repugnantes de una manera que refuerza, en lugar de socavar, valores y relaciones profundamente arraigados. El hecho de que una determinada transacción sea considerada moralmente repugnante por grandes sectores de la sociedad no significa, después de todo, que tales transacciones desaparezcan, incluso frente a fuertes sanciones legales y prohibiciones penales. Pero sí significa que tales intercambios pueden ser manejados, ofuscados o reformulados de alguna manera, reconociendo y reforzando el tabú en el proceso.”