Alberdi sobre las contribuciones «exorbitantes», que atacan a la industria y el comercio, a la propiedad

Con los alumnos de la UBA Derecho vemos Sistema Económico y Rentístico de Juan Bautista Alberdi, sobre los impuestos, y las “contribuciones exorbitantes”:

“Por la contribución exorbitante atacáis la libertad de industria y de comercio, creando prohibiciones y exclusiones, que son equivalentes del impuesto excesivo; atacáis la propiedad de todo género, llevando la contribución más allá de los límites de la renta; atacáis la seguridad, por la persecución de los efugios naturales de defensa apellidados fraude, que son hijos naturales del rigor fiscal; atacáis la igualdad, disminuyendo las entradas y goces del pobre. Tales son los resultados del impuesto exorbitante: todos contrarios a las miras generosas de la Constitución, expresadas en su preámbulo.

Por la contribución desproporcionada atacáis la igualdad civil, dada como base del impuesto por los art. 4 y 16 de la Constitución.

Por el impuesto mal colocado, matáis tal vez un germen de riqueza nacional.

Por el impuesto mal recaudado, eleváis la contribución de que forma un gasto adicional; atacáis la seguridad, formáis enemigos al gobierno, a la Constitución y al país, alejando las poblaciones asustadas de un fisco armado en nombre de la República de todas las herramientas de la inquisición.

Las contribuciones opuestas a los fines y garantías de la Constitución son contrarias precisamente al aumento del Tesoro nacional, que según ella tiene su gran surtidero en la libertad y en el bienestar general. – Por esta regla, jamás desmentida, bajar la contribución, es aumentar el Tesoro nacional: regla que no produce tal efecto en el instante, pero que jamás deja de producirlo a su tiempo, como el trigo no produce al otro día que se siembra, pero rara vez deja de producir al cabo de cierto tiempo.

¿No puede darse a la contribución un asiento tal, que le permita servir los destinos que le asigna la Constitución sin salir de ellos? ¿Dónde colocar el impuesto para que no dañe al bienestar general tan protegido por la Constitución? ¿La ciencia lo conoce? – Sí. – La contribución, como gasto público de cada particular, debe salir de donde salen sus demás gastos privados: de la renta, de la utilidad de sus fondos, no de los fondos que la producen porque así disminuís los fondos originarios de la renta, empobrecéis a los particulares, cuya riqueza, colectiva forma la riqueza de la Nación, de la cual es parásita la del fisco. El que gasta de su principal para vivir, camina a la pobreza: es preciso vivir de las ganancias; y para tener ganancias, es preciso hacer trabajar los fondos que las producen. El Estado está comprendido en esta ley natural de la riqueza: debe subsistir de la renta colectiva de los particulares que le forman, no de sus fondos. He ahí el asiento de toda contribución juiciosa: de toda contribución que sirva para enriquecer la Nación y no para empobrecerla.

Salir de ahí, echar mano de los fondos productivos, exigir capitales, tierras, servicios por vía de contribución, es entrar en una crisis de destrucción, que sólo un extremo puede legitimar, a saber: – la necesidad de no sucumbir: antes de tener fortuna, es preciso tener existencia. La fortuna se hace; lo que no se hace dos veces es la patria.

Procediendo la contribución de una parte de la renta o utilidad privada de los habitantes del país, importa conocer los parajes en que la renta existe, para exigirle pago de su deuda al gasto público.

La renta, como la riqueza de que es vástago frutal, debe su creación a uno de estos tres agentes o fuerzas productoras:

La tierra,

El trabajo,

El capital.

Estos tres instrumentos de renta, obren juntos o separados, siempre proceden de alguno de los tres modos siguientes para producir su utilidad imponible:

La agricultura,

El comercio,

Las fábricas.

De aquí tantos asientos para la contribución como el número y la forma de las rentas o utilidades de los particulares contribuyentes.

Luego la contribución es imponible:

En la renta de la tierra, que es el alquiler;

En la renta del trabajo, que es el salario;

En la renta del capital, que es el interés.

Luego la Constitución debe buscar esas rentas en los’ tres campos de su elaboración, que son la agricultura, el comercio, la industria fabril.”

Adam Smith, precursor de muchas cosas. También del análisis económico de la política

La revista Estudios Públicos, publicada por el Centro de Estudios Públicos (CEP), de Chile, es una de las mejores revistas académicas de América Latina. En su última edición trae, entre otros, este artículo “Adam Smith como precursor de la teoría de la acción colectiva”, por Emiliano Heresi Toni: https://www.estudiospublicos.cl/index.php/cep/article/view/2091

Nuestro admirado Adam ha sido precursor de muchas cosas, por lo que no extraña que podamos encontrar que también lo es en el campo del análisis económico de la política. Después de todo, la disciplina que su trabajo ayudó a fundar tomó el nombre de Economía Política durante el siglo XIX. Los autores del Public Choice siempre mencionan también al marqués de Condorcet, entre otros. Aquí el resumen:

 

“Este artículo busca demostrar que Adam Smith puede ser considerado el precursor de la teoría de la acción colectiva. Existe una profunda comprensión por parte de Smith sobre cómo operan los grupos de interés y cuáles son los respectivos incentivos que les permiten a unos ser más efectivos que a otros. Además, no existe una diferencia fundamental entre lo que postula, por un lado Smith y, por otro, Mancur Olson, sino más bien pequeñas sutilezas en función de formalizaciones económicas. Este artículo arroja luz sobre el sorprendente nivel de detalle mediante el cual Adam Smith describe los elementos ne- cesarios para lo que Olson llamó luego una acción colectiva efectiva. Se sostiene, además, que la principal motivación para Smith en tratar de entender las dinámicas de estos grupos radica principalmente en un asunto económico. La investigación ilustra una nueva manera de entender la filosofía política de Adam Smith, junto con presentar evidencia sobre el impacto transversal —de esta aproximación en específico— en el liberalismo a un nivel general.”

Más difícil que reformar una constitución: casi 30 años y todavía no hay acuerdo Mercosur-UE

Con los alumnos de la materia Empresas y Negocios Internacionales de UCEMA, vemos un documento oficial sobre el tratado UE-Mercosur. Es de Julio de 2019 y no parece haberse avanzado mucho desde entonces, pero vale la pena ver las posibilidades que presenta:

Es el acuerdo más amplio y ambicioso alcanzado por ambos bloques en toda su historia, creando un mercado de bienes y servicios de 800 millones de consumidores que se beneficiarán de una oferta más diversa y de mayor calidad a precios más competitivos.

Es parte de la inserción inteligente de la Argentina en el mundo. El crecimiento y desarrollo sostenible no se puede lograr en soledad, sólo es posible con más y mejor integración internacional y más y mejor comercio. En el pasado, la desconexión de la Argentina con el mundo sólo significó retraso económico para nuestro país.

El acuerdo con la UE se inscribe en el marco de otros diálogos y negociaciones en curso que buscan también abrir nuevos mercados para nuestros productos, posicionando a su vez al Mercosur como una plataforma que se proyecte hacia la región y hacia el resto del mundo. La agenda de negociaciones incluye, además de este acuerdo, a EFTA1, Canadá, Singapur y Corea del Sur, así como la profundización de los vínculos con América Latina.

Las negociaciones para alcanzar un acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea han tomado mucho tiempo. Más de 20 años: se inició el diálogo en el año 1995, se alcanzó el mandato negociador de la Comisión Europea en 1999 y la primera ronda en el año 2000. Fue un objetivo compartido por los todos los gobiernos de los Estados Partes del Mercosur desde ese momento hasta ahora. Sin embargo, es entendible la persistencia de nuestros gobiernos.

La UE es un mercado inmenso con 500 millones de habitantes que representa el 20% de la economía mundial, es el primer inversor con un stock que supera el 30% de las inversiones globales e importa el 17% del total de las compras mundiales de bienes y servicios.

El pensamiento político del kirchnerismo: una utopía respecto al pasado, no al futuro

En un artículo super interesante Julio H. Cole, amigo, economista y profesor de la UFM, analiza el papel de las utopías y las distopías en la historia, haciendo énfasis al final en las famosas distopías del siglo XX como Un Mundo Feliz, de Aldous Huxley y 1984, de George Orwell. Pero, como parte del texto creo que analiza algo que se aplica al pensamiento político del kirchnerismo en Argentina. Este grupo político no plantea una “utopía” sobre un mundo futuro perfecto o al menos, deseable, sino que el ideal está en el pasado.

“Sobre Utopías y Distopías (con comentarios sobre una novela distópica moderna)”: Laissez-Faire, No. 47 (Sept 2017): 7-18: https://laissezfaire.ufm.edu/index.php?title=LF-47.2_Cole.pdf

Así lo plantea Cole:

“Algunos estudiosos del tema piensan que los antecedentes de la tradición utópica son las fábulas y leyendas de una Edad de Oro o de un Paraíso Perdido. En estas historias, el ideal de un estado de armonía se proyecta a un pasado mítico (a diferencia de las utopías modernas, que tienden a proyectarse a un futuro muy distante) y se concibe un estado de felicidad rústica en la que los hombres llevaban vidas simples, sin las artificialidades de la civilización y las corrupciones que ésta conlleva.

Por otro lado, un elemento común a estas fábulas y mitos (que resurgen cada vez que el desencanto con la civilización llega a un grado crítico) es que este estado de armonía original es algo que ya no se puede recuperar. Expresan un anhelo de paz universal, pero también un sentido de inocencia perdida, de nostalgia y añoranza por algo precioso que se perdió para siempre.

A veces este sentido de nostalgia, con ciertos elementos de proyección utópica, se percibe incluso en descripciones de épocas que corresponden a un pasado no-mítico. Cuando esto sucede, las descripciones casi siempre dicen más sobre los sesgos del historiador que de las realidades históricas retratadas. Edward Gibbon, por ejemplo, describió la época de los emperadores Antoninos como la de una felicidad y prosperidad inigualadas en toda la historia humana:

“Si a un hombre le preguntaran cuál fue el período de la historia del mundo durante el cual la condición de la raza humana fue más feliz y próspera, nombraría, sin duda alguna, el que inicia con la muerte de Domiciano y concluye con la accesión de Cómodo” (History of the Decline and Fall of the Roman Empire, 1776, vol. 1, Cap. III, parte 2).

Gibbon seguramente se refería a la clase privilegiada en la Roma antigua, y es muy dudoso que la condición de la gran mayoría de la población –los campesinos, los proletarios y los esclavos– haya sido realmente muy próspera y feliz, o de que hayan disfrutado mucho de la vida en esa supuesta época dorada. A lo largo de la mayor parte de la historia humana, las masas anónimas sólo figuran como víctimas de guerras y hambrunas, y como sumisos peones de la clase dominante. Lo que ha quedado son los monumentos –las pirámides y los grandes templos– erigidos para honrar a los mandamases de turno, pero en realidad sabemos muy poco (casi nada) sobre cómo vivían, y mucho menos cómo se sentían, los infortunados esclavos que los construyeron.

En la actualidad, ciertos movimientos político-sociales de carácter utópico no tienen realmente una orientación futurista, sino que más bien pretenden recuperar de alguna forma los valores asociados a una época del pasado remoto, esperando de este modo recuperar también los aspectos positivos que se asocian en el imaginario con esos valores y con ese tiempo pasado. El yihadismo islámico que busca establecer un califato universal basado en la ley sharia es un utopismo de este tipo.”

¿Puede ser que la Inteligencia Artificial (IA) ponga en riesgo al Rule of Law?

¿Puede ser que la Inteligencia Artificial (IA) pueda ser un riesgo para el Rule of Law? Es el tema que trata este paper de Stanley Greenstein, de la Universidad de Estocolmo:

Greenstein, S. Preserving the rule of law in the era of artificial intelligence (AI). Artif Intell Law 30, 291–323 (2022). https://doi.org/10.1007/s10506-021-09294-4

“El estudio del derecho y la tecnología de la información conlleva una contradicción inherente en el sentido de que, si bien la tecnología se desarrolla rápidamente y abarca nociones como la internacionalización y la globalización, el derecho tradicional, en su mayor parte, puede reaccionar con lentitud a los desarrollos tecnológicos y también está predominantemente confinado al ámbito nacional. fronteras Sin embargo, la noción del estado de derecho desafía el fenómeno de la ley que está ligada a las fronteras nacionales y goza de reconocimiento mundial. Sin embargo, se avecina una grave amenaza para el estado de derecho en forma de un asalto de los desarrollos tecnológicos dentro de la inteligencia artificial (IA). A medida que se avanza a pasos agigantados en la disciplina académica de la IA, esta tecnología está comenzando a abrirse paso en los sistemas digitales de toma de decisiones y, de hecho, está reemplazando a los tomadores de decisiones humanos. Un excelente ejemplo de este desarrollo es el uso de la IA para ayudar a los jueces a tomar decisiones judiciales. Sin embargo, en muchas circunstancias esta tecnología es una “caja negra” debido principalmente a su complejidad pero también porque está protegida por la ley. Esta falta de transparencia y la capacidad disminuida para comprender el funcionamiento de estos sistemas que utilizan cada vez más las estructuras de gobierno está desafiando las nociones tradicionales que sustentan el estado de derecho. Esto es especialmente cierto en relación con conceptos especialmente asociados con el estado de derecho, como la transparencia, la equidad y la explicabilidad. Este artículo examina la tecnología de la IA en relación con el estado de derecho, destacando el estado de derecho como un mecanismo para el florecimiento humano. Investiga hasta qué punto el estado de derecho se ve disminuido a medida que la IA se arraiga en la sociedad y cuestiona hasta qué punto puede sobrevivir en la sociedad tecnocrática.”

¿Me recomendás un restaurante? El papel de las opiniones y las reseñas que hacen los clientes

¿Cuál es el impacto de las recomendaciones en las decisiones que tomamos como consumidores? Antes eran los comentarios que nos hacían amigos o conocidos pero ahora tenemos también las reseñas y calificaciones que hace otros consumidores en la web. El tema lo tratan Ishita Chakraborty, de la Universidad de Wisconsin Madison, Joyee Deb y Aniko ¨Ory de la Yale School of Business en un paper titulado “When do consumers talk?”: https://cowles.yale.edu/sites/default/files/files/pub/d22/d2254-r2.pdf

“Muchas decisiones de consumo están influenciadas por las reseñas y el boca a boca. La investigación empírica muestra que, en promedio, las reseñas más altas tienden a aumentar las ventas (Chevalier y Mayzlin (2006); Luca (2016); Liu, Lee y Srinivasan (2019); Reimers y Waldfogel (2021)). Pero, ¿cuándo deciden los consumidores hablar y compartir sus experiencias? En este artículo investigamos cómo las diferencias en la propensión a escribir reseñas, debido a las diferencias en la fuerza de la marca y la efectividad de la publicidad, pueden conducir a una selección positiva o negativa de reseñas. Por ejemplo, ¿cuál es la propensión a escribir una reseña después de una buena experiencia con una cadena de restaurantes? ¿En qué se diferencia de la propensión a opinar después de una mala experiencia, o una experiencia igualmente buena (mala) con un pequeño restaurante independiente?

La evidencia de forma reducida de Yelp.com muestra el siguiente patrón, quizás sorprendente: en una escala de 5 estrellas, la calificación media para las cadenas de restaurantes establecidas a nivel nacional es de 2,3 estrellas, la calificación modal es de 1 estrella (46,9 % en nuestros datos), pero la calificación media es de 3,8 para restaurantes independientes comparables, siendo la calificación modal de 4 o 5 estrellas (41,2%). A menos que existan grandes diferencias de calidad sistemáticas entre las cadenas y los restaurantes independientes, este hallazgo sugiere una selección negativa de reseñas para cadenas sólidas establecidas y una selección positiva de reseñas para restaurantes individuales.”

“Usando datos de reseñas de restaurantes de Yelp.com y datos de cadenas de restaurantes, proporcionamos algunas pruebas motivacionales para nuestra teoría. Postulamos que es probable que los consumidores tengan creencias bien arraigadas sobre los restaurantes que pertenecen a una cadena con una imagen de marca fuerte como Subway o Pizza Hut, pero creencias débiles sobre restaurantes independientes como una nueva cafetería local en New Haven. Al controlar las características del restaurante (cocina, rango de precios, ubicación) y las características del usuario (experiencia en la plataforma, calificaciones pasadas promedio), nuestras regresiones muestran que es probable que una cadena de restaurantes tenga una calificación de 1 estrella más baja en comparación con un restaurante independiente similar. También mostramos que la propensión a que una reseña sea negativa aumenta con la antigüedad de la marca y el número de tiendas, lo que puede considerarse como indicador de la fortaleza de la marca. Nuestro análisis textual de las reseñas muestra además que es más probable que los revisores hablen sobre creencias (o expectativas) previas y el desempeño de los empleados cuando reseñan cadenas de restaurantes, especialmente en las reseñas negativas, mientras que es más probable que anclen las reseñas positivas de restaurantes independientes en torno al concepto de novedad. Esto indica que los revisores se preocupan por la instrumentalidad al escribir reseñas.”

Se globaliza la producción de bienes y servicios…, y también la innovación, la investigación y su desarrollo

Hace rato que hablamos y conocemos este fenómeno que se ha dado en llamar Globalización, un crecimiento de los intercambios de bienes y servicios a nivel mundial. Muy bien. Algunos creen que este proceso permite a algunos países con costos baratos ser productores de esos bienes y servicios, pero los países consumidores se quedan con la I&D, la investigación y el desarrollo, la innovación, más ligadas al progreso futuro que el presente.

Pero parece que también hay globalización de la innovación. Es lo que plantea Andre Jungmittag, professor de Economics and Law, Frankfurt University of Applied Science,  en un paper titulado “Techno-Globalization: Theory and Empirical Analysis for OECD Countries” EIIW Diskussionsbeitrag EIIW Discussion Paper Europäische Wirtschaft und Internationale 278 278 Wirtschaftsbeziehungen European Economy and International Economic Relations; https://eiiw.wiwi.uni-wuppertal.de/fileadmin/eiiw/Daten/Publikationen/Gelbe_Reihe/disbei278.pdf

“Paralelamente a la introducción de la globalización de la producción, los enfoques tradicionales de investigación y desarrollo (I+D) también han cambiado con el tiempo: la tendencia general hacia la globalización determina cada vez más la generación de nuevas innovaciones tecnológicas. Esto significa que las empresas multinacionales internacionalizan cada vez más sus esfuerzos de I+D. Lo que se ha recogido en los medios bajo el título de tecnoglobalización (la creación, transferencia y difusión de tecnologías en un contexto internacional) también ha sido recogido por la investigación de innovación avanzada y el análisis económico. Sin embargo, en comparación con el grado de globalización de los mercados de bienes y servicios, la producción de tecnología a menudo se describe como “lejos de estar globalizada” (Patel y Pavitt 1991); más bien, todavía se concentra en los países de origen de las empresas (Belderbos, Leten y Suzuki, 2011).

Sin embargo, muchas organizaciones internacionales están descubriendo que las actividades de I+D se realizan cada vez más a través de las fronteras nacionales (p. ej., UNCTAD 2005; OCDE 2008; UNESCO 2010). Además, existe evidencia empírica de una correlación entre un aumento en la complejidad de la base de conocimientos de una industria y mayores concentraciones de innovación a nivel nacional, pero al mismo tiempo, este aumento va acompañado de una proporción creciente de invenciones de propiedad fuera del país de origen. por empresas multinacionales (Maleki y Rosiello 2019).”

No existe un «estado» global: la provisión de bienes públicos a ese nivel ha de ser voluntaria

Una teoría profundamente establecida entre la mayoría de economistas y no economistas es que existen ciertos bienes o servicios, cuyas características hace que no los pueda ofrecer el mercado en cantidades suficientes ya que como no se puede excluir a nadie la provisión se ve afectada por el incentivo a ser “free rider” o usuario gratuito de un servicio sin necesidad de pagarlo. En la teoría se llama a estos bienes “públicos”. Por otro lado, muchos economistas han mostrado cómo el mercado se las arregla para proveer bienes públicos en forma voluntaria, comenzando por un ya famoso artículo de Ronald Coase sobre la provisión privada de faros en Inglaterra.

Bien. Al margen de las discusiones históricas, lo cierto es que si se trata de bienes o servicios “globales” nos encontramos que no existe un estado global que pueda proveerlos, hay que descansar inevitablemente en la cooperación voluntaria, al menos de los más de 200 estados que existen en este mundo.

No es la intención del paper que voy a comentar, pero inevitablemente tiene que terminar proponiendo soluciones cooperativas cuando analiza el futuro del Acuerdo de París. El artículo se titula “Short-run and long-run cooperation in the Paris Agreement”, por Gabriela Mundaca de la Universidad de Delaware: http://www.journals.elsevier.com/journal-of-environmental-economics-and-management

El tema aparece ya en el resumen:

“En un modelo de juegos repetidos, determinamos las condiciones bajo las cuales la cooperación para trabajar hacia un bien público es un resultado de equilibrio entre países desarrollados y en desarrollo en un foro internacional como el Acuerdo de París. Encontramos que el monitoreo, la presión de los pares y las recompensas (financiamiento climático) son cruciales y necesarios para lograr el cumplimiento de los acuerdos realizados y así lograr objetivos comunes deseables e intereses compartidos del Acuerdo de París. Si los países y sus gobiernos están menos preocupados por la reputación de sus países y los efectos del cambio climático en el bienestar, la cooperación continua podría volverse más desafiante.”

¿Qué deberían hacer los economistas? Buchanan plantea el ámbito y objeto de la ciencia

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico y Social de UCEMA, vamos terminando la materia con un tema central, planteado por James Buchanan: ¿Qué deberían hacer los economistas?

Buchanan

“Propongo examinar “el deambular de la mente de los hombres que ocupan el sillón de Adam Smith”, aquellos que tratan de mantenerse dentro del “estricto campo de la ciencia” y formulan las siguientes preguntas: ¿qué están haciendo los economistas? ¿qué “deberían” estar haciendo?

Cuando propongo examinar con espíritu crítico que es lo que hacen los economistas estoy rechazando también, como ustedes podrán notar, la propuesta familiar de Jacob Viner, para quien “la economía es lo que hacen los economistas”, propuesta a la que Frank Knight dio una naturaleza totalmente circular al agregar que “los economistas son los que hacen economía”. Esta definición funcional de nuestra disciplina da por sentada la misma pregunta que deseo formular y, de ser posible, contestar aquí. Creo que los economistas deberían asumir su responsabilidad básica; deberían, al menos, tratar de conocer el tema que manejan.

Me gustaría que consideráramos ahora un principio casi olvidado, enunciado por Adam Smith. En el capítulo 2 de The Wealth of Nations, afirma que el principio que da lugar a la división del trabajo, del que provienen tantas ventajas, “no es originalmente el efecto de alguna sabiduría humana, que prevé y tiene por objeto esa opulencia general a la cual da lugar. Es la necesaria, aunque muy lenta y gradual, consecuencia de una cierta propensión de la naturaleza humana que no tiene en vista una utilidad tan extensiva; la propensión a permutar, trocar e intercambiar una cosa por otra”. Me parece sorprendente que la importancia y la significación de esta “propensión a permutar, trocar e intercambiar” haya sido pasada por alto en la mayoría de los trabajos exegéticos de la obra de Smith. Pero seguramente es aquí donde se halla su respuesta a lo que es la economía o la economía política.

Los economistas deberían concentrar su atención en una forma particular de actividad humana y en los diferentes ordenamientos institucionales que surgen como resultado de esta forma de actividad. El comportamiento del hombre en la relación de mercado que refleja su propensión a la permuta y al trueque y las múltiples variaciones de estructura que esta relación puede adoptar constituyen los temas apropiados de estudio para el economista. Al decir esto, formula, por supuesto, un juicio de valor que ustedes pueden apoyar o no. Pueden considerar este trabajo, si así lo desean, como un “ensayo persuasivo”.

El enfoque básico y elemental que sugiero coloca en el centro de la escena la “teoría de los mercados” y no la “teoría de la asignación de recursos”. Hago un alegato en favor de la adopción de una sofisticada “cataláctica”, un enfoque de nuestra disciplina que había sido introducido mucho antes por el arzobispo Whately y la escuela de Dublin, por H. D. Macleod, por el estadounidense Arthur Latham Perry, por Alfred Ammon y algunos otros.(1) No es mi objetivo en este trabajo, ni tampoco me compete, analizar las razones por las cuales estos hombres no pudieron convencer a sus colegas y sucesores. Lo que deseo hacer notar es que la idea que introdujeron y que no estuvo nunca totalmente ausente de la corriente principal de pensamiento(2) requiere, quizá, mayor énfasis ahora que en la época en la que ellos trabajaron.

La política como es, no como nos gustaría que fuera: James Buchanan y la política sin romanticismo

Con los alumnos de la materia Historia del Pensamiento Económico y Social, UCEMA, comenzamos a considerar el Análisis económico de la política con uno de sus fundadores. James Buchanan en un artículo titulado “Política sin Romanticismos”

Así describe el objetivo de la “teoría de la elección pública” o Public Choice:

“En esta conferencia me propongo resumir la aparición y el contenido de la «Teoría de la Elección Pública», o, alternativamente, la teoría económica de la política, o «la Nueva Economía Política». Esta tarea de investigación únicamente ha llegado a ser importante en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. De hecho, en Europa y Japón, la teoría sólo ha llegado a constituir el centro de atención de los estudiosos en los años setenta; los desarrollos en América provienen de los años cincuenta y sesenta. Como espero que mis observaciones sugieran, la Teoría de la Elección Pública no carece de antecedentes, especialmente en el pensamiento europeo de los siglos XVIII y XIX. El Eclesiastés nos dice que no hay nada nuevo bajo el sol y en un sentido auténtico tal pretensión es seguramente correcta, especialmente en las llamadas «ciencias sociales». Sin embargo, en el terreno de las ideas dominantes, la »elección pública» es nueva, y esta subdisciplina, situada a mitad de camino entre la Economía y la Ciencia Política, ha hecho cambiar la forma de pensar de muchas personas. Si se me permite utilizar aquí la manida expresión de Thomas Kuhn, creo que podemos decir que un viejo paradigma ha sido sustituido por otro nuevo. 0, retrocediendo un poco más en el tiempo y utilizando la metáfora de Nietzsche, ahora nosotros miramos algunos aspectos de nuestro mundo, y especialmente nuestro mundo de la política, a través de una ventana diferente.

El título principal que he dado a esta conferencia, «Política sin romanticismos» fue escogido por su precisión descriptiva. La Teoría de la Elección Pública ha sido el vehículo a través del cual un conjunto de ideas románticas e ilusiones sobre el funcionamiento de los Gobiernos y el comportamiento de las personas que gobiernan ha sido sustituido por otro conjunto de ideas que incorpora un mayor escepticismo sobre lo que los Gobiernos pueden hacer y sobre lo que los gobernantes harán, ideas que sin duda son más acordes con la realidad política que todos nosotros podemos observar a nuestro alrededor. He dicho a menudo que la elección pública ofrece una «teoría de los fallos del sector público» que es totalmente comparable a la «teoría de los fallos del mercado» que surgió de la Economía del bienestar de los años treinta y cuarenta. En aquel primer esfuerzo se demostró que el sistema de mercados privados fallaba en ciertos aspectos al ser contrastado con los criterios ideales de eficiencia en la asignación de los recursos y en la distribución de la renta. En el esfuerzo posterior, en la elección pública, se demuestra que el sector público o la organización política falla en ciertos aspectos cuando se la contrasta con la satisfacción de criterios ideales de eficiencia y equidad. Lo que ha ocurrido es que hoy encontramos pocos estudiosos bien preparados que están dispuestos a intentar contrastar los mercados con modelos ideales. Ahora es posible analizar la decisión sector privado-sector público que toda comunidad ha de tomar en términos más significativos, comparando los aspectos organizativos de varias alternativas realistas.

Parece cosa de elemental sentido común comparar las instituciones tal como cabe esperar que de hecho funcionen en lugar de comparar modelos románticos de cómo se podría esperar que tales instituciones funcionen. Pero este criterio tan simple y obvio desapareció de la conciencia culta del hombre occidental durante más de un siglo. Tampoco puede en absoluto decirse que esta idea sea aceptada hoy de forma general. Tenemos que admitir que la mística socialista de que el Estado, la política, consiguen alcanzar de alguna manera el «bien público» trascendente pervive todavía entre nosotros bajo diversas formas. E incluso entre aquellos que rechazan tal mística hay muchos que buscan incesantemente el ideal que resolverá el dilema de la política.”