Ahora que se van las retenciones, Amilcare Pulviani (1854-1907) ayuda a explicar porqué existían

Las “retenciones”, para los lectores de otros países que desconocen a qué se refiere esa palabra, son impuestos a ciertas exportaciones, que se aplican sobre el precio FOB de un producto en el momento en que se exporta. En Argentina, hay una serie de ‘retenciones’, aplicadas principalmente a productos de origen agropecuario y otros, a distintas tasas, siendo la más alta, la del 35% a las exportaciones de soja. Ahora, ésta será reducida al 30% y todas las demás eliminadas.

Poco hay que explicar a los lectores el daño que ha ocasionado este impuesto a la producción. Pero veamos aquí alguna explicación acerca de porqué suelen aplicarse impuestos como éste, o similares. Para ello recurriremos a un clásico italiano, pero muy poco conocido: Amilcare Puviani (1854-1907). Si alguien lo conoce es por la teoría de la “ilusión fiscal”, que dice que cuando los impuestos no son totalmente transparentes o no están claramente a la vista de los contribuyentes, el costo del gobierno es menos evidente para ellos y los lleva a demandar más gasto. Puviani se planteó la pregunta: ‘¿si un gobierno quisiera esquilmar al máximo a su población, qué haría? Y presentó once estrategias, casi todas aplicadas por nuestros gobiernos, pero veamos de qué forma se relacionan algunas de ellas con las retenciones:

1.       Mejor impuestos indirectos que directos, así el impuesto está escondido en el precio de los productos: y la retención es más que escondida para el consumidor común, mucho más que el IVA. Quienes imponen las retenciones argumentan que contribuyen a reducir el precio interno del bien exportado (ya que el comprador local compite con el comprador extranjero, y solamente debe ofrecer al productor local el precio internacional menos el impuesto). Pero la retención reduce la oferta y, con el tiempo, eleva los  precios. El consumidor no nota ese supuesto efecto ‘reducción’ y en un contexto inflacionario no puede saber si el precio aumentó menos gracias a la existencia de ese impuesto. Tampoco puede evaluar cuánto más termina pagando por una oferta más reducida.

2.       Impuestos que explotan el conflicto social ya que se aplican a grupos con poco peso político: y en el caso argentino, el gobierno tuvo una visión ‘antigua’ de la producción agropecuaria. Este fue el gran error político del gobierno saliente. Pensó que aplicaba un impuesto a los “ricos” hacendados y estancieros y no se dio cuenta que el campo moderno involucra a toda una cadena de producción de la cual participan cientos de miles de personas, grandes y pequeños. No es de extrañar que perdiera la elección principalmente en toda la zona central agropecuaria.  

3.       Impuestos ‘temporales’: que nunca se reducen luego que la crisis pasó. Típicamente, en este caso, las retenciones se impusieron como resultado de la gran crisis y devaluación del 2002, pero se mantuvieron desde entonces pese a que esa crisis había quedado atrás. Curiosamente, ahora que no pagarán retenciones, los productores deberán pagar Ganancias, otro impuesto ‘temporal’, creado en la crisis de los años 1930.

4.       Amenaza de colapso social e imposibilidad de prestar servicios públicos si el impuesto se reduce: era el argumento por el cual se mantuvieron las retenciones en un contexto en que el gasto público no dejaba de crecer.

5.       Recaudación en pequeños pagos, no, por ejemplo, un pago total anual: y en el caso de las retenciones el productor ni siquiera tiene que hacer la gestión de pagarlo, ya que está deducido del precio que recibe del exportador. Estos son los que pagan al exportar, pero son bien pocos, y es muy fácil controlarlos.

Las otras estrategias comentadas por Pulviani son bien conocidas: financiar el gasto con emisión y la consiguiente inflación, endeudamiento que se paga con impuestos futuros; alta complejidad del presupuesto, cosa que nadie entienda mucho en qué se está gastando; uso de categorías de gasto muy generales, como ‘educación’ o ‘seguridad’, donde no puede verse con precisión en qué se gasta específicamente.

Juliana Awada, Macri y El Manantial, de Ayn Rand: libertad personal y responsabilidad individual

La revista La Nación publica este domingo una entrevista con la mujer del nuevo presidente argentino, Juliana Awada. En un momento de la conversación, la periodista le pregunta:

“¿Un libro?

El Manantial, el primer libro que me regaló Mauricio, que es su favorito.”

http://www.lanacion.com.ar/1853052-juliana-awada-una-no-imagina-estas-cosas-pero-suceden-es-el-destino

manantial

No hay ningún comentario sobre el libro de Ayn Rand, tal vez porque la periodista no lo conociera, pero para quienes sí, sabemos que se trata de un libro con alto contenido ético-político.

Está claro que el libro puede leerse y gustarle al lector simplemente como una novela, por la trama, por el desarrollo de las acciones. Quien lo alaba puede no estar diciendo nada sobre su contenido. O también puede ser que destaque ciertos valores básicos que allí aparecen, tales como la idea de la libertad personal asociada con la responsabilidad individual sobre su propio destino. También se puede interpretar como un ‘manifiesto’ para una cierta visión del mundo, como lo hacen muchos randianos. No creo que sea ésta la interpretación que han hecho tanto el presidente como su mujer sino la anterior, aunque nada se puede sacar de una pregunta escueta y una respuesta simple.

Ha dicho, por ejemplo, Mario Vargas Llosa: «El Manantial es una de esas raras muestras de la buena novela liberal. Es una historia en la que el protagonista, Howard Roark, un arquitecto brillante, está dispuesto a arriesgarlo todo por defender su libertad individual. De alguna manera, se trata de un alter ego de Ayn Rand, quien dedicó su intensa y fecunda vida intelectual a combatir el colectivismo en cualquiera de sus múltiples variantes. Ya no suelen escribirse novelas dotadas de un fuerte contenido ético. Esta es una de las mejores que conozco».

Algunas frases del texto que, tal vez, concuerden con algunos conceptos expresados por el presidente:

Iniciativa individual y empresarialidad: «A través de los siglos hubo hombres que dieron los primeros pasos por nuevos caminos armados tan solo con su propia visión. Sus objetivos eran diferentes, pero todos tenían esto en común: El paso era el primero, el camino nuevo, la visión original, y la respuesta que recibieron: Odio….[]…Pero los hombres de visión original siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron su precio. Pero ganaron.»

Prioridad en la producción: «Nada se le regala al hombre en la tierra. Todo lo que necesita ha de ser producido. Y aquí el hombre se enfrenta a su alternativa básica: Puede sobrevivir sólo de una de las dos maneras siguientes: Por el trabajo independiente de su propia mente o como un parásito alimentado por las mentes de otros. El creador origina. El parásito toma prestado. El creador se enfrenta a la naturaleza sólo. El parásito se enfrenta a la naturaleza mediante un intermediario. La preocupación del creador es la conquista de la naturaleza. La preocupación del parásito es la conquista de otros hombres.»

Llamado a la felicidad: «Estaba pensando en la gente que dice que la felicidad es imposible en la tierra… Mire cuán duramente tratan todos de encontrar alegría en la vida. Mire como luchan por eso. ¿Por que tienen que existir seres humanos con dolor? ¿Puede alguien pretender que un ser humano exista para otra cosa que no sea para su propia alegría? Todos la quieren, pero nunca la encuentran. Me pregunto el porqué. Ellos se quejan y dicen que no comprenden el significado de la vida. Hay una clase especial de gente a la cual desprecio. A la que busca un propósito más alto o un fin universal; a la que no sabe para qué vive, que gime buscándose a sí misma. Usted lo oye en torno nuestro. Esto parece ser el lugar común oficial de nuestro siglo. Lo encuentra en cada libro que abre, en cada babeante confesión. Parece que fuera una cosa noble y digna de ser confesada. Yo creo que es la más vergonzosa.»

En fin, no sé si serán estas ideas, u otras, pero digamos que en el texto hay muchas buenas ideas como para inspirar la acción.

Contratos futuros para comprar dólares. Dos posiciones libertarias: cumplir la ley o repudio a la deuda

El nuevo gobierno argentino se enfrenta a un problema, generado arteramente por el gobierno anterior. Éste, para disimular la escasez de reservas en el Banco Central como resultado del llamado ‘cepo cambiario’, vendió contratos futuros para la compra de dólares a un precio que, tanto los que vendían como los que compraban, sabían que iba a estar muy alejado de la realidad al momento en que deban hacerse efectivos.

Para nuestros lectores de otros países no hace falta entrar en detalles, pero digamos que el Banco Central vendía dólares futuros a 10 pesos cuando todo el mundo sabía que una devaluación era inevitable y que a su vencimiento el dólar se podría cotizar en alrededor de 15 pesos. Es decir, comprar a 10 y en unos meses luego poder vender a 15. Esta operación se hizo a la vista de todos e incluso cumpliendo requisitos contractuales legales. No obstante, el nuevo ministro de Economía, y otros, presentaron una demanda judicial contra el entonces presidente del Banco Central acusándolo de estar vendiendo dólares a un precio incluso más bajo al que se compraban futuros en Nueva York.

Esta demanda está en curso y el nuevo ministro se enfrenta con el problema de qué hacer, dado que los dólares que se vendieron en principio no existen, es decir, el Banco Central no tiene cómo pagarlos.

Seguramente tiene varias opciones por delante, que estarán siendo estudiadas en estos días, pero a los libertarios nos plantea un dilema que quisiera presentar aquí, enfrentando dos posiciones respecto a la actitud que debe tener el estado en sus contratos.

Primera posición: el respeto del derecho de propiedad y el cumplimiento de los contratos es una ley básica y fundamental de toda sociedad liberal. Es más, la función del estado es, precisamente, verificar el cumplimiento de estas leyes, y no podría, entonces, él mismo violarlas. Esta visión, se basa en una famosa frase de David Hume acerca de los principios básicos de una sociedad abierta:

“Where possession has no stability, there must be perpetual war. Where property is not transferred by consent, there can be no commerce. Where promises are not observed, there can be no leagues nor alliance.”

Segunda posición: puede verse en esta cita de Murray Rothbard: “… la transacción de la deuda pública es muy distinta de la de la deuda privada. En lugar de un acreedor con una baja preferencia temporal intercambiando dinero por un pagaré de un deudor con alta preferencia temporal, el gobierno recibe ahora dinero de los acreedores, sabiendo ambas partes que el dinero que se devuelva no vendrá de los bolsillos de políticos y burócratas, sino de las carteras saqueadas de los contribuyentes indefensos, los súbditos del estado. El gobierno obtiene el dinero por coacción fiscal y los acreedores públicos, lejos de ser inocentes, saben muy bien que sus ingresos vendrán de esta lamentable coacción.”

Rothbard propone repudiar la deuda:

“Aparte del argumento de la moralidad o santidad del contrato contra el repudio que ya hemos explicado, el argumento económico habitual es que ese repudio es desastroso porque quién en su sano juicio volvería a prestar a un gobierno repudiante. Pero el contraargumento eficaz se ha considerado raras veces: ¿por qué debería inyectarse más capital privado en las ratoneras del gobierno? Es precisamente la eliminación de futuros créditos públicos lo que constituye uno de los principales argumentos para el repudio, pues significa secar beneficiosamente un canal de destrucción inútil de los ahorros de la gente. Lo que queremos son ahorros abundantes e inversión en empresas privadas y un gobierno delgado austero, de bajo presupuesto, mínimo. El pueblo y la economía solo pueden hacerse grandes y poderosos cuando el gobierno es frugal y enclenque.”

“Pero si este plan se considera demasiado draconiano, ¿por qué no tratar al gobierno federal como se trata a cualquier bancarrota privada (olvidando el Capítulo 11)? El gobierno es una organización, así que ¿por qué no liquidar los activos de la organización y pagar a los acreedores (los tenedores de bonos públicos) una porción a prorrata de dichos activos? La solución no costaría nada al contribuyente y asimismo le libraría de 200.000 millones de dólares en pagos anuales de intereses. Se obligaría al gobierno de Estados Unidos a regurgitar estos activos, venderlos en subasta y pagar a los acreedores de acuerdo con ello.

Qué activos del gobierno? Hay una gran cantidad de activos, de la Tennessee Valley Authority a los parques nacionales a distintas estructuras como Correos. Las enormes oficinas de la CIA en Langley, Virginia, deberían generar un buen lugar para edificar chalets para todos los trabajadores dentro de la circunvalación. Tal vez podríamos echar a las naciones Unidas de las Estados Unidos, reclamar los terrenos y edificios y venderlos para casas de lujo para las celebridades del East End. Otro descubrimiento de este proceso sería una privatización masiva del terreno socializado en el Oeste de Estados Unidos y también del resto del país. La combinación de repudio y privatización llegaría reducir la carga fiscal, estableciendo una sensatez fiscal y desocializando Estados Unidos.”

En fin, ¿qué opinan los lectores?

Generaron dudas sobre el cumplimiento de los contratos en dólares: Hayek sobre el «curso legal»

 En Argentina se ha modificado el Código Civil y se han introducido serias dudas respecto al cumplimiento de los contratos en otras monedas. Aunque cierta jurisprudencia afirma ya que prevalece la voluntad de las partes, es decir, lo especificado en el contrato, está por verse: http://www.lanacion.com.ar/1824427-nuevo-codigo-civil-y-comercial-la-camara-civil-confirmo-que-un-contrato-en-dolares-debe-pagarse-en-esa-moneda

Al respecto, en su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema del curso legal de la moneda como parte de su análisis de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

Hayek4

Preferencia por el dinero privado

Desde luego, puede haber y ha habido dinero muy sólido sin que los poderes públicos intervinieran para nada, pero raras veces se ha permitido que funcionara durante un período largo de tiempo.

Ahora bien, conviene aprender la lección contenida en un informe sobre China escrito por un autor holandés hace cien años. En él se señala que el papel moneda corriente entonces en aquella parte del mundo «es generalmente aceptado como dinero porque carece de curso legal y el Estado no se ocupa de él». Debemos a la intervención pública el que dentro de determinados territorios nacionales sólo se acepte un tipo de moneda. Pero es una cuestión sin decidir la de si esto es deseable o si la gente no podría conseguir un tipo de dinero de mucho mejor calidad si comprendiera las ventajas de prescindir de toda la confusión que genera la cuestión del curso legal. Además, un «medio legal de pago» (gesetzliches Zahlungsmittel) no necesita ser específicamente designado por una ley. Basta con que la ley permita al juez decidir con qué clase de moneda se puede pagar una determinada deuda.

La mencionada práctica fue claramente expuesta hace ochenta años por el distinguido defensor de la política económica liberal, abogado, estadista y alto funcionario, Lord Farrer. En un ensayo escrito en 1895 afirmaba que si las naciones «consideran como de curso legal solamente la unidad de cuenta cuando la deuda está expresada en esa unidad de cuenta en el contrato, no hay necesidad ni lugar para que opere una ley de curso legal. El Derecho mercantil es suficiente y no se requiere otra ley que atribuya funciones específicas a determinadas monedas. Hemos adoptado el soberano de oro como nuestra unidad o medida del valor. Si prometo pagar 100 soberanos, no es necesaria una ley especial sobre moneda de curso legal que señale que estoy obligado a pagar los 100 soberanos, y que si se me requiere el pago no puedo eximirme de la obligación pagando con algo distinto.» Después de examinar las aplicaciones típicas del concepto de curso legal, concluye que «observando los casos anteriores de uso o abuso de la ley de curso legal, vemos que tienen algo en común: en todos ellos la ley permite al deudor pagar y exige que el acreedor reciba algo diferente de lo contemplado en el contrato». De hecho, es una institución forzosa y antinatural que un poder arbitrario impone a los tratos entre los hombres. Añade unas líneas más abajo que «cualquier ley de curso legal es por naturaleza sospechosa».

Desigualdad en el mundo: en muchos países los pobres de hoy son mucho más ricos que sus padres

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”,: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point  , se pregunta si la desigualdad es mala:

“En 2003, los economistas Donald Boudreaux y Mark Perry señalaron que ‘según la Oficina de Análisis Económico, el gasto familiar en cuestiones básicas de la vida moderna –alimentos, automóviles, vestimenta y calzado, muebles y equipos, y vivienda y servicios- ha caído desde el 53% del ingreso disponible en 1950 a 44% en 1970 y a 32% hoy.

El economista Steven Horwitz resume los datos sobre las horas de trabajo requeridas para comprar una TV color o un auto, y destaca que ‘estos datos no capturan… el cambio en la calidad… La TV en tenía a lo sumo 23 pulgadas, con pobre resolución, probablemente sin control remoto, débil sonido, y generalmente muy distinto a su sucesor del 2013. Alcanzar las 100.000 millas en un auto de los años 1970s era una causa de celebración. No alcanzarlas hoy sería una causa para pensar que se ha comprado un mal auto.”. Observa que ‘considerando distintos datos sobre consumo, de los informes de la Oficina del Censo, respecto a lo que poseen los pobres en sus casas con el tiempo requerido para comprar una variedad de bienes de consumo, deja en claro que los norteamericanos viven hoy mejor que nunca antes. De hecho,  los norteamericanos pobres viven hoy mejor, según estas comparaciones, de lo que vivían sus contrapartes de la clase media en los años 1970s.”

El politólogo e intelectual público Robert Reich sostiene que, no obstante, debemos estar alarmados por la desigualdad más que dedicando todas nuestras energías a mejorar la condición absoluta de los pobres: “Una mayor desigualdad siempre daña la movilidad ascendente”, dice. Horwitz resume los resultados de un estudio de Julia Isaacs sobre le movilidad individual desde 1969 a 2005: “82% de los niños del 20% más pobre tenían ingresos reales más altos en el año 2000 de los que sus padres tenían en 1969. El ingreso real medio de los niños pobres de 1969 era el doble del de sus padres.” No hay dudas que los hijos y nietos de los refugiados por la sequía de los años 1930s, por ejemplo, están mucho mejor que sus padres y abuelos. John Steinbeck lo relató en Las uvas de la ira, sus momentos más terribles. Pocos años después, los de Oklahoma encontraron empleos en las industrias bélicas, y muchos de sus hijos fueron luego a la universidad. Algunos incluso llegaron a ser profesores universitarios que piensan que los pobres son cada vez más pobres.”

Nicolás Maduro reivindica la palabra ‘burgués’: otro éxito en su larga carrera de aciertos

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ha cometido tantos errores que le han costado el resultado electoral por todos conocido. Pero ahora estaría a punto de realizar un aporte positivo: reivindicar la palabra ‘burgués’. Refiriéndose al nuevo presidente argentino Mauricio Macri, ha dicho “Macri es un burgués de la elite y todo el Gobierno que nombró es la crema de la elite. Creo que le va a ir muy mal, señor Macri”.

No me quiero referir aquí a Macri o a su crítico que sabrá de éxitos como para pronosticar fracasos sino a la palabra burgués.

El Diccionario de la Real Academia presenta seis definiciones:

1. adj. Natural o habitante de un burgo medieval. U. t. c. s.

2. adj. Perteneciente o relativo al burgo medieval o a los burgueses.

3. adj. Perteneciente o relativo al burgués (‖ ciudadano de la clase media).

4. adj. despect. Vulgar, mediocre. U. t. c. s.

5. m. y f. Ciudadano de la clase media acomodada.

6. m. y f. despect. Persona de mentalidad conservadora que tiende a la estabilidad económica y social.

Quisiera descartar las tres últimas, ya que una es un trato despectivo para el cual no veo justificación alguna cuando vemos algo de las tres primeras, y las dos últimas porque se alejan de su significado original.

Maduro habla despectivamente del burgués, pero tan solo leyendo Wikipedia deberíamos tener algo más de respeto porque es el origen de todos los valores de democracia y libertad que tanto él, como otros de sus amigos, dicen que valoran. Dice así sobre la “burguesía”:

“El término se usó inicialmente para identificar a la clase social compuesta por los habitantes de los «burgos» (las partes nuevas que surgían en las ciudades bajomedievales de Europa occidental), caracterizados por no ser señores feudales ni siervos y no pertenecer ni a los estamentos privilegiados (nobleza y clero) ni al campesinado. Sus funciones socioeconómicas eran las de mercaderes, artesanos o ejercientes de las denominadas profesiones liberales. La ausencia de sujeción a la jurisdicción feudal era la clave: se decía que «el aire de la ciudad hace libre» (Stadtluft macht frei). Algunos burgueses llegaron a ejercer el poder local en las ciudades a través de un patriciado urbano en el que se mezclaban con la nobleza; lo que en las ciudades-estado italianas (Venecia, Florencia, Génova, Pisa, Siena) implicaba en la práctica el ejercicio de un poder cuasi-soberano (algo menos evidente en las ciudades imperiales libres alemanas), mientras que en las monarquías autoritarias en formación (Francia, Inglaterra, reinos cristianos de la Península Ibérica) significaba la representación estamental del denominado Tercer Estado, pueblo llano o común. Destacadas familias de origen burgués se terminaron ennobleciendo (Borghese, Médici, Fugger).”

Ser burgués no es una definición negativa, no ser señor feudal o siervo; en toda clasificación se puede señalar que algún elemento de una clase no lo es de otras; sino que es una definición positiva referida a quienes han logrado ser libres. Como resultado de esa libertad se pudieron dedicar al comercio u otras profesiones. Su esencia es la libertad: no tienen privilegios, recuperaron sus derechos naturales. Luego, además, lucharon para extenderlos a todos, incluyendo a los siervos, y enfrentando a los señores feudales crearon el origen de los modernos parlamentos. Como dice Wikipedia, eran el Tercer Estado, el pueblo llano o común.

Así que Macri debería agradecer a Maduro por ese epíteto: qué mejor que a alguien le digan ‘hombre libre del pueblo común”.

McCloskey a Pikkety: la desigualdad no es mala y la pobreza está cayendo en el mundo, del 26% al 5%

¿Qué pasó con Piketty? ¿Fue tan sólo una estrella fugaz, que apenas pudo poner en duda por un breve tiempo el avance de los mercados? ¿O lo que ya había desarrollado la teoría económica hace décadas? Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”,: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point , se pregunta si la desigualdad es mala:

“El problema central con el libro, sin embargo, no es ético. Piketty no reflexiona sobre porqué la desigualdad en sí misma sería mala. Por cierto, es irritante que una mujer super-rica compre un reloj de 40.000 dólares. La compra puede ser éticamente cuestionable. Debería estar donando su ingreso en exceso de un cierto amplio nivel, digamos, de tener dos autos, no veinte; dos casas, no siete; un yatch, no cinco; brindándolo a entidades de caridad. Andrew Carnegie enunció en 1889 el principio que ‘un hombre que muere rico, muere desgraciado’. Carnegie donó toda su fortuna. (Bueno, la donó tras su muerte, luego de haber disfrutado un castillo en su nativa Escocia y algunas otras amenidades).

Pero el hecho que mucha gente rica actúe hoy de forma desgraciada no implica automáticamente que el gobierno tenga que intervenir para frenarlos. La gente actúa en forma desgraciada en todo tipo de formas. Si nuestros gobernantes tuvieran asignada la tarea en este mundo imperfecto de mantenernos a todos completamente éticos, pondría todas nuestras vidas bajo su tutela paternal, una pesadilla a la que se acercara Alemania Oriental antes de 1989 o Corea del Norte hoy.

Nótese que en el relato de Piketty el resto de nosotros cae relativamente detrás de los malvados capitalistas. EL foco en la riqueza relativa o el ingreso y el consumo es un serio problema para este libro. La visión apocalíptica de Pikkety nos deja lugar a nosotros para que nos vaya bastante bien –y no apocalípticamente- como lo hemos hecho desde 1800. Lo que le preocupa a Pikkety es que los ricos se puedan estar haciendo algo más ricos, aun cuando los pobres estén mejorando también. Su preocupación se centra en la diferencia, sobre un vago sentimiento de envidia elevado a proposición teórica y ética.

Pero nuestra preocupación real debería estar con elevar a los pobres a una condición de dignidad, nivel en el cual pueden funcionar en una sociedad democrática y desarrollar vidas plenas. No importa éticamente si los pobres tienen el mismo número de brazaletes de diamantes o Porsches que los dueños de los hedge funds. Pero importa si tienen las mismas oportunidades para votar o para aprender a leer o a tener un techo sobre sus cabezas.

Adam Smith describió una vez la idea escocesa de ‘permitir a cada hombre perseguir su propio interés a su manera, bajo el plan liberal de igualdad, libertad y justicia’. Sería bueno, por supuesto, si una sociedad rica y libre siguiendo al liberalismo Smitihiano produjera una igualdad a lo Pikkety. En verdad, en buena medida lo ha hecho, bajo el único éticamente relevante estándar de derechos humanos y necesidades básicas. AL introducir el liberalismo en Hong Kong y en Noruega y Francia, por ejemplo, ha llevado a una asombrosa mejora y a una real igualdad de resultados –los pobres comprando autos y teniendo agua fría y caliente, cosas que no tenían antes ni los ricos, y adquiriendo derechos políticos y dignidad social que eran negadas antes salvo a los ricos.

Los economistas Xavier Sala-i-Martin y Maxim Pinkovsky informaron tras un minucioso estudio de la distribución individual del ingreso –a diferencia de la comparación entre países-, que la pobreza está cayendo. Entre 1970 y 2006, la tasa global de pobreza se ha reducido casi en tres cuartos. El porcentaje de la población mundial viviendo con menos de un dólar por día (en dólares del año 2000, ajustados por poder de compra) fue de 26,8% en 1970 a 5,4% en 2006”.

Angus Deaton comenta «El Gran Salto Adelante» de Mao, que fue un terrible salto para atrás en China

En su libro “The Great Escape”, el último premio Nobel de Economía, Angus Deaton, analiza los procesos de crecimiento económico que permitieron a millones de personas dejar atrás la pobreza, en general, en economías de mercado capitalistas. Ya casi no existen las hambrunas ocasionadas por catástrofes naturales y las poca que hubo en el siglo XX fueron causadas por el Estado. Aquí analiza una de ellas, “El Gran Salto Adelante”, impulsado por Mao en China:

“Mao Zedong y sus camaradas estaban decididos a mostrar la superioridad del comunismo, alcanzando rápidamente los niveles de producción de Rusia y Gran Bretaña, y estableciendo el liderazgo de Mao en el mundo comunista. Se establecieron estrafalarios objetivos de producción para abastecer las necesidades de alimentos de las ciudades industriales en rápido crecimiento y para obtener divisas con las exportaciones de alimentos. Bajo el sistema totalitario establecido por el Partido Comunista de China, las comunas rurales competían entre sí para exagerar su producción, inflando aún más las cuotas que ya eran inalcanzables y dejando nada a la gente para comer. Al mismo tiempo, el Partido generó un caos en el campo ordenando que toda la tierra privada fuera convertida en comunas, confiscando la propiedad privada e incluso los utensilios de cocina privados, y forzando a la gente a comer en cocinas comunales. Dados los enormes aumentos en la producción que se esperaban, se desvió a trabajadores rurales hacia obras públicas y fábricas rurales de acero, muchas de las cuales no produjeron nada. Las drásticas restricciones a los viajes y la comunicación impidieron que se corriera la voz, y las penalidades para los disidentes eran claras; se había ejecutado ya a 750.000 personas en 1950-51 (en estos años tempranos de la revolución la gente todavía confiaba en el Partido).

Mao

Cuando Mao supo de los desastres (aunque no probablemente de su escala real), duplicó la apuesta con las políticas, purgando a los mensajeros, etiquetándolos como “desviacionistas de derecha”, y culpando a los campesinos de acaparar alimentos en secreto. Haber hecho otra cosa y admitir el error del Gran Salto Adelante hubiera puesto en peligro la propia posición de liderazgo de Mao, quien estaba dispuesto a sacrificar a decenas de millones de sus compatriotas para impedirlo. Si Mao hubiera revertido el curso cuando la magnitud de la hambruna masiva se hizo evidente, hubiera durado un solo año, y en todo caso había más que suficiente granos en los depósitos del gobierno para evitar que cualquiera se muriera de hambre.

Según diversos relatos, la expectativa de vida en China que era cercana a los 50 años en 1958, cayó a menos de 30 en 1960; cinco años después, cuando Mao había frenado las matanzas, había subido a unos 55. Casi un tercio de los nacidos durante el Gran Salto Adelante no lo sobrevivieron. A veces nos cuesta identificar los beneficios de las políticas, o aun de convencernos que ciertas políticas dan resultados. Sin embargo, los resultados catastróficos de las malas políticas son demasiado obvios, como lo muestra el Gran Salto Adelante. Aun en ausencia de guerras o epidemias, las malas políticas en un sistema totalitario causaron decenas de millones de muertos. Por supuesto, hay malas políticas todo el tiempo sin que causen muertos. El problema en China es que se tardó tanto en revertir la política por el sistema totalitario y la falta de mecanismos para que Mao cambie de rumbo. El sistema político en China hoy no es tan diferente del que Mao creó; lo que es diferente es el flujo de información. A pesar de un control estatal permanente, es difícil creer que una hambruna tal podría ocurrir sin que los líderes chinos, y el resto del mundo, lo sepan rápidamente. Si el resto del mundo podría ayudar hoy más de lo que pudo entonces, no está claro.”

Los kibutz en Israel: de la distribución social colectivista al principio de distribución del capitalismo

El gobierno que se va en Argentina produjo una utopía más, aunque tal vez de corta duración. Y como tantas otras utopías, o el “modelo”, como lo llamaran, terminó mal.

Muchas utopías, comenzando con la de Platón, no han llegado a intentar implementarse, y otras que efectivamente lo hicieron, terminaron en el fracaso.

Un interesante artículo de Hinde Pomerianec hoy en La Nación, comenta la situación actual de los kibutz en Israel, otra utopía que atrapara la fantasía colectivista hace unas décadas. El título de la nota dice mucho: “Postales de capitalismo y guerra en el kibutz”: http://www.lanacion.com.ar/1852005-postales-de-capitalismo-y-guerra-en-el-kibutz

Dice Pomerianec:

“Las últimas casas que se construyeron son mucho más modernas y definitivamente menos rústicas. Son pocas y pertenecen a los nietos de los que aquí llaman los «veteranos», pioneros que llegaron a Israel en 1948, año de la creación del Estado de Israel y también de la primera guerra contra los países árabes. Los veteranos del kibutz Gaash vinieron mayoritariamente de América del Sur tras el sueño del sionismo socialista, una utopía que durante años tuvo un rostro colectivista en esta tierra que mira al Mediterráneo, al norte de Tel Aviv. Luego de décadas de vivir del campo, el kibutz -fundado en 1951- se vio obligado a adaptarse al espíritu de los tiempos para sobrevivir. Hoy, la comunidad de poco más de 400 personas sigue viviendo de la producción agrícola, aunque los mayores ingresos provienen de una fábrica de sofisticados artefactos de luz, tecnología de punta en soluciones para ciegos y también del turismo: cuando años atrás descubrieron que por debajo de las semillas sembradas hervía un tesoro, los ingenieros de la economía colectiva diseñaron un complejo de spas y aguas termales que en sus fines de semana más felices puede convocar a unas 1500 personas. Hay, también, locales de venta de trajes de baño y productos de perfumería en ese paraíso del ocio, pero están tercerizados porque los miembros de Gaash fracasaron en su explotación. Paradójicamente, la revolución económica del kibutz se llamó capitalismo.”

Curiosamente, un mundo libertario o capitalista no excluiría la posibilidad de organizar comunidades utópicas. De hecho, cualquiera podría organizarse como quisiera. En la práctica, ese tipo de comunidades ya existen, tales como los cuáqueros o los menonitas. También están las EcoVillages: http://gen.ecovillage.org/

Y si se trata de organizaciones grupales tendríamos que sumar a otras que no llamaríamos “utópicas” porque han tenido éxito: cooperativas, sociedades comerciales, clubes. En un mundo libre nada impide que las personas se organicen como deseen; lo que no garantiza que eso tenga éxito.

La experiencia de los kibutz pareciera mostrar que ese tipo de comunidades colectivistas apenas puede sostenerse en tanto y en cuanto sus participantes tengan fuerte valores comunes que sostengan un tipo de organización económica donde el principio de distribución sea aquél utópico planteado por Marx para la etapa final del socialismo: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”.

Algunas comunidades pequeñas (y no es de extrañar que sean religiosas) han logrado mantener esos principios con mayor o menor grado de pureza, y a bajos niveles de riqueza económica. Está claro que no podrían sostener una sociedad extendida como la actual y mucho menos a la cantidad de seres humanos existentes en el presente. El principio del capitalismo, que luego descubrieran los kibutz para sobrevivir ha sido así expuesto por Robert Nozick: “de cada cual según su elección, a cada cual según sea elegido”.

Es decir, tenemos libertad para elegir entre las oportunidades que se nos presenten (y hay sociedades, hoy ‘ricas’ institucionalmente, que ofrecen muchas más), y recibiremos tanto como los demás valoren el resultado de nuestra capacidad y esfuerzo. Los kibutz han aprendido que este principio es muy superior.

Empresas con talento: Piketty se olvida del capital humano, la mayor parte del capital moderno

La sección Economía de La Nación trae hoy un artículo titulado «Empresas con talento: el as en la manga que conduce al éxito», donde se señala la importancia del capital humano: http://www.lanacion.com.ar/1851591-empresas-con-talento-el-as-en-la-manga-que-conduce-al-exito

Como parte de la nota, el director de Recursos Humano de Arcor señala que: «Contar con talentos es más importante que el capital hoy en día, es algo que está cada vez más fuerte como tendencia.: http://www.lanacion.com.ar/1851584-la-opinion-de-los-que-estan-en-el-podio.

Eso es precisamente lo que comenta Dreidre McCloskey, Distinguished Professor of Economics and History en la University of Illinois at Chicago y autora del libro “Bourgeois Equality: How Ideas, Not Capital, Enriched the World”: http://www.cato.org/policy-report/julyaugust-2015/how-piketty-misses-point

“La definición de riqueza de Piketty no incluye el capital humano, propiedad de los trabajadores, que ha crecido, en los países ricos, hasta ser la principal fuente de ingresos, cuando se la combina con la inmensa acumulación desde 1800 en capital de conocimiento y hábitos sociales, propiedad de cualquier que tenga acceso a ellos. Alguna vez el mundo de Piketty sin capital humano era aproximadamente el mundo de Ricardo y Marx, con trabajadores que solamente poseían sus manos y sus espaldas, y sus jefes y patrones eran propietarios de todos los otros medios de producción. Pero desde 1848 el mundo se ha transformado por aquello que se encuentra entre nuestras dos orejas.

La única razón en el libro para excluir al capital humano de todo el capital parece ser la conclusión a la que Piketty quiere llegar. Uno de los títulos en el Capítulo 7 declara que ‘el capital es siempre más desigualmente distribuido que el trabajo’. No es cierto. Si se incluye al capital humano –el conocimiento normal del operario, la habilidad de la enfermera, el manejo profesional de sistemas complejos, la comprensión del economista sobre la reacción de la oferta- son los trabajadores mismos, en una correcta contabilidad, quienes poseen la mayor parte del capital nacional- y el drama de Piketty se derrumba.

Finalmente, como admite cándidamente, la misma investigación de Piketty sugiere que solamente en los Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá se ha incrementado mucho la desigualdad, y solo recientemente. En otras palabras, sus temores no se han confirmado en ningún lado entre 1910 y 1980; en ningún lado en el largo plazo antes de 1800, en ningún lugar de Europa continental y Japón desde la Segunda Guerra Mundial, y, solo recientemente, y poco, en los Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá. Esto es un verdadero acertijo si el dinero tiende a reproducirse a sí mismo como ley general. Lo cierto es que la desigualdad sube y baja en grandes olas, para lo que tenemos evidencias desde hace varios siglos atrás hasta el presente, que tampoco figuran en su historia.

Algunas veces Piketty describe su maquinaria como un ‘proceso potencialmente explosivo’. Otras veces admite que shocks aleatorios a una fortuna familiar significan que ‘es poco probable que la desigualdad de la riqueza crezca indefinidamente…, más bien, la distribución convergerá hacia un cierto equilibrio’. Sobre la base de listas de los ricos en la revista Forbes, Piketty nota, por ejemplo, que ‘varios centenares de nuevas fortunas aparecen en el rango (de 1.000 a 10.000 millones de dólares) en alguna parte del mundo casi cada año’. ¿Qué es esto, profesor Piketty? ¿El apocalípsis o un creciente proporción de gente rica constantemente perdiendo esas riquezas u obteniéndolas, en un proceso evolutivo?

El escritor sobre ciencia Matt Ridley ha ofrecido una razón persuasiva por el leve crecimiento de la desigualdad en Gran Bretaña: “Quieres acaso decir que durante tres décadas cuando el gobierno alentó las burbujas en los precios de las viviendas, puso bajos impuestos a los inversores no residentes; asignó fondos a los subsidios agrícolas y restringió severamente la tierra para construir empujando la prima para los desarrollos inmobiliarios, los ricos que poseen capital han visto aumentar su riqueza levemente? En serio…, una buena parte de la concentración de la riqueza desde los años 1980 ha sido motivada por políticas públicas gubernamentales, que han redirigido sistemáticamente las oportunidades hacia los ricos, más que a los pobres.”

En los Estados Unidos, uno puede hacer un argumento semejante respecto a que el gobierno, de quien Piketty espera que resuelva el problema, ha sido, de hecho, la causa.”