Buchanan y Mises sobre la democracia y el mercado: ¿hay fallas o realmente funciona?

James Buchanan realizó un fundamental aporte a la ciencia económica al introducir y desarrollar el “Análisis Económico de la Política”, conocido como Public Choice. Allí, desarrolla una visión del proceso político como si fuera un “mercado” y las acciones de los votantes fueran similares a las decisiones que toman como consumidores.

Buchanan

Ludwig von Mises parece tener una visión opuesta, pero tal vez complementaria, no contraria a ese enfoque del Public Choice. En lugar de ver a la política como un mercado, Mises ve al mercado como una democracia.

Así, por ejemplo, en un artículo publicado en 1936 “El Orden Económico y el Sistema Político (Wiener Wirtschaftwoche), dice:

“El mercado selecciona a los emprendedores y capitalistas –los hace ricos; el mercado también los puede volverlos nuevamente pobres y removerlos de su posición si fracasan en satisfacer las necesidades del consumidor. Es cierto que en el mercado hay derechos universales de voto pero no iguales. El poder del voto aumenta con el tamaño del ingreso. Pero este mayor poder de voto es, el mismo, resultado de un voto en el mercado. Puede ganarse y mantenerse solamente pasando la prueba del mercado, a través de un manejo exitoso de los medios de producción en consonancia con los deseos de los consumidores. En una economía capitalista que no está restringida por la acción del estado, la propiedad es el resultado de un plebiscito diario de los consumidores, quienes tienen un mandato soberano e irrevocable. Aunque la propiedad de la tierra tienen un origen pre-capitalista, la riqueza de los propietarios debe pasar este examen para ser preservada; por lo tanto, los bienes inmuebles también están sujetos a la ley del mercado.”

Pero luego, Mises analiza la democracia política y aquí sí parece diferenciarse de Buchanan. Mientras éste es un “escéptico” respecto a la “perfección” de la democracia para plasmar los deseos de los votantes, Mises parece ser un “ultra-optimista”, no parece haber en su análisis lugar para las “fallas de la política” que con tanto acierto ha desarrollado la escuela de Public Choice.

“La estructura de la democracia política se corresponde con la estructura democrática del mercado. El ciudadano tanto como el consumidor decide quién debe dirigir la producción según sus deseos; de la misma forma que reemplaza al emprendedor y al capitalista que no satisface las necesidades de consumo con otros hombres, también tiene el poder en sus manos de reemplazar a los líderes políticos que no llevan donde el votante quiere ir. Así como el mercado busca que la producción se dirija según los deseos de los consumidores, una constitución democrática asegura que el poder gubernamental sea ejercido según los ideales políticos del electorado.”

La posición de Mises es luego retomada por Bryan Caplan en el libro “The Myth of the Rational Voter”: http://www.amazon.es/The-Myth-Rational-Voter-Democracies/dp/0691138737

Allí, la posición “miseana” de Caplan es básicamente la siguiente: el problema no es que la democracia “fracasa” y los políticos se alejan de lo que quieren los votantes…, el problema es lo que quieren los votantes! Estos persiguen teorías erróneas y luego, los políticos las proveen incluso aunque no crean en ellas, pero tienen que hacerlo para ganarse el apoyo de los votantes. Caplan no niega que luego estos persigan sus propios intereses.

Desigualdad y pobreza y la falta de soluciones de la sociología

El Suplemento Enfoques del diario La Nación, trae el domingo 17 de Agosto una entrevista al sociólogo Gabriel Kessler, profesor de la Universidad Nacional de La Plata sobre el tema de la pobreza y la desigualdad.

Los economistas son acusados muchas veces de hablar difícil, de decir cosas muy “técnicas” que luego la gente no comprende. Bueno, déjenme decir que es mucho peor con los sociólogos. Al menos en cuanto se trata de proponer políticas económicas o políticas públicas, los economistas somos mucho más concretos y específicos.

Sobre el tema de la pobreza, suelo dar una conferencia donde trato principalmente las soluciones “voluntarias” al problema, y donde planteo que pobreza y desigualdad no son para nada lo mismo: https://www.youtube.com/watch?v=Ve0dGjM_mV8

En cuanto a las soluciones de mercado a los problemas de la pobreza ya he escrito en este mismo blog, por ejemplo: http://bazar.ufm.edu/sobre-la-pobreza-iii/

Las soluciones propuestas son:

1. Liberar la iniciativa empresarial de los pobres

2. Formalizar el derecho de propiedad de los pobres (de Soto)

3. Remover las barreras a la inversión que genera empleos

4. Liberar los obstáculos que frenan la ayuda mutua

5. Remover las barreras y costos de la beneficencia

6. Considerar un plan de ayuda transitorio, local y tipo voucher

Son bastante específicas y concretas. ¿Qué propone el sociólogo? http://www.lanacion.com.ar/1718789-gabriel-kessler-en-la-argentina-hoy-pueden-convivir-la-inclusion-y-la-desigualdad

Le preguntan:

“-¿Cómo se sale de la exclusión estructural? ¿Con otras políticas, con más recursos?

-Se sale con pactos o consensos amplios, con objetivos concretos de disminución de brechas en determinadas esferas, prestando atención a algunas cuestiones que están en la argamasa de la configuración de las desigualdades, y otras que están en las preocupaciones cotidianas, como determinados delitos, calidad de educación, algunas enfermedades. Y mirando los elementos que favorecen la reproducción intergeneracional de la desigualdad. Articular la idea de desigualdad y brechas permite fijar objetivos cuantificables en políticas y ver su evolución en el tiempo. Necesitamos pactos territoriales, sectoriales, con actores públicos y privados, con distintas fuerzas políticas. Creo que también es bueno que el debate político se oriente a decir hacia dónde vamos con continuidad de las referencias y los indicadores. Argentina tiene recursos, materia gris, estudios, distintos actores, una sociedad movilizada, una demanda de igualdad fuerte. A pesar de la coyuntura actual, América latina y el país están en situación de proponerse metas de disminución de las desigualdades múltiples en plazos relativamente más estables y sin miradas dicotómicas.”

¿Qué solución es “llegar a consensos”? ¿Respecto de qué? ¿Acaso se solucionan los problemas con tan solo proponer metas? Por ejemplo, pongámonos de acuerdo en reducir la pobreza un 50%.

Correcto, estamos de acuerdo. Pero, ¿cómo?

¿Se podría regresar ahora al patrón oro? Larry White dice que Estados Unidos y Europa podrían

El profesor de Economía de la Universidad de George Mason, Lawrence White, publica un paper donde se pregunta si sería posible regresar a una moneda “mercancía”, como lo fuera el patrón oro. http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2406966

Oro

“Aunque pocos académicos apoyan hoy el patrón oro, los datos históricos muestran que este sistema monetario superó en resultados a los actuales sistemas de moneda fiduciaria en por lo menos cinco aspectos:

  1. Una menor tasa de inflación promedio, por lo tanto menores costos para economizar en los saldos monetarios (no hay que estar preocupándose con que el dinero pierde valor si uno lo mantiene sin usar)
  2. Menor incertidumbre sobre los precios, por lo tanto un mercado de bonos a largo plazo más profundo (es decir, con bonos a plazos más largos)
  3. Mayores flujos internacionales de comercio y de capitales, debido a los beneficios de un área monetaria común (se utiliza básicamente la misma moneda)
  4. Menores costos en recursos dedicados a la minería del oro para fines monetarios con un precio real del oro más bajo, porque se elimina la demanda privada de oro para protegerse de la inflación
  5. Mayor disciplina fiscal.

“El regreso al patrón oro sería factible en forma inmediata para los Estados Unidos, la zona del Euro y Suiza donde los stocks oficiales de oro son suficientemente grandes al precio actual del oro como para proveer una cobertura de reserva razonable históricamente sobre los agregados monetarios amplios. Otras naciones importantes (Japón, Reino Unido, China), debería comprar oro.”

Una encuesta entre 38 economistas de las principales universidades norteamericanas muestra que ninguno de ellos cree que el patrón oro daría mejores resultados. Solamente dos expresaron que tal vez permitiría evitar los errores de los años 2000 pero que aun así las políticas monetarias discrecionales son necesarias.

Algunos resultados del patrón oro:

  1. El período más prolongado de adherencia al estándar del oro fueron los 93 años en el Reino Unido entre 1821 y 1914. El índice compuesto de precios era de 10,3 en el primer año y el 9,8 al final. En todo el período la tasa de inflación anual fue de -0,5%
  2. En los Estados Unidos, fue de 5.28 cuando se reasumió el patrón oro en 1879 y de 6,53 en 1913, antes de sus suspensión.
  3. En los sistemas de moneda metálica (oro, plata o ambas) la tasa de inflación promedio fue de 1,75%, mientras que en los sistemas de moneda fiduciaria fue de 9,17%. En todos los países de la muestra la inflación fue más alta en los sistemas fiduciarios que en los metálicos.

Según White, el stock oficial de oro en los Estados Unidos permitiría volver a la convertibilidad con el oro al su precio actual. El gobierno tienen 261,5 millones de onzas Troy que, al precio reciente de $1.400 da un stock de 366.1 mil millones de dólares, más del triple de la cantidad requerida ahora como reservas de los bancos ($115,9 miles de millones)

Ideas e intereses y la estructura del mercado de las ideas. Cambio institucional

Agregaré también en el capítulo sobre Cambio Institucional, una simple análisis del “Mercado de las ideas” y el papel que juegan los intereses. Van los párrafos nuevos:

Habrá que analizar entonces la relación que pueda existir entre el predominio de ciertos valores, ideas y la existencia de ciertas instituciones. La tarea, sin embargo, es muy difícil ya que, ¿qué significa que ciertas ideas predominan en una sociedad? ¿Debemos tratar de analizar las ideas y valores que predominan en toda la población o solamente en las élites? Este es uno de los tantos dilemas que se presentan y no es menor. Converse (2006) en un trabajo seminal en la materia señala, precisamente, que los sistemas de convicciones nunca han se han rendido fácilmente al estudio empírico y la cuantificación y han llevado a decir que lo que es importante para estudiar no es medible y lo que es medible no es importante para investigar. La tesis de este autor es que existen claras diferencias en la naturaleza de los sistemas de convicciones entre las elites políticas y las masas. En forma similar a la planteada por Rose y Milton Friedman sugiere una descripción basada en una pirámide que se extiende desde un vértice pequeño hasta una base amplia, con distintos niveles basados en el nivel de conocimientos.

¿Qué deberíamos considerar entonces, las convicciones de las elites o las de las masas? En el primero de los casos el sistema de convicciones es más coherente, en el sentido de que podríamos más fácilmente predecir que si un individuo de la elite tiene una cierta convicción, seguramente tendrá otras que normalmente forman un conjunto funcional, mientras que esta coherencia se va debilitando a medida que se baja de la pirámide. Converse (p. 8), menciona este ejemplo: si un legislador se destaca por su insistencia en reducir impuestos y tener un presupuesto balanceado, se puede predecir con cierto grado de éxito que también se opondrá a cierto aumento del gasto público. En el caso del votante común, sin embargo, esto es mucho menos probable. Es más, sería de esperar que apoyara tanto una reducción de impuestos como un aumento del gasto social al mismo tiempo. En su investigación toma en cuentas las opiniones sobre “gasto/ahorro” como indicativas de una visión más amplia “liberal/conservadora” (“liberal” en el sentido usado en Estados Unidos, más cercano a socialdemócrata) y sugiere que un 17% formaría parte del estrato I, con una clara comprensión de la diferencia que captura casi toda su extensión, 37% en los estratos IV y V con un concepto totalmente vago, y un 46% que se divide en dos estratos, el III que presenta mucha incertidumbre y conjeturas en relación a los términos y el II, el que define bien los términos pero en un sentido muy estrecho.

Esto nos lleva a considerar la estructura del mercado de ideas. Siguiendo las consideradas por los autores antes mencionados, el mercado de ideas podría ser graficado de la siguiente forma:

(aquí va un triángulo)

El triángulo muestra que las ideas se originan, necesariamente, en uno o unos pocos, aquellos que antes llamamos “emprendedores institucionales”. Puede ser teóricos que las desarrollan a un alto nivel de abstracción o no, puede ser un artista, un novelista, un periodista, un político, etc. A medida que cierta idea va ganando adeptos baja por la pirámide con un número mayor de adeptos cada vez.

¿Y los intereses, no cumplen ningún papel? Una interpretación los presenta también como “ideas” acerca de lo que a uno le conviene y, en tal sentido, todas son ideas. Pero restrinjamos nuestra interpretación hacia aquellos que están vinculados con algún resultado que en particular nos favorece, que muchas veces es monetario pero no siempre debe serlo. Es algún tipo de compensación que valoramos. En el caso de las ideas, son de carácter más general y con un vínculo más abstracto con estas compensaciones. Son “teorías” en verdad, con las que interpretamos la realidad, la que queremos que se acerque a aquellos valores que tenemos como prioritarios.

Los ámbitos académicos, o las ideas más teóricas, están algo más alejadas, aunque no exentas del influjo de esas compensaciones. El ámbito de la política, por el contrario y como vimos en el capítulo sobre límites al oportunismo político, está mucho más atado a esas compensaciones. Tomemos, por ejemplo, nuevamente el caso del Bitcoin. En los ambientes académicos e intelectuales la idea puede ser aceptada o rechazada en relación a su vínculo con cierta “visión del mundo” que el intelectual o académico pueda tener, su relación con esas compensaciones no es que no exista, pero es mas bien lejana. Para el político es todo lo contrario: solamente aceptaría la idea del Bitcoin si descubriera algún beneficio o compensación política inmediata.

Esto quiere decir que en algún punto de la pirámide, para que una “idea’ se convierta en una “política” tiene que coincidir con ese interés coyuntural de quienes, de otra forma serían un obstáculo muchas veces insalvable.

El derecho a despedir, y a renunciar, y la quiebra como un acto ¿terrorista?

La reciente quiebra de una empresa gráfica, Donnelley, y el consiguiente despido de sus empleados generó preocupación y polémica. Preocupación porque parece un signo más de los inevitables resultados de una economía en recesión; y polémica porque se atribuye la propiedad parcial de esta empresa estadounidense a un “fondo buitre” (aunque luego se supo que se trata de Black Rock, un fondo que incluso apoyó a la Argentina en el juicio de Nueva York): http://www.lanacion.com.ar/1719264-daniel-scioli-ley-antiterrorista-ley-abastecimiento

El gobierno planteó el tema en estos términos y presentó una denuncia judicial en base a la “Ley Antiterrorista”, lo cual generó aún más polémica. Al margen de esto, quiero tratar aquí un tema más básico y general: ¿existe el derecho a despedir?

Las manifestaciones de estudiantes, las acciones de sindicalistas y la acción gubernamental parecen denotar que no existe tal cosa, pero esto parece difícil de sustentar. Comencemos analizando su contraparte: ¿existe el derecho a renunciar a un trabajo? Supongo que todos diríamos que sí, ya que lo contrario es similar a la esclavitud. La única diferencia con la esclavitud sería que estaría basada en un contrato. Es decir, uno firmaría un contrato que lo comprometería de por vida. Eso, en verdad, no existe, ni siquiera en el matrimonio. Siguiendo el mismo razonamiento, si una de las partes no puede ser atada de por vida, tampoco lo debería ser la otra, pues en ese caso el esclavo sería el empleador.

Desde el punto de vista económico el efecto sería claro: si en cada empleo que tome quedo atado para siempre todos buscaríamos ser “trabajadores independientes”, o en otras palabras, libres de semejante compromiso. Del otro lado, los empleadores no tomarían empleados con semejante carga.

En definitiva se trata de un contrato entre dos partes y, dado que los contratos son necesariamente incompletos ya que no pueden predecir todos los eventos futuros, y siendo que las situaciones van a cambiar y no sabemos cómo por anticipado, todo contrato introduce algún grado de indefinición y flexibilidad para poder adaptarse a esos cambios de circunstancias. En otras palabras, todo contrato tiene “cláusulas de salida”, para que de alguna forma se pueda modificar o terminar una relación cuando las cosas han cambiado.

La salida de un contrato se produce, entonces, en cumplimiento de esas cláusulas. En el caso de nuestro país, esas cláusulas son establecidas por una ley de contrato de trabajo más las que hayan sido establecidas en convenciones colectivas y en los contratos individuales.

En este caso en cuestión, pareciera que efectivamente las condiciones de producción han cambiado. En un artículo algo más específico se presentan el análisis de la empresa: http://www.lanacion.com.ar/1719219-un-derrotero-de-perdidas-que-terminaron-en-quiebra

“El período comprendido entre enero de 2013 y mayo de 2014, el quebranto acumulado ascendió a $ 40.855.050”, dice textualmente el escrito judicial. “En los últimos años, diversas circunstancias, entre otras, el incremento de los costos laborales, los mayores precios en la materia prima, los aumentos de los costos de energía y el incremento en las tasas de interés de la financiación bancaria han generado a RRD Argentina (tal es el nombre de la sociedad) una constante pérdida operativa. Los accionistas y directores de RRD Argentina intentaron revertir esta tendencia deficitaria mediante distintas acciones, buscando una eficiencia en la operación que mejorara la situación operativa y financiera”, relata el documento.

Comenta el artículo que la ley requiere que una empresa explique los motivos de la decisión que toma (pero no pide que lo haga un empleado que renuncia). Ahora se estaría cuestionando que esto no es así, sino que la verdadera motivación es de tipo “terrorista”.

¿Cómo saber si una acción es “terrorista”? Supongo que lo puede ser por sus características o por sus intenciones. Es decir, si me encuentran en el acto de poner una bomba con un detonador será evidente ya que la gente normalmente no hace estas cosas a menos que tenga intención de matar o dañar a otros. Pero hay otras acciones que tanto pueden ser hechas por un terrorista como por una persona normal y corriente: por ejemplo, miro en detalle la puerta de la casa de gobierno. En este caso puede ser que sea un turista curioso o que esté pensando dónde sería mejor dejar la bomba. ¿Cómo saber si es un caso u otro? Se hace necesario evaluar las intenciones. Si atribuyéramos a todo el que observa esa puerta intenciones terroristas sería una clara equivocación y estaríamos violando los derechos de turistas, locales y extranjeros, a mirar y conocer, a trasladarse.

La intención, tal vez, tiene que ser evidente: por ejemplo soy un reconocido terrorista y pruebo el tamaño de distintos paquetes. En fin, tampoco es sencillo. Entonces, la pregunta en este caso es: ¿es la acción de la empresa algo que normalmente suele suceder en las economías que se encuentran en recesión en las que caen las ventas, o es algo que tiene la evidente intención de ocasionar un daño?

Y, ¿qué daño? Porque cuando se combate al terrorismo se combate el daño físico (crimen, destrucción) aunque puedan tener consecuencias económicas (como cuando se pone una bomba en un oleoducto, por ejemplo). Es decir, pareciera que siempre tiene que haber daño físico, al menos.

No parece haberlo en este caso, sino más bien ser una acción que suele ser bastante común dado que no se pueden sostener pérdidas por mucho tiempo ya que se consume el capital.

Entonces, el juez simplemente tiene que considerar lo siguiente: ¿se cumplieron las cláusulas de recisión de los contratos?

Otra vez Mises analiza Austria en 1921 pero parece Argentina o Venezuela en 2014

Ludwig von Mises comenta la política fiscal y monetaria del Imperio Austro-Húngaro durante los cinco años que van desde el inicio de la Primer Guerra Mundial hasta 1919. Cualquier parecido con las políticas argentinas, o venezolanas, no es pura casualidad (“Monetary Devaluation and the National Budget”):

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“Por cinco años, la política gubernamental con respecto a la devaluación de la moneda ha sido formulada en base a ideas incorrectas sobre su causa. No es de extrañar que esta política haya sido un completo fracaso. El control de los precios internos ha fracasado. A pesar de todas las contramedidas, los precios de los bienes y servicios han seguido subiendo. De la misma forma, los intentos para estabilizar el tipo de cambio prohibiendo las transacciones en divisas para mejorar la balanza de pagos limitando las importaciones no ha llevado a ninguna parte.”

“Las regulaciones sobre el cambio exterior no son solamente inútiles; son claramente dañinas. Por ejemplo, los exportadores son castigados con la obligación de vender sus ingresos en moneda extranjera a la oficina central de cambios a un precio inferior a la tasa de mercado (porque el tipo de cambio de la oficina central de cambios siempre está por debajo del precio real). Esta oficina entonces vende las divisas a los importadores, de nuevo, por debajo de la tasa de mercado, para que puedan pagar las importaciones que el gobierno desea promover.”

“La obligación impuesta a los exportadores (vender sus divisas a la oficina central de cambios) perjudica la exportación de bienes; funciona exactamente como un impuesto a la exportación. Su efecto es reducir el volumen total de las exportaciones y, por lo tanto, reducir la cantidad de divisas extranjeras disponibles para pagar las importaciones. Ninguna otra política de cambios es tan evidentemente dañina como ésta. Esta interferencia con las exportaciones también interfiere la importación de bienes que el gobierno desea promover. El importador, por supuesto, parece disfrutar de una cierta ventaja porque se le venden las divisas extranjeras más baratas de lo que están en el mercado. Pero la cantidad total a disposición para cubrir todas las transacciones de importación es menor que la correspondiente cantidad por la que han reducido las exportaciones, y por eso el volumen total de las importaciones es menor a lo que hubiera sido.”

“La caída en el valor de nuestra moneda no puede detenerse por medio de regulaciones monetarias. Cuando se estableció la oficina central de cambios el franco suizo en Zurich estaba en 152 coronas; ¡hoy está en 1.215! Debemos finalmente comprender que el aumento de los precios de los bienes y del tipo de cambio de la corona van a terminar solamente cuando el estado renuncie a continuar utilizando la impresión de dinero para restablecer el balance del presupuesto nacional. EL problema de poner el presupuesto en orden es el más importante de nuestra economía. Ya es hora de que sea resuelto. De otra forma, un día nuestra moneda va a llegar al punto de los assignats franceses (moneda emitida durante la Revolución Francesa), esto es cercano a cero. Para nuestra población urbana esto sería una catástrofe cuya extensión apenas podemos imaginar.

Robin Williams: ¿alcohol y drogas libres? y, además, ¿prostitución?

Una pena la muerte de Robin Williams. Muchos artistas han muerto por exceso de consumo de drogas y alcohol aunque en este caso la diferencia es que, aparentemente, no fue ese consumo el que directamente le produjo la muerte sino que lo habría llevado a cometer suicidio.

Cada vez que surge una noticia impactante como ésta vuelve a aparecer el debate sobre el consumo de todo tipo de sustancias y su control por parte del estado. Bueno, en este caso en particular, ese control no parece haber funcionado. ¿Se justifica? ¿Hubiera sido diferente el caso si el consumo de drogas fuera legal? Bueno, el de alcohol lo es.

Michael Huemer ha escrito uno de los libros de filosofía política más importante de los últimos tiempos: http://www.amazon.com/The-Problem-Political-Authority-Examination/dp/1137281650

Precisamente, cuando trata la legitimidad de este tipo de acciones lo hace al analizar todo tipo de leyes paternalistas, las cuales serían injustas ya que se utiliza la coerción contra ciertos individuos sin la adecuada justificación. Una de ellas es la prohibición del consumo de drogas. Estas pueden dañar su salud o sus relaciones con otras personas, perder su trabajo, etc. Hay en los Estados Unidos más de medio millón de personas presas por consumo o tráfico de drogas. ¿Se justifica?

Huemer pone este ejemplo: supongamos que Sam está en contra del cigarrillo por sus graves daños a la salud. No solamente trata de evitarlos sino que lanza una proclama a la comunidad anunciando que nadie puede fumar. Luego, te encuentra fumando, te atrapa y te encierra en el sótano de su casa. Ahí quedarás encerrado con ladrones, violadores y asesinos durante el próximo año. Seis años se quedará quien te los vendió. ¿Actuó Sam correctamente?

No parece ser que su afán por que otros tengan una vida más saludable justifique esa acción, pero lo de Sam no es distinto de lo que hace el gobierno y hasta podría estar más justificado: Huemer dice que el tabaco es siete veces más mortífero (en promedio, por usuario) que otras drogas ilegales, por lo que incluso estaría más justificado que el gobierno para hacer lo que hace.

¿Por qué tendría esa función el estado? Bueno, hay que leer ese muy recomendable libro que trata sobre la justificación de la autoridad y la aceptación de la obediencia.

Distinto sería el asunto si Sam saliera a la calle, atrapara a un asesino y lo encerrara, siguiendo un adecuado y abierto proceso de pruebas y testimonios. Tal vez, aceptaríamos eso como una “contribución a la sociedad”.

Otro tema así “’extremo”, en el sentido que desata grandes pasiones y discusiones es el de la prostitución. Nada menos que The Economist se juega en su tapa a presentarlo y a argumentar en favor de su desregulación: http://www.economist.com/news/leaders/21611063-internet-making-buying-and-selling-sex-easier-and-safer-governments-should-stop

El título:, “Una elección personal”, ya dice todo sobre el contenido. Lo nuevo es que argumenta que el desarrollo de un mercado del sexo por Internet lo hace más sencillo y más seguro. Las prohibiciones están fracasando en todo el mundo. Es condenable, por supuesto, si hay algún tipo de “trata” que implica coerción, pero sostiene la revista que es difícil creer que todas las mujeres que se dedican a ello están allí por la fuerza.

The Economist sex

El desarrollo del mercado en Internet lo hará más abierto, con más información para los que contratan, con calificaciones y control de calidad, con páginas web que informan sobre la confiabilidad de los sitios que lo ofrecen, con ratings, rankings, marcas, etc.

En fin, ahí van, dos temas que seguramente generan buena polémica. Al menos, el filósofo y la famosa revista no tienen prejuicios para tratarlos.

El principal aporte de David Ricardo, la ley de las ventajas comparativas, ¿o no era de Ricardo?

David Ricardo tuvo un fuerte impacto en el desarrollo de la teoría económica y los alumnos de UCEMA ahora tienen que leer el Capítulo 7 de su Tratado de Economía Política: “Sobre el comercio exterior”. En él aparece, tal vez, su principal contribución a la ciencia, la llamada “teoría de las ventajas comparativas”, que luego Mises extiende mucho más allá con el nombre de “ley de asociación”, para explicar los beneficios de la división del trabajo.

David Ricardo

No obstante, Murray Rothbard sostiene que Ricardo apenas le dedica unos tres párrafos a la ley, y sugiere que tal vez hayan sido puestos allí por James Mill, quien revisara el trabajo de Ricardo antes de su publicación. En fin, el mismo Rothbard comenta el principal aporte de Ricardo: http://www.miseshispano.org/2012/04/la-ley-ricardiana-de-la-ventaja-comparativa/

 

“Incluso los críticos más hostiles del sistema ricardiano han concedido que David Ricardo al menos hizo una contribución vital al pensamiento económico y la defensa de la libertad de comercio: la ley de la ventaja comparativa. Al destacar la gran importancia de la interacción voluntaria de la división internacional del trabajo, los librecambistas del siglo XVIII, incluyendo a Adam Smith, basaron sus doctrinas en la ley de la “ventaja absoluta”. Es decir, que los países deberían especializarse en lo que sean más eficientes y luego intercambiar esos productos, pues en ese casos se beneficiarán las personas en ambos países. Es un caso relativamente fácil de argumentar. Hace falta poca persuasión para darse cuenta de que Estados Unidos no debería dedicarse a cultivar plátanos (o, por decirlo en términos simples de microeconomía, las personas y empresas de Estados Unidos no deberían preocuparse por hacerlo), sino más bien producir otra cosa (por ejemplo, trigo, bienes manufacturados) e intercambiarla por plátanos cultivados en Honduras. A pesar de todo, hay unos pocos cultivadores de plátanos en EEUU que reclaman un arancel protector. ¿Pero qué pasa si el caso no es clarísimo y las empresas de acero y semiconductores reclaman esa protección?

 

La ley de la ventaja comparativa se ocupa de esos casos difíciles y es por tanto indispensable para la defensa del libre comercio. Demuestra que incluso si, por ejemplo, el País A es más eficiente que el País B produciendo ambos productos X e Y, merecerá la pena al País A especializarse en producir X, en lo que el mejor produciendo, y comprar todo el producto Y a B, aunque es mejor produciéndolo pero no tiene tan gran ventaja comparativa como fabricando el producto X. En otras palabras, cada país debería producir no solo aquello en lo que tenga una ventaja absoluta en producir, sino en lo que es mejor, o al menos en lo que no es peor, es decir, en lo que tenga una ventaja comparativa en producir.

 

Así que si el gobierno del País A impone un arancel proteccionista a la importaciones del producto Y y mantiene por la fuerza un sector que fabrique dicho producto, este privilegio especial dañaría a los consumidores en el País A además de dañar evidentemente a la gente en el País B. Pues el País A, así como para el resto del mundo, pierde la ventaja de especializarse en la producción de aquello en lo que es mejor, ya que muchos de sus recursos escasos se ligan obligatoria e ineficientemente a la producción del producto Y. La ley de la ventaja comparativa destaca el importante hecho de que un arancel proteccionista en el País A produce daños a los sectores eficientes y a los consumidores en ese país, así como en el País B y el resto del mundo.

 

Otra implicación de la ley de la ventaja comparativa es que ningún país o región de la tierra quedaría fuera de la división internacional del trabajo bajo el libre comercio. Pues la ley significa que incluso si un país está en tan mal estado que no tiene ninguna ventaja absoluta en producir nada, sigue mereciendo la pena a sus socios comerciales, los pueblos de otros países, permitirle producir aquello en lo que sea menos malo.

 

De esta manera, los ciudadanos de todos los países se benefician del comercio internacional. Ningún país es tan pobre o ineficiente como para quedar fuera del comercio internacional y todos se benefician de que los países se especialicen en lo que son mejores o menos malos: en otras palabras, en aquello en lo que tengan una ventaja comparativa.”

Teorías sobre el cambio institucional y el impacto de la tecnología

He agregado al capítulo sobre Cambio Institucional las distintas teorías que buscan explicar porqué ciertas sociedades tienen instituciones de calidad y otras no. El tema lo había desarrollado primero en el Índice de Calidad Institucional 2013, y las teorías consideradas fueron:

1. Que es la geografía la que determina el progreso y no las instituciones

2. Que es la geografía la que determina las instituciones y, por ende, el progreso

3. Que es el conocimiento técnico y los incentivos politicos los que lo explican

4. Que es el tamaño de la jurisdicción (más pequeñas mejores instituciones y más progreso)

5. Que es la existencia de recursos naturales (muchas veces al revés, una maldición)

6. Que es el origen legal (common law o derecho continental codificado)

Para luego llegar a la que me interesa que es el papel de las ideas y valores.

Pero ahora agrego una más que está en Buena medida relacionada con esta última: la innovación tecnológica.

Se ha hecho más que evidente en estos últimos tiempos el impacto que tiene la tecnología en la vida diaria, y el aceleramiento de cambio tecnológico impulsado por la globalización y un mayor grado de apertura hacia los mercados. Y esos cambios tecnológicos no solamente cambian nuestra vida diaria, en buena medida cambian también la sociedad en la que vivimos, por lo que no sería desacertado señalar a ese cambio tecnológico como una de las causas del cambio institucional. Recientes cambios en países árabes fueron impulsados en buena medida por las redes sociales, como vimos en el capítulo sobre los límites al oportunismo político.

La teoría entonces tendría esta forma:

Innovación tecnológica
Cambio institucional
Progreso

 

 

 

Tomemos, por ejemplo, el caso del Bitcoin. Es el resultado de una innovación tecnológica que ha permitido crear esta cripto-moneda que, de ser aceptada en forma generalizada y si no fuera ahogada por la persecución estatal, bien podría modificar la institucionalidad monetaria para siempre. Aunque, de todas formas, la innovación tecnológica, y particularmente en este caso, no deja de ser una “idea”, por lo que el siguiente paso será considerar el papel que éstas cumplen en el cambio institucional.

El papel de las ideas para algunos famosos economistas, y la mejor cita de Keynes (o la única)

Esto va al capítulo sobre Cambio Institucional, algunas opiniones de destacados economistas sobre el papel de las ideas y los intereses en la sociedad (tal vez la única cita de Keynes que me parece correcta):

Los más destacados economistas del siglo XX han señalado la importancia de las ideas para explicar las políticas aplicadas y la evolución de las sociedades. Famosa es la cita de John Maynard Keynes en las Notas Finales de su obra Teoría General:

“…las ideas de los economistas y filósofos políticos, tanto cuando son correctas como erróneas, tienen más poder de lo que comúnmente se entiende. De hecho, el mundo está dominado por ellas. Los hombres prácticos, que se creen exentos de cualquier influencia intelectual, son usualmente esclavos de algún economista difunto. Locos con autoridad, que escuchan voces en el aire, destilan su histeria de algún escritorzuelo académico de uno años antes. Estoy seguro que el poder de los intereses creados es vastamente exagerado cuando se lo compara con el gradual avance de las ideas. No, por cierto, en forma inmediata, pero luego de un cierto intervalo; porque en el campo de la economía y la filosofía política no hay muchos que sean influenciados por nuevas teorías luego de sus veinticinco o treinta años de edad, por lo que las ideas que los funcionarios públicos y políticos, y aun los activistas aplican a los eventos actuales no es probable que sean las últimas. Pero, tarde o temprano, son las ideas, y no los intereses creados las que son peligrosas para bien o para mal” (Keynes, 1936, p. 383).

Ludwig von Mises (1949) dedica todo un capítulo de su obra Acción Humana (cap. X) con el título “El Papel de las Ideas”, en el cual afirma que la sociedad es producto de la acción humana guiada por ideologías, entendiendo a éstas como la totalidad de las doctrinas relacionadas con la conducta individual y las relaciones sociales más doctrinas sobre el “deber ser”, sobre los fines que el hombre debería perseguir. Es decir, el conjunto de teorías científicas respecto a los medios más una valoración respecto a los fines de la acción humana. Cualquier situación social es, para Mises, el resultado de ideologías desarrolladas previamente, que emergen y pueden reemplazar a otras existentes anteriormente y así transformar el sistema social, por lo que la sociedad es siempre la creación de “ideologías” temporal y lógicamente anteriores. La acción es siempre dirigida por ideas.

En el mismo año que Mises publicaba su obra magna, F. A. Hayek publicaba su artículo sobre los intelectuales y el socialismo (Hayek, 1949), que comienza así: “En todos los países democráticos, en los Estados Unidos aún más que en otros, prevalece una fuerte creencia de que la influencia de los intelectuales en la política es insignificante. Esto es en verdad cierto respecto al poder de los intelectuales para que sus opiniones particulares del momento influencien las decisiones, de la medida en la cual pueden influir el voto popular en cuestiones sobre las que difieren de las visiones actuales de las masas. Sin embargo, en períodos más largos probablemente nunca han ejercido una influencia tan grande como la que tienen hoy en esos países. Este poder lo ejercen moldeando la opinión pública” (p. 417).

Hayek define con la palabra “intelectuales” no ya a los autores originales de ciertas ideas sino aquellos que las reproducen, entre los cuales menciona a periodistas, maestros, ministros religiosos, publicistas, locutores de radio, escritores de ficción, de humor y todo tipo de artistas. En otros trabajos (Hayek, 1933 y 1954), describió el proceso de difusión de las ideas desde esos autores originales, pasando por los intelectuales hasta llegar a las grandes masas como gotas que caen en un estanque y generan círculos cada vez más amplios.

Finalmente, Milton & Rose Friedman (1989) presentan su versión de esta misma teoría en las siguientes palabras:

“…un cambio importante en la política social y económica está precedido por un cambio en el clima de la opinión intelectual, generado, al menos en parte, por circunstancias sociales, políticas y económicas contemporáneas. Este cambio puede comenzar en un país pero, si es duradero, termina por difundirse en todo el mundo. Al principio tendrá poco efecto en la política social y económica. Después de un intervalo, a veces de décadas, una corriente intelectual “tomada en su punto culminante” se extenderá al principio gradualmente, luego con más rapidez, al público en general y a través de la presión pública sobre el gobierno afectará las medidas económicas, sociales y políticas. A medida que la corriente de acontecimientos alcanza su punto culminante, la corriente intelectual comienza a disminuir, compensada por lo que A. V. Dicey denomina las contracorrientes de opinión, que representan generalmente una reacción a las consecuencias prácticas atribuidas a la corriente intelectual anterior. Las promesas tienden a ser utópicas. Nunca se cumplen, y por lo tanto desilusionan. Los protagonistas iniciales de la corriente de pensamiento desaparecen y la calidad intelectual de sus seguidores y partidarios disminuye en forma inevitable. Hacen falta independencia y coraje intelectuales para iniciar una contracorriente que domine la opinión, y también, aunque en menor medida, para unirse a la causa. Los jóvenes emprendedores, independientes y valientes buscan nuevos territorios para conquistar y ello requiere explorar lo nuevo y lo no probado. Las contracorrientes que juntan sus fuerzas ponen en movimiento la próxima marejada, y el proceso se repite”[1].

Desde otra perspectiva, es conocida la visión marxista de Antonio Gramsci sobre la conquista del poder cultural como etapa previa a la del poder político mediante la acción concertada de los intelectuales llamados ‘orgánicos’ infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios.

Asimismo, la conocida tesis de Max Weber (1920) referida al impacto de la religión en el crecimiento económico señalando que el espíritu del capitalismo moderno es caracterizado por la ética del trabajo reflejada principalmente por el protestantismo y, en particular, el calvinismo, podemos considerarla como una tesis que enfatiza el papel de las ideas, si bien restringida a valores provistos por la religión.

 

[1] Más recientemente, el profesor de Harvard, Dani Rodrik, sostiene que el análisis que simplemente refiere la causa de toda acción pública a una cuestión de incentivos económicos deja de lado el poderoso papel que cumplen las ideas: “Las ideas dan forma a los intereses, en un proceso que opera por tres vías. En primer lugar, determinan la autopercepción de las elites políticas y los objetivos que persiguen. En segundo lugar, las ideas determinan las creencias de los actores políticos respecto del funcionamiento del mundo. Si los grupos de poder empresariales creen que el estímulo fiscal solamente produce inflación, presionarán a favor de ciertas políticas; si creen que genera aumento de la demanda agregada, presionarán por otras. El gobierno fijará un impuesto menor si cree que es fácil evadirlo y uno mayor si piensa que es difícil. Las ideas determinan las estrategias que los actores políticos creen tener a su disposición”. (Rodrik, Dani; “La tiranía de la economía política”, Project Syndicate, La Nación, 17/2/13.