La baja frecuencia con que se revelan las preferencias en la política ocasiona problemas como en Chile

Esto dice el libro sobre la baja frecuencia que tiene la política para que se “revelen” las preferencias de los votantes:

“En general, el lapso que transcurre entre una instancia en la que se revelan las preferencias de los votantes y la siguiente es un período bastante largo: cuatro, cinco o seis años en el caso de las elecciones presidenciales; tal vez dos años para las elecciones legislativas. Entretanto esas preferencias pueden cambiar pero no hay mucho que se pueda hacer al respecto, salvo esperar hasta la próxima instancia.

Esto ocurre sobre todo en los regímenes políticos presidencialistas, ya que en los parlamentarios si el gobierno pierde la mayoría parlamentaria cae, en general. Pero en los primeros eso no ocurre salvo situaciones excepcionales que originen un juicio político y la remoción del gobernante. En algunos casos existen instrumentos de democracia directa como la revocación de mandato. No obstante, son numerosas las situaciones en las que el votante se ve frustrado porque encuentra que el gobernante electo no cumple con sus expectativas.”

Veamos ahora el caso de Chile y su presidente Bachelet. El informe “Temas Públicos” Nr. 1206, de; Instituto Libertad y Desarrollo de ese país (www.lyd.org) esto comenta:

“En medio de una agitada agenda política, durante la semana pasada, se hicieron públicas tres encuestas: CADEM, Adimark y la del Centro de Estudios Públicos (CEP). Independiente de los matices y alcances metodológicos de cada una de ellas, en todas es posible visualizar de manera clara, el nivel de deslegitimación social de las reformas que impulsa el actual gobierno.

El proceso a partir del cual las ideas de la Nueva Mayoría devinieron en minoría ante la opinión pública puede tener múltiples variables explicativas. Algunas endógenas, vinculadas a lo estrictamente programático, pero también a los modos de conducción de las “reformas estructurales”, donde en este “primer tiempo” del mandato presidencial, el estilo de la imposición primó respecto del dialogo y la negociación. Sin desconocer también, la incidencia de fenómenos exógenos, como la crisis de desconfianza que golpeó al centro de gobierno tras el episodio Caval, como bien se muestra en los mismos estudios de opinión.

Sin embargo, las encuestas muestran de manera nítida que el escepticismo ciudadano en relación a las reformas del gobierno, se instaló con antelación a la emergencia de los mencionados escándalos que han golpeado al arco político de manera transversal. El mejor ejemplo de lo anterior es que, ya en noviembre de 2014, la desaprobación de las reformas educacional y tributaria llegaba al 56% y 51% respectivamente conforme a datos de Adimark.

 En todas las encuestas es posible visualizar de manera clara, el nivel de deslegitimación social de las reformas que impulsa el actual gobierno. El descrédito de las reformas parece irrefutable. Según datos de la Encuesta CEP, un 65% considera que estas reformas han sido improvisadas y un 64% cree que no serán eficaces para alcanzar los objetivos propuestos.

 Este escepticismo con las reformas de gobierno se instaló con antelación a la emergencia de los escándalos que han golpeado al arco político de manera transversal.

 La decepción con el gobierno por parte de los encuestados puede fundarse en el escenario contradictorio que representa un gobierno con pretensiones de reformas maximalistas, pero que por contrapartida, no es capaz de satisfacer las demandas respecto de áreas básicas de toda gestión gubernamental.”

Concluyo en el libro:

Es cierto que las encuestas de alguna forma llenan ese vacío. Los políticos, como veremos en el próximo capítulo, están fuertemente motivados a tomar en cuenta todos los elementos que puedan tener impacto en su propia carrera y este es uno de ellos; pero también saben que, dada la ignoracia racional o irracionalidad antes comentada, pueden desviarse de las preferencias de los electores para volver a prestarle atención cuando una nueva instancia electoral se acerca. Es decir, la encuesta genera información pero no determina la continuidad de un gobierno por lo que su efecto es menor que el resultado de una elección. Nótese que no es solamente la muy comentada característica que una elección es como una encuesta con una muestra del cien por ciento del electorado; es que la encuesta no tiene fuerza legal para determinar el ejercicio del poder.

En el mercado, por el contrario, los cambios de preferencias tienen impacto en forma casi inmediata. El gerente de ventas de una empresa de bienes de consumo masivo, por ejemplo, recibe en forma diaria o semanal el informe de los supermercados o los pedidos de reposición de mercadería que le indican cuáles han sido las preferencias de los consumidores el día o la semana anterior. Si detecta cambios ha de reaccionar inmediatamente. Los consumidores votan todos los días.

Está claro que no podemos pretender tener elecciones cada semana, ni siquiera si eso sería razonable: las opiniones de los votantes, más que las que tienen como consumidores, están basadas en emociones que podrían determinar fuertes cambios institucionales que no nos dejarían muy tranquilos.

 

Apenas iniciada la planificación socialista, Mises analizaba cómo era imposible el cálculo económico

Con los alumnos de Económicas en la UBA leemos a Mises sobre el cálculo económico en el Sistema socialista: http://www.hacer.org/pdf/rev10_vonmises.pdf

Recordemos que en ese Sistema no habría «precios» en el sentido económico ya que estos surgen de intercambios libres de derechos de propiedad, eliminados en el socialismo. Habría unos ciertos números definidos por los planificadores. Mises escribía esto a los pocos años de la Revolución Rusa (1922). Así comenta los problemas que enfrentarían:

Mises1

«Tratemos de imaginar la posición de una comunidad socialista. Habrá cientos de miles de establecimientos que trabajan continuamente. Una minoría de éstos producirá bienes listos para el consumo. La mayoría producirá bienes de capital y productos semimanufacturados. Todos estos establecimientos estarán estrechamente relacionados entre sí. Cada bien pasará por una serie de establecimientos antes de estar listo para el consumo. Sin embargo, la administración económica no tendrá realmente una dirección en medio de la presión de tantos procesos diferentes. No tendrá manera de asegurarse si tal o cual parte del trabajo es realmente necesaria, o si no se estará gastando demasiado material para completar su fabricación. ¿Cómo podría descubrir cuál de los dos procesos es más satisfactorio?

Cuando más, podría comparar la cantidad de productos entregados, pero sólo en contados casos podría comparar los gastos incurridos en su producción. Sabría exactamente, o creería saberlo, qué es lo que está tratando de producir. Por lo tanto, tendría que obtener los resultados deseados con el gasto mínimo. Pero para lograrlo tendría que sacar cálculos, y esos cálculos tendrían que ser cálculos del valor. No podrían ser tan sólo «técnicos», ni podrían ser cálculos sobre el valor-uso de los bienes y servicios. Esto es tan obvio que no necesita pruebas adicionales.

Bajo un sistema basado en la propiedad privada de los medios de producción, la escala de valores es el resultado de las acciones de cada miembro independiente de la sociedad. Todos hacen un doble papel en ella, primero como consumidores y segundo como productores. Como consumidor, el individuo establece el valor de bienes listos para el consumo. Como productor, orienta los bienes de producción hacia aquellos usos que rendirán más. Es así como los bienes de un orden más elevado también se gradúan en forma apropiada a las condiciones existentes de producción y de la demanda dentro de la sociedad.

El juego de estos dos procesos garantiza que el principio económico sea observado tanto en el consumo como en la producción. Y en esta forma surge el sistema exactamente graduado que permite a todos enmarcar su demanda dentro de las líneas económicas.

Bajo el socialismo, todo esto no ocurre. La administración económica puede establecer exactamente qué bienes son más urgentemente necesarios, pero eso es sólo parte del problema. La otra mitad, la evaluación de los medios de producción, no se soluciona. Puede averiguar exactamente el valor de la totalidad de tales instrumentos. Obviamente, ése es igual al valor de las satisfacciones que pueden darse. Si se calcula la pérdida en que se incurriría al retirarlos, también se podría averiguar el valor de instrumentos únicos de producción. Pero no puede asimilarlos a un denominador común de precios, como podría ser bajo un sistema de libertad económica y de precios en dinero.

No es necesario que el socialismo prescinda totalmente del dinero. Es posible concebir arreglos que permitan el empleo del dinero para el intercambio de bienes de consumo. Pero desde el momento en que los diversos factores de producción (incluyendo el trabajo) no pudieran expresarse en dinero, el dinero no jugaría ningún papel en los cálculos económicos

Supongamos, por ejemplo, que la comunidad de países socialistas estuviera planeando un nuevo ferrocarril. ¿Sería ese nuevo ferrocarril realmente conveniente? Si lo fuera, ¿cuánto terreno debería servir? Bajo el sistema de propiedad privada podríamos decidir esas interrogantes por medio de cálculos en dinero. La nueva red de ferrocarril abarataría el transporte de determinados artículos, y en base a ello podríamos calcular si la diferencia en los cargos de transporte justificaría los gastos de construcción y funcionamiento del ferrocarril. Un cálculo así sólo podría hacerse en dinero. No podríamos hacerlo comparando gastos y ahorros en especies. Es absolutamente imposible reducir a unidades corrientes las cantidades de trabajo especializado y no especializado, el hierro, carbón, materiales de construcción, maquinaria y todas las demás cosas que exige el mantenimiento de un ferrocarril, por lo cual es imposible también reducirlos a unidades de cálculo económico. Sólo podremos trazar planes económicos cuando todo aquello que acabamos de enumerar pueda ser asimilado a dinero. Es cierto que los cálculos de dinero no son completos. Es cierto que presentan grandes deficiencias, pero no contamos con nada mejor para reemplazarlos, y, bajo condiciones monetarias seguras, satisfacen todos los objetivos prácticos. Si los dejamos de lado, el cálculo económico se hace absolutamente imposible.

No queremos decir con esto que la comunidad socialista se encontraría totalmente desorientada. Tomaría decisiones a favor o en contra de la empresa propuesta y dictaría una orden. Pero, en el mejor de los casos, esa decisión se basaría tan sólo en vagas evaluaciones. No podría basarse en cálculos exactos de valor.»

Los empresarios ya no saben porqué brindar, Mises en Buenos Aires ya puso las cosas en claro

Luego de preocuparse mucho por haber propuesto un brindis por el capitalismo, los empresarios cambiaron el tono de la reunión. A la próxima ve el ministro Kiciloff:

«Enhorabuena. Pasamos del brindis por el capitalismo al brindis por John Maynard Keynes en menos de un mes. De la ortodoxia a la heterodoxia sin ninguna escala», comentó un empresario argentino que fue uno de los primeros en confirmar su asistencia. En el último encuentro, su cara de sorpresa y cruce de copas por la amistad en lugar de la política había sido la manera de escapar a la foto con la que no se sentía cómodo. http://www.lanacion.com.ar/1791355-ahora-el-brindis-sera-por-keynes

En la siguiente reunión estuvieron Miguel Bein, Agustín D’Attellis y Javier González Fraga. Todo mucho más moderado. No hubo brindis, salvo por la entidad organizadora, y una mención al pasar de la “economía de mercado”: “Todo terminaba, pero volvió a subir al atril Antonio Estrany Gendre, el ejecutivo de Pan American Energy, que en la reunión pasada había propuesto «un brindis por el capitalismo», gesto que molestó al kirchnerismo. ¿Volvería a provocar? Hubo silencio. El español se tomó su tiempo. Hizo un recorrido por los «principios» que habían confluido a crear el Cicyp en 1942 más allá de cualquier «situación de emergencia», entre los que destacó «la economía de mercado». Y, acto seguido, inconmovible, levantó la copa: «Por el Cicyp y sus principios». http://www.lanacion.com.ar/1792580-el-cepo-cambiario-avivo-una-encendida-discusion-entre-economistas-y-empresarios

No podrían invitar a Mises, por supuesto, pero éste ya había hablado claramente en una reunión de empresarios, en esta ciudad.

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Comienza con una exposición sobre el Capitalismo. Algunos párrafos:

Mises4

En la Inglaterra del Siglo XVIII, la tierra podía soportar solamente seis millones de personas en un nivel de vida muy bajo. Hoy más de cincuenta millones de personas disfrutan un nivel de vida mucho más alto, aún del que disfrutaban los ricos durante el siglo XVIII. Y el nivel de vida sería hoy probablemente más alto si una gran cantidad de energía de los Británicos no hubiera sido desperdiciada en lo que fueron, desde varios puntos de vista, evitables ‘aventuras’ políticas y militares.

Estos son los hechos sobre el capitalismo. Así si un inglés – o realmente cualquier otro hombre de cualquier otro país del mundo – dice hoy a sus amigos que se opone al capitalismo, hay una maravillosa forma de contestarle: ‘Tú sabes que la población de este planeta es ahora diez veces más grande que en las épocas que precedieron al capitalismo; tú sabes que todos los hombres hoy disfrutan de un mucho mejor nivel de vida que el que disfrutaron sus ancestros antes de la era del capitalismo. Pero, ¿cómo sabes que tú eres el uno entre diez que habría vivido en ausencia del capitalismo? El simple hecho que hoy estés vivo es la prueba que el capitalismo ha tenido éxito, así consideres o no que tu vida es valiosa’

A pesar de todos sus beneficios el capitalismo ha sido furiosamente atacado y criticado. Es preciso que comprendamos el origen de esta antipatía. Es un hecho que el odio hacia el capitalismo no se originó en las masas, ni entre los propios trabajadores, sino en la aristocracia terrateniente – la alta burguesía, la nobleza – de Inglaterra y del continente europeo. Ellos culparon al capitalismo por algo que no era para ellos demasiado agradable: a principios del Siglo XIX los más altos salarios pagados por la industria a sus trabajadores forzó a la burguesía terrateniente a pagar igualmente altos sueldos a los trabajadores agrícolas. La aristocracia atacó la industria enjuiciando el nivel de vida de las masas de trabajadores.

Desde luego – desde nuestro punto de vista – el nivel de vida de los trabajadores era extremadamente bajo; las condiciones bajo el capitalismo temprano eran totalmente espeluznantes, pero no porque las recientemente desarrolladas industrias capitalistas hubieran perjudicado a los trabajadores. La gente contratada para trabajar en las fábricas ya había estado viviendo en un nivel virtualmente sub-humano. La famosa y antigua historia, repetida centenares de veces, que las fábricas empleaban mujeres y niños quienes, antes que estuvieran trabajando en las fábricas habían estado viviendo en condiciones satisfactorias, es una de las más grandes falsedades de la historia. Las madres que trabajaban en las fábricas no tenían con qué cocinar: ellas no habían dejado sus hogares y sus cocinas para ir a las fábricas porque no tenían cocina alguna, y si tenían una cocina, no tenían alimentos para cocinar en esas cocinas. Y los niños no venían de confortables guarderías. Estaban pasando hambre y se morían. Y toda la charla sobre el así denominado inenarrable horror del capitalismo temprano puede ser refutada por una simple estadística: precisamente en estos años en los cuales el capitalismo Británico se desarrolló, precisamente en la época llamada de la Revolución Industrial en Inglaterra en los años de 1760 a 1830, precisamente en esos años la población de Inglaterra se duplicó, lo que significa que centenares de miles de niños – que habrían muerto en los tiempos precedentes – sobrevivieron y crecieron para convertirse en hombres y mujeres. No hay dudas que las condiciones de los tiempos anteriores habían sido muy insatisfactorias. Fue el negocio capitalista que las mejoró. Fueron precisamente esas primeras fábricas que proveyeron a las necesidades de sus trabajadores, ya sea directamente o indirectamente, exportando productos e importando alimentos y materias primas desde otros países. Una y otra vez los primeros historiadores del capitalismo – uno difícilmente puede usar una palabra más suave – han falsificado la historia.

 

Los problemas del estatismo y la política: en distinta medida, pero tanto en la URSS como en USA

Muchos creen que las imperfecciones que puedan existir en las relaciones voluntarias entre las personas (esto descarta entonces el uso de la fuerza como el asesinato, el robo o el fraude), las solucionará la política. David Boaz nos cuenta en su libro porqué la política fracasa, analizando el caso de los Estados Unidos: http://www.cato.org/libertarianmind

“El problema real en los Estados Unidos es el mismo que en el resto del mundo: demasiado gobierno. Cuanto más grande es, mayor es su fracaso; por eso el socialismo de estado ha sido el fracaso más obvio. Como advirtieran los libertarios durante el siglo pasado, el socialismo y otros intentos de reemplazar las decisiones individuales por las gubernamentales desplazaron la libertad y la dignidad del individuo –el objetivo por el cual tanto se había luchado en Occidente. El socialismo se encontró con problemas políticos y económicos insuperables:

  • El problema totalitario, que esa concentración de poder convirtió en una irresistible tentación de abuso
  • El problema de incentivos, la falta de aliento para que los individuos trabajen dura y eficientemente
  • El menos comprendido, el problema del cálculo, la incapacidad del sistema socialista, sin precios ni mercados, de asignar recursos según las preferencias de los consumidores.

Durante décadas los economistas libertarios como F. A. Hayek y Ludwig von Mises insistieron que el socialismo simplemente no podía funcionar, no podía utilizar efectivamente todos los recursos y conocimientos de una sociedad extensa para servir a los consumidores. Y durante décadas los socialdemócratas en Occidente desestimaron esas conclusiones, argumentando no ya que el comunismo soviético sobrevivía, sino que su economía crecía más rápido que Occidente.

Los socialdemócratas se equivocaron. Aunque la torpe economía soviética podía producir grandes cantidades de acero de baja calidad y cemento, practicaba lo que el filósofo húngaro Michael Polanyi llamaba ‘producción conspicua’, e incluso pudo enviar un hombre al espacio, pero nunca pudo producir lo que los consumidores querían. A fines de los 1980s la economía soviética no era dos tercios de la economía norteamericana como estimaba la CIA; ni hacía uso total de su mano de obra como decía el economista de Harvard John Kenneth Galbraith; y no era una poderosa máquina de crecimiento como le dijo a generaciones el libro de texto del Nobel de Economía Paul Samuelson. Era, en verdad, alrededor de un 10% de la economía norteamericana y, en tanto estas cosas tan diversas pueden compararse, hacía un muy ineficiente uso de la educada mano de obra soviética. Ya era un fracaso de la era industrial, y un dinosaurio de la era digital, un hecho obvio para cualquiera que visitara la URSS, salvo los intelectuales occidentales.

La intervención del gobierno en la sociedad y los mercados de Estados Unidos sufre los mismos problemas, aunque en forma más débil. El poder siempre corrompe, y el poder del gobierno de decirle a la gente cómo vivir sus vidas o para transferir dinero de quienes producen a otros es siempre una tentación para la corrupción. Los impuestos y las regulaciones reducen los incentivos de la gente para producir riqueza, y los programas sociales del gobierno reducen el incentivo a trabajar, a ahorrar, y a ayudar a la familia y los amigos en caso de necesidad, discapacidad o retiro. Y aunque los burócratas norteamericanos no cometen los burdos errores de los planificadores socialistas, resulta claro que las empresas estatales son menos eficientes, menos innovadoras, y más gastadoras que las privadas. Tan sólo comparemos el Correo con Federal Express. O la capacidad de arreglar problemas de American Express y el IRS. O comparemos las viviendas privadas y las viviendas públicas. Quienes no tienen propiedad no se preocupan como los propietarios; quienes no tienen su propio dinero invertido en la empresa y no recibirán dividendos de su éxito nunca van a innovar, ni servir a los clientes, ni reducir costos como los emprendedores.

En su libro “La Sociedad Opulenta”, Galbraith observó la ‘opulencia privada y la miseria pública’; esto es, una sociedad donde los recursos que son privados están generalmente limpios, son eficientes, están bien mantenidos, mejoran en calidad; mientras que los espacios públicos son sucios, superpoblados, inseguros y concluyó, curiosamente, que había que trasladar más recursos al sector público. Este libro sugiere una conclusión diferente: que como los bienes y servicios producidos en el mercado competitivo tienen más probabilidades de serlo más eficientemente y con más atención a las demandas de los consumidores que los producidos por el gobierno, deberíamos mantener la mayor parte de nuestras vidas fuera del control del gobierno.”

Un empresario brindó por el capitalismo. Uno solo, todos los demás reaccionaron horrorizados

Hace un mes, en una reunóon de empresarios, uno de ellos propuso un brindis por el capitalismo: http://www.lanacion.com.ar/1784796-un-debate-sobre-como-ajustar-la-economia-incomodo-a-empresarios

Los demás se escandalizaron. ¿A quién se le ocurre reivindicar un Sistema que sacó de pobres a cientos de miles?

Cantidad de pobres

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Comienza con una exposición sobre el Capitalismo. Algunos párrafos:

Mises3

 

Los términos descriptivos que la gente utiliza son a menudo muy engañosos. Hablando de los modernos capitanes de industria y de los líderes de los grandes negocios, por ejemplo, llaman a una persona el ‘rey del chocolate’ o el ‘rey del algodón’ o el ‘rey del automóvil’. Su utilización de dicha terminología implica que no ven prácticamente diferencia alguna entre los modernos líderes de la industria y aquellos reyes, duques o señores feudales del pasado. Pero la diferencia, de hecho, es muy grande, ya que un ‘rey del chocolate’ no gobierna de manera alguna, sino que sirve. No reina sobre un territorio conquistado, independiente del mercado, independiente de sus clientes. El ‘rey del chocolate’ – o el ‘rey del acero’ o el ‘rey del automóvil’ o cualquier otro rey de la moderna industria – depende de la industria en la que opera y de los clientes a los cuales sirve. Este ‘rey’ debe mantenerse en buenos términos con sus ‘súbditos’, los consumidores; pierde su ‘reino’ tan pronto no pueda dar a sus clientes un mejor servicio, y proveerlo a un menor costo, que los otros con quienes debe competir.

Hace doscientos años, antes de la llegada del capitalismo, la posición social de un hombre estaba fijada desde el comienzo hasta el final de su vida; la heredaba de sus ancestros y nunca cambiaba. Si nacía pobre, siempre permanecía siendo pobre; y si nacía rico – un lord, un duque – mantenía su ducado y las propiedades correspondientes por el resto de su vida.

En lo que respecta a la manufactura, las primitivas industrias procesadoras de esos tiempos existían casi exclusivamente para beneficio de los ricos. La mayor parte de la gente (noventa por ciento o más de la población europea) trabajaba la tierra y no entraba en contacto con las industrias procesadoras, orientadas hacia las ciudades. Este rígido sistema de sociedad feudal prevaleció en la mayor parte de las áreas desarrolladas de Europa por muchos cientos de años.

Sin embargo, como la población rural se expandía, se desarrolló un exceso de gente en la tierra. Este exceso de población, sin herencia de tierras o establecimientos rurales, no tenía mucho para hacer, ni le era posible trabajar en las industrias procesadoras; los reyes en las ciudades le negaban el acceso a las mismas. La cantidad de estos ‘marginados’ continuaba creciendo y todavía nadie sabía qué hacer con ellos. Eran – en el total sentido de la palabra – ‘proletarios’, a quienes el gobierno atinaba solamente a ponerlos en un asilo o casa para pobres. En algunos lugares de Europa, especialmente en Holanda y en Inglaterra, llegaron a ser tan numerosos que – para el siglo XVIII – eran una real amenaza para la preservación del sistema social prevaleciente.

Hoy en día, analizando condiciones similares en lugares como India y otros países en desarrollo, no debemos olvidar que – en la Inglaterra del Siglo XVIII – las condiciones eran mucho peores. En ese  tiempo Inglaterra tenía una población de seis o siete millones de personas, pero de esos seis o siete millones de personas, más de un millón, probablemente dos millones eran simplemente pobres marginados para los cuales no hacía provisión alguna el sistema social entonces prevaleciente. Qué hacer con estos marginados era uno de los grandes problemas de la Inglaterra del Siglo XVIII.

Otro gran problema era la falta de materias primas. Los Británicos, con mucha seriedad, se hacían a sí mismos esta pregunta: ¿Qué vamos a hacer en el futuro cuando nuestros bosques no nos provean más la madera que necesitamos para nuestras industrias y para calentar nuestros hogares? Para las clases dirigentes era una situación desesperante. Los hombres de estado no sabían qué hacer y la aristocracia no tenía idea alguna sobre como mejorar las condiciones.

De esta preocupante situación social emergieron los comienzos del capitalismo moderno. Hubo algunas personas entre estos marginados, entre esta gente pobre, que trató de organizar a otros para instalar pequeños talleres que pudieran producir algo. Esto fue una innovación. Estos innovadores no producían cosas caras apropiadas solamente para las clases altas; producían cosas más baratas para cubrir las necesidades de todos. Y esto fue el origen del capitalismo tal como opera hoy. Fue el comienzo de la producción masiva, el principio fundamental de la industria capitalista. En tanto las antiguas industrias procesadoras que servían a la gente rica en las ciudades habían existido casi exclusivamente para cubrir la demanda de las clases altas, las nuevas industrias capitalistas comenzaron a producir cosas que pudieran ser compradas por la población en general. Era producción masiva para satisfacer las necesidades de las masas.

Para Beatriz Sarlo la campaña política es muy pobre y aburrida: Public Choice nos explica porqué

Con la Fundación Bases, de Rosario, estamos haciendo un curso online sobre «Public Choice», con participantes de toda América Latina. También vemos estos temas con los alumnos de la materia Applied Economics y la Facultad de Derecho de la UBA.

Allí vemos cuáles son las motivaciones de los votantes para estar informados, que son bien débiles, son ‘racionalmente apáticos’ respecto a la información, Esto explica que los políticos, quienes sí tienen un fuerte incentivo para estar informados de las consecuencias de sus actos y de sus palabras, no apelan a la racionalidad de los votantes (que no es muy aplicada a estos temas) sino a sus sentimientos. Desde esta perspectiva, no sorprende que prefieran ir a “Bailar por un Sueño que a un debate presidencial.

La ensayista Beatriz Sarlo comenta esto diciendo que esta campaña es “muy pobre y muy aburrida”: http://www.lanacion.com.ar/1789955-beatriz-sarlo-esta-campana-es-muy-pobre-y-aburrida

Comienza planteando que las campañas de los 90s eran más interesantes, aunque luego eso haya terminado en un fracaso. Sin embargo, recordemos que Carlos Menem ganó las elecciones con el eslogan “Síganme”…. ¿A dónde? A la revolución productiva…

Sostiene que esto ocurre porque los candidatos se convierten en “voceros de la gente”. Dice las cosas que la gente quiere escuchar, en otras palabras. ¿Acaso tiene eso que sorprendernos? Está en la esencia de la democracia. Algo así opinaba Borges:

Borges: “Creo que ningún político puede ser una persona totalmente sincera. Un político está buscando siempre electores y dice lo que esperan que diga. En el caso de un discurso político los que opinan son los oyentes, más que el orador. El orador es una especie de espejo o eco de lo que los demás piensan. Si no es así, fracasa.” Diálogos Borges-Sábato, compaginados por Orlando Barone (Buenos Aires: Emecé, 1976), p. 75.

Al respecto, en otra oportunidad:

“ -Ya veo que no tiene una buena opinión de los políticos.

-“No. En primer lugar no son hombres éticos; son hombres que han contraído el hábito de mentir, el hábito de sobornar, el hábito de sonreír todo el tiempo, el hábito de quedar bien con todo el mundo, el hábito de la popularidad….

La profesión de los políticos es mentir. El caso de un rey es distinto; un rey es alguien que recibe ese destino, y luego debe cumplirlo. Un político no; un político debe fingir todo el tiempo, debe sonreír, simular cortesía, debe someterse melancólicamente a los cócteles, a los actos oficiales, a las fechas patrias.” Roberto Alifano, El humor de Borges, (Buenos Aires: Ediciones Proa, 1995), p. 132-133.

En el libro cito a Joseph Schumpeter, de su libro “Capitalismo, Socialismo y Democracia”. El ciudadano particular “es miembro de una comisión incapaz de funcionar, de la comisión constituida por toda la nación, y por ello es por lo que invierte menos esfuerzo disciplinado en dominar un problema político que en una partida de bridge” (p. 334).

Y luego: “El debilitamiento del sentido de la responsabilidad y la falta de voliciones efectivas explican a su vez esta ignorancia del ciudadano corriente y la falta de juicio en cuestiones de política nacional y extranjera, que son más sorprendentes, si esto puede sorprender, en el caso de personas instruidas y de personas que actúan con éxito en situaciones de la vida ajenas a la política que en el caso de personas poco instruidas y de condición humilde” (p. 335).

Sostiene Caplan (2007, p. 95) respecto a los Estados Unidos, el país que más larga tradición y experiencia democrática tiene: “Menos del 40% de los adultos norteamericanos conocen los nombres de sus dos senadores. Un poco menos conoce a qué partido pertenecen –un hallazgo particularmente importante dada la idea muy citada que los partidos cumplen un rol informacional. La mayoría del público ha olvidado –o nunca aprendió- los hechos elementales e inmutables que se enseñan en una clase de educación cívica. Cerca de la mitad conoce que cada estado tiene dos senadores, y sólo una cuarta parte conoce el período de su mandato. La familiaridad con el registro de sus votos y las posiciones políticas que sostienen es prácticamente nula aún en cuestiones de alta atención pública, pero increíblemente buena en cuestiones divertidas pero irrelevantes para la política.”

Sicología evolutiva: ¿Es posible la cooperación voluntaria para resolver problemas de acción colectiva?

Los alumnos de Applied Economics ven los capítulos 5 y 6 del libro. En el 5 revisamos los incentivos de los políticos y los funcionarios. Pero en el 6, comenzamos a ver si es posible que existan soluciones voluntarias a los problemas de acción colectiva. Para ello, repasamos las contribuciones de la teoría de los juegos, la economía experimental y la sicología evolutiva. Aquí algunos comentarios sobre los aportes de ésta última:

La psicología evolutiva busca explicar la conducta de los seres humanos como resultado de largos procesos evolutivos donde han resultado seleccionadas ciertas características por medio de la selección natural que favorecen la supervivencia y la reproducción. Barkow, Cosmides y Tooby (1992) concluyen que existe un conjunto de supuestos e inferencias sobre los seres humanos, sus mentes y su interacción, a lo que denominan el Modelo Estándar de las Ciencias Sociales (MECS) que ha aislado a las ciencias sociales de las ciencias biológicas. Y si bien ciertos supuestos de ese modelo serían correctos, sus defectos explicarían ciertos problemas crónicos que se encuentran en las ciencias sociales. Según el MECS el ser humano nace como una “página en blanco” y la mente se estructura por el proceso de aprendizaje de las condiciones físicas y sociales del entorno. Los individuos “aprenden” su lenguaje, su cultura, a caminar.

Pero los avances de disciplinas tales como la biología evolutiva, las ciencias del conocimiento, la antropología social y biológica o la neurobiología permitirían derribar esta barrera y desarrollar un nuevo modelo que denominan “Modelo Causal Integrado” (MCI) cuyos elementos central incluyen sostener que la mente humana consiste en un conjunto de mecanismos para el procesamiento de información que residen en el sistema nervioso y que estos mecanismos y el “software” que los produce serían el resultado de la selección natural en entornos ancestrales. Muchos de estos mecanismos se especializaron en producir conductas que resuelven problemas de adaptación tales como la selección de parejas, la adquisición de lenguaje, las relaciones familiares y la cooperación. Estos mecanismos generan algo del contenido de la cultura humana, incluyendo ciertas conductas y representaciones lingüísticas. El contenido generado de esta forma está disponible para luego ser adoptado o modificado por los mecanismos psicológicos presentes en otros miembros de la población, los que también proveen información intencionalmente o no. Esto dispara ciertos procesos que explicarían la generalización de las normas en la sociedad.

Uno de los prominentes economistas que vinculara las teorías evolutivas a la economía y los mercados ha sido F. A. von Hayek, quien retomara por un lado, los desarrollos de los filósofos escoceses, en particular Bernard de Mandeville, David Hume, Adam Ferguson y Adam Smith quienes enfatizaran el carácter de orden espontáneo del mercado y su carácter evolutivo; por otro los aportes de Carl Menger, en particular el carácter evolutivo y espontáneo del dinero. Hayek sostiene que la evolución genética es demasiado lenta como para explicar el rápido desarrollo de la civilización, por lo que nuevas prácticas se extienden a través de la imitación y la adquisición de hábitos en un largo proceso en el que ciertas respuestas innatas son reemplazadas por normas aprendidas.

Esa selección de normas, según Hayek (1988), se produce al nivel de grupos, y no porque los individuos hayan comprendido que ciertas normas o conductas son más efectivas sino porque permitieron a los grupos que las adoptaran expandirse en número e incluso incluir a los que no fueran miembros del grupo. Mientras que la transmisión de reglas de conducta se produce de un individuo a otro, la selección de la norma se produce en base a la mayor o menor eficiencia del orden grupal que resulta de esas normas .

La teoría de la selección a nivel de grupo se ve enfrentada, tanto en la biología como en las ciencias sociales, por quienes sostienen que ésta se produce a nivel de los genes (Dawkins, 1982), explicando que la supervivencia de un cierto grupo se debe a la selección natural de ciertos genes, no de la selección del grupo en su conjunto. Sostienen estos autores que no hay un mecanismo que asegure que una cierta pauta de conducta que sea ventajosa para el grupo se sostenga, en cierta forma asumiendo el mismo supuesto de que el individuo maximiza su interés personal y, por lo tanto, ese mecanismo debería asegurar que los “free riders” no terminan siendo predominante en los grupos que presentan conductas cooperativas que resultan útiles. En otras palabras, aquellos grupos que son superiores porque sus individuos tienen conductas cooperativas, lo que fortalece al grupo, podrían verse invadidos por los “free riders” quienes sacarían provecho de esa cooperación sin tener que aportar lo propio. Los “free riders” se expandirían y desplazarían a los otros, alterando las características del grupo.

No obstante, aportes posteriores reafirman la hipótesis de la selección grupal y desarrollan los mecanismos por los que se explica. Que serían tres (Rowthorn et al, 2010): la selección favorecería a los grupos cooperativos, el castigo altruista y el conformismo.

Los autores escoceses. La simpatía y el interés propio en Hume, Ferguson y Smith. La mano invisible (IV)

Los alumnos de Económicas en la UBA leen sobre los escoceses: Hume, Ferguson, Smith, a Adam Smith en la Teoría de los Sentimientos Morales y a Ronald Coase sobre Smith:

  1. Adam Smith, Teoría de los Sentimientos Morales: Sección I: Del Sentido de la Propiedad: http://www.textosdigitales.com.ar/CP/CICLO_BASICO/2.007_-_Teoria_Politica_II/Smith_-_Teoria_de_los_Sentimientos_Morales.pdf
  2. Ezequiel Gallo, “La tradición del orden social espontáneo: Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith”: http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/44_5_Gallo.pdf
  3. Ronald Coase, “Adam Smith’s View of Man”: http://www.chicagobooth.edu/~/media/59F2E558F3604398BBF9518FCF3EBC9E.PDF

Pregunta: ¿Si Smith no le tenía mucha confianza a la razón humana, es razonable hacer modelos suponiendo comportamientos racionales?

Excelente pregunta. A lo que habría que agregarle otro problema fundamental: que incluso si mostraran un comportamiento racional tendrían un problema de conocimiento de las circunstancias de tiempo y lugar, el cual es necesariamente limitado.

Pregunta: ¿Podríamos pensar una economía centrada en los sentimientos y no en la razón?

Ni una ni otra, todas influyen en nuestras acciones y lo que estudiamos al estudiar economía son las consecuencias de esas acciones.

Pregunta: Muchos gobernantes suelen endeudar a los países, pero enriquecerse ellos mismos. ¿En estos casos los gobernantes prefieren satisfacer sus propios deseos a ser admirados?

Recordemos que Smith plantea al hombre como algo complejo e imperfecto, que tanto busca la admiración de los demás como su más crudo interés personal. Gracias a los intercambios en el mercado, éste último se canaliza hacia el bienestar de los demás. Habrá que ver si los incentivos de las instituciones políticas pueden generar otro tanto respecto a las acciones en ese ámbito. Éste será el punto de partida del análisis del Public Choice.

Pregunta: Según Smith el hombre estaría dispuesto a hacer sacrificios por la humanidad para sentir superioridad y admiración. ¿Hasta qué punto cree que esto es verdad?

Hasta cierto punto, como el mismo Smith dice. Tal vez daríamos un meñique para que se salven cientos de miles de chinos del terremoto, pero no daríamos un brazo, o no daríamos el meñique por diez o veinte chinos que se salven.

Pregunta: ¿Hay posibilidad de existencia del mercado si no hay benevolencia y/o egoísmo?

Pero el tema que nos ocupa en esta ciencia es analizar cómo es que efectivamente existen, habiendo tanto benevolencia como egoísmo en los seres humanos. No hacen falta seres perfectos para que pueda alcanzarse la cooperación social en el mercado, con estos seres que tenemos ahora se puede y se ha logrado un avance como nunca se hubiera imaginado en la historia.

Pregunta: ¿Cómo definían la riqueza estos autores? Cuando explican que el incremento de los intercambios produce la división del trabajo que redunda en las riquezas nacionales. ¿Qué papel considera que debe tomar el comercio internacional?

La “riqueza de las naciones” era su capacidad para utilizar los recursos disponibles (humanos y naturales) para satisfacer las necesidades que cada uno tiene en mayor proporción, para lo cual el comercio internacional era importante porque ninguna sociedad puede afirmar que posee todos los recursos necesarios, o que estaría mejor sin aquellos que puede obtener a través del comercio.

Pregunta: ¿Cómo explican el hecho de que no en todas las regiones se haya iniciado el proceso que lleva a la evolución y al progreso de la sociedad?

El progreso no se da en forma regular en todas las regiones, aunque hoy podamos decir que hasta las más pobres están mejor de lo que estaban cuando Smith escribía. En ese momento el progreso se daba en Europa, luego fue en América del Norte, hoy es en Asia. Parece que la mano invisible está en funcionamiento porque se van descubriendo oportunidades en lugares que comprenden la necesidad de permitirlo (se abren al comercio) y el capital va a aprovechar esas oportunidades, generando crecimiento y un aumento de los niveles de vida, acercando a estos países a los que se desarrollaron antes. Hoy hay una clase media china que consume y viaja por el mundo, inexistente tan solo treinta años atrás.

Pregunta: ¿Cuáles son las reglas que deben establecer las instituciones para incentivar el intercambio y asi lograr el progreso social?

Dice Hume en su Tratado sobre la Naturaleza Humana: “Donde la posesión no tiene estabilidad, habrá guerra perpetua. Donde la propiedad no se transfiere por consentimiento, no podrá haber comercio. Donde no se respetan las promesas, no habrá ligas ni alianzas”.

Pregunta: ¿Cuál es la importancia de este texto para la historia del pensamiento económico?

La Teoría de los Sentimientos Morales es un libro de ética, pero es de fundamental importancia para comprender la visión de Adam Smith sobre el hombre y sobre el proceso de mercado que luego describiera en La Riqueza de las Naciones.

Pregunta: ¿La simpatía de los hombres no impide el progreso de la sociedad, al que se llega persiguiendo los intereses individuales?

Es que esos intereses individuales pueden incluir la simpatía por los demás, suelen incluirla como dice Smith, y eso hace que seamos un poco mejor que sin tan sólo persiguiéramos nuestro interés individual.

Pregunta: ¿Puede considerarse en Adam Smith el comienzo en una estrecha relación entre economía y filosofía política dando origen la teoría de la elección u opción publica?

Todos los clásicos comprendían la relación entre la economía, la ética y la filosofía política. Lo que tiene de nuevo Public Choice es que analiza a la política en términos de los incentivos que enfrentan los votantes, los políticos y los funcionarios.

Pregunta: Si es posible determinar la concepción de la naturaleza humana y la felicidad que sostiene Smith en esta obra, ¿sería posible también deducir que sistemas políticos y funciones de gobierno son las más adecuadas para promover la felicidad del hombre en nuestro país?

Lo hizo Alberdi, y lo menciona, citando a Adam Smith precisamente, en un texto que veremos más adelante.

Pregunta: Smith trataba de no mencionar a Dios, y en cambio habla de la Naturaleza, pero ¿cree que tal vez esa naturaleza no era en parte determinada por Dios para Smith, y sin embargo, trataba de ser imparcial en sus textos?

Diría que sí.

Pregunta: ¿Debería, entonces, ser el mercado el que gobierna y no los individuos en particular?

El mercado son los individuos, lo que llamamos mercado no es un ente que tenga existencia propia, sino el conjunto de transacciones que realizan los individuos.

Pregunta: ¿cuál cree sería la visión de Smith sobre los monopolios entonces?

Estaba en contra de los monopolios, por eso criticó duramente el monopolio del comercio otorgado a empresas como la East India Company, y por eso también apoyaba el libre comercio.

Pregunta: Otra pregunta que le haría es: ¿Cuando usted habla de una sociedad “altruista”, se refiere a un altruismo consciente o inconsciente?

No sé si consideraríamos altruista a una acción inconsciente, ya que la misma definición de altruismo implica consciencia y nombramos a una acción así porque tendría esa intención, no sería fruto del azar.

Pregunta: ¿Es posible que este sentimiento de “simpatía” promueva concordemente el bien común? ¿O será necesario algún tipo de intervención para orientarlo?

Recordemos que para Adam Smith la simpatía se va debilitando a medida que las relaciones son más lejanas, por lo que no sería posible organizar una sociedad extendida basada en ese principio que tiende a debilitarse. La búsqueda del interés propio, por otro lado, permite la cooperación social extendida entre personas que no tienen por qué conocerse o tenerse simpatía.

Pregunta: ¿Tiene la escasez relación con los actos de menos agradables de los humanos?

La escasez es la que nos motiva a actuar, si no hubiera escasez tampoco habría necesidad de actuar ya que significa que tendríamos todo lo que deseáramos. La escasez, entonces, está en la base de la acción humana, tanto de las acciones agradables como las desagradables.

Pregunta: La intensidad de la benevolencia es alta en esferas sociales cercanas, ¿aquí cree ud. que los intercambios de mercado son más eficientes que en esferas sociales más lejanas?

Correcto. Intercambiamos favores con familiares o amigos, no tenemos que serlo con quienes realizamos intercambios comerciales.

Pregunta: ¿Que puede decir ud. al respecto de una situación de guerra, donde el mercado de bienes se paraliza? ¿los actos morales cobran otra dimensión? ¿es lo único que quedaría por intercambiar?

Una guerra afecta la economía, pero está claro que en el frente de batalla, las relaciones entre las personas están basadas en la moral más que en los intercambios de bienes y servicios.

Pregunta: ¿Dónde podríamos hacer entrar a la razón?, ¿Todo gira en entorno de los sentimientos y del grado de la simpatía de los hombres?, ¿Podría ser compatible un alto grado de simpatía en los hombres y un mercado libre?

Sí, en cuanto a la segunda pregunta. La razón está presente en el accionar de los hombres pero no es perfecta, es lo que nos dicen los escoceses. Hayek luego agregaría una categoría de acción distinta: hay acciones racionales, otras que surgen de instintos y una tercera categoría que son las acciones que realizamos como fruto de la costumbre.

Pregunta: La idea de la motivación por satisfacción personal, ¿Terminaría por implicar que “el fin justifica los medios”? ¿O en ese hombre descripto existen todavía nociones de ética y moral?

Claro, ese hombre tiene esas nociones, y además la búsqueda de su propio interés puede llegar hasta que se encuentre con el derecho de otros, que no puede avasallar.

Todos piden «redistribución», pero luego generan inflación y ésta «redistribuye» de otra forma

Hay temas que nunca dejan de discutirse. Ludwig von Mises escribe en 1944 sobre las controversias monetarias del momento. No son muy diferentes a las actuales. Lo hace en un ensayo preparado en 1944 para la Comisión de Principios Económicos de la Asociación Nacional de Industriales de Estados Unidos que luego lo publicara, junto con otros trabajos, en dos volúmenes.

Mises4

Responde a la pregunta sobre la neutralidad del dinero, sobre la cual podrían considerarse dos enfoques. Uno, el que aquí se desarrolla, se refiere al impacto de cambios en el mercado monetario en los precios relativos; el otro, que Mises descarta, es que esos cambios sean ‘neutrales’ respecto a la producción. Este segundo no es sino una derivación del primero. Si, por ejemplo, una mayor oferta de dinero subiera todos los precios y salarios en la misma proporción tampoco impactaría en la producción. Pero esto no ocurre, como Mises explica esos cambios se van produciendo en distintos momentos y proporciones. Por lo tanto, por ejemplo, un incremento de la oferta monetaria más allá de su demanda ocasiona una “redistribución” de ingresos y riqueza entre distintos grupos y también distorsiones en la estructura de producción.

“¿Es neutral del dinero?

Los antiguos economistas creían que –sin cambios en las demás cosas- modificaciones en la oferta o demanda de dinero hacía subir o bajar simultáneamente a todos los precios de los bienes y a los salarios simultáneamente en proporción exacta a esos cambios. El ‘nivel de precios’ cambia, pero las relaciones entre los precios individuales de los bienes y servicios se mantiene igual. Aquellos economistas matemáticos cuya teorización culmina en una ecuación de intercambio mantienen aún su tesis (Irving Fisher 1867-1947).

El análisis económico moderno rechaza este supuesto. Los cambios en la oferta o demanda de dinero no afectan a todos los individuos en el mismo momento y en la misma forma. En el caso de la inflación, por ejemplo, una cantidad adicional de dinero no encuentra su camino al principio en los bolsillos de todos los individuos, ni tampoco esos individuos que se benefician primero con el incremento en la cantidad de dinero reciben la misma cantidad; y no reaccionan tampoco a esa cantidad adicional de la misma forma. Por lo tanto, los precios de los distintos bienes y servicios no suben todos al mismo tiempo ni en la misma magnitud. La aparición no simultánea y despareja de cambios de precios ocasionados por aumentos en la cantidad de moneda dan como resultado traslados de ingresos y riqueza de algunos grupos de la población a otros. Las fluctuaciones monetarias no son neutrales, aun aparte de sus repercusiones en todos los contratos estipulando alguna forma de pago diferido. Los cambios monetarios son la fuente del cambio económico y social.”

 

Reservas naturales: otro caso de provision privada de un «bien público». ¿No es que no era posible?

Justo cuando estamos viendo con las alumnos de Derecho en la UBA el tema de los “bienes públicos” y si la única alternativa es su provisión pública, se publica este muy interesante editorial en La Nación sobre las reservas naturales privadas: http://www.lanacion.com.ar/1789280-la-importancia-de-las-reservas-naturales-privadas

La teoría predominante sostiene que, dada la imposibilidad de excluir a quienes no pagan, tendríamos al incentivo a ser usuarios gratuitos, o ‘free riders’, por lo que ningún particular estaría interesado en proveer estos bienes. Por otro lado, como el consumo de unos no reduce el posible consumo de otros, no tendría tampoco sentido excluir a nadie. La initiciativa privada no estaría interesada en este tipo de bienes.

El editorial comenta una iniciativa de la Fundación Vida Silvestre “cuya idea central es articular e impulsar este movimiento en el país en conjunto con propietarios de reservas y organizaciones de la sociedad civil que trabajan en esta temática” y destaca que esta institución ha creado la Red Argentina de Reservas Naturales Privadas: http://reservasprivadas.org.ar/

reserva natural

“Vida Silvestre junto con Asociación Aves Argentinas, Asociación Conservación Argentina, Asociación Conservación Patagónica, Asociación Protágonos – Ecología Humana, Fundación BIORed, Fundación para la Conservación y Estudio de la Biodiversidad, Fundación Ecologista Verde, Fundación Hábitat & Desarrollo, Fundación de Historia Natural Félix de Azara, Fundación Huellas para un Futuro, Fundación Naturaleza para el Futuro, Fundación Patagonia Natural, Fundación Proyungas, Fundación Temaikèn, The Nature Conservancy y Fundación Yuchán llevan adelante la Red Argentina de Reservas Naturales Privadas, que cuenta ya con 60 reservas integrantes distribuidas en 15 provincias del país. Entre todos sus miembros está trabajando para proteger más de 188.000 hectáreas de propiedad privada de la Argentina.”

¿Qué es una Reserva Natural Privada? Así lo explica la Red en su página web:

“Un área protegida privada o una reserva natural privada es una porción de terreno de cualquier superficie de propiedad privada, manejada para la conservación de la biodiversidad y/o el uso sustentable de sus valores naturales.

Puede ser de propiedad de, y estar gestionada por, personas físicas, familias, empresas, clubes, universidades, cooperativas u organizaciones de la sociedad civil. A su vez, puede contar o no con reconocimiento formal del gobierno.

Las reservas naturales privadas nacen del interés y la voluntad de sus propietarios por proteger los recursos naturales que albergan sus tierras. Son una herramienta de gran potencial para complementar la superficie protegida por el Estado, que en la Argentina, actualmente alcanza solo el 7,7% de la superficie continental. También pueden generar importantes aportes a una estrategia nacional o regional de desarrollo sustentable.”

¿Por qué harían esto los propietarios si tan sólo les interesara obtener la mayor rentabilidad de su recurso? Es que como la gente ahora valora la naturaleza de una forma en que no lo hacía antes, muy probablemente porque tenía otras necesidades más imperiosas para satisfacer, el “mercado” reacciona ante ese cambio y ofrece a los consumidores lo que estos están dispuestos a pagar, tanto sea como turistas como consumidores de productos naturales o ecológicos.

Dice la Red:

“En la mayoría de los casos, los privados que crean reservas en sus propiedades compatibilizan la conservación de la biodiversidad con alguna actividad productiva que desarrollan de manera sustentable; en general el turismo, pero también ganadería y explotaciones forestales entre otras.

De esta manera, realizan un valioso aporte para asegurar la conservación de la vida silvestre y el funcionamiento de los ecosistemas.”

En definitiva, las reservas naturales privadas están proveyendo un “bien público” que, según la teoría predominante, solo podría ser provisto por el Estado. Pero como tantos otros ejemplos: los faros, la radio, la televisión, las redes sociales o los buscadores en Internet, surgen otros mecanismos para su provisión que no requieren del aporte compulsivo.