Hayek sobre los intelectuales y el socialismo, y porqué muchos intelectuales fracasan al abrazarlo

Con los alumnos de la materia Escuela Austriaca, de UCEMA, vemos dos textos de Hayek sobre los intelectuales y las ideas. Por un lado, «Individualismo, verdadero y falso»y por otro el titulado «Los intelectuales y el socialismo», que va más allá para discutir el papel que juegan las ideas en la sociedad. Así comienza:

En todos los países democráticos, y en los Estados Unidos más que en otras partes, prevalece la firme creencia de que la influencia de los intelectuales en la política es insignificante. Esto es sin duda cierto acerca del poder de los intelectuales para influir con sus opiniones peculiares sobre las decisiones del momento en la medida en
que puede modificar en el voto popular en cuestiones sobre las que difieren de la
visión actual de las masas. Sin embargo, de alguna manera durante períodos de cierta duración, probablemente nunca han ejercido una influencia tan grande como lo hacen hoy en esos países. Este poder lo ejercen por dar forma a la opinión pública.
A la luz de la historia reciente es un poco curioso que este decisivo poder de los
distribuidores profesionales de ideas de segunda mano no sea más generalmente reconocido. El desarrollo político del mundo occidental durante los últimos cien años proporciona la más clara demostración. El Socialismo nunca y en ninguna
parte ha sido un movimiento de la clase obrera. De ninguna manera es una solución obvia para los obvios males que los intereses de esa clase necesariamente exigirían. Es una construcción de teóricos, que se derivan de ciertas tendencias del pensamiento abstracto con el que durante un largo tiempo sólo los intelectuales estaban
familiarizados, y que requirió grandes esfuerzos por los intelectuales antes de que la clase obrera pudiera ser persuadida para que lo adoptaran como su programa.

 

Douglass North y la relación entre ideas, incentivos, instituciones y luego, resultados

  • Con los alumnos de la materia Historia del Pensamiento Económico I, Económicas, UBA, vemos dos artículos de Douglass North. Primero en su artículo La Nueva Economía Institucional y el cambio que se produce en su propia visión, reflejado en el artículo “Instituciones, Ideología y Desempeño Económico”. Esto plantea una cuestión de causalidad, ¿qué determina a qué? o ¿qué va primero? ¿Son las ideas las que determinan las instituciones que predominan en una sociedad? o ¿son las instituciones las que determinan las ideas que predominan? Por supuesto, la relación va en los dos sentidos, por eso es difícil aislar un efecto sin el otro:

“Las ideologías subyacen las estructuras que poseen los individuos para explicar el mundo que los rodea. Las ideologías contienen un elemento normativo esencial; es decir, explican tanto cómo es el mundo y cómo debiera ser. Mientras que los modelos subjetivos suelen ser una combinación de creencias, dogmas, teorías cuerdas y mitos, usualmente contienen también elementos de una estructura organizada que los hacen mecanismos económicos para recibir e interpretar información.

La ideología no juega un papel en la teoría económica neoclásica. Los modelos racionales asumen que los actores poseen modelos correctos para interpretar el mundo que los rodea o para recibir información que los llevará a revisar y corregir sus modelos incorrectos. Quienes no se adapten fracasarán en los mercados competitivos que caracterizan a las sociedades. Uno de los temas importantes es la información que reciben los individuos acerca de sus modelos subjetivos, lo cual los llevará a ponerlos al día. Si la racionalidad instrumental de la teoría económica fuese correcta, anticiparíamos que las teorías falsas serían descartadas, y en cuanto a que la maximización de la riqueza es una característica del comportamiento humano, podríamos decir que el crecimiento sería característico en toda economía. Con un horizonte lo suficientemente lejano, puede ser que esto sea correcto, pero luego de 10,000 años de historia económica humana seguimos lejos de un crecimiento económico universal. El hecho simple es que no poseemos la información para poner al día nuestras teorías subjetivas y llegar a una sola teoría verídica; consecuentemente, no hay un equilibrio que se obtenga como producto. Al contrario, lo que existen son varios equilibrios que nos llevan en varias direcciones, incluida la estagnación y el decrecimiento de las economías. La ideología importa, pero ¿de dónde vienen los modelos subjetivos de los individuos, y cómo se alteran?

Los modelos subjetivos que las personas utilizan para descifrar el ambiente son en parte una consecuencia del crecimiento y de la transmisión del conocimiento científico, y en parte de la herencia cultural de cada sociedad. En la medida en que la primera forma de conocimiento (científico) determine las decisiones, un enfoque racional e instrumental es la mejor manera de analizar el desempeño económico, pero la gente siempre ha acudido a mitos, tabúes, religiones, y otras formas de herencia cultural para explicar su ambiente. La cultura es más que una mezcla de distintas formas de conocimiento; está cargada de valores y estándares de comportamiento que han evolucionado para resolver problemas de intercambio, ya sea éste social, político o económico. En toda sociedad evoluciona una estructura informal para estructurar la interacción humana. Esta estructura es el “inventario de capital” básico que define la cultura de una sociedad; es decir, que la cultura provee un orden conceptual basado en el idioma para codificar e interpretar la información que los sentidos le presentan al cerebro. Como resultado, la cultura no sólo juega un papel en formar las reglas formales sino también está por debajo de los frenos informales que son parte de las instituciones.

Las construcciones ideológicas que los individuos poseen para explicar su ambiente cambian. Estas construcciones son claramente influenciadas por los cambios fundamentales en los precios relativos, lo cual resulta en una inconsistencia persistente entre los resultados percibidos y los resultados predichos por los modelos subjetivos que poseen los individuos. Pero eso no es todo. Las ideas importan; la combinación de cambios generados en precios relativos filtrada a través de las ideas condicionadas culturalmente es la responsable de que los modelos subjetivos evolucionen.”

Cuatro mecanismos por los que el comercio internacional promueve la innovación

Intuitivamente, quien entiende el funcionamiento de los mercados comprenderá, sin muchas palabras por medio, que al libre comercio promueve mayores grados de innovación. Por si fuera necesario probarlo, Marc J. Melitz y Stephen Redding publican un trabajo de la serie LSE Research Online Documents on Economics, de la London School of Economics, titulado: “Trade and Innovation”: http://eprints.lse.ac.uk/113930/

Esto dicen:

“Dos ideas centrales del enfoque schumpeteriano de la innovación y el crecimiento son que el ritmo de la innovación está determinado endógenamente por la expectativa de ganancias futuras y que el crecimiento es inherentemente un proceso de destrucción creativa. Dado que el comercio internacional es un determinante clave de la rentabilidad y supervivencia de las empresas, es natural esperar que desempeñe un papel clave en la configuración tanto de los incentivos para innovar como de la tasa de destrucción creativa. En este artículo, revisamos la literatura teórica y empírica sobre comercio e innovación. Destacamos cuatro mecanismos clave a través de los cuales el comercio internacional afecta la innovación y el crecimiento endógenos: (i) tamaño del mercado; (ii) competencia; (iii) ventaja comparativa; (iv) derrames de conocimientos. Cada uno de estos mecanismos ofrece una fuente potencial de ganancias de bienestar dinámicas además de las ganancias de bienestar estáticas del comercio de la teoría comercial convencional. Investigaciones recientes han sugerido que estas ganancias dinámicas de bienestar del comercio pueden ser sustanciales en relación con sus contrapartes estáticas. Discriminar entre mecanismos alternativos para estas ganancias dinámicas de bienestar y fortalecer la evidencia sobre su magnitud cuantitativa siguen siendo áreas interesantes de investigación en curso.”

Un estudio muestra que por cada punto de caída en la libertad económica se pierden entre 0, 3 y 1,6 puntos de crecimiento

Tal vez no hace falta que nos digan que al limitar la libertad individual, y como parte de ella la libertad económica, se resiente y perjudica el crecimiento. Pero nunca está demás que alguien lo vuelva a investigar y muestre sus resultados. Esto es lo que hacen Rafael A Acevedo, IEI – Creighton University; Econintech y Maria Lorca-Susino, University of Miami en

Acevedo, Rafael A and Lorca-Susino, Maria, The Short-Run Consequences of Economic Freedom Erosion on Growth and Institutions in Latin America: An Unorthodox Experimental Review for the XXI Century (January 4, 2022). Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=4060389  or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.4060389

“Entre 2000 y 2019 los gobiernos latinoamericanos han aumentado y disminuido la libertad económica en un ciclo continuo. Combinando diferencias en la erosión de la libertad económica con diferencias en el crecimiento económico y un conjunto de variables institucionales, para una muestra de 19 países latinoamericanos, los resultados sugieren que por cada punto porcentual que un país erosiona la libertad económica, al año siguiente, su crecimiento económico la tasa es entre 0.3 a 1.6 puntos porcentuales más baja, y sufre un empeoramiento de instituciones como democracia, corrupción, leyes transparentes, esfuerzo de censura en los medios y restricciones judiciales en comparación con países que no la erosionaron.”

¿Conclusiones?

“Estos hallazgos son importantes porque muestran un camino posible para alcanzar el nivel de prosperidad y fortaleza institucional que requieren los países latinoamericanos. En conclusión, un entorno económico más libre no solo beneficiaría a los países de América Latina en el corto plazo con un mayor crecimiento económico, menor corrupción y una democracia más fuerte y saludable, sino que también podría impactar a la región en otras variables en el largo plazo, sin embargo , el análisis del impacto de un choque positivo generalizado de libertad económica en la Región será abordado en futuras investigaciones.”

Acemoglu & Robinson ahora sobre la importancia de la cultura predominante en las instituciones

Muchos conocerán, habrán leído o escuchado sobre el libro de Acemoglu & Robinson “Why nations fail”, donde se plantea esta gran pregunta acerca de la causa del progreso en las naciones y las razones que explican que algunas de ellas hayan logrado tener las instituciones que permiten tal progreso.

En un artículo titulado CULTURE, INSTITUTIONS AND SOCIAL EQUILIBRIA: A FRAMEWORK, vuelven sobre el tema, haciendo ahora énfasis en el papel que tiene la cultura predominante: NATIONAL BUREAU OF ECONOMIC RESEARCH, Working Paper 28832; http://www.nber.org/papers/w28832

“Este artículo propone un nuevo marco para estudiar la interacción entre cultura e instituciones. Seguimos la literatura sociológica reciente e interpretamos la cultura como un «repertorio», lo que permite enriquecer respuestas culturales a los cambios en el entorno y cambios en el poder político. Específicamente, comenzamos con un conjunto cultural, que consta de atributos y las conexiones factibles entre ellos.

Las combinaciones de atributos producen configuraciones culturales, que proporcionan significado, interpretación y justificación de las acciones individuales y grupales. Las configuraciones culturales también legitiman y apoyan diferentes arreglos institucionales. La cultura es importante ya que da forma al conjunto de configuraciones culturales factibles y por este cauce instituciones. Sin embargo, los cambios en la política e instituciones pueden causar un recableado de los atributos existentes, generando configuraciones de culturas muy diferentes. La persistencia cultural puede resultar de la dinámica de los cambios en factores políticos y económicos- en lugar de ser una consecuencia de una cultura inmutable. Distinguimos las culturas por cuán fluidos son, por lo que culturas más fluidas permiten un conjunto más rico de configuraciones culturales.

La fluidez, a su vez, depende de qué tan específicos (frente a abstractos) y enredados (frente a independientes) son los atributos en un conjunto cultural. Ilustramos estas ideas usando ejemplos de África, Inglaterra, China, el Mundo islámico, el sistema de castas indio. En todos los casos, nuestra interpretación destaca que la cultura se vuelve más una restricción cuando es menos fluida (más integrada), por ejemplo porque sus atributos son más específicos o enredados. También destacamos que culturas menos fluidas no son necesariamente «malas culturas» y pueden crear una serie de beneficios, aunque pueden reducir la capacidad de respuesta de la cultura a las circunstancias cambiantes. En muchos casos, incluso en África, los casos chino e inglés, mostramos que hay mucha fluidez y muy diferente, casi configuraciones culturales diametralmente opuestas son factibles, a menudo compiten entre sí por aceptación y puede ganar ventaja dependiendo de factores políticos.”

La importancia del derecho de propiedad: la posesión, su transferencia, y el «título» de propiedad

No hace ya falta destacar la importancia de tener una clara definición del derecho de propiedad, aunque sea a veces tan difícil alcanzar ese objetivo. Ese derecho de propiedad incluye la posesión de un bien y también la facultad de transferir ese derecho. Es el tema que tratan Simeon Djankov (London School of Economics), Edward L. Glaeser (Harvard), Valeria Perotti (Banco Mundial) y Andrei Shleifer (Harvard) en un paper titulado PROPERTY RIGHTS AND URBAN FORM; NATIONAL BUREAU OF ECONOMIC RESEARCH, Working Paper 28793: http://www.nber.org/papers/w28793; y cómo esa definición afecta a las ciudades.

Esto dicen en el resumen:

“¿Cómo se relacionan los diferentes elementos del conjunto estándar de derechos de propiedad, incluidos los de posesión y transferencia, ¿influyen en la forma de las ciudades? Este documento incorpora propiedad insegura derechos en un modelo estándar de precios y densidad de suelo urbano, y hace predicciones sobre inversión en tierra y propiedad, informalidad y eficiencia en el uso de la tierra. Nuestro empírico análisis vincula datos sobre instituciones para la titulación y transferencia de tierras con múltiples resultados urbanos, en 190 países. La evidencia es generalmente consistente con las predicciones del modelo, y más ampliamente con el enfoque de Demsetz (1967) sobre las instituciones de derechos de propiedad. De hecho, documentamos mejoras a nivel mundial en la calidad de las instituciones que facilitan la transferencia de propiedad a lo largo del tiempo.”

El elemento más básico en este paquete blackstoniano de derechos de propiedad es la posesión: el derecho a impedir que otros tomen o invadan la propiedad. Este derecho generalmente lo garantiza el gobierno, pero ocasionalmente por otros medios, como la autodefensa. El estado, por supuesto, también puede ser el usurpador o invasor de la propiedad. Escritores como Montesquieu (1748), Smith (1776), Olson (1965), North (1981), Barro (1990), DeLong y Shleifer (1993) y Acemoglu et al. (2001) reconoció el derecho al uso sin perturbaciones de la propiedad de uno como esencial para proteger la inversión y el desarrollo económico. En el contexto del desarrollo urbano, el derecho de posesión es fundamental para la calidad del parque de viviendas. Cuando el título es inseguro, los residentes invierten menos en tierra y vivienda, y aumenta la densidad urbana.

El derecho de transferencia era menos central para los economistas clásicos que el derecho de posesión lógicamente anterior, pero autores más recientes han enfatizado cómo la transferencia puede permitir que la propiedad sea vendida o alquilados a usuarios más eficientes o propietarios con acceso a capital (Barzel 1982, Ellickson 1993, Alchian 2008). DeSoto (2000) destaca el papel del suelo urbano como garantía potencial para los empresarios, y las hipotecas dependen de la transferencia condicional del suelo en caso de incumplimiento. El derecho de transmisión es lógicamente secundario al derecho de posesión, pero ambos pueden conformar aspectos de la forma urbana.

En una sociedad moderna, la protección de los derechos de propiedad, incluidos tanto la posesión como la transferencia, generalmente la brindan no solo los tribunales y la policía, sino también las instituciones administrativas, como las oficinas de registro de escrituras. Empíricamente, se ha prestado mucha atención a la eficacia de los tribunales y los reguladores en la protección de la propiedad privada, incluso en contextos entre países (p. ej., Djankov et al. 2003, La Porta et al. 2004, Behrer et al. 2021). Se sabe menos sobre el papel de las instituciones administrativas que realizan un seguimiento de la propiedad y su transferencia.”

Keynes y los «espíritus animales». ¿Sería esa una de las primeras referencias a la «economía conductual»?

Vuelve a aparecer el tema de la racionalidad y las emociones. Ya viene desde David Hume, y mucho antes, pero ahora está en plena discusión y pone en cuestión el modelo del “homo economicus” como un ser que toma decisiones de forma totalmente racional. En un paper publicado por George Mason University, Sarah Moore y Richard E. Wagner plantean el tema. Se titula “The Vitality of Animal Spirits for Market Economies”.

Poco tiene que ver con el keynesianismo y nada que ver con las políticas económicas, pero trae a referencia esa metáfora de los “animal spirits” para hacer referencia a las emociones de Hume.

“En su Teoría general, J. M. Keynes yuxtapuso los espíritus animales y la acción racional. Esta yuxtaposición creó una bifurcación dentro de la teoría económica. Cuando los espíritus animales estaban tranquilos, las sociedades estaban dominadas por la racionalidad asociada con la economía clásica. Pero cuando esos espíritus se enfurecen, esas sociedades pueden ser devastadas por episodios de auge y caída. El encuadre de Keynes ha proyectado una larga sombra dentro de la teoría económica, como lo demuestra un conflicto siempre presente entre centrar la economía en la acción racional en lugar de incorporar espíritus animales en la teoría económica. Este artículo se opone a este supuesto conflicto al presentar un tratamiento integrado de la acción racional y los espíritus animales. Lo hace reconociendo que los espíritus animales y la racionalidad son inseparables en toda acción humana. Esta inseparabilidad, además, atañe a los políticos y funcionarios públicos tanto como a los participantes del mercado.”

Hayek sobre la igualdad, la libertad y el mérito, ahora que éste es cuestionado

Con los alumnos de la materia Escuela Austriaca, de UCEMA, vemos a Hayek sobre el mérito y la justicia social en Los Fundamentos de la Libertad. En ese gran libro uno de los capítulos trata los temas de la igualdad, el valor y el mérito. Así comienza:

“Ha constituido el gran objetivo de la lucha por la libertad conseguir la implantación de la igualdad de todos los seres humanos ante la ley. Esta igualdad ante las normas legales que la coacción estatal hace respetar puede completarse con una similar igualdad de las reglas que los hombres acatan voluntariamente en sus relaciones con sus semejantes. La extensión del principio de igualdad a las reglas de conducta social y moral es la principal expresión de lo que comúnmente denominamos espíritu democrático, y, probablemente, este espíritu es lo que hace más inofensivas las desigualdades que ineludiblemente provoca la libertad.

La igualdad de los preceptos legales generales y de las normas de conducta social es la única   clase de igualdad que conduce a la libertad y que cabe implantar sin destruir la propia libertad. La libertad no solamente nada tiene que ver con cualquier clase de igualdad, sino que incluso produce desigualdades en muchos respectos. Se trata de un resultado necesario que forma parte de la justificación de la libertad individual.

Si el resultado de la libertad individual no demostrase que ciertas formas de vivir tienen más éxito que otras, muchas de las razones en favor de tal libertad se desvanecerían. Las razones en favor de la libertad no exigen que el gobernante trate a todos igualmente, porque se presuma que los hombres son de hecho iguales, ni tampoco porque se pretenda hacerlos iguales. La dialéctica en pro de la libertad no sólo proclama que los individuos son muy diferentes, sino que en gran medida se apoya en dicha presunción; reitera, por lo demás, que las diferencias existentes entre los humanos no pueden servir de justificación cuando el gobernante intenta discriminar coactivamente entre los gobernados, y obstaculiza la implantación de aquel trato diferencial a  que habría de acudir la autoridad si deseara garantizar posiciones iguales en la vida de los individuos que de hecho presentan entre ellos notables diferencias.

Quienes modernamente abogan por una igualdad material de más largo alcance, rechazan constantemente que su pretensión se fundamenta en el supuesto de que todos los mortales, de hecho, sean iguales. Ello no obstante, amplios sectores todavía creen que esta es la principal justificación de tales aspiraciones. Pero nada produce más daño a la pretensión de igualdad de tratamiento que basarla en una presunción tan obviamente falsa como la de la igualdad de hecho de todos los hombres. Basar los argumentos para la igualdad de trato de las minorías nacionales o raciales en el aserto de que no difieren de los restantes hombres es admitir implícitamente que la desigualdad de hecho justificaría un tratamiento desigual y la prueba de que en realidad existen algunas diferencias no tardaría en manifestarse. Es esencial afirmar que se aspira a la igualdad de trato no obstante el hecho cierto de que los hombres son diferentes.”

¿Qué deberían hacer los economistas? Analizar los intercambios no la «asignación de recursos»

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico I de la Económicas en la Universidad de Buenos Aires, terminamos la materia con un tema central, planteado por James Buchanan: ¿Qué deberían hacer los economistas?

Buchanan

“Propongo examinar “el deambular de la mente de los hombres que ocupan el sillón de Adam Smith”, aquellos que tratan de mantenerse dentro del “estricto campo de la ciencia” y formulan las siguientes preguntas: ¿qué están haciendo los economistas? ¿qué “deberían” estar haciendo?

Cuando propongo examinar con espíritu crítico que es lo que hacen los economistas estoy rechazando también, como ustedes podrán notar, la propuesta familiar de Jacob Viner, para quien “la economía es lo que hacen los economistas”, propuesta a la que Frank Knight dio una naturaleza totalmente circular al agregar que “los economistas son los que hacen economía”. Esta definición funcional de nuestra disciplina da por sentada la misma pregunta que deseo formular y, de ser posible, contestar aquí. Creo que los economistas deberían asumir su responsabilidad básica; deberían, al menos, tratar de conocer el tema que manejan.

Me gustaría que consideráramos ahora un principio casi olvidado, enunciado por Adam Smith. En el capítulo 2 de The Wealth of Nations, afirma que el principio que da lugar a la división del trabajo, del que provienen tantas ventajas, “no es originalmente el efecto de alguna sabiduría humana, que prevé y tiene por objeto esa opulencia general a la cual da lugar. Es la necesaria, aunque muy lenta y gradual, consecuencia de una cierta propensión de la naturaleza humana que no tiene en vista una utilidad tan extensiva; la propensión a permutar, trocar e intercambiar una cosa por otra”. Me parece sorprendente que la importancia y la significación de esta “propensión a permutar, trocar e intercambiar” haya sido pasada por alto en la mayoría de los trabajos exegéticos de la obra de Smith. Pero seguramente es aquí donde se halla su respuesta a lo que es la economía o la economía política.

Los economistas deberían concentrar su atención en una forma particular de actividad humana y en los diferentes ordenamientos institucionales que surgen como resultado de esta forma de actividad. El comportamiento del hombre en la relación de mercado que refleja su propensión a la permuta y al trueque y las múltiples variaciones de estructura que esta relación puede adoptar constituyen los temas apropiados de estudio para el economista. Al decir esto, formula, por supuesto, un juicio de valor que ustedes pueden apoyar o no. Pueden considerar este trabajo, si así lo desean, como un “ensayo persuasivo”.

El enfoque básico y elemental que sugiero coloca en el centro de la escena la “teoría de los mercados” y no la “teoría de la asignación de recursos”. Hago un alegato en favor de la adopción de una sofisticada “cataláctica”, un enfoque de nuestra disciplina que había sido introducido mucho antes por el arzobispo Whately y la escuela de Dublin, por H. D. Macleod, por el estadounidense Arthur Latham Perry, por Alfred Ammon y algunos otros.(1) No es mi objetivo en este trabajo, ni tampoco me compete, analizar las razones por las cuales estos hombres no pudieron convencer a sus colegas y sucesores. Lo que deseo hacer notar es que la idea que introdujeron y que no estuvo nunca totalmente ausente de la corriente principal de pensamiento(2) requiere, quizá, mayor énfasis ahora que en la época en la que ellos trabajaron.

La política sin romanticismos; una visión sin ilusiones y pretensiones de que buscan el bien común

Con los alumnos de la materia Historia del Pensamiento Económico I de la UBA, consideramos el Análisis económico de la política con uno de sus fundadores. James Buchanan en un artículo titulado “Política sin Romanticismos”

Así describe el objetivo de la “teoría de la elección pública” o Public Choice:

“En esta conferencia me propongo resumir la aparición y el contenido de la «Teoría de la Elección Pública», o, alternativamente, la teoría económica de la política, o «la Nueva Economía Política». Esta tarea de investigación únicamente ha llegado a ser importante en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en Europa y Japón, la teoría sólo ha llegado a constituir el centro de atención de los estudiosos en los años setenta; los desarrollos en América provienen de los años cincuenta y sesenta. Como espero que mis observaciones sugieran, la Teoría de la Elección Pública no carece de antecedentes, especialmente en el pensamiento europeo de los siglos XVIII y XIX. El Eclesiastés nos dice que no hay nada nuevo bajo el sol y en un sentido auténtico tal pretensión es seguramente correcta, especialmente en las llamadas «ciencias sociales». Sin embargo, en el terreno de las ideas dominantes, la »elección pública» es nueva, y esta subdisciplina, situada a mitad de camino entre la Economía y la Ciencia Política, ha hecho cambiar la forma de pensar de muchas personas. Si se me permite utilizar aquí la manida expresión de Thomas Kuhn, creo que podemos decir que un viejo paradigma ha sido sustituido por otro nuevo. 0, retrocediendo un poco más en el tiempo y utilizando la metáfora de Nietzsche, ahora nosotros miramos algunos aspectos de nuestro mundo, y especialmente nuestro mundo de la política, a través de una ventana diferente.

El título principal que he dado a esta conferencia, «Política sin romanticismos» fue escogido por su precisión descriptiva. La Teoría de la Elección Pública ha sido el vehículo a través del cual un conjunto de ideas románticas e ilusiones sobre el funcionamiento de los Gobiernos y el comportamiento de las personas que gobiernan ha sido sustituido por otro conjunto de ideas que incorpora un mayor escepticismo sobre lo que los Gobiernos pueden hacer y sobre lo que los gobernantes harán, ideas que sin duda son más acordes con la realidad política que todos nosotros podemos observar a nuestro alrededor. He dicho a menudo que la elección pública ofrece una «teoría de los fallos del sector público» que es totalmente comparable a la «teoría de los fallos del mercado» que surgió de la Economía del bienestar de los años treinta y cuarenta. En aquel primer esfuerzo se demostró que el sistema de mercados privados fallaba en ciertos aspectos al ser contrastado con los criterios ideales de eficiencia en la asignación de los recursos y en la distribución de la renta. En el esfuerzo posterior, en la elección pública, se demuestra que el sector público o la organización política falla en ciertos aspectos cuando se la contrasta con la satisfacción de criterios ideales de eficiencia y equidad. Lo que ha ocurrido es que hoy encontramos pocos estudiosos bien preparados que están dispuestos a intentar contrastar los mercados con modelos ideales. Ahora es posible analizar la decisión sector privado-sector público que toda comunidad ha de tomar en términos más significativos, comparando los aspectos organizativos de varias alternativas realistas.

Parece cosa de elemental sentido común comparar las instituciones tal como cabe esperar que de hecho funcionen en lugar de comparar modelos románticos de cómo se podría esperar que tales instituciones funcionen. Pero este criterio tan simple y obvio desapareció de la conciencia culta del hombre occidental durante más de un siglo. Tampoco puede en absoluto decirse que esta idea sea aceptada hoy de forma general. Tenemos que admitir que la mística socialista de que el Estado, la política, consiguen alcanzar de alguna manera el «bien público» trascendente pervive todavía entre nosotros bajo diversas formas. E incluso entre aquellos que rechazan tal mística hay muchos que buscan incesantemente el ideal que resolverá el dilema de la política.”