Macroeconomía austriaca: Garrison y el papel de las expectativas en el ciclo económico

Con los alumnos de la materia Escuela Austriaca, de UCEMA, vemos un par de capítulos del libro de Roger Garrison, “Tiempo y Dinero”. En este caso, del Cap II, cuando el autor trata el tema de las expectativas:

“…es un hecho complejo el que la secuencia de etapas este lejos de ser lineal: hay giros hacia atrás, productos de uso múltiple y otros ejemplos de trayectorias no lineales. Además, cada etapa puede incluir también el uso de bienes de capital duradero (bienes de capital), relativamente específicos y no específicos, y bienes de capital que están relacionados con diversos grados de sustituibilidad y complementariedad con los bienes de capital en otras etapas de la producci6n. Tales son las complicaciones que destaca Lachmann en su Capital and Its Structure.

Este es el contexto en el que los austriacos pueden formular la pregunta «lExpectativas sobre que?» Los objetos pr6ximos de las expectativas empresariales relevantes en un estadio particular de la producci6n comprenden los precios de los insumos, que son los productos de las etapas precedentes, y los precios de los productos, que son los insumos para las etapas siguientes. Los diferenciales de precios esperados (entre insumos y productos) deben valorarse ala luz de los tipos de interés actuales sobre los prestamos y de los usos alternativos de los bienes de capital existentes. Los juicios deben formularse sobre posibles cambios en las condiciones crediticias y en las condiciones de mercado de los bienes de consumo final, a los que contribuye una etapa especifica de la producci6n. Los cambios en los precios, salarios y tipos de interés tendrán efecto sobre las decisiones de los empresarios, y sus decisiones tendrán efecto sobre los precios, salarios y tipos de interés. Esta interdependencia es 10 que justifica la idea general del mercado como un proceso econ6mico.

El proceso económico que se da en el mercado facilita la traslaci6n de las realidades econ6micas subyacentes -disponibilidades de recursos, tecnología y preferencias de los consumidores (incluidas las preferencias intertemporales) -a las decisiones de producci6n guiadas por las expectativas de los empresarios. El proceso acaba de forma diferente dependiendo de que el tipo de interés en que se basa sea un reflejo fiable de las preferencias temporales de los consumidores, debido a una expansi6n crediticia por parte del banco central, refleje una distorsión de esas preferencias. En el primer caso, la economía experimenta un crecimiento sostenible; en el segundo, expansión y depresión. Esta es la esencia de la teoría austriaca del ciclo económico (Mises et aI., [1978] 1996; Garrison, 1986a) que presentaremos gráficamente en el Capitulo 4.”

Calidad Institucional 2022: pandemia, estados de emergencia y recuperación económica

Este lunes (18hs) se presentarán los resultados del Índice de Calidad Institucional 2022 (www.agrositio.com.ar). Así comienza el informe

En el origen de la pandemia, los gobiernos de la región, y en verdad los de todo el mundo, comenzaron a tomar medidas apresuradas para hacer frente al fenómeno, y no tardaron mucho en declarar “estados de emergencia”, una figura constitucional que, de una u otra forma, está presente en todos los países, pero en referencia a amenazas a la seguridad externa, guerras o desastres naturales, no relacionadas con emergencias a la salud pública. Esas iniciativas fueron recomendadas por organizaciones internacionales como la OMS, pero tuvieron una característica nacional, es decir, cada país tomó sus propias medidas (confinamientos y cuarentenas, control de la distancia social y de los contagios e incluso cierre de fronteras o restricciones a los desplazamientos internos). En todos estos casos, fueron sugeridas y apoyadas por la comunidad científica médica y contaron con el apoyo inicial de la población la que, como sucede con muchas crisis, cuando se enfrenta a una de ellas busca una respuesta en la acción estatal, incluso hasta cuando es ésta la que la haya generado, tal como ocurre con muchas crisis económicas.  

Pero los “estados de emergencia” son fácil presa de la sed de poder y sujeto de potenciales abusos. En muchos casos, los gobiernos han buscado que sean parte de la “nueva normalidad”, sobre todo tras la aparición de nuevas cepas del virus. No todos los países recurrieron al uso de esos poderes: Japón, Bangladesh, el Reino Unido o Alemania no lo han hecho, en un caso por las connotaciones históricas relacionadas con el autoritarismo, en otro por no calificar como una “emergencia” según su ordenamiento constitucional. Pero el autoritarismo puede no necesitar poderes de emergencia. En Dinamarca se modificó la legislación sobre salud pública en doce horas, en el Reino Unido en cuatro días, cuestiones que normalmente hubieran requerido mayor tiempo de discusión y debate.  

Es cierto que pueden darse situaciones que requieran respuestas rápidas y precisas, de hecho, ninguno de los autores que dieron forma al sistema republicano que hoy predomina en muchos de nuestros países negó tal cosa. Macchiavello (The Discourses, Penguin Books, 2003.), Rousseau (The Social Contract, Penguin Books, 1968.); John Locke (Two Treatises of Government (Student Edition), Cambridge University Press, 1988.), Montesquieu (The Spirit of the Laws, Cambridge University Press, 1989.) o Benjamin Constant (Political Writings, Cambridge University Press, 1988.) reconocieron la potencial necesidad de esto, basando su análisis en la figura de la “dictadura” desarrollada en la República romana. En ese entonces la palabra tenía una connotación muy diferente a la actual en la que se le asigna a quienes usurpan el poder. En ese caso, el poder extraordinario les era concedido para hacer frente a una emergencia bélica, pero por un tiempo limitado y bajo el control de los otros órganos de poder y no se extendía a áreas que no estuvieran directamente relacionadas con el suceso que la generara. Terminado el lapso se volvía rápidamente a la normalidad e incluso, en el caso de Inglaterra, el gobernante y todos los funcionarios que hayan actuado haciendo uso de esos poderes quedaban sujetos a demandas judiciales por quienes se hubieran visto afectados por sus medidas (A.V. Dicey: Introduction to the Study of the Law of the Constitution, Liberty Fund, Inc., 1982). 

No obstante, otra visión prevalece o influencia a los ámbitos del poder, una que no centra todo el uso de ese poder extraordinario en la protección de los derechos individuales de las personas, sino en la protección y supervivencia del Estado, lo que se encontraría por encima de aquellos (Carl Schmitt: Political Theology: Four chapters on the concept of Sovereignty, The University of Chicago Press,1985, 2005.) Esto termina justificando todo tipo de concentración del poder y su continuidad en el tiempo, más allá de la peligrosidad de la pandemia.  

Por cierto, contener y limitar al poder es la esencia de lo que llamamos “instituciones”: la división de poderes, la independencia de la justicia, la libertad de prensa, la independencia de otras agencias del Estado como los estados subnacionales, los bancos centrales o los sistemas de pensiones configuran un reparto del poder que busca evitar su concentración y potencial abuso. Por supuesto que esto no es nada fácil y mucho menos en situaciones de emergencia cuando es la misma gente, aquella cuyos derechos pueden terminar siendo violados, la que demanda acciones rápidas y está dispuesta a entregar ese poder, aunque luego se arrepienta o sufra las consecuencias, o decida desobedecerlo. Los poderes extraordinarios tienen que estar siempre restringidos por el “imperio de la ley” (rule of law) y tener fundamento constitucional. Cualquier medida restrictiva que no incluya una fecha de finalización o que pueda ser extendida en forma continua sin aprobación parlamentaria contradice ese propósito. Esto ha de incluir decretos de “necesidad y urgencia” que se dictan para obtener luego una sanción parlamentaria sin debate ni consideración y tiempo después de haber sido dictados.  

¿Qué política económica recomendaría Hayek?

¿Cuál sería la política económica que recomendaría Hayek? Para alguien que ha enfatizado más la importancia de la evolución de las reglas de juego en una sociedad, no parece haberse centrado en recomendaciones específicas para cierto tiempo o lugar, aunque esto no quiere decir que no haya opinado sobre eso. Pero sus recomendaciones siempre pusieron énfasis en remover las barreras que bloquean la evolución institucional y la competencia.

En un paper reciente los autores discuten este tema: Feld, Lars P.; Nientiedt, Daniel (2022) : Hayekian economic policy, Freiburger Diskussionspapiere zur Ordnungsökonomik, No. 22/01, Albert-Ludwigs-Universität Freiburg, Institut für Allgemeine Wirtschaftsforschung, Abteilung für Wirtschaftspolitik und Ordnungsökonomik, Freiburg i. Br. This Version is available at: http://hdl.handle.net/10419/250381

AL comienzo del artículo los autores señalan que Hayek ofrece tres relatos sobre el ámbito específico de la política económica, pero que sólo uno de ellos sería de “laissez-faire”. No obstante, no parecen contradictorias…..

“¿Cuál es el papel apropiado del Estado en la formulación de políticas económicas? Este artículo muestra que Friedrich Hayek, quien a menudo es considerado un defensor del liberalismo del laissez-faire, ofrece tres respuestas diferentes a este problema. En primer lugar, Hayek argumenta que el Estado debería proporcionar un marco legal para los mercados competitivos. En segundo lugar, propone emplear los criterios del estado de derecho (generalidad, igualdad y certeza) para distinguir las intervenciones estatales permisibles de las no permisibles. En tercer lugar, rechaza la legislación deliberada y se acerca a la idea miseana de un Estado mínimo. El artículo considera estas respuestas a la luz del análisis de Hayek del problema del conocimiento. Sugerimos que un enfoque hayekiano para la formulación de políticas económicas debería centrarse en mejorar el marco de reglas generales que guían el comportamiento individual, permitiendo así procesos de ordenación espontáneos y reduciendo la carga epistemológica que recae sobre los responsables de la formulación de políticas.”

La planificación económica en el socialismo: Lenin y Mises y el problema del cálculo económico

Con los alumnos de la UBA Económicas, Historia del Pensamiento Económico I, vemos a Lenin sobre la planificación económica en el socialismo en un artículo de 1919 titulado “La política y la economía en la dictadura del proletariado”, y luego un artículo de Mises de un año después sobre la planificación y el cálculo económico en el socialismo.

Dice Lenin:
El trabajo está mancomunado en Rusia a la manera comunista por cuanto, primero, está abolida la propiedad privada sobre los medios de producción y, segundo, porque el Poder proletario del Estado organiza en escala nacional la gran producción en las tierras y empresas estatales, distribuye la mano de obra entre las diferentes ramas de la economía y entre las empresas, distribuye entre los trabajadores inmensas cantidades de artículos de consumo pertenecientes al Estado.

Dice Mises:

Las tentativas de los bolcheviques rusos de hacer del Socialismo algo de la vida real y no un simple programa de partido, no se han enfrentado con el problema del cálculo económico bajo el Socialismo porque las Repúblicas Soviéticas existen en un mundo que crea precios en dinero para todos los medios de producción. Los gobernantes de las Repúblicas Soviéticas basan en esos precios los cálculos de acuerdo a los cuales toman sus decisiones. Si no fuera por esos precios, sus acciones carecerían de objetivos y de planificación. Sólo pueden calcular, llevar libros de contaduría y hacer planes si tienen como referencia ese sistema de precios. Su posición es la misma que la del estado y de las municipalidades socialistas de otros países: no ha surgido aún para ellos el problema del cálculo económico socialista.

Las empresas estatales y municipales calculan en base a los precios de los medios de producción y de bienes de consumo que crea el mercado. Pero sería precipitado deducir que porque existen empresas estatales y municipales, es posible el cálculo económico socialista.

Sabemos que las empresas socialistas de un solo rubro deproducción resultan únicamente porque reciben ayuda de su entorno no socialista. El estado y las municipalidades pueden mantener sus empresas propias porque los impuestos pagados por las empresas capitalistas cubren sus pérdidas. En la misma forma, Rusia ya se habría derrumbado si no hubiera sido apoyada financieramente por los países capitalistas. Pero mucho más importante que esta ayuda material prestada por la economía capitalista a las empresas socialistas es la asistencia mental. Sin las bases para el cálculo que el Capitalismo pone a disposición del Socialismo bajo la forma de precios de mercado, las empresas socialistas no podrían mantenerse, ni siquiera en rubros únicos de producción o en países individuales.

Los escritores socialistas podrán seguir publicando libros acerca de la decadencia del Capitalismo y el advenimiento del milenio socialista; podrán describir los males del Capitalismo en tonos dramáticos y compararlos con tentadores informes de las bendiciones de una sociedad socialista. Sus escritos podrán  seguir impresionando a los insensatos, pero todo eso no cambiará el destino de la idea socialista. El intento de reformar al mundo en tal sentido podría destruir la civilización, pero nunca lograría establecer una comunidad socialista que resultara exitosa.

¿Puede haber tal cosa como mercados «nocivos»? El comercio internacional de armas

¿Puede haber tal cosa como mercados “nocivos”? En este trabajo “NOXIOUS GOVERNMENT MARKETS: EVIDENCE FROM THE INTERNATIONAL ARMS TRADE”,  YAHYA ALSHAMY, CHRISTOPHER  J. COYNE de George Mason University y ATHAN  GOODMAN de New York University lo tratan, analizando el comercio internacional de armas. Department of Economics Working Paper No. 22 08 Electronic copy available at: https://ssrn.com/abstract=3988444

Comentan:

“Cuando los economistas analizan los mercados, por lo general se refieren a los intercambios entre particulares y empresas. Sin embargo, los funcionarios del gobierno también participan en el intercambio de mercado. Para llevar a cabo sus negocios, por ejemplo, operaciones mundanas, provisión de bienes públicos, aplicación de leyes, guerras, etc., los funcionarios gubernamentales necesitan recursos. Mientras que algunos de estos recursos serán producidos internamente por el gobierno o requisados ​​por la fuerza, otros se compran en mercados donde el gobierno asume el papel de comprador del lado de la demanda. Por ejemplo, los gobiernos tienden a ser los únicos compradores de artículos militares específicos. Por el contrario, los funcionarios gubernamentales también suelen actuar del lado de la oferta de un mercado. Si bien muchos servicios gubernamentales se brindan sin cargo en el punto de servicio, los funcionarios gubernamentales venden una variedad de bienes, servicios y recursos. Los ejemplos incluyen subastas de derechos mineros en tierras federales, subastas de propiedad incautada a través del decomiso de activos civiles y la venta de derechos del espectro electromagnético por parte de la FCC. En algunos mercados gubernamentales, los funcionarios gubernamentales actúan como compradores y vendedores; el comercio internacional de armas es un ejemplo. Los mercados gubernamentales difieren de los mercados del sector privado porque los funcionarios gubernamentales operan bajo diferentes instituciones y enfrentan diferentes restricciones que las partes privadas (Buchanan 1954; Wagner y Yazigi 2014; Wagner 2016). A diferencia de los particulares típicos, los funcionarios del gobierno están legalmente facultados para coaccionar a terceros. Los funcionarios del gobierno no suelen ser demandantes residuales del gobierno que representan o los resultados de las políticas que votan y aplican. En el caso de los gobiernos democráticos, se supone que los funcionarios representan a un electorado disperso, y se supone que se retroalimenta a través de elecciones periódicas. Las características institucionales de la acción gubernamental tienen implicaciones para los mercados gubernamentales, incluidos sus aspectos morales.”

Los inmigrantes que llegan desde Venezuela, ¿quitan puestos de trabajo a los locales?

Lamentablemente, muchos venezolanos han tenido que emigrar como resultado de las consecuencias del “socialismo del siglo XXI”. Los encontramos en todos los países de América Latina y los vemos trabajando con responsabilidad y dedicación. Pero, ¿su llegada quita trabajo a los locales? En un Working Paper de la Lima School of Economics, Celia P. Vera de la Universidad de Piura Bruno Jiménez de la Universidad Nacional de La Plata, analizan el tema en relación a Perú, bajo el título “Do immigrants take or create natives’ jobs? Evidence of Venezuelan immigration in Peru”:

 

“Perú es la segunda nación receptora de migrantes venezolanos. Este documento combina datos recientemente disponibles sobre los venezolanos que residen en Perú y la Encuesta de Hogares Peruanos para evaluar el impacto de la migración en los resultados del mercado laboral de los nativos. Primero nos basamos en grupos de educación y experiencia para definir los mercados laborales y encontrar que la inmigración no afecta los salarios de los trabajadores nativos que compiten. Luego dividimos el mercado laboral en ocupaciones con base en la observación de que en Perú, es probable que los inmigrantes y los nativos con educación y experiencia similares trabajen en diferentes ocupaciones. Nuestras estimaciones de variables instrumentales confirman el efecto nulo sobre los salarios. Finalmente examinamos si los nativos responden con cambios en el empleo y encontramos que 10 trabajadores venezolanos crean empleo informal para 38 peruanos y desplazan a 13 peruanos de trabajos formales, lo que sugiere un cambio en la composición del empleo peruano hacia la informalidad.”

La marcha de la bronca: Daniel Sznycer y una contribución más: ¿Cómo funciona la ira?

No es un tema del que pueda decir algo, pero quiero destacar el trabajo de un amigo, Daniel Sznycer, investigador en temas de psicología evolutiva y profesor en el Oklahoma Center for Evolutionary Analysis, Department of Psychology, Oklahoma State University, Stillwater, OK, USA. Publica un artículo en la revista Evolution and Human Behavior, Volume 43, Issue 2, March 2022, Pages 122-132, que podríamos titular “¿Cómo funciona la ira?”, How anger works o la bronca tal vez diríamos.

Es en coautoría con Aaron Sellb,  Department of Psychology, Heidelberg University, Tiffin, OH, USA y Department of Criminology, en la misma universidad y Alexandre Dumont, Department of Psychology, University of Montreal, Montreal, QC, Canada

https://doi.org/10.1016/j.evolhumbehav.2021.11.007

“La ira parece ser una adaptación neurocognitiva diseñada para negociar un mejor tratamiento y se desencadena principalmente por indicaciones de que otro individuo valora insuficientemente al individuo focal. Una vez activada, la ira organiza respuestas cognitivas, fisiológicas y conductuales orientadas a incentivar al individuo objetivo para que le dé más peso al bienestar del individuo focal. Aquí, evaluamos la hipótesis de que la ira funciona haciendo coincidir la intensidad de las diversas salidas que controla con la magnitud de la entrada actual: el grado preciso en que el objetivo parece subestimar al individuo focal. Al hacer coincidir la magnitud de los productos con los insumos, el sistema de la ira equilibra las demandas contrapuestas de eficacia y economía y evita los errores duales de excesiva desconfianza y excesiva beligerancia en la negociación. Para probar esta hipótesis, medimos el grado en que las audiencias devalúan cada uno de los 39 rasgos negativos en los demás, y cómo reaccionarían los individuos, para cada uno de esos 39 rasgos, si alguien los calumniara por poseer esos rasgos. Observamos las correspondencias de magnitud hipotéticas. Las intensidades del sentimiento de ira y de las diversas motivaciones de la ira (decirle al agresor que se detenga, insultar al agresor, atacar físicamente al agresor, dejar de hablar con el agresor y negarle ayuda al agresor) varían en proporción a: (i) uno otro, y (ii) el costo reputacional que impone el calumniador al calumniado (representado por la devaluación de la audiencia). Estos patrones de coincidencia de magnitud se observaron tanto dentro como entre los Estados Unidos y la India. Estos hallazgos cuantitativos se hacen eco de la comprensión popular de la ira de los legos y sugieren que existen regularidades transculturales en la lógica funcional y el contenido de la ira.”

¿La gente es mayormente inteligente, o tonta? Parece que depende si toma decisiones sola o en multitud

Muy buena revisión y comentario del último libro de Daniel Kahneman junto con Olivier Sibony y Cass Sunstein, por Rob Henderson, en Quillette: Noise: A Flaw in Human Judgment—A Review: https://quillette.com/2022/04/05/noise-a-flaw-in-human-judgment-a-review/

No he leído el libro, pero ya lo tengo y lo voy a leer. Mientras tanto, éste es un buen adelanto, que comienza así:

¿Las multitudes son inteligentes o tontas? Es posible que haya escuchado los términos «sabiduría de las multitudes» y «locura de las multitudes». La primera idea es que la opinión colectiva de un grupo de personas suele ser más precisa que la de cualquier persona individual, y que la recopilación de información de muchas personas promedia los errores de cada persona y produce una respuesta más precisa. Por el contrario, la “locura de las multitudes” capta la idea de que, en relación con un solo individuo, es más probable que un gran número de personas se deleite con sus pasiones y se deje llevar por comportamientos impulsivos o destructivos. Entonces, ¿qué concepto refleja con mayor precisión la realidad?

 

Ruido: un defecto en la naturaleza humana de Daniel Kahneman, Olivier Sibony y Cass R. Sunstein proporciona la respuesta. Los autores comparten investigaciones que indican que “la independencia es un requisito previo para la sabiduría de las multitudes”. Es decir, si desea utilizar el crowdsourcing para producir información precisa, debe asegurarse de que las personas emitan sus juicios en privado. Si las personas brindan sus respuestas en un lugar público donde pueden ver las respuestas de todos los demás, entonces la multitud puede transformar la sabiduría en locura.

Ludwig von Mises en Buenos Aires: seis lecciones que serían las mismas que debería darnos hoy

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos con los alumnos de UCEMA, Escuela Austriaca. Su tercera conferencia se tituló “Intervencionismo” y trata ahora sobre ese supuesto “tercer camino”. Mises comenta:

Mises3

“La idea que existe un tercer sistema – entre el socialismo y el capitalismo – como sus sostenedores dicen, un sistema tan alejado del socialismo como lo está del capitalismo pero que retiene las ventajas y evita las desventajas de cada uno, es puro disparate. La gente que cree en tan mítico sistema puede convertirse en realmente poética cuando  elogian la gloria del intervencionismo. Se puede decir, solamente, que están equivocados.

La interferencia del gobierno, que ellos elogian, provoca condiciones que a ellos mismos les disgustan. Uno de los problemas que trataré más adelante es el proteccionismo. El gobierno trata de aislar el mercado doméstico respecto al mercado mundial. Impone tarifas que elevan el precio doméstico de un producto por sobre el precio en el mercado mundial, haciendo posible a los productores domésticos formar cárteles. Los cárteles entonces son atacados por el gobierno declarando: ‘Bajo estas condiciones, es necesaria una legislación anti – cártel’

Esta es precisamente la situación con la mayoría de los gobiernos europeos. En los EEUU, hay además otras razones para la legislación anti – trust y la campaña del gobierno contra el fantasma del monopolio Es absurdo ver al gobierno – que crea por su propia intervención las condiciones que hacen posible la emergencia de cárteles domésticos – señalar con el dedo a las empresas, diciendo: ‘Hay cárteles, por lo tanto la interferencia del gobierno en los negocios es necesaria’. Sería mucho más simple evitar los cárteles terminando la interferencia del gobierno en el mercado – una interferencia que hace posibles estos cárteles.

La idea de la interferencia del gobierno como una ‘solución’ a los problemas económicos lleva, en cada país, a condiciones que, por lo menos, son bastante insatisfactorias y, a menudo, caóticas. Si el gobierno no se detiene a tiempo, fomentará el socialismo. Sin embargo, la interferencia del gobierno en los negocios es todavía muy popular. Tan pronto como a alguien no le gusta algo que sucede en el mundo, dice: ‘El gobierno debería hacer algo al respecto. ¿Para qué tenemos un gobierno? El gobierno debería hacerlo.’ Y este es un resabio de pensamiento característico de épocas pasadas, de épocas que precedían a la libertad moderna, al moderno gobierno constitucional, antes del gobierno representativo o del republicanismo moderno.

Por siglos existió la doctrina – sostenida y aceptada por todos – que un rey, un rey ungido – era el mensajero de Dios; tenía más sabiduría que sus súbditos; y tenía poderes sobrenaturales. Tan recientemente como a principios del Siglo XIX, la gente que sufría de ciertas enfermedades esperaba ser curada por el toque real, por la mano del rey. Los doctores eran generalmente mejores; sin embargo, hacían que sus pacientes se trataran con el rey.

Esta doctrina de la superioridad del gobierno paternal, de los poderes sobrenaturales y sobrehumanos de los reyes hereditarios, ha desaparecido gradualmente – o por lo menos eso creíamos. Pero apareció nuevamente. Hubo un profesor alemán llamado Werner Sombart (lo conocí muy bien), que era conocido en todo el mundo; era doctor honorario de muchas universidades y miembro honorario de la American Economic Association. Ese profesor escribió un libro que se encuentra disponible en una traducción al inglés, publicada por la Princeton University Press; también existe una traducción al francés, y probablemente exista una versión en español. Y espero que exista porque deseo que verifiquen lo que estoy diciendo. En este libro – publicado en nuestro siglo y no en la Edad Media – Werner Sombart, profesor de Economía, simplemente dice: ‘El Führer, nuestro Führer,’ – desde ya se refiere a Hitler – ‘recibe sus órdenes directamente de Dios, el Führer del Universo’

Antes ya mencioné esta jerarquía de Führers, y en esta jerarquía mencioné a Hitler como el ‘Supremo Führer’… Pero existe, de acuerdo con Werner Sombart, un más alto Führer: Dios, el Führer del Universo. Y Dios, escribió, le da Sus órdenes directamente a Hitler. Desde ya, el Profesor Sombart dijo, bastante modestamente; ‘No sabemos cómo Dios se comunica con el Führer. Pero el hecho no puede negarse’

Ahora, si oyen que dicho libro puede ser publicado en idioma alemán, el idioma de una nación que una vez fue aclamada como ‘la nación de los filósofos y de los poetas’, y ven que puede ser traducido al inglés y al francés, no podrán asombrarse del hecho que un pequeño burócrata se considere a sí mismo mejor y más inteligente que los ciudadanos y desee interferir en todo, aunque sea solamente un pobre minúsculo burócrata, y no el famoso Profesor Werner Sombart, miembro honorario de lo que sea.

¿Existe un remedio contra estas cosas? Yo diría que sí, que hay un remedio. Y este remedio es el poder los ciudadanos; tienen que impedir que se establezca un régimen tan autocrático que se arroga una mayor sabiduría que la del ciudadano común. Esta es la diferencia fundamental entre la libertad y la servidumbre. Las naciones socialistas han usurpado para sí mismas el término democracia. Los rusos llaman a su sistema Democracia Popular, probablemente sostienen que la gente está representada en la persona del dictador.”

Ronald Coase y la solución al problema de las externalidades: la definición del derecho de propiedad

Con los alumnos de ESEADE vemos uno de los artículos más citados aunque no podamos decir que forma parte del «mainstream» de la economía, ya que pocos economistas toman nota o hacen caso de sus conclusiones: «El Problema del Costo Social», de Ronald Coase.

Coase fue Premio Nobel de Economía 1991. Comenzó su carrera académica como Profesor en la London School of Economics en Gran Bretaña y en las Universidades de Buffalo y Virginia en Estados Unidos. Desde 1964 se desempeñó en la Universidad de Chicago, específicamente en la Escuela de Derecho, de la cual fue Profesor Emérito en la cátedra Clifton R. Musser.

1. El problema a examinar

Este trabajo se refiere a las actividades de una empresa que tienen efectos perjudiciales en otras. El ejemplo más común es el del humo de una fábrica que provoca efectos nocivos en los que ocupan las propiedades vecinas. El análisis económico de tal situación se ha realizado usualmente en términos de una divergencia entre el producto privado y social de la fábrica, siguiendo el tratamiento de Pigou en The Economics of Welfare. La conclusión a la que parece haber conducido este tipo de análisis a la mayoría de los economistas es que sería deseable responsabilizar al dueño de la fábrica por el daño causado a los afectados por el humo, o, alternativamente, fijar un impuesto variable al propietario de la fábrica según la cantidad de humo producido, equivalente en términos monetarios al daño que causa, o, finalmente, excluir a las fábricas de los distritos residenciales (y presumiblemente de otras zonas en las que el humo tendría efectos perjudiciales).

Mi opinión es que los cursos de acción sugeridos son inadecuados porque llevan a resultados que no son necesariamente deseables.”

Y Concluye:

Si los factores productivos son considerados como derechos, se hace más fácil comprender que el derecho a hacer algo que tenga un efecto dañino (tal como la creación de humo, ruido, olor, etc.) es también un factor de producción. Así como podemos usar un pedazo de tierra de forma tal que evite que alguien cruce por ella, o estacione su auto, o construya su casa, también podemos usarla de forma tal que le neguemos a ese alguien un panorama, o la quietud, o el aire puro. El costo de ejercitar un derecho (de usar un factor de producción) es siempre la pérdida que sufre la otra parte como consecuencia del ejercicio de ese derecho: la incapacidad para cruzar la tierra, estacionar el auto, construir una casa, disfrutar de un paisaje, tener paz y quietud, o respirar aire puro.

Sería deseable que las únicas acciones desarrolladas fueran aquellas en que lo que se ganase tuviere un mayor valor que lo que se perdiese. Pero al elegir entre ordenamientos sociales, en el contexto en el que las decisiones individuales son tomadas, debemos tener en mente que un cambio del sistema existente que conduzca a un mejoramiento en algunas decisiones puede muy bien conducir a un empeoramiento de otras. Además, debemos considerar los costos involucrados en operar los distintos ordenamientos sociales (ya sea el funcionamiento de un mercado o de un departamento de Gobierno), como también los costos que demandará la adopción de un nuevo sistema. Al diseñar y elegir entre ordenamientos sociales debemos considerar el efecto total. Este es el cambio de enfoque que estoy proponiendo.