La teoría del valor (precio) trabajo y el precio de Vaca Muerta

Los alumnos de Historia del Pensamiento Económico I leyeron a Böhm-Bawerk refutando a Marx sobre el valor y el trabajo. Envían comentarios y hacen preguntas. No puedo decir que así las respondería BB pero veamos.

Por ejemplo:

“desde mi punto de vista Bohm Bawerk no logra refutar contundentemente la tesis de Marx principalmente porque no la interpreta del modo en que aquel la expresa son de uno distinto. Así, afirma que su definición de mercancía es estrecha por dejar fuera todos los bienes naturales, y hasta llega a afirmar que estos constituyen parte sustancial de la riqueza de cualquier país, mientras que en realidad Marx aclara que ningún bien natural posee valor por sí mismo sino como parte integrante dentro de cualquier proceso de producción, y ello requiere indefectiblemente de fuerza de trabajo en su extracción, siendo este el creador de su valor.”

Primero aclaremos que Marx está hablando de “valor de cambio”, lo que ahora llamaríamos precio, algo distinto del “valor de uso”, o utilidad. Precisamente, Marx descarta que la utilidad deba ser considerada para comprender por qué un bien se intercambia con otro en determinada proporción (o sea su precio) y sostiene que solamente la cantidad de trabajo (socialmente necesaria) lo explica.

¿Ningún bien natural posee valor por sí mismo y solamente lo tiene por el trabajo necesario para su extracción? Pensemos, por ejemplo, en el yacimiento de shale oil y gas de Vaca Muerta. ¿Qué precio tiene? No tengo idea, pero acá hay una noticia de un periódico oficialista que dice que sería de 810.000 millones de dólares!!! (http://tiempo.infonews.com/2014/03/03/argentina-119809-el-valor-del-petroleo-de-ypf-en-vaca-muerta-supera-los-us-800-mil-m.php)

Shale oil

Pregunto: ¿sacaron ese precio de la cantidad de trabajo socialmente necesaria para extraer ese petróleo? ¿Están contando la plusvalía que se obtendrá del trabajo que luego se realice? En verdad la cifra puede ser una exageración, pero no conozco del tema; podemos tomar cualquier otra cifra menor y preguntarnos qué relación tiene con la cantidad de trabajo socialmente necesario.

Aunque, en verdad, si lo que le da valor a las cosas es el trabajo, deberíamos considerar el trabajo hasta el momento, más el costo de los equipos usados hasta ahora y la plusvalía.  ¿O sea que un precio de venta hoy sería todo plusvalía entonces? ¿Estaría eso medianamente cerca del “precio potencial” que tiene este recurso, incluso si tomamos el 10% de esa cifra, digamos $80.000 millones? ¿Cuánto fue el trabajo realizado hasta el momento como para extraer tal plusvalía?

Otra más: ¿Acaso Axel Kicilloff usó la teoría del valor-trabajo y su relación con el precio para la tasación de YPF? ¿Y cómo resultado de eso le dio que el trabajo socialmente necesario incorporado en los activos de esa empresa tiene semejante precio?

Pero Marx, ¿habla de valor o de precio?

Dice Böhm-Bawerk: “Marx comienza de la proposición que el valor de cambio de todos los bienes es regulado enteramente por la cantidad de trabajo que su producción cuesta.”  Bien, uno puede decir que es una interpretación errónea de BB, pero esto dice Marx:

“La utilidad de una cosa le da un valor de uso. Pero esta utilidad no es algo en el aire. Está limitada por las propiedades del bien, y no tiene ninguna existencia al margen del bien. El bien mismo, el hierro, maíz, diamante es entonces un valor de uso… El valor de uso constituye la materia de la riqueza, cualquiera sea su forma social. En la forma social que vamos a considerar constituye al mismo tiempo el sustrato material del valor de cambio. El valor de cambio se presenta en primera instancia como una relación cuantitativa, la proporción en la que valores de uso de un tipo se intercambian por los de un tipo diferente, una relación siempre cambiante en tiempo y lugar. Por lo tanto, el valor de cambio parece ser algo accidental y puramente relativo, y un valor de cambio intrínseco una contradicción en términos. Veamos la cuestión en mayor detalle”.

“Un simple bien, p. ej., un cuarto de trigo, se intercambia con otros artículos en las proporciones más variadas. Pero su valor de cambio permanece inalterado ya sea que se exprese en X pomada para zapatos, Y seda o Z dinero. Debe, por lo tanto, poseer un contenido diferente de esas distintas formas de expresión. Tomemos entonces dos bienes, trigo y hierro. Cualquiera sea la proporción en la que se intercambien, siempre puede representarse como una ecuación, en la que una cantidad de trigo aparece como igual a una cierta cantidad de hierro. Por ejemplo, 1 cuarto de trigo = 1 cwt de hierro. ¿Qué nos dice esta ecuación?  Que hay un elemento en común de igual cantidad que en sí mismo no es ni uno ni el otro.”…

“Si dejamos de lado el valor de uso de los bienes, solo queda una propiedad, la de ser productos del trabajo”

¿También en Vaca Muerta?

¿Cuáles son los 15 países con mejor calidad institucional?

All BlacksLas instituciones, y su calidad, no cambian dramáticamente de un año a otro. Salvo contadas excepciones, en general negativas, los cambios son graduales aunque si son constantes en el tiempo pueden modificar la calidad institucional profundamente. Esta es la octava edición del Índice de Calidad Institucional y en todas ellas, cuatro países han ocupado las primeras posiciones entre 192 países, aunque cambiando el orden. En esta oportunidad Nueva Zelanda ocupa el primer lugar desplazando a Finlandia, que ahora ocupa el segundo, seguidos de Suiza y Dinamarca.   Estos cuatro países han intercambiado puestos, todos han ocupado el primer lugar en algún momento. Suiza lo hizo en una oportunidad (2007), Dinamarca en cuatro (2008/2011), Finlandia en dos (2012/2013) y ahora Nueva Zelanda por primera vez. Nunca han dejado de ocupar esas primeras cuatro posiciones. Los siguen Suecia, Australia, Canadá, Holanda, Noruega y el Reino Unido para completar los primeros diez lugares. Hay casos de mejoras continuas y destacadas como Ruanda que ha logrado subir en estos ocho años 85 posiciones, desde el puesto 169 hasta el 84. Claro que se pueden subir más posiciones cuando se parte del fondo que cuando ya se está adelante. Al revés, la posibilidad de perder gran cantidad de posiciones es mayor cuando se está arriba que cuando ya se está en el fondo. Entre las primeras cincuenta posiciones se destaca el avance de Taiwán (10 posiciones en los ocho años) y el de Mauricio (18 posiciones), Polonia (+22 hasta la 38) y Georgia (41, hasta la 40). Entre las disminuciones aparece Bahamas (-12 hasta la 35). En cuanto a los que están al final, se destaca Eritrea (que cae 28 posiciones hasta la 190), Venezuela (23 hasta la 184), Siria (32 hasta la 183). Entre las caídas más profundas desde 2007 se encuentran Kiribati (-57), Micronesia (-56), Argentina (-41), Madagascar (-41), El Salvador (-32), Belice (-31), Fiyi (-31). Completando las principales mejoras, además de la mencionada Ruanda está Albania (+42), Laos (+31), Indonesia (+28), Macedonia (+25), Qatar (+24). Dada la gradualidad de los cambios antes mencionada, es más conveniente tomar los cambios 2007/2014 que los cambios que se producen de un año a otro, aunque veremos también esto en relación a América, región en la que profundizamos nuestro análisis. Las primeras quince posiciones han evolucionado de esta forma:

Año 2014 2013 2012 2011 2010 2009 2008 2007 Dif. 2007/2014
País
Nueva Zelanda 1 4 4 2 3 3 4 4 3
Finlandia 2 1 1 4 4 4 3 3 1
Suiza 3 3 3 3 2 2 2 1 -2
Dinamarca 4 2 2 1 1 1 1 2 -2
Suecia 5 5 6 6 9 13 10 6 1
Australia 6 6 7 7 8 11 11 13 7
Canadá 7 7 5 5 5 6 7 11 4
Holanda 8 10 11 8 10 8 6 9 1
Noruega 9 8 10 12 11 14 13 14 5
Reino Unido 10 9 8 10 12 10 8 10 0
Estados Unidos 11 11 9 9 7 9 9 13 2
Irlanda 12 12 14 11 6 7 12 12 0
Alemania 13 13 12 14 14 16 14 15 2
Islandia 14 18 19 15 13 5 5 5 -9
Luxemburgo 15 14 13 13 16 15 15 7 -8

En estos años se destacan los avances de Australia y Noruega, y las caídas de Islandia y Luxemburgo, aunque el primero parece haber comenzado un proceso de recuperación luego de la crisis bancaria y financiera de 2008. El Índice, como en otras ocasiones, está formado por dos componentes, uno que evalúa la calidad de las instituciones políticas y otra la de las instituciones de mercado. Los primeros puestos en las primeras son ocupadas principalmente por países escandinavos. Las cinco primeras posiciones corresponden a Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda. Existe una visión sobre estos países que no se corresponde con su situación actual, como si fueran países de alta libertad política pero de características socialistas en cuestiones económicas. Sin embargo, estos países ocupan también destacadas posiciones en el componente de las instituciones de mercado: Noruega está en el puesto 21, Suecia en el 13, Dinamarca en el 7 y Finlandia en el 6. Son países de alta calidad política y apertura económica. En este segundo componente las primeras cinco posiciones corresponden a Singapur, Hong Kong, Nueva Zelanda, Suiza y los Estados Unidos.

Argentina cayó 41 lugares en el Indice de Calidad Institucional desde 2007

La Fundación Libertad y Progreso difundió esta gacetilla para anunciar la nueva edición del Índice de Calidad Institucional. Estaré comentando más en futuros posts.

 

Argentina cayó 41 lugares en el Indice de Calidad Institucional desde 2007

FECHA 06,05, 2014

  • El control de cambios, políticas económicas erráticas y el avance sobre la libertad de prensa y la justicia explican el derrumbe del país en el ranking  /  La medición, hecha por el economista Martín Krause para la Fundación Libertad y Progreso, promedia 8 indicadores internacionales de calidad de instituciones políticas y de mercado para 192 países  / Venezuela, entre los peores desempeños

Según datos del Indice Internacional de Calidad Institucional 2014, que elaboró el economista Martín Krause para la Fundación Libertad y Progreso,desde 2007 la Argentina cayó 41 lugares en este ranking que mide la calidad institucional de los países tomando ocho indicadores elaborados por organismos internacionales y promediándolos. Así, el país se encuentra en el puesto 134 del ranking, que mide 192 países a partir de los 4 índices internacionales de instituciones políticas “Vigencia del derecho”, “Voz y Rendición de Cuentas”, “Libertad de Prensa” y “Percepción de Corrupción”; y los 4 índices internacionales de instituciones económicas  “Competitividad Global”, “Libertad Económica” (Heritage), “Libertad Económica” (Fraser) y “Haciendo Negocios” (Doing Bussiness, del Banco Mundial). (El informe completo del ICI 2014 puede descargarse en http://www.libertadyprogresonline.org/wp-content/uploads/2014/05/%C3%8Dndice-de-Calidad-Institucional-2014.pdf

La presentación, que estuvo a cargo de Martín Krause; el escritor y consejero académico de Libertad y Progreso, Marcos Aguinis; y el director ejecutivo de Libertad y Progreso, Aldo Abram, se realizó vía online en Agrositio.com, y fue seguido por 225 usuarios de 18 provincias y 5 países.   De acuerdo a este estudio, que cuenta con el apoyo de Relial (Red Liberal de América Latina) y la Fundación Naumann, Argentina se encuentra entre los países que más cayeron en Calidad Institucional desde 2007. “En ese período, cayó 41 posiciones en el ranking, igualando en caída a Madagascar (que cayó 41); y superando en la baja a El Salvador (cayó 32), Belice (cayó 31) y Fiyi (cayó 31). Sólo Kiribati (cayó 57) y Micronesia (cayó 56) superaron el descenso en el ranking Calidad Institucional de nuestro país”, destacó el informe elaborado por Krause.

“La caída de Argentina se profundiza a partir de los ataques del gobierno de Cristina Kirchner a la propiedad, como la expropiación de YPF o el control de cambios; el avance sobre la libertad de prensa, y un creciente descalabro económico. Además, contribuyeron a esto los avances contra la Justicia, que ponen en riesgo su independencia y el sistema de división de poderes; y una constante conducta de confrontación. Todo este panorama anula las posibilidades de consenso en el país y reducen a papel decorativo aquellas instituciones apropiadas para alcanzarlo, como el Congreso de la Nación.

Finalmente, cabe destacar como un factor que contribuyó a la caída el uso de poderes extraordinarios, que concentra aún más las decisiones en pocas personas y genera más incertidumbre”, señaló Krause.   Por su parte Abram destacó las bondades del libre comercio para las relaciones de los países, otro de los puntos que toca el estudio de Krause. “En un país adonde hay comercio fluido y buenas relaciones comerciales con otros países, es raro que se apoye a un gobierno belicoso. Un ejemplo es la Unión Europea, cuyos países tuvieron un pasado con muchos enfrentamientos. Con el balance que hay hoy en la UE es difícil imaginar una guerra entre sus integrantes”, explicó Abram.

El director de Libertad y Progreso también criticó el proteccionismo por sus efectos negativos en los ciudadanos. “Un gobierno en serio en vez de ponerse a proteger a los empresarios, los que tiene que empujar para que compitan y ofrezcan mejores productos a la población. Y eso también tiene que ver con la trasparencia y la calidad institucional. Cuando más democráticos y transparentes son los países, menos posibilidades de privilegios arbitrarios y protecciones puede haber para las empresas”, acotó Abram.

Seguidamente habló Aguinis, que destacó los ejemplos de los países que se propusieron mejorar en calidad institucional. “Si bien temo porque se deteriore aún más la calidad institucional y la educación en la Argentina, veo esperanza en la evolución de otros países. Miren lo que pasó con Ruanda, las tragedias que vivió en el pasado reciente, y cómo se está recuperando. Si la ciudadanía se lo propone y presiona a los dirigentes, podemos recuperarnos rápidamente”, destacó Aguinis. “Argentina es un país que se resiste a ser enterrado, por los extraordinarios dirigentes que tiene. Eso a pesar de algunos dirigentes que tiene, que no están a la altura de las circunstancias. Yo por ejemplo me pregunto que pasará en 2015, si va a haber tolerancia, período de gracia, para el nuevo gobierno que asuma y tenga que tomar medidas antipáticas. Y en la oposición nadie está debatiendo eso”, explicó el pensador.

Dos caminos a seguir: Venezuela o Perú

En el marco del ICI, y como contracara, cabe destacar para Krause que países con menos historial o tradición histórica institucional que Argentina, pero que se pusieron en la tarea de mejorar sus instituciones políticas y de mercado, lograron mejoras a destacar desde 2007. Tal es el caso de Ruanda, que subió 85 posiciones desde el puesto 169 hasta el 84; Albania, que subió 42; Laos, que subió 31; Indonesia, que trepó 28; Macedonia, que ascendió 25, y Qatar, que trepó 24 posiciones. Esto muestra que la Argentina puede recuperar calidad institucional si adopta las medidas necesarias para lograrlo.

En tanto, mirando los resultados del Indice 2014, Argentina podría observar dos grupos de países americanos que representan dos caminos distintos en la construcción de calidad institucional. El primer grupo está conformado por Venezuela, Cuba y Haití, que están entre los cinco países americanos con peor calificación en instituciones políticas y de mercado y tienen pésimos puntajes en los índices internacionales que se usan para hacer el ranking de Calidad Institucional.

El otro grupo que puede mirar Argentina es el conformado por Chile, por su constante posición destacada en el ranking; y Perú y Colombia, por sus avances en construcción de calidad institucional. “Perú, por ejemplo, es un país que ha mantenido consistentes políticas con gobiernos de distinto tinte, generando condiciones de seguridad para la inversión y un continuo proceso de crecimiento económico. Este país ha mejorado 20 posiciones desde 2007. Lo acompaña Colombia en esta mejora, aunque unos veinte puestos más atrás en el indicador general, mostrando la misma continuidad de políticas económicas más un destacado avance en materia de seguridad y violencia. El caso de Perú, sobre todo, sumado al de Chile, son ejemplos de los logros que permite la mejora de la calidad institucional y, además, que se puede salir de las peores condiciones imaginables (dictadura militar, hiperinflación, caos), y lograr consistentes mejoras que cambian la situación de esos países de forma tal que parece imposible que esos pasados hayan existido o puedan volver a ocurrir”, destacó el informe de Krause.

Los mejores y los peores del mundo y de América

Esta es la octava edición del Índice de Calidad Institucional y en todas ellas, cuatro países han ocupado las primeras posiciones entre 192 países, aunque cambiando el orden. En esta oportunidad Nueva Zelanda ocupa el primer lugar desplazando a Finlandia, que ahora ocupa el segundo, seguidos de Suiza y Dinamarca. Estos cuatro países nunca han dejado de ocupar las cuatro primeras posiciones desde que se hace esta medición. Los siguen Suecia, Australia, Canadá, Holanda, Noruega y el Reino Unido para completar los primeros diez lugares de 2014. En tanto, tomando solamente los indicadores de calidad política, los primeros puestos son ocupados principalmente por países escandinavos.

Las cinco primeras posiciones corresponden a Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia y Nueva Zelanda. “Existe una visión sobre estos países que no se corresponde con su situación actual, como si fueran países de alta libertad política pero de características socialistas en cuestiones económicas. Sin embargo, estos países ocupan también destacadas posiciones en el componente de las instituciones de mercado: Noruega está en el puesto 21, Suecia en el 13, Dinamarca en el 7 y Finlandia en el 6. Son países de alta calidad política y apertura económica”, destaca Krause.

Como contracara a estos países, Corea del Norte continúa en la última posición del ranking. Las noticias sobre este país, los testimonios de detenidos políticos y las purgas internas entre miembros del mismo gobierno son una muestra de la violación de los derechos individuales, tanto políticos como económicos. “La presencia de Venezuela en el grupo de los peores países en Calidad Institucional junto a Corea del Norte ratifica el deterioro observado en ese país.

Es, también, reflejo de una visión sobre la democracia que otros gobiernos de la región comparten, aunque no llegan a esos extremos. Se trata de la idea de que una mayoría electoral otorga un poder absoluto al gobernante, un poder tal que le permite avasallar los derechos de las minorías”, destaca Krause.  Los últimos puestos en el índice consisten en regímenes dictatoriales o en democracias populistas totalitarias que violan libertades tales como la de expresión y de prensa, de propiedad, de traslado, de asociación. En el subíndice de instituciones políticas las cinco últimas posiciones, partiendo del último puesto, corresponden a Turkmenistán, Corea del Norte, Uzbekistán, Eritrea y Guinea Ecuatorial. En el de instituciones de mercado lo son Corea del Norte, Cuba, Sudán del Sur (esta nueva nación se incorpora este año al ICI), Chad y Eritrea. Venezuela ocupa la posición 175 en instituciones políticas y 186 en instituciones económicas.  En lo que se refiere a América, otro dato interesante a observar del Indice es que, mirando a otros países del continente con problemas de calidad institucional (como Belice, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Ecuador o Bolivia) se observan fenómenos en común, como estatizaciones de empresas, default, política populista, versiones más moderadas del chavismo venezolano, avance sobre la prensa e intervencionismo económico.

¿Exuberancia irracional en los precios de viviendas y terrenos en Vaca Muerta?

Carlos Pagni escribe en La Nación un muy breve artículo sobre el pueblo llamado Añelo, ubicado  en la zona de desarrollo de los nuevos yacimientos de shale oil y shale gas en Neuquén:  http://www.lanacion.com.ar/1687200-anelo-la-fiebre-del-shale-ya-tiene-su-meca

Vaca Muerta

Lo reproduzco todo porque es corto:

“En 1948, en Coloma, California, un agricultor descubrió pepitas de oro. La noticia atrajo una oleada de cazafortunas que pasó a la historia como «la fiebre del oro».

Neuquén tiene hoy su Coloma. Se llama Añelo, y está sobre Vaca Muerta . Desde que se decidió explotar ese yacimiento, Añelo es un caso de «exuberancia irracional». Alquilar un monoambiente puede costar $ 18.000 por mes. Y el local de un maxiquiosco, $ 25.000. Un lote de 500 m2 cuesta US$ 100.000. Una hectárea cerca de la ruta, US$ 300.000.Casi todos los terrenos son fiscales. En 2010, Añelo tenía 2500 vecinos. Ahora tiene más de 4000.

Aún nadie sabe qué tipo de negocio es Vaca Muerta. Pero la fiebre del shale gas y el shale oil está desatada. A pesar de que Añelo carece de infraestructura, se multiplican las inversiones hoteleras. Como la provincia y el municipio no se pusieron de acuerdo, ya hay dos parques industriales.

Añelo es la metáfora del desafío nacional. Puede simbolizar una vía rápida hacia la modernidad. O ser la semilla de un nuevo conurbano.”

No creo que debiéramos llamar a lo que ocurre “exuberancia irracional”. No quiere decir que ésta no exista. Se utiliza eso para señalar las «burbujas» que se generan en distintos activos originadas en políticas monetarias expansivas. Es decir, la autoridad monetaria emite, aumenta la oferta de dinero por sobre su demanda, y ese dinero adicional se dirige a comprar algunos activos, donde aparece una «burbuja», que luego se pincha. Como en la Argentina hay también exceso de emisión monetaria se pueden generar «burbujas» (aunque las nuestras son casi siempre en el dólar paralelo). ¿Es Añelo un caso «de esos?

No creo, es una clara respuesta a lo que ocurre en la zona. Es un desierto, no hay nada. La señal del mercado es muy clara, hacen falta más viviendas, maxiquioscos. Esos precios son una señal muy fuerte que busca atraer inversores para que vayan y los construyan.

Anticipo que algunos van a pensar que eso muestra gente que se está aprovechando. Sí, claro, como cualquiera, pero sobre todo están señalando la escasez y generan el incentivo para reducirla. El problema básico es que hay pocos oferentes y muchos demandantes. Si la tierra está tan cara, bien podría el estado vender sus terrenos fiscales y aumentar la oferta, los precios caerían.

Lo peor que podría hacerse en ese caso es intervenir en los precios, por ejemplo, fijando precios máximos para las viviendas o los alquileres, pues de esa forma estaríamos destruyendo la señal que llama a los gritos a los inversores a poner su dinero allí en viviendas y comercios.

La inflación, el impuesto a las ganancias y el gasto

La inflación es un fenómeno monetario, ocasionado por un aumento de la cantidad de dinero más allá de su demanda. Ahora bien, muchas veces se la menciona como un “impuesto”, que es parte de la política fiscal, no monetaria. ¿A qué se refiere esto?

Inflación e impuestos

A dos cosas: una de ellas es que la emisión, al menos en el caso argentino actual, tiene como destino financiar el gasto público, cosa que debería hacerse mediante impuestos. La otra es que es una carga que cae sobre las tenencias en efectivo (billetes o cajas de ahorro en bancos), o en depósitos que no rindan una tasa de interés mayor a la de inflación (o mejor dicho la tasa a la que pierde poder adquisitivo la moneda). Aunque la inflación en este sentido golpea a todos, más lo hace a quienes no pueden ahorrar y proteger sus ingresos de alguna forma que evite esa pérdida: los trabajadores en general suelen ser parte de este grupo.

Pero la inflación tiene un impacto adicional, a través del impuesto a las ganancias. Como el mínimo no imponible crece menos que los salarios (impulsados a su vez por el objetivo de, al menos, no perder poder adquisitivo) entonces cada vez más personas están sujetas al pago de este impuesto, o cada vez pagan más si es que pasan de una categoría a otra mayor.

No es de extrañar que exista una extendida protesta gremial sobre esto, la que busca que se eleve ese mínimo de forma tal que muchos trabajadores queden exentos de ese impuesto.

Si bien esa queja es justificable, el argumento es incompleto y no va a la raíz del problema. Todos los sindicalistas demandan esa modificación pero ninguno de ellos dice nada respecto a la verdadera causa de lo que sucede: el gasto público. Es decir, ¿por qué el gobierno no eleva ese mínimo? Pues porque va a recaudar menos y necesita hasta el último peso para cubrir ese gasto ya que ahora incluso está en una situación de déficit fiscal.

Curiosamente, este punto surge, aunque en forma indirecta, de declaraciones de un sindicalista cercano al gobierno. La Nación trae una entrevista a Víctor Santa María, secretario  del sindicato de encargados de edificios: http://www.lanacion.com.ar/1687205-victor-santa-maria-este-gobierno-no-esimpositivamente-progresista

Comenta el sindicalista: “A mí el reclamo de Ganancias me parece justo. Personalmente y desde el lugar del trabajador, para mí, no debiera ni existir.”

-¿Qué le diría Cristina si usted se lo sugiriera?

-Me diría: «¿Y de dónde sacamos para la Asignación Universal, para la obra pública, para comprar YPF, para el plan Procrear.?».

Correcto. No sé si eso le diría Cristina, pero debería. Y los sindicalistas, y trabajadores, deberían comprender que tienen que pagar impuestos para pagar el gasto, no solamente el de esos planes sociales o el de YPF, sino también las pérdidas de Aerolíneas Argentinas, el Futbol para Todos y la propaganda oficial entre otras cosas.

Se puede protestar contra los impuestos, pero también habría que hacerlo contra sus causas.

El mercado lleva la tecnología hasta los más pobres del planeta

El proceso de innovación empuja a las empresas a ofrecer sus productos a números cada vez más amplios de consumidores. Como Henry Ford al desarrollar el Ford T, si van a hacer autos quieren que todos tengan uno, hay un impulso a querer llegar hasta el último habitante del planeta. Los más ricos pagan, en buena medida, los costos del desarrollo de nuevas tecnologías. Esto es porque están dispuestos a pagar buenas sumas por productos que luego se masifican y llegan muy baratos a todos los demás.

Hoy un lector de DVD se consigue por 50 dólares (http://popular.ebay.com/misc-c-d/dvd-player.htm) cuando los primeros lectores de video salían 2.000. (Tengo que tomar un precio en Ebay en dólares porque resultaría muy complicado hacer esa comparación en pesos luego de tan sólo unos 20 o 25 años). Los primeros celulares pesaban como un ladrillo y salían lo mismo, hoy los regalan en muchos países junto con algún plan de uso.

Pero no es la tecnología, es la competencia la que lleva a extender el mercado hasta sus últimos límites. Muchos no teníamos teléfono porque había un proveedor de telefonía por cable que era monopólico y, usualmente, estatal. La tecnología celular permitió la existencia de varias empresas y esta competencia hizo que hoy cualquiera tenga un celular. Antes, un habitante de una villa o barrio carenciado (e incluso yo en ese entonces), estaba desconectado y sólo tenía acceso a algún teléfono público cercano (si es que funcionaba). Al competir, las empresas quieren llegar a más y más clientes, esto lleva los teléfonos a todos.

Celulares en Africa

Lo mismo está ocurriendo en el continente más pobre. Un informe de Gallup muestra que África es el segundo mercado de celulares luego de Asia y el de mayor crecimiento: http://www.gallup.com/poll/168797/africa-continues-going-mobile.aspx?utm_source=alert&utm_medium=email&utm_campaign=syndication&utm_content=morelink&utm_term=World

Casi dos tercios de las familias del África subsahariana tienen al menos un celular con una cobertura que va desde 96% en Mauritania y 87% en Botsuana hasta el 40% en Madagascar. Por supuesto que los de mayores ingresos tienen más, el 80% del 20% de arriba tiene celular pero lo notable es que el 55% del 20% más pobre también lo tiene. Estas tecnologías igualan a ricos y pobres. Los ricos tendrán “smartphones”, pero en cuanto a la capacidad de comunicarse la tienen tanto unos como otros.

Y el gran cambio es para las poblaciones rurales. El 63% de estas poblaciones africanas tienen ahora un celular, eran solo el 43% hace seis años.

Y aquí no hubo ningún “plan social”, subsidio o política gubernamental, simplemente la “voracidad” de las telefónicas para llegar hasta el último consumidor del planeta.

Petróleo, subsuelo y pueblos originarios

Surgió ahora un debate acerca de la definición de políticas sobre el petróleo en relación a una iniciativa impulsada por el presidente de YPF, Miguel Galuccio, que implica darle mayor control al estado nacional sobre el recurso petrolero: http://www.lanacion.com.ar/1686477-malestar-por-el-plan-oficial-para-limitar-el-control-provincial-del-petroleo

Las provincias estarían resistiendo este avance sobre lo que entienden es un recurso que les pertenece. Esto, obviamente, plantea una discusión sobre el derecho de propiedad.

Petróleo

Un funcionario de la provincia de Neuquén es citado afirmando que “»Neuquén detenta, como todas las provincias, el dominio del gas, el petróleo y el agua.”. Es decir, la Constitución otorga el derecho de propiedad a las provincias. Pero luego, resulta que ese derecho de propiedad es relativo. Comenta el senador Fernando “Pino” Solanas: «Vamos de un error a otro. Desde que el dominio quedó en manos de las provincias en 1994 y la política energética es potestad del gobierno nacional tenemos una fractura».

Es decir, que el derecho de propiedad es limitado, ya que las provincias son “propietarias” y pueden otorgar concesiones para la explotación del recurso, pero luego cuestiones tales como el precio del recurso es una decisión del gobierno nacional. Esto significa que las provincias, no “poseen” el recurso en tanto no pueden ejercer uno de sus componentes básicos que es el uso y disposición, no pueden decidir a qué precio ofrecen el recurso. Esa “fractura” que señala Solanas es claramente un problema, ya que divide el derecho de propiedad entre dos “propietarios”, lo cual genera el conflicto que la noticia analiza.

Existen distintas alternativas en cuanto a la definición de la propiedad sobre recursos tales como el petróleo o el gas. Guillermo Yeatts ha estudiado la asignación de derechos de propiedad sobre estos recursos en América Latina: http://www.guillermoyeatts.com.ar/libros_robo_subsuelo.htm

Para considerar las opciones posibles, tengamos en cuenta las siguientes:

  1. El subsuelo podría ser propiedad del dueño de la superficie. Esto ocurre en algunos estados en Estados Unidos. Genera un fuerte incentivo a que el propietario de la superficie explore, o permita a otros explorar, ya que si se encuentra el recurso recibe una poderosa recompensa.
  2. El recurso podría ser propiedad de quien lo descubra primero. Esto significa que no es ya el “superficiario” sino quien llegue primero al recurso. La alternativa 1., es producto de una tecnología de perforación en la que se perfora verticalmente hasta llegar al yacimiento, y por ello es clave el acceso desde la propiedad de quien posee la superficie. Pero ahora, se puede perforar tanto vertical como horizontalmente. Es decir, puedo perforar en mi propiedad, pero luego avanzar hacia los costados lo que sea necesario. Entonces, ya no importa tanto quien sea el dueño de la superficie sino quien llega primero al yacimiento descubierto.
  3. El recurso puede ser propiedad del estado local, provincial o nacional.

En este sentido, parece ser un error que, como dice Solanas, el “dominio” quede en unos y la “política” quede en otras manos. Un estado provincial puede tener la propiedad, pero si luego la establecen las condiciones de venta y el precio entonces su dominio es más que limitado

Es necesario que se unifique el derecho de propiedad. La propuesta actual avanza hacia una mayor división entre “dominio” y “política”. Seguramente hasta preferirían que ambas estuvieran en manos del estado nacional, pero bien podría ser al revés, que ambas estuvieran en manos de los propietarios, en este caso, los gobiernos provinciales.

Por supuesto, creo que mayor sería el incentivo a producir si ambos estuvieran en manos del superficiario o del primer ocupante, pero la propiedad estatal del subsuelo, heredada en la colonia de la propiedad que el rey tenía de sus dominios parece lo único que puede considerarse. Sin embargo, sería de gran beneficio para los ahora llamados “pueblos originarios”, ya que serían propietarios de esos recursos y verían los beneficios de explotarlos. En el esquema actual, lo peor que le puede pasar a una comunidad de estas es que se descubra petróleo o gas, porque es apropiado por el estado provincial, asignado en concesiones y vaya a saber si vuelve algo de las regalías que se cobran. Ante esa circunstancia, no extraña que se opongan a todo desarrollo, también de minería, pero habría que ver si pensarían lo mismo en caso de ser propietarios.

 

 

 

 

 

La inflación y los grupos concentrados

Se planteó en este blog una discusión sobre la inflación y su origen en políticas monetarias o en la puja distributiva. Al respecto, reproduzco aquí un artículo de Nicolás Cachanosky publicado en InfoBAE. Nicolás, es amigo y fue, además, profesor adjunto en mi cátedra. Ahora es profesor adjunto en la Metropolitan State University de Denver.

La inflación y los grupos concentrados

Nicolás Cachanosky

En un comentario anterior comentaba lo sorprendente de que en un país con una historia inflacionaria única como Argentina se cuestione que la inflación es un problema monetario. En aquel texto me refería al problema de cómo comparar expansión monetaria con inflación y al por qué en Estados Unidos no se observa un aumento en el nivel de precios acorde a la expansión de su base monetaria. La explicación alternativa de que la inflación en Argentina se debe a pujas distributivas de grupos concentrados adolece de dos problemas serios: (1) niega el análisis económico de demanda y oferta al bien dinero y (2) confunde cambios en precios relativos con cambios en el nivel de precios (la inversa del precio del dinero). No me resulta muy convincente utilizar la teoría de los grupos concentrados para sostener de manera indirecta que en Argentina las leyes económicas funcionan distinto que en el resto del mundo. Hay un tercer problema, y es que no explica por qué los grupos concentrados sólo producen inflación de niveles en torno al 25% en unos pocos países como Argentina pero no en el resto del mundo.

Según el argumento de los grupos concentrados, hay grandes empresas que al tener poder monopólico aumentan los precios buscando capturar mayores rentas siendo el verdadero origen del flagelo de la inflación. De este modo, el kirchnerismo puede al mismo tiempo argumentar que ellos no son responsables de la alta inflación quitando el foco de atención del banco central y presentarse como los protectores del consumidor frente al gran empresario. Cuando el asalariado ve sus ahorros derretirse a un ritmo del 25% debe agradecer al gobierno el hacer todo lo posible por ayudarlo en lugar de responsabilizarlo por este problema. ¿Pueden, sin embargo, los grupos concentrados producir inflación?

En primer lugar, es importante distinguir entre monopolios naturales y monopolios legales o artificiales. El monopolio natural no es otra cosa que el resultado de la escasez que hay en el mundo de recursos productivos. Dado que los recursos son escasos, es posible que en ciertos mercados no haya lugar para más de un productor (especialmente cuando los costos fijos de operar son altos). Por ejemplo, no siempre es eficiente tener dos tendidos de cañerías para proveer agua o gas dado que no hay suficientes recursos para hacer esto de manera rentable, o dos líneas de tren en paralelo. Hay otro usos alternativos más importantes que una segunda cañería o dos trenes haciendo exactamente el mismo recorrido. Supongamos por un momento que la tesis de los grupos concentrados es correcta y estas empresas monopólicas pueden aumentar los precios un 25% sin perder clientes. El resultado ha de ser un notable incremento en la rentabilidad, lo cual atrae competidores al sector en busca de estas altas rentas. Ahora sí sería posible, por ejemplo, instalar una segunda red de cañerías.

Los monopolios legales o artificiales son distintos. En este caso el poder monopólico proviene de un beneficio que el estado otorga a algunos productores en particular. Al no permitir la competencia, el estado permite que los productores beneficiados ofrezcan sus productos a precios mayores a expensas del consumidor. El monopolista legal no debe temer perder el mercado frente a la competencia y por lo tanto no tiene incentivos para mantener sus precios en niveles competitivos ni ofrecer productos de calidad. Es decir, en la medida que la tesis kirchnerista de los grupos concentrados sea cierta, la solución es muy fácil, eliminar las regulaciones y favorecer un ambiente competitivo. Tengo mis dudas de que el Kirchnerismo y los que mantienen esta posición lo hagan de manera consistente.

El problema es que los grupos concentrados pueden, a lo sumo, tener un efecto de única vez en los precios relativos, pero no en el nivel de precios. Lo que esta explicación olvida es de dónde proviene el dinero para pagar aumentos de precios del 25% anual. La siguiente tabla muestra una situación inicial, Caso 1, donde hay dos bienes, uno monopólico y otro competitivo. Los dos bienes se producen en la misma cantidad y tienen el mismo precio. La tabla también muestra la oferta de dinero del mercado, la demanda de dinero y el circulante que los consumidores destinan a la compra de estos dos bienes. La última columna muestra el nivel de precios en cada caso. ¿Qué sucede si el productor del bien monopólico decide ejercer su poder de grupo concentrado y aumenta el precio un 25%, llevándolo de 100$ a 125$?

Asumiendo (1) que la cantidad de dinero no varía (dado que no es causa de la inflación según la teoría de los grupos concentrados), (2) que el monto total de dinero (40.000$) usado para comprar estos bienes tampoco varía y (3) que la cantidad consumida del bien monopólico no varía (lo cual es muy poco realista), entonces pueden suceder dos cosas. En el Caso 2, reducen su consumo del bien competitivo que mantiene su precio constante en 100$. En elCaso 3 el productor del bien competitivo reduce el precio a 75$ para mantener la venta de unidades constante en 200. En el Caso 1 el precio relativo de bien monopólico (pBP) respecto al bien competitivo (pBC) es pBM/pBC = 1. En el caso 2 y caso 3 el precio relativo cambia a 1.25 y 1.66 respectivamente.

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¿Cómo hace el productor competitivo para subir también sus precios un 25% y no perder clientes si los consumidores no tienen más dinero para gastar? No es posible gastar el dinero que no existe, por lo que no es posible tener un aumento generalizado del nivel de precios sin un aumento en la cantidad de dinero (o una disminución en la demanda de dinero). Siguiendo el argumento de los “grupos concentrados”, estos productores podrán a lo sumo cambiar el precio relativo de sus bienes respecto a otros en el mercado, pero no pueden afectar el nivel de precios. Es importante recordar que el nivel de precios es la inversa del precio del dinero, por lo que depende de la demanda y oferta de dinero, no de la estructura de mercado que define precios relativos, no su nivel. Distintos niveles de precios pueden tener los mismos precios relativos. Esta explicación confunde, en definitiva, precios relativos con nivel de precios. Los cambios que muestra la tabla son de una única vez, el productor monopólico no puede aumentar su precios un 25% cada año sin perder consumidores. No es, en definitiva, algo que pueda suceder permanentemente.

El único caso en que el nivel de precios muestra una variación es cuanto se reduce la cantidad producida del bien competitivo. Lo realista, sin embargo, es asumir que también hay una reducción en el consumo del bien monopólico. Es decir, en términos reales el PBI disminuye. Es porque hay menos bienes respecto a la cantidad de dinero que el nivel de precios sube de 100 a 114 (menos que el 25% del bien monopólico). En el caso 3, el nivel de precios se mantiene constante, lo que quiere decir que el problema es un cambio de precios relativos, no de nivel de precios, el aumento en el precio del bien monopólico produce una disminución en la demanda del bien competitivo. La realidad, por supuesto, será una combinación de los casos 2 y 3 y alguna reducción en la demanda del bien monopólico.

Se podrá argumentar que los grupos concentrados producen bienes que deben ser utilizados para producir una gran cantidad de bienes, transfiriendo así el aumento de precios al resto de la economía. Si el precio de la energía sube, entonces el precio de todos los bienes que se producen haciendo uso de energía también suben. Esta explicación adolece de varios problemas. En primer lugar, en Argentina las tarifas están reguladas, por lo que es difícil aplicar este caso. En segundo lugar, desde la llamada “revolución marginal” en economía es claro que son los precios finales los que determinan los costos de producción, no los costos de producción los que determinan los precios de consumo. Así como en Astronomía el ver a los planetas y estrellas girar alrededor de la Tierra llevó a creer que la Tierra era el centro del Universo, en economía hay que tener cuidado de no caer en el efecto visual de creer que los costos determinan precios finales. La revolución marginal fue a la economía lo que la revolución copernicana fue a la Astronomía. En tercer lugar, esta explicación asume como punto de partida aquello mismo que debe explicar: un aumento de precios. Asumir la inflación para explicar la inflación no es una argumento válido para decir que este no es un problema monetario.

Una vez despojada de la retórica kirchnerista, y analizando el argumento de los grupos concentrados con mayor cuidado, vemos que en definitiva es necesaria una expansión monetaria para que los precios suban constantemente. Podría decirse, que algo de verdad esta teoría tiene. En definitiva la inflación es el resultado de un monopolista estatal en particular: el banco central. De poco sirve hacer la vista gorda al origen del problema esperando que desaparezca por arte de magia o mediante anacrónicos controles de precios.

http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2013/12/08/la-inflacion-y-los-grupos-concentrados/

 

Producimos muchos alimentos, ¿ahora hay que ver cómo distribuirlos?

En una entrevista por la radio el sábado por la mañana, Juan Carr, quien desarrolla una notable actividad promoviendo la ayuda voluntaria para eliminar la pobreza a través de Red Solidaria, hablando sobre la situación argentina y que este país produce alimentos en cantidad suficiente como para eliminar el hambre de 450 millones de personas, propuso que era hora de sentarse a discutir la distribución de esos alimentos. La idea es que de esa forma se podría eliminar el hambre, al menos en la Argentina.

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Esta opinión es tan vieja como errónea. La idea de que la producción y la distribución son dos fenómenos distintos, separados, y regidos por leyes diferentes se encuentra ya en John Stuart Mill, autor que hemos estado viendo con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico, precisamente sobre este tema. Dice Mill:

“Quiéralo o no el hombre, su producción estará limitada por la magnitud de su acumulación previa y, partiendo de ésta, será proporcional a su actividad, a su habilidad y a la perfección de su maquinaría y al prudente uso de las ventajas de la combinación del trabajo […] No sucede lo mismo con la distribución de la riqueza. Esta depende tan solo de las instituciones humanas. Una vez que existen las cosas, la humanidad, individual o colectivamente, puede disponer de ellas como le plazca. Puede ponerlas a disposición de quien le plazca y en las condiciones que se le antojen” Principios de Economía Política (FCE [1848], p. 191).

Todos podemos tener alguna idea de cómo desearíamos que se distribuyera la riqueza en alguna sociedad ideal, pero lo que es incorrecto es pensar que esa “redistribución” (así hay que llamarla porque la distribución original ya se realizó por medio de decisiones individuales voluntarias) no va a impactar en las “leyes de producción” o, en otras palabras, en los incentivos para producir.

Toda producción se hace con miras a una distribución determinada: trabajo porque espero que recibiré un determinado sueldo. Si luego de haber trabajado, cambian las condiciones, entonces mis incentivos a trabajar en el futuro serán distintos.

Es más, eso es precisamente lo que ocurre en la Argentina con las retenciones a las exportaciones de esos mismos productos alimenticios que se estima pueden ser redistribuidos. Estos impuestos vigentes, que llegan en algunos casos hasta el 35% del precio de exportación (FOB) y son luego “redistribuidos” a voluntad o “como les plazca” según Mill, ya están impactando en los volúmenes de producción, los que serían mayores si esos impuestos no existieran. Es decir, si hoy se produce una cantidad total que permitiría sacar del hambre a 450 millones de personas, sin esa “redistribución” bien podría producirse una cantidad que sacara del hambre a 600 u 800 millones. Es lo que ha ocurrido en países vecinos donde no existen esos impuestos y la producción ha aumentado más que en Argentina, superándola en exportaciones tales como carnes o trigo.

En definitiva, el impacto de la “redistribución” en la “producción” lo estamos viendo ahora, lo tenemos delante de nuestra vista. La idea de que son decisiones guiadas por leyes diferentes debería ser definitivamente abandonada.

Tal vez se quiera continuar con la redistribución de todas formas, no estoy discutiendo eso aquí, pero debería presentarse su “costo” en términos de menor producción.

Otra sobre la cultura de los gobernantes. «Casi primitivos», dice el presidente de la Corte, ¿y los votantes?

Tal vez no es mera coincidencia encontrar tantas notas periodísticas con opiniones negativas sobre la “cultura” de los gobernantes. Ayer vimos la del escritor español Arturo Pérez-Reverte, hoy es el presidente de la Corte Suprema de Justicia argentina quien se despacha diciendo que: «Hay algo que vemos en todo el planeta: la gobernabilidad está en manos de gobernantes culturalmente casi primitivos.»

http://www.lanacion.com.ar/1684942-lorenzetti-y-un-mundo-de-primitivos-gobernantes

Coincidiendo con la visión que presentamos en el texto y las clases cuando introducimos el análisis económico de la política, menciona que  «Se ocupan de las próximas elecciones y no de las próximas generaciones”. Obvio, persiguen sus propios intereses, como cualquier otra persona, y su interés es alcanzar el poder, mantenerlo y resultar electo o reelecto. No estarán presentes cuando lleguen las próximas generaciones.

Lorenzetti

El asunto entonces, no es pretender que quienes lleguen a las instancias de poder sean santos, tenemos que contentarnos con políticos de carne y hueso, como cualquiera. En tal sentido, lo importante es: cuál es el conjunto de instituciones que establecen los incentivos que quienes se dedican a la política encuentran, y si estos canalizan su búsqueda del interés personal hacia algo que podamos llamar “bien general”. Como dice James Buchanan, precursor del Public Choice, el asunto es analizar “la política sin romance”, como es, no como pensamos que debería ser.

Y si los políticos pueden salirse con la suya y perseguir sus intereses personales, aun cuando no coincidan con los de los votantes, es porque éstos enfrentan débiles incentivos para estar informados.

Comento en el libro:

Como el voto que emite un votante no va a decidir ninguna elección, ya que son miles y millones de votantes los que participan, uno puede estar seguro de que su propio voto no determina el resultado. Se va a elegir alguna combinación de bienes públicos y redistribución de rentas y mi voto no lo define. Esto no generaría una motivación suficiente para estar informado sobre las consecuencias de esa decisión, ya que de todas formas serán las que una mayoría decida. Como consecuencia, el individuo tendería racionalmente a no buscar la información necesaria para realizar un voto consciente, considerando que eso requiere un esfuerzo en tiempo (mirar programas de información política, leer declaraciones de candidatos, programas, informes de políticas públicas) y dinero (comprar diarios y revistas, leer libros, etc.), lo que podría ser mucho costoso para el grado de influencia que puede tener en el resultado.

Estas preocupaciones habían sido adelantadas ya por uno de los primeros economistas en analizar el funcionamiento de la democracia, Joseph Schumpeter (1971[1950]), quien planteaba que al alejarse el individuo de las cuestiones personales hacia los problemas nacionales o internacionales que no tienen un nexo directo con sus preocupaciones privadas, la racionalidad (volición) individual dejaba de desempeñar el papel que le asignaba la teoría clásica de la democracia. El ciudadano particular “es miembro de una comisión incapaz de funcionar, de la comisión constituida por toda la nación, y por ello es por lo que invierte menos esfuerzo disciplinado en dominar un problema político que en una partida de bridge” (p. 334) .

Y luego: “El debilitamiento del sentido de la responsabilidad y la falta de voliciones efectivas explican a su vez esta ignorancia del ciudadano corriente y la falta de juicio en cuestiones de política nacional y extranjera, que son más sorprendentes, si esto puede sorprender, en el caso de personas instruidas y de personas que actúan con éxito en situaciones de la vida ajenas a la política que en el caso de personas poco instruidas y de condición humilde” (p. 335).

 

Según la visión de la escuela de la Elección Pública el votante tendería a ser “racionalmente ignorante” lo cual tiene algunas implicancias para el funcionamiento de la democracia. Por un lado explicaría por qué los políticos buscan apelar a las emociones, las frases simples y fáciles, en lugar de presentar complejas plataformas programáticas o argumentos elaborados. Por otro, llevaría a un voto “desinformado” por el cual una mayoría podría estar votando a un candidato que, en definitiva, podría ser perjudicial para ellos o para alguna minoría específica. Como he decidido estar desinformado, entonces los intereses específicos (lobby), pueden ejercer sus influencias en los representantes electos y obtener privilegios que, de conocerse sus consecuencias, hubieran sido rechazados por los votantes.

Sostiene Caplan (2007, p. 95) respecto a los Estados Unidos, el país que más larga tradición y experiencia democrática tiene: “Menos del 40% de los adultos norteamericanos conocen los nombres de sus dos senadores. Un poco menos conoce a qué partido pertenecen –un hallazgo particularmente importante dada la idea muy citada que los partidos cumplen un rol informacional. La mayoría del público ha olvidado –o nunca aprendió- los hechos elementales e inmutables que se enseñan en una clase de educación cívica. Cerca de la mitad conoce que cada estado tiene dos senadores, y sólo una cuarta parte conoce el período de su mandato. La familiaridad con el registro de sus votos y las posiciones políticas que sostienen es prácticamente nula aún en cuestiones de alta atención pública, pero increíblemente buena en cuestiones divertidas pero irrelevantes para la política.”