La Navidad capitalista es puro shopping, ¿o es en verdad ocuparse y preocuparse de los demás?

Dale Steinreich comenta sobre la Navidad en un artículo publicado en 1995: http://mises.org/library/capitalist-christmas-0

“Halloween tiene un tinte socialista. Figuras amenazantes llegan a tu puerta si ser invitadas, demandan tu propiedad y amenazan con realizar algún truco no especificado. En síntesis, es como funcionan los gobiernos.

El día de Acción de Gracias ha sido reinterpretado por el hombre blanco, luego de quemar, violar y robar al noble indio, tratando de arreglarlo con una cena barata de pavo. El Año Nuevo puede arruinarse porque es el comienzo de un nuevo año fiscal, y sabemos que estaremos trabajando para el gobierno por los siguientes cinco o seis meses.

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Por eso amo la Navidad. Hasta hoy sigue siendo una celebración de libertad y vida privada, como también un necesario descanso de la incesante politización de la vida moderna. Es la más pro-capitalista de las celebraciones porque sus alegrías temporales se basan en la propiedad privada, el intercambio voluntario y el beneficio mutuo.

En las compras de Navidad, encontramos persistentes señales de programas de caridad en acción y pocas de aquellas (burocracias paternalistas) que no funcionan. El Ejército de Salvación, quienes reparten saludos y las cajas llenas de productos y juguetes que se reparten son verdadera caridad. Estas donaciones están basadas en la volición, no en la coerción, lo cual es la clave de su éxito.

La gente se queja de la “comercialización”, pero todas las compras y ventas están dirigidas hacia satisfacer las necesidades de otros. Aun si el receptor no da regalos a su vez, el que regala recibe satisfacción. No existe aquí el juego de suma cero o negativo del proceso político que transfiere propiedad de un grupo a otro.

Santa Claus, a diferencia de las figuras de Halloween, llega a tu casa con regalos y Buena voluntad, y nunca toma nada excepto leche o galletitas. Nunca pensarías en esconderle la platería. A diferencia de los burócratas del gobierno, Santa Claus y sus trabajadores son totalmente confiables, e incluso trabajan horas extras para crear los productos deseados por millones.

Si el Departamento de Trabajo llegara alguna vez a investigar el Polo Norte, encontrarían todo tipo de violaciones laborales: salud (muy frio) y seguridad, seguro de desempleo (¿lo pagan?, salario mínimo (¿hay explotación ahí?), horas extras (Dios sabe las horas que trabajan), derechos civiles (¿no emplean gnomos?). Pero el punto es que allí todos están voluntariamente, y lo consideran un honor y un privilegio.

Los árboles de Navidad son encantadores y las granjas que los producen son el último modelo de política ambiental. Los árboles se cosechan y se replantan para futuras celebraciones, un proceso totalmente guiado por la demanda de mercado. Si se trasladara esta política a los parques y bosques nacionales, podríamos satisfacer la demanda de madera, bajar su precio y asegurar que los árboles siempre tienen valor.

Las tarjetas de Navidad son un producto de arte atractivo, comunicado a las masas en formas que el gobierno nunca apoyará. Quienes las producen tienen que satisfacer a consumidores reales, quienes tienen mejor gusto que los administradores de subsidios públicos.

El punto débil de las tarjetas navideñas es que tienen que llegar vía el monopolio estatal del correo. Cada día, éste se enoja y advierte a los consumidores cautivos que las envían con dos semanas de anticipación. Si eres un burócrata del correo, no hay nada más irritante que los consumidores confundan tus operaciones con otras competitivas.

¿Qué hacemos cuando tenemos que enviar paquetes? Usamos servicios privados que proveen servicios por lucro aunque tienen prohibido por ley enviar cartas. Esas empresas dan la bienvenida a nuestros pedidos y no se quejan por el gran volumen.

En algún punto durante Navidad, la cultura oficial del gobierno y los medios –dominados por Obama y otros en Washington- desaparece de nuestra vista y no podemos sino recordar aquello que es más importante. Es la familia, la comunidad, el hogar, la tradición, los seres queridos, y otras las otras cosas que el gobierno desplaza durante el resto del año.

Este año, acordémonos de apreciar el papel que las instituciones capitalistas cumplen hacienda que sea éste un día más especial. Ni el gobierno nos puede quitar el espíritu navideño.”

Preguntas sobre la acción humana, la subjetividad del valor y la utilidad marginal (V)

Los alumnos de Microeconomía en Madrid leen partes de “La Acción Humana” de Ludwig von Mises y plantean preguntas al autor que trataré de contestar aunque no lo sea:

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¿Actúa el hombre únicamente guiado por la escasez? ¿Acaso no es posible sustituir un estado de cosas poco satisfactorio por otro más satisfactorio, al margen de que exista escasez o no?

Si no hubiera escasez no tendría que actuar, ya “estaría” en ese otro estado más satisfactorio, o su tránsito sería automático.

¿Sería acertado decir que con el transcurso del tiempo van desapareciendo los bienes libres y que en el futuro todos los bienes serán económicos?

Con algunos puede suceder eso. Por ejemplo, puede comenzar a escasear el aire limpio, y llegar entonces a tener un valor. Pero también pueden surgir otros bienes libres. Por ejemplo, en el lenguaje surgen palabras nuevas que todos usamos gratuitamente.

¿Si el valor depende del sujeto, como se sabe en la práctica cual es el valor que debería tener un bien?

No se sabe. Lo que existirá es un precio, como fruto de las distintas valoraciones individuales.

Otras obras suyas (libros, artículos, conferencias) ¿me ayudarían a entender su punto de vista sobre las materias tratadas en La Acción Humana?

Recomiendo las lecturas sugeridas en el programa, los libros de Menger y Böhm-Bawerk.

De todos los conceptos expuestos ¿cuáles cree que permanecen vigentes a día de hoy?

En general todos ellos, son la base de la economía. El tema es que son tan fundamentales que muchos textos de economía los pasan por alto y comienzan desde la formación de los precios. Pero lo que Mises muestra es que hay cantidad de temas “filosóficos” en el análisis de estos fundamentos. Y cuando no se forma una base bien sólida, luego hay problemas para acertar el camino correcto más adelante.

El mundo evidentemente ha cambiado desde la redacción y publicación de este texto. ¿Hablaría el autor en estos momentos de cosas superfluas, en abundancia?

El mundo ha cambiado pero las leyes económicas son las mismas, en el Imperio Romano y en Corea del Norte.

Según von Mises, el valor de los bienes de primer orden determina el valor de los órdenes de mayor orden, pero ¿es esto realmente así? Es decir, si una autoridad de manera arbitraria fija el valor de un bien eso afecta a todos los otros bienes con los que se relaciona, ¿no? ¿Hay alguna situación que en la que el autor vería adecuada esa arbitrariedad?

El autor no vería adecuada esa arbitrariedad, por supuesto. Es porque valoramos fumar que tiene valor la planta de tabaco. Si mañana dejáramos de fumar y la planta no tuviera otro uso, se convertiría en una maleza. Y las máquinas para cosechar tabaco, si no pueden convertirse para otro cultivo, también perderían su valor. ¿Y el trabajo? El trabajo es un servicio que se utiliza en la producción de todo producto. El trabajo en el tabaco perdería valor, pero no en todos los otros usos del tabaco. El trabajador del tabaco usaría su trabajo, por ejemplo, en la cosecha de otro producto.

¿Por qué cree Ud. que el término praxeología tiene un uso tan restringido?

Porque no “prendió” entre los economistas y en las ciencias sociales.

¿Qué consejo nos daría para surcar el mar de temas tan complejos como: fines, medios, valor, necesidades, intercambio, acciones, bienes, servicios, órdenes, ganancia, pérdida, etc.?

Leer y pensar. Preguntar. Conversar con profesores y otros alumnos. Y volver a leer.

¿Cómo puedo aplicar la Ley de Utilidad Marginal en el día a día? – algunos ejemplos por favor.!

¿Valoraste la clase? ¿Valorarías igual que la repita? ¿Y que la dicte por tercera vez? ¿Cuarta?

Te tomas un café por la mañana. Es una gran satisfacción. ¿Otro? ¿Un tercero?

La utilidad marginal está detrás de todas tus acciones diarias.

Parece que en el artículo toda acción está basada en la utilización de unos medios para la consecución de un objetivo , la aplicación de la lógica al extremo, sin embargo hay muchas decisiones que se toma por intuición, capricho o sin lógica alguna, como responde el autor a tales cuestiones?

Mises no dice que todas nuestras acciones sean “razonadas” y “meditadas”. Como sea que lleguemos a ellas, las realizamos porque por alguna razón (tal vez por intuición o capricho), creemos que es el objetivo a alcanzar.

¿Porque la praxeologia rechaza el estudio de la ciencia?

No rechaza la ciencia como tal sino que se trata de utilizar otras ciencias para comprender las consecuencias de la acción humana. Tal vez la química nos pueda explicar por qué nuestro cerebro elige ciertos fines, pero es la praxeología la que nos explicará las consecuencias de nuestro accionar.

Teniendo en cuenta los resultados de estudios de la acción humana, ¿Podrías establecer unas pautas éticamente correctas de comportamiento?

Voy a arriesgar ciertas conclusiones “éticas” del análisis de la acción humana.

Si las valoraciones son individuales, y subjetivas. No hay un estándar objetivo de valor. Entonces se desprendería de eso una presunción en favor de la libertad, de forma tal que cada persona pueda buscar alcanzar los fines que “subjetivamente” desea alcanzar y no los que los demás queramos imponerle. ¿Y hasta dónde llega esa libertad? En una isla solitaria llega hasta los límites que impone la naturaleza: no puedo volar o saltar de una isla a otra. En una sociedad, además de los límites naturales existen límites sociales: mi libertad tiene que compatibilizarse con las mismas libertades de los demás.

Teniendo en cuenta los resultados de estudios de la acción humana, ¿Son previsibles dichas acciones en el futuro?

Podemos predecir que las personas perseguirán los fines que estimen más valiosos, pero será muy difícil predecir cuáles estos van a ser. Quienes lo hacen mejor…., son los emprendedores, que luego son recompensados con el éxito.

La «política cambiaria» o la desgracia de mezclar el tipo de cambio con la política.

Las declaraciones del presidente del Banco Central argentino, en relación a una posible reducción de las prohibiciones y restricciones existentes en el mercado de cambios (http://www.lanacion.com.ar/1753835-el-presidente-del-banco-central-ahora-anticipa-que-habra-una-apertura-gradual-del-cepo-cambiario) ha desatado, como era de esperar, una interesante discusión entre economistas acerca de las posibilidades de hacerlo dadas las restricciones que impone la actual situación y las perspectivas en cuanto a las reservas de la autoridad monetaria.

Como siempre, también, la discusión se centra en cuestiones de coyuntura, las que adquieren prioridad sobre temas de fondo. En general, los economistas son de la opinión que esas prohibiciones y restricciones deben eliminarse pero son tan cuidadosos respecto a la coyuntura que se termina olvidando el objetivo final, si es que en verdad éste existe dentro de tal análisis.

Olvidemos la coyuntura por un momento (aunque después volveremos sobre ella). Veamos la situación en términos de derechos. Si el objetivo final es recuperar la vigencia los derechos de propiedad y la posibilidad de disponer de ellos en la moneda que a uno le parezca mejor, ya que con su propiedad cualquiera puede hacer lo que estime mejor en tanto y en cuanto no dañe la propiedad de otros, alcanzar esa situación será lograr un “tipo de cambio libre”.

¿Hay algún objetivo “colectivo” superior que determine la restricción de tales derechos en aras de algo como el ‘bien común’? Seguramente muchos mencionarán cosas tales como la ‘estabilidad macroeconómica’, pero lo cierto es que la libertad de disponibilidad de la propiedad no es una fuente de inestabilidad, más bien lo contrario. La historia muestra que la inestabilidad macroeconómica es generada por los gobiernos, por sus déficits fiscales, su endeudamiento y su manejo de la emisión monetaria, no porque la gente disponga de sus derechos de propiedad.

Si esto es así, el objetivo final sería restituir esos derechos, situación que, además, recuperaría la vigencia de la Constitución Nacional. En tal sentido, los objetivos serían:

  1. Devolver el derecho de propiedad a los exportadores. Eliminar la obligación de entregar las divisas que obtienen al Banco Central; podrían ingresarlas o no, según su criterio. El efecto económico de esta disposición sería el siguiente: si ingresaran esas divisas contribuirían a la revaluación del peso (con política monetaria neutra) en relación a los ahora más abundantes dólares en el mercado.
  2. Devolver el derecho de propiedad a los importadores. Eliminar las licencias previas y todas las trabas sobre las importaciones. Esa mayor capacidad de importar contribuiría a la devaluación del peso en relación al dólar.
  3. Se removerían todo tipo de restricciones para el ingreso o egreso de divisas por cualquier motivo (inversiones, turismo, ahorro). El ingreso de inversiones, el turismo entrante y el ahorro de extranjeros en pesos tendería a revaluar la moneda local; el flujo de inversiones al exterior, el turismo saliente y el ahorro de locales en moneda extranjera tendería a devaluar la moneda local.

Volvamos ahora a la coyuntura. Si todo esto ocurriera, ¿cuál sería el saldo entre presiones devaluatorias y revaluatorias? En verdad, es muy difícil de decir, habrá muchas otras variables en juego que afectarán las expectativas de todos y determinarán nuestra conducta, aunque está claro que esas tres medidas, si fueran creíbles, generarían mucha más confianza que desconfianza.

Pero buena parte de la discusión actual sobre el relajamiento de los controles se centra en la cantidad de reservas que pueda tener el Banco Central. Puede ser que esa preocupación esté asociada a que no se genere un cambio brusco que altere drásticamente la posición patrimonial de la gente (esto es, una fuerte devaluación o una fuerte revaluación). Pero puede ser también que, en verdad, el objetivo final no sea devolver derechos como se planteara más arriba sino que se está pensando en sostener un determinado tipo de cambio. ¿Ycuál debería ser?

Muchos analistas consideran saberlo. Tal vez tendrían que tener algo de humildad. Pero el meollo de la discusión es que consideran al tipo de cambio como una herramienta de la política económica, no como su resultado.

Hemos tenido muchas décadas ya con políticas económicas que consideran el tipo de cambio como una herramienta. Esto fue así tanto en los 70s, como en los 80s, como en los 90s, como ahora. No pueden decir que haya sido un éxito. Mientras se ocupaban del tipo de cambio cometían un exceso fiscal tras otro. ¿Hubieran sido los costos económicos mayores si el tipo de cambio lo hubieran determinado oferentes y demandantes en lugar de algún experto (sea presidente del Banco Central o ministro de Economía)?

La “política cambiaria” ha demostrado que no hay nada peor que mezclar la “política” con el “tipo de cambio”… O tal vez sí, la “política monetaria”, esto es, mezclar la “política” con la “moneda”.

Mises analiza el fin de la primera globalización. No entendería a quienes no quieren la segunda

Mises analiza la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, pero lo hace en 1940, varios años antes de que esta guerra concluyera, en una conferencia en la Universidad de Columbia: “Postwar Reconstruction of Europe”. Allí considera el fin de la primera “globalización” (durante el siglo XIX), en cierta forma adelantando lo que sucedería en esos años en Argentina y el resto de América Latina:

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“Pero la transferencia de capital y trabajo se ha frenado hace tiempo ya. Fue la “Realpolitik” la que dio fin con el período de laissez-faire y laissez-passer. Hoy, la migración internacional es prácticamente imposible y puede que, en un futuro no muy distante, las migraciones sean restringidas aun dentro de las mismas fronteras de los países por los mismos factores que ya han reducido las migraciones internacionales.

La movilidad del trabajo había generado una tendencia hacia la ecualización de la productividad marginal del trabajo. Las grandes disparidades en salarios y niveles de vida entre distintas áreas del mundo disminuían gradualmente. Hoy, el trabajo es prácticamente “nacional”. Este hecho tiene la tendencia no solamente de perpetuar sino de agravar las desigualdades en los niveles de vida y civilización entre las distintas naciones. Los salarios son hoy mucho más altos en los Estados Unidos y en los dominios británicos que en la misma Inglaterra; en Europa los salarios son más bajos cuando más nos alejamos hacia el este y hacia el sur de Inglaterra.

No menos ha cambiado la situación con respecto a la oferta de capital. La inversión extranjera se basaba en el supuesto de que se respetarían los derechos de propiedad. Precisamente lo opuesto ha ocurrido. Podemos, con seguridad, decir hoy que la expropiación de los derechos de los inversores extranjeros y el repudio de los préstamos internacionales son considerados como un instrumento regular de la política económica y financiera. Es una práctica gubernamental generalmente tolerada que utilicen sus poderes soberanos para la nacionalización de empresas en manos de extranjeros. Es una regla común establecer regulaciones al mercado de cambios para anular los créditos de los acreedores extranjeros.”

Lo que, tal vez, le hubiera costado imaginar, es que la misma historia se repitiera en el siglo XXI, no ya en cuanto a un fin de este segundo proceso de globalización que actualmente vivimos, sino que algunos países decidieran aislarse y no participar del mismo.

El derrumbe de la utopía liberal hasta la 2a Guerra Mundial y posterior recuperación

En plena Segunda Guerra Mundial, Mises da una conferencia en el Yale Economic Club (1941), titulada: “Reconstrucción de posguerra”, pese a que aún faltaban varios años para que ésta culminara y todavía no había pasado lo peor.

Sostiene allí que lo que está ocurriendo es un colapso ‘moral’ y material sin precedente que derrumbara la “utopía liberal optimista”.

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Dice Mises: “En la utopía de los viejos liberales, el gobierno solo se ocupa de la protección de la vida, la salud y la propiedad privada contra el uso de la fuerza y el fraude. El estado asegura el funcionamiento suave de la economía de mercado por el peso de su poder coercitivo. Sin embargo, se abstiene de toda interferencia con la libertad de acción de la gente para producir y distribuir en tanto esas acciones no involucren el uso de la fuerza o el fraude contra la vida, la salud o la propiedad de otros. Este simple hecho caracteriza a tal comunidad como una economía de mercado o capitalista.”

“En este mundo capitalista no existen las barreras comerciales ni migratorias. Los bienes y las personas se pueden mover libremente a través de las fronteras. Cualquiera tiene derecho a moverse al lugar donde quiere vivir, trabajar y producir. Las leyes y las autoridades tratan a los ciudadanos y a los extranjeros de la misma forma. Bajo estas condiciones, las fronteras no tienen importancia para el individuo. Es irrelevante para el individuo si el “sereno nocturno” lleva un uniforme azul y blanco o rojo y blanco.”

“Por supuesto, esta utopía liberal nunca se alcanzó por completo. Pero los liberales se convencieron totalmente que las condiciones estaban dirigiéndose en ese camino, que la evolución social y económica necesariamente debía llevar a ello, y que no era posible un retorno al obsoleto sistema de interferencia gubernamental en la vida privada. Sobre esta fe basaron su optimismo en relación a la desaparición de la violencia. La guerra parecía el remanente de un oscuro pasado como la intolerancia religiosa, la superstición, la esclavitud y los gobiernos tiránicos.”

“El optimismo de Bentham, Cobden y Bastiat no estaba justificado. La historia fue por otro camino. Hoy vivimos en un mundo de interferencia gubernamental en los negocios y, en algunos países, socialismo. Por todos lados hay barreras comerciales y migratorias. En política doméstica, los gobiernos están ansiosos de interferir para beneficiar a algunos grupos a expensa de otros. El ‘nacionalismo’ es el rasgo característico de la política exterior moderna.”

“El término es utilizado en forma muy inexacta. Sugiero que se aplique el término ‘nacionalismo económico’ a la política que intenta promover las condiciones de cierto grupo de ciudadanos infligiendo daño a los extranjeros. El nacionalismo es una política de discriminación contra los extranjeros. Los productos extranjeros son excluidos del mercado local y solo ingresan luego de pagar un derecho de importación. El trabajo extranjero es desplazado de la competencia en el mercado laboral local. EL capital extranjero es sujeto a confiscación. Medidas discriminatorias similares se aplican contra ciudadanos que pertenecen a ciertas minorías raciales, lingüísticas o religiosas.”

Por suerte, hubo recuperación después de la guerra, en buena medida gracias a que esas ideas de Mises fueron llevadas adelante por grandes reformadores económicos de posguerra: Ludwig Erhard en Alemania, Jacques Rueff en Francia, Luigi Einaudi en Italia. Pero el ‘estatismo’ que Mises critica sigue vigente en muchos países que se condenan así al atraso.

 

Preguntas sobre la acción humana, la subjetividad del valor y la utilidad marginal (IV)

Los alumnos de Microeconomía en Madrid leen partes de “La Acción Humana” de Ludwig von Mises y plantean preguntas al autor que trataré de contestar aunque no lo sea:

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¿Por qué incide tanto en el concepto de subjetividad?

Porque es un hecho real que no tenemos todos las mismas valoraciones, y que incluso nuestras valoraciones cambian con el tiempo o con el momento. Ahora tengo hambre, y tú estás aburrido. Como algo y el hambre se me va, pero entonces estoy aburrido como tú. Pero tú ahora estás viendo Real Madrid-Barca y tu preocupación ya no es el aburrimiento sino el resultado….

¿Hay fines dentro de fines?

Si los hay, son medios, aunque en otras circunstancias hayan sido fines. Es decir, no hay medios y fines “objetivos”, todo depende de la valoración que les doy en el momento.

¿Qué ocurre cuando los hombres actuamos movidos por el puro altruismo? ¿También valen todos estos planteamientos para las acciones de altruismo? ¿Piensa el autor que el altruismo es también ambición e interés propio? ¿Los planteamientos de Mises quieren decir que el hombre es egoísta por naturaleza?

Correcto. Desde esta perspectiva, el ser humano persigue su interés personal, tanto sea Mises como la Madre Teresa. En este sentido, ambos son “egoístas”, aunque aquí la definición no sirve para el contexto ético. En tal sentido, decimos que la Madre Teresa es altruista porque “su interés personal” es servir a los demás; y un egoísta sería quien sólo busca servirse a sí mismo.

¿Quiere decir todo esto que el hombre vive de forma continua en una permanente insatisfacción?

Porque nuestras necesidades parecen ilimitadas. Tenemos como una vocación de progreso. Obtuvimos algo, pero sabemos que se puede mejorar. Tenemos la vacuna contra la polio. ¿Queremos una vacuna contra el cáncer? Ahora que resolvimos el primer problema nos queda el siguiente, y tal vez esto no acabe nunca. Pero esa vocación es la que explica el progreso de la humanidad.

Normalmente no paramos de actuar hasta el día de nuestra muerte… Esta insatisfacción ¿nos hace infelices por naturaleza? O ¿es precisamente al revés?, ¿es la acción continua y la búsqueda y puesta en marcha de proyectos, con el fin de satisfacer nuestras necesidades, que requieren acción continua es lo que nos hace encontrar un sentido a la vida?

Esto ya es de sicología, pero bien interesante. ¿Qué puedo decir? Veo gente que es feliz produciendo, trabajando, y que eso incluso los mantiene vivos. ¿Necesita Mick Jagger seguir haciendo conciertos por todo el mundo? Otros, tal vez, odian producir y trabajar, pero en todo caso tienen otros fines, otras necesidades: quisieran estar todo el día sentados debajo de una palmera. Pero, en tal caso, tienen que resolver esa necesidad.

¿Por qué no se estudia economía en la universidades desde la óptica de la acción humana y que tendría que cambiar para que así fuera?

Se estudia también la acción humana pero desde una perspectiva diferente. La del individuo maximizador de utilidad, en particular monetaria, con otros modelos que, desde nuestra perspectiva, no son lo suficientemente completos para describir la acción humana y sus consecuencias. Se termina dándole más importancia al modelo matemático en sí que a las acciones de personas con conocimiento limitado.

¿Por qué no ha cuajado el concepto de praxeología?

En fin, los economistas han preferido continuar con “economía” y luego se han desarrollado áreas como el “análisis económico del derecho” (law & economics), el “análisis económico de la política” (public choice) o el “análisis económico de la conducta” (behavioral economics) que, en verdad, serían parte del contenido de la praxeología.

El valor que le damos a un bien ¿no depende también de la escasez del mismo, en vez de nuestra necesidades?

Por supuesto, la ley de utilidad marginal se basa tanto en la utilidad como en la escasez.

¿En todos los casos la utilidad marginal es la que determina el valor de los bienes económicos?

Correcto

¿Cómo puede medir el actor los distintos grados de escasez de los bienes económicos?

A través de los precios. Un precio más alto le indica un mayor grado de escasez.

¿Cuál sería la utilidad marginal del tiempo para el actor?

Cuando Bill Gates decide dejar Microsoft para dedicarse a una fundación que combate la malaria en África está mostrando en acción la utilidad marginal del tiempo. Su tiempo es escaso, y lo que le va quedando vale más, y es una escasez irremediable. Tiene que decidir si se queda y gana unos millones de dólares más o si hace otra cosa que le retribuya más, tiene que “economizar” su tiempo.

¿Por qué afirma que la ley de utilidad marginal no guarda relación con la psicología?

Porque explica la acción humana al margen de porqué la gente persigue ciertos fines y no otros. Es decir, sea la razón que sea por la que perseguimos ciertos fines, lo cierto es que asignaremos medios escasos a los fines más valorados.

¿Cómo es posible que los economistas clásicos no intentarán resolver la paradoja del valor no solo desde el concepto de la utilidad, sino también manejando el concepto de disponibilidad/escasez?

Todos lo intentaron. Los clásicos incluso creyeron que la habían resuelto al explicar el valor por el costo de producción o el trabajo. Pero luego, había cosas que esta teoría no lograba explicar, se hacía evidente la necesidad de otra teoría.

 

¿Quienes son los pobres, y los ricos, cuando hay movilidad social? ¿Qué dicen las estadísticas?

¿Quiénes son los pobres? ¿Acaso nos lo dicen las estadísticas? Por supuesto que tenemos un problema para determinar esto porque la manipulación de las estadísticas de precios también distorsionan las de ingresos y, por lo tanto, las de pobreza. De todas formas, la estadística tal vez nos aproxime a saber qué porcentaje de pobres hay, pero no quienes son precisamente. Eso lo dejamos en manos de los políticos. ¿Y quienes son los pobres en una de las economías más ricas del mundo?

Comenta el profesor de economía de Stanford, Thomas Sowell, en su libro “The Quest for Cosmic Justice” (1999):

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“Algunos estudios que han seguido a individuos norteamericanos por un cierto período de años han encontrado que la mayoría no permanece en el mismo quintil de la distribución de ingresos por más de una década. El primero de estos estudios fue realizado por un grupo de académicos de izquierda, quienes se encontraron confundidos con sus propios descubrimientos, basados en el seguimiento de los mismos individuos durante ocho años. Pero nada de esto debería sorprendernos. La gente es ocho años mayor luego de ocho años. Tienen ocho años más de experiencia, de madurez. Si han abierto un comercio, han tenido ocho años para conocerlo mejor y atraer más clientes. En las profesiones, han tenido ocho años para forjar una clientela. ¿Por qué no deberían estar en niveles superiores de ingreso al final de esos ocho años?”

“Los pobres, quienes suelen ser definidos como el 20% más bajo de la distribución del ingreso, son tan pasajeros en ese puesto como lo son los ricos. Solo el 3% de la población norteamericana permaneció en el 20% más bajo por ocho años. Entre los que estaban en ese 20% más bajo, más han alcanzado el 20% más alto al final del período de los que permanecieron en ese quintil. Sin embargo, ‘los pobres’ continúan siendo identificados como ese 20%, en lugar del 3% que se mantiene en el fondo. Nuestro discurso intelectual y nuestras políticas públicas se basan en la abstracción del 20% más con el verdadero 3% que son genuinamente pobres.”

“Parece recordar la historia de alguien a quien se dijo que, en la ciudad de Nueva York, alguien es atropellado por un auto cada 20 minutos. Su respuesta fue: “ya debe estar terriblemente cansado de eso”. Pero algunos de nuestros más renombrados intelectuales, para no mencionar a nuestros líderes políticos y morales, comenten el mismo error de pensar que siempre la misma gente todo el tiempo cuando hablan de abstracciones estadísticas como si estuvieran hablando de gente de carne y hueso que son pobres o ricos. Los genuinamente ricos, y los genuinamente pobres, juntos, no llegan al 10% de la población norteamericana. Sin embargo, estos dos grupos son los caracteres principales de melodramas morales que dominan la política, el periodismo e incluso el discurso académico y jurídico de los Estados Unidos.”

 

Mises sobre el papel que cumplimos en el mercado, tanto como productores y consumidores

Parece básico pero no lo es. Comenta Mises sobre el funcionamiento del mercado, en “La Acción Humana”, Cap XVI, Apartado 12: “El individuo y el mercado”:

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“Se acostumbra hablar metafóricamente de las fuerzas automáticas y anónimas que actúan en el ‘mecanismo’ del mercado. Al emplear tales metáforas la gente está dispuesta a olvidarse del hecho que los únicos factores que guían al mercado y la determinación de los precios son las acciones humanas con un cierto propósito. No hay automatismo; sólo hay personas consciente y deliberadamente buscando alcanzar los fines elegidos. No hay misteriosas fuerzas mecánicas; sólo la voluntad humana que busca remover la insatisfacción. No hay anonimidad; sino solamente tú y yo, y Billy y Joe y el resto. Y cada uno de nosotros somos tanto productores como consumidores.”

Mises se dirige aquí a contrarrestar un enfoque común en todo tratamiento de los temas económicos que describe el funcionamiento del mercado como alejado de las decisiones de personas reales, de carne y hueso. Así, por ejemplo, se dice que “el mercado bajó” o “el mercado subió” y, por supuesto, entendemos lo que se quiere decir con eso, pero al formularlo así perdemos de vista que fueron personas las que empujaron el precio en el mercado hacia arriba o hacia abajo, que estuvieron de acuerdo en pagar más o menos. En una clase anterior vimos como quienes determinaban el precio eran las “parejas marginales”, pero siempre de trata de parejas de individuos, de personas que actúan para superar esa insatisfacción producto de la escasez. Esto lleva, también, a que se culpe al mercado de esto o de aquello cuando lo único que hace es reflejar cuáles son las valoraciones de las personas, nada más.

Y esas mismas personas que actúan, no necesariamente comprenden su propio papel en el mercado, en su doble carácter de oferentes y demandantes, de productores y de consumidores.

Continúa Mises:

“El mercado es un cuerpo social; es el principal cuerpo social. Los fenómenos de mercado son fenómenos sociales. Son la resultante de la contribución activa de cada individuo. Pero son diferentes a cada una de esas contribuciones. Aparecen ante el individuo como algo dado, que él mismo no puede alterar. Y pocas veces ve que él mismo es parte, aunque pequeña, del conjunto de elementos que determinan cada estado momentáneo del mercado. Porque no comprende esto se cree libre de criticar al fenómeno del mercado, de condenar respecto del resto de las personas un modo de conducta que considera correcto para sí mismo. Condena al mercado por su insensibilidad y desconsideración por las personas y demanda el control social del mercado para ‘humanizarlo’. Pide, por un lado, medidas para proteger al consumidor de los productores. Pero, por otro, insiste más enfáticamente en la necesidad de ser protegido él mismo como productor frente a los consumidores. El resultado de estas demandas contradictorias da como resultado el moderno método de gobierno intervencionista cuyos principales ejemplos son la Sozialpolitik de la Alemania imperial y el New Deal en los Estados Unidos.”

Hay grupos que no están representados proporcionalmente. Esto sí que ha de ser injusto…

¿Es discriminatorio cuando algunos grupos sociales no estén representados en la misma proporción en ciertas actividades? Comenta el profesor de economía de Stanford, Thomas Sowell, en su libro “The Quest for Cosmic Justice”:

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“El problema fundamental es presuponer que los grupos sociales estarían representados proporcionalmente en distintas actividades o instituciones, o en distintos niveles de ingresos, en ausencia de sesgos o discriminación. Por el contrario, es difícil encontrar una distribución pareja en cualquier país y en cualquier período de la historia, excepto cuando el gobierno impone ciertas cuotas o preferencias para conseguir algún ‘balance’ estadístico.”

“Aquellos que creen en la justicia cósmica suelen argumentar que esto simplemente demuestra cuán extendida está la discriminación. Pero muchos grupos, que no están en posición de discriminar a nadie están sobre-representados en ocupaciones de alta remuneración, instituciones académicas de prestigio y otros muchos sectores deseables de la economía y la sociedad. Podríamos considerar un gran número de disparidades estadísticas, tanto sea de cosas como de personas, donde no se puede presentar un caso de discriminación. Aquí van algunos pocos:

  • Más de 4/5 de los negocios de donas en California están en manos de camboyanos.
  • A principios del siglo XX, 4/5 de las máquinas procesadoras de azúcar se fabricaban en Escocia.
  • Hasta 1909, los italianos en Buenos Aires eran dueños de más del doble de negocios de bebidas y comida que los argentinos, más de tres veces zapaterías y más de diez veces peluquerías.
  • Durante la década de los 60s, la minoría china en Malasia proveía entre el 80 y 90% de todos los estudiantes universitarios de medicina, ciencias e ingeniería.
  • A principios del siglo XX todas las empresas produciendo estos productos en Rio de Grande do Sul era propiedad de alemanes o sus descendientes: camiones, hornos, papel, sombreros, corbatas, cuero, jabón, vidrio, relojes, cerveza, ropa y carros.
  • En la Rusia del Siglo XVIII, 209 de 240 fábricas de ropa en la provincia de Astrakán eran propiedad de armenios.
  • De los 16.000 trabajadores que construyeron el East Africa Railway desde el puerto de Mombasa hasta el Lago Victoria, 15.000 eran de India.
  • Hasta 1937, el 91% de las verdulerías en Vancouver, Canadá, estaban en manos de japoneses.
  • Aunque son menos del 5% de la población indonesia, los chinos han llegado a manejar el 75% de las 200 principales empresas.
  • A principios de los años 1920s los judíos eran solamente el 6 y 11% de las poblaciones de Hungría y Polonia, pero eran más de la mitad de los médicos en esos países.

Esta lista podría extenderse mucho más.

¿Por qué están algunos grupos representados desproporcionalmente en tantos lugares y tiempos distintos? Tal vez la respuesta simple es que no hay motivo para esperar que sean estadísticamente similares. Variables geográficas, históricas, demográficas y otras hacen que la idea de una distribución pareja no tenga ningún sentido.”

 

Respuesta al comentario sobre utilidad marginal decreciente

Lo pongo como nueva entrada, por alguna razón no puedo ponerlo como comentario de respuesta al de Raúl Torres:

Gracias por el comentario Raúl. Fijate que estos casos los trata Murray Rothbard en su libro «Man, Economy and State».
En cuanto a los primeros ejemplos, es como dices, los bienes no son sustitutos perfectos, un adorno es distinto a otro pese a que ambos sean de oro. Lo que está valorando en ese caso es el «adorno», es decir, la forma en la que el metal fue tratado, o tal vez quién se lo regaló, o cuando lo compró, dónde, etc.
El Don Juan no valora las mujeres sino la estadística. 101 no es lo mismo que 100, es un bien distinto y que tiene una valoración superior.
La ley sigue vigente.
Saludos