El populismo, tal vez un lamentable invento latinoamericano, ahora preocupa en todo el mundo

El Instituto Juan de Mariana saca a la luz un necesario informe, englobado en su colección de Mitos y realidades, en el que se aborda el confuso fenómeno del populismo: Mitos y realidades de los movimientos populistas: ¿Una expresión social de descontento o una estrategia para concentrar poder político?

Son varias las dimensiones que este término adquiere en el debate público y académico, lo que explica que las interpretaciones de este proceso político sean heterogéneas y, en ocasiones, hasta contradictorias. Así pues, el populismo se ha convertido en un cajón de sastre empleado por un gran número de profesionales de la comunicación, la disciplina politológica o la economía.

Ha ido ganando un espacio potencialmente peligroso al servir sencillamente como arma arrojadiza para clasificar aquello que no nos gusta o a nuestros adversarios políticos. La otra cara de esta moneda es el efecto dilución o desgaste del término populismo: la sociedad perderá de vista las amenazas reales de un sistema de estas características cuando se despliega en su forma más liberticida y cruenta.

En aras de aportar la mayor claridad a su estudio, cabe entrar a analizar cuáles son estas dimensiones analíticas:

  • Estrategia retórica populista frente a régimen populista
  • Populismo de extrema izquierda o extrema derecha: elementos comunes y diferencias

Estrategia retórica frente a régimen populista

El repaso bibliográfico, en el que se ha hecho especial hincapié en la obra del experto en la materia Ernesto Laclau, nos ha facilitado el camino para llegar a dos conclusiones.

La primera, que al hablar de populismo se habla de una lógica inherente al propio sistema liberal-democrático. Este sistema se fundamenta en la combinación de la alternancia de los gobernantes en el poder a través del sistema electoral con la protección de los derechos y libertades por medio del Estado de derecho, lo que incluye la limitación al poder político y la separación de poderes, todo ello recogido normalmente en una constitución.

El propio sistema lleva el germen (véanse, por ejemplo, los esfuerzos de la Escuela de la elección pública por entender y atajar el problema) que lo debilita o, en casos más extremos, certifica su defunción. Esto es así cuando los derechos, libertades y contrapoderes son erosionados y eliminados gradualmente por los populistas al amparo de las urnas.

La segunda conclusión es que esa lógica se puede desglosar, dividir en dos procesos. Uno, el primero, es común a todos aquellos que participan en política partidista; el segundo proceso representa un verdadero peligro para la estructura de derechos y libertades.

La estrategia retórica populista es un recurso al que se suma hoy casi todo partido político, cualquiera que sea el espectro en el que se mueva. Todo populista -en este sentido retórico- quiere convencer y obtener votos. Por ello, practica habitualmente la demagogia.

Lo que puede devenir en tragedia para la sociedad es cuando el populista demagogo edifica -si el movimiento populista tiene éxito- un régimen populista propiamente dicho. En estos casos, se logra erigir un sistema híbrido, a medio camino entre una democracia y un sistema político autoritario, que sin duda limitará las libertades individuales y colectivas. De esta manera, en un régimen de estas características, la retórica populista es una condición necesaria, pero no suficiente por sí sola.

¿Cómo se desarrolla entonces un régimen populista? Las lecturas y la bibliografía especializada encuentran dos cuestiones ambientales y una serie de requisitos que producirán, combinados diestramente, un régimen populista.

En lo que respecta al ambiente, dos palabras son clave: democracia y descontento. Los movimientos populistas son virus ab initio de los sistemas democráticos. Es importante distinguir, pues, que las formas políticas que son resultado de un golpe de Estado, esto es, las dictaduras autoritarias y totalitarias, no son regímenes populistas. El populismo nace de la democracia, se desarrolla en la democracia y, al igual que cualquier virus, necesita de unas particulares condiciones ambientales para que se cultive y desarrolle.

Por lo tanto, cuando coexistan un sistema democrático y amplio descontento en la sociedad, el peligro está servido. La probabilidad de que surja un candidato populista se multiplicará inevitablemente. Algo curioso, y que han indicado algunos politólogos como Axel Kaiser o Gloria Álvarez, es que el descontento puede fabricarse a través de la propaganda, aunque los datos macroeconómicos, de desarrollo, migratorios, etc. sean favorables para la sociedad. ¿Qué quiere decir esto? Que se puede manufacturar el populismo a través de un discurso atractivo, modificando con ello la comprensión que la ciudadanía tiene sobre la realidad en la que le toca vivir. La clave es que exista descontento, real o ficticio, y capitalizarlo políticamente. Así, aunque la agenda política del aspirante a gobernante sea liberticida, la democracia es una herramienta muy valiosa para él, primero, para alcanzar el poder en una época de descontento generalizado, y, segundo, porque le permite desarrollar su programa autoritario a tumba abierta porque la oposición queda desarmada moral y argumentativamente por la legitimidad que adquieren sus políticas por los votos de las urnas.

Pero, además de estas condiciones ambientales, se necesitan otros elementos para que la mera estrategia retórica populista –típica de todos los partidos- desemboque en un régimen populista. Hay unos ingredientes sine qua non:

  1. Liderazgo carismático.
  2. Discurso que fusiona la figura de ese líder con el pueblo al que dice representar.
  3. Ventana de oportunidad política que promueva la erosión del sistema político de turno generando una concentración y centralización del poder en manos de ese líder.

Sin los tres elementos, es poco probable que triunfe un movimiento populista y logre destruir el sistema de libertades tal y como lo conocemos.

La lógica populista pretende construir un movimiento político hegemónico capaz de copar el poder, concentrar el mismo y sobrevivir a lo largo del tiempo, respondiendo a los intereses de una minoría política bien organizada. Ciertamente, el descontento sirve de mecha populista, pero se necesita un líder carismático que compacte el discurso y el conjunto de demandas insatisfechas existentes entre determinados grupos de la población. El régimen populista concentra el poder, muchas veces, mediante nuevas organizaciones políticas con líderes carismáticos megalómanos que conectan con el abstracto pueblo al que dicen representar y defender. Las estructuras resultantes son a menudo jerarquizadas, muy verticales, con nula democracia interna, en las que el líder y su equipo más cercano controlan férreamente el aparato del partido.

Es importante entender cómo se combinan todos estos elementos. La ventana de oportunidad se cimienta en el descontento derivado de una crisis (real o disfrazada). Es en este contexto cuando una figura pública carismática emerge con la promesa de revertir la situación de crisis e injusticias de la etapa previa mientras apela a un discurso pretendidamente aglutinador, pero que va cargado de sed de conflicto. Esta representatividad del cuerpo social la persigue de dos formas: por un lado, se erige como salvador de la ciudadanía, a la que da una unidad de destino como pueblo, gente (Podemos en España), nación, etc.; por otro, concentra en su discurso unificador una variada gama de demandas insatisfechas de la población, muchas veces con poca relación entre sí, hasta alcanzar una unidad de discurso. Se convierte ese movimiento en una cruzada, un sentimiento de aspiración colectiva, al tiempo que consigue congregar a colectivos con diversos intereses en torno a ese mismo propósito común.

Al final del proceso: “todos (los elegidos) son uno” y las demandas políticas pueden reducirse a unos pocos “eslóganes”.

Simultáneamente, y de forma inevitable en el proceso, el líder dirigirá el descontento a un enemigo muy claramente identificado. Con diagnósticos y recetas muy simplistas, azuzará a sus seguidores para enfrentarse abiertamente a uno o varios grupos sociales, convertidos en chivos expiatorios: oligarcas, inmigrantes, judíos, comerciantes, bancos, naciones extranjeras, etc. Se polarizará la sociedad y aparecerán víctimas y culpables. La convivencia se hace imposible y se instala la crispación mientras la masa es movilizada con apelaciones a los peores instintos: resentimiento, soberbia, miedo, codicia, etc.

Los resortes del poder político, legislativo, judicial, mediático, empresarial y económico quedarán al servicio del programa populista y bajo el dominio del partido. Los contrapoderes institucionales que ponen coto al poder hegemónico irán desvaneciéndose al ritmo en que lo hacen los derechos y libertades de los ciudadanos. Dará comienzo una nueva era de concentración y centralización de poder, nada halagüeña para las libertades.

No es de extrañar que los discursos populistas, cuyo componente mesiánico es innegable, estén teñidos de ilusión y esperanza para la clase elegida, y de exclusión y odio para los repudiados. El conflicto está en la esencia de cualquier régimen populista.

Populismo de izquierdas o de derechas

Una confusión muy frecuente en el debate que se cierne en torno al populismo se origina en la dificultad de encasillar este fenómeno en las categorías políticas que los agentes sociales manejan con regularidad: izquierda o derecha. El populismo no conoce limitaciones ideológicas. Puede ser empleado como herramienta para tomar y concentrar el poder por unos y por otros a través del proceso democrático.

Aunque cada agenda política y social diverja por cuestiones puramente ideológicas, los regímenes populistas (o los movimientos que aspiran a serlo) emplean muy parecidas técnicas con el objetivo de transformar la democracia liberal e instaurar un régimen autoritario.

La segunda parte de este informe, de carácter más empírico, se centra en analizar las características de los movimientos populistas de izquierda y de derecha existentes en Latinoamérica y en Europa.

Empecemos con la izquierda. El populismo socialista de la tercera ola latinoamericano (Argentina, Venezuela, Bolivia, Ecuador) guarda similitudes con la nueva extrema izquierda que ha surgido en Europa desde el estallido de la crisis en el año 2008. Ambos, a un lado y otro del Atlántico, han sido capaces de edificar un movimiento con:

  • Líderes carismáticos y megalómanos.
  • Plantear una demanda propia aglutinando descontentos.
  • Construir un discurso polarizante que presenta a los amigos (el concepto gente) y a los enemigos (oligarcas, capitalistas, etc.).
  • Proponer un dramático incremento del gasto por parte del Estado ocultando que el mismo se financiaría seguramente con enormes confiscaciones o impresión masiva de moneda (véanse los casos de Venezuela, Argentina, etc.). Un ejercicio de clara irresponsabilidad económica.
  • Manejar una política de comunicación soberanista y nacionalista haciendo hincapié en la independencia y no en la xenofobia.
  • Proponer reformas constitucionales que ayuden a un progresivo fortalecimiento del poder ejecutivo.

El espacio final de este recorrido geográfico y temporal del populismo de izquierdas se ha dedicado a Podemos por su analogía con la tercera ola latinoamericana.

En cuanto a los movimientos populistas de la derecha nacionalista, el análisis anterior nos sirve casi por completo. Lo que les distingue, en lo fundamental, no es sino el foco de sus iras, es decir, cómo orientan la relación de víctima-culpable. Estos son sus elementos diferenciales:

  • Superan discursivamente la frontera de lo políticamente correcto.
  • Por ello, suelen utilizar un discurso xenófobo, antiinmigración y tremendamente nacionalista.
  • Suelen añadir nuevos temas a la agenda política tradicional y, de esa forma, canalizan el descontento existente en las capas sociales que les apoyan electoralmente.

Amanecer Dorado en Grecia (abiertamente filonazi), el Frente Nacional en Francia (fundado por Jean Marie Le Pen), el partido Jobbik húngaro o la Rusia Unida de Putin tienen programas marcadamente liberticidas. Partidos como el Bündnis Zukunft Österrich (Alianza para el futuro de Austria), los gobiernos regionales de Lombardía y Véneto en Italia (Liga Norte) y, en cierto grado, Donald Trump y el UKIP de Farage comparten algunos de estos elementos populistas en su discurso, pero resulta incierto el efecto institucional que podrían llegar a tener.

Es crítico que el concepto de populismo, y todas las caras con las que este se manifiesta, se clarifique para que todos aquellos comprometidos con los análisis rigurosos y la libertad comprendan las características que poseen las organizaciones de extrema izquierda y extrema derecha en los regímenes democráticos.

Es tarea ciudadana evaluar en cada caso si la amenaza es suficiente para hacer peligrar la estructura de derechos y libertades tan costosa de ganar y proteger. Esperamos que la guía cumpla con su objetivo y oriente a los individuos en tan importante labor fiscalizadora.

Etermax: desde Villa Urquiza consiguió 150 millones de downloads para Preguntados, y ahora China

Con los alumnos de UCEMA analizamos casos exitosos de empresarios argentinos que desarrollan negocios Internacionales. En este caso, Francisco Benini analiza a Etermax. Aquí algunos párrafos de su trabajo:

“Etermax es la compañía líder en desarrollo de juegos sociales de Latinoamérica. Con sede en Buenos Aires, Argentina, se ha erigido como empresa modelo en el desarrollo de juegos multiplataforma en la región. Cuenta con líderes jóvenes y emprendedores, que trabajan duro para delinear el futuro de los videojuegos, todos los días.

Etermax, la compañía que Máximo Cavazzani (de 30 años) fundó a sus 23 años, funciona en el primer piso de la empresa textil de su padre, ubicada en Villa Urquiza.

La empresa cuenta actualmente con más de 200 millones de instalaciones totales, más de 20 millones de usuarios activos diarios, 60 millones de usuarios por mes, 500 millones de impresiones diarias, 3000 millones de partidas jugadas el año pasado, y un promedio de 85 minutos por usuario.”

“Sin duda alguna, Apalabrados (2011) fue un éxito en el mundo, pero no fue hasta el 2014, cuando es lanzado Preguntados que la empresa logra consagrarse en la cima del éxito en este mercado.

Por su parte Preguntados, lanzada al mercado a finales del 2013 ha sido descargada más de 150 millones de veces alrededor de todo el mundo, con esta aplicación fue que Etermax logra consagrarse en la cima del éxito en estos mercados, fue elegido mejor juego de la semana en las tiendas de AppStore y Play Store, permaneció por 66 días consecutivos en este lugar.”

“Preguntados se lanzó en América Latina inicialmente, pero Máximo quería “conquistar” el mundo, esto traía una enorme complicación, para esto debía inventar millones de preguntas y respuestas en idiomas extranjeros y países de los cuales no conocía su historia, su cultura, etc. Para una empresa que para entonces solo tenía un puñado de empleados, la tarea era imposible. Por ejemplo, para poder ofrecer preguntas interesantes y relevantes en Alemania, a Etermax no le quedaba más remedio que contratar a muchos investigadores de dicha nacionalidad, y lo mismo para cualquier otro país en el que quisieran entrar.

«Nos dimos cuenta de que los juegos de preguntas y respuestas funcionaban en todo el mundo, pero había el problema del contenido»

La solución fue muy simple, invitar a los usuarios a enviar ellos mismos sus propias preguntas, algo que siguen realizando hoy en día, a un ritmo de 1 millón por día. Y en lugar de tener que contratar a miles de personas para comprobar las preguntas, estas son autoevaluadas por los usuarios, quienes además de comunicar que las respuestas o preguntas no son válidas o son incorrectas, pueden calificar las preguntas de acuerdo a si las encontraron “divertidas” o “aburridas”, de este modo se van eligiendo las preguntas que son realizadas en cada zona. Luego el software monitorea y actualiza el sistema. Máximo se refirió al sistema como una “fábrica de preguntas”.

«Con la colaboración de los jugadores, podemos mejorar el contenido de todo el mundo»

Enrique Carrier, analista argentino de nuevos medios y juegos, dice que el éxito de Preguntados se debe a las preguntas generadas por los usuarios.

«Fue una gran decisión permitir a los jugadores que envíen sus preguntas, porque así el contenido se hace cada vez más local»

«Cavazzani consiguió mantener el equilibro: ascender a un nivel internacional con un juego bien hecho sin perder el sabor local de cada país».

Para el futuro de la empresa, Máximo quiere expandir el modo de Preguntados por Canales (Preguntados Kingdom), en donde usuarios, instituciones y empresas podrán administrar su propio juego de preguntas, pero con una tematica especifica, entre las empresas que ya se adhirieron se encuentran Greenpeace, la revista Time, la Cruz Roja, y muchas mas empresas, y otras tantas que ya demostraron su interés, además de estos, habran canales sobre Breaking Bad, Los Simpsons, clubes de futbol, etc.

Por otro lado, quieren dedicarse a una plena expansión en países nórdicos y hacia China y muchos otros países de oriente, en donde no tienen mucho mercado.

Hayek, entre el instinto y la razón: el futuro de la economía hay que buscarlo en las teorías evolutivas

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II, Escuela Austriaca, terminamos el curso a toda orquesta, con el extraordinario primer capítulo del último libro de Hayek “La Fatal Arrogancia”. Ese capítulo, titulado “Entre el instinto y la razón”, consolida el vínculo entre los escoceses (Hume, Smith, Ferguson), las teorías evolutivas (Darwin) y la escuela austríaca (Menger, Böhm-Bawerk, Mises, Hayek y otros). Así comienza:

Hayek

“Como queda dicho, nuestra capacidad de aprender por imitación es uno de los logros más fundamentales del largo proceso de evolución de nuestros instintos. Tal vez la cualidad más importante del legado genético de cada individuo, aparte las respuestas innatas, sea la posibilidad de acceder a ciertas habilidades a través de la imitación y el aprendizaje. De ahí la importancia de precaverse, desde el primer momento, contra cualquier planteamiento proclive a lo que he denominado «la fatal arrogancia»: esa idea según la cual sólo por vía de la razón pueden alcanzarse esas nuevas habilidades. La realidad no puede ser más opuesta, pues también la razón es fruto de la evolución, al igual que nuestros esquemas morales, aunque con un distinto desarrollo evolutivo. No podemos, por tanto, instituir a la razón en árbitro supremo ni sostener que deben ser consideradas válidas tan sólo aquellas normas que logren superar la prueba de la razón.

Abordaremos luego más detalladamente todas estas cuestiones, por lo que en el presente contexto me limitaré a anticipar algunas conclusiones. Entiendo que el título «Entre el instinto y la razón» de este capítulo debe ser interpretado casi literalmente. En efecto, quisiera llamar la atención del lector sobre el hecho de que las cuestiones que ocupan nuestra atención deben quedar ciertamente situadas entre el instinto y la razón.

Por desgracia, la trascendencia de estos problemas suele ser minimizada por entenderse que sólo hay un espacio vacío entre uno y otro de los indicados dominios. La conclusión fundamental a la que, en mi opinión, deberá concederse especial atención es que esa evolución cultural que, según hemos señalado, desborda por completo al instinto –al que frecuentemente contradice– tampoco es, como más adelante veremos, fruto del ejercicio de la razón.

Mis opiniones al respecto, expuestas en anteriores trabajos (1952/79, 1973 1979), pueden resumirse como sigue. La capacidad de aprender es más el fundamento que el logro de nuestra razón de nuestro entendimiento. El hombre no viene al mundo dotado de sabiduría, racionalidad y bondad: es preciso enseñárselas, debe aprenderlas. No es la moral fruto de la razón, sino que fueron más bien esos procesos de interacción humana propiciadores del correspondiente ordenamiento moral los que facilitaron al hombre la paulatina aparición no sólo de la razón sino también de ese conjunto de facultades con las que solemos asociarla. El hombre devino inteligente porque dispuso previamente de ciertas tradiciones –que ciertamente hay que emplazar entre el instinto y la razón– a las que pudo ajustar su conducta. A su vez, ese conjunto de tradiciones no derivan de la capacidad humana de racionalizar la realidad, sino de los hábitos de respuesta. Más que ayudarle a prever, se limitan a orientarle en cuanto a lo que en determinadas situaciones reales debe o no debe hacer.

Todo ello hace que no podamos por menos de tener que sonreír al constatar cómo ciertos trabajos científicos sobre la evolución –algunos realizados por expertos de la mayor solvencia–, tras admitir que el orden existente es fruto de algún pretérito proceso ordenador de carácter espontáneo, conminan, sin embargo, a la humanidad a que, sobre la base de la razón –precisamente en momentos en los que las cosas se han vuelto tan complejas– asuma el control pleno del proceso en cuestión. Contribuye a nutrir tan ingenua pretensión ese equivocado enfoque que en anteriores ocasiones he denominado «racionalismo constructivista» (1973), enfoque que, pese a carecer de todo fundamento, tan decisiva influencia ha ejercido sobre el pensamiento científico contemporáneo, hasta el punto de quedar explícitamente recogido en el título de una obra ampliamente difundida de cierto famoso antropólogo de inclinación socialista. Man Makes Himself (v. Gordon Childe, 1936) –tal es el título de la obra de referencia–, se ha convertido de hecho en lema que ha inspirado a una amplia familia de socialistas (Heilbroner, 1970:106). Semejantes planteamientos se basan en la noción científicamente infundada –y hasta animística– según la cual en algún momento de la estructuración evolutiva de nuestra especie se instaló en nuestro organismo un ente llamado intelecto o alma, que, a partir de entonces se convirtió en rector de todo ulterior desarrollo cultural (cuando lo que en realidad sucedió fue que el ser humano fue adquiriendo poco a poco la capacidad de aprehender el funcionamiento de esquemas de elevada complejidad que le permitían reaccionar más eficazmente a los retos de su entorno). Ese supuesto, que postula que la evolución cultural es cronológicamente posterior a la biológica o genética, hace caso omiso de los aspectos más fundamentales de una evolución, a  lo largo de la cual nuestra capacidad racional fue adquiriendo su actual estructura. La idea de que la razón, fruto de ese proceso, pueda hoy determinar el curso de su propia evolución (por no aludir a las muchas otras capacidades que infundadamente le suelen ser también atribuidas) es inherentemente contradictoria y fácilmente refutable (véase, al respecto, los capítulos V y VI).

Es más inexacto suponer que el hombre racional crea y controla su evolución cultural que la suposición contraria de que la cultura y la evolución crean la razón. En cualquier caso, la idea de que, en determinado momento, surgió en la humanidad la posibilidad de establecer racionalmente el curso de su propio destino, desplazando así la incidencia de los procesos evolutivos, intenta simplemente sustituir una explicación científica por otra de carácter casi sobrenatural. La ciencia evidencia que no fue esa realidad psíquica que denominamos mente lo que originó la aparición del orden civilizado, y menos aún que, llegada a cierto grado de desarrollo, asumiera el control de su evolución futura. Lo que realmente sucedió fue que tanto la mente como la civilización alcanzaron simultáneamente su potencial actual. Eso que llamamos mente no es algo con lo que el individuo nace –como nace con un cerebro– ni algo que el cerebro produce, sino una dotación genética (p. ej. un cerebro con una estructura y un volumen determinados) que nos permite aprender de nuestra familia, y más tarde, en el entorno de los adultos, los resultados de una tradición que no se transmiten por vía genética. En este sentido, nuestra capacidad racional no consiste tanto en conocer el mundo y en interpretar las conquistas humanas, cuanto en ser capaces de controlar nuestros instintivos impulsos, logro que escapa a las posibilidades de la razón individual, puesto que sus efectos abarcan a todo el colectivo. Estructurada por el entorno en el que para cada sujeto transcurre la infancia y la pubertad, la mente va a su vez condicionando la preservación, desarrollo, riqueza y variedad de las tradiciones que otras mentes más tarde asimilarán. Al ser transmitidos en el contexto del entorno familiar, ese conjunto de hábitos queda sometido a la influencia de una pluralidad de condicionamientos morales a los que pueden ajustar su comportamiento quienes, ajenos a la colectividad en cuestión, se incorporan a ella más tarde. De ahí que pueda plantearse seriamente la cuestión de si alguien que no hubiese tenido la oportunidad de estar en contacto con algún modelo cultural habría podido acceder verdaderamente a la racionalidad.

Así como el instinto precedió a la costumbre y a  la tradición, así también estas últimas son anteriores a la  propia razón. Tanto desde el punto de vista lógico como desde el psicológico e histórico, la costumbre y la  tradición deben, pues, quedar ubicadas entre el instinto y la razón. No derivan de lo que solemos denominar «inconsciente»; no son fruto de la intuición, ni tampoco de la  aprehensión racional. Aunque en cierto modo se  basan en la experiencia –puesto que tomaron forma a lo largo de nuestra evolución cultural–, nada tienen que ver con algún comportamiento de tipo racional ni surgen porque se haya advertido conscientemente que los hechos evolucionaban de determinada manera. Aun cuando ajustemos nuestro comportamiento a los esquemas aprendidos, en innumerables ocasiones no sabemos por qué hacemos lo que hacemos. Las normas y usos aprendidos fueron progresivamente desplazando a nuestras instintivas predisposiciones, no porque los individuos llegaran a constatar racionalmente el carácter favorable de sus decisiones, sino porque fueron capaces de crear un orden de eficacia superior –hasta entonces por nadie imaginado– a cuyo amparo un mejor ensamblaje de los diversos comportamientos permitió finalmente –aun cuando ninguno de los actores lo advirtiera– potenciar la expansión demográfica del grupo en cuestión, en detrimento de los restantes.”

Mercado Libre (¡qué nombre!): en 15 años vale más que YPF (¡símbolo de nuestra soberanía!)

Con los alumnos de UCEMA analizamos casos exitosos de empresarios argentinos que desarrollan negocios Internacionales. En este caso, Ignacio Pohli de Lange analiza el caso de Mercado Libre. Aquí algunos párrafos de su trabajo:

“Mercado Libre es un mercado online que ofrece soluciones para distintos individuos y empresas. Es un medio para comercializar. Dentro de este mercado se puede vender, comprar, anunciar, enviar y pagar el producto. Actualmente cuenta con 160 millones de usuarios registrados. De los cuales 23.6 millones son compradores y 7. 8 millones son vendedores. A nivel regional es el sitio de retail más visitado de Latinoamérica y en términos mundiales el octavo más visitado del mundo.”

“Mercado Libre se encuentra presente en 18 países de la región. En el primer año la empresa comenzó operando en Uruguay, Argentina, Chile, Brasil y México. Para el 2000 se expandió a Colombia y Ecuador. Para 2004 decidió ir por Perú y al siguiente año a Venezuela y Costa Rica.  En 2006 busco ir al Caribe, hacia Republica Dominicana y Panamá. Y en los siguientes años hasta la actualidad también decidió operar en Paraguay, Bolivia, Nicaragua, Guatemala, El Salvador y Honduras. Por otro lado, también se encuentra realizando negocios en Portugal, probando el Mercado europeo para una futura expansión.

Como vemos, no se encuentra en Europa ni en América del Norte. Esto se debe al poder de los competidores con los que tendría que luchar si se expande. Ebay,  al igual que Amazon, son dos empresas con un gran porcentaje de mercado ya ganado y muy establecido, se hace muy difícil competir contra tales empresas. Siguiendo con el análisis de la competencia, mercado libre aplica una estrategia que no todos pueden llevar a cabo, la neutraliza mediante la compra o alianzas con los mismos. Es más, Mercado libre ha firmado una alianza con Ebay en 2006 que incluía la adquisición de iBazar.com en Brasil.

A lo largo de sus años fue comprando a distintas empresas con las que competía, como se detalló en la sección Historia, compró plataformas en Brasil, Colombia, México, Perú, entre otros países.

En cada país en el que se encuentra decide establecerse y formar equipos para que manejen el día a día. Las estrategias y objetivos se deciden aquí en Argentina en la casa central. Pero a Mercado Libre le parece muy importante tener personas que entiendan la cultura de cada país trabajando para ellos. Quieren saber todo lo importante para liderar el Mercado de cada país, y para eso es relevante tener empleados que conozcan no solo el país sino a su sociedad. Por esto, la empresa realiza ciertos estudios culturales y económicos en cada país antes de establecerse, por ejemplo, investiga el acceso a internet, la compra online, etc. Todos estos son factores que le ayuda a decidir si ir por ese mercado o no. Por el otro lado, también deciden en base a estos estudios si van o no con toda su cartera de productos, estos como se mencionó anteriormente son, plataformas para pagar, enviar, publicitar, clasificar o de desarrollo de negocios(shops).

Para finalizar esta sección y remarcar la importancia de Mercado Libre hoy en día en la Argentina, veamos un artículo publicado en Infobae el pasado 5 de agosto. Se titula, “Ahora Mercado Libre vale más que YPF: dos empresas que muestran a dos Argentinas”.   En resumen, el articulo destaca como hoy una empresa virtual tiene una mayor cotización que una petrolera, en este caso YPF (7.640 millones de dólares contra 7.180 millones de dólares).”

Los países exitosos tienen más empresas multinacionales propias: aquí una de las pocas, Techint

Con los alumnos de UCEMA analizamos casos exitosos de empresarios argentinos que desarrollan negocios Internacionales. En este caso, Iván Orellana analiza al grupo Techint. Aquí algunos párrafos de su trabajo en relación a una de las empresas del grupo, Tenaris:

“La historia temprana de Tenaris reúne las de Dalmine, Siderca y Tamsa. Ya en 1909 Dalmine había empezado la fabricación de tubos de acero sin costura en Italia y en 1935. Agostino Rocca se había convertido en su Director Gerente. Por su parte, Tamsa inicia sus operaciones industriales en México en 1954. Lo propio hace Siderca en Argentina. Ambas plantas (la de Tamsa en Mexico y la de Siderca en Argentina) son construidas por Techint. En cuanto a Siderca, en 1986 ésta adquiere Siat, productor de tubos soldados de Argentina establecido en 1948, aumentando así su capacidad de producción de tubos con costura.  En 1993 Siderca adquiere una participación controlante de Tamsa, conformando una alianza estratégica, y en 1996 hace lo propio con Dalmine (después de su privatización). De esta manera, el grupo formado por Siderca, Tamsa y Dalmine pasa a llamarse DST.

En 1998 Tamsa se une a la Corporación Venezolana de Guayana, formando Tavsa (posteriormente adquirida por Siderca y finalmente nacionalizada por el gobierno de Venezuela en 2009), con el fin de adquirir la planta de tubos de acero sin costura de Sidor.  Un año después Siderca adquirirá el control de Confab de Brasil, que en 1960 había comenzado a producir tubos de acero con costura.  Hacia el año 2000 Siderca alquila bajo la forma de leasing la planta productora de tubos de acero sin costura de Algoma Steel en Canadá, y AlgomaTubes comienza a operar.  Ese mismo año Siderca y NKK (Nippon Kokan Kabushiki-gaisha Corporation, que en 1914 había comenzado la producción de tubos sin costura en Japón) forman NKKTubes para asumir el control del negocio de fabricación de tubos sin costura de NKK en Keihin Works, Tokio.

En el año 2001 la marca Tenaris reemplaza las siglas DST. En el año 2002 Tenaris S.A., constituida en Luxemburgo, se convierte en la empresa controlante del grupo, tras una oferta de cambio de las acciones de Siderca, Tamsa y Dalmine, y cotiza simultáneamente en las bolsas de valores de Nueva York, Milán, Buenos Aires y México. En 2004 Tenaris adquiere control de Silcotub, una planta rumana de fabricación de tubos de acero sin costura y en  2006 expande su presencia en los Estados Unidos a través de la adquisición de Maverick Tube Corp, en Canadá con Prudential y en Colombia a través de TuboCaribe. Al año siguiente, con Hydril, Tenaris expande su oferta de productos y servicios para la industria del petróleo y el gas.

La expansión internacional tiene un hito significativo en 2008, cuando Tenaris establece una nueva planta en Qingdao, China. Al año siguiente, 2009, Tenaris extiende su presencia en la región de Asia-Pacífico, mediante la adquisición de SPIJ, una empresa indonesia. En 2010 Tenaris termina de construir su nueva planta premium en Arabia Saudita. Y en 2011 inaugura instalaciones en Veracruz, México al tiempo que en Campana, Argentina, abre un nuevo Centro de Tecnología. En África, Tenaris expande sus operaciones en Nigeria a través de una joint venture con Pipe Coaters Nigeria.

En 2012 Tenaris y Ternium (a la que nos referiremos en el apartado siguiente) se unen al grupo de control del gigante brasilero Usiminas, junto con Nippon Steel y el fondo de pensión de los empleados de Usiminas (CEU). En 2013 Tenaris anuncia la construcción de su primera planta estadounidense de tubos sin costura en Texas.

Entre las estrategias para la expansión internacional de Tenaris fue fundamental la concertación de acuerdos con empresas ya existentes en distintos países, de las que luego iba adquiriendo participaciones controlantes o bien directamente las adquiría y fusionaba (Casos de la Dalmine italiana, Tamsa de Mexico, Confab de Brasil, SilcoTub de Rumania, Maverick Tube Corp en Estados Unidos, SPIJ en Indonesia, entre los más significativos). En otros casos celebraba contratos puntuales, como en los casos de AlgomaTubes (con Algoma Steel de Canadá) mediante leasing, NKKTubes (con NKK Corporation de Japón) o Pipe Coaters en Nigeria, mediante un joint venture. Con ello fue logrando penetración en distintos mercados, capitalizando activos tangibles e intangibles de las empresas locales que le permitieron incrementar exponencialmente su potencial.”

Entrepreneurship: Globant, una marca global de TI, que nació en un pub del centro de Buenos Aires

Con los alumnos de UCEMA analizamos casos exitosos de empresarios argentinos que desarrollan negocios Internacionales. En este caso, Nicolás Kolliker Frers analiza el caso de Globant. Aquí algunos párrafos de su trabajo:

“El proyecto Globant arrancó en un bar irlandés del Microcentro de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Allí se juntaban regularmente cuatro amigos y colegas nacidos en La Plata.

Martin Migoya, Nestor Nocetti y Martín Umaran se habían conocido en la Universidad Nacional de la Plata mientras que Guibert Englebienne estudió en UNICEN en Tandil y era el único ingeniero en sistemas (Migoya y Nocetti eran ingenieros electrónicos  y Umaran era ingeniero mecánico).

Después de la universidad, todos ellos trabajaron en distintas compañías de ingeniería de una forma u otra, y al mismo tiempo trabajaron en juntos en un ambicioso proyecto de TI en Venezuela que término consolidando su amistad y transformando la infraestructura de TI de Venezuela. Además de trabajar en Venezuela y Argentina, los cuatro habían trabajado en Brasil, Chile, México, el Reino Unido y los Estados Unidos, construyendo una perspectiva internacional de TI.”

“Sin embargo, Globant no quería competir directamente con las empresas offshore Indias únicamente en precio. Ellos sentían que esta oportunidad de arbitraje salarial podría desaparecer en cualquier momento debido a la volatilidad e incertidumbre de la Argentina con respecto a la relación entre la inflación y los tipos de cambio.”

Globant fue un éxito en la búsqueda de nuevos clientes a través de referencias de clientes anteriores y excolegas. En tan sólo un año, la compañía tenía 70 empleados y las ventas alcanzaron los U$S 3 millones. Su primera gran oportunidad llegó cuando Lastminute.com, un sitio de viajes de alto perfil con sede en el Reino Unido, contrató a Globant para ayudar a construir sus sistemas basados en código abierto a través de referencias. Lastminute.com ofrecía plazas de avión y habitaciones de hotel en un corto plazo a los consumidores a precios reducidos. Con la ayuda de Globant, el sitio se expandió para ofrecer alquiler de coches y regalos. Globant no tenía el equipo para hacer el trabajo, pero sabían de la tecnología, y salieron a contratar a las personas adecuadas. Los fundadores se turnaron para volar a Inglaterra para quedarse unos meses cada uno durante más de un año. Para esto fue importante que los fundadores tengan pasaportes europeos.

De 2004 a 2005, los ingresos anuales de Globant se duplicaron de U$S3 millones a U$S6 millones. En 2005, más del 90% de esos U$S6 millones correspondían a clientes en el extranjero. Ese año, los clientes destacados incluían no sólo a Lastminute.com del Reino Unido, sino también a Coca-Cola de los Estados Unidos y Grupo Santander de España. En 2005, los fundadores de Globant fueron seleccionados como “high impact entrepreneurs” de Endeavor Global (un prestigioso honor dentro de los países en desarrollo) que allanaron el camino para  la llegada de fondos de capital. Al ser elegido «emprendedores Endeavor» en 2005, Globant levantó U$S 2 millones de FS Partners, una empresa de fondo de capital argentino.

Luego vino el “Outsourcing 2.0″ en el que se hacía foco en la escalabilidad para mejorar los márgenes e impacto en los negocios de los clientes. En el desarrollo de software, Globant trabajó para aprovechar las soluciones de código abierto y aplicar metodologías ágiles para llegar al mercado más rápido, aprender de los usuarios, y adaptarse con frecuencia. Al crecer su experiencia, Globant poseía cada vez más piezas de su propia codificación que podrían ser readaptados para otros clientes, ahorrando horas de programación.”

“La gran oportunidad de Globant se produjo cuando Google lo seleccionó como la primera empresa a la que externalizan desarrollo de software. Los fundadores siempre habían visto el valor de poder atraer a algunos clientes “soñados», con un crecimiento prometedor.

Google era exactamente ese cliente “soñado”. «A veces hemos tenido que hacer un trabajo que no necesariamente queríamos hacer con el fin de trabajar para un cliente con el que realmente queríamos trabajar «, explico Migoya. Cuando empezaron a trabajar juntos, Globant trabajó en el sistema de publicidad online de Google AdWords. A continuación, tuvo la oportunidad para trabajar en el desarrollo y prueba de la interfaz de programación de aplicaciones (API) para «Google Checkout», su sistema de transacciones de comercio electrónico. La misión principal de Globant era encontrar security holes. A su vez Google también trabajó con Globant en proyectos como YouTube.com.”

“Globant fue financiado por inversores privados hasta 2014, cuando finalmente se hizo pública. Después de un largo análisis por parte de los inversores de Globant, principalmente Riverwood Capital, la compañía decidió listarse para hacer una IPO (Initial Public Offer) en la bolsa de Nueva York (NYSE) donde obtuvo destacables resultados en las cotizaciones e inversiones del público.”

Para Maduro, Cristina Kirchner, o Trump: James Buchanan sobre la democracia limitada y la ilimitada

Con los alumnos de la materia Public Choice, completamos las lecturas con una conferencia de James Buchanan, publicada con el título “Democracia limitada e ilimitada”. Es lo que piensa Maduro en Venezuela o pensaba Cristina Kirchner en Argentina para quien, un 54% de los votos la habilitaba a tomar cualquier medida. Algunos párrafos:

Buchanan

“Al preparar este trabajo sobre el tema señalado en el título, mi primera reacción fue asombrarme de que alguien pudiera sostener seriamente la idea de una «democracia ilimitada» en cualquiera de sus formas o modalidades. En sentido literal, la «democracia ilimitada» presumiblemente permitiría a una mayoría o a una pluralidad de votantes —ya sea a través de plebiscitos, referenda o asambleas elegidas— hacer cualquier cosa, en el momento que se les ocurra y a quienes les plazca.

El significado totalitario de la «democracia ilimitada», definida e interpretada en este sentido, ha sido reconocido por lo menos desde los tiempos de los primeros autores griegos sobre política. Aunque la teoría política ha retrocedido durante nuestra era, especialmente a partir del siglo XVIII, no creo que sea posible, aun en 1981, encontrar a alguien que defienda sinceramente un régimen mayoritario totalmente irrestricto.

El debate critico de nuestro tiempo, para los años 80 y siguientes, no se centra en la conveniencia o inconveniencia de la democracia ilimitada. El debate gira mas bien sobre el tipo y grado de restricciones mínimas que se necesitan para asegurar la viabilidad de una sociedad en la cual los individuos puedan mantener sus libertades individuales y, desde un punto de vista más instrumental, sobre cómo estas limitaciones pueden ponerse en práctica según la mentalidad vigente a fines del siglo XX.”

“En los Estados Unidos celebraremos el bicentenario de nuestra Constitución en 1987. He sugerido que esta década sea consagrada al «diálogo constitucional», el que debe buscar corregir las fallas que han permitido a los gobiernos contemporáneos expandir sus facultades mucho más allá de las fronteras visualizadas por nuestros padres de la patria. Tenemos necesidad urgente de reformas constitucionales, de poner nuevos límites a los alcances excesivos del Leviatán que ha crecido a pesar de la presencia de restricciones procesales.

Permítaseme concluir con un mensaje de esperanza. El proceso de reforma ya ha comenzado; Howard Jarvis escandalizó al mundo en 1978 cuando logró la aprobación en California de la Proposición Nº 13; Ronald Reagan inició todo este proceso mediante su fracasado intento con la Proposición Nº 1 en 1973. Tanto el clima académico como político está mucho más receptivo a las ideas constitucionales en 1981 que durante ningún otro período de mi carrera activa. Este interés no parece limitarse solamente a mi país. El público de Europa, América Latina y Japón ha parecido receptivo a mis propios intentos de persuasión durante los últimos dos años.

El profesor Hayek ha sugerido que las últimas dos décadas de este siglo serán de importancia crítica; opina que si de alguna forma pudiéramos atravesar estas dos décadas sin la pérdida total de las libertades, el comienzo del siglo XXI podría ofrecer brillantes perspectivas. Esta percepción de Hayek se basa en su convicción de que probablemente las generaciones más jóvenes no cometerán los mismos errores intelectuales que sus mayores. Quiero hacer notar que ya han transcurrido dos o tres años desde que Hayek hizo estas observaciones y que hemos avanzado sorprendentemente bien: se ha producido una evolución notable en la opinión pública con respecto a la política. Mis advertencias de precaución dirigidas a los miembros de esta sociedad apuntan en contra de una posible «complacencia electoral». No debemos adormecernos por las victorias electorales temporales de los políticos y de los partidos que comparten nuestros compromisos ideológicos. En un sentido muy real, estas victorias tienden a distraer nuestra atención de los temas más fundamentales como son la imposición de nuevas reglas para limitar la acción del gobierno, reglas que sean operativas al margen de quienes sean los partidos o políticos que ejerzan el poder durante cortos períodos. La permanencia temporal en el poder de aquellos líderes que compartan nuestros compromisos ideológicos puede y debe ser usada positivamente, aprovechando el escaso tiempo disponible para diseñar e implementar nuevas reglas que sean, al menos, elementos cuasi permanentes del tejido social.”

Hayek y el concepto de ‘justicia social’: como si la distribución fuera decidida por una ‘mente’ única

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II, Escuela Austriaca, llegamos al final de la materia considerando la obra de algunos de sus autores en otros campos. En este caso, vemos a Hayek discutir el concepto de “justicia social”:

Hayek

“La justicia «social» (o, a veces, justicia «económica») se vio como atributo que debían poseer las «acciones» de la sociedad, o el «tratamiento» que los individuos o los grupos recibían de la misma. Como hace generalmente el pensamiento primitivo cuando observa por primera vez algunos procesos regulares, los resultados del orden espontáneo del mercado han sido interpretados como si estuvieran dirigidos por una mente racional, o como si los beneficios o los daños que las distintas personas recibían de ese orden estuvieran determinados por actos de voluntad y pudieran por tanto ser guiados por reglas morales. Esta concepción de la justicia «social» es, pues, una consecuencia directa de aquel antropomorfismo o personificación con el que el pensamiento primitivo trata de explicar todos los procesos de auto-ordenación. Demuestra nuestra inmadurez el hecho de que aún no hayamos abandonado estos conceptos primitivos, y se exija aún de un proceso impersonal que produce una satisfacción de los deseos humanos mayor que la que pueda obtenerse de cualquier ordenación deliberada que se conforme a los preceptos morales que los hombres han desarrollado como guía de sus acciones individuales.

El uso de la expresión «justicia social» es relativamente reciente, pues parece que se remonta a hace un siglo, poco más o menos. Esta expresión se empleó de vez en cuando en tiempos más antiguos para designar los esfuerzos organizativos destinados a observar las reglas de recta conducta individual; en la actualidad se usa a veces en discusiones eruditas para valorar los efectos de las actuales instituciones de la sociedad, pero el sentido en que hoy suele emplearse, y al que constantemente se recurre en las discusiones públicas y que será analizado en el presente capítulo, es esencialmente el mismo en que durante mucho tiempo se empleó la expresión «justicia distributiva». Según parece, empezó a hacerse habitual en este sentido en el tiempo en que (y acaso en parte porque) John Stuart Mill trató explícitamente ambos términos como equivalentes en afirmaciones como:

la sociedad debería tratar igualmente bien a todos aquellos que lo han merecido igual-mente, es decir, aquellos que lo han merecido igualmente en absoluto. Este es el más alto grado abstracto de justicia social y distributiva, hacia el cual deberían hacerse converger lo más posible todas las instituciones y los esfuerzos de todos los ciudada-nos virtuosos; o bien:

se considera universalmente justo que toda persona obtenga (tanto en el bien, como en el mal) lo que merece; es injusto que tenga que obtener el bien o sufrir el mal quien no lo merece. Tal vez sea ésta la forma más clara y enfática en que puede concebirse la idea de justicia. Puesto que implica la idea de méritos morales, surge la pregunta sobre en qué consisten estos méritos.

Es significativo el hecho de que estas dos citas se encuentren en la descripción de uno de los cinco significados de justicia que Mill distingue, cuatro de los cuales se refieren a las normas de recta conducta individual, mientras que ésta define una situación fáctica que puede pero que no necesita haber sido causada por una decisión humana racional. Parece, pues, que Mill no se percató de la circunstancia de que con este significado se refiere a situaciones completamente distintas de aquellas a las que se aplican los otros cuatro sendos, o de que esta concepción de «justicia social» lleva directamente a un socialismo en plena regla.

Tales afirmaciones, que asocian explícitamente «justicia social y distributiva» al «tratamiento» de los individuos por parte de la sociedad según sus ritos morales, demuestran claramente la diferencia con la simple justicia, y al mismo tiempo la causa de la vacuidad del concepto. La exigencia de «justicia social» se dirige no al individuo sino a la sociedad -pero la sociedad, en sentido estricto, es decir como distinta del aparato de gobierno- es incapaz de obrar por un fin específico, y la exigencia de «justicia social» se convierte por tanto en una exigencia dirigida a los miembros de la sociedad para que se organicen de tal modo que puedan asignar determinadas cuotas de la producción social a los diferentes individuos y grupos. La pregunta fundamental, pues, es la de si existe el deber moral de someterse a un poder que pueda coordinar los esfuerzos de los miembros de la sociedad en orden a obtener un modelo de distribución particular, considerado como justo.

Si la existencia de este poder se da por descontada, la cuestión sobre cómo deberían distribuir los medios disponibles para satisfacer las necesidades se convierte en cuestión de justicia, aunque no sea una pregunta a la que la (264) moral vigente dé una respuesta. Parece, pues, que estaría justificado el presupuesto del que parten la mayoría de los teóricos modernos de la «justicia social», esto es, que sería necesario asignar cuotas iguales a todos a menos que consideraciones particulares exijan no aplicar este principio.26 Sin embargo, el problema principal consiste en establecer si es moral que los hombres estén sujetos a aquellos poderes sobre sus acciones que deberían ejercerse para que los beneficios obtenidos por los individuos puedan definirse significativamente como justos o injustos.”

Increíble historia en el origen de Los Grobo: este país sigue ofreciendo oportunidades de progreso

Con los alumnos de UCEMA analizamos casos exitosos de empresarios argentinos que desarrollan negocios Internacionales. En este caso, Vittorio Monti analiza el caso de Los Grobo. Aquí algunos párrafos de su trabajo:

“El grupo los Grobo comenzó en 1984 como una empresa familiar centrada en la producción agropecuaria. Adolfo, hijo de Bernardo Grobocopatel fue el fundador y quien llevó el rumbo de la compañía durante los primeros años. Su principal objetivo era generar ganancias a través de la producción agropecuaria para así expandirse comprando más y más tierras. Luego de que Adolfo abandonase la empresa, llevándose con el 4500 hectáreas, Gustavo Grobocopatel, ingeniero agrónomo, tomo el liderazgo en la compañía. A través de su mando, la compañía dejo de invertir en tierra para así centrarse en arrendar los campos en donde se producía y destinar ese dinero remanente en inversiones de activos blandos. A través de inversiones en capacitación, tecnología y redes de comunicación y negocios, Los Grobo lograron convertirse en una compañía líder agroindustrial en la Argentina, con presencia en Uruguay, Paraguay y Brasil.”

“Hace casi un siglo, Abraham Grobocopatel llegó a la Argentina desde la Rusia imperial junto a su esposa y cinco hijos, escapando de la persecución a los judíos.  Hacia 1962, Bernardo, hijo de Abraham,  y sus tres hijos (de 26, 23 y 16 años) alquilaban 1.000 hectáreas de tierra para cultivos y ganado. Bernardo murió en 1967; sus tres hijos adultos continuaron cultivando juntos hasta 1979 . En ese momento, los hermanos Grobocopatel dividieron las 4.500 hectáreas de cultivo que eran de su propiedad. Adolfo, el segundo hijo de Bernardo (y el padre de Gustavo), siempre medía el éxito en hectáreas, Adolfo creía en la idea de ser dueños de la tierra. Durante los primeros 15 años de la compañía, Adolfo ejercía suficiente poder dentro del negocio familiar como para exigir que las ganancias se reinvirtieran en comprar tierras . En 1984 Adolfo funda Los Grobo Agropecuaria, compuesta de 4 empleados administrando 3000 ha., convirtiéndose en una compañía profesionalizada en los 90.

A fines de la década de los 80, Gustavo se convenció de que la siembra directa conservaría mayores rendimientos de los cultivos y conservaría mejor el suelo . El crecimiento de la compañía fue particularmente importante desde 1989 siendo ese  el primer año en que Gustavo experimentó la siembra directa, hasta 1994/95. La adopción de la siembra directa creció rápidamente. Ya para la campaña de siembra 1991/92, el 100% del área sembrada por Los Grobo se realizaba bajo el sistema de siembra directa  Esas 75.000 hectáreas fueron un gran paso, un punto de inflexión para Los Grobo, vinculado al “primer millón” de una compañía más. En este punto, Los Grobo aún era en gran medida una empresa familiar, con Gustavo y Paula en los campos, moviéndose lo más rápido posible  ya que los altos precios de los commodities ayudaron a impulsar el crecimiento a mediados de los ‘90. Los Grobo comenzaba a ser demasiado grande como para que sólo fuera administrada por miembros de la familia: así, se contrataron los primeros profesionales externos en 1996.

El crecimiento exponencial afecto al negocio de muchas maneras. En los 80, cuando la compañía no contaba con tanto desarrollo, utilizaban sus propias maquinas. En cambio, en los 90, con gran crecimiento, no podían comprar suficiente maquinaria por lo que tomaron la decisión de tercerizar a los contratistas. Su propia estructura limitaba su crecimiento. Para esta época, la economía crecía, la hiperinflación ya había sido controlada al mantener la cotización del peso atada al dólar, los precios de las commodities eran altos y también lo eran las inversiones en agricultura. Como consecuencia de ello, el atractivo del sector agropecuario captó la atención de profesionales no vinculados a la agricultura, viéndose beneficiada la agricultura argentina. En el caso de los Grobo, se vieron beneficiados debido a que los contratistas terceros se convirtieron en sus socios. Se les pagaba una parte de la producción en vez de un salario fijo, naciendo así la red de los grobo. En la red de Los Grobo, los socios eran capacitados y posteriormente auditados para garantizar que cumplían con los estándares de calidad y que respetaban la metodología de la compañía.”

“Hoy, la empresa se ha posicionado como uno de los más importantes productores de granos del país y efectivo coordinador de procesos en la cadena agroalimentaria al desarrollar una extensa red de comercio colaborativo. Ha evolucionado hasta conformar una organización moderna basada en la innovación y apoyada en una sólida situación económica y financiera. A través de una estrategia innovadora, supo diferenciarse y crecer a lo largo de todo el país, no solo creciendo la empresa por si sola, sino generando desarrollo y sustentabilidad con el resto de sus proveedores y socios comerciales. Los Grobo buscaban un desarrollo mutuo, fundamentalmente a través de la implementación y desarrollo de tecnologías con sus socios comerciales, garantizando un crecimiento global. A través de las constantes evaluación de desempeño, garantiza las normas de calidad que tanto la diferencian en Sudamérica. La profesionalización de la gestión familiar y el hincapié en establecer buenas prácticas de gobierno corporativo garantizaron el éxito de la compañía. A futuro Los Grobo se plantearon los siguientes desafíos: La sistematización de procesos de planificación y control de gestión, y análisis de desvíos para la mejora en el manejo de las consecuencias proponiendo planes de acción alternativos. Desarrollar una metodología sistemática para evaluar y mejorar en forma consistente el conocimiento de clientes y mercados y la gestión de las quejas y reclamos. La integración de equipos de trabajo distantes geográficamente y con heterogeneidad de desarrollo. Profundizar la imagen corporativa a nivel regional”.

¿Puede la «economía de la conducta» mejorar Public Choice y así acercarla más a los Austriacos?

Con los alumnos de la materia Public Choice, vemos el trabajo de Schnellenbach, Jan; Schubert, Christian sobre un campo nuevo en esta área, “behavioral public choice” o, ¿cómo traducirlo? ¿análisis económico de la conducta política?. El paper se titula “Behavioral public choice: A survey” Freiburger Diskussionspapiere zur Ordnungsökonomik, No. 14/03; Freiburger Diskussionspapiere zur Ordnungsökonomik, No. 14/03 (2014). Disponible en: http://hdl.handle.net/10419/92975 Walter Eucken Institut; ORDO Constitutio in Libertate. Algunos párrafos:

“En el origen de la teoría de Public Choice se encuentra un llamado para alinear los supuestos motivacionales que subyacen en el estudio de la política con los de la economía. Se asume típicamente que la gente maximiza su utilidad subjetiva tanto en el mercado (como productores o consumidores) como en la política (como votantes, políticos, burócratas o lobbystas). Como enfatiza Brenna (2008), sin embargo, esa simetría motivacional no se traslada necesariamente a simetría conductual, dados los débiles incentivos para invertir en una toma de decisiones racional en el campo de las decisiones colectivas. Esto ocurre particularmente con los votantes, cuya conducta perfectamente racional puede llevar a resultados colectivos catastróficos, porque los mecanismos individuales de aprendizaje en la política son mucho más débiles y más indirectos que los del mercado.

Por ello, se espera que los sesgos cognitivos jueguen un papel tan importante en la política como en el mercado. La teoría de Public Choice es, por lo tanto, uno de los campos que muy probablemente se beneficiará de aplicar conceptos de la economía conductual (behavioral economics). Sorprendentemente, estos enfoques son relativamente nuevos en Public Choice. Tal vez se explique porque los académicos de PC se enfocaron originalmente en exportar el enfoque de la elección racional a áreas de no-mercado, y no consideraron modificar sus propios métodos analíticos (Wallerstein, 2004).

Al aplicar enfoques conductistas al Public Choice, afirmando que los individuos son más proclives a sesgos y otros problemas cognitivos cuando entran la arena política no ha de ser el fin de la historia. Más bien, un análisis sistemático de los desvíos del supuesto básico de conducta racional es requerido. Por ello, muchos autores han alentado a los académicos a que se aventuren más allá  de los supuestos básicos de racionalidad y maximización de utilidad (p. ej., Simon 1995; Ostrom 1998; Kliemt 2005).”…

“Hay un cierto número de ancestros del Behavioral Public Choice (BPC). No sorprende que Adam Smith se haya adentrado en este territorio cuando especulaba, primero, que una razón clave para la existencia del gobierno es la protección de la propiedad privada de transgresiones que se alejen de la conducta “razonable” (que, para Smith, implicaba actuar moralmente). Segundo, argumentaba que los individuos racionales van a subinvertir en la calidad de las decisiones políticas: como observara George Stigler, Smith era un pesimista al respecto, en el sentido de que ‘daba un papel más importante a la emoción, el prejuicio y la ignorancia en la vida política de lo que diera alguna vez en los asuntos económicos ordinarios’ (Stigler 1982). Luego de Smith, la creencia que los individuos pierden algo de su capacidad de razonamiento cuando entran en la esfera política puede encontrarse en Mill (1948), quien defendiendo al laissez-faire advertía sobre la conducta de ‘manada’ en la política, la incompetencia debida a la falta de especialización, malos incentivos debido al pequeño interés personal en juego en las decisiones gubernamentales y el peligro que los individuos perdieran su capacidad de contribuir voluntariamente a los bienes públicos si se acostumbraban a delegar más y más competencias en el estado.”