Las elecciones políticas determinan ganadores y perdedores: no ocurre lo mismo en el mercado

Con los alumnos de la materia Public Choice para el Master en Política Económica de SMC University, analizamos las similitudes y las diferencias entre las decisiones que tomamos en el mercado y en la política. Si bien, los autores fundacionales de esta escuela enfatizaron la existencia de “intercambios” tanto en un caso como en el otro, también comprendieron sus diferencias. Éstas las señala aquí Bruno Leoni, en un artículo titulado “El Proceso Electoral y el Proceso de Mercado”, (Libertas 27, Octubre 1997) publicado originalmente en Il Político, vol. XXV, N° 4 (1960). Reproducido como apéndice en Freedorn and The Law, Liberty Fund Inc., Indianapolis 1991:

“Si bien pueden existir muchas similitudes entre los votantes y los operadores de mercado, las acciones de ambos distan mucho de ser semejantes. Los votantes no parecen tener normas de procedimiento que les permitan actuar con la flexibilidad, independencia, coherencia y eficiencia que demuestran los operadores del mercado, que hacen elecciones individuales. Por cierto, en ambos casos las acciones que se llevan a cabo son individuales, pero se impone la conclusión de que el voto es un tipo de acción individual que, casi de modo inevitable, sufre cierto grado de distorsión al ser ejercida.

Elecciones

La legislación, considerada como resultado de la decisión colectiva de un grupo -sea la de todos los ciudadanos, como en las democracias directas de la antigüedad, o la de algunas pequeñas unidades democráticas en la edad media o en los tiempos modernos-, parece ser un proceso de creación de leyes que casi no puede ser identificado con el proceso de mercado. Únicamente los votantes que pertenecen a las mayorías triunfadoras (si, por ejemplo, se vota por la regla de la mayoría) son comparables a los operadores del mercado.

En cuanto a aquellos que integran las minorías perdedoras, ni siquiera pueden compararse con los que operan en el mercado en pequeña escala, porque debido a la divisibilidad de los bienes (que constituye el caso más frecuente) éstos al menos pueden encontrar algo que elegir y obtenerlo, siempre que paguen el precio correspondiente. La legislación es el resultado de una decisión de todo o nada. O se gana, y entonces se consigue exactamente lo que se desea, o se pierde y no se consigue nada en absoluto. Lo que es aun peor, se obtiene algo que no se quiere y se paga por ello lo mismo que si se lo hubiera deseado. En este sentido, los que ganan y los que pierden en una votación son como los vencedores y los vencidos en un campo de batalla. En efecto, la votación es más bien el símbolo de un combate que la reproducción de una operación de mercado.

Bien mirado, no hay nada de «racional» en el acto de votar que pueda compararse con la racionalidad imperante en el mercado. Obviamente, la votación puede estar precedida por argumentaciones y negociaciones, y en este sentido sería tan racional como una operación en el mercado; pero cuando llega el momento de emitir el voto, ya no se puede argumentar o negociar más. El individuo se encuentra en otro plano. Las boletas se acumulan como si se acumularan piedras o conchillas, lo que implica que uno no gana porque tenga más razón que otros, sino sólo porque cuenta con más boletas. En esta operación no se tienen socios ni interlocutores, sólo aliados o enemigos. Por supuesto que la acción de un individuo puede ser considerada tan racional como las de sus aliados y las de sus enemigos, pero el resultado final no es algo que pueda explicarse sencillamente como un escrutinio o una combinación de sus razones y las de aquellos que votaron en su contra. Este aspecto de la votación se refleja naturalmente en el lenguaje que emplean los políticos: éstos hablan de muy buena gana de campañas que se deben emprender, de batallas que es preciso ganar, de enemigos contra los cuales hay que luchar.

Ése no es el lenguaje del mercado, y la razón es obvia: en el mercado la oferta y la demanda no sólo son compatibles sino complementarias; en la arena política, a la que pertenece la legislación, la elección de los ganadores por un lado y la de los perdedores por otro no son complementarias, ni siquiera compatibles. Es sorprendente comprobar cómo los teóricos y el ciudadano común pasan por alto esta consideración tan simple -más bien diría tan evidente- sobre la naturaleza de las decisiones grupales (y en particular sobre la votación, que es el procedimiento usual para tomarlas).

Alberdi comenta el papel del Cristianismo en la historia. Tal vez el Papa Francisco debería leerlo

 

Con el título “LA OMNIPOTENCIA DEL ESTADO ES LA NEGACIÓN DE LA LIBERTAD INDIVIDUAL*, presentó una conferencia el Dr. Juan Bautista Alberdi, el 24 de Mayo de 1880, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en oportunidad de la Colación de Grados realizada para otorgarle el Título de Miembro Honorario. En el siguiente texto, comentan a Alberdi el Alm. Carlos A. Sánchez Sañudo y el Dr. Edgardo Manara en el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires el 26 de Agosto de 2003:

Alberdi 2

LA GRAN REVOLUCION DEL CRISTIANISMO

“Pero la gran Revolución que trajo el Cristianismo en la noción del hombre, de Dios, de la familia, de la sociedad toda entera cambió radical y diametralmente las bases del sistema greco-romano”.

“El Cristianismo no era la religión de una familia, de una ciudad ni de ninguna raza. No pertenecía ni a una casta ni a una corporación. Desde su comienzo llamaba a la humanidad toda entera. Jesucristo decía a sus discípulos: Id a instruir a todos los pueblos. Para este Dios que era único y universal no había extranjeros; no fue un deber para el ciudadano detestar al extranjero. El Cristianismo es la primera religión que no haya pretendido que el derecho dependiese de ella. Haciendo de cada hombre el hermano de otro hombre a quien debe respeto y amor de hermano, el Cristianismo ha creado la igualdad, es decir, la libertad de todos por igual”, agrega Alberdi.

“Sin embargo, el renacimiento de la civilización antigua entre las ruinas del Imperio Romano y la formación de los estados modernos, conservaron o revivieron los cimientos de la civilización pasada y muerta, no ya en el interés de los estados mismos, todavía informes, sino en la de los gobernantes, en quienes se personificaba la majestad, la autoridad y la omnipotencia del estado.”

“De ahí el despotismo de los reyes absolutos surgidos de la feudalidad de la Europa regenerada por el Cristianismo. El estado continuó siendo omnipotente respecto de cada persona, pero personificado en su soberano, en sus monarcas, no en sus pueblos.»

“La omnipotencia de los reyes tomó el lugar de la omnipotencia del Estado. Quienes no dijeron “El Estado soy yo”, lo pensaron y creyeron, como aquel que lo dijo” destaca Alberdi.

“Luego, sublevados contra los reyes, los pueblos los reemplazaron en el ejercicio del poder; la soberanía del pueblo tomó el lugar de la soberanía de los monarcas, aunque teóricamente. Pero lo importante es lo que veremos ahora, la división que, a partir de este introito greco-romano. Alberdi hace de la patología política contemporánea, que explica la de nuestros días y también nuestras crisis progresivas e ininterrumpidas.

En un año electoral (Argentina, Guatemala, España), no está mal ver algo de «Elección Pública»

Con los alumnos de la materia “Public Choice”, de la Maestría en Política Económica del SMC comenzamos el análisis de esta disciplina con una presentación de su más importante autor, James Buchanan, quien explica el contenido de este “programa de investigación” en un artículo titulado “Elección Pública: Génesis y Desarrollo de un Programa de Investigación”, publicado en castellano en la Revista Asturiana de Economía RAE Nº 33, 2005. El tema vale la pena, no solamente para los alumnos sino en momentos de plena campaña electoral y proximidad de elecciones en varios países de habla hispana (Argentina, Guatemala, España, por ejemplo). Algunos párrafos:

Buchanan

“Mi subtítulo caracteriza a la elección pública como un programa de investigación en vez de como una disciplina o incluso como una subdisciplina (la definición lakatosiana parece que cuadra muy bien). Un programa de investigación exige aceptar un centro firme de supuestos que imponen límites al dominio de la investigación científica, a la vez que, simultáneamente, la protegen de críticas en esencia irrelevantes. El centro firme de la elección pública se puede resumir en tres supuestos: (1) individualismo metodológico, (2) elección racional, y (3) política-como-intercambio. Los dos primeros bloques de esta construcción científica son los que le dan forma a la economía más básica y generan pocas críticas desde el frente de los economistas, aunque sean centrales en los ataques de los no economistas a esta empresa en su conjunto. El tercer elemento del centro firme es menos familiar y lo trataré de una forma más completa posteriormente.

Desde una perspectiva cronológica, este programa de investigación se vincula a medio siglo, durante el cual se ha creado, desarrollado y madurado. Aunque hubo precursores, algunos de los cuales se incluirán en el relato que sigue, podemos fechar los orígenes de la elección pública a mediados del siglo XX. Y, en sí mismo, este hecho es de gran interés.

Visto retrospectivamente, desde la ventajosa posición de 2003, el “hueco” existente en la explicación científica para el que surgió la elección pública parecía ser tan grande que el desarrollo del programa da la impresión de haber sido inevitable.

Al salir de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos, incluso en las democracias occidentales, estaban asignando entre un tercio y un medio de su producto total a través de instituciones políticas de tipo colectivo en vez de a través de los mercados. A pesar de ello, los economistas estaban dedicando sus esfuerzos de manera casi exclusiva a explicaciones-interpretaciones del sector de mercado. No se le dedicaba atención a la toma de decisiones políticas de tipo colectivo. Los profesionales de la ciencia política no lo hacían mejor. No habían desarrollado bases explicativas, no contaban con teoría, por así decirlo, de las que se pudieran deducir hipótesis falsables en términos operativos.

Así pues, el sector politizado de las interacciones sociales estaba, en su conjunto, “pidiendo a gritos” modelos explicativos diseñados para contribuir a la comprensión de la realidad empírica que se observaba. Mi propia e insignificante primera aportación al tema (Buchanan, 1949) fue poco más que un llamamiento dirigido a aquellos economistas que estudiaban los impuestos y los gastos en el sentido de que prestaran alguna atención a los modelos de políticas que se suponía estaban vigentes. Y, con la excepción del importante, pero olvidado, trabajo de Howard Bowen (1943), incluso aquéllos que habían realizado las contribuciones seminales reconocidas no parecían apreciar el hecho de que estaban entrando en territorio desconocido.”

Cuando se distorsionan los precios, se distorsiona el cálculo económico y todo el Sistema de mercado

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos con los alumnos de la UBA en Derecho. Su segunda conferencia se tituló “Socialismo” y trata ese tema. Mises comenta:

“Cuando se llega al momento de elegir entre el socialismo y el capitalismo como sistema económico, el problema es algo diferente. Los autores del socialismo nunca sospecharon que la industria moderna, y que todas las operaciones del negocio moderno, están basados sobre el cálculo. Los ingenieros no son, de ninguna manera, los únicos que hacen planes sobre la base de cálculos; los empresarios también deben hacerlos. Y los cálculos de los empresarios están basados sobre el hecho que, en la economía de mercado, los precios de las cosas, expresados en dinero, informan no sólo al consumidor, sino que también proveen al empresario de información vital sobre los factores de producción, siendo la principal función del mercado no meramente determinar el costo de la última parte del proceso de producción y transferencia de los bienes a las manos del consumidor, sino también el costo de los pasos previos que llevan a esa última etapa. Todo el sistema de mercado está ligado por el hecho que existe una división del trabajo, mentalmente calculada, entre los varios empresarios que compiten unos con otros pujando por los factores de producción – las materias primas, las maquinarias, los instrumentos – y por el factor humano de la producción, la remuneración pagada por el trabajo.

Esta especie de cálculo hecho por el empresario. No puede efectuarse en ausencia de los precios provistos por el mercado. En el mismo momento en que se decide abolir el mercado – que es lo que los socialistas querrían hacer – se convierten en inútiles todas las computaciones y todos los cálculos de los ingenieros y de los técnicos. Los tecnólogos pueden producir una gran cantidad de proyectos los cuales, desde el punto de vista de las ciencias naturales, son todos igualmente factibles, pero se requiere disponer de los cálculos del empresario, basados sobre el mercado, para determinar con claridad cuál de los proyectos es más ventajoso desde un punto de vista económico.

El problema que tratamos aquí es el tema fundamental del cálculo económico capitalista en oposición al socialismo. El hecho es que el cálculo económico, y como consecuencia toda la planificación tecnológica, es posible solamente si hay precios expresados en dinero, no sólo de los bienes de consumo, sino también de los factores de producción.

Esto significa que debe existir un mercado para materias primas, uno para bienes semi-terminados, otro para herramientas y maquinarias Así como para todo tipo de trabajos y servicios brindados por las personas.

Cuando este hecho fue descubierto, los socialistas no sabían como responder. Por 150 años habían dicho: ‘Todos los males en el mundo provienen del hecho que hay mercados y precios de mercado. Deseamos abolir el mercado y con él, desde luego, la economía de mercado, y substituirla por un sistema sin precios y sin mercados’ Deseaban abolir lo que Marx llamaba ‘característica de commodity’ de los precios y del trabajo. Cuando enfrentaron este nuevo problema, los autores socialistas, no teniendo respuesta alguna, finalmente dijeron: ‘No aboliremos el mercado totalmente, fingiremos que existe un mercado, jugaremos al mercado como los niños juegan a la escuela’. Pero todos saben que cuando los niños juegan a la escuela no aprenden nada. Es sólo un ejercicio, un juego, y se puede ‘jugar’ a muchas cosas.”

 

Alberdi y Hayek sobre la soberanía del pueblo, o los límites de esa soberanía sobre mi libertad

Con el título “LA OMNIPOTENCIA DEL ESTADO ES LA NEGACIÓN DE LA LIBERTAD INDIVIDUAL*, presentó una conferencia el Dr. Juan Bautista Alberdi, el 24 de Mayo de 1880, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en oportunidad de la Colación de Grados realizada para otorgarle el Título de Miembro Honorario. En el siguiente texto, comentan a Alberdi el Alm. Carlos A. Sánchez Sañudo y el Dr. Edgardo Manara en el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires el 26 de Agosto de 2003:

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“Hemos elegido para esta síntesis del “Evangelista de la Libertad” –como con justicia se ha llamado al gran tucumano- porque consideramos que permite realizar comprobaciones importantes: la primera relacionada con la continuidad del pensamiento de Alberdi a lo largo de toda su obra doctrinaria, desde el Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho, hasta la obra que hoy comentamos, escrita ésta a los setenta años, cuatro antes de su muerte. La segunda, porque en este trabajo realiza una suerte de “estudio de los escollos y peligros a que están expuestas las libertades” o, mejor aún, un “Análisis de la Patología Político-institucional en Sud América”, adelantándose cien años al análogo estudio realizado por el Premio Nobel Friedrick Hayek en sus Fundamentos de la Libertad y en su posterior libro Derecho, Legislación y Libertad, de indiscutible actualidad. Y la tercera comprobación es que nos permite constatar la modernidad del pensamiento y mensaje de Alberdi, que hizo de nuestra patria una gran nación mientras lo respetamos y que nos ha sumido en la lamentable situación actual cuando, desde hace seis décadas. Irracionalmente lo abandonamos (fin de la segunda guerra mundial).

LA CONTINUIDAD DE LA OBRA DE ALBERDI (Carlos Sánchez Sañudo)

Brevemente recordaré que, en su primera obra doctrinaria, el Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho, señala el joven de 27 años: “El pueblo no es soberano de mi libertad, ni de mi inteligencia, ni de mis bienes, ni de mi persona, que tengo de la mano de Dios, sino por el contrario, no tiene soberanía sino para impedir que se me prive de mi libertad, de mis bienes, de mi persona. De modo que, cuando el pueblo o sus representantes, en vez de cumplir con ese deber, son los primeros en violarlos, no son criminales únicamente sino también perjuros y traidores.”

Esta es la misma idea de la libertad civil que desarrolla en la obra que hoy comentamos, casi como un himno a la libertad individual y al orden social que ella implica.

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Al respecto recordamos que el Premio Nobel von Hayek concordantemente ha expresado que “la voluntad popular es soberana, pero en modo alguno ilimitada”, como creen los demócratas antiliberales.

 

Starbucks, además del café, ¿podría ofrecernos una de las monedas en competencia de Hayek?

Hemos estado viendo en este blog, algunos párrafos de Hayek sobre la competencia de monedas, y asociando sus ideas con el posterior surgimiento de las cripto-monedas, entre las cuales la que más se conoce es el Bitcoin.

Pero como ocurre en los demás ámbitos, de la innovación en materia de bienes y servicios, es muy difícil pronosticar por dónde se canalizará la iniciativa empresarial en el futuro y cuál será la o las monedas que nos vayan a ofrecer. Tal vez ni las imaginamos en estos momentos, pero lo cierto es que parece haber cambios y novedades a diario.

Tomemos esta noticia como ejemplo. El diario Cronista la publica con el título “El café como moneda: el plan de fidelización de Starbucks podría crear la nueva bitcoin”: http://www.cronista.com/finanzasmercados/El-cafe-como-moneda-el-plan-de-fidelizacion-de-Starbuckspodria-crear-la-nueva-bitcoin-20150729-0034.html

En verdad, no sería tan extraño pensar en que el café fuera moneda. El cacao era la moneda de los mayas, y el café es un commodity con amplia aceptación en el consumo global. Pero tal vez nunca imaginamos que se convirtiera en moneda por medio del plan de fidelidad de Starbucks.

El café, además, parece cumplir con una de las condiciones necesarias para una moneda: su uso generalizado, su «liquidez» en términos monetarios. Por ejemplo, un reciente estudio de Gallup muestra que alrededor del 65% de los norteamericanos toman al menos una taza de café por día: http://www.gallup.com/poll/184388/americans-coffee-consumption-steady-few-cut-back.aspx?utm_source=alert&utm_medium=email&utm_content=morelink&utm_campaign=syndication

Aquí va la nota entera del Cronista:

starbucks

“Por mucho tiempo las aerolíneas han dado millas a sus clientes por las compras hechas con sus tarjetas de crédito realizadas en otras tiendas. Ahora Starbucks quiere intentar una hazaña similar con su programa de lealtad.

La cadena de cafeterías ha realizado acuerdos con el servicio de música Spotify, el New York Times y de intercambio con Lyft, lo cual permitirá a los clientes ganar puntos para bebidas gratis y comida en Starbucks. El programa reparte ‘Stars‘ cuando los usuarios hacen compras. Es la forma de moneda que funciona con aplicaciones móviles o tarjetas de fidelidad de Starbucks.

El reto ahora es construir una red de estrellas más allá de los primeros socios. El director ejecutivo, Howard Schultz, dijo que la compañía está buscando sumar negocios de una variedad de industrias que podrían trabajar con el programa, con el objetivo de impulsar a los clientes a visitar Starbucks más a menudo.

Starbucks tiene actualmente 10.4 millones de miembros de la lealtad con los programas activos, un 28% respecto al año anterior, dijo Schultz. La iniciativa ha conseguido un crecimiento de clientes usando sus teléfonos para pagar sus pedidos de Starbucks. En Estados Unidos, los pagos móviles ahora representan una quinta parte de todas las transacciones en las tiendas, más del doble del nivel de hace dos años.

El programa también es un paso hacia un futuro en el que se reciben Starbucks «Stars» de manera similar a las millas de las líneas aéreas, bitcoin, tarjetas de regalo y oro. Como parte de su asociación con Starbucks, Spotify, el Times y Lyft han comprado un número de Stars ellos mismos. La idea es utilizarlos para recompensar a los clientes cuando se suscriban o comprar viajes.

«Eso es algo muy cerca a ser como una moneda», dijo James Wester, director de investigación de IDC Financial Insights.

Los futuros socios «Star» podrían ser empresas como Staples Inc., Chipotle Mexican Grill Inc., AMC Entertainment Holdings Inc. y Netflix Inc., según los analistas. Schultz dijo que los futuros participantes pueden ser nombrados en los próximos trimestres.

Si la plataforma de «Stars» acumula suficiente apoyo, podría convertirse en la moneda de bienes digitales, dijo Chetan Sharma, analista independiente de la industria inalámbrica. Eso significa que los clientes podrían utilizar los puntos para pagar por las canciones, videos y juegos en línea.”

Alguna vez el monopolio estatal de la moneda fue útil… Alguna vez…, y hace mucho tiempo que no

La publicación de un par de posts sobre la competencia de monedas desató una discusión en el blog que también tenemos con Adrián Ravier, Nicolás Cachanosky y Gabriel Zanotti sobre la conveniencia o no de tener una sola moneda, lo cual facilitaría la comparación de todos los precios.

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata este tema y señala que no es cuestión de pensar solamente en las ventajas de una moneda única, hay que tomar en cuenta también sus costos. Al principio los beneficios pueden haber sido superiores, pero luego…, en fin, hemos visto ya los costos del monopolio estatal. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

Hayek

Ventajas iniciales del monopolio estatal del dinero

“Quizás cuando la economía monetaria se extendía lentamente a todas las regiones y uno de los principales problemas era enseñar a la gente a calcular en dinero (y de esto no hace tanto tiempo) se pudiera considerar conveniente tener un solo tipo de moneda fácilmente reconocible. Se puede argüir que dicho tipo uniforme y su uso exclusivo fue de gran utilidad para la comparación de precios y por tanto al objeto de ampliar la competencia y el mercado. Asimismo, cuando para determinar la autenticidad del dinero metálico era necesario emplear un difícil proceso de aquilatamiento y los particulares no tenían ni los medios ni la capacidad para hacerlo, pudo haber sido de utilidad (al objeto de garantizar la ley de las monedas) el sello de una autoridad generalmente reconocida que, fuera de los grandes centros comerciales, sólo podía ser el Estado.

Pero hoy en día estas ventajas iniciales, que pudieron servir de excusa para la apropiación por el Estado del derecho exclusivo de emitir dinero en metálico, no compensan las desventajas del sistema. Tiene los mismos defectos que todos los monopolios: es forzoso utilizar su producto aunque no sea satisfactorio, y, sobre todo, impiden el descubrimiento de métodos mejores de satisfacer necesidades, métodos que el monopolista no tiene ningún interés en buscar.

Si el público comprendiera el precio que paga en inflación periódica e inestabilidad por la conveniencia de utilizar un solo tipo de moneda en las transacciones normales y contemplara las ventajas de emplear varios, seguramente encontraría el precio excesivo. Tal comodidad es mucho menos importante que la de utilizar una moneda fidedigna que no trastorne periódicamente el flujo normal de la economía —oportunidad de la que el público ha sido privado por el monopolio gubernamental. Ahora bien, la gente nunca ha tenido ocasión de descubrir la alternativa. Los gobiernos siempre han alegado poderosos motivos para convencer a las gentes que el derecho de emitir moneda debía pertenecerles en exclusiva. A todos los efectos, mientras se trataba de la emisión de monedas de oro, cobre o plata, no importaba tanto como hoy en día, cuando conocemos la existencia de todo tipo de posibles monedas, incluido el papel, que el gobernante cada vez suministra peor y de las que puede abusar más que del dinero metálico.”

 

El subsidio estatal al arte: ¿acaso los burócratas hubiesen descubierto a van Gogh?

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramos con los alumnos de la UBA en Derecho. Su segunda conferencia se tituló “Socialismo” y trata ese tema. Pero en un punto se detiene a analizar el papel del gobierno en la promoción del arte. ¿Cómo determinar cuál es un artista prometedor para apoyarlo? Algunos autores han planteado que los artistas se ven inclinados en favor de ideas socialistas por dos razones: una de ellas es porque tienen una sensibilidad particular (aunque cuando se trata de defender derechos de autor son extremadamente capitalistas); la otra porque piensan que la gente (o el ‘mercado’) no tiene capacidad para comprender y valorar su capacidad creativa. Sin embargo, ¿acaso un funcionario público la tendría? Mises comenta:

“Ha habido pintores, poetas, escritores, compositores que se quejaron que el público no reconoció su obra lo cual fue la causa principal que permanecieran pobres. El público, ciertamente, puede haber tenido una pobre manera de juzgar, pero cuando estos artistas dijeron: ‘El gobierno debe sostener a los grandes artistas, pintores y escritores’ estaban muy equivocados. ¿A quién debería el gobierno confiar la tarea de decidir si un recién llegado es un gran pintor o no? Debería confiar en el criterio de los críticos, y de los profesores de historia del arte que permanecen mirando el pasado y rara vez han mostrado el talento para descubrir nuevos genios. Esta es la gran diferencia entre un sistema de ‘planificación’ y un sistema en el que cada uno puede planificar y actuar por sí mismo.

Van gogh

Es cierto, desde ya, que grandes pintores y grandes escritores a menudo han tenido que soportar dificultades muy grandes. Pueden haber tenido éxito en su arte pero no siempre en conseguir dinero. Van Gogh, ciertamente, fue un gran pintor. Tuvo que atravesar dificultades insoportables y, finalmente, cuando tenía treinta y siete años, se suicidó.

Durante toda su vida vendió solamente una pintura cuyo comprador era su primo. Aparte de esta única venta, vivió del dinero de su hermano, que no era un artista ni un pintor. Pero el hermano de Van Gogh entendía las necesidades de un pintor. Hoy no se puede comprar un Van Gogh por menos de cien o doscientos mil dólares. Bajo un sistema socialista, el destino de Van Gogh podría haber sido diferente. Algún funcionario oficial habría preguntado a algunos pintores bien conocidos (a quienes Van Gogh ni siquiera los hubiera considerado artistas) si este joven, medio o totalmente loco, era realmente un pintor digno de sostener. Y ellos, sin ninguna duda, habrían contestado: ‘No, no es un pintor, no es un artista, es solamente un hombre que desperdicia pintura’ y lo habrían enviado a una usina láctea o a un asilo de locos. Por lo tanto todo este entusiasmo a favor del socialismo por una creciente generación de pintores, poetas, músicos, periodistas, actores, está basado sobre una ilusión. Menciono esto porque estos grupos están entre los más fanáticos sostenedores de la idea socialista.”

 

Hayek anticipa al «bitcoin». El mundo del futuro será ‘hayekiano’, con muchas monedas compitiendo

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar, o en Europa cuando se plantea la potencial salida de Grecia del Euro. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

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“Si vamos a considerar seriamente la utilización de diversas valutas concurrentes para su aplicación inmediata en un área limitada, es evidentemente deseable investigar las consecuencias de la aplicación general del principio sobre el que se basa esta propuesta. En el caso de que se aboliera —dentro del territorio de un país— el uso exclusivo de una sola moneda nacional emitida por el gobierno, hallándose permitida la circulación de monedas emitidas por otros gobiernos, se plantearía la cuestión de si no sería más conveniente suprimir el monopolio gubernamental de emisión monetaria, permitiendo que la empresa privada ofreciera al público otros medios de cambio que éste pudiera preferir.

Actualmente, los problemas que plantea esta reforma tienen un carácter más teórico que los planteados por mi anterior propuesta [que las monedas de los distintos países europeos fueran aceptadas en los otros, en lugar de tener una moneda única como el euro], toda vez que esta sugerencia más extrema resulta todavía demasiado extraña al público para poder ponerse en práctica. Ni siquiera los expertos conocen suficientemente la problemática que surgiría La generalización del principio subyacente para poder hacer predicciones seguras sobre las consecuencias de dicho plan. Es evidente, sin embargo, que no es necesaria ni ventajosa la incuestionable y universalmente aceptada prerrogativa del gobierno de producir el dinero. De hecho, puede resultar perjudicial y su eliminación constituiría un gran avance, dando paso a repercusiones altamente beneficiosas. No es demasiado pronto, por tanto, para comenzar el debate. Aunque el plan no pueda ponerse en práctica mientras el público no esté mentalmente preparado y continúe aceptando sin críticas el dogma de la necesidad del privilegio gubernamental, tal circunstancia no debe ser un obstáculo para el estudio de los fascinantes problemas teóricos que plantea este proyecto.

Los economistas no han discutido la competencia entre monedas

Increíblemente, la competencia entre distintas valutas no ha sido examinada en serio hasta hace muy poco. En las publicaciones relativas al tema no se cuestiona la creencia universal de que el monopolio del gobierno en orden a la emisión monetaria es indispensable, ni tampoco se explica si esta creencia se deriva simplemente del postulado según el cual en un territorio dado sólo puede haber un tipo de moneda en circulación —lo que podía parecer una ventaja cuando se trataba de elegir entre el oro y la plata como posibles tipos de dinero—. Tampoco encontramos respuesta a la pregunta de qué sucedería si se suprimiera el monopolio y si el suministro de dinero se realizara mediante la competencia entre entidades privadas que proporcionaran distintas divisas. La mayoría de la gente piensa que la propuesta de que el dinero lo emitan empresas privadas significa que todas deben emitir el mismo (en dinero fiduciario, token money, esto equivaldría simplemente a una falsificación) en lugar de distintos tipos de dinero claramente diferenciabas por diversas denominaciones y entre los cuales el público pudiera elegir libremente.

 

Un mensaje para la próxima mayoría…, o la de siempre: ¿qué sentido tiene forzar a otros?

Las próximas elecciones traerán una nueva mayoría. O tal vez la misma de siempre. Herbert Auberon (1838-1906), quien estudió en Oxford y fue miembro del Parlamento inglés, escribió un libro “The Voluntaryist Creed” en el cual se dirige a esa mayoría:

Herbert

“Apelamos a ustedes a que se liberen de todos esos muchos sistemas de fuerza Estatal, que han vuelto imposible la verdadera vida feliz de las naciones hoy día. Ese incesante esfuerzo de forzar a otros, cada vez tras ese nuevo objeto que es prometido por este u otro grupo de políticos; este incesante esfuerzo de poner cadenas en las manos de los otros, está frenando el verdadero progreso, está impidiendo la paz y la amistad, y la hermandad, y está convirtiendo a los hombres de una misma nación, quienes deberían trabajar juntos y contentos en pos de objetivos comunes, en sus propios grupos, en su propia forma, en enemigos, quienes viven conspirando y amenazando, y mucha veces odiándose unos a otros.”

“¿Qué bien, qué felicidad, que progreso permanente y verdadero puede resultar de miserable, innatural y desnacionalizante confrontación? ¿Por qué desearías forzar a otros, porqué buscarías tener poder –ese amargo y malvado fin que ha sido desde siempre, y hoy, el pesar y la desgracia del mundo- sobre tus propios compañeros y compañeras? ¿Por qué desearías tomar de cada hombre y mujer su propia voluntad e inteligencia, su libertad de elegir, su propia auto-dirección, sus derechos inalienables; por qué desearías que ellos fueran meros instrumentos para tu propia ventaja e interés; porqué desearías forzarlos a servir y seguir tus opiniones en lugar de las suyas propias, porqué les negarías su espíritu –que tanto sufre con cualquier restricción- y los tratarías como si fueran una página en blanco sobre la cual puedes escribir tus propios deseos y voluntades, de cualquier tipo que sean? ¿Quién te ha dado el derecho, de donde pretendes haberlo recibido, de degradar a otros hombres y mujeres de su verdadero estatus de seres humanos, tomando de ellos a tu voluntad, su consciencia, su inteligencia –en pocas palabras, toda la mejor y más elevada parte de su naturaleza-, volviéndolos simplemente cáscaras vacías, meras sombras de verdaderos hombres y mujeres, meras piezas en el juego que estás tan ansioso de jugar, y todo ello porque simplemente son más numerosos y fuertes que ellos, para tratarlos como si no pertenecerían a sí mismos sino a ti? ¿Puedes acaso creer que pueda surgir algún bien degradando moral y espiritualmente a tus co-ciudadanos? ¿Qué forma de sociedad feliz y segura y permanente puedes esperar construir con tal lamentable plan, sujetando a otros, o siendo ustedes a su vez sujetados por otros?”