En Laudato Si, el Papa Francisco carga contra el consumismo. ¿Y qué podemos hacer al respecto?

En la última encíclica del Papa Francisco, “Laudato Si”, relacionada con temas ambientales, el Papa carga contra el consumismo.

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En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las consideramo con los alumnos de la UBA en Derecho. Su segunda conferencia se tituló “Socialismo” y trata ese tema:

“Pero la noción que una forma capitalista de gobierno pueda impedir que la gente se perjudique a sí misma, a través del control de su consumo, es falsa. La idea de un gobierno como una autoridad paternal, como un guardián para todos, es la idea de aquellos que favorecen el socialismo. En los EEUU, hace algunos años atrás, el gobierno intentó lo que fue llamado un ‘noble experimento’- Este noble experimento consistió en una disposición legal convirtiendo en ilegal comprar o vender bebidas alcohólicas. Es totalmente cierto que mucha gente bebe demasiado brandy y whiskey, y que pueden perjudicarse a sí mismos haciendo eso. Algunas autoridades en los EEUU se oponen al fumar. Es cierto que hay mucha gente que fuma demasiado y que fuma a pesar del hecho que sería mejor para ellos no hacerlo. Esto plantea el tema que va más allá de la discusión económica: muestra lo que la libertad significa realmente.

Concedido, es bueno impedir que la gente se perjudique a sí misma bebiendo o fumando demasiado. Pero una vez que Uds. hayan admitido esto, otra gente dirá: ¿Es el cuerpo lo único importante? ¿No es la mente del hombre mucho más importante? ¿No es la mente del hombre el verdadero atributo del hombre, la real calidad humana? Si se le otorga al gobierno el derecho a determinar el consumo del cuerpo humano, determinar si uno debiera fumar o no fumar, beber o no beber, no hay buenas respuestas que pueda dar a la gente que diga: ‘Más importante que el cuerpo es la mente y el alma, y el hombre se perjudica mucho más leyendo malos libros, escuchando fea música y mirando malas películas. Por lo tanto es el deber del gobierno impedir a la gente cometer estas faltas’. Como saben, por muchos cientos de años los gobiernos y las autoridades creyeron que este era realmente su deber. Y esto no pasó solamente en las épocas remotas; no hace mucho tiempo hubo un gobierno en Alemania que consideraba un deber gubernamental distinguir entre las buenas y las malas pinturas, lo cual – desde ya – significaba bueno y malo desde el punto de vista de un hombre que, en su juventud, había fracasado en el examen de ingreso a la Academia de Arte, de Viena; bueno y malo desde el punto de vista de un dibujante de tarjetas postales, Adolf Hitler. Y se volvió ilegal que la gente emitiera otra opinión sobre arte y pintura que la de él, el Supremo Führer.

Una vez que comience a admitir que es un derecho del gobierno controlar su consumo de alcohol, ¿qué puede responder a aquellos que digan que el control de los libros y de las ideas es mucho más importante?

La libertad significa la libertad de cometer errores. Esto es lo que tenemos que comprender. Podemos ser muy críticos con respecto a la manera en que nuestros conciudadanos gastan su dinero y viven sus vidas. Podemos estar convencidos que lo que están haciendo es totalmente insensato y malo pero, en una sociedad libre, hay muchas maneras para que la gente manifieste sus opiniones sobre cómo sus conciudadanos deberían cambiar su forma de vida. Pueden escribir libros; pueden escribir artículos; pueden hacer discursos; pueden hasta incluso predicar en las esquinas si así lo desean – y así lo hacen en muchos países. Pero no deben tratar hacer de policía con otra gente, para impedirles que hagan ciertas cosas, simplemente porque no desean que esta otra gente tenga la libertad de hacerlo.

Esta es la diferencia entre la esclavitud y la libertad. El esclavo debe hacer lo que su superior le ordena que deba hacer, pero el ciudadano libre – y esto es lo que la libertad significa – está en posición de elegir su propia forma de vida. Desde ya, en este sistema capitalista puede haber abusos – y en efecto los hay – que cometan ciertas personas. Es ciertamente posible hacer cosas que no deberían ser hechas. Pero si estas cosas reciben la aprobación de una mayoría de la gente, el que desapruebe siempre tiene una manera de intentar cambiar la mentalidad de sus conciudadanos. Puede tratar de persuadirlos, de convencerlos, pero no puede tratar de forzarlos usando su poder, el poder de la policía del gobierno.”

Empresas ‘demasiado grandes para quebrar’: la señal del ‘capitalismo político’, o prebendario

En el Cato Journal, Randall Holcombe, De Voe Moore Professor of Economics at Florida State University, analiza el concepto dominante del capitalismo y sugiere llamar al que ahora predomina de forma diferente: ‘capitalismo político’: http://www.cato.org/cato-journal/winter-2015

Así es como lo explica:

“El capitalismo, como sistema económico, fue descripto como un sistema de mercados en equilibrio general, apoyado por la intervención gubernamental diseñada para corregir fallas de mercado. Dentro de ese marco correctivo provisto por el gobierno, los recursos eran asignados a través de mercados en el capitalismo, en oposición al socialismo, donde los recursos eran asignados a través de la planificación. Ninguna economía asignaba recursos solamente a través de los mercados o la planificación gubernamental, por lo que un enfoque de sistemas comparativos podía analizar el grado según el cual las economías mixtas podían diferir en la combinación de mercados y planificación. El capitalismo, en este enfoque, incorporaba al gobierno como un rasgo institucional para estabilizar a los mercados y mejorar la eficiencia de la asignación de recursos.

Sistemas económicas comparados, como un área de la investigación económica, cayó en desuso en los anos 1990s. Ya no se daba seria consideración a la planificación gubernamental como un sistema económico alternativo y el foco de los sistemas económicos se centró en las economías en transición –esto es, las ex economías socialistas que estaban avanzando hacia el capitalismo. La vieja pregunta del análisis de sistemas económicos comparados sobre el capitalismo seguía presente, esto es, ¿qué tipo de supervisión gubernamental se requiere para permitir que una economía capitalista funcione eficientemente?

La supervisión gubernamental no funciona siempre tan perfecta como la describe la teoría, todos lo saben. En el sistema capitalista, hay problemas de incentivos y de información que llevan a que la intervención del gobierno cree pérdidas por la búsqueda de rentas, la captura de las regulaciones y otros males. Estos problemas crean el desafío adicional de diseñar políticas que utilicen la mano visible del gobierno para dirigir la asignación de recursos en forma más eficiente. Además, los economistas describen a la actividad del mercado en el modelo capitalista como una conducta maximizadora de los actores privados dentro del marco de restricciones institucionales diseñadas por el gobierno.

El capitalismo político es un sistema económico diferente. Como Kolko (The Triumph of Conservatism: A Reinterpretation of American History, 1900-1916, New York: The Free Press) lo describe, los actors del sector privado no solamente actúan dentro de un marco de restricciones gubernamentales, los ‘principales intereses económicos’ diseñan esas restricciones cuando actúan, para retener sus posiciones dominantes. La elite económica reconoce que la destrucción creativa del capitalismo descripta por Schumpeter actúa contra ellos, ya que las empresas existentes son debilitadas por innovadores recién llegados. Kolko sostiene que ‘en el largo plazo, los principales líderes de empresas reconocieron que no tenían ningún interés en una economía e industria caótica en la cual no solamente sus ganancias sino su misma existencia podía ser desafiada.’ Por lo tanto, buscaron que la regulación y la supervisión gubernamental preserve el status quo –esto es, que estabilice el estado de cosas existente y que haga difícil a quienes están fuera de él desplazar a la elite.

Si esta caracterización del sistema económico norteamericano era correcta en la Era Progresista, como sostiene Kolko, lo parece aun más en el siglo XXI, cuando el gobierno federal asumió posiciones accionarias en una docena de bancos principales y dos fabricantes de autos para preservar su estatus económico, al mismo tiempo permitía que cientos de pequeños bancos y otras empresas cayeran. La doctrina de ‘muy grande para quebrar’, con la que el gobierno permite a empresas privadas retener sus ganancias asumiendo sus pérdidas, es, tal vez, la manifestación más obvia del capitalismo político.”

Libertad económica: donde el gobierno dirige y ordena todo, todas las libertades son ilusorias

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Su segunda conferencia se tituló “Socialismo”. Pero comienza hablando de las libertades, y la libertad económica:

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“¿Qué es la Economía Libre? ¿Qué significa este sistema de libertad económica? La respuesta es simple: es la economía de mercado. Es el sistema en el cual la cooperación de los individuos en la división del trabajo en la sociedad es obtenida por el mercado. Este mercado no es un lugar; es un proceso, es la manera en la cual, comprando y vendiendo, produciendo y consumiendo, los individuos contribuyen al funcionamiento de la sociedad.

Cuando nos ocupamos de este sistema de organización económica – la economía de mercado – empleamos el término ‘libertad económica’. Muy a menudo, la gente malinterpreta lo que significa, creyendo que la libertad económica es algo que está muy separada de las otras libertades, y que estas otras libertades – que consideran son más importantes – pueden ser preservadas aún en ausencia de la libertad económica. El significado de la libertad económica es que el individuo esté en posición de elegir la manera en la cual desea integrarse en la totalidad de la sociedad. El individuo puede elegir su carrera, es libre de hacer lo que desea hacer.

Esto desde ya no significa, algún sentido de los que mucha gente adjunta a la palabra libertad en la actualidad; se la interpreta en el sentido que, a través de la libertad económica, el hombre es liberado de las condiciones naturales. En la naturaleza no hay nada que pueda ser identificado como libertad, existe solamente la regularidad de las leyes de la naturaleza que el hombre debe obedecer si desea alcanzar algo.

Usando el término libertad aplicado a los seres humanos, pensamos solamente en la libertad dentro de la sociedad. Sin embargo, en la actualidad, las libertades sociales son consideradas por mucha gente como independientes una de otra. Aquellos que hoy se llaman a sí mismos ‘liberales’ están reclamando políticas que son precisamente lo opuesto a aquellas políticas por las que los liberales del Siglo XIX abogaban en sus programas liberales. Los así llamados ‘liberales’ de hoy tienen la muy popular idea que la libertad de expresión, de pensamiento, de prensa, la libertad religiosa, la libertad para no estar prisionero sin juicio previo – que todas estas libertades pueden ser preservadas en ausencia de lo que se llama libertad económica. No se dan cuenta que en un sistema donde no existe el mercado, donde el gobierno dirige y ordena todo, todas las otras libertades son ilusorias, aún cuando hayan sido definidas por las leyes y se encuentren escritas en las constituciones.

Tomemos una libertad, la libertad de prensa. Si el gobierno es propietario de todas las imprentas, el gobierno determinará lo que debe imprimirse y lo que no debe imprimirse. Y si el gobierno es propietario de todas las imprentas y determina lo que puede y lo que no puede ser impreso, entonces la posibilidad de imprimir cualquier tipo de argumentos opuestos, es decir contrarios a las ideas del gobierno, se convierte prácticamente en inexistente. La libertad de prensa desaparece. Y lo mismo ocurre con todas las otras libertades.”

Grecia podría tener su propia moneda, pero tendría que haber sido, y ahora ser, tan seria como Suiza

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar, o en Europa cuando se plantea la potencial salida de Grecia del Euro. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

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Su propuesta práctica hubiera evitado las amenazas que ahora se ciernen sobre el Euro ante la posible salida de Grecia ya que cada país hubiera mantenido su moneda, pero en competencia con todas las demás, más la monedas privadas que surgieran. Claro, esto no quiere decir que hubiera evitado los problemas de Grecia, que seguramente no hubiera podido colocar deuda en dracmas y tendría que haberlo hecho en otra moneda que los mercados aceptaran. Pero Grecia, si fuera tan seria como Suiza, podría tener su propia moneda. El tema es que no lo fue.

Aquí va lo de Hayek, cuarenta años antes que se planteara este problema:

“El extender el libre comercio de la moneda a la banca, como sugerimos, constituye una parte esencial de la propuesta que propugnamos. En primer lugar, los depósitos bancarios a la vista equivalen sin duda a una especie de dinero emitido privadamente. Tales depósitos constituyen hoy una parte, en muchos países la fundamental, del conjunto de medios de cambio. En segundo lugar, la expansión y contracción de las distintas superestructuras nacionales de crédito bancario son, en este momento, la principal excusa para la administración nacional del dinero básico.

Añadiré, en cuanto a los efectos de la adopción de esta propuesta, que por supuesto se trata de impedir a las autoridades financieras y y monetarias que se conduzcan de una forma que les resulta políticamente imposible de evitar en tanto dispongan de poder para hacerlo. Estas conductas son, sin excepción, no sólo perjudiciales y contrarias a largo plazo al interés del país que las practica, sino además políticamente inevitables como escapes temporales que son ante dificultades acuciantes. Incluyen medidas que permiten a los gobiernos suprimir fácil y rápidamente los motivos de descontento de determinados grupos o sectores, pero, a la larga, desorganizan y destruyen el orden de mercado.

Impedir al gobierno que oculte la depreciación monetaria

Dicho con otras palabras, la principal ventaja que deriva del plan que propongo radica en impedir que el gobierno pueda «proteger» la moneda emitida por él de las nocivas consecuencias derivadas de las medidas que él mismo adopta. En consecuencia, nuestro plan hace imposible utilizar posteriormente tan dañinos métodos. Ni podría ocultar la devaluación de la moneda que emite para impedir la evasión de capitales y otros bienes y recursos, ni tampoco podría controlar los precios, medidas que por supuesto tenderían a destruir el Mercado Común y que se originan en el mal uso de las propias monedas en la actividad interior. Este plan parece satisfacer mejor los requisitos de un mercado común sin necesidad de establecer un nuevo organismo internacional ni de conferir nuevos poderes a una autoridad supranacional, ni de crear una moneda común.

A todos los efectos, este plan sólo provocaría la desaparición de las valutas nacionales si las autoridades monetarias de cada país no actuaran correctamente. Incluso entonces podrían evitar el desplazamiento total de su moneda corrigiendo a tiempo su conducta. Es posible que en algunos países pequeños con mucho comercio exterior y turismo predominara la moneda de uno de los países más grandes; pero si se practicara una política sensata, nada impediría continuar usando la mayoría de las monedas existentes durante mucho tiempo. (Es importante, por supuesto, que las partes no lleguen a un acuerdo tácito de no proporcionar una moneda tan buena que los ciudadanos de otros países la prefieran. La presunción de culpa estaría siempre en contra del gobierno cuya moneda no fuera solicitada por la gente.)

No creo, además, que este plan impidiera a los gobiernos hacer lo que deben para que la economía funcione correctamente, ni obstaculizara medidas que beneficiarían a un grupo mayoritario de ciudadanos. Pero esto nos lleva a problemas que se discuten mejor en el marco del desarrollo completo del principio subyacente.”

 

Su propuesta práctica hubiera evitado las amenazas que ahora se ciernen sobre el Euro ante la posible salida de Grecia ya que cada país hubiera mantenido su moneda, pero en competencia con todas las demás, más la monedas privadas que surgieran. Claro, esto no quiere decir que hubiera evitado los problemas de Grecia, que seguramente no hubiera podido colocar deuda en dracmas y tendría que haberlo hecho en otra moneda que los mercados aceptaran. Aquí va lo de Hayek, cuarenta años antes que se planteara este problema:

“El extender el libre comercio de la moneda a la banca, como sugerimos, constituye una parte esencial de la propuesta que propugnamos. En primer lugar, los depósitos bancarios a la vista equivalen sin duda a una especie de dinero emitido privadamente. Tales depósitos constituyen hoy una parte, en muchos países la fundamental, del conjunto de medios de cambio. En segundo lugar, la expansión y contracción de las distintas superestructuras nacionales de crédito bancario son, en este momento, la principal excusa para la administración nacional del dinero básico.

Añadiré, en cuanto a los efectos de la adopción de esta propuesta, que por supuesto se trata de impedir a las autoridades financieras y y monetarias que se conduzcan de una forma que les resulta políticamente imposible de evitar en tanto dispongan de poder para hacerlo. Estas conductas son, sin excepción, no sólo perjudiciales y contrarias a largo plazo al interés del país que las practica, sino además políticamente inevitables como escapes temporales que son ante dificultades acuciantes. Incluyen medidas que permiten a los gobiernos suprimir fácil y rápidamente los motivos de descontento de determinados grupos o sectores, pero, a la larga, desorganizan y destruyen el orden de mercado.

Impedir al gobierno que oculte la depreciación monetaria

Dicho con otras palabras, la principal ventaja que deriva del plan que propongo radica en impedir que el gobierno pueda «proteger» la moneda emitida por él de las nocivas consecuencias derivadas de las medidas que él mismo adopta. En consecuencia, nuestro plan hace imposible utilizar posteriormente tan dañinos métodos. Ni podría ocultar la devaluación de la moneda que emite para impedir la evasión de capitales y otros bienes y recursos, ni tampoco podría controlar los precios, medidas que por supuesto tenderían a destruir el Mercado Común y que se originan en el mal uso de las propias monedas en la actividad interior. Este plan parece satisfacer mejor los requisitos de un mercado común sin necesidad de establecer un nuevo organismo internacional ni de conferir nuevos poderes a una autoridad supranacional, ni de crear una moneda común.

A todos los efectos, este plan sólo provocaría la desaparición de las valutas nacionales si las autoridades monetarias de cada país no actuaran correctamente. Incluso entonces podrían evitar el desplazamiento total de su moneda corrigiendo a tiempo su conducta. Es posible que en algunos países pequeños con mucho comercio exterior y turismo predominara la moneda de uno de los países más grandes; pero si se practicara una política sensata, nada impediría continuar usando la mayoría de las monedas existentes durante mucho tiempo. (Es importante, por supuesto, que las partes no lleguen a un acuerdo tácito de no proporcionar una moneda tan buena que los ciudadanos de otros países la prefieran. La presunción de culpa estaría siempre en contra del gobierno cuya moneda no fuera solicitada por la gente.)

No creo, además, que este plan impidiera a los gobiernos hacer lo que deben para que la economía funcione correctamente, ni obstaculizara medidas que beneficiarían a un grupo mayoritario de ciudadanos. Pero esto nos lleva a problemas que se discuten mejor en el marco del desarrollo completo del principio subyacente.”

 

Los ricos son cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres. La tesis de Marx fue un error.

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Comienza con una exposición sobre el Capitalismo. Algunos párrafos:

“La desdeñosa descripción del capitalismo por algunas personas como un sistema diseñado para hacer que los ricos se vuelvan más ricos y que los pobres se vuelvan más pobres es errónea del principio al fin. La tesis de Marx sobre la venida del socialismo estaba basada sobre el supuesto que los trabajadores estaban volviéndose más pobres, que las masas estaban convirtiéndose cada vez en más indigentes, y que finalmente toda la riqueza de un país se concentraría en unas pocas manos o en las manos de una sola persona. Y entonces, la masa de trabajadores empobrecidos finalmente se rebelaría y expropiaría los bienes de los ricos propietarios. De acuerdo con esta doctrina de Karl Marx, no puede existir oportunidad alguna, ninguna posibilidad dentro del sistema capitalista para mejora alguna de las condiciones de los trabajadores.

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En 1864, hablando frente a la Asociación Internacional de Trabajadores, en Inglaterra, dijo que la creencia que los sindicatos pudieran mejorar las condiciones de la población trabajadora era ‘absolutamente un error’. A la política de los sindicatos pidiendo salarios más altos y más cortas horas de trabajo la denominó conservadora – siendo el conservadorismo – desde luego – el término más duramente condenatorio que Karl Marx podía usar. Sugirió que los sindicatos se pusieran un nuevo, revolucionario objetivo: ‘eliminar totalmente el sistema de salarios ‘e instaurar el ‘socialismo’ – el gobierno propietario de los medios de producción – para reemplazar el sistema de propiedad privada.

Si estudiamos la historia del mundo, y especialmente la de Inglaterra desde 1865, nos daremos cuenta estaba totalmente equivocado. No existe un país capitalista, occidental, en donde las condiciones de las masas no hayan mejorado en una forma sin precedentes. Todas estas mejoras de los últimos ochenta o noventa años se realizaron a pesar de los pronósticos de Karl Marx, ya que los socialistas marxistas creían que las condiciones de los trabajadores nunca podrían mejorarse. Eran seguidores de una falsa teoría, la famosa ‘ley de hierro de los salarios’ – la ley que establecía que el salario del trabajador, bajo el capitalismo, no podría exceder el monto que necesitaba como sustento de su vida para servir a la empresa.

Los marxistas formulaban su teoría de esta manera: si los niveles de salario de los trabajadores van hacia arriba, y los salarios suben por encima de los niveles de subsistencia, los trabajadores tendrán más hijos; y cuando estos hijos ingreses en la fuerza laboral, incrementarán la cantidad de trabajadores hasta el punto en que los niveles de salarios caigan llevando otra vez a los trabajadores hacia abajo a un nivel de subsistencia, el mínimo nivel de subsistencia que escasamente evitará que la población trabajadora se extinga. Pero esta idea de Marx, como las de muchos otros socialistas, en un concepto del hombre trabajador precisamente como aquel que usan los biólogos – correctamente – en el estudio de la vida de los animales. De los ratones por ejemplo.

Si se incrementa la cantidad de alimento disponible para los organismos animales o para los microbios, entonces una mayor cantidad de ellos sobrevivirá. Si se restringe su alimento, también se restringirá su cantidad. Pero el hombre es diferente. Aún el trabajador – a pesar del hecho que los marxistas no quieran reconocerlo – tiene requerimientos humanos diferentes al alimento y a la reproducción de su especie. Un incremento en los salarios reales resultará no solamente en un incremento de la población, resultará también, antes que nada, en un mejoramiento del nivel de vida promedio. Esa es la razón por la que tenemos un mejor nivel de vida en Europa Occidental y en los EEUU que en las naciones en desarrollo de, digamos, África.

Debemos entender, sin embargo, que este más alto nivel de vida depende del suministro de capital. Esto explica la diferencia entre las condiciones en los EEUU y las condiciones en la India; métodos modernos de combatir enfermedades contagiosas han sido instaurados en la India – en alguna forma por lo menos – y el efecto ha sido un crecimiento sin precedentes en la población; pero, dado que este crecimiento en la población no ha sido acompañado por un correspondiente incremento en el monto del capital invertido, el resultado ha sido un incremento en la pobreza. Un país se vuelve más próspero en proporción al incremento del capital invertido por habitante.”

 

Se vienen las elecciones y se vino el «ciclo politico presupuestario»: este año, de $100.000 millones

El diario La Nación trae este domingo un importante artículo titulado “Empapelados: una apuesta electoral de $100.000 millones” donde principalmente comenta la jugada del gobierno para expandir la demanda en vísperas de las elecciones, y así obtener el resultado favorable del “voto oficialista porque estoy consumiendo mucho”: http://www.lanacion.com.ar/1807580-empapelados-una-apuesta-electoral-de-100000-millones

El tema es desarrollado en el libro en el marco de lo que se llama “ciclo político presupuestario”:

“El ciclo político presupuestario se refiere a la manipulación de los instrumentos de política económica a la vista de las próximas elecciones. Este fenómeno ha sido estudiado durante un largo tiempo (Kalecki 1943; Nordhaus 1975; Hibbs 1977), habiendo dado origen a dos versiones: según la primera, los políticos generan un ciclo político de crecimiento del gasto público antes de las elecciones, para generar un auge del consumo y mejorar sus posibilidades de ser reelegidos; según la segunda, el ciclo se produce porque distintos partidos políticos tienen diferentes preferencias de gasto y la alteración en el poder da lugar a que durante un periodo crezca un cierto tipo de gastos y durante otro uno diferente. Frey y Schneider (1978a, 1978b) combinan ambas, señalando que el partido en el poder aumenta el gasto previamente a la elección y lo hace, obviamente, con aquel gasto que prefiere. Lo mismo el partido alternante.

Solía pensarse que esto ocurría sobre todo en los países con democracias inestables, poco consolidadas, e incluso más bien débiles. Alt y Lassen (2005) muestran que ocurre en todas partes, sobre todo donde no se ve. Los trabajos más recientes sobre la materia tendían a descartar que estas manipulaciones fiscales ocurrieran en los principales países industriales, ya que en ellos los votantes podían controlar y evaluar mejor el proceso de políticas fiscales. Sin embargo, los autores han señalado que la existencia de estos ciclos depende mucho de la transparencia de las instituciones presupuestarias y también de la polarización de los partidos políticos.

La transparencia fiscal permite a los votantes observar o inferir las causas y consecuencias de la política fiscal gubernamental, ya sea directamente o a través de los medios. La capacidad de separar aquellas políticas oportunistas de otras con otras motivaciones depende de la naturaleza del proceso de decisiones electorales y de la información que tengan disponible.

Según varios economistas que han estudiado este fenómeno, los políticos buscan su relección, ya sea para obtener rentas propias o para implementar sus políticas preferidas. Los votantes no pueden observar fácilmente la capacidad del gobernante o el nivel de endeudamiento, por lo que los políticos van a tender a endeudarse y tener déficits para aparecer más competentes ante los votantes.

Si los votantes pudieran separar esto, podrían darse cuenta y señalar su opinión en el momento de votar. Los autores elaboraron un indicador de transparencia y de control fiscal, basado en cuatro categorías: procedimientos más transparentes, un lenguaje claro y no arbitrario, mayor número de justificaciones respecto de cada gasto, algún control independiente en relación con todo lo expresado antes.

Con base a ese índice de transparencia, los autores investigaron si los ciclos políticos presupuestarios difieren entre países con alta o baja transparencia. Sus resultados muestran que el déficit fiscal en los primeros es, en promedio, del 3.01% del PIB en un año no electoral, comparado con un 3.05% en uno de elecciones. En los países con poca transparencia fiscal serían menores, pero con un ciclo político más definido: 2.62% del PIB sin elecciones y 3.32% con ellas.

Según los autores, las cosas no cambian mucho en los países con mucha transparencia fiscal, porque los votantes se dan cuenta de la conducta oportunista de los gobernantes y tienden a sancionarla en las urnas.

Abrams y Butkiewicz (2011) analizaron las grabaciones de las conversaciones entre el presidente norteamericano Richard Nixon y funcionarios como el Secretario del Tesoro (Conally) o el presidente de la Reserva Federal. Estos muestran con claridad la motivación existente detrás de lo que aquí se ha llamado “ciclo político presupuestario”. Según los autores, Nixon sabía muy bien las consecuencias inflacionarias de una política monetaria expansiva, no obstante lo cual utilizó todo tipo de maniobras para presionar al presidente de la Reserva Federal a bajar las tasas de interés, amenazándolo con no renovar su mandato o buscando un nuevo miembro para el directorio de la institución monetaria que fuera partidario de la expansión, con la mira puesta en las siguientes elecciones de 1972 .

 

Grecia: propuesta de Hayek hubiera obviado preocupaciones por el Euro, pero no las deudas griegas?

 En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar, o en Europa cuando se plantea la potencial salida de Grecia del Euro. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

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Su propuesta práctica hubiera evitado las amenazas que ahora se ciernen sobre el Euro ante la posible salida de Grecia ya que cada país hubiera mantenido su moneda, pero en competencia con todas las demás, más la monedas privadas que surgieran. Claro, esto no quiere decir que hubiera evitado los problemas de Grecia, que seguramente no hubiera podido colocar deuda en dracmas y tendría que haberlo hecho en otra moneda que los mercados aceptaran. Aquí va lo de Hayek, cuarenta años antes que se planteara este problema:

“Mi propuesta concreta para el futuro próximo y la oportunidad de examinar un plan mucho más amplio consiste en que los países del Mercado Común, preferiblemente junto con los países neutrales de Europa (y es posible que más tarde los de Norte América), se comprometan mediante un tratado formal a no obstaculizar en manera alguna el libre comercio dentro de sus territorios de las monedas de cada país (incluidas las monedas de oro) o el libre ejercicio, por instituciones legalmente establecidas en cualquiera de los aludidos territorios, de la actividad bancaria sin trabas.

Tal supuesto conduciría en primer término a la supresión de todo tipo de control de cambios y de regulación del movimiento de dinero en estos países y también a la plena libertad de utilizar cualquiera de esas monedas tanto en la contratación como en la contabilidad. Aún más, significaría la oportunidad para cualquier banco radicado en tales países de abrir sucursales en cualquier otro en iguales condiciones que los ya existentes.

Libre comercio monetario

La finalidad de este esquema es imponer a las agencias monetarias y financieras existentes una disciplina necesaria desde hace mucho al objeto de impedir a cualquiera de ellas y durante no importa qué período de tiempo la emisión de un tipo de dinero sustancialmente menos seguro y útil que el de cualquier otra de las aludidas agencias. Tan pronto como el público se familiariza con las nuevas posibilidades, toda desviación de la línea de suministrar buen dinero conduciría rápidamente al desplazamiento de la moneda de peor calidad por otras. Los países, desprovistos de los diversos recursos que actualmente utilizan para ocultar los efectos de sus actos «protegiendo» su moneda, se verían obligados a mantener estable el valor de las mismas.

Una propuesta más práctica que la de una utópica moneda europea

Lo anterior me parece preferible y más práctico que el proyecto de introducir una nueva moneda europea que en última instancia sólo tendría como efecto afirmar la fuente y raíz de todos ¡os males monetarios: el monopolio gubernamental de emisión y control de la moneda. Parece también que si los países no se hallan propicios a aceptar la propuesta más limitada aquí expuesta, tampoco aceptarán una moneda europea común. La idea de privar al gobierno de su antigua prerrogativa de monopolizar el dinero resulta todavía demasiado insólita y sorprendente para muchas personas que no se decidirían a patrocinarla en un futuro próximo. Sin embargo, la gente podría empezar a descubrir sus ventajas si, al principio cuando menos, las monedas de los diversos gobiernos pudieran competir libremente entre sí por el favor del público.”

 

El senor Burns y los «ricos cretinos». Pero, ¿de dónde es que sacaron sus millonarias fortunas?

En la columna dominical Alter Eco que escribe Sebastián Campanario en La Nación, el domingo 5 de Julio considera el tema de los “ricos cretinos” o investigaciones que señalarían que los más ricos tienen conductas pocos “sociables”, para decirlo de alguna forma. Sin embargo, esas investigaciones, y el artículo de Campanario no plantean una cuestión de vital importancia, que señalaré más adelante: http://www.lanacion.com.ar/1807462-excelente-smithers-una-polemica-en-torno-del-senor-burns-y-los-ricos-cretinos-divide-a-los-economistas

Ahora, algunos párrafos sobre los malvados señores “Burns” de este planeta:

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“En todos se recopiló abundante evidencia científica (de estudios de economía, psicología evolutiva, ciencias políticas y sociología) que apunta en la misma dirección: las personas extremadamente ricas tienden a tener un comportamiento más egoísta, menos cooperativo, con menos empatía y preocupación por el prójimo, y más aislado.”

En cuanto a las visiones políticas y económicas de la sociedad pareciera que ser “egoísta” o “menos cooperativo” significa tener opiniones cómo éstas:

“Entre los estudios académicos citados para sostener su hipótesis, destacan una encuesta realizada por la Fundación Russell Sage, donde se ven diferencias enormes entre las consideraciones de los más ricos en relación al resto de la población. Por ejemplo, sólo el 23% de las personas muy opulentas considera que el gobierno debería asegurar un estándar digno de vida a los desempleados, contra el 50% de la población general; un 33% de los primeros está a favor de reducir el gasto en seguridad social (contra un 10% del resto) y sólo el 29% de los millonarios piensa que defender los empleos de los estadounidenses debería ser una prioridad del gobierno, contra el 81% de la población a nivel general.”

En realidad esto podría ser interpretado como que cada grupo está defendiendo sus intereses. Unos rechazan la expropiación de sus ingresos y la transferencia a otros, y éstos esperan recibir esas transferencias y las apoyan. No estaría tan claro quienes son más éticos como parece dar a entender el artículo, e incluso podrían serlo los primeros, si han generado su riqueza honestamente y resisten la expropiación de la mayoría. Esta visión sesgada de quién promueve su propio interés y quien parece defender el ‘bienestar general’ aparece también en este párrafo:

“Otro estudio del psicólogo Paul Piff argumenta que «ser de clase alta aumenta las posibilidades de tener un comportamiento antiético». «Aunque tener dinero no hace a nadie necesariamente de ninguna manera, los ricos tienden más que el resto a priorizar sus propios intereses por encima del resto de la población», sostiene.”

Por último, el sesgo aparece respecto a quienes defienden qué políticas. Se cita a Thimoty Lee diciendo que favorecer al libre mercado no significa ser un cretino pero David Roberts responde que “la gran mayoría de quienes defienden un Estado más pequeño lo hacen porque construyen una ideología que justifica sus intereses (y se rodean de personas que piensan lo mismo) y no porque prioricen como consecuencia un bienestar social mejor para todos.”

O sea que, por definición, unos son los “malos” y persiguen sus propios intereses y moldean sus ideologías alrededor de éstos, y los otros son “buenos” que solamente piensan en el bienestar general y por alguna razón inexplicada no basan sus ideas en sus intereses personales.

En fin, pero ¿cuál es el punto central que no aparece en los estudios o en el artículo? El siguiente: nadie se pregunta cómo es que esas personas se hicieron ricas. Simplemente parten del hecho que lo son. Pero en un mercado abierto y competitivo, se hacen ricos los que brindan bienes y servicios que satisfacen las necesidades de los consumidores, y éstos premian dándoles su dinero. En un mercado competitivo es la gente la que hace rica a los millonarios y estos, necesariamente, tienen que haber “servido” a sus clientes.

O sea que ya hicieron su contribución al bienestar general, la riqueza es simplemente el resultado de esto. Las investigaciones y el artículo parten desde ese punto pero se olvidan de ver el proceso anterior. Y esa es la clave, en tanto y en cuanto hayan hecho sus millones sin privilegios.

 

De «Game of Thrones» a «Downton Abbey»: 800 años de la Carta Magna y el camino a limitar el poder

Se cumplieron 800 años de la Carta Magna. Aquí publico un artículo en La Nación haciendo referencia a las series “Game of Thrones” y “Downton Abbey”: http://www.lanacion.com.ar/1807952-de-game-of-thrones-a-downton-abbey

“Las dos series hacen referencia a un mismo país, pero en dos épocas muy distantes y diferentes. Esto plantea una interesante pregunta para la Argentina de hoy: ¿cómo fue que esa sociedad bárbara y violenta pasó a someterse al imperio de la ley? ¿Cómo fue que esos señores poderosos y sangrientos pasaron a ser, con el tiempo, los inofensivos personajes de la segunda serie?

La nacion

Game of Thrones es una versión novelesca de la «Heptarquía», descripta por David Hume en el primer tomo de su monumental Historia de Inglaterra, los siete reinos sajones establecidos a fines del siglo VI tras 150 años de violenta conquista por parte de esas tribus alemanas. Los reinos eran East Anglia, Essex, Kent, Mercia, Northumbria, Sussex y Wessex.

Hume comenta sobre las características de estos pueblos: «El gobierno de los alemanes, y el de todas las naciones nórdicas que se establecieron sobre las ruinas de Roma, fue siempre en extremo libre, y esos pueblos bravíos, acostumbrados a la independencia y a las armas, eran más guiados por la persuasión que por la autoridad en la sumisión que ofrecían a sus príncipes».

Y aunque pueblos violentos en épocas violentas, Hume no deja de reconocer en esos valores las raíces de la situación europea en su propio tiempo: «Las constituciones libres que entonces se establecieron, aunque disminuidas por transgresiones de sucesivos príncipes, preservan aún hoy [mediados del siglo XVIII], un aire de independencia y administración legal que distingue a las naciones europeas, y si esta parte del planeta mantiene sentimientos de libertad, honor, equidad y valor superiores al resto de la humanidad, debe sus ventajas principalmente a las semillas implantadas por estos generosos bárbaros».

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“¿Cómo es que aquellos déspotas de la Edad Media pasaron a ser estos leones herbívoros del siglo XX? El camino no estuvo exento de violencia, sobre todo en guerras para intentar mantener un imperio que violaba esos mismos principios. Pero de ese tránsito la Argentina podría sacar muchas lecciones, porque es un camino de mejora institucional. Y esa calidad institucional puede resumirse en pocas palabras: son limitaciones al poder.”

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Se han cumplido recientemente 800 años de la firma de la Carta Magna, uno de los hitos modernos en la configuración de instituciones para garantizar esos derechos, como parte de un proceso que llevaría luego, en Inglaterra y con algunas similitudes en otros países, al gradual establecimiento de un Estado de Derecho que limitó los abusos del poder, creó las condiciones para el desarrollo de los mercados, la Revolución Industrial y el progreso en una magnitud tal como nunca se había visto hasta entonces.

Este documento fundacional de los derechos individuales modernos es también una clara demostración de que no existe una separación lógica entre libertades «políticas» y «económicas»: se refieren todas a la libertad de acción sin violar derechos de terceros. De hecho, en esta Carta, unos se encuentran a continuación de otros: nadie sería tomado prisionero ni despojado de sus bienes, sino por el juicio legal de sus pares; a nadie le será negada la justicia; todos los comerciantes podrán salir y entrar al país libremente, comprar y vender; no habrá impuestos que no sean los aprobados por los «representantes».

En fin, el artículo completo está en el link de arriba.

 

Al capitalismo le puso nombre su enemigo: Karl Marx. ¿Hay que renegar de él? Según Mises, no

En Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Comienza con una exposición sobre el Capitalismo. Algunos párrafos:

marx-bio

El sistema capitalista fue denominado ‘capitalismo’ no por un amigo del sistema, sino por una persona que lo consideraba el peor de todos los sistemas en la historia, el más grande de los males que había caído sobre la humanidad. Este hombre era Karl Marx. Pero no hay razón para rechazar el término creado por Marx, ya que describe claramente la fuente de las grandes mejoras sociales traídas por el capitalismo. Esas mejoras son el resultado de la acumulación de capital; están basadas sobre el hecho que la gente, como norma, no consume todo lo que ha producido, que ahorran – e invierten – una parte. Hay muchos malentendidos sobre este problema y – en el curso de estas conferencias – tendré la oportunidad de enfrentar los más fundamentales errores que la gente tiene concernientes a la acumulación de capital, el uso del capital, y las universales ventajas que pueden ganarse con dicho uso. Trataré el capitalismo particularmente en mis conferencias sobre inversiones extranjeras y sobre el más crítico problema político de la actualidad, la inflación. Saben, por supuesto, que la inflación existe no solamente en este país. Hoy, es un problema en todo el mundo.

Un hecho sobre el capitalismo, a menudo no bien explorado, es éste: los ahorros significan beneficios para todos aquellos que ansían producir o ganar un salario. Cuando una persona ha ahorrado una cierta suma de dinero – digamos mil dólares – y, en vez de gastarlos, confía estos dólares a un banco o a una compañía de seguros, el dinero va a las manos de un empresario, de un hombre de negocios, permitiéndole embarcarse en un proyecto, en el cual no podría haberse embarcado ayer pues el capital requerido no estaba disponible. ¿Qué hará ahora el hombre de negocios con este capital adicional? La primera cosa que debe hacer, el primer uso que debe hacer de este capital adicional es salir a contratar trabajadores y comprar materias primas, lo cual causa una adicional demanda de trabajadores y materias primas así como una tendencia hacia más altos salarios y más altos precios de las materias primas. Mucho antes que el ahorrista o el empresario obtengan alguna ganancia de todo esto, el trabajador antes desempleado, el productor de las materias primas, el agricultor, el jornalero, están todos repartiéndose los beneficios del incremento en el ahorro.

El momento en el cual el empresario obtendrá algo de su proyecto, depende de las condiciones del mercado en el futuro y de su habilidad en anticipar correctamente esas futuras condiciones del mercado. Pero los trabajadores así como los productores de materias primas obtienen sus beneficios en forma inmediata. Mucho se habló, hace treinta o cuarenta años, sobre la así llamada ‘política de salarios’ de Henry Ford. Uno de los mayores logros del Sr. Ford fue pagar más altos salarios que los que pagaban otros industriales u otras fábricas. Su política de salarios fue descripta como una invención, pero no alcanza decir que esta nueva política ‘inventada’ era el resultado de la liberalidad del Sr. Ford. Un nuevo ramo de negocios, o una nueva fábrica en un ramo de negocios ya existente, tiene que atraer trabajadores de otros empleos, de otras partes del país, aún de otros países. Y la única manera de hacer esto es ofrecer a los trabajadores un mayor salario por su trabajo. Esto es lo que tuvo lugar en los primeros días del capitalismo, y tiene lugar aún hoy. Cuando los fabricantes en Gran Bretaña comenzaron a fabricar productos de algodón, pagaban a sus trabajadores más que lo que éstos ganaban antes.

Por supuesto, un gran porcentaje de estos nuevos trabajadores no habían ganado       absolutamente nada antes de ello y estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa que les ofrecieran. Pero después de un corto período de tiempo – cuando más y más capital se acumulaba y más y más nuevas empresas se desarrollaban – los niveles de salario crecieron, y el resultado fue el inaudito crecimiento en la población británica de lo cual ya hablamos antes.