CEPAL: una visión ideológica estatista, en la tradición socialista, financiada con el dinero de los contribuyentes

Con los alumnos de la UFM que vemos el curso sobre las ideas políticas y económicas en América Latina, estamos considerando las ideas y propuestas de la Cepal. En esta ocasión analizamos una revisión de las ideas desarrolladas en esa institución según este trabajo, elaborado para sus 50 años: Ricardo Bielschowsky (1998) Evolución de la ideas de la CEPAL, Revista de la CEPAL, Nro. Extraordinario, Santiago de Chile, octubre de 1998 (35 páginas).

La CEPAL, un organismo internacional financiado por recursos públicos, fue desde su origen algo más parecido a un instituto para la promoción de una cierta visión ideológica en particular, que este autor ubica dentro de la tradición ‘socialista’. Y todo con dinero de los contribuyentes. Aquí, por ejemplo, sobre la planificación económica:

“Desde los orígenes de la CEPAL los trabajos se centraban en las políticas (policy oriented). La acción estatal en apoyo del proceso de desarrollo aparece en el pensamiento cepalino como corolario natural del diagnóstico de problemas estructurales en materia de producción, empleo y distribución del ingreso en las condiciones específicas de la periferia subdesarrollada.

En los años cincuenta, el concepto clave utilizado para otorgar coherencia y sistematicidad a las proposiciones de política fue el de «planificación» o «programación».13 / En ese entonces, y en cierta medida también en los años sesenta, el énfasis en la planificación tenía un significado adicional, que era suplir las inmensas deficiencias técnicas en la mayoría de los gobiernos de la región.

El punto de partida para prestar apoyo técnico a los Gobiernos en materia de planificación fue la elaboración de orientaciones técnicas de programación, acompañada en varios países de ensayos de aplicación de dichas técnicas. 14/ En 1953 se divulgaría un «Estudio preliminar sobre la técnica de programación del desarrollo económico», que fue revisado en el documento Introducción a la técnica de programación (CEPAL, 1955). Conforme se explica en la introducción al documento de 1955, la programación consistía en la «etapa lógica» que seguía al reconocimiento de los problemas del desarrollo, vale decir, de la necesidad de conferir racionalidad al proceso espontáneo de industrialización en curso.

El autor principal de la parte conceptual de esos documentos sobre programación fue Celso Furtado. Se iniciaba entonces una tradición que difundirían Jorge Ahumada, Pedro Vuscovic y otros economistas que a principios de los años sesenta ayudaron a Prebisch a crear, bajo la égida de la CEPAL, el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES) Y que tendrían un papel central en la influyente trayectoria de esa entidad en la formación de cuadros técnicos gubernamentales en toda América Latina.15/

Vista desde la perspectiva actual, la orientación contenida en el documento sobre técnicas de programación parece trivial. Indica, primero, cómo realizar ejercicios de consistencia macroeonómica a fin de contar con un punto de partida para la programación, o sea, la definición de las tasas de crecimiento posibles dadas las restricciones previsibles del ahorro y del balance de pagos; además, da indicaciones sobre la realización de proyecciones de demanda sectorial basadas en la elasticidad-ingreso -que sólo en textos posteriores se recomendaría instrumentalizar con la matriz de insumo-producto; una vez en posesión del mapa del consumo futuro, el programador debería proceder a seleccionar sectores y proyectos de sustitución de importaciones de acuerdo con el criterio de «productividad social marginal del capital».

Sin embargo, en el contexto latinoamericano de los años cincuenta, eso nada tenía de trivial. Faltaban las estadísticas económicas básicas, no se contaba siquiera con sistemas mínimos de cuentas nacionales y los gobiernos operaban las economías con gran desconocimiento de sus tendencias básicas. La orientación dada por las técnicas de programación de la CEPAL hacían tomar conciencia de esas insuficiencias y de la importancia de otorgar un mínimo de previsibilidad al contexto macroeconómico en que descansaría el proceso de crecimiento deseado.

A partir de entonces, en el curso de toda su historia, la CEPAL, y el ILPES producirían un sinnúmero de textos de recomendación de política económica -y un sinnúmero de misiones de asistencia técnica a los países latinoamericanos- en los más variados campos de la actividad económica y sobre los más variados temas que componen la problemática del desarrollo.”

Fernando Henrique Cardoso y el pensamiento de la Cepal: no lo siguió como presidente…, por suerte para Brasil

Con los alumnos de la UFM vemos un curso sobre las ideas políticas y económicas en América Latina. En esta oportunidad, estamos analizando las ideas de la Cepal, que tanta influencia tuvieran, y en alguna forma tienen, en la región. Aquí leemos nada menos que a Fernando Henrique Cardoso, quien varios años después de escribir esto fuera presidente de Brasil y aplicara políticas bastante diferentes. En fin, aquí va parte de su análisis en un artículo publicado en la Revista de la Cepal en  1977:

“Es interesante observar que, aunque el razonamiento de Prebisch y de la CEPAL se basa en la necesidad imperiosa de aumentar la productividad por habitante y obtener, simultáneamente, acumulación de capitales para elevar el bienestar de la masa de ía población, este punto fue sumamente criticado tanto por la izquierda como por la derecha. La izquierda lo criticó porque, una vez más, faltó el enunciado explícito de los mecanismos mediante los cuales se compatibilizarían ambas metas (la acumulación de capital y el mejoramiento del nivel de vida popular); la derecha, porque en el Manifiesto Latinoamericano (como Hirschman llamó al documento de 1950) no vio otra cosa que una acusación contra los países ricos y un afán de redistribución internacional que no tomaba en serio la necesidad de formar capitales y de aumentar la productividad.

Sin embargo, Prebisch fue explícito. Mostró que:

— el comercio internacional debería asumir un papel activo, a fin de ayudar al crecimiento de América Latina (véase el estudio sobre «El desarrollo económico de América Latina y algunos de sus principales problemas»);

— el aumento de la productividad era indispensable;

— sin acumulación no habría desarrollo;

— con todo, insistió en que este proceso no debería producirse apelando a la disminución del consumo popular, ya bajísimo.

Cito textualmente partes del artículo mencionado:

«Para formar el capital necesario a la industrialización y el progreso técnico de la agricultura, no parecería indispensable comprimir el consumo de la gran masa, que por lo general es demasiado bajo» (p. 3). Aún más: «Si con el progreso técnico se logra aumentar la eficacia productora, por un lado, y si la industrialización y una adecuada legislación social van elevando el nivel del salario real, por otro, se podrá ir corrigiendo gradualmente el desequilibrio de ingresos entre los centros y la periferia, sin desmedro de esa actividad económica esencial (la exportación primaria)» (pp. 3-4). Prebisch llega a poner límites a la industrialización (y en consecuencia al proteccionismo) en función de aquellos objetivos: «Si el propósito consiste en aumentar lo que se ha llamado con justeza el bienestar mensurable de las masas, hay que tener presente los límites más allá de los cuales una mayor industrialización podría significar merma de productividad».

Y en cuanto a las propuestas de política económica:

“En el plano de las metas básicas y de los instrumentos de política económica necesarios para alcanzarlas, la posición de la CEPAL tuvo pocas variaciones durante los años cincuenta:

– industrialización y proteccionismo ‘sano’;

— política adecuada de asignación de recursos externos;

– programación de la substitución de importaciones;

— especial atención para que no disminuyan todavía más los salarios durante el proceso de industrialización, y evitar la reducción de la capacidad de consumo de las grandes masas.”

La biotecnología pone en peligro a las vacas: la propiedad las protege y protegería también a otras especies

Recomiendo este artículo en la revista de La Nación:  http://www.lanacion.com.ar/1983650-carne-del-futuro-la-reconciliacion-de-los-carnivoros-y-los-veganos

De Santiago Bilinkis, se titula “Carne del futuro: la reconciliación de los carnívoros y los veganos”. Plantea los beneficios y los costos de la actual producción de carnes, y señala los posibles cambios que puede traer la biotecnología:
“Sin embargo, la biotecnología está generando una tercera vía, que minimice los efectos nocivos de la fabricación de carne, pero mantenga los beneficios que su consumo moderado nos aporta y el placer de comer un buen bife. Después de todo, ese bife no es otra cosa que muchas células musculares vacunas y algo de células grasas. La clave reside en la ingeniería de tejidos, que nos está permitiendo hacer crecer tejido vivo en un laboratorio, fuera del vientre de una vaca.

Es importante aclarar que no hay nada artificial en esta carne. Son las mismas células, sólo que gestadas en otro ámbito.

Esto no es ciencia ficción: la primera hamburguesa producida por este método fue presentada en Londres en 2013. Todavía la calidad era inferior en sabor y textura. Pero dentro de una década o dos, quizá sacrificar vacas en un matadero nos parezca una costumbre tan insensible y salvaje como nos resulta hoy despellejar zorros para hacer tapados, a pesar de que una generación atrás los abrigos de piel constituían una prenda de uso corriente.”

Bilinkis señala el obvio impacto que esto tendría en un país productor de carnes como la Argentina. Quisiera ahora señalar otro fenómeno, no considerado en el artículo. Según la página Beef2Live, hay en el mundo unos mil millones de vacas: http://beef2live.com/story-world-cattle-inventory-ranking-countries-0-106905

El cuadro muestra que hay 302 millones en India (donde no las comen pero sí las ordeñan). Un efecto del cambio biotecnológico reduciría el uso de las vacas solamente a la leche, o al cuero, con lo cual serían seguramente necesarias mucho menos vacas de las que ahora hay. Y si la biotecnología puede producir carne, también podrá en algún momento producir leche, e incluso hasta cuero (del cual ya hay una versión artificial). Si esto llegara a ser así, ¿para qué sería necesario tener vacas?

No parece un animal que se vaya a elegir como mascota. Y a pesar del contenido religioso que tiene en la India, si hay leche natural biotecnológica, pocos van a buscar reproducir vacas que luego son costosas de mantener, si se puede obtener leche natural sin esos costos.

En ese escenario imaginado el número de vacas sería mucho menor, tal vez solamente las que se puedan encontrar en un zoológico, pero estos también están desapareciendo. ¿Y cuál sería el ‘hábitat natural’ de las vacas?

En fin, el punto es para señalar un argumento poco intuitivo que muchos ecologistas no entienden: es porque “aprovechamos” las vacas que hay tantas de ellas; es porque son “propiedad” de los productores que se multiplican hasta ser mil millones. Y lo hacen porque a la gente le interesan algunas cosas que provienen de las vacas. Si no fuera así, quedarían unas pocas simplemente como recuerdo.

Visto desde el otro lado, facilitar la “propiedad” de especies las multiplicaría en tanto y en cuanto hubiera algún uso de ellas, aunque más no sea el de verlas. ¿Y si no hubiera algún uso? En fin, ¿acaso promovemos la protección de las cucarachas?

Convenciones que se auto-cumplen o controlan, podrían explicar la posible existencia de un orden espontáneo

En Teoría de los Juegos, el contrato social y la creación del Estado sirve para resolver problemas del tipo Dilema del Prisionero, donde los incentivos a traicionar superan a los incentivos a cooperar. Es por eso que muchos autores no conciben que puedan generarse, por ejemplo, derechos de propiedad, sin la previa existencia del estado. No sería esa la visión de Hume, y la Anthony de Jasay, como la presenta en un artículo titulado “Conduct and Contract”:

“Gracias al creciente interés en Hume en las últimas décadas, la naturaleza y el rol de las convenciones es ahora ampliamente comprendido. Son formas de conducta que, si las adopta un número significativo de personas, otorgan mejorados beneficios a cada uno; por lo tanto, si se alcanza un crítico límite mínimo, los no-adherentes son inducidos a adherir. Eso no es el resultado de un acuerdo, sino una elección unilateral. Todas las convenciones son equilibrios de Nash (ver Lewis 1969); esto es, se auto-imponen, pero solo unas pocas son auto-impuestas en el sentido de que su incumplimiento es ipso facto malo para el que se desvía; el lenguaje, el papel moneda y las reglas de tránsito son bien conocidos ejemplos de las más simples. La mayoría de las convenciones, sin embargo, sólo son auto-impuestas en un sentido compuesto; dejan abierta una opción para que el desviado sea free rider, pero desatan una estrategia de castigo si intenta tomar ventaja de ello desviándose. Hay disponible una amplia gama de castigos para desalentar a los free riders. Tal vez el más obvio sea el rechazo a interactuar en futuras rondas del juego con el incumplidor, pero, por supuesto, hay otras. Debe asumirse que el costo del castigo no es mayor que la ventaja de suprimir el free riding y así, se protege a la convención de debilitarse y favorece su longevidad. Dicho supuesto parece razonable, ya que explica la permanente supervivencia de convenciones que parecen invitar al free riding. Tengamos en cuenta que ningún poder central, especializado, parece necesario, o incluso económico, especialmente el caso del empleo de una ‘agencia protectora’ en el sentido de Nozick, que eventualmente llega a ser un estado (ver Nozick, 1974), la cual crea problemas de agencia que pueden generar costos muy altos en explotación y pérdida de libertades.

Un sistema humeano de convenciones puede consistir en tres niveles. El más importante actúa contra los daños; protege la vida y la persona, la libre búsqueda de objetivos pacíficos; en palabras de Hume, la ‘estabilidad de la posesión’(Hume, Libro III, Parte II, Sección 3) y su transferencia por consentimiento (Sección 4) como también el mantenimiento de las promesas (Sección 5). En el segundo nivel están las convenciones contra molestias y externalidades negativas. En nuestros días, algunas nuevas convenciones contra la degradación ambiental pueden llegar a agregarse a las otras externalidades de este segundo nivel, aunque es temprano para afirmarlo. El tercer nivel consiste de convenciones laxamente aplicadas que tienen como objetivo frenar ciertos actos poco civilizados y defender ciertos beneficios de la civilización. El conjunto de estas convenciones, tolerablemente cumplidas pero no necesariamente a prueba de errores, para confortablemente suficiente para crear y sostener un orden social que podría ser denominado una anarquía ordenada.”

¿Queremos crecer y progresar? Veamos cómo hacemos para atraer a las cincuenta empresas más innovadoras

La consultora de management Boston Consulting Group, elabora y publica un interestante informe con las 50 empresas más innovadoras: https://www.bcgperspectives.com/content/interactive/innovation_growth_most_innovative_companies_interactive_guide/

No van más comentarios, éstas son:

rank Company Revenue EBIT TSR R&D
spending
1 Apple 27.9 35.7 –3.0 33.5
2 Google 13.6 14.7 46.6 24.9
3 Tesla 26.5 NA 7.9 54.5
4 Microsoft 7.8 1.0 22.7 5.8
5 Amazon 20.2 1,154.5 117.8 35.2
6 Netflix 23.2 –24.0 134.4 37.8
7 Samsung –2.7 5.5 –3.4 –4.7
8 Toyota 4.3 3.8 2.0 5.1
9 Facebook 43.8 26.3 34.1 79.5
10 IBM –11.9 –18.4 –11.4 –3.5
11 Bayer 9.7 22.0 4.3 18.0
12 Southwest Airlines 5.6 82.1 2.4 NA
13 Hewlett-Packard –7.3 –7.6 –33.3 1.6
14 BMW 14.6 3.5 12.0 3.3
15 General Electric –21.8 –51.5 27.5 0.0
16 Daimler 15.1 33.9 15.6 5.3
17 Uber NA NA NA NA
18 DuPont –28.0 –41.0 –2.7 –8.2
19 Dow Chemical –16.1 9.2 17.0 –3.0
20 BASF –5.2 –8.7 3.9 3.7
21 Airbnb NA NA NA NA
22 Under Armour 28.5 17.2 18.7 17.2
23 Gilead 31.1 41.9 8.6 20.4
24 Regeneron 45.5 49.3 32.3 NA
25 Cisco Systems 4.3 2.4 0.6 9.1
26 Pfizer –1.5 –12.4 7.1 6.9
27 General Motors –2.3 119.6 1.5 1.4
28 JPMorgan Chase –1.5 3.0 8.4 NA
29 Johnson & Johnson –5.5 –13.1 1.1 6.5
30 AXA –4.1 3.8 36.9 NA
31 Nike 5.8 7.8 31.4 NA
32 Expedia 15.8 –22.5 46.8 21.0
33 Allianz 7.4 26.6 24.6 NA
34 SpaceX NA NA NA NA
35 Xiaomi NA NA NA NA
36 Disney 7.5 15.2 12.9 NA
37 Hilton 4.9 12.5 –17.5 NA
38 Renault 10.4 46.2 56.2 20.6
39 NTT Docomo 3.3 19.3 45.2 NA
40 Intel –0.9 –8.2 –2.2 5.1
41 Marriott 4.2 12.5 –13.0 NA
42 3M –4.9 –1.1 –5.9 –1.1
43 Dell NA NA NA NA
44 Orange 2.0 –3.1 14.1 NA
45 Siemens 5.2 –3.6 –1.0 10.3
46 Huawei 37.1 33.9 NA 45.9
47 Bristol-Myers Squibb 4.3 27.4 19.3 3.2
48 Honda 9.6 –24.9 13.4 8.3
49 BT Group 5.9 11.2 20.8 –13.2
50 Procter & Gamble –8.2 –7.4 –10.0 –8.2

 

El dilema «shock o gradualismo»: Catena Zapata y una oportunidad para fijar posición sobre el tema

No conozco a Nicolás Catena Zapata, a quien entrevista La Nación con un título ya bien interesante, “Toda acción proteccionista es dañina porque invita al contagio”: http://www.lanacion.com.ar/1983716-toda-accion-proteccionista-es-danina-porque-invita-al-contagio

Ha de ser una persona más que interesante ya que combina su actividad empresarial, siendo propietario de una de las mejores bodegas argentinas, con interés académico (según la nota en la teoría de la competencia).

Pero voy a tomar sus comentarios aquí, para fijar una posición respecto al debate que se viene desarrollando en la Argentina entre economistas, en relación a la necesidad de actuar drásticamente (shock) o gradualmente. La mayoría de mis amigos economistas, a quienes respeto mucho, son partidarios del shock y señalan los inconvenientes del gradualismo que actualmente aplica el gobierno de Macri.

Le preguntan a Catena:

“-El debate de shock o gradualismo está instalado entre propios y ajenos del gobierno nacional. ¿Cree que es correcto el camino tomado hasta ahora?

-Una política de shock hubiera implicado eliminar rápidamente el déficit fiscal disminuyendo erogaciones. Mi impresión es que el Poder Ejecutivo no recibió de sus votantes un mandato tan drástico. El mandato fue gradualismo en el sinceramiento de tarifas, disminución de subsidios y achicamiento del sector público. Y eso es lo que se está haciendo. Por ello esta discusión la veo hoy como un tema, diríamos académico.”

Comparto esa opinión. Una cosa es lo deseable, otra cosa es lo posible.

Si vamos a lo deseable, mi posición es que deseo el anarco-capitalismo como utopía sobre el tipo de sociedad en la que me gustaría vivir. Una sociedad sin estado, y con muchas agencias voluntarias bridando todo tipo de servicios. Nótese que no se trataría de una sociedad así para todos, sino solamente para quienes, como yo, la prefirieran. Los socialistas, por ejemplo, podrían vivir en su propio entorno socialista, donde todo sería del estado y se expropiarían unos a otros. Digamos que cada cual podría explorar su propia utopía dentro del marco de una “mega-utopía” en la cual hay de todo y compartimos solamente el principio que cada uno es libre de salir de una utopía que no le guste, como lo planteara Robert Nozick en “Anarquía, Estado y Utopía”.

Si me preguntan si esto es posible, la respuesta es que obviamente no, pero como decía Borges, habrá un mundo futuro en el cual podrá suceder.

Ahora bien, en el debate “shock o gradualismo” es muy probable que la mejor respuesta hubiera sido el shock, ya que, si bien ocasiona un cierto costo a corto plazo, la recuperación sería más rápida. Estoy de acuerdo con eso. Es más, estoy de acuerdo también en que el gradualismo no solamente puede ser una peor solución, sino que incluso puede llegar a fracasar y hacernos regresar a todos a lo peor del populismo.

Pero incluso estando de acuerdo en que no sea lo mejor, no veo que el shock fuera posible. Como dice Catena, el mandato fue gradualismo, en buena medida por algo que muchos analistas comparten: no hubo una crisis como la hiperinflación de 1989 o el default del 2001 como para que la gente estuviera dispuesta a soportar cirugía mayor.

Para ésta, es necesario que la opinión pública, que en última instancia determina el rumbo de la sociedad (así ya lo decía David Hume), sienta que no hay otra alternativa que operar. Ese sentimiento puede provenir del sufrimiento directo que impone la crisis o debería, en ausencia de ésta, provenir de la comprensión que la gente tenga de la situación difícil, aunque no caótica, en que la economía se encuentra.

Y lo cierto es que por más que alertemos sobre el déficit fiscal y el endeudamiento, la pesada carga impositiva que ahoga la rentabilidad de la inversión o la revaluación del peso que genera el endeudamiento externo, la gente siente un cierto dolor de estómago, pero no cree que tenga apendicitis aguda.

¿Es posible que sin hacer el shock todo fracase? Sí, es posible. En tal caso se presentará la crisis que hace cambiar de lado a la opinión pública. Pero nada garantiza hacia dónde iría ese cambio. Después de la hiper fue hacia las privatizaciones y la apertura; después del default fue hacia el kirchnerismo. Creo que adónde se dirija en las actuales circunstancias, y si es que ocurre, dependerá de a quién se asigne la responsabilidad: ¿sería una crisis el resultado final de 12 años kirchneristas o producto de las medidas del actual gobierno? A medida que pasa el tiempo se diluirá en la opinión pública la primera y crecerá la segunda, pero nada está dicho.

En ese sentido, más que discutir shock o gradualismo, tal vez sería mejor discutir cuál debería ser ese camino si la situación se presenta: así la discusión entre avanzar hacia una república con una economía abierta o regresar al populismo sería el debate central, y en ese están, en general, de acuerdo, tanto gradualistas como shockeadores.

Guerra entre vecinos en Canadá, montañas de estiércol y otro caso para analizar el Teorema de Coase

Hace unos días publiqué un post con la noticia de que Leo Messi había comprado la casa de su vecino para resolver un problema de externalidades negativas (ruidos molestos), en lo que consideraba era una muy buena aplicación del Teorema de Coase. Ahora el profesor Fredy Abed, de la UFM, a quien agradezco que siempre me invita a sus clases, me hace llegar otro ejemplo, con otro final…

La noticia se titula “Una pareja canadiense coloca una montaña de estiércol frente a la casa de sus vecinos”, disponible aquí: http://as.com/epik/2017/02/03/portada/1486121186_176786.html?id_externo_promo=ep-ob&prm=ep-ob&ncid=ep-ob

Como muestra la foto, ha de ser una clara externalidad negativa para el vecino (los Gallant). Pero también es importante señalar que ese mismo olor sería, no ya una externalidad por ser auto-infligido, pero tendría al menos una valoración positiva para los emisores (llamados Murray), como medio para molestar a quienes enfrentan.

Como cuenta la historia, en este caso la enemistad era muy fuerte y actuaba como un alto costo de transacción para llegar a una resolución negociada, a la Coase. Como las negociaciones ya no son posibles ahora el juez decide a quien asignar el derecho de propiedad: ¿tiene el vecino derecho a un aire limpio, o tiene el otro derecho a originar en su propiedad malos olores que llegan a la casa del vecino?

No toda emisión al vecino va a ser considerada una externalidad, ya que es costumbre, al menos por aquí, que puedo hacer un asado y algo de humo y olor llegarán a la casa de al lado, pero nuestras costumbres dirían que esto ha superado el límite, donde quiera que esté.

Según la nota, el juez decidió a favor del vecino “receptor” y condenó al otro a pagar una indemnización de $15.000 por “acosar usando estiércol”.

En fin, tal vez es una cuestión de lenguaje, pero el verdadero fundamento de esa decisión es que ha considerado que los Gallant tenían un derecho (de propiedad) al aire limpio. Esos olores “invadían” su propiedad sin tener derecho a hacerlo.

¿Cuál podría ser el fundamento de tal decisión? Pues entiendo que podría ser una visión “lockeana” del derecho. Es decir, los Gallant tenían su casa y la disfrutaban y habían generado un derecho de posesión sobre un aire limpio. Nótese que una solución a la “Posner” hubiera demandado que el juez hiciera un análisis de beneficios y costos para determinar a quien asignar el derecho de forma más eficiente, pero no sería nada fácil hacer ese cálculo en estas circunstancias en las que habría que evaluar, entre otras cosas, el odio que se tienen unos a otros. La solución a lo Locke (el primer ocupante) no solamente es más sencilla para decidir sino que también termina siendo “eficiente”.

El efecto Tiebout: entrada y salida que genera competencia institucional entre estados que son monopolios

Con los alumnos de OMMA Madrid, en la materia Economía e Instituciones, vemos el capítulo del libro sobre Competencia Institucional y Globalización. Aquí una parte del texto:

La economía de mercado es altamente eficiente cuando sus participantes pueden iniciar o terminar relaciones de producción e intercambio entre sí. En otros términos, pueden “entrar” o “salir” de esas relaciones. Si un determinado bien o servicio ofrecido por un productor es considerado “peor” en comparación con otros producidos por otros productores, el consumidor simplemente ejerce su opción de “salida” y elige alguno de los otros proveedores.

Este mecanismo de la competencia, que traslada ganancias a quienes mejor satisfacen las necesidades de los consumidores, garantiza la existencia de los bienes y servicios deseados, y los recursos hacia ese tipo de producción son atraídos por los mayores niveles de ganancia. Los productores se sienten presionados siempre por la competencia para lograr ser más eficientes. Esta es básicamente la lógica del mercado como la desarrolló Adam Smith.

Este enfoque fue ampliado por primera vez por Charles Tiebout (1956) al análisis de la eficiencia de los gobiernos locales, asimilando el consumidor al votante, que de la misma forma que, de acuerdo con sus necesidades, elige en el mercado el que considera mejor bien o servicio, elige también la comunidad “que mejor satisface sus preferencias por bienes públicos” (p. 183). Según Tiebout, a nivel del gobierno central, las preferencias del consumidor-votante están dadas y el gobierno trata de ajustarse a ellas; mientras que, en el ámbito de los gobiernos locales, estos tienen sus ingresos y gastos más o menos fijados y el consumidor-votante se traslada al gobierno local que mejor satisfaga su juego de preferencias. Cuanto mayor sea el número de comunidades y mayor la diferencia entre ellas, más se acercará el consumidor a su posición preferida, como sucede en el mercado.

Pero el mismo argumento de Tiebout puede extenderse a la competencia entre distintos estados “nacionales”, en la medida que la migración y el flujo de capitales, ideas y tecnologías sean posibles. Los gobiernos centrales estarían, entonces, sujetos también a la competencia de otros gobiernos nacionales en la provisión de servicios, algo que las corrientes migratorias parecen confirmar.

Así, la opción de “salida” reemplaza a la prueba del mercado de la preferencia para comprar un determinado bien o servicio, lo que garantiza entonces que cada localidad tendría el sistema de ingresos y gastos que refleja los deseos de sus residentes (p. 185). Es decir: como el mercado alcanza la “eficiencia”, la competencia entre gobiernos locales también la alcanza a ese nivel de gobierno. Tiebout parafrasea a Samuelson diciendo que “cada individuo, tratando, como comprador competitivo, de alcanzar los mayores niveles de indiferencia, dados precios e impuestos, será guiado como por una mano invisible a la gran solución del óptimo social”.

Los autores de la Escuela de la Elección Pública (public choice) o la “economía política constitucional”, que ya hemos visto, no suponen el carácter benevolente del gobierno y presentan el mismo argumento de Tiebout, pero con un enfoque diferente. Según ellos, la lógica del análisis de Adam Smith es la misma que la de los Papeles Federalistas. En ambos casos contienen el supuesto de que los individuos, incluyendo a los funcionarios del gobierno, actúan en pos de su propio interés y tratarán de utilizar el poder gubernamental en ese sentido, a no ser que se vean restringidos por la posibilidad de que la gente pueda buscar protección, o preferir a otros funcionarios de otros niveles o regiones.

Así, distintos autores  destacan que, dada la posibilidad que ofrece la opción de “salida”, el proceso de competencia entre los gobiernos locales limitaría las posibilidades de tales gobiernos de abusar de sus ciudadanos y empresas. Y destaca Buchanan que no es necesario que esa opción sea ejercida por una gran parte de la población, sino que los efectos se sentirían igual con que una proporción relativamente pequeña lo hiciera. Incluso los ciudadanos y empresas que nunca considerarían trasladarse serían protegidos por la reconocida existencia de aquellos que marginalmente están dispuestos a hacerlo. En este sentido, el federalismo y la descentralización servirían para limitar las posibilidades de abuso e ineficiencia, tanto del gobierno federal como de los gobiernos locales: del primero, porque los recursos se encuentran repartidos entre distintos niveles de gobierno; de los segundos, porque existe la posibilidad de movilizarse.

Buchanan señala, además, que incluso si los ciudadanos y las empresas no están dispuestos a ejercer la opción de “salida”, la existencia de pequeñas unidades de jurisdicción gubernamental mejora la otra opción, la de “voz”: es decir expresar su opinión mediante los mecanismos democráticos de gobierno, ya que un voto resulta más decisivo en un electorado de cien que en uno de mil o de un millón. Además, es más fácil organizar un pequeño grupo —que puede resultar en una coalición ganadora— en una jurisdicción pequeña.

Y aunque no se utilizara la opción de “salida”, existiría la de “salida virtual”, que es la observación de cómo se manejan las cosas en otras jurisdicciones y los efectos que esto pueda tener en el proceso político interno. Por ejemplo, en la caída del socialismo, si bien la salida de ciudadanos fue importante, especialmente en el caso de Alemania, la observación de las economías, la cultura y la política en los países occidentales por los ciudadanos de Europa Central y Oriental cumplió un papel destacado en las revoluciones de 1989-1991.

Por otro lado, la “salida” no tendría que ser necesariamente física; no requeriría el traslado físico del individuo o la empresa para garantizar la competencia. Ribstein y Kobayashi (1997) afirman que la existencia de distintos sistemas legales en un estado federal origina una competencia potencial entre ellos, en tanto en cuanto las personas y empresas puedan elegir la jurisdicción legal de su relación contractual. Esto es evidente en el ámbito del comercio y las finanzas internacionales, donde las partes eligen en muchos casos la autoridad judicial a la que se someterán en caso de disidencias con respecto al cumplimiento del contrato; pero también sucede entre Estados siendo un ejemplo de esto el establecimiento legal de las empresas en los Estados Unidos, las que eligen los estados que les otorgan mejores sistemas legales, no siendo estos los mismos en que tales empresas tienen su sede central y sin siquiera tener operaciones en tales estados.

Controlando al Leviatán: consideraciones económicas respecto a los beneficios de la separación de poderes

Con los alumnos de OMMA Madrid, en la materia Economía e Instituciones, vemos el capítulo del libro sobre Limitaciones al Oportunismo Político, donde analizo algunos conceptos económicos vinculados con la separación de poderes:

Hemos visto que los mercados son imperfectos, lo mismo que la política, en cuanto instrumento que puede no solamente no solucionar los problemas que el mercado vaya presentando, sino empeorarlos incluso. Hay una forma de controlar cualquier abuso de poder en el mercado: la competencia. Si algún producto o servicio no resulta como se promete, o simplemente si pensamos que hay otro mejor, podemos cambiar de proveedor. Ninguno nos tiene atrapados, a menos que tuviera el monopolio y no contáramos con otros productos o servicios sustitutos.

Pero el Estado es, por definición, un monopolio. ¿Cómo controlamos el poder que le hemos otorgado?[1]. La respuesta clásica y, en parte, vigente en muchas repúblicas modernas, es la que desarrollaran Locke[2], Montesquieu y otros: limitación y división del poder. La división del poder tiene en objeto que ningún individuo o grupo en particular lo concentre. Esta división se produce por medio de la división “horizontal” de los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), como también una división “vertical” del poder, sobre todo a través del federalismo y la descentralización, tema que veremos en el capítulo 14.

La limitación se busca por vía de la existencia de normas constitucionales de protección de los derechos individuales que los excluyen de eventuales decisiones mayoritarias (Bill of Rights), la revisión judicial de los actos gubernamentales, la renovación de mandatos y otros.

La separación de poderes ha sido un tema desarrollado especialmente por la ciencia política. ¿Cuál es la visión de la economía al respecto? Pues se asocia al concepto de competencia, por un lado, y al de costos de transacción por otro. En relación con el primero, la división del poder sujeta a los distintos actores a un cierto grado de competencia entre unos y otros, tanto por recursos —este es típicamente el caso de la competencia entre gobiernos nacionales con provincias o estados subnacionales— como por áreas y poder de decisión. Esta competencia puede actuar como un freno, aunque también si termina en un “cartel” como un motor del crecimiento del gasto público y el endeudamiento. Por otro lado, la democracia, como un mecanismo para la selección y renovación pacífica de los gobernantes con base en la preferencia de cierta mayoría, contiene también elementos de competencia, aunque se trata de la competencia para obtener cierto grado de monopolio.

En cuanto a los costos de transacción, cuando se trata de transacciones voluntarias, se ven favorecidas si esos costos son bajos. Pero si se trata de transacciones que tienen como objetivo obtener algún tipo de privilegio, entonces es mejor que los costos de esa transacción sean altos. La separación y división de poderes aumenta los costos de hacer lobby. En una sociedad donde todo el poder está concentrado en una persona, sea un rey, un dictador o un gobernante electo con poder absoluto, tan solo hace falta “convencer” o “sobornar” a esa persona, teniendo en cuenta que puede haber dos clases de acciones para buscar influencias: legales e ilegales. Pero en una sociedad donde el poder se encuentra dividido y disperso, el costo del lobby es mucho mayor: puede ser necesario convencer a funcionarios o agentes del Ejecutivo, a legisladores, y eventualmente enfrentar el cuestionamiento judicial de la norma.

[1]. Comenta Madison: “Se escuchan quejas por doquier de nuestros ciudadanos más virtuosos y considerados, que nuestros gobiernos son muy poco estables; que el bien público no es considerado en los conflictos entre partidos rivales; y que se toman a menudo medidas, no según las reglas de justicia y los derechos del partido minoritario, sino por la fuerza superior de una abrumadora e interesada mayoría”. (2001).

 

[2]. La visión clásica en la materia es desarrollada inicialmente por John Locke (1988) que, refiriéndose a la monarquía absoluta, señalaba: “… que la Monarquía siendo simple, y muy obvia a los Hombres…., no es en absoluto extraño que no se ocuparan mucho en pensar métodos para limitar cualquier exorbitancia de aquellos a quienes le había delegado autoridad sobre sí mismos, y de balancear en Poder del Gobierno, colocando diversas partes en diferentes manos” (p. 338).

 

Pesca: la regulación está desde hace casi 20 años, es mucho mejor que lo actual, pero no se aplica todavía

Un interesante estudio sobre la pesca en la Argentina, por Ignacio Carciofi, recoge un tema relacionado con los derechos de propiedad en los recursos pesqueros y la asignación de cuotas individuales. El tema lo he tratado en el Cap. 15 de El Foro y el Bazar, con una visión muy cercana a la del autor, quien en su introducción señala:

“A fines de la década del 90 Argentina adoptó un modelo de manejo pesquero basado en cuotas individuales y transferibles de captura  (CITC). Desde el punto de vista de su concepción, dicho sistema de cuotas es valorado positivamente por la literatura especializada en la materia. Paradójicamente, la implementación práctica de este esquema regulatorio, describió un largo proceso de marchas y contramarchas. Las demoras en la aplicación de una regulación efectiva obligaron a la sanción de un régimen de emergencia pesquera a principios del año 2000 que dispuso una reducción severa de las capturas, especialmente de la Merluza Hubbsi o Merluza Argentina.

Transcurridos casi quince años desde la decisión inicial, recién a partir de los últimos tres años habría indicios    firmes de su implementación a  partir de la Resolución Nº1 del Consejo Federal Pesquero (CFP) de enero del 2013 que sintetiza en un texto ordenado las disposiciones previas y su lectura revela el conjunto de la arquitectura de regulación  aplicable. Esta nota se concentra en los aspectos conceptuales y argumenta que las CITCs, si son aplicadas de manera adecuada, pueden ser una herramienta           para un aprovechamiento sostenible de los recursos pesqueros.”

El trabajo está disponible aquí: http://fcece.org.ar/wp-content/uploads/2016/12/sde41.pdf?medium=EmailMarketing&Source=DualMail&Campaing=cece260117

Al respecto, parte de lo que digo en el libro:

Un sistema de cuotas transferibles consta, en primer lugar, de un límite general de captura de una determinada especie en cierta región. Esta cuota se establece según un criterio científico, para permitir la explotación, pero al mismo tiempo garantizar su preservación; es decir: la cuota total ideal sería aquella que permite la mayor captura, sin reducir las posibilidades de explotación futura. Una vez establecida, se divide la cuota y se asignan “derechos de pesca”: algo así como un derecho de propiedad sobre la pesca de una determinada cantidad. Estos derechos son necesarios para que los pescadores puedan capturar la especie, hasta el límite que su cuota particular establece; también pueden ser transferidos mediante compra, venta o alquiler. Se ha identificado ya la existencia de 121 pesquerías administradas con sistemas de cuotas transferibles (Costello et al, p. 1629), que mostraban un porcentaje igual a la mitad de “colapsadas” respecto a las que no eran administradas con estos sistemas, reflejando que no solamente permitirían una mejor protección del recurso, sino que también estarían logrando recuperar algunas, ya que las cuotas se suelen aplicar cuando es evidente el colapso.

Los precios que surgen de esas transferencias generan importante información respecto de las condiciones actuales y futuras de la especie y su valoración por los consumidores. Uno de los ejemplos más exitosos de esta política pública es Nueva Zelandia. Allí, el ministerio respectivo inicia todos los años una serie de consultas para evaluar la información relacionada con el posible stock de las especies que se han de capturar, incluyendo tanto a pescadores comerciales como a no comerciales, en particular maoríes. Las cuotas se definen como un porcentaje sobre la cuota total y, lo mismo que los derechos de emisión, pueden asignarse inicialmente en forma gratuita, reconociendo los porcentajes de captura que cada pescador alcanzara hasta el momento o vendiéndolos en subasta.

Incluso hay experiencias que muestran una combinación del sistema de cuotas transferibles con el manejo comunitario. Es el caso de The Challenger Scallop Enhancement Company, una organización autónoma y autoregulada que administra la pesquería más importante de vieiras en el país (Arbuckle 2000).