Los alumnos de Económicas en la UBA leen a Böhm-Bawerk sobre el valor. En particular, BB analiza la teoría de los costos y todas las teorías que entonces consideraban que son los costos los que determinan los precios en este artículo titulado: “El determinante último del valor”: http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/46_7_Von%20Bohm%20Bawerk.pdf
El comentario incluye la muy influyente teoría de Alfred Marshall sobre los dos lados de la tijera (utilidad para la demanda y costos para la oferta), que es aceptada en forma bastante generalizada. El artículo de BB es de difícil lectura, hay que leerlo lentamente y más de una vez pero concluye que los precios son determinados por la utilidad marginal, subjetiva. La influencia de los costos se encuentra en la llamada “ley de costos”, la que establece que los precios tienden, en el largo plazo, al nivel de los costos de producción. En ese punto final de equilibrio los precios serían igual a los costos, ya que de otra forma, si fueran más altos, estarían enviando una señal de que allí hay mayores ganancias que en otras actividades y los emprendedores se trasladarían a esa actividad hasta que esa diferencia deje de existir y se alcance una tasa de retorno normal. Si fueran más bajos, simplemente dejarían de producir esos bienes, y esa menor producción elevaría el precio de los productos hasta que se obtuviera un precio normal de retorno.
Descarta la teoría que asigna al trabajo como fuente del valor (Marx, entre otros). Concluye en una primera parte:
“Este análisis un tanto breve y pedante, aunque necesario, de la famosa ley de costos nos lleva a la siguiente conclusión. La ley de costos, tal como se la aplica a los hechos reales de nuestra vida económica, es susceptible de verificación en el sentido de que el costo sincrónicamente calculado, o la suma de los valores de los bienes que se emplean en la producción, coincide con el precio del producto. Por otra parte, si suponemos que dicho costo puede históricamente convertirse todo en trabajo, es posible verificar la proposición de que el precio del producto está determinado por la suma del trabajo realizado, medido en términos del valor de ese trabajo. Pero la ley de costos no es, por cierto, verdadera en el sentido de que el precio de estos bienes que están dentro del imperio de la ley está determinado por la cantidad de sacrificio implícito en su producción”.
Y luego explica en forma puntillosa cómo es que la demanda de los bienes finales, que a su vez está determinada por la utilidad marginal de los demandantes, es la que determina junto con la oferta el precio de esos bienes, y en forma indirecta el precio de sus factores de producción, entre los cuales se encuentra el trabajo. De otra forma se cae en una regresión infinita: los precios son determinados por los costos; pero los costos son también precios, que a su vez estarán determinados por sus costos; los cuales también son precios y así sucesivamente sin que se pueda encontrar una solución. En sus palabras:
“Los poderes de producción existentes, incluyendo al más importante y legítimo de todos —el trabajo— tratan de obtener empleo en las diversas oportunidades de producción que se les presentan. Es natural que se vinculen primero con aquellas esferas de producción que sean más rentables. Pero como ellas no resultan suficientes para dar empleo a todo el poder productivo, parte de este poder debe participar de ocupaciones sucesivamente menos productivas hasta que, por fin, se haya dado empleo a todo ese poder. Esta extensión gradual a ocupaciones menos rentables puede observarse en la producción, en un momento determinado, de bienes más valiosos y de otros que, desde el principio mismo, eran menos valiosos, porque su demanda era menos urgente. Pero lo importante de esta extensión gradual hacia empleos menos rentables se halla en otra parte. En cualquier campo de producción que haya sido hasta ahora muy rentable, el monto producido tiende a aumentar. Por lo tanto, de acuerdo con principios bien conocidos, nos vemos obligados a comercializar el aumento de la producción a un precio más bajo.”
Y más adelante:
“Todavía avanza un poco más y determina el salario del trabajador. Por un lado, ningún empresario le pagará a sus obreros, durante un período prolongado, más de lo que puede obtener por el producto del trabajo de ellos. El valor del producto será, entonces, el límite superior del índice de los salarios. Además, en condiciones de libre competencia, no les pagará menos durante un período prolongado porque en tanto el precio de mercado supere al costo de producción, el empresario obtiene ganancias; pero él o sus competidores se sentirán tentados a aumentar, por ello, su producción y, de este modo, a emplear más trabajadores hasta que la diferencia entre la valoración del último comprador y el salario del último trabajador desaparezca.”




