Norberg y el progreso: la salud y la riqueza de los países están relacionadas, incluso cuando progresan otros

Hay, creo, dos razones por las cuales predomina el pesimismo en la avalancha de noticias que recibimos a diario: la primera de ellas es que las buenas noticias no generan tantos lectores como las malas, la normalidad se asume como tal, mientras que el accidente o el crimen serían la excepción; la segunda es que todo el que quiera promover algún cambio ‘revolucionario’ (no evolutivo) en la sociedad, debe antes mostrar que todo anda mal, ya que por eso se necesita el cambio.

Al respecto, una serie de autores (Matt Ridley, Steven Pinker y ahora Johan Norberg) han escrito sendos libros presentando una visión contraria, esto es, optimista, del progreso de la sociedad y el ser humano, sobre todo a partir de la llegada de la sociedad liberal y el capitalismo. Las referencias y los números son contundentes. Aquí algunos del libro  Johan Norberg, Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future:

“Cuanto más rico es un país, más saludable. Las variaciones en el ingreso pueden explicar hasta el 70% de la variación en la mortalidad infantil. Ningún país con un ingreso per cápita sobre 10.000 dólares tiene una tasa de mortalidad infantil por sobre el 2%. Gente más rica puede invertir más en salud e instalaciones de agua, y puede costearse más alimentos y medicamentos. Pero no es solamente que la humanidad está enriqueciendo, por lo que puede permitirse un nivel de vida más alto. Esa no es siquiera la causa principal. Aún más importante es que un nivel de vida decente es cada vez más barato.

Los indicadores de salud para un cierto nivel de ingresos están mejorando todo el tiempo. Un país con un ingreso per capital de $1.000 tenía una tasa de mortalidad infantil de 20 por cada 100 nacimientos en 1900. Un país a ese exacto nivel de ingresos en el 2000 tiene una tasa de mortalidad infantil de solo 7 por cada cien nacimientos. Por lo que aun si un país no hubiera experimentado ningún crecimiento económico en cien años, la mortalidad infantil se habría reducido en dos tercios. Un país con un PBI per capital de $3.000 hoy tiene la misma expectativa de vida como se hubiera predicho para un país con un PBI per capital de $30.000 en 1870. Esa es la gran historia de la salud de nuestro tiempo: bajos precios por una buena vida.”

“Es un resultado de la globalización, que hace más fácil a los países utilizar el conocimiento y la tecnología que tomó generaciones y enormes cantidades de dinero para generar. Es bien difícil desarrollar la tecnología de las células, la teoría de los gérmenes en las enfermedades o una vacuna contra la viruela, pero es muy fácil utilizarla una vez que otros lo han hecho. La infraestructura que ha sido creada para el comercio y las comunicaciones también hace más sencilla la transmisión de ideas, ciencia y tecnología a través de las fronteras, en un círculo virtuoso.”

“Resulta interesante que, aun cuando hay una fuerte relación entre la salud y la riqueza, es difícil encontrar una relación entre la riqueza y las tasas recientes de crecimiento. El economista William Easterly ha mostrado la correlación entre los indicadores de salud de un país y el crecimiento global. En la era de la globalización, el factor más importante detrás del éxito de un país es el éxito de otros países. Aun un país como Haití, que es uno de los pocos países que es hoy más pobre que en los 1950s, ha reducido su mortalidad infantil en casi dos tercios. Haití tiene hoy una menor tasa de mortalidad infantil que la que tenían los países más ricos del planeta en 1900”.

La UFM anuncia una nueva edición del Concurso Charles L. Stillman, para ensayos, artículos y libros en castellano

La UFM anuncia una nueva edición del Concurso de Ensayos y Artículos Charles L. Stillman. http://www.stillman.ufm.edu/

Reconocimento a las mejores investigaciones sobre filosofía de la libertad en sus aspectos morales, económicos, políticos o jurídicos; investigaciones publicadas o inéditas en español.

Premios

Al mejor tratado o libro US$ 5,000
Al mejor ensayo US$ 2,000
Al mejor artículo publicado en una revista académica US$ 1,000
A los dos mejores artículos o editoriales de periódicos US$    300 (cada uno)

 

 

Artículo en el diario La Tercera, de Chile, como lidiar con el populismo a 200 años de la batalla de Chacabuco

¿Habrá tratados contra el populismo?

¿Habrá tratados contra el populismo?

BIEN PODRÍAMOS decir que la reunión entre los presidentes Bachelet y Macri estuvo programada desde hace unos doscientos años. ¿Cómo podrían haberla evitado? Pero el contenido de sus conversaciones probablemente no se podía adivinar hace seis meses. Es que, entretanto, Trump ganó las elecciones con una campaña digna de cualquier líder populista latinoamericano.

Macri, al contrario de Trump, cree que la globalización ha de ser una oportunidad para la Argentina, incluso puede creer en la libertad de comercio como una cuestión de principio más que de oportunidad; probablemente Bachelet piense en forma similar, aunque parecería más porque ha recibido el poder en un país que ya conoce esos beneficios y que ha demostrado sus ventajas. Macri tal vez se pregunta: ¿Cómo no avanzar hacia la globalización?, mientras que Bachelet tal vez ¿cómo vamos a retroceder?

La primera visita importante que Macri recibió fue la de Obama, de otra forma lo hubiéramos tenido a Maduro. El intercambio imaginado con el país del norte era: déjennos enviar productos; y vengan sus inversiones. Hay que decir que esta visión no se limitaba a los Estados Unidos, también lo era con Chile o Brasil, con el que, además, se pretendía acelerar un tratado de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea que todavía no avanza, o con el resto del mundo.
Macri ha de considerar favorablemente la apertura de la economía porque, como en Chile, cumple un papel de custodio de la institucionalidad. Por supuesto, una vez que ésta ha mejorado, pero eso es lo que habría que esperar en los próximos años. Argentina ha sufrido el mal del populismo como pocos y el veneno de esas ideas sigue allí, aunque algo dormido luego de los escándalos del populismo saliente.

¿Cómo vacunar a un país contra el populismo? No hay otra forma que a través de un cambio contundente de la opinión popular. Una exitosa integración al mundo ayudaría a esto de dos formas: una, al acercar a los argentinos, que ya nos creemos ciudadanos del Primer Mundo, al consumo de esas regiones, a la calidad de sus productos comparados con los que nos depara la sustitución de importaciones; la otra, al poner un candado al populismo.

Siempre, al mirar a Chile, hemos supuesto que la red de tratados internacionales de comercio era una barrera insalvable a ese vicio latinoamericano. Ahora pensamos que tal vez no lo sea tanto, pero podrían al menos ser vallas. La apertura comercial de Estados Unidos no ha sido valla sino la causa de que quieran ensayar el populismo.

Trump ha modificado el panorama y justifica un mayor acercamiento de ambos países, más allá del existente. Ante el potencial cierre de los Estados Unidos, Chile debería pensar en otros mercados. Claro que la Argentina ha de ser menos que Massachussetts, pero está cerca, quiere abrirse y presenta oportunidades de inversión tal vez mejores que en el norte. Anticipando problemas en Europa, ha de pensarse, obviamente, en Asia, de allí el interés de Macri de acercar el Mercosur a los países del Pacífico, de paso ofreciendo a México una mano. Sería también una forma de “modernizar” al Mercosur de forma indirecta y empujar a Brasil hacia una mayor apertura, tan resistida por sus empresarios y sindicatos como los argentinos.

Todo esto está muy bien. Aunque, al final, nada es más necesario a ambos lados de la cordillera, que rechazar o abandonar las ideas populistas, y allí es poco lo que puede sacarse de un tratado. Es una tarea que cada cual tiene que hacer.

El impacto de la Escuela de Chicago en Chile. Sí, empezó con Pinochet, pero abarcó incluso a opositores

Con los alumnos del curso sobre Ideas Políticas y Económicas en América Latina vemos un artículo de Francisco Rosende donde comenta el impacto de las ideas de la Escuela de Chicago en Chile, y en otros países de la región. http://fppchile.org/wp-content/uploads/2015/12/ideas-instituciones-y-lideres_poirtada.pdf

Aquí su introducción:

“A partir de mediados de los 70 se inició en la economía chilena un profundo proceso de transformaciones, el que dio impulso a un progreso sostenido de ésta en las décadas posteriores. Este proceso de reformas tuvo lugar en el contexto de un prolongado y severo estancamiento de la actividad productiva, junto con importantes desequilibrios fiscales, los que amenazaban con desatar una hiperinflación. El papel protagónico que alcanzó en el diseño e implementación de dichas reformas un importante grupo de economistas, que realizó estudios de postgrado en la Universidad de Chicago, ha llevado a una frecuente asociación del proceso de reformas y estabilización aplicado en Chile, con las lecciones que emergen de la investigación y planteamientos de quienes han sido las principales figuras del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago en las últimas décadas, los que se han identificado como la “Escuela de Chicago”3.

De la experiencia de transformación económica iniciada en Chile a partir de mediados de los 70 surgen una serie de temas e interrogantes, los que le otorgan un especial atractivo a ésta. Por un lado, es interesante examinar cuáles fueron los factores que llevaron a una presencia tan marcada de economistas entrenados en la Universidad de Chicago en el diseño e implementación de las políticas que cambiaron radicalmente el rumbo de la economía chilena. En particular, es razonable esperar que para observadores externos de dicho episodio sea en alguna medida contradictorio, o al menos sorprendente, el comprobar que un gobierno militar estuviese dispuesto a implementar y sostener un conjunto de políticas dirigidas a liberalizar la economía, tras décadas de creciente intervención del Estado en ésta. Esto nos lleva a examinar cómo se gestó la influencia de los economistas de Chicago y en qué medida esta ha persistido tras el término del gobierno militar, ocurrido en marzo de 1990.

Por otro lado, es interesante recordar que la presencia protagónica de economistas entrenados en la Universidad de Chicago no se limitó al caso chileno en los 70. En efecto, en Argentina y Uruguay se iniciaron en dicho período procesos dirigidos a resolver importantes desequilibrios macroeconómicos y promover una mayor apertura de las correspondientes economías. Si bien la extensión y claridad de la agenda de liberalización de dichas economías fue bastante más acotada que lo que se planteó en Chile, parece razonable sostener que la dirección de dichos procesos era parecida. Sin embargo, tras la crisis de la deuda externa de comienzos de los 80, la que golpeó con fuerza a las economías latinoamericanas- en su mayoría expuestas a una peligrosa combinación de alto déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y fijación del nivel (o trayectoria) del tipo de cambio- los movimientos hacia una mayor liberalización y apertura impulsada en Argentina y Uruguay fueron abandonados, mientras que en Chile – tras un breve período, en el que se designaron autoridades económicas con una visión fuertemente crítica del proceso de reformas iniciado en la década  previa – finalmente se terminó intensificando la agenda de política económica asociada con el “Enfoque de Chicago”. Las diferencias en la trayectoria seguida por las economías mencionadas es ciertamente un aspecto interesante de analizar. En especial, en lo que se refiere a la identificación de las causas que llevaron a distintos grados de influencia de los economistas de Chicago en cada caso. Si bien el análisis de las particularidades de cada economía excede el propósito del presente documento, aventuraremos alguna interpretación para las causas que hicieron más resistente el proceso chileno en relación a lo observado en Argentina y Uruguay.”

Globalización y «tercera vía». Ferrer, como la Cepal, y una «teoría propia» que siempre nos dejó fuera del Mundo

Con los alumnos de la UFM, en un curso sobre las ideas políticas y económicas en América Latina, vemos a Mario Vargas Llosa comentar otra de las grandes ideas originales de la región. Antes vimos las de la Cepal, que también fueron originales, aunque sus propuestas dieron como resultado economías cerradas, estancamiento y alta inflación (aunque Fernando Henrique Cardoso habla de la originalidad de la copia). ‘

Ahora vemos una versión más actual de esas mismas ideas en un trabajo de Aldo Ferrer titulado “De Cristóbal Colón a Internet: América Latina y la Globalización”, donde mantiene esa visión y critica la que se denominara ‘tercera vía’, propuesta por la socialdemocracia en Europa.  Como siempre con las ideas Cepalinas, plantean una teoría ‘geográfica’, que sería existente solamente en la región, y las soluciones también serían distintas al resto del Mundo. Y así, con esas visiones, nos quedamos fuera del Mundo.

“En América Latina el desarrollo no es inherente al sistema y las políticas neoliberales causan estragos inconcebibles en los países desarrollados. Tales como, desindustrialización, desmantelamiento de pequeñas y medianas empresas, gigantesco endeudamiento externo, subordinación a los capitales especulativos, destrucción de redes de seguridad social, aumento de la pobreza y la marginalidad, y climas de inseguridad pública insoportables.

De este modo, la brecha que separa los ingresos medios de América Latina respecto del de los países avanzados tiende a crecer. Actualmente, la relación entre el ingreso per cápita de Estados Unidos y el de América Latina es de 10 a 1.

En resumen, la crisis del paradigma neoliberal en América Latina se expresa de una manera muy distinta que en los centros y la tarea por emprender es más compleja y difícil. Porque el desafío no es sólo cambiar el rumbo de una política económica –que, al fin y al cabo, debería ser un problema de coyuntura de corto plazo-, sino que se trata también nada menos que de remover los obstáculos históricos que han frenado el desarrollo de nuestros países. Provocado por su atraso crónico y su inserción asimétrica y dependiente en la globalización del orden mundial.

En resumen, el concepto de tercera vía no es aplicable a la realidad latinoamericana. Acá no tenemos que elegir entre dos rumbos distintos, más o menos eficaces, del desarrollo, el reparto del ingreso y la inserción internacional, como se plantea ahora la socialdemocracia europea. Aquí es preciso dejar atrás un legado histórico de atraso y subordinación, agravado en tiempos recientes por la estrategia neoliberal, e iniciar un sendero distinto que genere desarrollo y bienestar e inserte a América Latina en la globalización como una comunidad de naciones capaz de decidir su propio destino en el orden mundial.

Las idas de la tercera vía enriquecen las perspectivas desde las cuales deben abordarse los problemas de nuestros países, sólo que su puesta en práctica en esta región requiere decisiones de una magnitud y una complejidad desconocidas en el mundo desarrollado. La transformación del estilo de inserción de América Latina en la globalización descansa en las decisiones propias. En definitiva, la tercera vía es una visión céntrica de la globalización que no da respuestas a los formidables problemas que enfrentan nuestros países. Según el autor, habría que imitar el trabajo en equipo (por bloques regionales-internacionales), como lo hace el centro, para mejorar lo interno; para luego lanzarse a nivel mundial.”

Después de ver la ‘originalidad de la copia’ en las ideas de la Cepal, una realmente original: de Soto y la informalidad

Con los alumnos de la UFM, en un curso sobre las ideas políticas y económicas en América Latina, vemos a Mario Vargas Llosa comentar otra de las grandes ideas originales de la región. Antes vimos las de la Cepal, que también fueron originales, aunque sus propuestas dieron como resultado economías cerradas, estancamiento y alta inflación (aunque Fernando Henrique Cardoso habla de la originalidad de la copia). Estas fueron realmente originales, y abrieron la puerta a la consideración de un mundo enorme, que estaba fuera del registro de los economistas. Aquí algunos párrafos del prólogo al libro El Otro Sendero:

“Cuando se habla de economía informal se piensa inmediatamente en un problema. Esos empresarios y  vendedores cuyas industrias y negocios no están registrados, no pagan impuestos y no se rigen por las leyes, reglamentos y pactos vigentes, ¿no son, acaso, competidores desleales de las empresas y tiendas que operan en la legalidad, pagando puntualmente sus impuestos? ¿Al evadir sus obligaciones tributarias no privan al Estado de recursos necesarios para atender a las necesidades sociales y realizar urgentes obras de infraestructura?

Hernando de Soto sostiene que esta manera de encarar el asunto es totalmente errónea. Porque en países como el Perú el problema no es la economía informal sino el Estado. Aquella es, más bien, una respuesta popular espontánea y creativa ante la incapacidad estatal para satisfacer las aspiraciones elementales de los pobres. No deja de ser una paradoja que este libro, escrito por un defensor de la libertad económica, constituya una requisitoria contra la ineptitud y la naturaleza discriminatoria del Estado en el tercer mundo que en su seriedad y contundencia no tiene acaso parangón y, por ejemplo, reduce a meros desplantes retóricos buena parte de las críticas radicales o marxistas publicadas en nuestros días sobre la condición del mundo subdesarrollado.

Cuando la legalidad es un privilegio al que solo se accede mediante el poder económico y político, a las clases populares no les queda otra alternativa que la ilegalidad. Este es el origen del nacimiento de la economía informal, que Hernando de Soto documenta con pruebas incontrovertibles. Para conocer de manera práctica el ‘costo de la legalidad’ en el Perú, el Instituto Libertad y Democracia montó un ficticio taller de confecciones y tramitó, oficina tras oficina, su reconocimiento jurídico. Había decidido no pagar ningún soborno salvo en aquellas instancias en que, de no hacerlo, el trámite quedaría definitivamente interrumpido. De diez ocasiones en que los funcionarios se lo solicitaron, en dos se vio obligado a gratificarlos bajo mano. Registrar debidamente el supuesto taller demoró 289 días de gestiones que exigieron una dedicación casi exclusiva de los investigadores del Instituto empeñados en la simulación y una suma de 1.231 (computando los gastos realizados y lo dejado de ganar en ese tiempo) que significaba 32 veces el sueldo mínimo vital. La conclusión del experimento: ‘legalizar’  una pequeña industria, en estas condiciones, está fuera de las posibilidades de un hombre de recursos modestos, como comenzaron siéndolo todos los informales del Perú.”

Tamaño del Estado, felicidad y nivel de inteligencia: ¿cuánto más alto el IQ más eficiente? ¿Y los incentivos?¿Y la moral?

Los economistas suelen explorar el mundo vinculando distintos “datos estilizados”, como suelen decir, o, simplificando, estadísticas. Esto los lleva muchas veces a buscar relaciones entre fenómenos sin prestar la debida atención a la explicación lógica que pueda existir entre dos variables y, más importante aún, su causalidad. Es decir, dos variables pueden estar relacionadas, se puede evaluar eso a través de sofisticadas regresiones, pero eso no nos resuelve la gran duda de cuál determina a cuál.

Así es que aparecen cosas como ésta, un paper del profesor de Princeton Raufhon Salahodjaev, titulado “Government size, intelligence and life satisfaction”, disponible aquí: https://mpra.ub.uni-muenchen.de/76902/1/MPRA_paper_76902.pdf

El título ya dice todo, se trata de la relación que pueda existir entre el tamaño del estado, la inteligencia y la satisfacción en la vida. Dice al resumen:

“Estudios reciente muestran que factores sicológicos, como la capacidad cognitiva, juegan un papel importante en la modelización empírica de la satisfacción con la vida 6y sugieren que la inteligencia es representativa del capital político e intelectual. Estos artículos, sin embargo, solamente exploran el efecto directo de la inteligencia en el bienestar subjetivo. En este estudio conjeturamos que el capital intelectual es un mecanismo a través del cual el tamaño de la burocracia impacta en la satisfacción con la vida. Utilizando datos de 147 países, encontramos que la interacción entre el IQ de un país y el tamaño del estado es positiva y significativa, sugiriendo que el tamaño del estado aumenta la satisfacción con la vida más en los países con alto IQ y menos en los países con menores niveles de capacidad cognitiva”.

¿Y cuál sería la explicación de esa relación? Así lo comenta:

“Tomando en cuenta que el funcionamiento eficiente de las instituciones de gobierno ‘depende de un público que pueda procesar información compleja y participar activamente en política’, podemos anticipar que el efecto del sector público en la satisfacción con la vida depende del nivel de inteligencia. Más aún, la investigación muestra que la inteligencia promedio de la elite gobernante se relaciona positivamente con el éxito económico, los estándares morales en el gobierno y las prioridades del gasto público  (Simonton, 1985, 2006a,b). Por ejemplo, gobiernos en países con IQs más altos dedican más recursos al gasto militar (Salahodjaev, 2016), ratifican tratados internacionales sobre el ambiente más a menudo  (Obydenkova & Salahodjaev, 2016), y es más probable que inviertan en salud (Lv & Xu, 2016) y muestren mayor preocupación por la población menos privilegiada (Salahodjaev & Azam, 2015).”

En definitiva, el argumento del autor es que cuanto más inteligentes serán los políticos y burócratas, más eficientes serán los servicios del estado….

Uhm!!! ¿Y los incentivos de políticos y funcionarios? Tal vez si son más inteligentes lo son para perseguir mejor sus propios objetivos, que no son estrictamente los de los votantes. En otras palabras, pueden ser más inteligentes para robar…

Me parece que falta Public Choice en el análisis.

¿Y qué pasa con los valores y la cultura que predominan en una determinada sociedad? Pueden ser inteligentes pero tener pésimos valores. ¿Acaso mide eso el IQ?

La peor hambruna del siglo XX fue en China. Luego, los campesinos distribuyeron la propiedad comunal. Nada fue igual

Hay, creo, dos razones por las cuales predomina el pesimismo en la avalancha de noticias que recibimos a diario: la primera de ellas es que las buenas noticias no generan tantos lectores como las malas, la normalidad se asume como tal, mientras que el accidente o el crimen serían la excepción; la segunda es que todo el que quiera promover algún cambio ‘revolucionario’ (no evolutivo) en la sociedad, debe antes mostrar que todo anda mal, ya que por eso se necesita el cambio.

Al respecto, una serie de autores (Matt Ridley, Steven Pinker y ahora Johan Norberg) han escrito sendos libros presentando una visión contraria, esto es, optimista, del progreso de la sociedad y el ser humano, sobre todo a partir de la llegada de la sociedad liberal y el capitalismo. Las referencias y los números son contundentes. Aquí algunos del libro  Johan Norberg, Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future:

 

“Aún mejor noticia que la caída de la desnutrición crónica es la desaparición de grandes hambrunas. En los últimos 140 años hubo 106 episodios de hambre masiva, cada uno de los cuales mató a más de 100.000 personas. Entre 1900 y 1909, murieron en hambrunas unos 27 millones de personas, y más de 15 millones lo hicieron en cada década entre 1920 y 1960. Esas hambrunas fueron parcial o totalmente obra del hombre. En el primer período fue el resultado de que políticas imperiales desmantelaran la producción agrícola local y su comercio y se forzara a los campesinos a producir para exportar. Las hambrunas por guerra mataron a millones en Asia en los años 1930s y 1940s. Los regímenes comunistas en la Unión Soviética, China, Camboya, Etiopía y Corea del Norte mataron a decenas de millones debido a la colectivización forzosa y el uso del hambre como un arma.”

…

“No hay país que haya sufrido una hambruna más grande que China. Desde 1958 a 1961, el dictador Mao Zedong trató de  mostrar la superioridad de su variante del comunismo mediante un “Gran Salto Adelante” de industrialización forzada. La tierra privada remanente e incluso los utensilios de cocina fueron confiscados y los trabajadores agrícolas fueron llevados a proyectos de obras públicas y fábricas de acero. Como resultado, se estima que alrededor de 40 millones de personas murieron de hambre, y la expectativa colapsó en unos 20 años.

Y después de este desastre la comida era escasa en China debido a que las granjas colectivas desalentaban el trabajo y la innovación. Nadie podía obtener más por medio de un trabajo más duro o la inversión en mejores métodos. Hoy, los líderes chinos están orgullosos de su productivo sector agrícola, pero no cambió debido a una decisión que viniera desde arriba. Comenzó con unos pocos valientes campesinos en la villa de Xiaogang en la provincia de Anhui en Diciembre de 1978.

Las dieciocho familias de la villa estaban desesperadas. EL sistema comunista no les proveía a ellos, ni a sus hijos, de suficiente comida. Algunas familias tenían hervir hojas de álamo y comerlas sin sal; otros molían cáscara de árbol para usarla como harina. Entonces, se encontraron en un lugar secreto, una noche tarde, y decidieron parcelar la tierra comunal entre ellos. Cada familia tomaría sus propias decisiones sobre qué y cuanto sembrar y cuánto trabajar, y cada familia podría vender lo que produjera, luego de que el gobierno tomara la parte que demandaba.

Lo escribieron como un contrato formal para que todos estuvieran comprometidos, lo firmaron o pusieron sus huellas a la luz de una lámpara de aceite. Ahora que estaba firmado, el riesgo era alto. Si el documento era hallado, serían castigado con todo el peso del régimen. Los villeros se pusieron de acuerdo que, si se conocía y alguno iba preso, los demás criarían a sus hijos. El campesino que había escrito el contrato lo escondió dentro de un pedazo de bambú en el techo de su casa, esperando que los funcionarios nunca lo encontraran.

Eventualmente, esta privatización secreta se conoció. EL resultado era demasiado bueno para mantenerlo en secreto. Los granjeros no comenzaban a trabajar cuando sonaba el silbato de la villa – salían mucho antes y trabajaban mucho más duro. Hubo un crecimiento dramático de la producción. La cosecha de grano en 1979 fue seis veces más alta que la del año anterior. Otras villas podían ver que a los de Xiagong les iba mejor, que su gente estaba mejor alimentada, y trataron de saber qué hacían diferente…”

Los Neo-malthusianos que siempre han predicho catástrofes con hambrunas, siempre se han equivocado

Hay, creo, dos razones por las cuales predomina el pesimismo en la avalancha de noticias que recibimos a diario: la primera de ellas es que las buenas noticias no generan tantos lectores como las malas, la normalidad se asume como tal, mientras que el accidente o el crimen serían la excepción; la segunda es que todo el que quiera promover algún cambio ‘revolucionario’ (no evolutivo) en la sociedad, debe antes mostrar que todo anda mal, ya que por eso se necesita el cambio.

Al respecto, una serie de autores (Matt Ridley, Steven Pinker y ahora Johan Norberg) han escrito sendos libros presentando una visión contraria, esto es, optimista, del progreso de la sociedad y el ser humano, sobre todo a partir de la llegada de la sociedad liberal y el capitalismo. Las referencias y los números son contundentes. Aquí algunos del libro  Johan Norberg, Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future:

“A medida que cayeron las tasas de mortalidad, era necesario alimentar una creciente población global. Desde 1950 a mediados de los 1980s, la población mundial se duplicó de 2.5 a 5 mil millones, y muchos neo-Malthusianos predijeron hambrunas masivas. ‘La batalla para alimentar a la humanidad está terminada’, escribió Paul Erlich en The Population Bomb en 1968. ‘En los 1970s, el mundo va a sufrir hambrunas –millones de personas se van a morir de hambre’. En  Famine 1975, William y Paul Paddock predijeron que ‘en quince años las hambrunas serán catastróficas’.”

Sin embargo, sucedió exactamente lo contrario. Justo cuando ellos decían que la batalla estaba perdida, tuvimos grandes avances, y nadie luchó con mayor empeño por la humanidad que Norman Borlaug, agrónomo de Iowa, quien estaba obsesionado con el problema del hambre global.

Luego de miles de cruzas de trigo, Borlaug pudo obtener un híbrido de alto rendimiento que era resistente a los parásitos y no era sensible a las horas de luz del día, por lo que podía crecer en climas muy diferentes. Muy importante, era una variedad enana, ya que el trigo alto gastaba mucha energía en crecer tallos no comestibles que colapsaban si crecían muy rápido. Cuando introdujo este nuevo híbrido, Borlaug también mostró a los campesinos cómo la irrigación moderna y los fertilizantes artificiales incrementaban los rendimientos. El nuevo trigo se introdujo rápidamente en todo México y, sorprendentemente, en 1963 la cosecha fue seis veces más grande que la de 1944. De la noche a la mañana, México se convirtió en un exportador neto de trigo.

…

“La FAO informó en 1947 que alrededor del 50% de la población mundial estaba crónicamente mal alimentada. Alrededor de esta época se introdujo el fertilizante de nitrógeno en forma extendida y muchos países de bajos y medianos ingresos comenzaron a modernizar sus sectores agrícolas. En 1969-71, la FAO estimó que 37% de la población de los países en desarrollo estaba mal alimentada, y hoy esta cifra se ha reducido al 13%.”

“Desde 1990-92, la proporción de mala alimentación crónica se ha reducido desde 23 al 13 porciento de los países de ingresos medianos y bajos. El número de gente con hambre se ha reducido en 216 millones. Como la población ha crecido en 1.900 millones en ese mismo tiempo, las estimaciones de la FAO indican que casi dos mil millones de personas se han liberado de un probable estado de hambre en los últimos 25 años.”

Optimismo y noticias que no se comentan: el capitalismo derrotó el pesimismo Malthusiano y las hambrunas

Hay, creo, dos razones por las cuales predomina el pesimismo en la avalancha de noticias que recibimos a diario: la primera de ellas es que las buenas noticias no generan tantos lectores como las malas, la normalidad se asume como tal, mientras que el accidente o el crimen serían la excepción; la segunda es que todo el que quiera promover algún cambio ‘revolucionario’ (no evolutivo) en la sociedad, debe antes mostrar que todo anda mal, ya que por eso se necesita el cambio.

Al respecto, una serie de autores (Matt Ridley, Steven Pinker y ahora Johan Norberg) han escrito sendos libros presentando una visión contraria, esto es, optimista, del progreso de la sociedad y el ser humano, sobre todo a partir de la llegada de la sociedad liberal y el capitalismo. Las referencias y los números son contundentes. Aquí algunos del libro  Johan Norberg, Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future:

“Cosechas fracasadas no eran poco comunes en Suecia. Una sola hambruna, entre 1695 7 1697, causó la muerte de una en quince personas, y hay referencias a canibalismo en los relatos orales. Sin maquinarias, almacenaje frío, irrigación o fertilizante artificial, los fracasos de cosechas eran siempre una amenaza, y en ausencia de comunicaciones modernas y transporte, una cosecha fallida a menuda significaba hambruna”.

“Las hambrunas eran universales, un fenómeno regular, que sucedía tan regularmente en Europa que se había incorporado en el régimen biológico del ser humano y formaba parte de su vida diaria, según el historiador francés Fernand Braudel. Francia, uno de los países más ricos del mundo, sufrió 26 hambrunas nacionales en el siglo XI, dos en el XII, cuatro en el XIV, siete en el XV, trece en el XVI, once en el XVII y dieciséis en el XVIII. En cada siglo hubo también cientos de hambrunas locales”

Por eso Malthus decía:

“El poder de la población es tan superior al poder de la tierra para producir la subsistencia del hombre, que la muerte prematura debe de alguna forma visitar a la naturaleza humana. Los vicios de la humanidad [infanticidio, aborto, contracepción] son activos y eficientes instrumentos de la despoblación. Son los grandes precursores en el gran ejército de la destrucción, y a menudo completan el trabajo ellos mismos. Pero si fracasaran en esta guerra de exterminio, pestes, epidemias, pestilencias, y plagas, avanzas en terrífica amplitud, y barre de a miles o decenas de miles. Y si el éxito fuera aún incompleto la inevitable hambruna gigante aparece por detrás, y con un gran y poderoso golpe, nivela a la población con los alimentos del mundo”.

Malthus describía acertadamente la situación de la humanidad. Pero subestimó su capacidad para innovar, para resolver problemas y cambiar sus usos cuando las ideas del Iluminismo y las mayores libertades le dieron una oportunidad a la gente de hacerlo. A medida que los campesinos obtuvieron derechos de propiedad, tuvieron un incentivo para producir más. A medida que se abrieron las fronteras al comercio internacional, las regiones comenzaron a especializarse en el tipo de producción apropiado para aprovechar esas oportunidades. Aun cuando la población crecía rápidamente, la oferta de alimentos crecía más rápido. El consumo per cápita en Francia e Inglaterra aumentó de alrededor de 1700-2200 calorías a mediados del siglo XVIII a 2500-2800 en 1850. Las hambrunas comenzaron a desaparecer. Suecia fue declarada libre del hambre crónica a comienzos del siglo XX.”