Educación para los pobres: ¿pública o privada?

En momentos de conflicto salarial de docentes y clases que no comienzan, es buena coincidencia tratar un tema relacionado con la educación de los pobres.

Una pausa en el tema de los valores y las instituciones.

Un alumno de la materia Applied Economics realizó la presentación de un texto de James Tooley y Pauline Dixon sobre la educación privada para los pobres, disponible aquí: http://www.elcato.org/pdf_files/ens-2006-11-15.pdf

Hace ya más de 20 años, realizando un trabajo para el Banco Mundial, Tooley descubrió, para su asombro, que los pobres del barrio más pobre de Lagos, Nigeria, enviaban a sus hijos a escuelas privadas en lugar de escuelas públicas cercanas. Se sorprendió, no pensaba que existieran. Cuando lo contó a sus compañeros del BM no le creyeron. A partir de allí recorrió los barrios más pobres del mundo, en la India, Paquistán, Ghana, China, y en todos ellos encontró escuelas privadas para los pobres. En el artículo mencionado resume las conclusiones de sus años de investigación.

Escribió recientemente un libro donde comenta todas sus experiencias:

The beautiful tree

En el contexto de los temas que estamos viendo en las clases la investigación es importante por lo siguiente:

–          En la visión predominante, los bienes y servicios se clasifican como privados o públicos según dos características:

  • La capacidad de excluir a los que no pagan
  • La rivalidad en el consumo

–          En cuanto a la exclusión se refiere, si no se puede excluir a quienes no pagan, no habría incentivo para proveer ese bien o servicio a través del mercado. Imaginemos una cafetería en la universidad, si pudiéramos simplemente pasar y llevarnos el café sin pagar, al día siguiente el dueño no estaría allí; para qué comprar café y otros insumos si luego no puede recuperar esos costos y ganar algo.

–          La rivalidad en el consumo se refiere a que un mismo bien o servicio no puede ser consumido por varias personas al mismo tiempo. EL café que yo me tomo, no lo puede tomar otro al mismo tiempo.

–          Según Samuelson, los bienes que tienen características de exclusión y rivalidad, son “privados”, y pueden ser provistos por el mercado; y los que no, son “públicos” y deberían ser provistos por el estado, ya que todos tenderíamos a ser usuarios gratuitos, “free riders”, siendo que todos valoramos pero no nos pueden obligar a pagarlo. El ejemplo más emblemático es el de un faro, que luego Ronald Coase discutiría (se trata este caso en el libro con mucho detalle).

En general, la gente afirma que la educación debería estar a cargo del estado o que éste debería cumplir un papel importante en ella. Pero atengámonos a la clasificación de Samuelson: ¿es la educación un bien público o privado? Bueno, es privado, ya que se puede excluir al que no pague (si no paga no puede ingresar al aula), y hay rivalidad en el consumo (en un aula entra un cierto número de alumnos, luego se produce congestión).

La prueba de que es un bien “privado” en este sentido es que el mercado lo provee sin inconvenientes. Entonces, ¿cuál es el carácter “publico” que justificaría el papel del estado como proveedor?

Tal vez podrúa argumentarse que el mercado puede proveer educación, pero que no va a proveer educación para los pobres. Este es el punto que contradice la investigación de Tooley: el mercado también provee educación para pobres.

Entonces, el problema a discutir tal vez sea otro, no ya si la provisión es posible o no; si no su financiamiento. Tooley muestra que los padres pobres están dispuestos y pagan la educación de sus hijos. En fin, pero son pobres, entonces el tema a considerar sería ése. En tal sentido, remito a los posts anteriores sobre soluciones a la pobreza.

Asimismo, puede ser que estas escuelas sean de muy Baja calidad. Esto es lo que resume el alumno en su presentación:

•Este paper trata sobre una investigación hecha en Ghana, Nigeria, Kenya e India para determinar que tan buena es la calidad de las escuelas privadas –y muchas veces clandestinas- dirigidas a las clases pobres, y que tanta penetración de estas instituciones existe en ese estrato social.
•A su vez, la idea es contrastar estos datos con los obtenidos sobre el sistema publico gratuito, y comparar las preferencias del usuario
•El hecho de que existan un gran numero de escuelas privadas, no registradas, podría ser una fuente de errores en el studio.
•Existe un gran interés en la población de escasos recursos en matricular a sus hijos en escuelas privadas
•Las escuelas privadas no registradas tienden a tener menores precios que las registradas
•Existe una tendencia de las escuelas privadas no registradas a ser fundadas después de la aparición de las escuelas privadas registradas, lo que sugiere una reacción a la falta de oferta.
•Las escuelas tienden a ser administradas por sus propietarios
•Los incentivos de cambiar a un hijo a una escuela publica, ej. la gratuidad de la primaria, no es muy potente en lograr un fuerte numero de cambios, y que estos cambios sean permanentes.
•Como una generalidad, las escuelas privadas –registradas o no- tenían mejor infraestructura que las publicas, y mayor presencia de docentes.
•En exámenes de desempeño la tendencia era clara a que hubiese mejores calificaciones en los alumnos de escuelas privadas
•Contrastando con estos resultados, los docentes de las escuelas publicas recibían salarios varias veces mayores que los docentes en escuelas privadas –ambos mostraron satisfacción con sus niveles de ingresos-

El mejor vino tinto del mundo… y barato

Excelente artículo sobre el vino Famiglia Bianchi Malbec, que acaba de ganar un concurso en Francia como el mejor vino tino del mundo y que, sin embargo, es barato, ya que su precio es (hasta ahora) de 96 pesos, o unos 10 dólares.

http://www.lanacion.com.ar/1674347-puede-un-vino-de-96-pesos-ser-el-mejor-del-mundo

El artículo presenta algunos comentarios muy útiles para explicar el papel que cumplen los costos en la formación de los precios. Hemos señalado en las clases que el valor es algo subjetivo, no objetivo, que depende de las valoraciones “subjetivas” de demandantes y oferentes, y que no puede explicarse a través de teorías que señalan al valor como originado en el trabajo o el costo de producción, o a la utilidad en la demanda y los costos en la oferta.

Sin embargo, la experiencia diaria pareciera indicar lo contrario: uno ve que el verdulero compra su mercadería, luego le agrega un porcentaje que cubra sus costos y le genere una ganancia y así establece su precio de venta. Algo similar plantea el artículo cuando se pregunta si un vino bueno es necesariamente caro o, como en este caso, resulta elegido como el mejor del mundo, pero es barato.

En primer lugar, el artículo señala que, en términos generales, existe un vínculo entre precio y calidad:

«A la hora de catar a ciegas, es posible que un vino de 80 pesos esté a la par de uno de 500, o uno de 40 con uno de 300. Todos pueden obtener buenos puntajes. Sólo que en la media, los vinos elaborados en gamas mayores de precios, y, por lo tanto, más cuidados, ofrecen mayor cantidad de matices y, por ende, suelen obtener puntajes más altos, porque se acercan más a la experiencia tope que busca un catador», agrega Hidalgo, creador de Vinómanos, la primera wine app de la Argentina.”

Este malbec ganó la competencia, ciega, es decir, los jueces cataban los vinos sin saber cuáles eran, pero el consumidor no va “ciego” a comprar, y por eso hay otros factores que entran en juego.

Ahora viene el argumento respecto a los costos:

“… hasta cierto punto el precio del vino refleja el costo de elaboración y, a mayor costo, es de esperar mayor calidad. «Hay una franja en la que el precio tiene justificación de costos: uvas más caras, barricas más caras, botellas más caras, enólogos y profesionales altamente remunerados, bodegas costosas. Esa cuenta se verifica siempre por debajo de los 50 o 60 pesos. Ahí, cada peso de aumento en los costos se traduce en un aumento del precio del vino. Esa brecha se estira hasta los 100/120 pesos hoy, aunque con la inflación es difícil establecer una barrera. De ahí en más, el precio no responde al costo, sino a un planteo comercial: si es más o menos exclusivo, a quién le habla la marca y quiénes son sus consumidores», explica Hidalgo.”

En verdad, como veremos luego con más detalle, el bodeguero que decide gastar “más” en un vino de 50 pesos lo hace tomando en cuenta “costos de oportunidad”, ya que en ese momento el dilema que se le presenta es si gasta más en mejores barricas o botellas para este vino, o gasta ese dinero en otra cosa, en otro vino, o en otra actividad. La evaluación de esas distintas alternativas es “subjetiva”, ya que lo hace evaluando potenciales ganancias futuras, pero inciertas.

«A partir de los 150 pesos, el precio de una botella se explica por una cuestión de marketing y de posicionamiento -coincide Fabricio Portelli, periodista especializado en vinos y sommelier-. El problema es que muchas bodegas miran a la de al lado para fijar sus estrategias de marketing y, entonces, si una sube el precio por alguna razón específica, las de al lado también lo suben. Por eso hay muchos vinos con precios inflados y consumidores que nunca llegan a terminar de enganchase con esas marcas.»

Aquí, ya claramente la demanda es subjetiva y el precio poco tiene que ver con el costo incurrido. Pues cuando se compra un vino no se busca solamente una determinada calidad. Dice el artículo:

“… Iglesias advierte que la calidad del vino no es el único factor que orienta la elección del consumidor. «La mayoría de los consumidores cuando abren una botella buscan la imagen de determinada botella en la mesa o el saber que al regalar un vino van a quedar bien. Y a veces todos esos factores no te los cubre sólo la calidad del vino: te los cubre el peso de la etiqueta. Y creo que eso también es respetable.» «Cada uno sabe lo que puede invertir en una botella de vino -afirma Portelli-. En función de eso, deberá primar la ocasión de consumo y qué quiero lograr: quiero impactar, quiero quedar bien con un regalo, quiero cumplir o que todos hablen del vino. Para lograr este tipo de cosas, hay que hacer el mínimo esfuerzo de informarse un poco.»

Estas valoraciones son claramente subjetivas. Entonces, del lado de los demandantes, está claro que dependerá de las preferencias de cada uno: unos buscan calidad, otros buscan marca, otros impresionar a quien lo invitó a comer, o impresionar a mis invitados, etc.

Es más, seguramente el precio del Famiglia Bianchi va a subir, pero no ya, o solamente, por el afán de lucro de sus productores, es que ahora nos está ofreciendo otra cosa. Aunque físicamente sea el mismo vino, en verdad no lo es. Ahora llego al asado con los amigos y llevo «el mejor tinto del mundo». ¿Cuánto vale eso? Mucho para algunos, nada para otros. Depende de las valoraciones subjetivas que son diferentes en cada uno de nosotros.

¿Y del lado de los oferentes? ¿Sus valoraciones, que llevan a establecer sus precios, dependen de sus costos?

Pues todo depende de qué costos estemos hablando. Si se trata de los costos contables, de los costos de producción, de cuánto me costó producir un vino, está claro que influyen pero no en el precio sino en la decisión de producir futuros vinos, para lo cual tomo en cuenta esos costos históricos, pero sin ninguna seguridad de que se repetirán en el futuro, por eso son “subjetivos”. En el momento en que la familia Bianchi se plantea hacer este malbec o no, realizará un cálculo de costos esperados y de ingresos esperados, y si el resultado es positivo, avanzará en su producción.

Pero una vez que el vino ha sido producido, lo que enfrenta el productor no es ya los costos de producción, que son costos del pasado, hundidos, sino “costos de oportunidad”. El costo de oportunidad son las otras alternativas que uno deja de lado cuando toma una decisión. Ahora la familia Bianchi tiene que decidir a qué precio lo ofrece, o si lo retiene para más adelante, o si lo mezcla con otro, etc.

En ese sentido, el costo de oportunidad de este malbec a 96 pesos puede bien haber sido ofrecerlo a 250 pesos o a 50 pesos. Pero, ¿qué cantidad se iba a vender a un precio o a otro? Tal vez lo ponían a 250 y no se vendía, o le quitaba mercado a otra marca de la misma bodega, y el resultado era negativo. Tal vez lo ponían a 50 y se vendía apenas cubriendo sus costos de producción pero deteriorando su marca, porque ahora quedaba catalogado como un vino “barato” que ya no da un servicio de “prestigio” al regalarlo a un amigo o socio.

Esa valoración respecto a las distintas posibilidades, es decir, respecto al “costo de oportunidad” es claramente subjetiva, vinculada con eventos futuros, y apenas relacionada con el costo de producción, que todo productor quiere recuperar, por supuesto, pero que no “determina” el precio al que finalmente se vende.

Excelente artículo sobre el vino Famiglia Bianchi Malbec, que acaba de ganar un concurso en Francia como el mejor vino tino del mundo y que, sin embargo, es barato, ya que su precio es (hasta ahora) de 96 pesos, o unos 10 dólares.

http://www.lanacion.com.ar/1674347-puede-un-vino-de-96-pesos-ser-el-mejor-del-mundo

El artículo presenta algunos comentarios muy útiles para explicar el papel que cumplen los costos en la formación de los precios. Hemos señalado en las clases que el valor es algo subjetivo, no objetivo, que depende de las valoraciones “subjetivas” de demandantes y oferentes, y que no puede explicarse a través de teorías que señalan al valor como originado en el trabajo o el costo de producción, o a la utilidad en la demanda y los costos en la oferta.

Sin embargo, la experiencia diaria pareciera indicar lo contrario: uno ve que el verdulero compra su mercadería, luego le agrega un porcentaje que cubra sus costos y le genere una ganancia y así establece su precio de venta. Algo similar plantea el artículo cuando se pregunta si un vino bueno es necesariamente caro o, como en este caso, resulta elegido como el mejor del mundo, pero es barato.

En primer lugar, el artículo señala que, en términos generales, existe un vínculo entre precio y calidad:

«A la hora de catar a ciegas, es posible que un vino de 80 pesos esté a la par de uno de 500, o uno de 40 con uno de 300. Todos pueden obtener buenos puntajes. Sólo que en la media, los vinos elaborados en gamas mayores de precios, y, por lo tanto, más cuidados, ofrecen mayor cantidad de matices y, por ende, suelen obtener puntajes más altos, porque se acercan más a la experiencia tope que busca un catador», agrega Hidalgo, creador de Vinómanos, la primera wine app de la Argentina.”

Este malbec ganó la competencia, ciega, es decir, los jueces cataban los vinos sin saber cuáles eran, pero el consumidor no va “ciego” a comprar, y por eso hay otros factores que entran en juego.

Ahora viene el argumento respecto a los costos:

“… hasta cierto punto el precio del vino refleja el costo de elaboración y, a mayor costo, es de esperar mayor calidad. «Hay una franja en la que el precio tiene justificación de costos: uvas más caras, barricas más caras, botellas más caras, enólogos y profesionales altamente remunerados, bodegas costosas. Esa cuenta se verifica siempre por debajo de los 50 o 60 pesos. Ahí, cada peso de aumento en los costos se traduce en un aumento del precio del vino. Esa brecha se estira hasta los 100/120 pesos hoy, aunque con la inflación es difícil establecer una barrera. De ahí en más, el precio no responde al costo, sino a un planteo comercial: si es más o menos exclusivo, a quién le habla la marca y quiénes son sus consumidores», explica Hidalgo.”

En verdad, como veremos luego con más detalle, el bodeguero que decide gastar “más” en un vino de 50 pesos lo hace tomando en cuenta “costos de oportunidad”, ya que en ese momento el dilema que se le presenta es si gasta más en mejores barricas o botellas para este vino, o gasta ese dinero en otra cosa, en otro vino, o en otra actividad. La evaluación de esas distintas alternativas es “subjetiva”, ya que lo hace evaluando potenciales ganancias futuras, pero inciertas.

«A partir de los 150 pesos, el precio de una botella se explica por una cuestión de marketing y de posicionamiento -coincide Fabricio Portelli, periodista especializado en vinos y sommelier-. El problema es que muchas bodegas miran a la de al lado para fijar sus estrategias de marketing y, entonces, si una sube el precio por alguna razón específica, las de al lado también lo suben. Por eso hay muchos vinos con precios inflados y consumidores que nunca llegan a terminar de enganchase con esas marcas.»

Aquí, ya claramente la demanda es subjetiva y el precio poco tiene que ver con el costo incurrido. Pues cuando se compra un vino no se busca solamente una determinada calidad. Dice el artículo:

“… Iglesias advierte que la calidad del vino no es el único factor que orienta la elección del consumidor. «La mayoría de los consumidores cuando abren una botella buscan la imagen de determinada botella en la mesa o el saber que al regalar un vino van a quedar bien. Y a veces todos esos factores no te los cubre sólo la calidad del vino: te los cubre el peso de la etiqueta. Y creo que eso también es respetable.» «Cada uno sabe lo que puede invertir en una botella de vino -afirma Portelli-. En función de eso, deberá primar la ocasión de consumo y qué quiero lograr: quiero impactar, quiero quedar bien con un regalo, quiero cumplir o que todos hablen del vino. Para lograr este tipo de cosas, hay que hacer el mínimo esfuerzo de informarse un poco.»

Estas valoraciones son claramente subjetivas. Entonces, del lado de los demandantes, está claro que dependerá de las preferencias de cada uno: unos buscan calidad, otros buscan marca, otros impresionar a quien lo invitó a comer, o impresionar a mis invitados, etc.

¿Y del lado de los oferentes? ¿Sus valoraciones, que llevan a establecer sus precios, dependen de sus costos?

Pues todo depende de qué costos estemos hablando. Si se trata de los costos contables, de los costos de producción, de cuánto me costó producir un vino, está claro que influyen pero no en el precio sino en la decisión de producir futuros vinos, para lo cual tomo en cuenta esos costos históricos, pero sin ninguna seguridad de que se repetirán en el futuro, por eso son “subjetivos”. En el momento en que la familia Bianchi se plantea hacer este malbec o no, realizará un cálculo de costos esperados y de ingresos esperados, y si el resultado es positivo, avanzará en su producción.

Pero una vez que el vino ha sido producido, lo que enfrenta el productor no es ya los costos de producción, que son costos del pasado, hundidos, sino “costos de oportunidad”. El costo de oportunidad son las otras alternativas que uno deja de lado cuando toma una decisión. Ahora la familia Bianchi tiene que decidir a qué precio lo ofrece, o si lo retiene para más adelante, o si lo mezcla con otro, etc.

En ese sentido, el costo de oportunidad de este malbec a 96 pesos puede bien haber sido ofrecerlo a 250 pesos o a 50 pesos. Pero, ¿qué cantidad se iba a vender a un precio o a otro? Tal vez lo ponían a 250 y no se vendía, o le quitaba mercado a otra marca de la misma bodega, y el resultado era negativo. Tal vez lo ponían a 50 y se vendía apenas cubriendo sus costos de producción pero deteriorando su marca, porque ahora quedaba catalogado como un vino “barato” que ya no da un servicio de “prestigio” al regalarlo a un amigo o socio.

Esa valoración respecto a las distintas posibilidades, es decir, respecto al “costo de oportunidad” es claramente subjetiva, vinculada con eventos futuros, y apenas relacionada con el costo de producción, que todo productor quiere recuperar, por supuesto, pero que no “determina” el precio al que finalmente se vende.

F von Wieser

El concepto de costo de oportunidad fue desarrollado por un economista austriaco, Friedrich von Wieser (1851-1926), uno de los fundadores de lo que luego se llamaría “Escuela Austriaca” de economía.

 

Autogobierno, Crimea, Escocia y James Bond

Me desvío por un momento de las teorías sobre el origen de las instituciones para comentar algo sobre estos temas.

Un artículo en La Nación comenta acerca del próximo plebiscito en Escocia sobre la independencia de este país del Reino Unido. El artículo relata la disputa entre dos James Bond: Sean Connery, quien promueve la independencia de Escocia, y Roger Moore, quien propone mantenerla como parte del Reino Unido.

http://www.lanacion.com.ar/1672331-dos-james-bond-se-enfrentan-por-la-independencia-de-escocia

Sean ConneryRoger Moore

En estos días, también, es noticia un plebiscito en Crimea acerca de la secesión de esa región de Ucrania y su incorporación a Rusia. ¿Cómo considerar estos casos?

En primer lugar, está clara la intención del gobierno ruso de controlar una región sobre la que proyecta un interés militar. También que el argumento expuesto de la existencia allí de ciudadanos de lengua rusa se parece al argumento de Hitler para anexarse Austria o los Sudetes. No son los mismos argumentos que se discuten en el caso de Escocia. Pero veamos por un momento el concepto general.

Un capitulo del libro El Foro y el Bazar trata sobre las limitaciones al poder, como una forma de limitar el oportunismo politico, la discrecionalidad y el abuso de poder. Tal vez tenga que incorporar algo sobre el autogobierno, como una forma en la que las minorías limitan el abuso de las mayorías.

Los escoceses se quieren «autogobernar». No es lo mismo en el caso de Crimea, allí no se quieren autogobernar sino ser parte de Rusia. Pero digamos que el derecho a autogobernarse incluiría también el derecho  a sujetarse a algún otro gobierno existente. Es decir, de la misma forma en que los escoceses quieren tener su propio gobierno podrían los rusos de Crimea querer ser parte de Rusia. ¿Por qué?

Porque al hacerlo se frena la posibilidad de que una mayoría (digamos ingleses en un caso y ucranianos en la otra) abusen de una minoría.

Pero, siguiendo con este mismo principio, una vez separadas Crimea y Escocia, ese principio se aplicaría ahora a otras minorías, esto es, ingleses en Escocia y ucranianos en Crimea. Ellos también tendrían un derecho al autogobierno y a separarse de Escocia y de Rusia. Es más, la aplicación del primer derecho debería incluir la aceptación del Segundo.

La pregunta siguiente seguramente es: ¿hasta dónde llega esto? Podría llegar hasta el nivel individual, pero es bastante probable, por un problema de escala en los servicios comunes, que se llegara hasta los gobiernos locales.

Algo así como ocurriera con los suizos. En época de la Reforma, los cantones decidieron si eran católicos o protestantes, la gente se acomodó en unos u otros (y esto no estuvo exento de problemas, por supuesto), y hasta los bordes pudieron modificarse para acomodar a unos u otros en el canton que preferían.

Pequeños cantones en Crimea podrían ejercer su autogobierno, y decidir si necesitan servicios de tipo «nacional», que podrían «comprar» en Rusia, o en Ucrania, o en la Unión Europea. O no comprar y auto-abastecerse, como Monaco, o Liechtenstein.

Por supuesto, esto está lejos de ser «políticamente posible», pero lo que parece que va a suceder no resuelve el problema y  va a generar otros, que pueden ser aún peores que los actuales.

La economía de Dallas Buyers Club

Muy bueno que esta película recibió varios premios Oscar.
La película cuenta la historia de un texano, ningún angel por supuesto, que se contagia de SIDA y como no consigue los remedios porque no están aprobados por la Food & Drug Administration se va a México donde se da cuenta que los puede conseguir, incluso como mayorista.
Inicia allí un negocio ilegal, llevando estas drogas a Estados Unidos y viendiéndolas a otras víctimas de la enfermedad.

Dallas Buyers Club
Aparece entonces la figura del emprendedor que busca satisfacer las necesidades de los consumidores, la de quienes practican la beneficencia privada voluntaria, los reguladores capturados por los intereses particulares. Incluso como  a través del comercio el personaje (Matthew McConaughey), que detesta a los gays, termina acercándose a ellos y volviéndose su amigo.
Excelente video del Moving Pictures Institute aquí:
https://www.youtube.com/watch?v=Qu4C1yi_FKw

Agendar también este canal de TV, donde está el ya famoso video con el debate Hayek-Keynes:

http://econstories.tv/?utm_source=March+5+2014+Newsreel&utm_campaign=newsreel+mar+5+2014&utm_medium=email

Dallas Buyers Club ganó también el premio 2014 Liberty in Film Awards que otorga anualmente el MPI. También fue premiada 12 años de Esclavitud.

http://www.thempi.org/2014_liberty_in_film?utm_source=March+5+2014+Newsreel&utm_campaign=newsreel+mar+5+2014&utm_medium=email

 

Subsidios

Otros dos interesantes informes Policy Analysis del Cato Institute, se refieren a los problemas que generan los subsidios.

En el primero, Michael Tanner (SNAP Failure: The Food Stamp Program Needs Reform: http://www.cato.org/publications/policy-analysis/snap-failure-food-stamp-program-needs-reform) comenta sobre este programa, mejor conocido como «Food Stamps». Tiene tantas características de programas que todos conocemos:

1. Fue iniciado como un programa temporario (no hay nada más permanente que un programa temporario de un gobierno), desde 1939 a 1943. Luego volvió para quedarse en 1964.

2. El objetivo inicial era más bien ayudar a los agricultores, permitía a los ciudadanos de bajos ingresos comprar lo que el Departamento de Estado de Agricultura consideraba «excedentes». Cuando los excedentes se acabaron, el programa terminó.

3. Fue cerrado porque nunca tuvo autorización del Congreso y hubo casos muy publicitados de fraude y corrupción.

4. Volvió en 1964 por medio de una ley que recibió apoyo bipartidario, lo que lo hace imbatible. Por un lado, les gusta a los demócratas como programa social, y a los republicanos porque subsidia a los agricultores.

5. Los dos últimos gobiernos, además, han salido a «venderlo» y a conseguir nuevos clients. Los beneficarios pasaron de 17 millones al comienzo de la administración Bush en 2000 a 48 millones en la actualidad. ¿Hay ese número de malnutridos en los Estados Unidos? Y no se refiere a los que se toman baldes de gaseosas o solo comen fast food.

6. Como otros subsidios, parece generar dependencia: casi 56% de los receptores lo hacen por más de cinco años, lo que sugiere que ya no es una ayuda temporal.

7. Esa dependencia parece extenderse a otros programas sociales. Menos de un 20% de los receptores tiene a  este programa como su ingreso, más del 30% tiene algún tipo de ingreso y el 60% tiene como ingreso otros programas sociales.

8. El gobierno federal tiene actualmente 126 programas contra la pobreza, 72 de los cuales proveen ayuda en dinero o en bienes por más de $668.000 millones anuales.

9. Desde que comenzó la «Guerra contra la pobreza» en 1965 se han gastado más de $15 billones en programas pero la tasa de pobreza ha permanecido relativamente constante desde entonces. Desde 2006 la tasa ha incluso aumentado pese a un masivo incremento en estos gastos.

 

El otro Policy Analysis a comentar es de Dalibor Rohac, «Solving Egypt’s Subsidy Problem», (http://www.cato.org/publications/policy-analysis/snap-failure-food-stamp-program-needs-reform). Los subsidios a los alimentos y combustibles en este país son 1/3 del gasto public, o 13% del PIB, pero su reforma es prácticamente imposible. Hubo varios intentos de reducirlos pero todos han fracasado. El autor propone su reemplazo por subsidios en dinero dirigido a los pobres, no estos que reciben todos.

El estado egipcio, además, controla los precios de los productos subsidiados y los mantiene por debajo de los precios de Mercado. Y para evitar el desabastecimiento que sería su resultado lógico, interviene también del lado de la oferta proveyendo insumos subsidiados y baratos a los productores o proveyendo los productos directamente. Por ejemplo, compra harina en el Mercado internacional, que provee luego más barata a los panaderos.

Dice el autor: «Como resultado, los subsidios a los precios llevan a sobreconsumo, distorsionan la oferta, reducen el ingreso de competidores y llevan a Baja calidad y malos servicios. Como el sistema de subsidios distorsiona los precios, también invita al arbitraje, mercados negros y contrabando».

Competencia imperfecta y antitrust

Como siempre, los Policy Analysis del Cato Institute son muy interesantes. Quiero comentar en esta oportunidad el siguiente:

William F. Shughart II & Diana W. Thomas, «Antritust Enforcement in the Obama Administration’s First Term: A Regulatory Approach». Policy Analysis Nr. 739: http://www.cato.org/publications/policy-analysis/antitrust-enforcement-obama-administrations-first-term-regulatory

Hace una revision de los cambios de política antitrust en la administración Obama en relación a las aplicadas (o acusado de no aplicar), por la administración Bush previa.

En relación a los procesos de fusión y adquisición de empresas, la autoridad de supervisión puede considerar que la compra de una empresa por otra reducirá la competencia y, tradicionalmente, implementa alguna de estas políticas: demanda deshacer una fusión una vez realizada; prohíbe una fusión antes de que ocurra; permite que las partes negocien un acuerdo entre sí que concluya con la venta de algunos activos de la nueva empresa hacia terceros, y si la autoridad aprueba este acuerdo la fusión puede avanzar.

Los problemas de la segunda alternativa son evidentes, suele llamarse a esto el problema de “desmezclar” los huevos una vez que se han batido las claras y las yemas. Dar marcha atrás es muy complicado, o imposible. Por eso, los gobiernos han preferido bloquear una fusión, para lo cual se demanda que por sobre cierto monto toda fusión requiere de aprobación previa. Pero si esto evita el problema antes planteado genera otros, ya que incentiva a futuros competidores y otros actores involucrados a plantear objeciones, oponerse, a realizar lobby para frenar la fusión. También desatará resistencias de políticos locales donde haya posibilidades de cierre de alguna fábrica o instalación, reduciéndose empleos, o recaudación fiscal.

De todas formas, estas decisiones que bloquean o deshacen una fusión suelen denominarse “estructurales”, ya que tienen como objetivo modificar o impedir una modificación en la estructura del mercado. Sin embargo, se estaría avanzando ahora hacia políticas que van más allá, regulando también conductas futuras, a las que se llama “conductistas”. Aquí la autoridad, tanto sea una agencia o un juez, como parte de aprobar un acuerdo de fusión impone ciertas conductas, tales como que la unidad de negocios A no acceda a la información que tiene la unidad de negocios B, ambas ahora de la misma empresa.  A diferencia de la política anterior, ésta genera ahora un proceso continuo de supervisión: antes simplemente se prohibía una fusión o se ordenaba dar marcha atrás, pero luego no había ya supervisión; ahora esto demanda una estructura de control permanente, y multiplica también los problemas y las posibilidades de búsqueda de rentas.

Los autores concluyen que este cambio de política ha convertido a funcionarios judiciales en reguladores y no tienen ni capacidad ni estructura para ello.

Interesante. Está claro que la política antitrust como tal es una intervención innecesaria en los mercados. Esto ha sido ampliamente desarrollado ya por muchos autores. Este trabajo no cuestiona esa política en su conjunto porque se dedica a analizar este cambio coyuntural, pero de todas formas muestra un avance hacia una peor calidad institucional en el area.

Venezuela e Instituciones

Está claro que la calidad de las instituciones en Venezuela es de lo peor. En el Índice de Calidad Institucional que elaboro aparece en el puesto 184 de 192 países. Al final de todo está Corea del Norte, un objetivo a alcanzar.

Quiero considerar aquí un argumento que he escuchado estos días en boca de todos los funcionarios y politicos chavistas, justificando su posición, uno que es común a todos los populismos latinoamericanos. Este es: hemos ganado 16 de 17 elecciones, no se puede torcer la voluntad popular, sería violar la democracia. A partir de allí, todas las protestas de estudiantes y opositores son «destituyentes», fruto de minorías que quieren avasallar los derechos de la mayoría, que ya se expresara en las urnas.

Este es un tema de filosofía política más que de economía, pero la calidad institucional es determinante para el desempeño económico. Y «calidad institucional» podría traducirse en tres palabras: límites al poder.

Esto es algo incomprensible para esa vision populista, donde la mayoría otorga un poder ilimitaoa al líder carismático para que promueva… el bienestar de la mayoría. ¿Y cómo vamos a limitarlo en eso?

El argumento choca con toda la tradición de la filosofía política moderna. En particular, desde la perspectiva contractualista, los individuos se suman al contrato social para una mejor protección de sus derechos, que ya poseen de antes, y están dispuestos a otorgar el monopolio de la coercion al Estado, en tanto éste actuará para defender y proteger esos derechos. Y están dispuestos a que el conductor de ese Estado sea electo democráticamente por una mayoría en tanto no viole ese contrato, violando sus derechos. Si la mayoría viola esos derechos, el contrato cae.

Uno de los capítulos del libro se llama «Limitaciones al oportunismo político», y comenta brevemente distintas propuestas para limitar el abuso de poder que incluyen algunas planteadas por los autores de Public Choice (como límites a los impuestos, al gasto, etc) y otras de tipo constitucional y de larga tradición como las cartas de derechos, la separación de poderes, etc. Una que menciona es la resistencia y la revolución.

En general, en cuanto a la defensa de los derechos individuales, han tenido más exito las resistencias pacíficas que las revoluciones violentas. Éstas han generalmente terminado en dictaduras. La caída del socialismo en Europa es el mejor ejemplo de las primeras.

Por ahora, lo de Venezuela parece ser una resistencia pacífica, y Leopoldo López, aunque no quiero realizar comparaciones, actúa en el modelo de Ghandi, se presenta ante una justicia que considera injusta, que viola el derecho básico de libertad de expresión.

¿Cuándo se justifica una conducta de este tipo? Cuando las instancias republicanas no existen y la minoría ve sus derechos avasallados sin poder defenderlos. No hay separación de poderes, no hay justicia independiente, la prensa es acosada. En este caso «la ley», viola derechos de la minoría, en particular el derecho a expresarse. La ley es legal, pero es inmoral. La mayoría ganó, pero es totalitaria.

Tal vez debamos decir que la calidad institucional de una democracia se define por la protección a los derechos de las minorías, siendo que la gestión del Estado quedan en manos de la mayoría. Esto ultimo impide que las minorías puedan sojuzgar a las mayorías, falta ahora que las mayorías respeten a las minorías.

O que consideren una solución a la Nozick, la más absoluta descentralización. Así, los que quieren estatismo viven juntos y se expropian entre sí; y los demás se agrupan donde se respetan sus derechos. Esto permitiría no imponer una determinada visión a nadie, tampoco la nuestra a los chavistas. Y para quienes se preocupan por la nacionalidad, tampoco implica necesariamente la secesión, simplemente que en algunas localidades, o municipios, por ejemplo, haya precios libres, se puedan realizar marchas, publicar todo tipo de opiniones; mientras que en otros rija el igualitarismo absoluto. La única condición a respetar es la libertad de salida, de unos a otros.

¿Qué tal chavistas? ¿Aceptarían ese desafío? Es fácil redistribuir lo ajeno, mucho más duro es redistribuir lo propio. Quisiera ver cuántos quedan en las jurisdicciones igualitarias. Por eso no se puede salir de Corea del Norte, o de Cuba.

Suizos y franceses contra la «inmigración masiva»

Desde Adam Smith, y sobre todo desde David Ricardo, sabemos que no hay mejor alternativa al libre comercio. A partir de allí, siempre ha sido nuestra propuesta de maxima la apertura unilateral, y el modelo más cercano de su éxito la política chilena, implementada por Pinochet pero (y no es menor el tema), profundizada por la Concertación. Siempre hemos pensado que los tratados regionales o bilaterales de libre comercio eran una forma de eludir la apertura completa.

Quiero señalar aquí, sin embargo, ciertos beneficios de ese tipo de tratados, que no tiene que ver con el comercio, sino con las limitaciones al poder que imponen. Nada menos que los suizos, un pueblo civilizado si los hay, ha votado ahora en contra de un acuerdo de libre inmigración laboral con Croacia. El rechazo triunfó con el 50.3%, lo que habla, en cierta forma, a favor de los suizos, ya que al menos señala que hay casi un 50% que está a favor. Esto es aun más valioso si notamos que la pregunta que tuvieron que contestar era si estaban a favor o en contra de la «inmigración masiva».

http://www.lemonde.fr/europe/article/2014/02/16/la-suisse-renonce-a-ouvrir-son-marche-du-travail-a-la-croatie_4367482_3214.html

Los politicos no son tontos, saben cómo presentar las preguntas. Así planteada es como si me preguntaran si estoy de acuerdo que la hinchada de Boca pueda entrar en mi casa a su gusto. Si, aun así, el 50% dijo que sí, confirma que no hay pueblo más civilizado que los suizos.

Uno no imagina a  Roger Federer diciendo que Novak Djokovic no puede entrar a su país. Algo similar sucede con los franceses.

Según una encuesta reciente, un 59% apoya una restricción de la circulación de ciudadanos «europeos» en Francia. Imaginen lo que pensarán de los inmigrantes sudacas o africanos.

http://www.lepoint.fr/politique/libre-circulation-en-europe-59-des-francais-veulent-imiter-les-suisses-15-02-2014-1792088_20.php

Ahora bien, los suizos se han generado un problema, porque tienen varios tratados firmados con la UE abriendo su Mercado laboral, y Croacia es ahora un miembro de la UE. Funcionarios europeos han señalado ya que si Suiza repudia ese tratado, caen en forma inmediata todos los tratados con la UE. Y está claro que la mayor parte del comercio suizo se dirige a Europa. Algo similar ocurre con los franceses, una política tal significaría el repudio a un principio central de la UE, la libre circulación de las personas. Entonces, la pregunta es, y al margen de que estos tratados sirvan para promover la apertura commercial o no, ¿sirven como una limitación a la barbarie?

La farsa del techo a la deuda pública

Debt ceilingEstados Unidos tiene una alta calidad institucional, no es el primero, pero sí está entre los diez o quince primeros en ese aspecto. Sin embargo, esto no quiere decir que estén cerca de la perfección o el óptimo.

Una prueba de esto es el nuevo debate sobre el techo de la deuda pública. En el capítulo sobre «límites al oportunismo politico» del libro, presento esta idea como una medida, entre otras, para limitar el poder y la discrecionalidad de los gobiernos.

Pero está claro que lo que está sucediendo allí es una farsa, ya que si cada vez que se llega al límite, se lo amplía, entonces efectivamente no hay ningún límite. Como los politicos son racionales y conocen bien cómo intentar manipular a la opinion pública, cuyo apoyo necesitan, amenzan con el cierre del gobierno, presentan escenarios dramáticos, cierran los servicios más visibles para los votantes, hasta que generan un ambiente de opinion pública que ejerce una irresistible presión para terminar con ese cierre y subir el techo.

En esta circunstancia, los líderes del Partido Republicano tiran la toalla y aprueban el aumento sin discutir. Una muestra de que la norma institucional no está cumpliendo su finalidad, la única utilidad que tiene es que saca el tema a la luz de tanto en tanto y llama la atención acerca del despilfarro publico.

Tal vez por esta misma experiencia es que James Buchanan proponía que este tipo de normas tuvieran rango constitucional. Supuestamente sería más difícil si cada vez que se elevara el techo fuera necesaria una enmienda. Aunque no se debe desestimar la creatividad de los politicos para eludir este límite.

¿Significa esto que no hay límite posible? En verdad hay dos tipos de límites: interno y externo. El que vimos aquí sería «interno», y también podríamos considerar la necesidad de un plebiscito para aumentar el techo, o un simple repudio generalizado a esa conducta.

El límite externo ha sido experimentado por otros paises: es el que impone el Mercado cuando los ahorristas e inversores no están dispuestos a prestar más.

La parábola de Argentina y la racionalidad de los politicos

La revista The Economist vuelve a presentar, en su tapa esta vez, un análisis serio y contundente de la «paradoja» argentina. Una respuesta a esa pregunta que tanto locales como extranjeros se hacen: ¿cómo puede ser que un país con recursos, naturales y humanos, de alta calidad, se suma en un constante intento de arruinar sus posibilidades?

Messi - The EconomistEl análisis del artículo es correcto, y coincide en gran medida con el que propongo en el Cap. 5 del libro. El problema es institucional y, antes de eso, de valores y cultura, de haber adoptado con fervor el dogma populista que desprecia el valor de las instituciones y resalta la figura del lider, que reduce la importancia de la productividad y la competencia enfatizando la redistribución, la protección y el privilegio.

Con particular referencia al caso de las políticas agrícolas que castigan la eficiente producción local, la pregunta que se busca contestar es: ¿porqué politicos que quieren aumentar su poder y ser reelectos aplican políticas que están destinadas al fracaso y a frustrar finalmente sus propios objetivos? ¿No es que racionalmente buscan alcanzar sus propios fines?

La respuesta es que el caso no niega su racionalidad, sino que el análisis de la realidad está mediado por un velo, por una «vision del mundo», que los lleva a creer que esas políticas en definitiva le permitirán alcanzar sus objetivos. Y esta visión, en el caso de las políticas agrícolas (retenciones a las exportaciones, etc.) se basa en una teoría económica (la enfermedad holandesa), en una vision de la función del estado (cuya función principal es redistribuir) y en un conveniente cálculo politico (es redituable imponer impuestos en un grupo altamente productivo, pero minoritario, para redistriuir a una mayoría).